1994/01/24 07:00:00 GMT+1
Porque han vendido el país por parcelas al capital extranjero y dejado de lado cuanto los foráneos desdeñaron en la subasta. Porque han ayudado a hundir todo lo que no funcionaba bien por sí mismo y lo llamaron «reconversión», y porque han sido indiferentes a la destrucción de empleo en masa y bautizaron eso como «reajuste del mercado de trabajo».
Porque durante años y años sólo les ha preocupado contar con unos tipos de interés que facilitaran la afluencia de capital especulativo, aunque con ello lograran la ruina de quienes se dedicaban a la vieja, triste y costosa tarea de producir mercancías. Porque, adoradores del totem europeísta, han vivido bajo la imbécil obsesión de ajustar sus macrocifras a lo que se decía en el papelito de Maastricht, mientras los otros gobiernos utilizaban ese papelito únicamente para limpiarse tras haber hecho sus necesidades.
Porque en la década larga que llevan gobernando han conseguido que tengamos menos libertad, o sea, menos libertades. Y porque pusieron en marcha los GAL, y porque han conseguido ganarse a pulso un lugar de honor en los informes de Amnistía Internacional y ser condenados por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y hacer leyes que ni siquiera el muy leal Tribunal Constitucional puede tragar, y porque no han creído necesario promulgar una ley de aborto que deje de denigrar a las mujeres, y porque siguen metiendo a los insumisos en prisión, y porque todo ello lo han perpetrado en nombre del socialismo , y por que lo han envilecido, y porque han logrado que el socialismo dé náuseas.
Y porque la Guerra del Golfo, y porque la OTAN, y porque los abrazos a Bush, y porque las armas a Hasan, y porque el Polisario, y porque los cursillos gratuitos a los aspirantes a Yeltsin, y porque el apoyo a Salinas de Gortari cuando manda a sus sicarios a que maten a los zapatistas.
Y porque Filesa, Malesa y Time Export, y porque Juan Guerra, y porque Ibercorp, y porque Caja de Ronda, y porque las comisiones de Elosúa, y porque el de la motorola y el number one, y porque gratis total a Mallorca y a donde se tercie, y porque el perro guardián de los Boyer, y porque el perro guardián de Eligio Hernández, y porque la presa de Tous tropecientos años después, y porque el acelerador lineal, y porque el chantaje del PER a los jornaleros sin jornal, y porque el árbol genealógico de todos los Collado, y porque el placet a los Casinos de Roca, y porque el nihil obstat a las tragaperras de Arzalluz, y porque los espías de Godó bajo fianza, y porque la telebasura con licencia oficial de servicio público y porque los reality-show. Hay quien asegura que irá a la huelga sólo para protestar por la reforma del mercado de trabajo. Allá él. En lo que a mí concierne, la secundaré porque a esos tipos no los soporto. Me dan asco.
Javier Ortiz. El Mundo (22 de enero de 1994). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de enero de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1994/01/24 07:00:00 GMT+1
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1994/01/19 07:00:00 GMT+1
Todo quisque repite la tesis tópica: por la grieta de los crímenes de Puerto Hurraco asoma «la España profunda».
Me da que son legión los que se sienten a gusto echando mano del socorrido expediente de «la España profunda», que les libra de tener que internarse, no ya en las reconditeces rurales de Badajoz, allá donde Alfonso Guerra y el PER reclutan sus más combativas huestes, sino en las simas del alma humana, donde el odio vengativo sienta naturalmente sus reales. Es muy cómodo atribuir el ciego afán de venganza al modelo de La tierra de Alvargonzález: ignorancia sórdida, rostros curtidos, manos callosas y cuerpos enjutos cubiertos de negra pana sobre un fondo de encinas y miseria. Tan cómodo como erróneo. Porque el odio sectario, tribal o familiar ha llevado a matar con saña y a voleo en todas partes y en todo tiempo. La visceralidad que llevó a los hermanos Izquierdo a obsesionarse con vengar la muerte de su madre no tiene ni un ápice de específicamente hispana: la medieval Verona y el moderno West Side se han hecho célebres en los escenarios por ella, todo un príncipe shakespeariano la teorizó («Debo ser cruel: así pasará lo peor y vendrá lo malo», decía Hamlet), y sin su tenebroso concurso mucha literatura y buena parte del western, amén de la Mafia -de origen rural, pero de muy buen acomodo urbano , jamás hubieran existido. De París a Nueva York, pasando por Helsinki y por Camberra, con fusil o con veneno, entre listos y entre zotes, en la Edad Media y anteayer, los odios familiares con resultado de muertes a gogó han existido en todo tiempo y lugar. La histórica pendencia entre los Mendoza y los Guevara -oñacinos y gamboinos- no se produjo en Badajoz, sino en Euskadi, tan suya (y tan mía).
El mito de la «España profunda» está asociado a la idea, bastante común, de que este país posee una especie de alma colectiva turbulenta y soterrada que, cual Guadiana por la Historia, emerge cada tanto.
Dudo de que haya tal. Y lo dudo doblemente cuando constato que los sentimientos y las actitudes que se vinculan a esa presupuesta alma hispana son siempre «indómitos y fieros», según cantaba el rancio y rimbombante poema antifrancés.
Mitos, mitos, mitos. La fiereza del «ser español», si alguna vez la hubo, ha tiempo que alcanzó su fecha de caducidad.
Desde hace más de medio siglo, en este país habitan las gentes más gobernables, más dóciles, más resignadas y menos rebeldes de todo el universo. Es un hecho insólito: de 1939 a nuestros días, el pueblo español no ha puesto jamás en la calle a ningún equipo gobernante. Solamente han dejado el Poder los que se han autodestruido ejerciéndolo.
Digan otros lo que les venga en gana: para mí que, si actualmente existe una «España profunda», su reflejo más fiel no está en Puerto Hurraco. Está en La Moncloa.
Javier Ortiz. El Mundo (19 de enero de 1994). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1994/01/19 07:00:00 GMT+1
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1994/01/16 07:00:00 GMT+1
Colecciono paradojas. Me encantan. Guardo en mi archivo las más variadas, empezando por la requeteclásica «Yo sólo sé que no sé nada». Las hay muy ingeniosas. Por ejemplo, la del profesor Lawrence J. Peter: «Hay dos tipos de gente: los que clasifican a los demás en dos tipos de gente y los que no». La noche de Reyes oí en una película una paradoja divertidisima: «Fulanita fue asesinada» dice un personaje. «Creí que se había suicidado», le objeta otro. «No. Fue un asesinato: se odiaba», replica el primero.
Esa paradoja es la penúltima que ha entrado en mi colección privada. La última me la proporcionó ayer mismo el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española. Su escrito sobre la huelga general del 27 de enero es fantástico en ese terreno. En su primer párrafo dice: «Ante la convocatoria de una huelga general (...) consideramos conveniente pronunciarnos». Vale. Pero nos trasladamos al punto 4 del escrito y nos encontramos con lo siguiente: «Dada la gravedad y complejidad de una huelga general y la profundidad de las causas y de los problemas técnicos que se pretenden resolver, no nos sentimos en condiciones de pronunciarnos sobre (su) conveniencia». O sea, que la Conferencia Episcopal se pronuncia sobre la huelga, sí, pero se pronuncia renunciando a pronunciarse. Lo cual encierra un cierto problema de lógica formal, porque el verbo «pronunciarse», en esta versión reflexiva, suele emplearse mal, dicho sea de paso, porque es un galicismo como una catedral en el sentido de «tomar partido». Y no es del todo fácil tomar partido sin tomar partido.
Un uso correcto del verbo en cuestión es el que se refiere a las sentencias. Los jueces, en efecto, pronuncian sentencias. Pero no es frecuente que lo hagan sin dar razón a ninguna de las partes en litigio. He buceado en la Historia a la búsqueda de precedentes y, quitando lo de Salomón con las dos sedicentes mamás, el caso más claro que he encontrado es el de Poncio Pilato, quien, según se cuenta, optó por lavarse las manos en el caso de Jesucristo para no granjearse la enemiga de los fariseos.
No es del todo inadecuado el precedente, si bien se mira.
Pilato sabia que Cristo era justo (Mateo, 27, 24), pero se hizo el longuis para no enfadar a los poderosos. Basta con echar una ojeada al documento de la Conferencia Episcopal para apreciar que los integrantes de su Comité Ejecutivo también saben quién tiene la razón y quién no: ahí están sus referencias al paro, a la corrupción, a los más pobres y débiles, a los marginados, a los jóvenes que no pueden establecer con dignidad un proyecto de vida, al clima de descontento social... No es que la Conferencia Episcopal no vea los problemas. Es que prefiere renunciar a tomar partido.
Aunque algo hemos avanzado. Hace medio siglo hubiera apoyado sin pestañear a los poderosos.
Javier Ortiz. El Mundo (Enero de 1994). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de noviembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1994/01/16 07:00:00 GMT+1
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1994/01/12 07:00:00 GMT+1
Alguien publicó hace unos días un sondeo sobre la intervención de Banesto por parte del Banco de España: el 60 % de los encuestados se manifestaba a favor de la medida y el 11 %, en contra. Conclusión que saco yo: este país cuenta con un 70 % de ciudadanos que expresa opiniones con una pasmosa frivolidad.
La experiencia directa me dice que el personal de a pie, en su aplastante mayoría, no tiene ni pajolera idea de esas cuestiones; que no sabe qué narices puede ser «provisionar minusvalías», en qué consiste tener «reservas ocultas», en qué se diferencia realmente un «agujero patrimonial» de unas «necesidades brutas», qué diablos es una dotación de reservas, cómo funciona un crédito fiscal, qué es un «artificio contable»...
Me telefonea mí buen amigo Gervasio Guzmán: ¿Te ha convencido Conde?
No sé/No contesto le digo.
Hacer una encuesta entre el común de los mortales sobre esta batalla billonaria es como sondear sobre lo que la ciudadanía opina acerca de si E = MC2 o no. Es imposible emitir un juicio sobre algo cuya comprensión requiere unos conocimientos técnicos de los que uno carece. Bueno, imposible no lo es. De hecho, mucha gente lo hace Y no sólo por la calle, en la peluquería y en la barra del bar.
También en los periódicos, las revistas, las radios y las televisiones. Hay algunos que, a pesar de que con todo lo que ignoran sobre el mundo de las finanzas se podría escribir una muy completa enciclopedia, sentencian, pontifican, dan y quitan razón... y se quedan tan anchos.
Al final, mucho me temo que sobre lo que opina la mayoría de los ciudadanos no es sobre si Banesto tenía o no tenía salvación con sus anteriores gestores, sino sobre lo mejor o peor que le cae Conde, el Gobierno, el BBV, Aznar y demás dramatis pernonae. Eso sin contar con los que hablan de esta feria según sale su bolsillo de ella.
A los efectos del análisis que hago mío, me resulta indiferente que Banesto tuviera salvación, y que el Gobierno se haya cargado a Mario Conde y los suyos a mala uva, o que no tuviera remedio y González haya sacado partido de la circunstancia. En todo caso, lo que advierto es que el asunto ha permitido al trust dominante pasar a la ofensiva política, dar sensación de firmeza, sembrar la idea de que la corrupción no está en la política sino en el tiburoneo financiero como si no pudiera estar en ambas partes y, de modo más coyuntural, hacer que no se hable de la huelga del 27, ya tocada del ala por el affaire PSV.
No seré yo quien defienda a Conde. Alguien que se arruga tan pronto en la pelea final demuestra que se atiene al dicho que Amalia Rodrigues volvió fado: Quien tiene tejado de vidrio / no debe andar a pedradas. El error sería buscar al bueno de esta historia. Porque en la economía y en la política, como en las fosas sépticas, hasta arriba sólo llegan los cagarros más gordos.
Javier Ortiz. El Mundo (12 de enero de 1994). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de enero de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1994/01/12 07:00:00 GMT+1
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1994/01/08 07:00:00 GMT+1
Un tinglado internacional de esos ha decidido que 1994 sea «el año de la Familia». Según deduzco de la lectura del periódico, la feliz proclama esta teniendo un éxito sin precedentes. En un solo día me encuentro con estas tres noticias:
1) En Madrid, Carmen García, una profesora de matemáticas de 43 años, asesina a su hijo Álvaro, de 9, colgándolo por el cuello. A continuación se lanza a por su otro hijo, Mario, de 13, al que persigue por toda la casa con un cuchillo de cocina. El chaval logra escapar y pide auxilio a los vecinos, que llaman a la Policía.
2) En la localidad de Osnabruck, en la Baja Sajonia alemana, un hombre, del que no se precisa ni edad ni nombre, mata a sus cinco hijos y luego se quita la vida, todo con el mismo cuchillo de cocina. Según se cuenta, el hombre estaba desesperado porque su esposa lo había abandonado.
3) En Alcalá de Henares, un joven de 23 años, M.V.M., hiere a su progenitor, también con un cuchillo de cocina, porque no soporta el mal trato que dispensa a su madre.
No; no se preocupen: nada más lejos de mi intención que presentar estos tres sucesos como muestra de lo que son las relaciones de familia. Tengo claro que, por lo común, familia y asesinato no son indisociables. Si cito esas noticias -nada insólitas, por otro lado-, es porque creo que considerarlas puede ayudarnos a prescindir de esencialismos idiotas y a abordar esa forma de organización social que es la familia con menos retórica vacua. Todo estudioso del fenómeno familiar sabe que las relaciones interpersonales que se establecen en ese ámbito, si son propicias al desarrollo de profundos amores, también son un perfecto caldo de cultivo para los odios más ciegos, y que, si ayudan a que cada cual manifieste lo mejor de sí mismo, también contribuyen a que salga a la luz lo peor de lo que habita en el pozo negro de su subconsciente. Racionalista decimonónico, a menudo he criticado la visceralidad característica de los lazos familiares, preconizando que todos asumamos tanto nuestra individualidad última como nuestro ser social genérico, amando u odiando a los demás por sí mismos, al margen de todo lazo de parentesco. Me equivocaba. Ahora he llegado a la conclusión de que los vínculos de familia, aunque irracionales y mezquinos, cumplen una función social imperiosa: la de proteger a las personas de la angustia de la soledad y la de proporcionarles un espacio en el que son aceptadas sin necesidad de merecerlo. Lo cual se refiere a la psicología, y también -fundamental en estos tiempos de crisis y paro- a la economía. Carmen García, tras asesinar a uno de sus hijos, intentó suicidarse. Los vecinos oyeron cómo el hijo al que no logró matar suplicaba: «Mama, no te mueras». En esencia, en eso consiste la familia.
Javier Ortiz. El Mundo (8 de enero de 1994). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de enero de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1994/01/08 07:00:00 GMT+1
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1994/01/05 07:00:00 GMT+1
Decía Marx que la política es la expresión concentrada de la economía. Y es muy probable que fuera así en la época en que lo dijo. Ahora no podría serlo. Ahora es imposible distinguir entre política y economía.
Mi buen amigo Gervasio Guzmán está que trina a cuenta del affaire Mario Conde: «Ha sido una jugada de los banqueros del Gobierno». Le digo que su fórmula es incorrecta: los banqueros que mandan en este país no pueden ser catalogados como banqueros del Gobierno, a menos que se hable a continuación del Gobierno de los banqueros, y de la Prensa de los banqueros y el Gobierno, y del Gobierno de esa Prensa y de los banqueros...
En la España de hoy manda una casta amalgamada, un férreo trust de intereses --digamos mejor de interesados--, cuyos protagonistas sólo se diferencian en virtud de su división de trabajo: el uno defiende al trust desde la política, el otro desde la Banca y el de más allá desde sus diarios, sus revistas, sus teles y sus radios. Los más listos o con mayor capacidad de trabajo son capaces incluso de simultanear varios frentes, y operan a la vez, más o menos camufladamente, en la Banca y la Prensa, o en la política y la Banca, o como banqueros de la política, o como periodistas del PSOE. Otros, de vocación menos definida, optan por transitar con alegre naturalidad de un campo a otro, y así nos encontramos con políticos que desembarcan en Consejos de Administración, y con periodistas que tres cuartos de lo mismo...
Aquí se ha acabado el esquema social clásico. Antes, la sociedad contaba con una elite en el Poder político, una clase económicamente dominante y un aparato de control ideológico, y los tres elementos se relacionaban y condicionaban mutuamente a través de un sutil entramado de mediaciones en el que, «en última instancia» era la expresión obligada--, primaban los intereses económicos. Ahora, gobernantes, oligarcas financieros y propagandistas integran una sola camada, y ni mediaciones sutiles, ni últimas instancias, ni gaitas.
A lo que parece, Mario Conde fue un gestor nefando y armó en Banesto una zapatiesta de mucho cuidado. Pero estoy convencido de que su caída no se ha producido sólo por eso. Que lo que al final le ha llevado al desastre es no haber comprendido que, con respecto al trust que domina hoy en España, sólo podía adoptar dos posturas: o integrarse en él o enfrentarse a él. Su yerro más grave fue tratar de sentar el hemisferio derecho de sus posaderas en la poltrona del trust dominante, y el otro hemisferio --el díscolo-- en la silla de la oposición. Como casi siempre pasa a quienes pretenden descansar entre dos asientos, se ha dado el morrón.
Cuando todo se divide en dos bandos, hay que elegir trinchera. Conde quiso montar su negocio en tierra de nadie. Un sitio ideal para acabar acribillado por cualquiera de los dos oponentes. O por los dos.
Javier Ortiz. El Mundo (5 de enero de 1994). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de enero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1994/01/05 07:00:00 GMT+1
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1993/12/31 07:00:00 GMT+1
La argumentación que se nos ha presentado es perfectamente diáfana: la entidad presidida por Mario Conde había concentrado demasiados riesgos y carecía de la liquidez requerida para afrontarlos. Ergo había que destituir a ese hombre de inmediato.
No seré yo quien diga que no. Lo mismo tienen razón los señores Solbes y Rojo. Se dice que Conde había acumulado unas «necesidades brutas» de 500.000 millones. Son muchos millones, desde luego. Claro que no sabemos qué «necesidades brutas» tienen otros bancos, con lo que la comparación se hace difícil. Y tampoco se entiende muy bien por qué ahora era tan urgente salir al paso de la situación, pero no lo era hace unos meses, cuando JP Morgan aún no había puesto un duro en Banesto.
Me quedo en todo caso con la copla de que, cuando alguien acumula demasiados riesgos y no demuestra que es capaz de asumirlos, hay que quitarlo de enmedio. Pero hay algo que no me encaja. Porque me sé de otra entidad, llamada Estado, que tiene un «agujero» de 40 billones de pesetas, un agujero que no cesa de crecer, y que está regida por unos señores cuya incompetencia es patente. Y nadie los destituye.
No es ése el único aspecto que me intriga. Imagínense ustedes que mañana la Federación Española de Fútbol llega a la conclusión de que el Real Madrid está en una situación financiera calamitosa y que no hay más remedio que quitarle a Mendoza las riendas del club. Entonces va Villar y, tras entrevistarse con Josep Lluís Núñez, nombra un equipo gestor encabezado por... el vicepresidente del Barca. Resultaría chocante, ¿no? Pues es exactamente eso lo que ha hecho el gobernador del Banco de España, poniendo Banesto en manos de Alfredo Sáenz, hasta ahora vicepresidente del BBV. ¿Qué pasa, que el Banco de España no tiene gestores competentes? ¿O será que quiere que a partir de ahora el BBV, que tan buenas relaciones tiene con el PSOE en general y con González y Solchaga en particular, gane siempre la Liga bancaria?
Jordi Pujol, que antes que cocinero de la política fue fraile bancario, y que estuvo al frente de un banco que acabó -vaya, también es casualidad en manos del BBV, ha declarado que «el actual proceso de concentración de bancos y empresas periodísticas es peligroso». Afirmación muy sensata y, a la vez, muy oportuna, porque no está nada mal asociar este lío de bancos con los líos de la Prensa. Es cierto que, en su última etapa, el doctor dineris causa se había mostrado muy domesticado -tal vez porque notaba sobre su cabeza la espada del Gobierno, pero nunca ha dejado de tener alma de outsider. Era poco de fiar. Ahora, los medios de Prensa en los que Banesto tenía arte y parte estarán ya definitivamente embridados.
Post scriptum. Oigo a Luis Mariñas que presenta a Mario Conde como principal accionista de El Mundo. Extraña habilidad la de Mariñas, que es capaz, a la vez, de dormirme y de abrirme los ojos. El día en que los responsables de los informativos de esa cadena se sienten en la máquina de la verdad, se funden los plomos. Y cuidado que son plomos.
Javier Ortiz. El Mundo (31 de diciembre de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de diciembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/12/31 07:00:00 GMT+1
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1993/12/29 07:00:00 GMT+1
Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.
La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.
Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y eso es todo, y nadie le da más vueltas.
En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.
Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.
Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.
Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.
Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.
Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mí más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.
Jamaica o muerte. Venceremos.
Javier Ortiz. El Mundo (29 de diciembre de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de abril de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/12/29 07:00:00 GMT+1
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1993/12/22 07:00:00 GMT+1
Os lo reproché en su momento, y me tomásteis a chunga. Os dije que no le criticarais por su silencio. Que es muchísimo peor cuando toma la palabra. Y vosotros, nada, erre que erre: «¡Que hable el presidente!». Y ahora está que no calla. ¿Sois conscientes de la terrible catástrofe a la que habéis contribuido con vuestra maldita inconsciencia?
Como si este país careciera de problemas, helo ahora con otro más: el de determinar cómo deben arreglárselas los parados para hacerse protagonistas de su propio destino, según la última propuesta del jefe del Gobierno. Ayer, la mayoría de los analistas políticos de la radio se pasaron el día dando vueltas al misterio. Y nada.
Aunque soy probablemente el único comentarista libre del pecado de haber reclamado a González que hablara -yo le pedí que callara, a poder ser para siempre-, mi natural generosidad y sentido de la solidaridad social me mueve a desentrañar ese enigma, a fin de que el país pueda retornar a sus preocupaciones anteriores, nada desdeñables, por cierto.
Veamos: ¿cómo puede alguien, parado o en movimiento, hacerse protagonista de su propio destino? Respuesta: de ningún modo. Por una razón francamente elemental, que nadie ha señalado hasta ahora: porque el destino es lo que está por venir, y uno sólo puede ser protagonista de un fenómeno presente. Cabe, cierto, labrarse el porvenir, según esa frase tan cursi que se decía antes, e incluso hacerse responsable de su destino. Lo que nadie puede, por mucho que se lo pida González, es ser protagonista del futuro.
Entonces, ¿cómo interpretar su propuesta? Pues, sencillamente, como otra de las muchas perfectas vacuidades que dice. Nuestro jefe de Gobierno está especializado en realizar afirmaciones muy rotundas que parecen significar algo, pero que, examinadas de cerca, no encierran estrictamente nada. Les regalo esta otra perla, cumbre de la Lógica, que incluyó también en sus declaraciones del pasado lunes: «Que no cuenten con nosotros y, por consiguiente, que no cuenten con nosotros». ¡Por consiguiente!
Discuto desde hace tiempo con muchos colegas sobre el peculiar sistema de expresión de Felipe González, compuesto de evidencias hueras y de mentiras podridas, a partes iguales, que él une entre sí merced al uso más abrumador del por consiguiente que haya conocido nuestra lengua desde los tiempos del Arcipreste de Hita. Los hay que creen que, como no dice nada, nada importa lo que diga. Incurren en un grave error. Porque se olvidan de que hay, desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimos congéneres que no se dan cuenta de que no dice nada; que se quedan sólo con la música, con la energía y la convicción que él finge, y esa música les inspira confianza. Y van y le dan su voto.
De ahí que insista: este hombre, cuanto más calladito, mejor.
Javier Ortiz. El Mundo (22 de diciembre de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de febrero de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/12/22 07:00:00 GMT+1
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1993/12/18 07:00:00 GMT+1
Como todos los años en la comida del 23, Angel había estado charlando con sus compañeros de trabajo sobre la cena de Nochebuena. Sin sorpresas. Tampoco esta vez la variedad era demasiada: uno aquí, otro allá, cada cual tenía su inevitable festejo de familia. «Un peñazo», sentenció Andrés, el más joven. «Siempre acabamos jugando al siete y medio», evocó, con obvio desaliento. «Yo ceno con la familia de mi marido. Si aún fuera la mía... Estoy de mi familia política hasta el moño», gimió Maite, la guapa de la oficina. Pepe, el eterno solitario, sonrió cuando le preguntaron por su plan: «Pues el de todos los años. Nada. Tortilla de patata, un rato de tele y a la cama».
Ángel era el único que tenía un proyecto original: «Me voy a vengar de todas las cenas de familia que he tenido que soportar durante años». Hacía seis meses que a Angel le había abandonado su mujer. Se fue con otro. «Pienso montarme en casa, bien solito, una cena por todo lo alto: buen fiambre ibérico, una docena de ostras y besugo, todo ello regado con una botellita de Möet-Chandon. Algo de dulce, café, Remy Martin y villancicos irlandeses, que son los más bonitos del mundo. Pondré mantel de hilo y la vajilla de mi abuela». «Y te vestirás de etiqueta, claro», remató Pepe, irónico. «Por supuesto», replicó Ángel, sonriendo. «He recogido esta mañana el esmoquin de la tintorería». Todos rieron.
Pero Ángel no bromeaba en absoluto. Lo que había contado era exactamente lo que iba a hacer.
Y lo que hizo.
Empezó los preparativos de su cena de Nochebuena a las 8 de la tarde. Abrió las doce ostras, las puso sobre hielo picado, aderezó el besugo y lo introdujo en el horno. Dispuso la mesa, la adornó con ramas de muérdago, encendió las velas de los candelabros, conectó la música... Para las nueve ya tenía todo dispuesto. Echó una mirada satisfecha al conjunto.
Ahora le tocaba ocuparse de su persona. Se dio un baño, se afeitó y pasó al dormitorio a vestirse.
Diez minutos después hizo solemne entrada en el comedor. Impecable en su esmoquin negro, zapatos de charol, corbata de lazo blanco marfil, pañuelo de seda a juego en el bolsillo, gemelos de oro... Se miró complacido en el espejo. «¡Bien!», pensó. Descorchó la botella de champaña. Llenó una copa. «A ta santé!», se dijo ante el espejo en voz alta. Y bebió.
Fue a la cocina a por las ostras. Lo que pasó entonces no está claro. ¿Tropezó? ¿Resbaló con un pedazo de hielo caído? Se le fue de las manos la bandeja, que fue a chocar con los platos de porcelana y los vasos de fina cristalería, y todo fue a parar al suelo, hecho añicos.
Ángel se quedó mirando el suelo un buen rato. Luego, desconectó la música, apagó las velas, se fue al dormitorio, se desvistió lentamente y se metió en la cama.
Y lloró. Despacio. Sin angustias. Mucho tiempo.
Javier Ortiz. El Mundo (18 de diciembre de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de diciembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/12/18 07:00:00 GMT+1
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