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2010/05/01 10:06:37.805000 GMT+2

Paz y desarrollo

Los que de una forma u otra colaboramos con CEIPAZ, esta admirable entidad que, con mucho más entusiasmo y entrega que medios a su disposición, tiene entre sus objetivos la promoción de "la educación para el desarrollo y la paz", necesitamos de vez en cuando hacer un alto en nuestra actividad y reflexionar sobre lo que esto significa.

Desarrollo y paz son dos objetivos muy distintos en cuanto a las experiencias y conocimientos básicos necesarios para planificar las estrategias que permitan alcanzarlos. Si el primero se mueve a caballo de los campos económicos y sociales, y es fácil imaginar el bagaje cultural y práctico que necesita poseer quien se dedique a la educación para el desarrollo, la figura de un educador para la paz sigue siendo algo muy desdibujado, lindante con la psicología y la política internacional. ¿Cómo se educa para la paz? ¿Cómo se aprende o cómo se estudia la paz?

El caso es que paz y desarrollo están estrechamente vinculados. Sin entrar en más disquisiciones, todos entendemos fácilmente que tan imposible es alcanzar la paz sin un mínimo desarrollo de los pueblos, como desarrollarse en una situación de guerra o violencia. Aparecen ambos como los dos términos de un binomio que se influyen recíprocamente. Por tanto, es coherente combinar, como hace CEIPAZ, desarrollo y paz como objetivos de un mismo esfuerzo educativo.

Se trata, pues, de un binomio claramente establecido. Pero éste no permanece aislado y herméticamente separado de otros factores que imponen su ley; a menudo, de modo férreo y difícilmente eludible. Repasemos las últimas vicisitudes en el panorama internacional. ¿Puede haber paz y desarrollo en un ambiente -el financiero- donde triunfa la especulación más cruel y agresiva? Dicho de otro modo ¿cómo se puede educar para la paz y el desarrollo a partir de las premisas de un capitalismo cuyos agentes, para obtener los máximos beneficios, no vacilan en poner en peligro los recursos de todo un país?

Un campesino africano que recibe un microcrédito de unos pocos dólares para mejorar su explotación ganadera puede ser considerado un inversor. Al fin y al cabo, invierte en la comercialización de productos tangibles que lleva al mercado y sirven para el desarrollo de la sociedad a la que pertenece. Con su esfuerzo se gana la vida y contribuye al bienestar de los demás.

Pero el que manejando a distancia productos financieros intangibles, a menudo tramposos y ficticios (como ha quedado patente en el origen de la actual crisis económica), cursando órdenes de compra y venta allí donde cree asegurarse rápidos y sustanciales beneficios, sin preocuparse por las repercusiones sociales de sus decisiones financieras, ése es solo un especulador.

El diario El País iniciaba así una crónica el pasado 30 de abril:

"Una vez más, los especuladores han detectado una posible víctima. Han embestido para retirarse más tarde. Hasta la próxima batalla. Es la radiografía de estos últimos días, desde que la agencia Standard & Poor's rebajó la calidad crediticia de Grecia, Portugal y España. Los mercados temblaron el martes y el miércoles, pero el optimismo volvió ayer y se tradujo en fuertes subidas en las bolsas y caídas en las primas de riesgo de los países más cuestionados en su capacidad para hacer frente al pago de su deuda".

Así es la realidad del momento actual, la dura realidad en la que CEIPAZ y otros organismos en todo el mundo se esfuerzan para educar a los pueblos en la paz y el desarrollo. Pero el capitalismo dominante y sin trabas, en el que nos ha tocado vivir, hace muy difícil la tarea, si no imposible. Es como querer construir un edificio junto al cráter del volcán islandés recientemente famoso, donde la tierra tiembla y llueven las cenizas ardientes en los momentos más imprevisibles.

Los ladrones, estafadores, defraudadores, etc. son figuras delictivas que tienen cabida en los códigos penales. ¿Por qué, por el contrario, los especuladores permanecen a salvo y al margen de cualquier exigencia legal? Si un asesino o un violador "detectase una víctima" y "embistiera para retirarse más tarde", "hasta la próxima batalla", ¿no intervendrían en el acto las fuerzas de seguridad para detener, juzgar y condenar al culpable? Pero si las mismas acciones se refieren a un especulador, como se lee en el párrafo arriba reproducido, la idea de culpabilidad desaparece como por ensalmo. ¿Es que habría "próxima batalla" si la policía descubre a un delincuente peligroso?

Este es el contexto real en el que ha de moverse cualquier actividad encauzada a promover la paz y el desarrollo. No puede ser más hostil. Sin embargo, el esfuerzo ha de proseguir y merece la pena. Pero llamando a las cosas por su nombre y no vacilando en denunciar todo aquello que, púdicamente admitido por el sentir general de una mayoría apática, se opone decididamente a la paz y al desarrollo: hoy hablamos del capitalismo; otro día aludiremos a otros factores igualmente nefastos.

Publicado en CEIPAZ el 1 de mayo de 2010

Escrito por: alberto_piris.2010/05/01 10:06:37.805000 GMT+2
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2010/04/30 09:37:44.658000 GMT+2

Coaliciones para dos guerras

Parece innecesario recordar ahora que, cuando las tropas de la “coalición democratizadora de Oriente Medio” (en la que con entusiasmo participó el Gobierno de Aznar) llegaron a Bagdad en 2003, no existía el menor rastro de Al Qaeda en el Irak de Sadam Hussein. Tampoco había rastros de armas de destrucción masiva, como ya quedó demostrado tras la intensa búsqueda organizada por las fuerzas de la “coalición eliminadora de armas de destrucción masiva”, también respaldada por el Gobierno de España. Esto no es un juego de palabras. Como ha ocurrido ya en muchas ocasiones, una misma operación militar puede enmascararse tras distintos disfraces. En este caso, también se podría hablar de la “coalición aseguradora de recursos energéticos para Occidente” y de algunas otras variantes, como “coalición proveedora de ingentes beneficios para unas cuantas empresas que se enriquecieron con la invasión y posterior ocupación” (pido perdón por la longitud de la expresión, pero conviene precisar bien esta cuestión).

Ejemplo evidente en el pasado histórico de lo que aquí se comenta fue la “operación descubrimiento y ocupación de América”, inicialmente patrocinada al alimón por los reinos de España y Portugal y a la que luego se sumaron otros países europeos, ansiosos por participar en la explotación de las nuevas tierras. Para unos fue una altruista misión evangelizadora de los salvajes pueblos indígenas, a los que había que conducir hacia su salvación eterna, y para otros se trató de un fructífero expolio de los recursos naturales y humanos de los territorios invadidos, sin olvidar que, para los poderes que dirigieron y organizaron la operación, fue ambas cosas a la vez. Esto es aplicable a la mayoría de las actividades colonizadoras que ha conocido la Historia.

Pues el caso es que ahora, tras haber destrozado Iraq en una cruenta campaña bélica y haber llevado la ruina a un país donde antes de la invasión la población disfrutaba de un nivel de vida ahora inimaginable, el resultado es que Al Qaeda ha arraigado allí y se ha convertido en otra pesadilla para el pueblo iraquí. Esto parece ser la contrapartida a pagar por dos aparentes éxitos, bastante fugaces: la eliminación del dictador Sadam (no mucho peor que otros dictadores sostenidos y utilizados en el pasado por EEUU y algunos de sus aliados) y la celebración de unas dudosas elecciones que apenas han resuelto el problema de un Iraq fragmentado en grupos étnicos no muy bien avenidos entre sí, a los que la invasión desarticuló y radicalizó.

Ahora volvamos la vista hacia Afganistán, donde se repiten algunos de los errores cometidos en Iraq. Ensayando estrategias nuevas -lo que podría revelar una mejor disposición de ánimo en las fuerzas ocupantes-, el caso es que los afganos no corren mejor suerte que los iraquíes y su futuro no se presenta más esperanzador. Si Iraq se trasformó en un nuevo teatro de operaciones para Al Qaeda, como resultado de su invasión y ocupación, Afganistán se confirma ahora como el primer Estado narcotraficante del mundo.

Es evidente que, para pacificar un Estado de esa naturaleza, lo primero que se necesitaría sería poner fin a tan dañina actividad, lo que no se va conseguir con una prolongada ocupación militar, que añadirá más violencia y guerra, sino con unos amplios y bien adaptados programas de reconstrucción que hicieran innecesario el cultivo del opio, del que este país produce el 90% del total mundial.

De cualquier modo, el problema consiste ahora en saber cómo y cuándo retirar de Iraq y Afganistán unas fuerzas de ocupación, en gran parte responsables del deterioro general de la situación en tan importante espacio geopolítico, debido a los sucesivos errores estratégicos de la “coalición”: ¿era necesario empezar atacando a Afganistán, cuando los atentados del 11-S se fraguaron en Hamburgo y en unas escuelas aeronáuticas de EEUU? ¿por qué se dejó bruscamente de lado a Afganistán para volverse contra Iraq?

Habrá que prestar menos crédito a los augures que predicen el caos si se deja solos a iraquíes y afganos para que tomen las riendas de su propio destino. Cuando EEUU abandonó precipitadamente Vietnam, se profetizó que los Estados contiguos caerían como fichas de dominó en manos del comunismo universal. Nada de eso sucedió. Hubo sangre, muerte y violencia, pero no más de lo que había traído la prolongada guerra anterior.

Tarde o temprano habrá que retirar las fuerzas desplegadas en ambos países, así como el vasto contingente auxiliar de contratistas privados que las refuerza, casi duplicando su número. Pero antes sería conveniente definir, de una vez por todas, qué se trata de conseguir con la ocupación militar en ambos países y si ese objetivo es alcanzable con los medios puestos en juego. Por el momento, todo parece indicar que muchas de las decisiones adoptadas responden a una frustración creciente por el balance tan negativo de ambas guerras y al cansancio de unas opiniones públicas que no acaban de entender qué intereses defienden allí sus fuerzas armadas.

Publicado en República de las ideas el 30 de abril de 2010

Escrito por: alberto_piris.2010/04/30 09:37:44.658000 GMT+2
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2010/04/23 09:36:36.660000 GMT+2

Obama tropieza en Guantánamo

El cierre definitivo de la prisión militar de Guantánamo es ahora, sin duda alguna, uno de los puntos turbios de la política exterior de Obama. Fue una de sus más brillantes promesas electorales pero todavía no ha podido ser cumplida y es la muestra más evidente de que el idealismo generoso de un renovador programa de gobierno, ilusionadamente presentado durante la campaña electoral, puede naufragar en contacto con la realidad.

Dos son, por lo menos, las explicaciones que pueden adelantarse para entender lo ocurrido. O bien Obama no sabía con precisión lo que se tenía entre manos al tocar el avispero guantanamero, o bien lo sabía pero no había valorado acertadamente las resistencias que su promesa iba a encontrar en influyentes sectores sociales.

Karen Greenberg es la autora de “El lugar menos malo: los primeros 100 días de Guantánamo” (The Least Worst Place: Guantanamo’s First 100 Days), publicado el pasado año por Oxford University Press. Es también la directora del Centro sobre Ley y Seguridad de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York. Ha analizado muchos aspectos de la “guerra contra el terror” que Bush desencadenó a finales del 2001, cuando se hizo popular entre la elite gobernante la frase de que “hay que quitarse los guantes” para trabajar sin escrúpulos legales contra el terror universal.

Fue Greenberg quien, cuando los ojos del mundo descubrían estupefactos la existencia de la prisión de Guantánamo, puso el dedo en la llaga al denominar “la prisión perdida” a la base militar estadounidense de Bagram, en Afganistán, donde se iniciaron las reprobables prácticas de tortura, desaparición de prisioneros y otras sevicias, que luego se ampliaron y multiplicaron en Guantánamo.

Greenberg comenta ahora unas preocupantes noticias sobre lo que seguirá al cierre definitivo de Guantánamo -cuando éste se produzca- si las informaciones publicadas en la prensa de EEUU son ciertas. El Guantánamo original, el cubano, el que ha socavado la reputación internacional de EEUU como violador de principios fundamentales del derecho internacional (sin olvidar Abu Ghraib, en Iraq, y otras mazmorras de menor renombre) será sustituido por “dos guantánamos”. Por una parte, se anuncia que la ya citada prisión de Bagram verá ampliadas sus funciones, incluyendo los interrogatorios y la detención indefinida de los nuevos prisioneros de esa guerra contra el terror que, aunque aparentemente olvidada en el vocabulario de Obama, sigue siendo una realidad bajo su mandato.

Por otro lado, tras la liquidación por derribo de la prisión de Guantánamo, algunos de sus actuales huéspedes serán repatriados a los países de origen o a otros que los acepten como exiliados (incluida España, por lo que se sabe hasta ahora); otros cuarenta serán juzgados y probablemente condenados en tribunales civiles o militares de EEUU. Quedará medio centenar sobre los que no hay pruebas condenatorias pero a quienes el Gobierno considera un peligro para EEUU, y cuyo futuro legal es sombrío pues su situación no tiene encaje en el sistema jurídico federal. Todos éstos tienen en su mayoría antecedentes yihadistas y es obligado pensar que, tras su larga detención ilegal, su extremismo se habrá agudizado. Si antes no lo fueron, ahora son vistos como peligrosos terroristas en potencia.

Son estos últimos los que, al parecer, van a ser enviados a una prisión especial en el territorio de EEUU. Esto ha encontrado fuerte oposición en algunos sectores políticos, que consideran poco atractiva la idea de encerrar en una prisión civil (en un pequeño pueblo de Illinois) a presuntos terroristas detenidos que no son acusados de nada ni van a ser juzgados, y a otros que, incluso habiendo sido declarados inocentes, siguen privados de libertad porque las pruebas obtenidas bajo tortura no pueden ser aceptadas por ningún jurado o tribunal.

Se va a crear así una situación peligrosamente ambigua, que solo podría concluir con el triunfo final en la guerra contra el terror y la desaparición de la amenaza terrorista global, cosas ambas inimaginables en un futuro inmediato. Además, la cárcel civil, heredera de Guantánamo, se convertiría en un objetivo que atraería la atención de Al Qaeda y de otras organizaciones terroristas, a menos que se fortificara como una base militar, generando así una situación peor que la anterior, lo que Obama no desea de ningún modo perpetuar.

Karen Greenberg es clara en sus conclusiones: “Cerrar Guantánamo no significa solo vaciar sus celdas y tirar las llaves. Significa poner fin a la política que se ha hecho sinónima de Guantánamo: el encarcelamiento de personas sin probar su culpabilidad y sin un proceso claro y reconocido para establecer las causas de su detención”. Esto solo se alcanzará si se abandona definitivamente el recurso a las detenciones preventivas fuera de la Ley y si se confía plenamente en los servicios de inteligencia y en el sistema judicial para identificar a los enemigos, apresar a los que sea posible y aplicar al pie de la letra la legislación sobre prisioneros de guerra.

Ya que es imposible alcanzar la seguridad absoluta y hemos de convivir con una inevitable inseguridad, que al menos no se deterioren irreparablemente nuestros más esenciales principios cívicos y morales.

Publicado en República de las ideas el 23 de abril de 2010

Escrito por: alberto_piris.2010/04/23 09:36:36.660000 GMT+2
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2010/04/19 09:45:58.760000 GMT+2

La niebla del terrorismo

Se observa con preocupación cómo la creciente actividad de los grupos terroristas en los últimos decenios está produciendo en todo el mundo un deletéreo efecto en los análisis políticos que se llevan a cabo para encontrar el modo de contrarrestar sus sangrientos efectos. Muertes, bombas, sangre, terror... repetidos aquí y allá, en hoteles, transportes y otros lugares, parecen a veces ofuscar las mentes de los gobernantes y de sus asesores. Fue así como, para vengar los atentados del 11-S, acabó EEUU implicado en dos complicadas y sangrientas guerras contra países -Irak y Afganistán- cuyos Gobiernos poco o nada habían tenido que ver en la preparación y ejecución de aquel brutal atentado terrorista.

Parecería como si los actos terroristas, por su propia naturaleza, generasen una especie de niebla que impediría establecer juicios claros y bien fundamentados sobre sus peculiaridades, motivos y efectos, juicios que son esenciales para planear con éxito cualquier actividad antiterrorista. Fue también, sin duda, esa niebla la que, con motivo de los atentados terroristas del 11-M en Madrid, hizo que personas habitualmente bien informadas los atribuyesen de inmediato a ETA, sin entrar ahora en otras motivaciones políticas espurias que pudiesen haber propiciado tanta confusión. Es asimismo atribuible a esa niebla el prolongado y tortuoso proceso judicial que llevó al cierre inmediato del diario vasco Egunkaria, sin pruebas fehacientes de su vinculación con el terrorismo etarra, como ahora ha tenido que reconocer y rectificar, siete años después, la propia Audiencia Nacional.

Ni siquiera la Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, ha podido librarse de esa confusión, según comenta un destacado especialista en asuntos caucásicos, Oliver Bullough, cuando en relación con los atentados del pasado 29 de marzo en Moscú declaró: "Afrontamos un enemigo común. Tanto en un metro de Moscú o de Londres, en un tren en Madrid o en una oficina en Nueva York, el enemigo es el mismo". Quizá al hacer estas declaraciones Hillary seguía la tendencia marcada por su marido Bill para no enfrentarse abiertamente con Rusia, quien en 1996, aludiendo a la dura represión sufrida entonces por el pueblo checheno, había manifestado en rueda de prensa: "Algunos de ustedes dicen que deberíamos ser más críticos [con la represión rusa]. Pero esto depende de una cuestión previa: ¿creen que Chechenia es parte de Rusia, o no?". Y el presidente Clinton se dejó llevar a un terreno aún más resbaladizo cuando comparó el conflicto ruso-checheno con la Guerra de Secesión Americana y añadió: "Les recuerdo que tuvimos en nuestro país una guerra civil basada en la decisión de que Abraham Lincoln daría su vida antes que permitir que ningún Estado se separase de la Unión".

El terrorismo checheno ofuscó entonces y también ahora a los dirigentes estadounidenses. Y les sigue confundiendo. Los brutales atentados del metro de Moscú fueron cometidos por dos mujeres cuyos motivos nada tenían que ver con los que impulsaron a los terroristas árabes que estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono, o a los que hicieron estallar los vagones de pasajeros en Madrid y Londres.

En realidad, lo que se deduce del análisis de los diversos atentados terroristas es que cada uno tiene distintas motivaciones y que sus ejecutores obedecen a impulsos muy variados. Sobre todo cuando se trata de suicidas, penetrar en las razones íntimas de su acción o valorar el estado psicológico de quien asesina suicidándose obligaría a una fría reflexión, muy difícil de desarrollar en el habitual ambiente apasionado y tenso que sigue a cualquier matanza terrorista.

Un somero análisis estadístico, publicado en un diario neoyorquino, mostró que los ejecutores de todos los atentados terroristas sufridos por Rusia eran personas que habían visto morir a sus familiares, habían padecido violencia o torturas, o de otro modo habían llegado a la conclusión de que sus vidas no merecían la pena y preferían sacrificarlas para, de alguna manera, resarcir a sus compatriotas supervivientes. El análisis deducía que "el terrorismo suicida de origen checheno encuentra una fuerte motivación tanto en la ocupación militar de Rusia como en la ocupación 'indirecta' ejecutada por las fuerzas de seguridad chechenas fieles a Moscú". Se encontró una clara correlación entre la frecuencia de los atentados terroristas y el aumento de la violencia rusa en Chechenia.

El jefe rebelde checheno, responsable de los atentados del metro de Moscú, ha declarado que éstos han sido una respuesta a la muerte, en febrero pasado, de varios chechenos a manos de las fuerzas de seguridad. Si esto no justifica el terrorismo, la realidad es que en un pueblo sometido a algo que a veces parece terrorismo de Estado es fácil encontrar aspirantes a convertirse en bombas humanas.

Pocas similitudes hay, digamos para concluir, entre el empeño unionista de Lincoln que desencadenó la Guerra de Secesión y la brutal violencia rusa en Chechenia durante largos años. Lincoln murió asesinado, pero no en un acto terrorista sino por un enemigo político en atentado personal. No estuvo muy acertado Bill Clinton cuando estableció un paralelismo entre Abraham Lincoln y Boris Yeltsin, aunque, una vez más, esa niebla que engendra el terrorismo pudo confundirle.

Publicado en CEIPAZ el 19 de abril de 20010

Escrito por: alberto_piris.2010/04/19 09:45:58.760000 GMT+2
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2010/04/16 09:18:59.403000 GMT+2

Sigue la incertidumbre nuclear

Cuando se trata de discutir en serio sobre las armas nucleares, esa amenaza permanente de destrucción casi total que alboreó sobre la humanidad cuando concluía la Segunda Guerra Mundial, sólo dos países son los protagonistas incuestionables: EEUU y Rusia. No hace falta asistir a una proyección de “La carretera”, la apocalíptica película que presenta un mundo arrasado por el delirio humano, para saber que ambos países son los únicos, hoy por hoy, cuyo desproporcionado arsenal nuclear -apenas reducido por el tratado recién firmado entre ellos- les permitiría arrasar gran parte del planeta.

Es cierto que otros países poseen también armas de ese tipo, aunque en menor cantidad y para atender a sus propios objetivos políticos. Francia y el Reino Unido las tienen como residuo de sus viejas aspiraciones imperiales, del mismo modo que conservan el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, y han firmado el tratado de no proliferación nuclear (TNP), al igual que China.

Tres países no han firmado el TNP: Israel, India y Pakistán. Para Israel, la posesión de armas nucleares es la garantía de supervivencia en un entorno geopolítico que tiene por hostil, y su rechazo del TNP responde a su habitual política de ignorar cualquier vinculación internacional que pueda limitar sus capacidades agresivas. India y Pakistán se han enfrentado en varias ocasiones en el campo de batalla, pero todo parece indicar que sus armas nucleares sirven más como símbolos de estatus regional que como instrumentos de guerra. Lo mismo podría decirse del estrambótico régimen que gobierna Corea del Norte, país que firmó el TNP y luego lo abandonó; es preciso añadir que sus dirigentes observaron con recelo la invasión de Irak por EEUU y atribuyeron la derrota de Sadam Hussein al hecho de carecer de tales instrumentos disuasorios. Aprendieron la lección y la aplicaron con presteza.

Irán no posee armas nucleares y también ha firmado el TNP, aunque se resiste a las presiones del Consejo de Seguridad para que cese el enriquecimiento de uranio, porque asegura que sólo tiene fines pacíficos. ¿Por qué desconfiar de Irán -se preguntan allí-, sospechando que aspira a poseer armas nucleares, cuando éstas ya están presentes en Israel y nadie le sanciona por ello? Es la eterna cuestión causada por el uso de diferentes criterios según se trate de aplicarlos a “los nuestros” o a “los otros” El presidente brasileño lo denunció sin rodeos: “Hay que hablar con Irán”, declaró, reprochando a Obama no haber invitado a ese país a la conferencia de Washington.

El acuerdo de limitación de armas nucleares, firmado en Praga la pasada semana por Obama y Medvédev, es sin duda un significativo progreso. No tanto por la reducción del riesgo de una hecatombe nuclear -que sigue presente- sino porque muestra la nueva capacidad de entendimiento entre las dos superpotencias nucleares, que parecen haber superado el trauma de la Guerra Fría. Conviene recordar, sin embargo, que no es un acuerdo de desarme propiamente dicho, sino de simple control de armamentos.

Hay dos problemas que el citado acuerdo ha sacado a la luz. Uno concierne a los sistemas defensivos antimisiles y el otro a la posibilidad de que algunas armas nucleares puedan caer en manos de grupos terroristas. El primero parece en vías de resolución bilateral entre EEUU y Rusia, y el segundo ha sido objeto preferente de la conferencia de Washington sobre seguridad nuclear, celebrada esta misma semana.

La firma del acuerdo de Praga no fue fácil porque la disuasión nuclear está estrechamente ligada a la eficacia de los sistemas defensivos antimisiles. Si las armas nucleares son principalmente disuasorias, en lo que parecen estar de acuerdo casi todos los países, la instalación de “escudos” defensivos que las hagan inútiles crea nuevas desconfianzas. Este ha sido el peor escollo que ha tenido que superar Moscú para aceptar una reducción de su arsenal nuclear.

En realidad, no existe un sistema defensivo perfecto: todos pueden ser superados por saturación, es decir, atacando simultáneamente con más armas que las que puede anular el escudo antimisiles. Rusia podría saturar las defensas antimisiles de EEUU manteniendo en activo numerosas armas. Pero esto es costoso y, a la larga, contraproducente. De ahí la sugerencia rusa de evolucionar hacia un escudo común, aunque para ello mucho habrán de cambiar las relaciones entre ambas potencias. También habría que replantearse la vigencia de la OTAN, que hoy día aparece como un obstáculo para crear una nueva estructura de seguridad que abarque todo el continente europeo.

No sólo hay que protegerse contra la proliferación de armas nucleares, y el consiguiente peligro de su descontrol. La llamada “bomba sucia” no es un arma nuclear pero es uno de los riesgos examinados en la conferencia de Washington. Se trata de una bomba de explosivo químico ordinario, que dispersa sustancias muy radiactivas sobre una gran superficie y cuya fabricación sólo requiere poseer dichas sustancias. Es capaz de sembrar el caos en una gran capital obligando a la evacuación de barrios enteros y sus efectos contaminadores a medio plazo serían devastadores. Puede estar al alcance de los grupos terroristas. Por cierto, un bombardeo por aviones israelíes de las instalaciones nucleares iraníes tendría consecuencias análogas.

 El enrevesado problema que hoy constituyen las armas nucleares no se limita a lo hasta aquí comentado. Además de la inminente revisión del TNP, prevista para mayo próximo, otro importante paso para avanzar hacia un hipotético futuro libre del peligro nuclear es el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares, sobre el que ni siquiera Obama puede recabar el apoyo de la clase política de su país, pero que es la piedra angular de todo el sistema de control nuclear. 

Por fin algo se mueve, a iniciativa de Obama, en asunto tan crítico para la humanidad, y aunque los pasos sean todavía cortos, parece que se ha cerrado definitivamente la puerta a aquel delirio de la “guerra preventiva sin limitación alguna en los medios utilizados” que tanto encandiló a su predecesor en la Casa Blanca. Felicitémonos por ello.

Publicado en República de las ideas, el 16 de abril de 2010

Escrito por: alberto_piris.2010/04/16 09:18:59.403000 GMT+2
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2010/04/06 07:43:53.671000 GMT+1

Terrorismo en Moscú

La violencia terrorista que se abatió sobre Moscú el pasado 29 de marzo vuelve a poner en primer plano de la actualidad las repercusiones que un hecho de esa naturaleza puede proyectar sobre los derroteros de la política en cualquier país. La primera consecuencia que varios analistas rusos destacan es la ausencia de dimisiones entre los altos dirigentes que se consideran responsables de una de las más importantes funciones de cualquier Estado: garantizar la seguridad personal de sus ciudadanos.

Pero la historia del terrorismo tiene ejemplos claros en el mismo sentido. Sin ir más lejos, cuando en España el recién nombrado presidente del Gobierno perdió la vida en un espectacular atentado terrorista en 1973, el que entonces era el principal responsable de la seguridad del Estado como ministro de la Gobernación no solo no fue destituido sino que fue promovido al mismo cargo que ostentaba el que había sido asesinado.

Muy atinadamente un conocido comentarista político ruso nos ha hecho recordar que allí donde los gobernantes se consideran realmente funcionarios elegidos para prestar servicios a su pueblo, un suceso de ese tipo suele llevar consigo "un rápido cambio en el poder político" o, al menos, el cese de los principales responsables de la seguridad, así como "importantes medidas para evitar que actos parecidos puedan repetirse con facilidad; a veces, ambas cosas se producen a la vez".

La realidad suele ser otra. En muchos países -incluida Rusia- donde la democracia puede ser nominal pero tiene poco de real, las acciones terroristas suelen servir para recordar a los gobernantes que han sido incapaces de cumplir con una de sus principales responsabilidades. En consecuencia, se sienten impulsados a aprovecharse del terrorismo para, por lo menos, asegurar y reforzar sus mecanismos de poder e intensificar el control que ejercen sobre los ciudadanos. Eso fue precisamente lo que hizo Bush II tras los atentados del 11-S, arbitrando medidas que, con el pretexto de mejorar la seguridad pública, redujeron notablemente los derechos y libertades básicas de la ciudadanía. Esto, sin contar con el efecto amedrentador que fue sistemáticamente manipulado desde los órganos del Gobierno de EEUU, a fin de llevar a la práctica el conocido aforismo de "ciudadano asustado, ciudadano obediente". Recordemos la vergonzosa campaña del ántrax, la retórica de la "cruzada" y la definición del "eje del mal", como muestra de algunos de los elementos manejados para mantener en tensión al pueblo estadounidense y forzarle a aceptar lo que en condiciones normales hubiera sido rechazado por la mayor parte de la ciudadanía.

También en Rusia, bajo la presidencia de Putin, varias acciones terroristas llevaron consigo la adopción de progresivas restricciones a la libertad de prensa y, como se leía hace poco en Novaya Gazeta, con el pretexto de proteger a Rusia contra el terrorismo "Putin transformó el sistema político de modo que apenas mejoró la seguridad de la población pero sí mejoró mucho su propia seguridad". Tras cada nuevo atentado terrorista los rusos se preguntan no lo que sus gobernantes van a hacer para que vivan más seguros, sino qué nuevas medidas restrictivas van a adoptar aduciendo que con ellas se aumenta la seguridad del Estado".
 
Ahora la incógnita reside en Medvedev, nuevo en estas lides. Pero a pesar de sus repetidas declaraciones en las que siempre se había postulado como el defensor de la legalidad y del Estado de derecho, su reacción a los atentados de Moscú de la pasada semana no difiere mucho de lo que fue habitual en Putin: más que aludir a la necesidad de encontrar, apresar y juzgar a los terroristas con arreglo a la Ley, su manifiesto deseo de "encontrarlos y destruirlos" está más en la línea de las bravuconadas de Putin y de Bush que en lo que se espera de un gobernante atento a la misma legalidad que dice defender.

Con vistas a futuros desafíos electorales, puede resultar provechoso adoptar la imagen populista de proclamar la aniquilación sin miramientos de cualquier brote terrorista, aun a riesgo de que a la vez que se extermina a los asesinos mueran también personas inocentes, en su ya tristemente conocida función de "víctimas colaterales". De eso, los españoles también sabemos algo, en la larga contienda contra el terrorismo etarra. Pero eso no es lo peor: pretender aplastar sin control y mediante la violencia ilegal a la insurgencia que crece en algunos países del norte del Cáucaso, donde surge el terrorismo que ha herido a los rusos en varias ocasiones, llevará inevitablemente a crear nuevos héroes entre las minorías que se sienten oprimidas por Moscú, lo que lejos de acabar con el terrorismo producirá nuevas generaciones de terroristas cuyo campo de operaciones seguirá siendo Rusia.

Publicado en CEIPAZ el 6 de abril de 2010

Escrito por: alberto_piris.2010/04/06 07:43:53.671000 GMT+1
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2010/04/03 09:38:49.865000 GMT+2

Perplejidades militares II

Nada más transcurrida la Semana Santa del pasado año, 2009, publiqué el 12 de mayo en Estrella Digital el comentario que se reproduce más adelante. Tengo que añadir hoy, más o menos un año después y concluida la misma festiva Semana del 2010, que el primero de los lectores citados en el comentario me llamó alborozado: "¡Este año, en el vecino cuartel, no han estado jugando con la bandera! La han seguido izando normalmente, sin más gaitas. ¿Será cosa de la ministra Chacón? Si es así, al menos aquí hemos ganado un poco".

 

A pesar de los años que han transcurrido desde que dejé el servicio activo como profesional de las armas y orienté mi dedicación hacia otros campos, relacionados con la política internacional, la guerra y los ejércitos, como se refleja en estas páginas digitales, hay lectores que de cuando en cuando me consultan sobre cuestiones casi siempre referidas en concreto a algunas actividades militares españolas.

En ocasiones puedo responder a los asuntos planteados apoyándome en pasadas experiencias, o en viajes, actividades y estudios realizados en ámbitos muy diversos. Hay materias que, simplemente, rebasan el ámbito de mis conocimientos y así se lo hago saber a los interesados.

Con cierta frecuencia les suelo sugerir que consulten las páginas web de los organismos de la Defensa, donde se publican materiales que pueden aclarar sus dudas. En estos casos ocurre con relativa frecuencia que las investigaciones que realizan en los documentos oficiales les causan aún mayor perplejidad, cuando constatan que entre algunos textos normativos y la realidad por ellos observada existen notorias diferencias, cuando no contradicciones palmarias.

Un lector que lleva unos meses residiendo en la proximidad de un cuartel me comenta que se ha acabado por acostumbrar a los toques de trompeta (mediante altavoz, naturalmente) que rigen la vida militar del acuartelamiento. Pero el pasado mes de abril le llamó la atención el hecho de que durante unos días había dejado de escuchar el habitual acompañamiento sonoro del arriado diario de la bandera a la puesta del sol. Advirtió entonces, sorprendido, que la "enseña de la Patria" permanecía en el mástil durante dos noches consecutivas "algo caída", me aclaró.

Hube de explicarle que la aparente anomalía no se debía a un olvido o dejadez del Cuerpo de Guardia, responsable de la operación. Aunque la Constitución Española establece que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", en los ejércitos españoles se sigue dando consideración oficial a lo que las iglesias cristianas no ortodoxas llaman "Semana Santa", cuya posición en el calendario se rige por unas complejas normas eclesiásticas del siglo XVI basadas en ciertas consideraciones astronómicas. Por eso, en aplicación de los protocolos propios del estado de duelo o luto oficial, en buques, bases y cuarteles se izan las banderas a media asta desde el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección. Cómo se pueda conciliar de modo oficial esta práctica con la aconfesionalidad del Estado es algo que me fue imposible explicarle.

Otro lector me participó su sorpresa por la presencia, en la tribuna principal de la final jugada en Barcelona del trofeo tenístico Conde de Godó, de un militar de uniforme. Aunque lo relacionó con el séquito que acompañaba a las personas de la familia real que presenciaban el acontecimiento deportivo, y perspicazmente dedujo, por los cordones dorados que ostentaba, que se trataba de un ayudante militar, me comentó: "Puedo comprender que lleven escoltas, policías o secretarios, pero ¿qué hace un jefe del Ejército del Aire "ayudando" a los duques de Palma a presenciar un partido de tenis?". Aparte de aludir vagamente a las tradiciones militares, no pude resolver sus dudas, pues ignoro qué responsabilidades oficiales puede tener, en un caso como éste, un militar profesional de uniforme.

Termino con un lector canario. Me explica que todos los años, desde un cuartel de aviación situado en la ciudad donde habita, ve salir en procesión la "romería del Rocío". Me dice que en el Patio de Armas del acuartelamiento se produce ese día una extraña concentración de bueyes, carros, caballos y personas ataviadas al uso rociero que, tras asistir a una misa adornada con coplas, faralaes y guitarras, emprenden la marcha por las calles de la ciudad. Le parece extraño y reprobable el uso de un cuartel militar, aunque sea en día no laborable, para tan peculiar actividad cuya razón no se le alcanza. Le aclaro que los aviadores, que yo sepa, no han cambiado su Virgen de Loreto por la del Rocío, como patrona de la aviación. Le confieso que comparto su extrañeza y que tampoco puedo aclararle mucho al respecto. Una vez más, parece que hay tradiciones que se imponen sobre los reglamentos y el sentido común.

Al fin y al cabo, reflexiono, no es un caso extraño. Pertenecen al Tercio de la Legión los aguerridos combatientes que desfilan en Semana Santa con una imagen del Crucificado (también les acompaña una famosa mascota caprina en sus más solemnes actos) y hay guardias civiles y tropas diversas que en numerosas localidades dan escolta a los pasos religiosos. Hasta existe una cofradía que se arroga el derecho de poner en libertad a un penado, como si fuera parte del Ministerio de Justicia. No se achaque, pues, sólo al Ministerio de Defensa tamaña colección de perplejidades en un país donde hasta las autoridades civiles se sienten orgullosas al desfilar bajo palio en el afamado Corpus Christi toledano. En España, por un lado suele ir lo que algunos llaman tradición (a veces, con apenas unos decenios de antigüedad) y, por otro, la sensatez y las disposiciones normativas legales. Así nos va.

Publicado en Estrella Digital el 12 de mayo de 2009

 

Escrito por: alberto_piris.2010/04/03 09:38:49.865000 GMT+2
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2010/03/20 10:26:46.944000 GMT+1

El imposible Estado palestino

Si se examinan los planos recientemente publicados en algunos diarios, donde se muestra la vasta proliferación de colonias ilegales judías esparcidas por todo el territorio de la ocupada Cisjordania palestina, no es preciso ser un especialista en geopolítica para cobrar conciencia del problema que supondría la creación de un estado palestino.

Una Cisjordania troceada, enmarcada con un muro de hormigón protegido con torretas y alambradas, recorrida por carreteras vedadas a los palestinos y que enlazan entre sí los numerosos asentamientos judíos, fragmentada y dispersa, no puede convertirse en la base territorial de ningún Estado.

Y si el territorio aparece ya como algo imposible para sustentar un Estado viable, la cuestión de la capitalidad riza el rizo de lo inverosímil. El sector oriental de Jerusalén, palestino por tradición y ocupado en la guerra de 1967, donde residiría la capital del imposible Estado palestino, está siendo sistemáticamente ahogado por asentamientos ilegales mientras que la población autóctona es expulsada de sus viviendas y avanza imparable la marea judía en lo que fueron barrios exclusivamente palestinos.

En esas circunstancias no se descubre, por tanto, posibilidad alguna de crear un nuevo Estado palestino, según los varios planes de paz hasta ahora imaginados para resolver este complejo problema. Si Gaza fue abandonada a su suerte -y allí se produjo el excepcional fenómeno de que las tropas israelíes expulsaron a los colonos judíos de sus ilegales asentamientos-, ningún gobernante israelí puede prometer la evacuación de los que se extienden sobre Cisjordania sin sufrir un gravísimo quebranto político. Del mismo modo que ningún dirigente palestino podría aceptar un Estado cuya capital no estuviera en la zona oriental de Jerusalén.

Nada hay nuevo ni sorprendente en esta situación, que se pergeñó claramente tras la guerra de 1967. Pero más de cuatro decenios de sangrientos conflictos y de un creciente riesgo para la seguridad internacional (no se olvide que el Estado de Israel, poseedor de armas nucleares y con una sociedad cada vez más militarizada, no vacilaría en incendiar el Próximo Oriente si creyera que su seguridad nacional estaba siquiera mínimamente amenazada) han mostrado al mundo la necesidad de poner fin a tan inestable y arriesgada dinámica política.

Aquí entra en juego el que es hoy el factor decisivo: EEUU, como garante histórico y principal responsable de la seguridad de Israel. Obama no puede seguir cerrando los ojos ante esta situación, como lo hizo su predecesor, y ha mostrado que está decidido a abordarla sin más tardanza. Pero lo difícil es decidir cómo y cuándo. Los recientes malentendidos entre EEUU e Israel, con motivo de la negativa de Netanyahu a detener la construcción de nuevos asentamientos en torno a Jerusalén, se producen en un momento de fragilidad para la coalición que gobierna Israel y de graves discrepancias en el seno de los gobernantes palestinos.

Aunque tras el encontronazo inicial entre EEUU e Israel, con motivo de la visita del vicepresidente Biden, por ambas partes se ha reafirmado públicamente la vigencia de los lazos que unen a ambos países, la desconfianza crece y se ahonda. ¿Posee Obama un plan concreto -con detalles sobre límites y fronteras, entre otras cosas- para poner sobre la mesa y forzar su aplicación? ¿Se atrevería a hacerlo? ¿Correría el riesgo de chocar con un rechazo de las partes implicadas? ¿Cómo afectaría esto a su debilitada posición ante un Congreso que se empieza a mostrar abiertamente hostil?

El problema palestino no se plantea en un espacio aislado. Estrechamente vinculados a él están los demás conflictos que agitan ese crítico espacio comprendido entre la orilla oriental del Mediterráneo y la frontera occidental de la India: Líbano, Siria, Iraq, Irán, Afganistán, Pakistán... Se trata de un "sistema abierto", en términos técnicos, donde cualquier intervención en uno de sus componentes repercute forzosamente en los demás. Además, la forma en que se produce tal repercusión depende de una gran cantidad de variables de muy difícil, si no imposible, identificación y cuantificación.

No parece que la anunciada reunión de los miembros del llamado "cuarteto" (EEUU, ONU, Rusia y UE), a celebrar en breve en Moscú, vaya a conducir a una solución, porque para ello, y en principio, sería necesario reunir una completa orquesta sinfónica, más que un simple cuarteto, donde participaran todos los instrumentos que tienen voz en esta complicadísima partitura.

Vistas así las cosas no es raro que cunda el desánimo; ni que, ante la abrumadora complejidad del problema, se recurra veladamente a la vieja fórmula de dejar que las cosas se arreglen por sí solas, lo que forzosamente llevaría a una nueva cadena de fracasos. Se anuncian estos días nuevas reuniones y entrevistas entre miembros de los Gobiernos de EEUU e Israel, pero es muy de temer que, tras los necesarios réditos propagandísticos que tanto pueden favorecer la imagen de Obama como la de Netanyahu (sin olvidar la breve visita de la baronesa Ashton a la zona de conflicto, para mostrar la presencia de la Unión Europea), todo se desvanezca de nuevo como humo de pajas y los palestinos sigan enfrentándose a los insalvables obstáculos que les separan de su viejo sueño de poseer, por fin, un Estado propio, libre y soberano, y abandonar su condición de pueblo ocupado, humillado y desesperanzado.

Publicado en CEIPAZ el 20 de marzo de 2010

Escrito por: alberto_piris.2010/03/20 10:26:46.944000 GMT+1
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2010/03/12 09:56:15.554000 GMT+1

Aborto y religión

(Hay asuntos que no envejecen. En junio de 2009, publiqué en Estrella Digital el texto que se reproduce a continuación)

La noticia no ocupó mucho espacio en los diarios españoles. En Wichita (Kansas, EEUU), un médico que practicaba abortos fue asesinado de un tiro en la cabeza mientras asistía a los servicios religiosos en su parroquia el último domingo del pasado mes de mayo. George Tiller dirigía una clínica en la que se atendía a mujeres que desearan abortar en las etapas finales del embarazo. Sufrió durante treinta años una serie ininterrumpida de amenazas, ataques a su clínica y presiones sin cuento. El disparo que puso fin a su vida fue el colofón a esta larga persecución.

El párroco que dirigía los servicios religiosos en el momento del asesinato le conocía y trataba desde hace muchos años, como antiguo feligrés de su iglesia. Manifestó al respecto: "Había sufrido mucho. Estaba entregado a la misión de aliviar los problemas de salud de las mujeres. Hizo de esto la prioridad de su vida, aunque conocía el peligro".

¿Imagina el lector este comentario en boca de un párroco español? ¿O en la boca del inefable secretario general de la Conferencia Episcopal, ese obispo que destempladamente ha desenterrado desde la pantalla de televisión la caja de los truenos sagrados, amenazando cejijunto con la excomunión a quienes no obedezcan los criterios eclesiásticos sobre la legislación para la interrupción del embarazo? ¿Será porque éstos son católicos y aquél es luterano?

El párroco antes citado añadió: "Los que mataron a Tiller no entendían bien lo que hacía. Trató a muchas mujeres que habían deseado de todo corazón tener un niño pero que tuvieron que sufrir la agonía de descubrir que su feto tenía espantosas deformaciones. La imagen que difunden los que se oponen al aborto es siempre la de un bebé perfectamente bello, pero esto no es lo que él observaba. Lo que hizo, lo hizo por amor". Parecía como si hubiera contemplado los abominables carteles con el feto y el lince ibérico, tan alabados por el extremismo católico español.

Por si el testimonio de un religioso no fuese suficiente, oigamos a una de las pacientes del doctor asesinado. Tras 22 semanas de gestación, ella y su pareja fueron informados de que el feto padecía hidrocefalia, un exceso de líquido en el cerebro. Se les dijo que nacería sin funciones cerebrales y carecería de vida consciente: "Tuvimos que tomar una difícil decisión, pues ésa no era la vida que deseábamos para nuestro hijo", declaró la madre. Ningún doctor de la zona en la que vivían aceptó hacerse cargo del asunto, pues se habían superado las 20 semanas consideradas suficientes para que un feto sea viable. Se les remitió a la clínica de Tiller en Wichita.

"Las atenciones que allí recibimos fueron excepcionales. Pudimos ver a nuestro pequeño, ya muerto, tocarle y acariciarle, y despedirnos de él. Fue la peor experiencia de toda nuestra vida, pero allí nos la hicieron mucho más soportable". El proceso duró cuatro días y los padres tuvieron que aguantar amenazas de los antiabortistas concentrados ante la clínica: "Mi marido quiso una vez explicarles lo que ocurría. No pudo. Sólo con bajar el cristal de la ventanilla del coche arriesgábamos nuestras vidas". 

¿Alguna vez han considerado este punto de vista esos prelados célibes que tan irreflexivamente juzgan lo que ignoran? Porque simplificar el problema y reducir a dos bandos la cuestión es el grave error que cometen muchos de quienes tratan este asunto. ¿A favor o en contra del aborto? ¿Es que no hay otras opciones? A esto contribuyen los medios de comunicación, con su incapacidad para iluminar aspectos intermedios entre el blanco y el negro.

¿Por qué algunas mujeres esperan demasiado tiempo antes de adoptar la decisión de abortar? Las causas pueden ser muy complejas: desde ignorancia o error médico al valorar los peligros de la gestación, hasta la voluntad de tener o no un hijo mediante el cual restablecer una relación matrimonial deteriorada. El abanico de opciones es muy amplio y ni la Conferencia Episcopal ni los medios de prensa que se hacen eco de la cuestión entran en territorio tan delicado.

En todo lo anterior no se hace mención expresa de la separación entre religión y política en un país sin religión de Estado, como es España, ni a la ingerencia que supone la presión de un órgano de la jerarquía eclesiástica sobre los legisladores democráticamente elegidos, para forzar su voto. Por supuesto, tampoco se insiste en el derecho básico de toda mujer a decidir libremente sobre algo que tan directamente le concierne, sin amenazas ni presiones físicas o morales.

Treinta años soportó el doctor Tiller la hostilidad de un sector fanático de sus convecinos. ¿Es tan difícil concebir la existencia de otros fanáticos, esta vez españoles, que animados por la condena expresa de la Iglesia quieran tomarse la justicia por su mano? No sería la primera vez que clérigos españoles respaldan asesinatos siempre que la víctima sea un "malo": en el pasado, un rojo; ahora, un excomulgado por practicar el aborto. Una vez más ¿tendrá la Iglesia que arrepentirse de sus errores cuando ya sea tarde para subsanarlos?

(Publicado en Estrella Digital el 23 de junio de 2009)

Escrito por: alberto_piris.2010/03/12 09:56:15.554000 GMT+1
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2010/03/05 10:54:44.748000 GMT+1

La guerra de Afganistán llega a La Haya

La primera víctima institucional europea causada por la guerra en Afganistán ya tiene nombre: el Gobierno de los Países Bajos. Las fuertes discrepancias de la opinión pública en torno a la participación holandesa en ese conflicto rompieron la coalición gubernamental y el contingente holandés empezará en agosto su retirada del territorio afgano, que habrá abandonado totalmente antes de finalizar este año.

Es obligado pensar que esta decisión sentará un precedente en otros países que también participan en las dos operaciones militares desarrolladas simultáneamente en Afganistán ("Libertad duradera", dirigida por EEUU, e ISAF, controlada por la OTAN), y no será bien recibida en la Casa Blanca, precisamente en el momento en que se intensifica la intervención militar aliada en las provincias meridionales del país y aumentan las dudas sobre el éxito final de esta prolongada y enrevesada contienda.

También es preciso suponer que la proximidad de las elecciones generales holandesas, previstas para mayo, ha influido en lo ocurrido. Se espera con preocupación la celebración de esos comicios, donde un partido de claras tendencias populistas, xenófobas y especialmente antiislamista -el llamado Partido de la Libertad- puede aumentar espectacularmente su peso en el Parlamento de La Haya, sobre todo después de haber sido el segundo partido más votado en las últimas elecciones europeas. Da mucho que pensar el auge de las formaciones políticas de extrema derecha en un país, como Holanda, con un alto nivel de desarrollo humano, un pueblo amante de las libertades y que ha venido dando ejemplo de una democracia viva y operativa.

Pero no solo Holanda (quizá, a no mucho tardar, también otros países de la OTAN) está sufriendo los efectos del conflicto afgano, herencia de una irracional política internacional que nació en Washington después de los atentados del 11-S. Es el propio presidente de EEUU el que se encuentra cada vez más perdido en un callejón sin salida, empujado por los mandos militares con responsabilidad en Afganistán a tomar decisiones que contradicen sus promesas electorales y pueden llevarle a caer en los mismos errores que su nefasto predecesor, arrojando al baúl de los recuerdos el estimulante lema de su campaña Change, we can believe in (Sí, podemos creer en el cambio), que le llevó a la Presidencia.

El refuerzo militar y las operaciones desarrolladas primero en Helmand y en breve en Kandahar tienen poco de "cambio". Se va a repetir mucho de lo ya visto en Iraq y luego en el propio Afganistán. Victorias militares, a veces aplastantes, ocupación de pueblos y ciudades, exterminio de talibanes y guerrilleros, con el habitual apoyo mediático de periodistas "empotrados" y otros afines del mismo cariz. Es de esperar que la sensatez de Obama le impida escenificar otra parodia como la protagonizada por Bush proclamando "Misión cumplida" en Iraq, cuando lo peor ni siquiera había empezado.

Pero los talibanes llevan muchos años luchando y desapareciendo alternativamente; atacando cuando les favorece el factor sorpresa y dispersándose entre la población cuando están en inferioridad de condiciones. Frente a esto, la estrategia del general McChrystal se plantea en cuatro fases: 1) limpiar el terreno de enemigos; 2) conservar lo conquistado; 3) reconstruir lo destruido; y 4) ponerlo todo a disposición del Gobierno local, debidamente aleccionado por Washington.

No obstante, hay un factor que puede trastornarlo todo y que se olvida a menudo: el tiempo. Éste corre implacable a favor de los talibanes y en contra de las fuerzas de ocupación, que no podrán permanecer eternamente en Afganistán para sostener lo conseguido mediante la fuerza de las armas. ¿Qué impedirá que los talibanes recuperen -aunque tengan que esperar años- el control político y social de la población, cuando las tropas aliadas se hayan retirado y la atención de los medios de comunicación se oriente hacia otros lugares y otros conflictos?

Hay que tener en cuenta, además, que cuanto más se prolongue la ocupación militar, más capacidad de apoyo y reclutamiento tendrá la insurgencia entre una población cansada de soportar a los ocupantes. Esto, sin contar con que el cansancio también llegará inevitablemente a los países de la OTAN, que ven dilatarse las operaciones más de lo que parece razonable soportar y que, siguiendo el ejemplo de Holanda, pueden decidir poner fin a su participación en una difícil empresa cuya dirección no parece estar en manos fiables.

Publicado en CEIPAZ el 5 de marzo de 2010

 

Escrito por: alberto_piris.2010/03/05 10:54:44.748000 GMT+1
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