2012/07/06 09:38:8.170000 GMT+2
Dispersa la sufrida atención de los españoles entre los éxitos futbolísticos, que a tantos alborozan, y las penurias económicas, que a muchos aquejan, un libro recientemente publicado sobre política internacional quizá tenga dificultades para encontrar hueco entre las lecturas veraniegas, pero como aborda un asunto de permanente interés para el mundo en que nos ha tocado vivir, creo conveniente recomendarlo.
Su autor, Javier Jiménez Olmos, es un militar profesional con experiencia en misiones internacionales de la OTAN, posteriormente transmutado en doctor en Paz y Seguridad Internacional por la UNED, que tiene cosas interesantes que exponer y lo hace en Del choque a la alianza de civilizaciones (Icaria - Antrazyt, Barcelona 2012). El empeño es arduo y el itinerario elegido está lleno de obstáculos: conducir al lector desde las ideas del profesor Huntington, aquel que en 1993 propuso la teoría del "choque de civilizaciones" como fórmula universal para analizar el fenómeno de los enfrentamientos bélicos internacionales, hasta el proyecto que con el nombre de "alianza de civilizaciones" planteó en 2004 el presidente del Gobierno español ante la Asamblea General de Naciones Unidas, y que posteriormente fue asumido por su Secretario General, convertido en una iniciativa propia de la ONU y apoyado internacionalmente desde diversos ámbitos.
He de empezar reconociendo que la teoría de Huntington me sedujo inicialmente. Profesionalmente educado (¿o deformado?) en los estudios básicos de la geopolítica clásica, trasladar a la cartografía los enfrentamientos entre grupos humanos tenía una lógica irresistible al trazar sobre el mapamundi unas claras líneas de enfrentamiento que parecían explicarlo todo. Por aquel entonces llegué a utilizarla en un seminario del zaragozano Centro Pignatelli -del que también es colaborador el autor del libro citado-, no sin provocar polémica entre algunos participantes.
No fue necesario que los neocons estadounidenses, que la abrazaron con entusiasmo, demostraran lo erróneo de la teoría con sus malhadadas intervenciones militares en Oriente Medio y con la descontrolada y nefasta metástasis de su "guerra contra el terror", para descubrir que lo que parecía encomiable sobre el papel era, en realidad, una peligrosa elucubración; y que, llevada a la práctica, solo podía conducir a continuadas catástrofes, como así ha ocurrido.
El autor rebate contundentemente la teoría del choque, aduciendo datos estadísticos, que aclaran algunos aspectos de la polémica (como el apabullante belicismo de Occidente en relación con el mundo musulmán), y acudiendo también a un variado repertorio de citas. Como esta de Habermas: "El tema del choque de civilizaciones es a menudo el velo tras el que se difuminan los sólidos intereses materiales de Occidente, por ejemplo, el interés de disponer de los yacimientos petrolíferos y asegurar el abastecimiento de energía".
Descartada definitivamente, pues, la teoría del choque, le queda al autor en la segunda parte del libro la mucho más ardua tarea de convencer al lector de los beneficios de la alianza de civilizaciones, de la que Federico Mayor Zaragoza dice: "Alianza para conocernos, para respetarnos, para el diálogo sosegado, para la transición desde una cultura de violencia e imposición a una cultura de diálogo y conciliación".
El autor estudia detenidamente la viabilidad de esta propuesta, que a algunos se nos antoja casi utópica. Analiza los escollos más visibles. El sistema internacional basado en la ONU es el primero. De sobra es conocido el hecho de que el compromiso de los Estados occidentales con la democracia es relativo: la apoyan cuando favorece los intereses propios o la deforman a su medida cuando los resultados no son los esperados. Por eso, algún analista opina que encargar a la ONU el desarrollo de la alianza de civilizaciones es asesinarla antes de nacer.
Otro escollo sobre el que el autor reconoce que la alianza pasa bastante de puntillas es el de los derechos de la mujer en el mundo islámico. ¿Cómo cabe concebir una alianza con países donde "la mujer musulmana padece numerosas formas de injusticia y desigualdades y goza de un estatuto jurídico de lo más deplorable y precario"?, según declara una destacada feminista marroquí.
Por último, aunque no se incluye en el libro comentado por razones cronológicas, una Europa sumida en una grave crisis económica que pone en revisión sus fundamentos, y cuyo sentido de unidad, solidaridad y objetivos comunes se tambalea, tampoco parece estar en condiciones de prestar la atención necesaria a ese doble frente, geopolítico (a lo largo del Mediterráneo) y social (la creciente demografía musulmana dentro de la Unión Europea), en el que se están dirimiendo estas cuestiones. Habrá o no rescate para bancos o Estados, subirá o bajará la prima de riesgo y se alcanzarán o no los objetivos del déficit. Pero el problema del entendimiento entre Estados y sociedades dispares, con intereses enfrentados, seguirá ahí y tarde o temprano habrá que abordarlo. Cuanto más se demore su planteamiento, más difícil será resolverlo.
Publicado en CEIPAZ el 6 de julio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/07/06 09:38:8.170000 GMT+2
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2012/07/05 20:48:2.261000 GMT+2
El 2 de mayo de 1866, treinta años después de que España hubiera renunciado formalmente a sus posesiones en territorio continental americano, una flota de la llamada Escuadra del Pacífico, bajo las órdenes del almirante Méndez Núñez, bombardeó el puerto peruano de El Callao, en lo que puede considerarse uno de los últimos estertores bélicos de un viejo imperio, ya en franca decadencia. Son ahora las armas de otro imperio, el regido desde Washington, en el que algunos observadores también perciben signos de declive, las que muestran intenciones de regresar a lo que fueron escenarios de guerras y conquistas anteriores, cuando EE.UU. extendía sobre todo el planeta su poder militar para contener a la Unión Soviética, entonces el enemigo declarado de los intereses estadounidenses.
El hecho es que en los últimos tiempos se han reanudado contactos entre el Pentágono y los Gobiernos de algunos países del sureste asiático, lo que parece ser consecuencia inevitable de la llamada "nueva estrategia 2012", que fue aprobada por Obama a principios de este año. En el discurso de presentación ante la Junta de Jefes de Estado Mayor anunció el propósito de reducir la implicación de las armas estadounidenses en el continente euroasiático y volcar con preferencia su atención hacia el espacio del Océano Pacífico y el Lejano Oriente. Aunque se adujeron varias razones para hacerlo así, la más decisiva es, sin duda, la creciente amenaza que supone el poderío chino en todos los órdenes: económico, financiero, político y, sin duda alguna, también militar.
Los países que albergaron las bases de EE.UU. desde las que se sostuvo la guerra de Vietnam están siendo objeto de especial atención por Washington. Filipinas, Vietnam y Tailandia han recibido visitas de misiones norteamericanas, con vistas a establecer relaciones militares que permitan utilizar las instalaciones locales para maniobras y ejercicios conjuntos, visitas periódicas y convenios defensivos. El general Dempsey, que preside la Junta de Jefes de Estado Mayor, declaró, tras una visita a Tailandia, Filipinas y Singapur: "Yo no voy con una mochila llena de banderas de EE.UU. plantándolas por todo el mundo". Explicó que el objetivo de los contactos realizados era crear vínculos de asociación con países con los que existieran intereses comunes y establecer algún tipo de presencia temporal en ellos.
Aunque el Departamento de Defensa niega que el renovado interés por esta zona obedezca a un plan de contención de China, son de sobra conocidos los conflictos de soberanía en aguas internacionales que afectan a China y varios países limítrofes. Pero del mismo modo que la flota española regresó a El Callao -que había sido base naval al servicio de España- las Fuerzas Armadas de EE.UU. no olvidan que, por ejemplo, construyeron en Tailandia una de las más largas pistas de aterrizaje existentes en el Sureste asiático en la base de U-Tapao, desde donde operaron los temibles B-52 responsables del "bombardeo en alfombra" que arrasó Vietnam. Otros nombres que resonaron durante esta guerra vuelven a primer plano, como la base naval de Subic y la base aérea de Clark, ambas en Filipinas, pivotes esenciales para el esfuerzo bélico estadounidense en los años 60 y 70.
Así pues, todo indica que se está produciendo paulatinamente en Washington una nueva traslación en el concepto de enemigo: si el terrorismo sustituyó con éxito a la desaparecida URSS, ahora China empieza a aparecer como una nueva amenaza, más grave que el terrorismo, lo que permite mantener las necesarias presiones políticas (miedo y sumisión en la población) y económicas (armamento y gastos de defensa), para que todo siga igual y los beneficios del miedo se aprovechen debidamente.
Pero no todo parece que pueda seguir siendo igual. Uno de los más preciados instrumentos de guerra de Obama, los aviones sin piloto en acciones de aniquilación planeada, ha sido objeto de un rechazo oficial por Naciones Unidas, donde se anuncia la apertura de investigaciones sobre las frecuentes víctimas producidas por estos aparatos entre la población civil indefensa. Incluso el expresidente Jimmy Carter ha anunciado que las acciones agresivas de los drones violan los derechos humanos, "ayudan a nuestros enemigos y nos separan de nuestros amigos".
El relator especial de la ONU para los "homicidios extrajudiciales" informó en una conferencia en Ginebra que los ataques con aviones teledirigidos, efectuados en Pakistán, Yemen y otros países, "incitan a los Estados a violar los derechos humanos básicos", y consideró que en ocasiones debían considerarse crímenes de guerra.
La Unión Americana de Libertades Civiles, participante también en la conferencia antes citada, estima que los ataques de drones de EE.UU. han matado más de 4000 personas en Pakistán, Yemen y Somalia, de las que muchas eran personas inocentes.
La remilitarización del Este asiático, que reproducirá frente a China la nefasta "teoría de la contención" que sostuvo la Guerra Fría y sembró el planeta de "guerras por país interpuesto", no augura perspectivas positivas. Parece como si las peores etapas de la Historia de la humanidad tuvieran una nefasta propensión a repetirse.
Publicado en República de las ideas, el 6 de julio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/07/05 20:48:2.261000 GMT+2
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2012/06/29 08:16:15.937000 GMT+2
No es fácil comentar la situación creada en Egipto tras el nombramiento del primer presidente elegido en las urnas por su pueblo. Convendría empezar aclarando que, contra lo expuesto con cierta ligereza por bastantes informadores, no se trata del primer presidente "democrático", aunque su nombramiento, tras un proceso electoral aparentemente correcto, ponga fin a una lista de seis décadas de dictadores militares. Tampoco conviene anunciar con exagerado optimismo que Egipto ha iniciado el camino hacia la democracia, porque concurren en ese país circunstancias de gran complejidad y difícil evaluación, que obligan a utilizar la palabra "democracia" con mucha precaución, como se verá enseguida.
Es obvio recordar que elecciones libres no equivalen a democracia, puesto que son necesarios otros aspectos complementarios. Hay incluso factores que nada tienen que ver con la mecánica de un proceso electoral y que llegan a distorsionar hasta el sentido mismo de la expresión "elecciones libres". ¿Son elecciones verdaderamente libres las que, como en el caso aquí comentado, solo plantean una limitada disyuntiva? Por otra parte, ¿se es libre cuando se vota desde la miseria, presionado por el hambre y las privaciones? ¿O cuando se vota forzado por la religión, el entorno social o el abrumador peso de un antidemocrático pasado inmediato?
Dejando de lado estas disquisiciones secundarias, los vectores que ahora han quedado de manifiesto en Egipto conforman un sistema de fuerzas de impredecible evolución. Intentaré señalar algunas de ellas. En primer lugar, Mohamed Morsi, protagonista, al menos por ahora, de la situación política, tiene varios frentes abiertos. El primero, muy cercano, casi íntimo: el de sus compañeros de partido que, alborozados por un triunfo tantas veces soñado, rechazan cualquier contemporización y exigen al nuevo presidente que empiece a dar los pasos que habrán de conducir a la nueva sociedad islámica propugnada desde siempre por los Hermanos Musulmanes.
El segundo frente, también próximo, es el del Ejército que, aunque ceda el poder presidencial en la fecha prevista, sigue conservando en sus manos las palancas más eficaces para la configuración de la nueva Constitución. La reciente disolución del Parlamento, la atribución de nuevos poderes a las Fuerzas Armadas, aparte del peso acumulado por éstas durante muchos años en importantes sectores de la sociedad egipcia, así como la amarga sensación que experimentan algunos mandos militares por entregar el poder a quienes han sido sus inveterados enemigos, son factores capaces de crear todavía serios conflictos interiores.
Un tercer frente, también interior, es el de quienes, participantes iniciales en las revueltas populares que derribaron el anterior régimen, lo hicieron desde presupuestos laicos y modernizantes, y temen una islamización de la sociedad, que no desean aceptar de buen grado y que perciben como el retorno a un pasado rechazable.
Pero no basta observar dentro de las fronteras egipcias para hallar factores de incertidumbre. Hay un vector dirigido hacia EE.UU., el principal y tradicional aliado militar de Egipto, porque este país juega un importante papel en la política imperial de Washington; política que también concierne directamente a Israel, Turquía e Irán. Siria y los países de la "primavera árabe", son otros tantos vectores que también pesan en lo que en El Cairo se vaya decidiendo.
Que Obama se haya permitido aconsejar políticamente al nuevo presidente en su primer contacto con él -lo que evidentemente no haría con Putin ni con los más prestigiosos dirigentes de la Unión Europea- muestra su inquietud por la evolución de la situación en Egipto y por su repercusión en la campaña electoral en la que ya está sumido. Las relaciones de Egipto con Israel e Irán van a pasar por la Casa Blanca, mal que les pese a los Hermanos. Encontrarse en la disyuntiva de elegir entre Jerusalén y El Cairo es lo que menos puede desear Obama cuando sus compatriotas vayan a las urnas el próximo mes de noviembre.
El vector turco cuenta también, y mucho. El ejemplo de su régimen islámico moderado, como alternativa a Al Qaeda y sus derivados, satisface a EE.UU. y disgusta a los Hermanos Musulmanes, cuya tradicional política hacia Israel molesta, a su vez, tanto a EE.UU. como a Turquía. Y en este catálogo de actores vinculados, más o menos estrechamente, con la nueva situación en Egipto, no hay que olvidar la presencia de la medieval tiranía saudí y de los reyezuelos petrolíferos del Golfo Pérsico, a los que la "primavera árabe" causa pesadillas pero cuyo poder económico, abierto o furtivo, les permite influir en todo lo que se desarrolla en el mundo musulmán, desde el Atlántico hasta Filipinas.
Con tantas variables, y tan complejas, no existe fórmula alguna que pueda resolver este enrevesado problema. Ni ciencia política que posea los principios y teorías que permitan predecir la evolución de la situación. Así pues, permanezca el lector atento, porque el país de los faraones está presentando al mundo nuevos jeroglíficos de no fácil interpretación.
República de las ideas, 29 de junio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/06/29 08:16:15.937000 GMT+2
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2012/06/22 08:15:3.623000 GMT+2
Reproduzco a continuación un fragmento extraído de la página de sucesos del diario local "El Heraldo de la Penibética":
En una oficina de la Caja Rural del Veleta, sita en Benigalup de la Frontera, poco antes del cierre de mediodía penetraron tres atracadores enmascarados. A punta de pistola encerraron en una oficina interior a una veintena de clientes y empleados. Un paseante percibió que algo raro ocurría en el local y llamó al teléfono de emergencias. Un vehículo de la Guardia Civil acudió en pocos minutos y su dotación bloqueó la salida de la sucursal a la vez que solicitaba el envío de refuerzos. A través de un altavoz, un agente de la autoridad conminó a los atracadores a liberar a los rehenes, entre los que había mujeres y niños, y a entregarse sin más dilación.
Sin previo aviso, unos disparos procedentes de la sucursal hirieron a un guardia civil. Lo que a partir de ese momento se desencadenó ha provocado un escándalo nacional. Identificados los atracadores como terroristas, las autoridades civiles pidieron ayuda al Ministerio de Defensa y poco tiempo después un cazabombardero de la base de Rota lanzó dos bombas tipo GBU-38 sobre el edificio, que quedó arrasado. Los tres pistoleros murieron. Un portavoz de Defensa declaró que "el incidente había sido resuelto eficazmente" y que todos los muertos eran "presuntos terroristas". La oficina de prensa difundió un comunicado indicando que "al efectuar una valoración in situ de la operación se descubrió la presencia de dos mujeres heridas, no de gravedad, que fueron rápidamente evacuadas por los servicios hospitalarios de emergencia. Se ha iniciado una investigación para confirmar los rumores de que otras personas han fallecido en el incidente".
No tardó mucho en saberse que habían muerto siete mujeres, cuatro niños y un abogado sevillano que estaba de paso. Cundió la indignación. Ante el Ayuntamiento y el cuartel de la Guardia Civil se arremolinaron los familiares de las víctimas, exigiendo responsabilidades. Al día siguiente, mientras las televisiones de todo el país transmitían los trabajos de salvamento entre las ruinas, el presidente del Gobierno, en una rueda de prensa, afirmó: "No se pueden tolerar estas acciones. Nada puede justificar un ataque aéreo que daña la vida y las propiedades de los ciudadanos".
El Jefe del Estado Mayor de la Defensa acudió a las exequias fúnebres por los fallecidos y ofreció disculpas. Tanto en Defensa como en Interior rodaron algunas cabezas. El Congreso pidió comparecencias urgentes de las autoridades responsables y se concedieron generosas compensaciones económicas a los perjudicados. Se iniciaron colectas para construir un monumento en recuerdo de las víctimas. Justo una semana después, a la misma hora del bombardeo, las campanas de todos los pueblos de España tañeron al unísono y en el Congreso se guardó un minuto de silencio.
Aquí termina la noticia. Es evidente que, avanzada la lectura, enseguida se advierte su flagrante inverosimilitud. Esto nunca puede pasar en España, ni tampoco en la mayoría de los países próximos a nosotros, se dirá el lector, aliviado y pensando que se trata de una estúpida broma fuera de temporada. Broma que me he permitido adaptar a nuestro país y a nuestro idioma, pero cuya originalidad debo reconocer pertenece a Tom Engelhardt, el incansable analista de Tom Dispatch.
La cruda realidad es que algo muy similar a lo antes descrito sí ha ocurrido hace poco tiempo, pero en Afganistán. Lo describió desde Kabul, en el diario The Denver Post, la periodista Heidi Vogt. Lo que en cualquier país occidental hubiera ocasionado un escándalo de incalculables dimensiones y muy graves repercusiones, nos pasa casi desapercibido solo porque ocurre en Afganistán; y porque incidentes de este tipo vienen repitiéndose desde que, en diciembre de 2001, más de un centenar de afganos asistentes a una boda fueron aniquilados por las bombas guiadas de precisión, lanzadas por bombarderos estadounidenses.
Han sido numerosos los ataques sufridos desde entonces por ciudadanos afganos que, en bodas, funerales y otras ceremonias celebraban algo que nada tenía que ver con la guerra contra el terror que las potencias occidentales libran en su país. Las víctimas colaterales, como en el imaginario Benigalup, suelen carecer de interés estratégico para los audaces guerreros del antiterrorismo. Es más: solo son un necesario subproducto de errores fatalmente acumulados en su contra: un arma de quirúrgica precisión recibe datos erróneos o un analista de información confunde con un lanzamisiles el tomavistas de un invitado que está grabando la boda. Son las inevitables consecuencias de cualquier guerra. ¿No ardió Troya aunque sus sufridos ciudadanos nada tuvieran que ver con el rapto de Helena? ¿Qué son, pues, esas minucias en el fervoroso ambiente bélico con el que hoy muchos de nuestros dirigentes políticos se esfuerzan en combatir la lacra universal del terrorismo?
República de las ideas, 22 de junio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/06/22 08:15:3.623000 GMT+2
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2012/06/21 08:26:4.107000 GMT+2
Buscando un pequeño hueco entre los grandes asuntos que llenan las páginas de los medios de comunicación, dedicaré hoy mi comentario a un relato afgano, humano y femenino, propio de esa "intrahistoria" de la que habló mi paisano Unamuno, la que se desarrolla debajo de los documentos oficiales, y sobre la que brillan, oscureciéndola, los hechos históricos.
Agradezco la información a Hijratullah Ekhtyar, un periodista de Nangarhar, pequeña provincia del nordeste afgano, fronteriza con Pakistán y situada sobre la ruta que une Kabul con Islamabad. Allí vive Sanga Yabarjil, una joven afgana que desde niña se sintió cautivada por las emisiones de la BBC y de la Voz de América, que escuchaba en la radio de su casa, lo que le inoculó el virus del periodismo. A los quince años empezó a compatibilizar su actividad escolar con un trabajo en la RTA, Radio Televisión Afgana, la emisora estatal de la provincia. En su casa dijo que cooperaba escribiendo artículos, sin intervenir en las emisiones.
Cuando se emitió su primera colaboración, sobre los matrimonios concertados, su familia se sintió ofendida y humillada: "Cuando me oyeron por la radio, todos mis parientes dejaron de hablarme. Me tuve que encerrar en mi habitación, lejos de todos, y así permanecí un año entero". Aunque su madre la apoyaba en secreto, el hermano mayor la eludía, no le dirigía la mirada y la ignoraba: "Mi hermano no me hablaba. Me dijo que cuando estaba con sus amigos y yo aparecía en la televisión, todos le miraban y le preguntaban si yo era su hermana. Se sentía tan humillado que era como si se muriera".
La causa de tal escándalo era la sospecha de que trabajaba junto con hombres, lo que es considerado inmoral y la convierte en una mujer que no podrá jamás encontrar marido, máximo exponente público de su indignidad y del deshonor familiar. Sanga invitó a su hermano a visitar los estudios, para que comprobara que las mujeres trabajaban en locales separados de los hombres.
Sanga tiene ahora 21 años, vive en la capital de la provincia, Jalalabad, y dirige la sección de mujeres de la RTA de Nagarhar. Su actividad se orienta a revelar, ante el público y las autoridades, las preocupaciones de muchas mujeres en una sociedad tradicional que las mantiene relegadas. Ha recibido un premio internacional por su dedicación, pero no olvida lo que, en su corta vida, le ha costado llegar a lo que ahora es. En su familia se consideraba que las niñas debían abandonar los estudios a los 12 o 13 años. Un día, camino de la escuela, su hermano la detuvo, diciéndole que ya era mayor para estudiar. Ella lloró, se resistió, forcejeó y llegó a clase, aunque tarde. Cuando el profesor le preguntó el motivo de la tardanza ella le dijo que en su familia no querían que siguiera estudiando. Su profesor la acompañó a casa y convenció a su familia para que le dejaran terminar los estudios.
Su vida tampoco es fácil ahora. Aunque en la pantalla aparece con la cabeza cubierta por un pañuelo, cuando sale a la calle debe estar totalmente tapada. Recibe llamadas telefónicas amenazadoras. Ha tenido que aprender a resistir. Durante una boda, oyó que murmuraban a su alrededor. Una mujer se acercó y le dijo: "¿Por qué te tratas tan duramente, querida mía? Eres tan guapa pero sigues trabajando en la televisión. ¡Ten piedad de ti misma!". Cuando ella respondió diciendo que deseaba trabajar, porque había estudiado para ello y para servir a otras muchachas y mujeres, su interlocutora suspiró tristemente y le dijo que hubiera sido una buena esposa para su hijo si no estuviera trabajando en la televisión.
Hay otros aspectos que iluminan su vida: "Sanga es nuestra jefa pero nos trata como una hermana y amiga. Créame, cuando no está la echamos de menos", declaró una compañera del trabajo. Su jefe la calificó como "el orgullo de la televisión de Nangarhar", añadiendo que si ella se fuera no podría encontrar a nadie que la sustituyera. Su madre la apoya ahora abiertamente: "Yo no pude defender mis derechos en mi época, pero mi hija lo hace ahora y estoy orgullosa de ella"; sale en su defensa ante los parientes indignados por la presencia pública de su hija en televisión.
Sanga no se arredra. Ha empezado a estudiar ciencias políticas y jurídicas en una universidad privada de Jalalabad. Sus objetivos son graduarse, obtener un máster y dedicarse a la política. Sueña con ser la futura ministra para asuntos femeninos del Gobierno de Afganistán: "Si llego a ser ministra, eso no será un puesto simbólico para mí. Haré todo lo que pueda y presionaré a cualquiera que esté en el poder para asegurar que se respeten los derechos de las mujeres y haré obligatoria la enseñanza para las niñas".
Retenga el lector su nombre: Sanga Yabarjil se esfuerza por salir de la intrahistoria y entrar en la Historia; que lo haga como ministra y no en la sección de necrológicas, es lo que le deseamos fervientemente por el bien de las mujeres afganas. Ella podrá hacer por éstas más que todas las tropas de EE.UU. y la OTAN, siempre que algún drone no la convierta prematuramente en "baja colateral", con motivo de alguna celebración popular que la CIA confunda con una reunión de terroristas. Ya ha ocurrido antes.
Publicado en CEIPAZ el 20 de junio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/06/21 08:26:4.107000 GMT+2
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2012/06/15 09:01:57.991000 GMT+2
Aludí la semana pasada a la influencia que en la política internacional de EE.UU. empezaba a ejercer un nuevo modo de hacer la guerra que está cobrando importancia bajo la presidencia de Obama: el que se basa en el empleo de aviones no tripulados y fuerzas de operaciones especiales. Pero los efectos de esta innovación no se limitan al terreno militar y todo parece indicar que están incidiendo de modo más peligroso en la Casa Blanca que en el Pentágono.
El pasado 29 de mayo, The New York Times (TNYT) publicó
un impactante y extenso artículo cuyo título revelaba el núcleo de su contenido: Secret 'Kill List" Proves a Test of Obama's Principles and Will (es decir: "La lista secreta de muertes pone a prueba los principios y la voluntad de Obama"). El documentado trabajo venía a revelar que era el propio presidente el que decidía personalmente quiénes eran las personas a eliminar mediante ataques con misiles Hellfire disparados desde aviones teledirigidos. Unas fichas resumen de cada posible objetivo, recopiladas por los servicios de inteligencia, ponían en sus manos los datos esenciales y dejaban a su arbitrio la decisión final: matar o no matar.
El asesor de seguridad nacional confirmó el hecho de que es Obama en persona el que decide: "Se ha propuesto ser él quien determine el alcance de esas operaciones [ataques con aviones no tripulados]. Opina que él es el responsable del lugar que ocupa EE.UU. en el mundo y está decidido a tener las riendas en su mano". Las que en pasadas épocas eran operaciones de kill or capture (matar o apresar) se han convertido en asesinatos directos de aquellos a los que Obama designa como enemigos a destruir.
Si este endurecimiento de Obama tiene algo que ver con la campaña electoral en la que ya está inmerso, y en la que la reciedumbre del Comandante en Jefe es para muchos compatriotas un tanto a su favor, el caso es que numerosas voces se han alzado contra un modo de operar que ignora la "transparencia" prometida durante la campaña electoral que le llevó a la presidencia. Un anterior director de la CIA, partidario de la línea dura adoptada por Obama, declaró a TNYT que todo secreto implica costes, pero que la estrategia de Obama debería abrirse al escrutinio público: "Este programa se apoya en la legitimidad personal del presidente, lo que no es aceptable. He trabajado con alguien [Bush] que tomaba las decisiones basándose en informes secretos de su asesoría legal, lo que nos ponía en situaciones difíciles. Las democracias no hacen la guerra basándose en documentos legales guardados en una caja fuerte del Departamento de Justicia".
Pero hay algo de más gravedad en este asunto. El público no se hubiera enterado de todo esto a través de un diario de gran tirada, si no fuera por una filtración supuestamente facilitada desde la Casa Blanca, donde se cree que la imagen de un presidente decidido a recurrir a todos los medios para ganar la guerra contra el terror aumentará su tirón electoral. En la misma línea está la difusión, procedente de fuentes oficiales, de que fue Obama el que ordenó atacar el sistema informático de las centrifugadoras iraníes, lo que se consideró una acción de ciberguerra que le hizo ser visto por sus compatriotas como un decidido defensor de la patria frente al eje del mal. El senador McCain, anterior candidato a la presidencia, acusó a Obama de poner en peligro la seguridad nacional revelando esos datos "para reforzar sus ambiciones electorales".
Por otra parte, el Gobierno de Obama ha resucitado una vieja ley antiespionaje de la Primera Guerra Mundial, aplicándola en seis ocasiones contra funcionarios o periodistas que revelaron actividades ilegales, como el uso del waterboarding (simulación de ahogamiento) para obtener información de los prisioneros. En toda la Historia de EE.UU. antes de Obama, esta ley solo se aplicó tres veces. La práctica de filtrar lo que favorece y perseguir y hostigar a quien difunde una verdad incómoda no habla mucho en favor de la democracia de EE.UU. ni del Presidente que prometió "cambiar las cosas".
"Obama no ha dado marcha atrás a lo que hizo Bush, sino que ha ido mucho más allá. Pero ha sabido envolverlo en un paquete más atractivo", comentó un escritor estadounidense, especializado en asuntos de seguridad. Por otro lado, en la revista Foreign Policy, un alto funcionario experto en Oriente Medio escribió: "Barack Obama se ha convertido en un George W. Bush que toma esteroides". Para Peter Van Buren, veterano funcionario del Departamento de Estado "esta es la simple realidad del momento: el presidente se ha declarado por encima de la ley (junto con sus asesores y los que ejecutan sus órdenes), tanto moral como legal. Él solo es quien decide quién vivirá y quien morirá bajo los aviones no tripulados, él es quien recompensará a los medios favorables con información privilegiada o aplastará a los periodistas que le molestan a él o a sus colegas. Lo peor de todo: él será el único que decida lo que está bien y lo que está mal".
Así se ha transfigurado Obama, Premio Nobel de la Paz, el que prometió cerrar Guantánamo, mejorar sus relaciones con el mundo islámico y volver a encender el faro de la libertad y el respeto a los derechos humanos. En vez de eso, los drones han puesto en sus manos el rayo de Júpiter y se complace en utilizarlo según le convenga.
República de las ideas, 15 de junio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/06/15 09:01:57.991000 GMT+2
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2012/06/11 09:27:28.144000 GMT+2
"Enviar a los niños a una escuela pública es como arrojarlos a las llamas del infierno; como si los hijos de Israel ofrendasen sus niños a Moloch". Esta no es una frase pronunciada por algún fanático exaltado, en un momento de irritada obcecación frente al impulso de la Revolución Francesa; fue escrita y publicada en 2008 por una abogada y escritora estadounidense, miembro de la Junta de Educación del Estado de Texas, y por tanto responsable de los textos, material de enseñanza, programas y directrices para el sistema educativo del citado Estado, según escribe Gail Collins en The New York Review of Books.
Aunque Texas es solo el segundo Estado más poblado de EE.UU., es muy grande la influencia que desde el punto de vista educativo ejerce sobre el resto de la nación. Por un lado, produce libros de texto en masa, para casi cinco millones de niños escolarizados, que a menudo son utilizados en otros Estados de la Unión; y por otra parte, su Junta de Educación es elegida mediante un tortuoso sistema, poco democrático, en el que los acaudalados donantes locales imponen la presencia de personas de ideología afín, sin importarles mucho su acreditación académica.
Esas personas no se andan con rodeos. En 2009 causó sorpresa la noticia de que el presidente de la citada junta había anunciado, tras una sesión para aprobar el nuevo programa de ciencias, que "la evolución es una paparrucha (hooey)". Solo un año después, uno de los expertos elegidos para asesorar a la junta dictaminó que el impuesto sobre los ingresos (nuestro IRPF) era contrario a la palabra de Dios revelada en la Biblia. En otras ocasiones se han aplicado criterios que, observados desde nuestra orilla del Atlántico, causan estupor. Un texto que mostraba inquietud por el creciente deterioro medioambiental fue reprobado por "enseñar a los niños a mostrar más lealtad al planeta que a su propio país". En otra ocasión se decidió que la teoría de la evolución, el calentamiento global y la separación entre Iglesia y Estado son simplemente errores factuales. Y algún educador social ha expresado la opinión de que solo los blancos fueron los responsables de las mejoras de los derechos humanos para las minorías de EE.UU., ya que "según la Constitución solo las mayorías democráticas podrían ampliar los derechos humanos en el país [y no las propias minorías (!)]".
El mismo que tildó de paparrucha a la teoría de la evolución declaró en una revista: "Cuando tengo que valorar algún texto de enseñanza de Historia, lo primero que hago es ver cómo se trata en él al cristianismo y a Israel. Luego miro a ver qué dice de Ronald Reagan, para comprobar que se valore el hecho de que salvó al mundo del comunismo y de que mejoró nuestra economía al reducir los impuestos". Después, evidentemente satisfecho por su claridad de ideas, anunció: "Texas está a años luz por delante de cualquier otro Estado en lo relativo a poner en duda la teoría de la evolución".
Un breve inciso para señalar que los esforzados recopiladores que en nuestra Real Academia de la Historia (RAH) han dado a luz el Diccionario Biográfico Español nunca fueron capaces de expresarse con tanta claridad. Podrían habernos dicho: "La RAH está por delante de todos en deformar lo que ha sido la reciente Historia de España". Bien es verdad que los volúmenes de tan descomunal y aberrante empeño estarán bien lejos del alcance de los niños de nuestras escuelas y colegios.
En los programas aprobados en Texas se requiere que se tenga en cuenta el benéfico papel que jugaron los "filántropos industriales", cuando se estudien los problemas laborales causados por la industrialización, el éxodo campesino, el crecimiento de las ciudades o la inmigración. En política internacional se aconseja poner de relieve cómo "el rechazo árabe al Estado de Israel es lo que ha conducido al actual conflicto"; para aclarar conceptos relacionados con esta cuestión es también recomendable explicar el fundamentalismo islámico y el uso que hacen del terrorismo algunos de sus seguidores. Por supuesto, no hay que hablar de las Cruzadas, por la deteriorada imagen que proyectan del mundo cristiano frente al islam. Para Collins "esto es todo lo que los jóvenes texanos tendrán que saber sobre los pueblos árabes y la segunda religión del mundo en número de seguidores".
Pero el negocio editorial es el negocio, y cuando en 1994 a una importante empresa editora se le exigió que eliminara las alusiones a la prevención del suicidio infantil y a los grupos de gays y lesbianas, en un texto sobre salud, decidió retirar sus libros y venderlos en otra parte. Pocos años después, la misma editorial reeditó sus textos, debidamente corregidos, y regresó humildemente al poderoso mercado texano del libro escolar.
Para concluir, en este panorama de superstición y deterioro intelectual que afecta a la nación que en otros tiempos fue para el mundo faro de libertad y progreso científico, hay que resaltar el hecho de que sean precisamente medios de comunicación de EE.UU. los que denuncien tan atrabiliarias situaciones. Y que sean los intelectuales estadounidenses los que más alertan sobre el peligro que se extiende en amplios sectores de su sociedad. Pero en España también se oyen llamadas a la involución y al retroceso, contra las que hay que permanecer en guardia, aunque para esto nos tenga que ayudar, como ocurre en este caso, lo que se lee en el prestigioso periódico neoyorquino.
Publicado en CEIPAZ el 10 de junio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/06/11 09:27:28.144000 GMT+2
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2012/06/08 10:09:13.727000 GMT+2
La incesante evolución de la tecnología del armamento ha ido introduciendo a lo largo de la Historia modificaciones en el modo de hacer la guerra. Es fácil entender que esto ha tenido repercusiones en muchos aspectos sociales, como es la variable naturaleza de los conflictos armados, la estratificación social producida por el hecho bélico (los privilegios de los guerreros, caudillos, reyes y demás hombres de armas), la justificación religiosa del asesinato (convertido en muerte legalizada y elogiable), y en numerosos otros asuntos que pueden pasar desapercibidos si no se reflexiona sobre ellos. Tal es, por ejemplo, el hecho de que la estructura política de los Estados se fue configurando como consecuencia de las guerras que éstos libraban: recabar fondos para sostenerlas y articular alianzas para ganarlas fueron los quehaceres que harían nacer a los ministerios o secretarías de Hacienda y de Asuntos Exteriores en todos los Estados, incluido el Vaticano.
No se va a hacer aquí una completa descripción de cómo las innovaciones tecnológicas han influido en la guerra: la aparición de la pólvora multiplicó el efecto letal de las armas blancas o arrojadizas; las ametralladoras de la 1ª Guerra Mundial, los submarinos, aviones y carros de combate de la 2ª G.M. cambiaron tanto el modo de combatir como luego harían los helicópteros en Corea o Vietnam; en los últimos decenios, la informática del campo de batalla ha supuesto una revolución en lo relativo a los sistemas de mando, enlace, información y comunicaciones, esenciales para materializar cualquier estrategia. No aludo a las armas nucleares, nunca utilizadas en combate (su empleo en Hiroshima y Nagasaki no fue acción de guerra sino de brutal exterminio de población civil), aunque la posibilidad de su uso haya generado innumerables teorías estratégicas, a cual más irracional, algunas todavía vigentes.
Como curiosidad cabe recordar que la invención del estribo (hacia el siglo IV a.d.C.) hizo del caballo un instrumento de guerra. Frente a la potencia de choque de la caballería pesada, poco podían hacer las mesnadas de campesinos a pie; en su época, fue tan resolutiva para el combate como los tanques del siglo XX. Solo los nobles enriquecidos podían poseer caballos y armaduras, por lo que la palabra “caballero” se convirtió en un título militar de nobleza, como el “orden ecuestre” de la antigua Roma que hoy permite llamar a Berlusconi “il cavaliere”. El estribo, por último, hizo posible entre nosotros la tan usual expresión: “¿qué desea el caballero?”.
En este orden de ideas, nuevas evoluciones tecnológicas parecen apuntar a otros modos de hacer la guerra, concebidos en EE.UU. pero que seguramente se extenderán por todo el mundo. Se está configurando una estrategia basada en la combinación de un nuevo instrumento bélico -el avión radiodirigido- y una nueva forma de combatir en tierra -la de las fuerzas de operaciones especiales (FOE)-. Se la ha dado en llamar la “estrategia de Obama”, porque es bajo su presidencia cuando está cobrando creciente importancia en la política exterior de EE.UU.
En otra colaboración en este medio (13-01-2012) he aludido ya a los drones (nombre en inglés de los aviones no tripulados), que actúan desde Somalia a Filipinas, con una multiplicada actividad de la que poco se sabe, ya que “por motivos de seguridad” el Pentágono y la CIA (principales operadores de estos aparatos para ver y matar desde lejos) se resisten a difundir datos concretos. Solo la documentación pública sobre nuevos contratos de adquisición permite prever que desde 2012 hasta 2016 el promedio diario de salidas (vuelos de misión) de estas aeronaves se multiplicará por más de 12. Esto significa que más países se verán afectados por sus vuelos (habrá más víctimas “colaterales”), se crearán nuevas bases de lanzamiento, se producirán más accidentes y más conflictos internacionales. Es improbable que logren victorias resonantes ni que resuelvan conflictos. Pero extenderán la presencia militar de EE.UU. y suscitarán nuevas oleadas de hostilidad.
El segundo elemento de esta nueva estrategia son las fuerzas de operaciones especiales de EE.UU.: boinas verdes, rangers, los SEAL de la Marina, etc. Como los que desde el cielo cayeron sobre el refugio pakistaní de Osama Ben Laden, y al hacerlo crearon un conflicto con el Gobierno de Islamabad que sigue sin resolverse. Para el presidente Obama el uso de las FOE tiene la ventaja de que no necesita la aprobación de los órganos parlamentarios: son su ejército privado. Si una operación fracasa, nadie lo sabe; si tiene éxito -como el asesinato de Ben Laden- se difunde a los cuatro vientos.
A pesar de la resonancia que en los medios de comunicación está teniendo la nueva estrategia militar de EE.UU., no conviene dejarse deslumbrar. Solo hay que ver en ella una forma “complementaria” de hacer la guerra, preferentemente la llamada guerra “asimétrica” contra terroristas u organizaciones hostiles no estatales. Si alguna vez las divisiones acorazadas de Corea del Norte cruzaran la línea de demarcación -cosa posible, aunque hoy poco probable-, la estrategia que habría que utilizar volvería a ser la tradicional, más parecida a la de la 2ª G.M. que al combate disperso que hoy se observa en Afganistán. En fin, esto confirma una vez más que “la guerra es un camaleón”, como gráficamente escribió Clausewitz y razonadamente desarrolló Raymond Aron.
República de las ideas, 8 de junio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/06/08 10:09:13.727000 GMT+2
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2012/06/01 08:18:24.990000 GMT+2
La finalidad política de la guerra es imponer la voluntad propia sobre la del enemigo, para obligarle a aceptar las decisiones que favorezcan al vencedor y para establecer los términos de la subsiguiente paz según los designios de éste. Clausewitz lo expresó así: “La guerra es un acto de fuerza para obligar al contrario al cumplimiento de nuestra voluntad”. Tanto EE.UU. como la OTAN olvidaron hace ya algunos años su voluntad inicial de construir en Afganistán un Estado moderno y democrático, que fue lo que les hizo invadir y ocupar el país, aparte del deseo de vengar, violenta y espectacularmente, los humillantes atentados del 11-S. Desde este punto de vista no han ganado la guerra, pues han sido incapaces de hacer realidad lo que inicialmente se propusieron.
Ni siquiera rebajando los objetivos iniciales puede considerarse un éxito la retirada de las fuerzas invasoras, prevista para 2014. Tras asistir a la conferencia de Chicago, la imagen que del futuro inmediato de ese desgraciado país tiene Ahmed Rashid, conocido escritor y periodista pakistaní, es la de unos fortines esparcidos en territorio enemigo: las fuerzas afganas protegerán Kabul y las principales ciudades, mientras el campo volverá a manos talibanas. Las provincias de Kandahar y Helmand, las mismas sobre las que se desplegó hace dos años el famoso refuerzo (surge) de Obama, que en una brillante ofensiva destruiría para siempre a los talibanes, volverán bajo su control, asegura Rashid.
Todo esto, tras más de un decenio de ocupación militar, más de 2800 soldados de la OTAN muertos y un coste global que supera el billón (un millón de millones) de dólares. No hay lugar para la satisfacción: cuando las fuerzas de ocupación arríen sus banderas y pongan el país en manos de un ejército apenas instruido, corrompido por el tráfico de drogas y mal equipado porque no llegarán los fondos internacionales prometidos, será difícil que mejoren las infraestructuras, se cree un cuerpo eficaz de funcionarios, se instaure un sistema judicial fiable y se alcance cierta estabilidad económica.
Justo antes de la cumbre de Chicago, el consejero de seguridad nacional de Obama afirmó: “El objetivo es un Afganistán con cierto grado de estabilidad, donde Al Qaeda y sus seguidores no puedan disponer de un refugio seguro”. Los afganos han detectado enseguida el matiz: ya no se trata de aniquilar a Al Qaeda, como se proclamó al principio; basta con cierto grado de estabilidad.
Los dirigentes de la OTAN han aludido con optimismo al “fin de la guerra”, simplemente porque abandonan el país, pero nadie protegerá a los afganos ni a su Gobierno contra la amenaza persistente de los talibanes, un colapso económico, una guerra civil a varias bandas y un agravamiento de las ancestrales tensiones étnicas. No hay estrategia para esto; los estados mayores de los países de la coalición solo tienen un objetivo a la vista: los planes de retirada para la fecha prevista. En todo caso, su posible adelanto.
Los que no disponen de estados mayores que planifiquen sus operaciones son los afganos de a pie, los que ya están abandonando su país ante el temor de lo que pueda suceder a partir de 2014. El año pasado solicitaron asilo en Europa más de 30.000 ciudadanos afganos, según informa la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Kabul, un 30% más que el año anterior. La cifra real será muy superior, pues muchos afganos huyen a través de los circuitos ocultos de la emigración ilegal y no solicitan asilo en el país de destino. El portavoz local de ACNUR declaró: “Tras diez años de presencia militar en Afganistán, el país es uno de los tres de todo el mundo que más población han perdido por emigración”.
Más de un millón de afganos están refugiados en Irán y Pakistán, de los que la mitad carece de documentos legales. La mayoría de los que huyen del país lo hacen preocupados por las previsibles guerras que estallarán entre las diversas facciones que lucharon entre 1992 y 1996, cuyos dirigentes siguen activos y ejerciendo poderes locales. Otros expresan así sus motivos: “Los fondos que ha recibido Afganistán han sido desviados por la corrupción de las agencias internacionales y del Gobierno. No se ha prestado atención a la actividad económica ni a las infraestructuras. Así que la gente cree que cuando se vayan las tropas su vida va a empeorar y por eso emigran”, declaró un analista económico local.
Para algunos afganos, las fuerzas de seguridad no resuelven nada, sino que son parte del problema, pues incluyen en su seno a muchos que formaron las antiguas milicias locales que lucharon entre sí en los años 90: “Cuando se vaya la OTAN, esas fuerzas serán las primeras que ataquen a la gente y les roben sus propiedades. No inspiran confianza ni respetan la ley. Nadie se sentiría forzado a emigrar si esto no ocurriese”.
Esta es, esquemáticamente actualizada, la situación a la que la OTAN ha llevado al pueblo afgano, tras la ocupación militar del país. Es difícil creer que la Alianza Atlántica pueda seguir siendo considerada un instrumento adecuado para la seguridad mundial. A tenor de lo expuesto en las primeras líneas de este comentario, está claro que no ganó la guerra de Irak ni va a ganar la de Afganistán. ¿Puede alguien explicar, entonces, para qué sirve?
República de las ideas, 1 de junio de 2012
Escrito por: alberto_piris.2012/06/01 08:18:24.990000 GMT+2
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2012/05/25 10:10:30.591000 GMT+2
Está a la vuelta de la esquina, guste o no, ese bochornoso residuo de ciertos nacionalismos vergonzantes que es el llamado Festival de la Canción de Eurovisión. Con él, algunos Gobiernos de los países participantes intentan enfervorizar a sus pueblos con un triunfo obtenido en ese mercadeo de votos en que se convirtió hace ya años semejante engendro musical. Cuando en la última edición, celebrada el año pasado en Dusseldorf, un dúo azerbaiyano se alzó con el triunfo, Bakú se convirtió en la sede del festejo para el año 2012, a celebrar este fin de semana.
Si el concurso apenas sirve para valorar, en sentido musical y artístico, las aportaciones de los concursantes, sí se convierte en un resplandeciente foco de atención internacional, dada su innegable repercusión televisiva. En nuestra era, la política se desarrolla sobre todo ante las cámaras (recuérdese el reciente paseo fluvial de Rajoy y Merkel, inmortalizado como simple imagen y desdeñando todo lo demás), y es posible que esto contribuya a su paulatino descrédito. La información televisual resalta la frase resonante, la expresión y el acento rotundos, y esa cualidad de “dar bien ante la cámara”, que se exige y se valora en los personajes públicos, aunque sean incapaces de encadenar dos argumentos inteligibles.
Una política que se desarrolla esencialmente en la televisión, en entrevistas, tertulias o comparecencias electorales, se ve forzada a eludir las razones bien elaboradas (¡qué pesadez!), la discusión sobre los matices inevitables en todas las cuestiones (¡para qué entrar en detalles!) y el tono razonado de quien dialoga pausadamente (¡duerme a la audiencia!), y sobrevalorará al energúmeno solo capaz de emitir juicios primarios pero contundentes.
Así pues, la política también ha llegado a Bakú, dado el carácter eminentemente televisual del acontecimiento. Desde que se supo su designación como sede del festival, los activistas azerbaiyanos de derechos humanos se organizaron para aprovechar el brillante foco que se proyectaría sobre su país y organizaron una campaña con el nombre de “Cantar por la democracia”. Esperaban, además, que el Gobierno, consciente de la repercusión de la cita musical, abriría algo la mano en lo relativo a los derechos humanos y la libertad de expresión. Nada más lejos de la realidad; el coordinador de la campaña aseguró hace unos días: “No solo no se ha producido ninguna mejora, sino que los abusos han aumentado lamentablemente”.
Desde el Gobierno se les tacha de antipatriotas y se les acusa de mancillar el nombre del país. Se atribuye la campaña a la intervención extranjera y a sus contactos con la oposición. Sin embargo, salen a la luz casos de claro hostigamiento a las organizaciones defensoras de los derechos humanos, como el Instituto por la Paz y la Democracia, y a numerosos periodistas. Esto atrajo la atención de Human Rigths Watch (HRW), que el pasado 3 de mayo publicó un informe, describiendo el “abismalmente negativo nivel de la libertad de expresión” existente en el país.
La portavoz de HRW declaró: “Las emisoras europeas de televisión no podrían desarrollar su tarea en Europa sin libertad de expresión. Pero en Azerbaiyán, ésta no existe. La Unión Europea de Radiotelevisión (UER) [organizadora del evento] tiene ahora una oportunidad de defender los valores que hacen posible la libertad en Europa. Es el momento de anunciar que la libertad de expresión es algo importante”. Amnistía Internacional se unió a la demanda: “En los últimos meses, periodistas y defensores de los derechos humanos han sido amenazados, hostigados y golpeados por funcionarios estatales hasta quedar inconscientes. A pesar de eso, la UER colabora con las autoridades del país. Esta supuesta defensora de las libertades ha sido incapaz de interceder por los periodistas azerbaiyanos y proteger los valores que dice sustentar”.
Cuando caiga el telón del festival, sea cualquiera el país que se haga con el trofeo, los espectadores de este banal producto televisivo harían bien en recordar el comentario del coordinador de la citada campaña: “El Gobierno tolera ‘Cantar por la democracia’ solo por la presión de los medios internacionales. En cuanto acabe Eurovisión, empezará a aplicar duras medidas contra los opositores, para comenzar el año 2013 sin preocupaciones. No desea que en un año electoral [con elecciones presidenciales] se planteen problemas sobre los derechos humanos”.
No se puede separar por la fuerza a la política de otras actividades sociales (sean festivales musicales o futbolísticos) cuando el pleno ejercicio de la democracia está restringido por las limitaciones arbitrarias impuestas a la libertad de expresión o por la vulneración de los derechos humanos. Si con violencia se expulsa a la política por la puerta, entrará de nuevo por la ventana.
República de las ideas, 25 de mayo de 2012
Nota posterior:
Siguiendo la sugerencia del comentario de Gonzaga, añado el enlace al artículo de Foreign Policy citado por él:
http://www.foreignpolicy.com/articles/2012/03/28/israel_s_secret_staging_ground?page=0,1<br />
Escrito por: alberto_piris.2012/05/25 10:10:30.591000 GMT+2
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