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2013/10/18 10:08:0.041000 GMT+2

Netanyahu y sus cortinas de humo

El escritor y periodista estadounidense Max Blumenthal recordaba recientemente cómo en noviembre de 1989 un joven Netanyahu, que formaba parte de la coalición gobernante encabezada por Isaac Shamir, manifestó públicamente en la universidad Bar Ilan de Tel Aviv que Israel debería haber aprovechado el conflicto chino ante las protestas de la plaza de Tianamen, mientras la atención del mundo estaba centrada en ese país, para haber expulsado masivamente a la población árabe de los territorios ocupados; y añadió: “Muy a pesar mío, no se aceptó la política que yo proponía y que sigo pensando que debería haber sido adoptada”.

La estrategia de servirse de una cortina de humo para llevar a cabo fechorías políticas de diversa naturaleza parece innata con el modo de entender la política del primer ministro israelí. Hace pocos días, ha aprovechado su alocución ante la Asamblea General de Naciones Unidas para mezclar unas insistentes y redundantes ideas sobre la aterradora perversidad iraní, de la que en breve cabe esperar todo lo peor, con unas conmovedoras imágenes del sufrimiento del pueblo judío en la Europa del siglo XIX, para lo que recurrió al recuerdo de su abuelo, brutalmente golpeado por unos bárbaros antisemitas en un pueblo europeo no determinado, quien en esa ocasión se lamentaba de que “los descendientes de los Macabeos yaciesen en el barro, incapaces de defenderse por sí mismos”. Esto le sirvió para acentuar el dramatismo del párrafo final del discurso, proclamando que “el pueblo de Israel ha vuelto a casa para nunca ser expulsado otra vez”.

Esta trágica cortina de humo se ha utilizado ahora para ocultar el más grave problema que corroe hoy a la sociedad israelí (y que nada tiene que ver con Irán): la paulatina obstrucción de todos los caminos que podrían conducir a la paz, resultado de la política suicida del Gobierno de Netayanhu, enconando progresivamente la ocupación militar del territorio palestino y la opresión del pueblo autóctono. Es inevitable deducir que, si en estos tiempos se produjese algún acontecimiento de especial relevancia mundial (como fue la revuelta de Tianamen), el Gobierno dirigido por Netanyahu haría todo lo posible por provocar la expulsión masiva de palestinos que no pudo ejecutar en 1989. Pero aún sin sufrir la violencia extrema que tal política generaría, la situación de penuria del pueblo palestino se agrava día a día.

Como se sabe, los territorios ilegalmente ocupados por Israel, están divididos en tres zonas. Una de ellas (la llamada “Área C”), que abarca el 61% del territorio de Cisjordania, está bajo pleno control militar israelí. A ésta ha dedicado su atención el Banco Mundial (BM) en un reciente informe que denuncia la insostenible situación económica del pueblo palestino. Según el BM, el control israelí de ese territorio le produce a la Autoridad Palestina la pérdida de un 35% de su producto nacional bruto (PNB): “Liberando el potencial de esas ‘tierras restringidas’ se facilitaría a los palestinos el disponer de nuevos recursos, lo que les llevaría a nuevas áreas de actividad económica y pondría a la economía del país en el camino de un crecimiento sostenido”.

Los palestinos que viven en la citada zona se ven sometidos a severas restricciones de circulación y de disponibilidad de agua, de las que están exentos los colonos israelíes, ilegalmente instalados todos ellos en la misma zona. Si además se permitiese a los palestinos el libre acceso al Mar Muerto, se obtendrían nuevos recursos (potasa y bromuro, por ejemplo) y se aprovecharía mejor el turismo. Esto supondría un aumento estimado del 10% en el PIB palestino. El informe del BM presenta unas conclusiones pesimistas: “Sin posibilidad de utilizar el potencial del Área C, el espacio económico [palestino] quedará fragmentado y ahogado. Si se eliminan las múltiples restricciones se podría transformar la economía y mejorar sustancialmente la esperanza en un crecimiento sostenido”.

Aprovechando también la distracción que para la opinión pública internacional ha supuesto la Asamblea General de la ONU, y mientras Netanyahu profetizaba un nefasto futuro bajo las amenazas de Irán, su Gobierno se preparaba para ejecutar el llamado plan Prawer, que nominalmente pretende resolver el conflicto entre los beduinos autóctonos del desierto del Neguev y el Gobierno de Israel. En realidad se trata de un proyecto para expulsar a 40.000 beduinos de lo que han sido sus tierras ancestrales y concentrarlos en poblados fijos, al estilo de las reservas indias de EE.UU. o los bantustanes sudafricanos.

Aunque ciudadanos de Israel, los beduinos habitan en “poblaciones oficialmente inexistentes”, declaradas ilegales y previstas para la demolición. En los lugares evacuados se asentarán comunidades exclusivamente judías, generosamente subvencionadas por el Estado y varios donantes internacionales. “El ‘destino manifiesto’ de los EE.UU., está para Israel en el Neguev”, ha declarado uno de éstos. Ante esta situación y estos hechos recientes, y tras una conocida trayectoria como Estado rebelde a las normas internacionales, ¿puede todavía considerarse a Israel como una democracia respetuosa con los derechos humanos?

República de las ideas, 18 de octubre de 2013

Escrito por: alberto_piris.2013/10/18 10:08:0.041000 GMT+2
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2013/10/14 20:08:55.435000 GMT+2

Las pesadillas tecnológicas que se avecinan

Entre los instrumentos de control y vigilancia de las personas que componen la misteriosa panoplia de las agencias que dicen velar por nuestra seguridad, como reveló en su momento Snowden, se encuentra un aparato llamado IMSI catcher. Su nombre se puede traducir como "captador de imsis", lo que, a su vez, nos llevaría a descubrir que IMSI son las iniciales en inglés de algo que puede entenderse como la "identidad internacional de un suscriptor móvil", es decir, de cualquier teléfono móvil. Se trata de un código que identifica a nivel mundial todos los equipos móviles hoy día existentes.

Conviene hacer ahora un pequeño inciso, no técnico sino lingüístico -dado que estos días se desarrolla el VI Congreso de la Lengua (española, por supuesto) en Panamá-, al hilo de la queja que recientemente expresaba Javier Sampedro sobre la traducción de los términos técnicos ingleses, dado que el mundo hispanohablante va claramente a remolque en todo lo relacionado con las vanguardias de la ciencia y la investigación. Se lamentaba de que las muy correctas versiones al castellano de hardware y software (soporte físico y soporte lógico, respectivamente) elaboradas por la RAE "llegaron tarde para persuadir a los periodistas y a la población de que las adoptaran", en vista de lo cual nuestra lengua incorporó dos nuevos anglicismos. Al parecer, no solo vamos muy retrasados en la investigación (y más vamos a ir los españoles, ahora que se cercenan las ayudas a esta actividad) sino que los doctores de la lengua se toman también su tiempo para realizar el trabajo que les corresponde. Así pues, sigamos hablando del IMSI catcher.

El citado aparatito, fabricado por la empresa estadounidense GammaGroup, puede llevarse instalado debajo de la camisa, aunque existen otras versiones que lo montan en un maletín de mano o en un automóvil con antena oculta bajo el techo. Su misión es captar todas las señales procedentes de un teléfono móvil situado en las proximidades, de modo que puede identificar y localizar a todos los usuarios de una zona concreta. Para ello, envía unas señales que activan los móviles dentro de su alcance y les hace devolver una señal con su identificación propia. Midiendo el tiempo utilizado por las respuestas (llamadas pings, ¡otro anglicismo!) de los teléfonos y utilizando más de un aparato a la vez, se puede conocer con exactitud donde se encuentra cada uno, aunque los teléfonos no estén siendo utilizados por los usuarios, pues basta con que estén encendidos.

Unos agentes del FBI, testimoniando ante los tribunales de EE.UU. con motivo de un caso de evasión fiscal, revelaron que en julio de 2008 la compañía Verizon reprogramó sus tarjetas de teléfono móvil para que respondieran a las llamadas del FBI y se conectaran a una antena propia de la agencia para poder ser localizadas. Ciertos  dispositivos similares se venían usando ya desde el año 2002, según declararon algunos testigos. El FBI no lo negó y un antiguo agente informó al Wall Street Journal de que la agencia "contrata personal formado como pirata informático (hacker) y adquiere aparatos capaces de realizar esas operaciones". Pero añadió a modo de justificación: "Cuando lo hacemos así es porque no tenemos otra opción".

Los aparatos a los que se refería el agente son también anunciados por GammaGroup en un catálogo secreto, que probablemente fue descubierto por activistas de los derechos humanos que lo han hecho público tras haber sufrido unos ciberataques producidos por uno de los artilugios de la citada compañía, llamado FinFisher. Es un programa espía que se apodera de los ordenadores, copia los archivos almacenados, intercepta las llamadas telefónicas tipo skype y archiva todas las pulsaciones del teclado. Lo malo era que este programa se disfrazaba dentro del ordenador como si fuera el conocido explorador de internet Firefox, propiedad de la empresa Mozilla, que al descubrir el engaño fue la que levantó la liebre, no sin tener algunos conflictos con el poder, ya que eran agencias gubernamentales las que se aprovechaban de este engaño internáutico.

El mundo del espionaje personal parece que no termina aquí. Su vanguardia se halla ahora en la elaboración de programas que, aprovechando la astronómica cantidad de información que puede acumularse sobre cada individuo, desarrollan procesos lógicos que permiten, por ejemplo, saber la probabilidad con la que el individuo X esté en el gimnasio todos los jueves a las 07.00 horas, a fin de aprovecharla para penetrar en su domicilio, analizar o apoderarse de su ordenador e instalar unos micrófonos en las habitaciones. No es broma. A esto se dedica ahora otro programa llamado RIOT (Rapid Information Overlay Technology) de la conocida Raytheon, una de las principales corporaciones de armamento de EE.UU.

La ciencia y la tecnología, por su propia naturaleza, carecen de límites autoimpuestos, por lo que la evolución que este comentario pretende mostrar no se frenará simplemente renegando del progreso. La perversidad está en las mentes humanas que distorsionando la realidad (en este caso, exagerando la sensación de peligro) pretenden crear nuevas necesidades que solo satisfacen su ansia de más sustanciales beneficios, no solo económicos, sino políticos y sociales.

Publicado en CEIPAZ el ?? de octubre de2013

Escrito por: alberto_piris.2013/10/14 20:08:55.435000 GMT+2
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2013/10/11 10:19:44.165000 GMT+2

Los conflictos predecibles y la política

El martes pasado El País publicó una necrológica del profesor Juan Linz, escrita por un coronel retirado y, a la vez, veterano sociólogo y profesor del Instituto Universitario “Gutiérrez Mellado” de la UNED. En ella el autor recordaba como el fallecido sociólogo español (tan acreditado en las universidades extranjeras como poco conocido en las nuestras), en un curso de verano desarrollado en Ronda en 2001 sobre la transición política española, había manifestado que en España “tendremos graves problemas siempre que haya españoles deseosos de dejar de serlo”.

Recordaba el autor que eso le pareció una “frase redonda, impactante, efectista, pero relativamente exagerada y subjetiva”. Doce años después su opinión ha cambiado y aquella rotunda frase “ha ido revelándose progresivamente como una constatación acertadísima, propia de la inteligencia penetrante de un riguroso científico social”. El vaticinio de Linz no fue exagerado y en la España de hoy vemos surgir los “graves problemas” que presagió el desaparecido sociólogo.

Por otro lado, no era un sociólogo famoso ni había publicado numerosos libros un general a cuyas órdenes tuve el honor -y el placer- de servir, que en los años iniciales de la transición, y con motivo de la inquietud extendida entre las fuerzas armadas españolas (que explotaría a tiros contra el techo del hemiciclo parlamentario poco tiempo después) me expresó su opinión personal sobre el mismo asunto en términos parecidos a los siguientes: “Mire usted, Piris: si en España hay un número sustancial de españoles que no quieren seguir siéndolo, o un territorio donde la mayoría de la población no se siente española, eso ya no es España; eso, en todo caso, se parecería más a una colonia. Y entonces el problema no se podría resolver por medios militares, sino solamente por vías políticas”. Así pues, un general en activo anticipaba ya el problema que años después plantearía Juan Linz ante sus alumnos veraniegos.

Pero entre uno y otro caso, todavía habían de ocurrir algunos hechos reseñables. Así fue cuando en junio de 1987 el Gobierno destituyó fulminantemente al entonces gobernador militar de Guipúzcoa porque, al ser preguntado sobre la actitud de los ejércitos en el caso de que alguna autonomía se proclamase independiente o exigiese la autodeterminación, había declarado: “Si las instituciones del Estado lo aceptan, habría que respetarlo”. Era la más pura expresión de un fiel servidor de la Constitución y del orden establecido, aunque el Gobierno la tachó de inoportuna. Un editorial de El País comentó al respecto que si “del primer ministro [sic] para abajo, todo el que dice algo inoportuno en este país fuera apeado del cargo, las poltronas estarían hoy vacías”.

Han existido y existen, pues, mandos militares en España (como sucede en otros países democráticos) que asumen la democracia, respetuosos con el poder establecido y poco dados a utilizar lo que en otras ocasiones he llamado el “agujero golpista” de nuestra Constitución. Ese agujero está formado por los artículos 8 y 62-h. El primero asigna a las Fuerzas Armadas, entre otras, la misión de “defender la integridad territorial” del Estado; el segundo confiere al Rey “el mando supremo de las Fuerzas Armadas”. Algunos llegan a pensar que, puesto que la Constitución aprobada por las Cortes y ratificada por el pueblo español ha asignado ya sendas misiones al Rey y a sus ejércitos, la “integridad territorial” española no será puesta jamás en tela de juicio. ¿Rompería, por ejemplo, el federalismo esa integridad? Si el Rey y los ejércitos opinasen conjuntamente que sí, ya no habría espacio para la discusión política: la intervención militar sería automática y lo mismo ocurriría si alguna parte de España pretendiese alcanzar la independencia por vía democrática, al estilo quebequés o escocés. Ese camino, según los que así argumentan, estará para siempre bloqueado.

El agujero golpista tentó profundamente a los residuos del franquismo durante la transición, cuando la política del Gobierno no era la que ellos deseaban. Pero la fórmula que deshace la trampa se basa en otros dos artículos de la misma Constitución, olvidados por los propensos al golpismo: el 97 y el 64. El primero pone en manos del Gobierno, entre otras cosas, “la Administración militar y la defensa del Estado”; el segundo limita la legalidad de los actos del Rey a su refrendo por los miembros competentes del Gobierno. Queda así definitivamente cerrado el peligroso agujero golpista.

No puede ignorarse que hoy asoma la cabeza el grave problema predicho por Linz. ¿Cómo afrontarlo y resolverlo? Soñar con atajos militarizados solo conducirá a su agravamiento o a un aplazamiento temporal y a su futuro renacer en peores condiciones, como muestra la historia de los pueblos. La vía más razonable es el ejercicio de la democracia en el campo exclusivamente político. Una de las cualidades de la política es su capacidad para prever futuros conflictos y anticipar su resolución pacífica y duradera. Sin profundizar en esto, a todos se nos alcanza que sería más eficaz articular una política general que se esforzase en no fomentar y agravar la voluntad disgregatoria prevista por Linz; y no afrontar ésta mediante la simple coerción o el temor larvado a enfrentamientos violentos. Aunque esto requiera políticos sagaces y un pueblo poco fanatizable y capaz de vivir pacíficamente en democracia. ¿Se dan en España estas condiciones?

República de las ideas, 11 de octubre de 2013

Escrito por: alberto_piris.2013/10/11 10:19:44.165000 GMT+2
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2013/10/04 10:24:3.318000 GMT+2

Dos estampas militares de hoy

A principios de esta semana han coincidido en los medios informativos de Rusia y EE.UU. dos noticias directamente relacionadas con los respectivos ejércitos de ambas superpotencias. En otros tiempos, cualquier coincidencia de este tipo nos hubiera llevado a recordar la carrera de armamentos y a agravar aquella situación de temor prevalente en un mundo sumido en la Guerra Fría. Felizmente, las cosas han cambiado y son otros los comentarios que hoy suscitan ambos asuntos.

En EE.UU., el general Amos, jefe de la Infantería de Marina, ha ordenado el relevo inmediato y posterior retiro de dos generales de división, subordinados suyos, por no haber estado a la altura de sus responsabilidades, como enseguida se explicará. Mucho han cambiados los ejércitos, al menos en algunos casos, para que los mandos más elevados lleguen a sufrir también los efectos de sus errores o falta de profesionalidad. No siempre ha sido así.

En la 1ª Guerra Mundial, por ejemplo, las cosas eran muy distintas, como mostró la excelente película de Kubric “Senderos de gloria” (Paths of Glory), basada en hechos reales. Entonces, los generales no se arrestaban mutuamente; eran una casta privilegiada dentro de los ejércitos, que tenía por costumbre combatir desde los cuarteles generales instalados en bellos palacios de la retaguardia. Así pues, cuando un ambicioso general francés ordenó a sus tropas ejecutar una operación del todo inviable, el fracaso no se saldó con el retiro forzoso del alucinado mando ni con un consejo de guerra que le castigase por no haber sabido actuar según su veteranía y profesionalidad. Todo lo contrario: el consejo de guerra sí tuvo lugar, pero contra unos desdichados soldados, elegidos por sorteo entre las unidades afectadas, que fueron públicamente fusilados como ejemplo para sus compañeros de filas.

El general Amos ha actuado de otro modo. Cuando en 2012 un ataque talibán contra la base afgana de Camp Bastion causó la muerte de dos marines, hirió a ocho, destruyó seis cazabombarderos y dañó gravemente a otros, ordenó abrir una investigación que mostró que ambos generales no habían adoptado las medidas necesarias de protección: “Aunque soy consciente de las dificultades que una fuerza de combate encuentra a medida que sus efectivos se reducen, mi deber me exige permanecer fiel a las ideas permanentes de responsabilidad y rendición de cuentas en la cadena de mando”.

Se dedujo que uno de los generales valoró erróneamente el riesgo que los talibanes presentaban en la zona del ataque, y se le consideró responsable de las pérdidas humanas y materiales sufridas. El otro general, al mando de la aviación de los marines, juzgó mal la protección de las fuerzas. El lunes pasado, ambos generales fueron obligados a pedir el retiro.

De la prensa moscovita, por su parte, nos llegan noticias relativas al reclutamiento de otoño, que comenzó el pasado martes. El servicio militar ruso dura un año y son 150.000 los jóvenes que afrontan estos días la llamada a filas, en un ambiente agitado por las declaraciones de la portavoz de la Unión de Comités de Madres de Soldados de Rusia. En el centro de la protesta están las temidas novatadas, en algunos casos crueles y dolorosas: “El pasado año -dijo la portavoz- la situación ha empeorado en el ejército” y han aumentado las quejas de los jóvenes reclutas por maltrato y humillación.

Son bastante los muchachos que al aproximarse la llamada a filas buscan eludirla por procedimientos diversos, desde automutilaciones y enfermedades inducidas a la simple desaparición del domicilio, aunque la justicia puede condenar a los prófugos a dos años de prisión. Desde la fiscalía militar se advierte de que “se luchará seriamente contra quienes intentan beneficiarse del reclutamiento”, cobrando a los conscriptos para ayudarles a evadir el servicio.

En un esfuerzo por incluir propuestas sugestivas que reduzcan el rechazo juvenil, el reclutamiento de este otoño incluye unidades especiales para “científicos y deportistas”. Las exenciones alcanzan a las familias que recientemente sufrieron las graves inundaciones de Siberia. Un curioso detalle: los reclutas podrán llevar consigo al cuartel sus propios animales de compañía “si éstos poseen las habilidades suficientes”. Ni aún así se ve con alegría vestir el uniforme del ejército ruso: un joven moscovita de 22 años logró ser hospitalizado en el llamamiento de la primavera pasada, tras ingerir hígado de pescado podrido y beber leche deteriorada para acogerse a la disposición que prohíbe reclutar a los enfermos: “Sentí que me moría, vomitaba y tenía diarrea, pero a pesar de todo, era mejor que tener que ir al servicio militar”.

Como decía al comenzar, el panorama no puede ser más normal, aunque afecte a los dos ejércitos más poderosos del mundo. Por un lado, se muestra que quienes desde puestos militares de alta responsabilidad gozan del prestigio inherente a su situación están tan obligados a cumplir con su deber como el soldado centinela en la puerta del cuartel. Nada más natural. Y en el caso de Rusia se observa que, como ocurrió en España hace ya algunos años, son muchos los jóvenes que consideran irracional el servicio militar obligatorio y no se les puede reprochar por ello.

Publicado en República de las ideas, el 4 de octubre de 2013

Escrito por: alberto_piris.2013/10/04 10:24:3.318000 GMT+2
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2013/09/28 10:11:49.490000 GMT+2

Un poco de vergüenza

Una reflexión a vuela pluma:

Es algo difícil de entender que a la entrada de un juzgado se aplauda y se jalee a un evasor de impuestos por una suma considerable (cerca de cuatro millones de euros), en esta España donde precisamente el fraude fiscal es uno de los elementos que más negativamente perjudica nuestra economía,

Salvo que se sepa que el evasor es Messi, que goza de amplias simpatías populares por su habilidad al dar patadas a un balón.

Mientras tanto, se sigue expulsando de sus viviendas a familias que no han podido pagar unos pocos centenares de euros de su hipoteca. 

Conclusión: tenemos lo que nos merecemos. 

Escrito por: alberto_piris.2013/09/28 10:11:49.490000 GMT+2
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2013/09/27 08:49:26.994000 GMT+2

La política y la guerra: teoría y trampas

Las vacilaciones del presidente Obama en relación con la postura a adoptar ante el problema sirio, han reabierto en EE.UU. la recurrente polémica sobre los poderes presidenciales en relación con la capacidad de recurrir al brazo armado de la nación. Polémica que ha traído de nuevo a la luz el papel que la política reserva a la violencia militar como un instrumento más de la acción de gobernar.

Para un amplio sector del pensamiento estadounidense, la “joya de la corona” constitucional reside en el artículo que atribuye en exclusiva al Congreso la facultad de recurrir a la guerra. Para los “padres fundadores”, la Historia había demostrado con creces la tendencia de los gobernantes a exagerar los peligros y a falsear las razones para ir a la guerra, muchas veces por motivos de venganza personal o por resentimientos ocultos.

Uno de los más destacados de aquéllos, el controvertido James Madison (futuro 4º presidente) había observado con acierto: “De entre todos los enemigos de las libertades públicas, la guerra es quizá el más temible, porque en ella se concentran los gérmenes de todos los demás… La guerra es la que verdaderamente alimenta la desproporcionada hegemonía del poder ejecutivo”. Opinaba que “ninguna nación puede preservar sus libertades en medio de una guerra prolongada”. (La guerra contra el terror de Bush corroboraría años después la exactitud de su teoría).

Pero conscientes todos ellos de que los trámites parlamentarios, en una democracia bien articulada y protegida por un sistema de controles y contrapesos, pueden retrasar decisiones vitales en caso de amenaza grave, el mismo Madison introdujo una distinción: reservó al Congreso la decisión de “declarar la guerra”, pero dejó en manos del presidente la de “hacer la guerra” cuando fuera necesario para rechazar ataques súbitos contra la nación. Distinción que tenía visos profundamente democráticos al impedir que el poder ejecutivo jugase a la guerra según su capricho, pero sin atarle las manos de modo que le impidiera hacer frente con eficacia a una situación de emergencia militar.

En la conferencia que en Pensilvania tuvo lugar en 1787 para ratificar la Constitución de los EE.UU., James Wilson, eminente politólogo y uno de los 56 firmantes de la declaración de independencia, razonó así: “El sistema [adoptado] no nos arrastrará a la guerra; está calculado para prevenirnos contra ella. Implicarnos en tal desastre no estará en la mano de una sola persona o de un solo grupo de personas: la declaración habrá de hacerse con el acuerdo de la Cámara de Representantes, y de este modo podemos estar seguros de que solo el interés nacional podrá conducirnos a la guerra”.

Muchos años después, Robert Jackson, que fue Fiscal General e intervino destacadamente en los procesos de Nuremberg al concluir la 2ª Guerra Mundial, mostraba su recelo contra las posibles guerras desencadenadas por voluntad presidencial: “Pocas cosas hay más claras en nuestra Constitución que la exigencia de que sea el Congreso quien declare la guerra. Naturalmente, puede existir un estado de guerra fáctico sin declaración formal. Pero el Tribunal Supremo no podría sentar doctrina más siniestra y alarmante que la de dejar en manos de un presidente, que gestiona a su gusto la política exterior, y a veces de modo desconocido, la posibilidad de aumentar su dominio sobre los asuntos internos del país comprometiendo a las fuerzas armadas de la nación en alguna aventura remota”.

Su teoría pronto había de verse arrinconada ante la actuación de futuros presidentes, entre los que Truman, al iniciar la guerra de Corea, Clinton en Bosnia y Kosovo y Bush en Irak, son ejemplos destacados, pero no los únicos. No fue distinta la actuación de Obama en Libia, como tampoco lo han sido sus posteriores y contradictorias declaraciones sobre la intervención en Siria.

Sin embargo, a pesar de la elaborada teoría política con que se preparó el texto constitucional de EE.UU., para evitar el belicismo tan común entonces en Europa, la realidad política del país está muy cerca de la ingenua interpelación con que un congresista exhortó al presidente Grover Cleveland, cuando éste se oponía a un proyecto de ley que estimaba inconstitucional: “¡Y qué nos importa la Constitución cuando estamos entre amigos!”.

Frase de muy amplio espectro que, alejándonos de Siria y de los problemas internacionales, nos permite entrar en un terreno más común y peligroso, del que hoy en España tenemos abundantes ejemplos: si los que gobiernan son amigos, pertenecen a la misma clase social y tienen intereses comunes ¡a qué preocuparse por la legalidad, por los requisitos constitucionales o democráticos! Hagamos unas leyes o una constitución que satisfagan a la opinión predominante, porque nosotros ya sabremos cómo soslayarlas cuando nos haga falta. Si una idea similar se expuso bajo las bóvedas del Capitolio washingtoniano, supuesta sede de las más puras esencias democráticas, ¿no es natural que también sea de aplicación allí donde la democracia nunca brotó para quedarse, como es el caso de España?

República de las ideas, 27 de septiembre de 2913

Escrito por: alberto_piris.2013/09/27 08:49:26.994000 GMT+2
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2013/09/22 08:28:16.148000 GMT+2

Derribando el Estado de bienestar

El panorama político y económico español no es mucho más preocupante que el observado en ciertos casos fuera de nuestras fronteras, pero el desconcierto y el desánimo que se abaten sobre los sufridos ciudadanos de este viejo país parecen avanzar como una marea irrefrenable. Escribo precisamente estas líneas cuando la coincidencia astronómica del ciclo lunar y el equinoccio solar lleva a nuestras costas unas de las más intensas mareas del año al comenzar otoño. Mareas náuticas que ahora acompañan a otras mareas populares en defensa de la sanidad y la educación públicas y contra los abusos de lo que en septiembre de 2008 era oficialmente considerado el "más sólido sistema financiero del mundo" (Rodríguez Zapatero dixit) y luego ha revelado sus inherentes trapacerías, como se estila en otras sedes financieras internacionales.

Hace pocos días todas las televisiones transmitieron una regia intervención pública que, por sus previsibles resultados, podríamos equiparar a la aventura de Sansón derribando las columnas del templo. Fue en el tradicional discurso de la Corona que el rey Guillermo-Alejandro de los Países Bajos pronunció con motivo de la apertura del año parlamentario. A poco de bajar de la carroza de cuento de hadas que le trasladó desde su palacio a la sede del poder legislativo neerlandés, el recién coronado monarca anunció solemnemente que "el clásico Estado de bienestar se está transformando en una sociedad participativa". Con esta frase críptica, tan al uso de la política actual, vino a decir que los ciudadanos habrán de hacer frente por sí mismos a sus propias necesidades vitales y esperar cada vez menos del Estado.

Este anuncio del derribo controlado del Estado de bienestar ha resonado desde el trono de uno de los países europeos que ha sido ejemplo tradicional de respeto por los derechos humanos y por las libertades públicas, y donde el asociacionismo y la solidaridad ciudadanas han sido siempre parte esencial del peculiar modo de ser y de vivir de los holandeses. Su elaborado y secular triunfo sobre una naturaleza hostil será siempre el más honroso exponente de esas virtudes ciudadanas.

Si puede afirmarse que el largo (y todavía inconcluso) camino de progreso de los seres humanos sobre el planeta se inició con el primitivo dominio del fuego y el desarrollo de la alfarería, que condujeron hacia las primeras sociedades agrícolas políticamente organizadas, cabría añadir que el último gran avance de la civilización humana por ese camino fue la evolución e implantación del Estado de bienestar. Este es el incomparable avance social que trajo consigo el siglo XX, aunque hay que reconocer que, como sucede con las más selectas innovaciones, no alcanzó inicialmente sino a una parte muy limitada de la humanidad.

Otros supuestos avances coetáneos, tan encarecidamente loados -energía nuclear, globalización, revolución informática, etc.- ¿lo son realmente para cada individuo concreto? ¿Permiten a los ciudadanos vivir mejor y de modo más satisfactorio en lo relativo a su salud, a la enseñanza recibida, a la cultura creada y acumulada, a la solidaridad social, a la igualdad de oportunidades y recursos, al derecho a una justicia imparcial o a la seguridad frente a los abusos del poder o las desgracias sobrevenidas?

Estamos derivando hacia una situación en la que todo esto se sacrifica en el altar del sistema capitalista que controla a distancia nuestras vidas. ¿A distancia? protestaría cualquiera de los estafados por las participaciones preferentes, que han sufrido directamente el robo perpetrado por esos agentes financieros que solo buscaban su medro personal. Es cierto que no cabe discutir ya sobre el fracaso del comunismo soviético, debidamente comprobado; pero del mismo modo es necesario constatar el fracaso del capitalismo, el pasado, el actual y el que se nos avecina, de ser ciertas las previsiones mejor elaboradas sobre esta cuestión.

Establecidos los sistemas bancarios como el soporte básico sobre el que descansa la sociedad de hoy, los cimientos cuya erosión causaría -según los teóricos a la moda- el descalabro de los Estados tal como ahora los conocemos, es obligado, por tanto, sostenerlos a costa de todo lo demás, incluido el Estado de bienestar, como una ofrenda a sacrificar ante "los mercados". No importa que fueran los desmanes bancarios los que desde Wall Street, en ondas concéntricas, llevaran a gran parte de la humanidad a la actual situación de crisis. Muchos de los responsables de aquella notoria irresponsabilidad vuelven hoy a ejercer altos cargos en el sistema financiero mundial, que los recompensa por los servicios prestados.

¿Tiene algo que decir al respecto la Investigación para la Paz? Este es un asunto que debería preocupar a todas las personas y entidades vinculadas con la paz como proyecto personal y colectivo, capaz de hallar fórmulas para un mundo mejor. Para un mundo donde libertad, igualdad y fraternidad no sean solo viejas palabras escritas en francés y esculpidas en el frontispicio de un solemne edificio parisino. Porque, además del Estado de bienestar, será también la paz una de las víctimas de esta regresión anunciada por el monarca neerlandés: el retorno al "Estado de la naturaleza", la lucha de todos contra todos, donde solo saldrán victoriosos, como es costumbre, los fuertes y los ricos.

Publicado en CEIPAZ el ?? de septiembre de 2013

Escrito por: alberto_piris.2013/09/22 08:28:16.148000 GMT+2
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2013/09/20 08:27:12.996000 GMT+2

Réquiem por la privacidad

No es preciso ser un experto informático para saber que las comunicaciones por internet utilizan a veces procedimientos de cifrado para evitar que los textos que circulan por la red puedan ser observados por personas ajenas, sean éstas delincuentes o funcionarios del Estado. Aunque se puede utilizar el cifrado a voluntad del usuario con los programas informáticos habituales, mediante certificados de fácil adquisición, esto no suele ser necesario en los mensajes ordinarios, y la mayoría de los que utilizamos el correo electrónico lo hacemos "en claro", por utilizar la expresión común de los criptógrafos para aludir a los textos no cifrados.

Pero el creciente número de personas que utilizan internet para sus transacciones bancarias ordinarias, aún sin saberlo ellos mismos, lo hacen mediante mensajes cifrados automáticamente. El pequeño candado que aparece en la pantalla en algunos casos, o la letra "s" (secure) que se añade al código http, nos indica que lo que enviamos y recibimos ha sido cifrado y, por tanto, está protegido en condiciones normales. Eso sucede, por ejemplo, con la declaración telemática del IRPF ante la Hacienda pública y en otras transacciones de compraventa con operaciones de pago o cobro. Gracias a esta garantía de privacidad se realizan cibernéticamente muchas actividades habituales de la vida cotidiana.

Pero lo que hasta ahora parecía inviolable y asegurado por la legislación y por la tecnología lleva camino de dejar de serlo. Dos acreditados diarios, el estadounidense The New York Times y el británico The Guardian, han publicado que tanto la ya famosa NSA (National Security Agency) como su equivalente británico el GCHQ (Government Communications Headquarters) se han confabulado para romper y descifrar los citados sistemas criptográficos. Ambos diarios han comprobado, en contacto con las citadas agencias, que lo publicado no favorecería a sus posibles "enemigos", facilitándoles el cambio de sus sistemas de cifrado para eludir la omnipresente vigilancia de los nuevos espías. Estos que ya no se juegan la vida infiltrándose en la KGB soviética o en la temible Stasi germano-oriental, sino que se dedican a vigilar a los ciudadanos corrientes, con mucho menos riesgo, mayores recursos y toda la protección de sus Estados.

Un documento secreto del GCHQ fechado en 2010 revela: "Durante el pasado decenio, la NSA ha dirigido un esfuerzo agresivo desde múltiples frentes para penetrar en las tecnologías de cifrado más utilizadas en internet". En consecuencia, "enormes cantidades de datos cifrados de internet que antes eran descartados son ahora utilizables".
Un criptógrafo de Harvard ha declarado lo que todos sabemos: "La criptografía es la base de la confianza en la red". Y añade: "Socavando deliberadamente la seguridad cibernética, en un miope intento por escucharlo todo, la NSA está minando el verdadero tejido de internet".

Snowden denunció la intromisión de la NSA en las comunicaciones privadas mediante el programa PRISM, con un coste de unos 20 millones de dólares al año; pues bien, el nuevo programa revelado ahora por la prensa internacional costará 255 millones anuales para "comprometer activamente a las empresas de tecnología informática, en EE.UU. y en el extranjero, e influir o forzar el diseño de sus productos comerciales". No solo se ha encontrado la forma de penetrar en las "cuatro grandes" (Hotmail, Google, Yahoo y Facebook), sino que también se trata de crear "vulnerabilidades" en los programas comerciales de cifrado, conocidas solo por la NSA e ignoradas por los usuarios, a los que en algún documento interno se define como "adversarios".

¿Por qué apenas protestamos por esta megavigilancia a la que estamos sometidos? Esas prácticas de espionaje doméstico, por las que en el pasado se recriminaba a los "países del Este" y que tanto repugnaban a los libres y democráticos ciudadanos occidentales ¿han venido para quedarse definitivamente entre nosotros? Si la revelación del régimen de vigilancia que se extiende por el mundo es noticia destacada ¿no lo es más la falta de reacción popular ante lo revelado?

¿Es el miedo que se inculca en los ciudadanos el que inhibe una respuesta ante este persistente ataque a la libertad y a la privacidad? ¿O es el cobarde respeto ante la supuesta omnipotencia de temibles agencias estatales que todo lo saben sobre uno, todo lo pueden y carecen de límites en sus desmanes? El nuevo enemigo de la libertad y la privacidad es casi invisible y apenas influye en nuestras vidas, porque el hecho de que en secreto se vayan rellenando fichas y expedientes que contienen todo sobre nosotros nos pasa inadvertido. ¿Es que hemos olvidado lo difícil que en la Historia ha sido crear y conservar sociedades libres?

Adenda: Si el futuro que este comentario deja entrever no satisface al lector, le recomiendo que vea "El espíritu del 45", el último filme de Ken Loach sobre la construcción y la destrucción del Estado de bienestar en el Reino Unido, bastante de lo cual es directamente aplicable a nuestra desdichada España. Y donde se percibe que la capacidad de indignación de los ciudadanos puede ser la única salida practicable a una situación cada vez más deteriorada.

República de las ideas, 20 de septiembre de 2013

Escrito por: alberto_piris.2013/09/20 08:27:12.996000 GMT+2
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2013/09/13 08:52:47.075000 GMT+2

El laberinto sirio


Siempre que por paz se entienda la suspensión definitiva del previsto ataque de EE.UU. contra Siria, y que no se tenga en cuenta la guerra civil en la que está sumido el Gobierno de Damasco, el “desliz” al que anteayer certeramente aludía Javaloyes en Republica.com (causado por una intervención pública del Secretario de Estado norteamericano que ha obligado a Obama a modificar su discurso sobre la cuestión siria) puede muy bien “valer la paz”, como se anunciaba en el título del comentario.

Es obligado formular dos preguntas en relación con este asunto. La primera se refiere a la naturaleza del desliz: ¿En verdad Kerry habló “retóricamente” cuando dijo que, para que EE.UU. cancelase su plan de ataque, Damasco debería entregar todas las armas químicas en un breve plazo? Él mismo intentó quitar hierro al asunto, añadiendo que El Asad “no lo quiere hacer y no se puede hacer”. Sin embargo, la habilidad diplomática del ministro ruso Lávrov, al aferrarse al discurso literal de Kerry para encontrar una salida a la crisis, ha dejado a Rusia en una valiosa posición de iniciativa política que no está dispuesta a abandonar.

¿Actuó Kerry irreflexivamente o sus palabras estaban medidas y tenían por objeto ayudar a Obama a encontrar una salida que no fuera militar al embrollo que él mismo había creado? No tardaremos en saberlo, pero la duda es obligada y en sintonía con el desconcierto que se aprecia en la toma de decisiones de la Casa Blanca. En uno u otro caso, la rentabilidad política y electoral para Obama y el partido demócrata sería muy distinta, cuestión que preocupa al presidente tanto o más que las armas químicas sirias.

La segunda pregunta gira en torno a las posibilidades reales del plan ruso, que esencialmente consiste en que el régimen de Damasco ponga bajo control internacional todo su arsenal químico para destruirlo después. Son bastantes los obstáculos que deberá superar el citado plan.

Veamos algunos. El Asad tendría que empezar reconociendo que dispone de armas químicas, cosa que todavía no ha hecho explícitamente. Admitido el hecho, el Gobierno de Damasco debería entregar a Naciones Unidas un listado de lugares de almacenamiento, tipo y cantidad de armas, así como de las instalaciones industriales para su fabricación y las de almacenamiento de materias primas.

Preparada la lista, sería obligado preguntarse si respondía a la realidad, si no existirían armas no declaradas, conservadas en lugares secretos o en cantidades falseadas. Las discusiones al respecto podrían alargarse mucho tiempo. Un enredo parecido se produjo en Irak durante la época de Sadam Hussein, cuando las numerosas inspecciones de la ONU para hallar las controvertidas armas de destrucción masiva dejaron abierta una duda de la que Bush se aprovechó para engañar a sus aliados (Blair y Aznar) y forzar la invasión del país en 2003.

Todo esto sería ineficaz sin el concurso del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU, aunque éste lleva mucho tiempo buscando sin éxito fórmulas de resolución del conflicto sirio. Aunque ahora Rusia no se opondría, y todavía habría que convencer a China, el Secretario General ha sugerido proponer al CS que vote una resolución para exigir a Siria el traslado de sus armas químicas a unos lugares determinados donde éstas serían concentradas y destruidas.

También sería motivo de discusión la fórmula utilizada en la resolución, pues Francia ha insistido en que debería contener muy serias y concretas amenazas para el Gobierno sirio si éste incumple lo exigido. No todos los miembros del CS están de acuerdo en las amenazas a formular.

Pero el asunto no termina ahí. Si se salvan los anteriores obstáculos ¿cómo podría llevarse a cabo ese plan en un país sumido en una guerra civil? Fragmentado y desarticulado en zonas donde dominan distintos grupos políticos y étnicos ¿quiénes se responsabilizarían de la seguridad de los inspectores de la ONU? ¿Entre qué bandos o facciones habría que concertar los necesarios paréntesis de alto el fuego que permitieran a los inspectores desempeñar su trabajo?

Por otro lado, es también legítimo sospechar que el plan es una operación conjunta de Rusia y el Gobierno de Damasco para ganar tiempo y esperar a que se enfríe la situación, alejando el fantasma de los bombardeos masivos. Pero las dudas no acaban aquí: ¿y si las armas químicas fueron utilizadas por alguna de las facciones rebeldes, con el propósito de implicar a EE.UU. en la guerra civil? No es una opción desdeñable; podría ser, incluso, la hipótesis más probable, pues pasado el tiempo se desvanece la posibilidad de hallar pruebas irrefutables de ello.

Una opinión pública que sabe del Maine, del incidente del Golfo de Tonkín, del hundimiento del Rainbow Warrior en Nueva Zelanda, de la presentación por Colin Powell ante el CS de la ONU de las “irrefutables pruebas” de las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein y de otros casos similares ¿por qué ha de creer ciegamente lo que le cuentan sus responsables políticos y militares? La desconfianza es la principal defensa de los ciudadanos cuando suenan tambores de guerra y la verdad se convierte en su primera víctima. ¡Hasta el papa Francisco ha expresado sus dudas sobre este asunto!

República de las ideas, 13 de septiembre de 2013

Escrito por: alberto_piris.2013/09/13 08:52:47.075000 GMT+2
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2013/09/10 19:06:6.288000 GMT+2

Mujeres afganas: tres estampas de violencia

No porque los tambores de la guerra amenacen a Siria conviene olvidar Afganistán. Allí persiste una situación de guerra y terrorismo combinados, cuyos efectos viene soportando el sufrido pueblo afgano. Pero hay que profundizar más en esta cuestión: aunque el discurso sobre Afganistán predominante en los medios esté orientado a las cuestiones militares (retirada de las tropas ocupantes, instrucción de las fuerzas locales, pugnas internas por el poder entre el Estado y los jefes locales, etc.), más de la mitad de la población afgana sigue estando sometida a una forma de vida que vulnera los más elementales derechos humanos: las mujeres. Tres estampas de actualidad pueden ayudar a entender esta situación.

La violencia intrafamiliar
La red Avaaz ha revelado el caso de Sahar Gul, la niña que a los 12 años fue vendida por su hermano por 5000 dólares para un matrimonio forzado. Su nuevo hogar, según el informe de Avaaz, era "la casa de los horrores": allí permaneció encadenada, golpeada con tubos de hierro candente, privada de comida y castigada a perder sus uñas porque no aceptaba prostituirse en beneficio del marido. Fue rescatada por la policía al borde de la muerte.

El año pasado los agresores fueron condenados a diez años de prisión, pero han sido puestos en libertad ante la indignación de los familiares y grupos de apoyo. Además, se tramita en el parlamento una ley para impedir que los familiares de las víctimas del maltrato doméstico testifiquen contra los agresores, lo que dificultaría aún más su condena.

La misión de la ONU en Afganistán denunció que "queda un largo camino por recorrer" en la aplicación de las leyes que protegen a la población femenina de la violencia familiar, pues chocan frontalmente con las costumbres ancestrales: compraventa de mujeres, bodas infantiles o forzadas, violaciones y el regalo de mujeres para resolver conflictos.

Las niñas de negro
Un problema afecta estos días a las jóvenes afganas: alumnas y profesoras han solicitado al Gobierno que modifique su uniforme, túnica y pantalones negros, con un pañuelo de cabeza blanco. Una alumna de instituto declaraba: "El ministro de Educación estará en su despacho con aire acondicionado. ¿Qué sabe él del calor que pasamos nosotras? En verano he visto a chicas desmayarse, porque las ropas negras absorben el calor". Se exige uniforme aunque las temperaturas alcancen los 50º C. Otra decía: "El ropaje negro nos afecta física y psicológicamente. Las mujeres visten de negro para ir a los entierros. El uniforme me hace pensar en la muerte". Por otro lado, un dermatólogo del Hospital Central de Kabul añadía: "Tengo pacientes con reacciones en la piel causadas por llevar siempre ropa negra".

Pero en el ministerio se opina así: "Primero: las alumnas debe ser identificables por su ropa. Segundo: el color negro esconde a los ojos de los hombres la belleza y la silueta de niñas y mujeres, y evita que llamen la atención. Es lo obligado aquí".

Un documento cinematográfico de especial interés
Por último, aludiré a un documento audiovisual que resume, de modo impresionante, la situación de la mujer afgana. "La piedra de la paciencia", recién estrenada en España, es una película de Atiq Rahimi, escritor y cineasta franco-afgano nacido en Kabul, donde se da la palabra a una mujer afgana para que exprese libremente sus sentimientos. Para poder hacerlo, tiene que esperar a que su marido esté en coma: "Es el homenaje que rindo a la imagen y a la palabra de una mujer oprimida", dice el director.

Al ser preguntado sobre si la protagonista expresa el sentir de las mujeres en su país, responde así: "No aseguro que este filme represente fielmente a todas las mujeres afganas. ¿Lo hizo Tolstoi con todas las rusas? Y Sharon Stone en 'Instinto básico' ¿representa a todas las americanas?". Concluye afirmando: "No sé si existe esa mujer, pero es el tipo de mujer que me gustaría que existiese en esa situación concreta y en esa cultura: una mujer que se rebela, que se revela a sí misma, que cuenta su historia, descubre sus deseos y se siente realizada".

No pierda el lector la oportunidad de contemplar esta excelente obra cinematográfica o de leer el libro de Rahimi que, con el mismo título, ganó en 2008 el Premio Goncourt (Ed. Siruela, 2010).

 

Tras todo lo anterior, cabe preguntarse si en un ambiente de violencia (guerras, invasiones, terrorismo...) se podrá cambiar alguna vez la intolerable situación de opresión de las mujeres, de la que no es solo responsable la religión musulmana (que en la Córdoba del Califato dio muestras de su capacidad de progreso y tolerancia) sino la temible combinación de violento militarismo y fanatismo religioso, que en nuestros días está ensangrentando varios países. Sin olvidar tampoco nuestra propia historia, española, europea y occidental, en la que guerra y religión también llevaron la muerte y la destrucción a muchos de los pueblos que hoy se esfuerzan por vivir en democracia y ayudar a otros para que respeten los más elementales derechos humanos.

Publicado en CEIPAZ el 10 de septiembre de 2013

Escrito por: alberto_piris.2013/09/10 19:06:6.288000 GMT+2
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