1995/02/18 07:00:00 GMT+1
No es que lo crean: José Barrionuevo y José Luis Corcuera saben que Rafael Vera es inocente, que no ha hecho nada feo en su vida, ni siquiera cuando se daba garbeos por esas alcantarillas del Estado de las que tanto habla. Son tan expertos en la impoluta conducta de Vera que saben incluso más de ella que el propio Vera, el cual, entre líneas, ha venido a reconocer que alguna cosilla no muy legal alguna vez sí que ha hecho.
El punto más simpático de la conferencia de Prensa que ambos ex ministros reunieron ayer en la sede central del PSOE llegó cuando se les preguntó por la posibilidad de que el ex secretario de Estado hubiera podido incurrir en algún delito sin que ellos se enteraran. Adónde va usted, vamos, de ningún modo, que no: ellos saben que de eso nada. Vera es inocente, y punto.
Más que un problema político, las afirmaciones de Barrionuevo y Corcuera me plantean un enigma material. ¿Qué pasa? ¿Estaban con su fiel subordinado todo el día? ¿Le seguían en todos sus viajes, oían todas sus conversaciones, leían en sus pensamientos? Uno puede estar moralmente convencido de algo, pero certificar, sólo puede certificar aquello que ha comprobado por sí mismo. Digan: «No puedo creer que...», o bien: «Conociéndolo a fondo como lo conozco...». Pero quédense en eso. Que les cuente su jefe González hasta qué punto algunas personas son capaces de decepcionar. Él ha sufrido varias experiencias terribles a ese respecto (o al menos eso pretende) y sabe cuán doloroso es andar por la vida poniendo la mano en el fuego por otros.
Llegados a este punto, tal vez se pregunten ustedes por qué los dos ex ministros se aferraron como lapas a una línea de defensa tan peregrina. Se lo diré yo, y así les ahorro devanarse los sesos. Lo hicieron por dos buenas razones: 1) Porque ellos estaban allí para mandar un mensaje al preso: «No te preocupes, tranquilo: no vamos a abandonarte a tu suerte». De haber aceptado que no es imposible que Vera les engañara, le habrían enviado el mensaje opuesto; y 2) Porque, de entrar en ese terreno, se habrían echado ellos mismos la soga al cuello: saben que nadie se va a creer que un «número dos» ministerial puede andar metido en un lío como ése a espaldas de su jefe inmediato.
O sea, que hicieron lo único que podían hacer: el ridículo.
¿Cómo reprochárselo? Siempre es mejor ponerse en ridículo que en las puertas de la trena.
Caso notablemente diferente es el de Ricardo García Damborenea. ¿Qué van a hacer con este outsider, del que tanto han abominado? ¿Lo defenderán también, como si nada? Son capaces. Pero, ¿creerá él en la sinceridad de su defensa? Eso resulta ya mucho más improbable. «Dambo» es bruto, pero no tonto.
Viven todos ellos en un castillo de naipes. Otro soplo más, y adiós.
Javier Ortiz. El Mundo (18 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de febrero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/18 07:00:00 GMT+1
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1995/02/17 08:00:00 GMT+2
Nombre científico: Garza Baltasaris, también llamada Garza Imperial y Garza Magna. Rara avis en España.
Nombre vulgar: Baltasar Garzón. 39 años. Juez.
Características biológicas: Variedad de ave migratoria de vivo plumaje y pico muy agudo, que utiliza como arma. Su graznido es atiplado.
¿El dicho que más le gusta?.- «Hay aves que cruzan el pantano y no se manchan».
Alergias: Sufre espasmos cuando le mentan los extremos del abecedario, sea por el inicio (ABC) o por el fin (X, Y, Z).
¿Y en qué le afecta a él la «Y»?.- En euskara, esa conjunción copulativa castellana se traduce por eta.
¿Vicios?.- Todos. Al parecer, es un obseso sexual orgiástico y comete grandes excesos con el caviar y el champagne, en detrimento de la tortilla de patatas y el tinto del Priorato. Además, se dice que es roñica y se sabe que juega al fútbol con Luis del Olmo. Incluso se le ha visto en el teatro. Con González tuvo un coitus incorruptus. Su afición por los vicios es tal que hay quien asegura que se hizo diputado sólo porque así estaría legalmente «en comisión de ser-vicios».
¿Una frase suya que le gustaría borrar de las hemerotecas?.- Muchas, pero todas parecidas. Por ejemplo: «Estoy convencido de que el presidente González no transige con la corrupción» (7-V-1993).
¿Por qué volvió a la Audiencia Nacional?.- Es muy fino. No quería ser un juez ordinario.
Su cita favorita: «Los intolerantes empezaron por aniquilar el pensamiento; después enlodaron los adjetivos, secuestraron el verbo y, al final, vinieron a por el sujeto» (Bertold Brecht).
¿La gracia que más le molesta últimamente?.- La de quienes, en vez de llamarle Baltasar, le llaman Va-a-saltar.
Javier Ortiz. Zooilógico. El Mundo (17 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de junio de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/17 08:00:00 GMT+2
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1995/02/16 08:00:00 GMT+2
Nombre: Rafael Vera. 45 años. Aparejador.
Condecoración: Gran Cruz de Carlos III. Otorgada sin duda por los grandes méritos que tanto él como otros altos cargos de Interior han hecho, en la misma línea que Carlos III, para recuperar para el Reino de España las tierras de Florida. Ellos han empezado por los apartamentos de Miami.
¿Relación con Barrionuevo? Íntima. Siempre estuvo a su vera.
¿Y con el resto del Gobierno y su presidente? Ambigua. Cierto que dice: «No denunciaré a mis jefes» y «No voy a tirar de la manta». Pero con ello reconoce que podría hacerlo, o sea, que hay motivos suficientes para hacerlo. Feo asunto.
¿Lectura favorita? Lo ha reconocido muchas veces: es muy aficionado a la novela negra.
¿Su anhelo actual más ferviente? «Estoy deseando que me metan en prisión», asegura.
¿Y eso? Imposible de saber. ¿Quizá porque los presos no hacen declaración de la renta?
¿La paradoja de su vida? Que, siendo aparejador, sea una pareja -Amedo y Domínguez- la que le labre la ruina.
¿Su punto en común con González? Su pasión por las cloacas y por el género que estas trasportan: «La seguridad del Estado está en las alcantarillas. Es fácil que te acabe salpicando la mierda».
¿Vida de familia? Intensa. Sus relaciones con su suegro, en particular, no son nada Esquivas.
¿Cómo se desenvuelve ante los tribunales? Con gran soltura. Es hombre de muchos recursos.
Del PSOE. Como la mayoría de sus congéneres: él es socialista de toda la vida (o sea, desde los 80). Y lo sigue siendo, pero por puro altruismo: «Tenía pensado pedir la baja, pero he decidido continuar militando. El partido necesita gente que dé la cara». Es posible que necesite gente que dé la cara. Que tenga cara, le sobra.
Su frase más tonta: «No quiero ir a la cárcel por chorizo». ¡Qué original! Al resto de la gente le encanta.
Apariencia engañosa: Aunque últimamente habla mucho, en el fondo es muy reservado.
La frase que nunca diría en un restaurante: «Garzón, s'il vous plaît!».
Javier Ortiz. Zooilógico. El Mundo (16 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de junio de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/16 08:00:00 GMT+2
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1995/02/15 08:00:00 GMT+2
Nombre vulgar: Rosa Javi. Familia de las trepadoras. 47 años. Casado. Devoto feligrés de la parroquia barcelonesa de San Antonio Taumaturgo. Los domingos solía pasar el cepillo. Se dice que el mayor milagro del santo fue lograr que la colecta llegara siempre íntegra al párroco. Sus amigos también hacen colectas taumatúrgicas: en tres horas recaudaron mil millones.
¿Tuvo algún trauma infantil?.- Sí. Papá De la Rosa dejó un pufo enorme en la Zona Franca y salió por piernas. Él decidió entonces que nunca sería como papá: no saldrá por piernas.
Fiel al matrimonio, infiel al patrimonio.- Su patrimonio es de 20.000 millones de pesetas (Tribuna). O de 25.000 millones (EL MUNDO). O de 30.000 millones (ABC). O de 40.000 millones (Diario 16). O de 50.000 millones (EL MUNDO). O de 60.000 millones (El País). Pero, según su última declaración a Hacienda, no tiene nada. Una nada de lo más productiva.
Hombre de afirmaciones polémicas: «Nadie me puede acusar de haber dado un pelotazo». Y tiene razón: uno, no.
Una noche en la Cope: «Si vamos a jugar con las cartas encima de la mesa, las vamos a jugar todas», le dijo a Luis Herrero. Pero se olvidó de las cartas y optó por los telegramas.
Su pregunta favorita: «¿Te he mentido alguna vez?». Algunos dicen que es también su mejor chiste.
Su más ferviente deseo: Irse de rositas.
¿A quién se encomendaba en la cárcel? A Santa Rosa de Lima.
Afición: Colecciona relojes de oro. Está muy enfadado con el juez Aguirre porque le quitó uno. Sólo le quedan 99.
Su deporte favorito: El golf. Tiene fijación por los agujeros.
Eligió un nombre muy adecuado para su yate: «Blue Legend». Triste leyenda. (No figura como propietario, of course).
Su vicio: Arcas que caen en sus manos, arcas que se vacían. Es tal su vicio que, al entrar en la cárcel y verse imposibilitado para perder dinero ajeno, perdió 20 kilos suyos. Pero tiene muchos más.
Javier Ortiz. Zooilógico. El Mundo (15 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de junio de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/15 08:00:00 GMT+2
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1995/02/11 07:00:00 GMT+1
Según me ha dicho un buen amigo, experto en teoría política, la intervención de Felipe González el pasado miércoles en el Parlamento demuestra que no entiende la diferencia que hay entre legalidad constitucional, legitimidad política y legitimación social. Mi amigo asegura que esa distinción es de sumo interés, porque permite comprender por qué González debería dimitir ipso facto.
Me deprime.
En primer lugar, y del mismo modo que ninguna distinción puede evidenciar lo conveniente que sería que los olmos produjesen peras, tampoco puede haber distingo que permita aclarar por qué sería bueno que González dimitiera. Él está ontológicamente incapacitado para hacer tal cosa. Todo lo que se le diga en ese sentido pasará por su mente cual el rayo de luz atraviesa el cristal, sin tocarlo ni mancharlo. No tiene sentido explicarle por qué ha de irse. Debe estudiarse, en todo caso, cómo forzarle a hacerlo.
Lo que obliga a preguntarse, acto seguido, si hay base para plantear el desalojo de González como fruto del clamor popular.
Mi amigo apela a la pérdida de legitimación social que ha sufrido el presidente: la mayoría quiere que se vaya. ¿Es razón suficiente? Yo considero que no. En los regímenes parlamentarios, está previsto que la popularidad de los gobernantes oscile. Importa lo que el electorado opina cuando es convocado a las urnas. En la RFA, poco antes de las últimas elecciones, el prestigio de Kohl estaba por los suelos. Pero al final se recuperó, y ahí sigue.
Estoy seguro de que mi amigo podría enumerar muchas otras razones para reforzar su argumento anterior: razones de tipo político, económico y social que le ayudarían a demostrar que, aparte de que cada vez sean más y más los que desean que se vaya González, el hecho sería además muy positivo para la buena marcha del país.
Estoy seguro. Pero no me gusta el planteamiento. Me desazona que para asentar la convicción de que González debe irse echen mano de tantos argumentos: que si la falta de legitimación social, que si los recelos de los círculos financieros, que si el desasosiego popular...
La cosa es mucho más simple: González debe irse porque los demócratas no podemos aceptar que nos gobierne un individuo del que hay motivos para sospechar que patrocinó una banda de asesinos y del que se sabe ya, a ciencia cierta, que seleccionó como compañeros de armas a una ristra de chorizos.
Es cuestión de principios. Eso no se puede aceptar, sencillamente.
Pero se acepta. Porque hay muchos que no piensan así. Que no sienten así. Que en vez de decir: «Hasta aquí hemos llegado», siguen, y discuten sobre esgrima parlamentaria, oscilaciones de la moneda y fluctuaciones bursátiles, haciendo como si de por medio no hubiera veintitantos cadáveres.
Mientras la democracia esté secuestrada por la politiquería, habrá González para rato.
Javier Ortiz. El Mundo (11 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de enero de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/11 07:00:00 GMT+1
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1995/02/09 07:00:00 GMT+1
En su catilinaria de ayer -la de arranque, la que llevaba escrita-, Aznar puso de vuelta y media a González con muchos y abrumadores argumentos. Lo tenía fácil: se limitó a practicar aquello que Ignacio Fernández de Castro llamó muy acertadamente hace ya décadas «la demagogia de los hechos». Cuando el dislate de alguien es tan abrumador, basta con situarlo ante el espejo de sus actos para que quede en evidencia irremediable.
Hubo un momento, sin embargo, en el que el presidente del PP horadó la superficie de lo obvio y palmario para extraer de su discutido magín un pensamiento profundo: fue cuando rectificó al aún jefe del Ejecutivo para asegurarle que, como aspirante a gobernante, él no tiene prisa, porque cuanto más tiempo pasa, mejor se le presentan las cosas.
La pena es que estropeó la magia de la idea inmediatamente después, afirmando que González debe dimitir por el bien del país.
No. Por el bien del país, González debe seguir. Por dos razones igual de poderosas.
Conviene que siga porque, como Aznar subrayó con mucho acierto, cuanto más sigue más se hunde. Un cálculo elemental de la fuerza de la caída de González indica que, con unos pocos meses más, tendrá su prestigio con un déficit que superará al de las arcas del Estado. De ese modo, nos libraremos de él para siempre.
Otra razón por la que conviene que González siga por un tiempo es que, gracias a ello, a lo mejor se logra que Aznar madure un poco más y se dé cuenta de que, para ser oposición, es bastante importante oponerse. Que no basta con objetar, enmendar y buscar las cosquillas. Que hay que oponerse. Presentarse como algo diferente.
De momento, aún no lo ha logrado. Pero, quizá, si se le da un poco más de tiempo...
Javier Ortiz. El Mundo (9 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de febrero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/09 07:00:00 GMT+1
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1995/02/08 07:00:00 GMT+1
Pasaba Joaquín Leguina por personaje crítico dentro del PSOE, y se le tenía por hombre comparativamente lúcido, poco dado al sectarismo feroz y a la tendencia a la descalificación sumaria del rival, conocidas marcas de la casa común felipista.
Nunca me tomé en serio ese retrato. No porque tuviera datos sobre su persona que el resto de la Humanidad ignorara. Qué va. No conozco a Leguina en singular. Como lo conozco bien es en plural. Me conozco de sobra cómo son los muchos Leguinas que hay en el PSOE: todos esos ex radicales de izquierda que abjuraron de su lucha juvenil contra el Poder para acabar instalándose en él. Que, tras ver que nunca serían comisarios del Pueblo de la Revolución, aceptaron gustosos la idea de convertirse en comisarios de Policía de la reacción.
Para alguien que ejerció de crítico radical del Poder -de todos los poderes- y que luego ha pasado a vivir de la desindustrialización a palos, la OTAN, los GAL y la Guerra del Golfo, entre otras muchas lindezas, la frontera de lo éticamente intolerable no figura en su mapa mental. Eventualmente puede mostrarse moderado, cortés y hasta tolerante pero, como sienta en peligro su puestecito -y no digamos ya como vea que el riesgo afecta al negocio en su conjunto-, se deja de poses y salta cual fiera corrupia. Es demasiado lo que ha sacrificado a su ambición como para resignarse a quedarse a la vez sin honra... y sin Bancos.
Sólo teniendo en cuenta esta característica propia de todos los Leguinas se puede entender la desmesura del comportamiento actual de este Leguina concreto que, olvidándose de su pachorra socarrona de anteayer, un día lanza ahora absurdos «¡muera!» contra un periodista, otro embiste contra un juez en particular, otro contra los jueces en general, otro se dedica a la demagogia ultra, hablando de los pobres policías que están en la cárcel mientras Idígoras toma vinos tan tranquilo por San Sebastián (versión actualizada de aquello que un padre falangista le dijo en los años 60 a su hijo, detenido por antifranquista: «¡Tú aquí, en la cárcel, y entretanto el Marxlenin ése viviendo como Dios en París!»), para acabar rematando tan singular faena, demostrativa de la firmeza de sus convicciones democráticas, refiriéndose a la investigación de los crímenes de los GAL como «esa broma».
Los Leguina están que trinan. Según el tipo de ambición que sirve a cada cual de motor vital, al uno le deprime la posibilidad de perder el coche oficial y tener que pagar la comida de su bolsillo, al otro no poder comprar más casas -es sobradamente conocida la pasión inmobiliaria de todo un sector del felipismo-, al de más allá dejar de aparecer todos los días en el telediario, al de acullá que ya nadie vaya a inclinarse servil a su paso.
¿Qué deprime en concreto a este Leguina concreto? No lo sé. Pero está claro que algo le deprime.
Me da que el pobre debe tener muchas razones para deprimirse.
Javier Ortiz. El Mundo (8 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de febrero de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/08 07:00:00 GMT+1
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1995/02/04 07:00:00 GMT+1
Las militantes de Izquierda Unida de Madrid -no sé si todas, pero bueno, muchas- se han rebelado para mostrar su disconformidad con el hecho de que las candidaturas de la coalición de cara a las elecciones del próximo mayo no incluyen un 35% de mujeres, según lo acordado y fijado en los Estatutos. Con lo cual se ha armado un cimborrio de muchísimo cuidado.
Mi ignorancia de los asuntos internos de Izquierda Unida es enciclopédica. Me han dicho que detrás del motín asoma la sombra de Cristina Almeida -capaz de conspirar más que el cardenal Richelieu sin perder la cara de no haber roto un plato en su vida- y que algunas de las que claman ahora por el 35% aceptaron la mar de contentas y felices cuotas muy inferiores cuando se negoció la composición de las listas, porque les convenía, y que si después han roto la baraja es por razones espurias.
Yo no digo ni que sí ni que no, porque, como ya he confesado antes, no tengo ni idea.
Ni falta que me hace.
Otros me argumentan que esto del 35% es, además, si bien se mira, una auténtica parida. Que no es nada sensato establecer una cuota fija universal para la totalidad de las candidaturas, porque habrá sitios en los que quepa postular para puestos de responsabilidad a muchas mujeres, pero también puede haber agrupaciones de IU en las que, por desgracia, no tengan tantas, y que no se debe olvidar que aquí se está hablando no de un asunto de gobierno interno de la coalición, sino de elegir personas que habrán de ocupar puestos en ayuntamientos y parlamentos autónomos, tal vez incluso ejecutivos, que requieren un nivel de preparación política y de capacitación profesional que no todo el mundo tiene.
No niego que este argumento tenga también su peso. Pero me es igualmente indiferente. Porque no está ahí el problema de fondo.
La cuestión central es que la Asamblea de Izquierda Unida, muy solemnemente, tomó esa decisión: 35% de mujeres en todas las listas. ¿Fue una opción correcta? ¿No lo fue? El caso es que la tomó. Y lo primero que debe distinguir a una formación política honrada -no ya de izquierdas: honrada, sin más- es que, si adopta un acuerdo en asamblea, lo lleva fielmente a la práctica. Y si se demuestra que lo acordado fue un error, convoca otra asamblea para corregirlo, y aprende de la metedura de pata.
Ignoro si IU aspira de veras a ser diferente o si lo finge para darse pisto. Pero, si realmente quiere adoptar un nuevo modo de hacer política, no debe desatender sus compromisos. Si hace promesas, no puede desentenderse de ellas a la hora de la verdad apelando a «las condiciones concretas».
Es cuestión de principios. Pero también de utilidad social. Porque, si de incumplir promesas se trata, no hace falta para nada que exista IU: con el PSOE ya basta y sobra.
Javier Ortiz. El Mundo (4 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de febrero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/04 07:00:00 GMT+1
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1995/02/01 07:00:00 GMT+1
La lectura del manifiesto que han suscrito CCOO y UGT con CEOE y CEPYME me ha sumido en la perplejidad.
Punto primero: ¿para qué lo han elaborado? No, desde luego, para iluminar nuestra senda en esta hora de tribulaciones. En relación a la crisis política, no propone nada. El panfleto síndico-patronal adopta un estilo hasta ahora exclusivo de los mensajes navideños del Rey y las homilías episcopales de tono social, tan aficionados, los unos y las otras, a lamentar lo que va mal, acumular buenos deseos y exhortar a súbditos y fieles a ser buenos, sin entrar en detalles prácticos, siempre enojosos.
Oigo al patrón de los patronos, José María Cuevas, justificar lo inconcreto del documento: «Es que si hubiéramos entrado a discutir sobre soluciones políticas, no nos habríamos puesto de acuerdo». O sea, que a ellos les pasa lo mismo que a los partidos a los que piden soluciones: que no coinciden en lo que conviene hacer. Pues vaya una aportación, la suya.
El valor político del manifiesto en cuestión no estriba en lo que dice. No podría: no dice nada. Su importancia reside en que, primero, ha servido para que UGT, CCOO y la patronal se hayan presentado juntos, dando a entender que por lo menos ese frente no está abierto; y segundo, en que, al enunciar qué problemas preocupan a los signatarios del acuerdo, aclara también de paso qué problemas no les preocupan. Insisten en que hay que acabar cuanto antes con la inestabilidad y la incertidumbre, pero no dicen ni pío sobre las causas que nos han conducido a esa situación crítica y sobre la necesidad de clarificarlas. Llevan las cosas todavía más lejos: precisan que lo que les inquieta es «la percepción de la inestabilidad». De ahí a decir que lo realmente pernicioso no es tanto que haya existido el terrorismo de Estado, la malversación masiva de fondos reservados y la corrupción de tantos detentadores del Poder, sino que todo eso se haya conocido y haya alterado la paz de los mercados, no hay ni siquiera medio paso. En realidad, ese medio paso ya lo han dado: la negativa de los órganos rectores de los dos sindicatos de mayor implantación a convocar los actos del pasado 27-E y su rechazo a participar en las protestas contra la corrupción dicen más sobre su posición que mil manifiestos.
¿Qué pretenden? Cada cual lo suyo, sin duda. La patronal no tiene ni que explicarlo: si puede aparecer como dialogante y de paso sacar tajada, tanto mejor. La UGT, me temo, está atrapada por sus deudas, tanto monetarias como ideológicas.
¿Y Comisiones? Ay, Comisiones... Se diría que Antonio Gutiérrez y los suyos, después de mucho otear el horizonte patrio, han decidido que lo mejor es hacer de Pujol, o sea, dedicarse a echar una mano de vez en cuando a González pasándole factura a continuación. ¿Que eso no es muy propio de un sindicato de izquierdas? Pues no. Pero, oye, si pagan...
Javier Ortiz. El Mundo (1 de febrero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de febrero de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/02/01 07:00:00 GMT+1
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1995/01/28 07:00:00 GMT+1
Sé que es verdad porque la he visto: una escueta misiva de Joaquín Leguina dirigida a un colega, en la que, a modo de despedida, antes de estampar su firma, escribe un singular grito de guerra: «¡Muera Ramírez!».
No soy del género de los que sostienen que es inaceptable desear la muerte del rival. Parto del hecho de que todos los días fallece la tira de gente. Bueno, pues, puesto que alguien tiene que morir, es lógico que uno prefiera que la víctima de la angina de pecho o del accidente de tráfico sea ese tipo que tanto nos fastidia, en lugar de un señor de Cuenca desconocido que deja viuda y cuatro hijos.
La experiencia muestra, sin embargo, que el grito de «¡muera!» rara vez responde a una reflexión tan racional y pacífica como ésta. Suele ser al contrario: quienes lo lanzan apenas se toman el trabajo de disimular su indiferencia ante el hecho de que el óbito del enemigo se produzca como fruto de su mala salud o su peor suerte, o a resultas de la acción de alguien que acelera de modo imparable el curso de los acontecimientos. Por decirlo más directamente: que tampoco le importaría que se lo cargaran.
Eso ya está tirando a feo. De todos modos, puedo entenderlo también. Hace ya mucho tiempo que la psiquiatría estableció que las fantasías -incluso las perversas- pueden cumplir un papel positivo, psicológicamente equilibrador, siempre que quien las maneje tenga bien claro que se trata de meras fantasías y las distinga de la realidad (y de lo realizable).
¿Será éste el caso del señor Leguina? Supongo que sí, aunque no es fácil saberlo. Ese insistente empeño suyo en desprestigiar la investigación de los GAL -cuyos horribles crímenes no tuvieron nada de ficticios- y su tenaz tendencia a mezclar fantasía y realidad -no hay más que oír cómo describe su propia gestión al frente de la Comunidad Autónoma de Madrid- no son elementos tranquilizadores, precisamente. Pero concedámosle el beneficio de la duda o, si prefiere -para estar más a la moda- la presunción de inocencia.
Por mi parte, de todos modos, jamás de los jamases lanzaría un «¡Muera Leguina!». No ya por razones éticas -que las tengo- ni por imperativos de estilo -que también: me desagradan mucho las visceralidades- sino, sobre todo, por estricta conveniencia política. Imaginemos por un momento que don Joaquín entregara su alma a Dios. ¿Qué pasaría? Dos cosas principales. Primera e inmediata: que Dios se vería en un brete. Segunda y principal: que, aquí en la tierra, el PSOE estaría obligado a nombrar un sustituto del finado. Y eso es muy peligroso, porque ¿y si encuentra a alguien que valga?
Cuando Fraga encabezaba la oposición de derecha, González estaba encantado: tal como hacía las cosas el ex ministro de Franco, era su mejor aliado. Otro tanto le pasó con Santiago Carrillo. Me atengo a la misma lógica cuando expreso mi más vehemente deseo: ¡Viva, viva mucho, don Joaquín!
Javier Ortiz. El Mundo (28 de enero de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de enero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/01/28 07:00:00 GMT+1
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