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1995/08/19 07:00:00 GMT+2

El espectáculo del fútbol

Anda la intelectualidad muy soliviantada por la asamblea ésa del fútbol en la que unos tipos de aspecto la mar de raro optaron por la Liga de los dos patitos mientras una nutrida masa de aficionados -o varias, no sé bien- vociferaba fuera.

-¡Menudo espectáculo! ¡No tenemos remedio! -me soltó ayer mi buen amigo Gervasio Guzmán, indignado de primera.

Supuse que habría tenido arte y parte en el evento.

-¿No tenéis remedio? Vaya, pues qué pena. Lo siento.

-¡No, hombre, no! Digo todos nosotros, como pueblo. No tenemos remedio. Aquí ocurre de todo: que si los GAL, que si Intxaurrondo, que si la sequía, que si la pesca...

Le corto en seco antes de que me enumere todas las desgracias del país desde Juan Guerra hasta nuestros días, cual columnista de pocas ideas o comentarista de a tanto el folio.

-...Quiero decir que suceden cosas gravísimas y no se moviliza nadie, y luego, por esta tontería del fútbol...

Gervasio es un chico excelente, pero lo suyo no es la originalidad: ese argumento de la movilización lo he oído en los últimos días algo así como medio millón de veces.

Por mi parte, y para no perder la costumbre, estoy en contra.

Por dos buenas razones.

En primer lugar, lo de la movilización no puede plantearse en abstracto. La experiencia muestra que hay movilizaciones que son inútiles, pero otras no. No vale para nada reunir a medio millón contra el ingreso en la OTAN, ni peregrinar a Madrid en columna compacta desde León o desde Linares, ni levantar barricadas para protestar por la reconversión naval. Esos son esfuerzos inútiles y la gente, que es muy intuitiva, lo sabe. Una manifestación multitudinaria pidiendo la dimisión de González no merecería ni un mohín oficial. En cambio, unos cuantos miles de forofos bajo el sol representan una fuerza social apabullante, ante la que la autoridad no puede sino ceder, para evitar males mayores.

Lo que Gervasio y tantos otros toman como vergüenza no es, en rigor, sino puro pragmatismo: el personal se manifiesta cuando ve que su pretensión es alcanzable. Por ejemplo, cuando aspira a una Liga de veintidós. Movilizarse para que el felipismo no haga pifias le parece, en cambio, una pretensión sin sentido, propia de utópicos.

Yo entiendo que haya gente que se lance airada a la calle por un quítame allá esa división de fútbol. Parto de que España es un país «de pan y toros», según escribió una mano anónima -dijeron que Jovellanos- ya cuando Godoy.

Siendo así -y así es-, no me parece que tenga nada de extraño que el personal monte en cólera cuando, tras comprobar que el pan está por las nubes, ve que quieren condenarlo además a distraerse con circos de segunda. Y es que lo alienado no quita lo exquisito.

Javier Ortiz. El Mundo (19 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de agosto de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/19 07:00:00 GMT+2
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1995/08/17 07:00:00 GMT+2

La liga de los sin plata

Ligología. Hay muy diversos tipos de ligas. Se llama ligas a las cintas elásticas que algunas mujeres y ciertos diputados británicos se ponen en la parte superior de las medias, a veces para impedir que se caigan y a veces -más en consonancia con su nombre- para animar el ligue. También se denomina ligas a ciertas formas de asociación política, que pueden ser de muy variado signo (ejemplos: la Santa Liga, que permitió la incorporación de Navarra a España en 1514, y la Liga Comunista Revolucionaria, defensora de la incorporación de Navarra a Euskadi). La liga de los sin plata la forman actualmente las directivas de los equipos españoles de fútbol de Primera División, la mayoría de los cuales ha descubierto lo divertido que es gastar mucho más de lo que se tiene.

Una decisión insólita: La que tomó la Liga de Fútbol Profesional (LFP) en relación al Sevilla, el Celta, el Valladolid y el Albacete. Fue tan disparatada que muchos sospecharon que la habían adoptado en un momento de trastorno etílico, razón por la cual la consideraron una variedad de la ligadura de trompas.

Resultado: Tras un ejercicio de dogmatismo blandengue, de frágil firmeza y de intransigencia dúctil, la LFP ha concluido diciendo: «A mí que me registren». El registro ha permitido encontrar 22 equipos y todos se van a poner a jugar entre sí como posesos.

Dicen que es «la menos mala de las soluciones». No me parece correcto. Es cierto que va a obligar a los futbolistas a jugar sin parar, en sesiones de mañana, tarde y noche, durante muchos meses. Pero eso no es malo. Al contrario. Si juegan tanto, habrá la tira de partidos televisados, lo que, por coincidencia horaria, neutralizará buena parte de la perniciosa influencia de los Telediarios. Además, gracias a tan agotador ejercicio, los futbolistas de la selección llegarán hechos fosfatina al Campeonato de Europa del verano próximo, con lo que serán eliminados enseguida, para satisfacción de cuantos no soportamos las explosiones de orgullo patrio y velamos por la buena conservación de la estatua de la Cibeles.

Javier Ortiz. Zooilógico, El Mundo (17 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de agosto de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/17 07:00:00 GMT+2
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1995/08/15 08:00:00 GMT+2

El juramento de Hipócritas

Deontología: Es famoso el llamado juramento de Hipócrates, código ético de la profesión médica que data del siglo V a.J.C. y que obliga a quienes ejercen la medicina a portarse bien. Ahora conocemos también el Juramento de Hipócritas, fórmula por la que ciertos médicos dicen que son buenísimos pero hacen todo tipo de barbaridades, desde extirpar órganos a niños sanos pero pobres, para trasplantárselos a niños enfermos pero ricos, hasta encabezar escabechinas.

Su representante más acabado: Radovan Karadzic. 49 años. Psiquiatra. Natural de Petnica (Montenegro). Véase el curioso detalle: el líder de los serbios de Bosnia no es ni serbio ni de Bosnia.

¿Es realmente tan hipócrita? No; es más. Se presenta como un psiquiatra sensible, especializado en el tratamiento de depresiones, y como un delicado humanista, que escribe poesía y toca la lira. En la práctica, es un perfecto criminal, que ya antes de la guerra estuvo encarcelado por estafa.

Los que le conocen bien dicen: «Es orgánicamente deshonesto» (Zlatan Carbaravdic). «Un mentiroso patológico y un psicópata» (Milos Vasic).

¿Pero sabe de depresiones? Muchísimo. Es especialista tanto en crearlas -la limpieza étnica y las violaciones en masa ayudan la tira- como en suprimirlas: él ha demostrado que un impacto certero de metralla en el cerebro acaba inmediatamente con cualquier depresión, por fuerte que sea.

¿Qué dice cuando se acusa a sus tropas de practicar la «limpieza étnica» y de violar a las mujeres bosnias? Que son mentiras propagandísticas de los musulmanes. «Hemos perdido la batalla de la información», se queja.

¿Aporta alguna prueba? Argumenta: «Nuestros generales, por su origen comunista, son muy estrictos». Convincente.

¿Pero es verdad que toca la lira? Sí. Toca la lira, y el dólar, y el marco, y el rublo, y todo lo que pilla. Se está haciendo de oro a costa de la guerra.

Entonces, no se puede decir que sea un hombre con sentido de la humanidad... No. Pero, a cambio, sí se puede afirmar que es un canalla consentido por la Humanidad.

Javier Ortiz. Zooilógico, El Mundo (15 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de septiembre 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/15 08:00:00 GMT+2
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1995/08/14 07:00:00 GMT+2

Hablando claro

No en vano inventamos el jesuitismo: en este rincón del mundo -llamarlo país sería exagerar-, abunda la gente que dice una cosa en público, la contraria en privado, piensa una tercera y hace una cuarta. Alaba a alguien en la plaza pública, lo pone a caldo en la barra del bar y en realidad le es perfectamente indiferente. O lo contrario: monta una coral de anatemas contra el hereje y, así que cae la noche, se reúne a hurtadillas con él para ver si, ortodoxias al margen, cabe algún negocio en comandita.

Es posible que esté exagerando. Quizá haya ambientes en que la cosa no sea tan grave. Lo que sí puedo asegurarles es que en este gremio mío, en el que coexistimos comentaristas políticos y políticos comentaristas, el fenómeno es de masas. Lo raro es encontrar en él a alguien, no ya que sea sincero -tampoco es cosa de aspirar a imposibles-, sino que al menos diga o escriba algo cercano a lo que verdaderamente siente, en el supuesto de que sienta algo -lo que, según me ha demostrado la experiencia, no es obligatorio-. Resulta apabullante la nómina de verdades como puños que todo el mundo reconoce, pero que nadie afirmará nunca ante un micrófono o en las páginas de un periódico, aunque lo aspen.

Así las cosas, los cuatro pelagatos que cuando vemos que un tío es un cerdo de aúpa escribimos muy moderadamente que es «un pelín gorrino» pasamos por vitriólicos salvajes. Tan sólo porque osamos decir en voz alta el diez por ciento de lo que es un lugar común -común, pero reservado- en nuestro muy farisaico entorno.

Y no digamos nada si el cerdo en cuestión tiene el detalle de morirse. La única ocasión en mi vida en que cometí la ingenuidad de escribir: «Ayer murió Fulano de Tal. Era un cantamañanas», estuve a punto de ser lapidado por una masa compacta de compañeros que, por lo demás, pensaban que el muerto era, no un cantamañanas, sino un grandísimo hijo de perra.

Todo este largo exordio viene a cuento de que, viendo la actualidad de estos días, se me ha ocurrido una reflexión que seguro que se han hecho muchos más, pero que es improbable que alguien tenga «el mal gusto» -o sea, la franqueza- de poner negro sobre blanco.

En concreto: ¿se han apercibido ustedes de que ETA, empeñada como está en cargarse a gente importante, no hace ningún plan para matar a Felipe González?

La explicación más extendida -lo diré yo, ya que nadie habla de ello a las claras- es que Iñaki de Rentería y cía. dan al presidente del Gobierno por políticamente acabado. Cuestión de economía de esfuerzos, como quien dice.

Pero yo no creo que sea eso. Me fijo en que, desde hace meses, ETA selecciona sus objetivos en función del caos que la desaparición del personaje pueda crear en el interior del aparato del Estado.

Pues bien: si de provocar caos se trata, Felipe González es mucho más rentable vivo.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de octubre de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/14 07:00:00 GMT+2
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1995/08/12 07:00:00 GMT+2

Esto no tiene vuelta de hoja

Aranguren, Alvarez de Miranda y ayer, por fin, Javier Solana. Dejando a un lado la hojarasca retórica de cada uno -abundante en el filósofo, pobre en el Defensor del Pueblo, ridícula en el ministro-, los tres han venido a decir lo mismo. Y apuntado hacia lo mismo. Los tres están de acuerdo en que hace diez o doce años ETA mataba mucho, París no colaboraba y hacía falta cortar con esa situación como fuera. O sea, con los GAL. «A todos nos gustaría no haber pensado aquello, o que aquello no hubiera ocurrido», lloriquea el presidente de turno de la Unión Europea. De modo que admite que él lo pensó.

Me conozco bien el fondo de su pensamiento. Ellos parten de que los GAL, con independencia de que estuvieran integrados por éstos o los otros, se apoyaron en un amplio entramado de complicidades. Que los GAL fueron posibles porque, mientras ellos mataban, los partidos de oposición no decían nada ni interpelaban a nadie, la Prensa no investigaba ni denunciaba nada y a la opinión pública le importaba una higa cómo murieran los de ETA, con tal de que murieran. «Todos estuvimos comprometidos con aquello de un modo u otro -vienen a decir-. Es posible que fuera un error pero, considerando las circunstancias, cabe entenderlo».

Y de ahí a la propuesta política: mejor olvidar de una vez por todas aquel episodio, volver la página y pasar a ocuparse de otras cosas.

Pues no.

Por todo. Para empezar, porque la descripción del escenario es falsa: hubo políticos que sí interpelaron, periódicos que sí investigaron y denunciaron -a veces jugándosela, todo sea dicho- y sectores de la opinión pública que sí se indignaron por el modo en que se estaba matando a los de ETA... y a los que no eran de ETA pero pasaban por allí.

Esa realidad -constatable: las hemerotecas existen- permite extraer dos conclusiones. Primera, que la complicidad no fue ni mucho menos unánime. Y segunda, que en aquellas circunstancias ya había quien tenía claro que ningún buen fin puede alcanzarse con métodos criminales. Porque la suciedad de los métodos acaba por envilecer el objetivo pretendidamente noble. La experiencia lo ha confirmado más que de sobra: no tardaron nada los cruzados de los GAL en ponerse a combinar atentados, secuestros y torturas con estafas y chanchullos.

No es que algunos no queramos volver esa página del pasado. Es que no se puede. La misma mano ha escrito en esa misma página muchas más cosas. No cabe separar los GAL del resto de la corrupción. No cabe darles un trato aparte, independiente de todos los otros procedimientos indecentes que esa misma mano ha puesto en marcha para acaparar, controlar, manipular.

Los GAL no son una página. Son sólo un párrafo. La página es el felipismo. O acaba el felipismo o seguiremos en las mismas. Eso sí que no tiene vuelta de hoja.

Javier Ortiz. El Mundo (12 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de septiembre de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/12 07:00:00 GMT+2
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1995/08/10 08:00:00 GMT+2

Don Quejote de la Mancha

Historias de caballerías: Retomando la vieja estela de Amadís de Gaula, Belianís de Grecia, Orlando Furioso y el Ingenioso Hidalgo, cabalga hoy por tierras de La Mancha el célebre Don Quejote, caballero andante de agotadora locuacidad e infinita capacidad de queja. Sus enemigos lo llaman Don Pijote de La Mancha. En tiempos fue apodado también El Cabañeros de la Triste Figura. Tiene emprendido ahora desigual combate con el gigante Borrell, hijo de panadero que, tal vez por querencia familiar, quiere llevarse el agua a su molino.

Nuestro héroe: José Bono Martínez. Nacido en 1955 en Salobre (pueblo albaceteño que, pese a su nombre, es muy potable). De Enrique Tierno Galván aprendió a ser trasparente, poco conspirador y nada ambicioso. Presidente de Castilla-La Mancha desde siempre. Abogado y aguateniente.

¿Tiene buen ojo clínico? Perfecto. Definió a Serra como «buena gente» y a Corcuera como «socialista coherente». Suya fue la idea de meter a Garzón en las listas del PSOE. Vaticinó que en 1993 Aznar no sería ni siquiera líder del PP. Dice que está seguro de que el Gobierno nunca tuvo nada que ver con los GAL. Parece mentira que un manchego comulgue con tantas ruedas de molino.

¿Es cierto que estuvo once años en el Comité Federal del PSOE sin abrir la boca? Sí, de 1978 a 1989. Pero luego lo ha compensado con creces.

¿Por qué da tanta importancia al agua en estos momentos? Porque el agua es un factor político clave. En el felipismo las aguas bajan turbias, el Gobierno está con el agua al cuello, la situación hace agua y el negocio del PSOE puede quedarse en agua de borrajas. Bono, que no se ahoga en un vaso de agua, ha dejado de bailarle el agua a Felipe y está dispuesto a mandarlo a tomar las aguas. De cara a ello, lo de la sequía le viene como agua de mayo. Vamos, que lo tiene más claro que el agua.

¿Cree que la labor de Borrell es útil? Sí: como quita-Manchas.

¿Quién tiene razón, él o Borrell? Depende de cómo se mire: unos ven el trasvaso medio lleno y otros lo ven medio vacío.

Javier Ortiz. Zooilógico, El Mundo (10 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de septiembre 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/10 08:00:00 GMT+2
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1995/08/08 08:00:00 GMT+2

El Gal lindo

Galología: Según sabemos ahora, gracias a las recién descubiertas virtudes canoras de Julián Santristogal, Ricardo Galcía Rambomenea et alii, hubo en realidad varios Gales. Estaba el Gal «marrón» -todo un marrón, en efecto-, estaba el Gal policial y estaba el Gal «verde», con sede central en Intxaurrondo. Al frente de éste se situaba, al parecer, un individuo al que llamaban «el Gal lindo», por sus aires de gal-án modelo años 40. Las malas lenguas -varios cientos de miles de malas lenguas, a decir verdad- han tratado de identificar a este personaje con quien hasta hace poco ocupaba el mando del acuartelamiento. Pero no hay pruebas ni las habrá.

Nuestro hombre: Neogeneral Enrique Rodríguez Galindo. Granadino. Nacido, según informó el noticiario de RNE de las 14:00 del pasado viernes, «en el año de la Victoria» (sic!). Hijo de guardia civil y guardia civil vocacional, ya estuvo en Euskadi en 1969 luchando contra los enemigos de esa Victoria. Aunque a lo mejor no, y lo que hacía era preparar el advenimiento de la democracia y, eventualmente, del socialismo. Porque, como dijo Corcuera en 1991: «No hay un buen nacido que pueda desprestigiar una vida profesional como la suya».

¿Por qué le han hecho general en este momento? Para subrayar que su responsabilidad no es particular, sino general.

¿Ha tenido que reunir muchos méritos para conseguir el nombramiento? Qué va: prácticamente le han re-gal-ado los gal-ones.

¿Su colonia favorita? Agua de la banda. De Gal, por supuesto.

Curiosidades cuartelarias: Cerca del cuartel de Intxaurrondo, en San Sebastián, existen otras dependencias de la Guardia Civil, situadas en la calle Matía. Como puede verse, lo que hay allí es un auténtico gal-y-matías.

Se ha relacionado mucho al cuartel de Intxaurrondo también con el tráfico de drogas. Sí, pero por un lamentable error. Los guardias civiles llevan tricornio. Y, claro, como es un sombrero de tres picos...

¿A quién envidia más el general? A Carlos de Inglaterra. ¡Es príncipe de Gales!

Javier Ortiz. Zooilógico, El Mundo (8 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de septiembre 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/08 08:00:00 GMT+2
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1995/08/07 07:00:00 GMT+2

Benegas y el punto final

Afirma Txiki Benegas: «En este país, la única ley de "punto final" que ha habido la hicimos en octubre de 1977 los demócratas para los franquistas».

Se equivoca en varios puntos.

Se equivoca, y mucho, al atribuir la Ley de Amnistía de 1977 a «los demócratas». O tiene una memoria extremadamente frágil o miente. Aquella amnistía no fue un rasgo de generosidad de «los demócratas» hacia «los franquistas», sino una consecuencia lógica del modo en que se produjo la propia transición: de la debilidad de las fuerzas anti-franquistas que se sumaron a la reforma de Adolfo Suárez y de la fortaleza correspondiente que conservaban quienes actuaron como albaceas testamentarios del franquismo. Aquella amnistía no fue realmente un perdón, sino un pacto de no agresión mutua. Una componenda. Razón por la cual hubo demócratas que, por razones de principio, no la aceptamos.

En segundo lugar, se equivoca Benegas al afirmar que aquella Ley fue «de punto final». Sería mucho más adecuado considerarla «de punto y seguido». Porque bastantes ex servidores del régimen franquista, -incluyendo a no pocos personajes turbios que participaron en la represión política-, conservaron sus puestos en el aparato policial. Los conservaron con la UCD y los conservaron cuando el PSOE llegó al Gobierno. Incluso algunos de ellos fueron promovidos -y lo están siendo todavía: ahí está el ahora flamante general Galindo para ilustrarlo- a aún más altos cometidos. Dicho brevemente: una auténtica amnistía conduce a no castigar los delitos; premiarlos con prebendas es ya otra cosa, más cercana a la complicidad.

Y precisamente porque las cosas fueron así, y no como las presenta Benegas, es por lo que pudieron producirse las atrocidades de los GAL. El aparato policial del Estado parlamentario no cargó tan solo con elementos físicos del entramado «antisubversivo» del franquismo; también heredó una parte de sus métodos de trabajo, esto es, de su falta total de escrúpulos a la hora de perseguir sus objetivos.

Lo que ocurrió, allá por 1983, es que el culto a «la eficacia» de los veteranos de las cloacas fascinó a los neófitos de la lucha contra ETA, lo que sólo puede entenderse teniendo en cuenta que la gran mayoría de esos neófitos o jamás habían militado en la lucha contra el franquismo o lo habían hecho sin que nadie lo notara, con lo que nunca sufrieron realmente en sus carnes los «excesos» policiales. Su repugnancia hacia ellos era más bien -si era- de tipo teórico. Y decidieron no ponerla en práctica, conformándose en el mejor de los casos con un «Tú haz lo que sea, pero a mí no me lo cuentes».

Si lo que pretendía Benegas era exculpar al felipismo del baldón de los GAL, habría hecho mejor no sacando a relucir el buen trato que dispensaron a los franquistas. La referencia opera en su contra.

Javier Ortiz. El Mundo (7 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de agosto de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/07 07:00:00 GMT+2
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1995/08/05 07:00:00 GMT+2

Pues anda que yo...

El president está harto. ¿Qué tendrá el president? Está harto de González y del PSOE, está harto de Aznar y del PP, está harto de Anguita y de IU, está harto de escándalos, está harto de quienes los denunciamos... Vamos, que, salvo de sí mismo y de los pocos poquísimos que le caen bien, está harto de casi todo el mundo.

Su cabreo épico prevacacional me recordó, salvando las muchas distancias, al que pilló el extinto general golpista Milans del Bosch cuando, en el juicio del 23-F, se puso de repente en pie y proclamó solemnemente: «Todo esto me da asco. Estoy harto. Me voy». Tiene bemoles que los responsables de los desaguisados, puestos ante el triste resultado de sus propios desafueros, se revistan de víctimas y se pongan a echar la bronca a los demás.

Claro que el parecido entre Pujol y Milans empieza y acaba ahí. No sólo porque el honorable no tiene ni un pelo de golpista, sino también porque Milans del Bosch, después de decir que estaba harto y que se iba, realmente se fue, en tanto que don Jordi, por muy harto que se pretenda, ni se va él -salvo de vacaciones- ni empuja a nadie hacia la puerta.

Pujol es un harto de pega. Un auténtico harto, por definición, no traga más. No puede: no le cabe. Un harto de verdad es, por ejemplo, sin ir más lejos, este pobre servidor de ustedes, que hace ya muchísimo que no puede, no ya tragar: ni siquiera ver a ninguno de ellos.

Yo sí que estoy en condiciones de hablar de hartazgo con buen conocimiento de causa. Sobre todo ahora, recién vuelto de vacaciones.

Háganse cargo: me escapé a comienzos del pasado mes, rumbo a la costa, con unas ganas totales de dejar en reposo mis tragaderas, así fuera sólo para librar en ellas espacio en el que meter nuevos sapos y culebras. Que si quieres arroz, Javier: aún no había llegado a mi destino y ya se había armado la marimorena. Me han obligado, el de la equis y sus cómplices, los muy asquerosos, a pasarme el mes con la radio pegada a la oreja y la mano puesta en el fax. De ese modo, ni mi estómago ha reposado ni mi corto magín ha dejado de dar vueltas. Para más inri, casi me arruinan: les juro que he dejado tras de mí una pila de metro y pico de diarios y revistas. El quiosquero se planteó incluso la posibilidad de hacerme un homenaje.

Ellos, en cambio, sí que pueden largarse de vacaciones sin ningún problema. Agarran el petate, se van a Doñana o Queralps, montan una zapatiesta futbolera para que el personal esté distraído, y oigan, tan ricamente.

Se queja Pujol. Dice que está harto. Será cara, el tío. Si tan harto está, que lo remedie, que puede hacerlo en cuanto le dé la gana. Yo, en cambio, sólo tenía julio para deshartarme, y no me han dejado.

Es el colmo: ni siquiera nos dejan dejar de estar hartos de ellos.

Javier Ortiz. El Mundo (5 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de agosto de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/05 07:00:00 GMT+2
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1995/08/04 07:00:00 GMT+2

Nosotros sí olvidamos

De vacaciones, aprovecho para reoír viejas cintas de cassette. Le llega el turno a Lluís Llach. Campanades a morts. Me vuelve a estremecer su feroz maldición. Traduzco de memoria, seguramente mal: «¡Asesinos! ¡Asesinos de razones! ¡Asesinos de vidas! ¡Ojalá no encontréis reposo hasta el fin de vuestros días! ¡Y que en la muerte os persigan vuestros recuerdos!». Llach compuso aquel largo lamento fúnebre inmediatamente después de conocer que la Policía había disparado contra una manifestación de trabajadores en Vitoria -corría 1976- y matado a tres. Otro, herido, moriría horas después. Manuel Fraga era a la sazón ministro de la Gobernación. En las manifestaciones de protesta posteriores, las multitudes gritaron: «¡Vitoria, hermanos, nosotros no olvidamos!». Sin embargo, yo al menos no consigo ahora, casi veinte años después, recordar el nombre de los muertos. He incumplido mi parte de aquella promesa.

Acaban de clausurarse los sanfermines. A raíz de la muerte del chaval norteamericano, se ha hecho el cómputo de las víctimas de las fiestas de Pamplona. Nadie ha recordado que hubo un muchacho que perdió la vida no en un encierro, sino en una encerrona. Se llamaba Germán, era militante de la LCR y lo mató la Policía hace tres lustros. En las fiestas posteriores, hubo concentraciones populares masivas en su memoria. Ya no. Ya ni siquiera figura en la lista de aquéllos a los que, como dicen tópicamente, San Fermín no protegió con su capote.

Está visto que nosotros -se refiera ese nosotros a quien sea, que tampoco lo tengo tan claro- sí olvidamos.

Lo cual, de un lado, está muy mal. Porque, como se ha dicho tantas veces, los pueblos que pierden la memoria están destinados a tropezar contra las mismas piedras. El propio Llach lo cantó en otra espléndida canción, A força de nits: «No olvidéis ningún nombre./ Habremos de tener memoria/ para no repetir/ los pasos de la Historia». No ya España: Europa entera ha perdido la memoria, y eso explica lo que está pasando en los Balcanes, donde los nuevos Hitlers son tratados con el placebo de Munich.

Pero también es cierto que el olvido forma parte de los mecanismos de autodefensa del alma humana. Minar la lista de las afrentas y los crímenes, mantener eternamente viva la llama del rencor, es sin duda políticamente muy útil. Pero muy amargo.

Por eso las personas más lúcidas tienen tanta tendencia a amargarse la vida. Y a amargársela a los demás.

Recordándoles, por ejemplo, que juraron que nunca olvidarían a quienes dieron su vida por nuestra libertad. Y denunciando que los hemos olvidado.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de agosto de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de agosto de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/08/04 07:00:00 GMT+2
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