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1998/08/01 07:00:00 GMT+2

Prodigios de hipocresía

Afirman los dirigentes del PSOE que ellos acatan la sentencia del caso Marey.

Acatar, según el diccionario, quiere decir «mostrar sumisión y respeto». Ellos no han dado prueba alguna ni de lo uno ni de lo otro, y sí, y muchas, de todo lo contrario.

La cháchara política española rebosa de hipocresía. Es hipocresía pura proclamar que se acata una sentencia cuando se está poniendo de vuelta y media a los magistrados que la han dictado, acusándolos de plegarse a dictados políticos, esto es, de prevaricar.

Pero no hay nada de novedoso en esa hipocresía. Es la misma que han exhibido tantas veces al asumir responsabilidades. ¿Cuántas veces no hemos escuchado al uno o al otro decir, al verse en un embrollo: «Asumo toda la responsabilidad»? Lo sueltan con tono campanudo, y a continuación no hacen nada, y se quedan tan anchos.

Visten la mona de seda. Y no parece que eso deje a la mona tal cual, porque la opinión pública no patea al final de la representación.

Otra hipocresía, ahora de moda: la de quienes proclaman que, tras la sentencia, el Gobierno ha de ser magnánimo y mostrar altura de miras. Extrañamente, son gentes que apenas ayer aplaudían gozosos la sentencia porque -decían- pone en evidencia que «la ley es igual para todos». Si la ley es igual para todos, lo ha de ser no solo a la hora de dictar las sentencias, sino también -y sobre todo, digo yo- a la hora de asegurar que se cumplan.

Es de cajón. Si el Supremo ha condenado a Barrionuevo y a Vera a diez años de cárcel, es porque considera que deben pasar ese tiempo recluidos, para compensar a la sociedad por los graves delitos que cometieron. Si el Gobierno decidiera hacerlos beneficiarios de medidas excepcionales de gracia y los sacara de la cárcel -hablo en el supuesto de que lleguen a entrar en ella-, ¿qué haría, sino anular el fallo de la Justicia y demostrar que la ley no es igual para todos?

El fin constitucional de la pena de cárcel es la reinserción social del reo. Yo defendería sin pestañear el indulto de Barrionuevo y a Vera si estuvieran reinsertados, esto es, si hubieran dado muestra de estar arrepentidos de lo que hicieron. Pero no es así. Muy al contrario: reivindican el acierto de sus actos pasados y hasta exigen que se los aplaudamos. Eso es contumacia.

¿Magnanimidad? ¿Altura de miras? Paparruchas. Lo que piden es, pura y simplemente, que el Gobierno deje en nada la sentencia del Tribunal Supremo por razones estrictamente políticas: para evitar eso que Jordi Pujol, campeón de hipócritas, llama «la fractura». Es decir, para que al PSOE se le pase el enfado y se pueda volver cuanto antes al compadreo general.

Quieren que unos continúen en la cárcel por difundir un vídeo y que otros, convictos de secuestro, no lleguen ni a enterarse de cómo se vive en una celda. Y que nos tomemos eso como prueba palpable de que la ley es igual para todos.

Que no cuenten conmigo.

Javier Ortiz. El Mundo (1 de agosto de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de agosto de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/08/01 07:00:00 GMT+2
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1998/07/29 07:00:00 GMT+2

No saben ganar

La que están armando los dirigentes del PSOE. Visto y oído su clamor desde aquí, lejos de la barahúnda capitalina, en medio del silencio campestre sólo roto por el canto de algún pájaro, con el mar plácido al fondo del valle, me cuesta trabajo creerlo. Me resulta irreal.

Ese Joaquín Almunia iracundo que anuncia que no se quedarán «con los brazos cruzados» ante la sentencia del Tribunal Supremo, ese Juan Carlos Rodríguez Ibarra que proclama solemne que «algo habrá que hacer»... ¿qué anuncian? No parece que estén refiriéndose a un hipotético recurso al Constitucional, precisamente. ¿Con qué amenazan? ¿Hablan en serio?

Hay quien sostiene que no saben perder. Que, habituados durante tantos años a hacer y deshacer, a imponer su santa voluntad sentados sobre la tumba de Montesquieu, no son capaces de encajar ahora que un tribunal les ponga coto.

Pero no es así. Porque no han perdido. O, por lo menos, no han perdido tanto como lo que han ganado. Si fueran realistas, deberían darse con un canto en los dientes.

Pepe Barrionuevo y Rafa Vera serán condenados, cierto. Pero, por lo que se dice, serán exculpados de la acusación de pertenencia a banda armada. O sea, que el Supremo dejará sentado que no formaron parte de los GAL. Y, si ellos no fueron de los GAL, su jefe no pudo ser el jefe de los GAL. Oigan, eso es todo un éxito.

Habría sido preferible para ellos, claro, que el cortafuegos de este incendio se hubiera situado en una ladera algo más alejada de la cumbre. Que Sancristóbal hubiera servido de Roldán, por entendernos. Pero no se puede pedir todo. Barrionuevo y Vera son perfectamente prescindibles. Con que la pena efectiva que les caiga no les disuada de mantener su feliz silencio, basta y sobra.

¿Que González va a salir tocado? Sí; algo. Pero tampoco tanto. Quizá deba renunciar por el momento a ser candidato a la Presidencia de la UE. No es tan grave. Miren como están su colegas Bettino Craxi y Carlos Andrés Pérez. Y miren los sondeos de opinión: sigue siendo un personaje de enorme prestigio.

Si consideraran las cosas con un poco de perspectiva, los felipistas deberían acordar que están saliendo muy bien librados. Su expediente judicial es bastante más voluminoso que el que acumularon sus colegas franceses e italianos, y el precio que están pagando por él no tiene punto de comparación: el electorado no les ha pasado apenas factura, su líder carismático continúa gozando del favor de los grandes del mundo, cuentan con el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación... ¿Que algún sufrido compañero se ve obligado a pasar un cierto tiempo en la cárcel (cosa de entrar y salir, por lo que llevamos visto) y que un puñado de fundamentalistas democráticos les dan la vara con sus machacones recordatorios?

Bah. Bobadas. Lo fundamental es que el supuestamente temible bombardeo del enemigo únicamente ha causado mínimos daños colaterales. La estructura del edificio está intacta.

Están ganando, y aúllan de rabia. No saben ganar.

Javier Ortiz. El Mundo (29 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de julio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/29 07:00:00 GMT+2
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1998/07/25 07:00:00 GMT+2

Me conformo

En contra de lo que alguno me atribuye, no tengo nada de radical. Ni de reliquia del 68, ni de feroz maximalista, ni de utópico, ni de fundamentalista democrático: soy un conformista. Con que me den un poco de lo que reclamo, voy que chuto.

Llevo tanto tiempo perdiendo todas las guerras en las que me meto que puede decirse que la derrota es mi estado natural. No me incomoda en absoluto. Por el contrario, supongo que, si venciera alguna vez, me sentiría desazonado. Siempre me he identificado con la respuesta que dio mi paisano Jorge Oteiza cuando le comunicaron que le habían concedido el Príncipe de Asturias de las Artes: "No estoy dispuesto a arruinar mi carrera de perdedor con un éxito de mierda".

De modo que me considero más que satisfecho con la sentencia del caso Marey. Me parece perfecta. Me autoriza a sentirme ganador sólo de una batalla parcial: la guerra va para largo, y nada fío en ella.

Si fuera un radical de verdad, me indignaría la sentencia que parece que va a dictar la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Detención ilegal, malversación de fondos públicos... ¿Cómo puede ser que no condenen a esa gente también por pertenencia a banda armada?

Arguyen que, para que se pueda hablar en rigor de banda armada, no basta con que formaran una banda y tuvieran armas; que se requiere, además, que actuaran con el propósito de subvertir el orden constitucional.

Qué absurdo. Nadie hace nada con una intención tan abstracta. La subversión del orden constitucional es el medio; el fin siempre tiene una entidad mucho más material y provechosa: que si acabar con tal o cual enemigo al margen de los engorrosos recursos de la ley, que si conseguir que manden los tuyos aunque no venzan en las urnas...

Si yo fuera un intransigente -un fundamentalista democrático, que dicen-, la emprendería también contra el escándalo que se han montado a cuento de la filtración. Qué morro tienen. Si filtrar teóricos secretos judiciales a la prensa fuera felonía, como sostuvo anteanoche el ínclito García Ancos, el Supremo sería una cofradía de felones. Hay magistrados de tan insigne Tribunal que te cuentan confidencias sin necesidad siquiera de que se las pidas: por puro cotilleo, por mera incontinencia oral.

Tampoco me quedaría callado, si fuera un utópico y un maximalista, ante la indisimulada complicidad ideológica que amagan todas las voces que ya se levantan pidiendo el indulto -cuando aún ni siquiera hay sentencia-, o que se lamentan humanamente de que Barrionuevo y Vera tengan que ir a la cárcel. De ser una reliquia del 68, diría que verlos entrar en prisión me alboroza: que saboreen un poco del jarabe que ellos dieron a tantos.

Pero no haré nada de eso: ni criticar la suavidad de la sentencia, ni mofarme de los cómicos rubores de algunos miembros del Supremo, ni festejar el encarcelamiento de este par de políticos venales.

Ya digo que soy un conformista. Me basta con haber ganado una batalla. Da igual la guerra. La guerra siempre está perdida.

Javier Ortiz. El Mundo (25 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de julio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/25 07:00:00 GMT+2
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1998/07/22 07:00:00 GMT+2

Sólo faltaban los Romanov

Asesinar está muy feo. Lo tengo clarísimo. Aunque la víctima sea un cerdo de mucho cuidado. Aunque se haga en nombre de una causa justísima.

A decir verdad, estoy en contra del asesinato como método, en general, y como método político, en particular, con total independencia de quién sea el individuo cuya vida se suprime. Si me niego a aprobar la pena de muerte -la ejecute el Estado, una organización política o un particular metido a justiciero-, no es porque me preocupe la vida de todo quisque -hay tanta gente, y alguna tan prescindible-, sino porque la Historia ha demostrado hasta la saciedad que quien se pone a decidir sobre la existencia ajena se envicia: primero mata cuando no le cabe duda -y, aun así, a veces se equivoca- y luego mata ya a ojo, a voleo, por no discutir.

De modo que me parece fatal que los bolcheviques fusilaran al zar Nicolás II y a su familia.

Pero que su muerte fuera injusta no quiere decir, ni mucho menos, que el menda estuviera adornado por excelsas virtudes, que le hagan merecedor de grandes homenajes póstumos, como los que se le están ofreciendo ahora en Rusia. Nicolás II, lo mismo que su señora, eran gentuza abyecta, de la peor especie. Fueron responsables de la muerte de cientos, de miles y miles de ciudadanos de su Imperio. Muchos fueron subidos al cadalso por orden directa suya, a veces totalmente caprichosa. Otros perdieron la vida en los terribles campos de internamiento de Siberia de los que tanto gustaban. Otros fueron aniquilados en sanguinarias persecuciones raciales -los fatales pogromos antijudíos, alentados por ellos-, o de precursora limpieza étnica. Otros, innumerables, fueron neciamente sacrificados, enviados a guerras para las que no estaban preparados, y que no podían sino perder. Y cuando no propiciaron la muerte, sembraron el oprobio, la miseria y la opresión. Cárcel de pueblos fue llamada su Rusia. El juicio resultó benévolo.

Sin la explosiva mezcolanza de ignominiosa crueldad y estupidez que fue el Imperio de los Románov, sin la perfecta degeneración moral que esa dinastía perversa promovió en la Gran Rusia, sería imposible comprender el horror estalinista, en tantos aspectos fiel continuador -sólo formalmente inverso- de las prácticas represivas del zarismo, del espantoso refinamiento de la Ojrana -su policía política, tan dada a la tortura como al control social- y de su omnipresente y agobiante burocratismo.

Como la nueva clase dirigente rusa ha hecho del antibolchevismo su santo y seña -aunque buena parte de ella llegara a adulta bien instalada en el cómodo pesebre del estalinismo-, cree ahora que es de buen tono venerar las cenizas de los Románov. Demuestra con ello su falta de apego a las libertades. Oscila de autócrata en autócrata.

Pero no le riamos la gracia. Un asesino no es menos asesino por haber muerto asesinado.

Javier Ortiz. El Mundo (22 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 21 de julio de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/22 07:00:00 GMT+2
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1998/07/18 07:00:00 GMT+2

Libertad de expresión

Ya que no otras, el cierre de Egin ha tenido la virtud de suscitar un debate público muy interesante sobre la libertad de expresión. No me refiero aquí a la polémica jurídica -también digna de atención-, sino a la disputa sobre la libertad de expresión como principio político: sobre cómo debe ser entendida; qué límites puede tener; cuándo, cómo y a quién cabe negársela.

Oí ayer a varios comentaristas radiofónicos alabar a los estados democráticos que vedan la difusión de determinados idearios, retiran del mercado las publicaciones que los defienden y castigan a quienes los propagan. Martín Prieto ponía un ejemplo, bien conocido, de libro actualmente prohibido en muchos países: el Mein Kampf de Hitler. No hace falta apelar al extranjero: el artículo 18 del vigente Código Penal español ya permite perseguir la apología del delito, entendida como provocación.

El primer impulso nos mueve a aprobar esa censura. Las ideas que preconizan el odio y la violencia son repugnantes: quisiéramos verlas desterradas. Que la Ley se encargue de ello: magnífico.

Pero una reflexión más reposada sobre la cuestión nos obliga a tomar en consideración otros factores.

En primer término: las ideas repugnantes no se evaporan porque la ley prohíba su difusión pública. Por el contrario, su censura puede reforzarlas: al recurrir a la ley, nos reconocemos incapaces de neutralizarlas en un combate estrictamente ideológico. Para demostrar que el nazismo o el racismo o la xenofobia son un horror, necesitamos que los nazis, los racistas y los xenófobos puedan exponer sus sucedáneos de razón. Es una equivocación tratar de suplir con prohibiciones legales la labor que no cumple la educación cívica.

En segundo lugar, la frontera que deslinda las ideas que merecen ser prohibidas de aquellas otras cuya exposición hemos de admitir, por más que estemos en desacuerdo total con ellas, no está tan clara. Conforme al criterio que parece imponerse ahora, toda la ingente obra del marqués de Sade debería ser fulminantemente censurada: es una continua apología del mal; del placer de hacer el mal. Infame. ¿O es que la infamia hermosamente escrita es menos infame?

Por venirnos más cerca: tenemos políticos españoles en ejercicio que justifican la sublevación militar de 1936 y la subsiguiente dictadura franquista. ¿Cómo es que no se les procesa por apología del delito?

Sería absurdo: las ideas nocivas -sean del signo que sean- no se contrarrestan con leyes, sino con argumentos ajustados a la realidad. Nuestro pensamiento se fortalece -y se depura- en la liza con las ideas opuestas.

Otros no lo creen así: consideran que hay opiniones tan perversas que hay que impedir que se oigan. Me gustaría que lo argumentaran, en vez de hacer insultantes procesos de intención para descalificar a quienes pensamos lo contrario.

Javier Ortiz. El Mundo (18 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de julio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/18 07:00:00 GMT+2
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1998/07/16 07:00:00 GMT+2

Egin

No sé si la empresa editora de Egin habrá incurrido en actividades delictivas. Cómo podría saberlo. Que Baltasar Garzón así lo crea -o diga que lo cree- no me garantiza nada. He visto a ese juez cambiar de criterio demasiadas veces en asuntos de demasiada trascendencia pública. No sé a qué juega. O sí lo sé, pero no me interesa.

Pide el ministro del Interior que esperemos a conocer todos los datos antes de pronunciarnos. Me parece una demanda razonable, siempre que la información llegue pronta. De lo contrario, estará reclamando de nosotros un acto de fe, y yo hace tiempo que perdí la fe. Sobre todo en los ministros.

De momento, lo único que sé es que han cerrado un diario. Y eso me inquieta. Me inquieta mucho.

Y me inquieta especialmente porque no estoy de acuerdo con la línea editorial de Egin.

Suelo leerlo. Hay muchas cosas en él que me resultan interesantes. Me divierten a menudo los chistes de López & López. Me parecen muy inteligentes las críticas de televisión de Raimundo Fitero. Su sección de Internacional incluye con frecuencia informaciones que no es fácil encontrar en otros medios. Tiene colaboraciones de opinión que me parecen muy apreciables: las del dramaturgo Alfonso Sastre lo son con frecuencia.

Pero lo que más me inquieta del cierre de Egin no es que silencie opiniones que juzgo de valor, sino lo contrario: que acalle voces de las que discrepo de manera muy sustancial.

A ver si consigo explicarme: cuando discuto con alguien, quiero, necesito hacerlo en igualdad de condiciones. Me hace falta que él sea tan libre de exponer sus razones como libre soy yo de exponer las mías. Porque lo contrario es como participar en un combate con alguien que tiene las manos atadas.

Aplaudí ya hace tiempo a Miguel Ángel Rodríguez -por primera y única vez- cuando dijo algo que es muy sencillo, pero también muy importante: «Las ideas no matan». No. Ni siquiera las ideas de quienes defienden a los que matan. El único modo de polemizar con quienes creen que ETA tiene razón -y no todos los que trabajan en Egin lo piensan- es dejándoles exponer sus criterios; no amordazándolos. Si el Estado les impide hablar, no sólo les censura a ellos: también me hunde a mí. Porque entonces yo también estoy obligado a callar. Por elemental honestidad: no soy capaz de discutir con quien no puede contestarme.

Quizá mi idea de la libertad de expresión sea errónea. Pero llevo 30 años peleando por ella, y aplico sus beneficios incluso a quienes me encarcelaron y torturaron para que me callara: algunos pasan hoy por ser gente de bien, y mandan mucho.

Necesito que la voz de Egin sea libre. Para que desde las páginas de ese periódico puedan poner a caldo a quienes quieran. A mí, si se tercia. Y para sentirme libre de ponerles a caldo a ellos.

Quiero oír todas las voces. Todas. También la de Egin.

Javier Ortiz. El Mundo (16 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de julio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/16 07:00:00 GMT+2
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1998/07/15 07:00:00 GMT+2

Indiferencia

En los campos de concentración nazis, los prisioneros jugaban al fútbol. Y a las cartas. Y se contaban chistes. Mataban el tiempo, a la espera de la muerte.

Está en la naturaleza humana. Somos capaces de hacernos a todo. También al horror.

Asimilamos cuanto se transforma en cotidiano.

Como cada fin de semana muere medio centenar de personas en las carreteras, quedan a beneficio de inventario. Solo son noticia cuando se las arreglan para morir juntas: si se estrellan en solitario, a nadie importan. ¿Cuántos africanos se ahogan en el estrecho cada año? Solo cuentan los primeros de cada temporada, como solo nos fijamos en las golondrinas que anuncian la primavera: las demás -los demás- ya son, ya dan lo mismo. Cada tres segundos fallece de hambre un niño en el mundo: incapaces de llorarlos a todos, no lloramos a ninguno.

Llega el juicio sobre el secuestro de Marey a sus postrimerías, y los periódicos relegan a segundo plano lo que ocurre en la vista. El abogado de Vera larga barbaridades escalofriantes, auténticos monumentos al mal gusto, y los comentaristas pasan: ¿a quién importa que se hagan más mofas a cuenta de ese pobre viejo torturado? Ya no son novedad. El defensor de Sancristóbal afirma con entera tranquilidad que la odisea del anciano fue «una trivialidad», y los GAL. un invento de un puñado de periodistas y jueces. Y lo mismo: indiferencia general. Solo lo nuevo tiene capacidad de indignar, y nada de todo esto es nuevo.

No me pretendo mejor que el resto. Ayer por la mañana, cuando escuchaba las noticias de la radio para decidir sobre qué iba a escribir esta columna, llegué a sopesar la posibilidad de dedicarla a las patadas al diccionario que dan nuestros políticos: había oído a Borrell decir de no sé quién que no preveyó que algo iba a suceder. El candidato conjuga prever como proveer. Un crimen terrible, sin duda. Acabé indignado conmigo mismo. Pero lo mismo me equivoqué: probablemente ustedes se habrían divertido más con esa hipotética columna que con otro rollo más sobre los GAL, que ya aburren.

La insensibilidad ante la barbarie cotidiana forma parte de nuestra constitución humana. Es un mecanismo de autoprotección elemental. Está en nuestra naturaleza. Lo sé.

Pero también sé que casi todo lo mejor que ha producido la especie humana lo ha conseguido sobreponiéndose a sus tendencias naturales. El dominio del macho sobre la hembra está en la naturaleza humana. La igualdad es artificial: hermosamente artificial. La tendencia depredadora nos es consustancial: bendito sea el conservacionismo. También el blindaje egoísta con el que nos protegemos del entorno hostil lo llevamos en nuestro mensaje genético. Feliz solidaridad, que lo quiebra.

Me niego a ver con indiferencia cómo languidece el juicio sobre el secuestro de Segundo Marey. Porque se está juzgando también mi propia capacidad de indignación.

Javier Ortiz. El Mundo (15 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de de julio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/15 07:00:00 GMT+2
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1998/07/11 07:00:00 GMT+2

Juego de probabilidades

No afirmo que sea imposible que el Tribunal Supremo condene a Barrionuevo y Vera a penas de cárcel, pero sí que me parece muy improbable.

Advertiré, de todos modos, que, si no empleo el término imposible, es tan sólo por huír de la perniciosa tendencia de la mente humana a servirse de absolutos. La realidad -más la natural, pero también la social- es poco dada a ellos.

Así que me quedo modestamente con el muy improbable.

El juicio se ha desenvuelto de un modo más que satisfactorio para los partidarios de la condena. Se ha comprobado hasta la saciedad que la única explicación de los hechos pasa por la culpabilidad de los dos altos cargos felipistas de Interior. La tesis de que los GAL fueron un invento de Sancristóbal y Damborenea no se aguanta en pie: el uno era gobernador civil de Vizcaya, el otro, jefe provincial del PSOE. Ninguno de los dos tenía a su alcance los recursos necesarios para poner en marcha una red que involucró a las polícias de varias provincias, a la Guardia Civil y al Cesid. Les hacía falta el apoyo de sus superiores. Y hay muchos datos que indican que tuvieron ese apoyo, material y político.

Establecido lo cual, queda por dilucidar si aquella actuación, a todas luces delictiva, ha prescrito o no.

Hemos oído decir hasta la saciedad en las últimas semanas que ahí está la madre del cordero. Qué va. Está en los corderos.

Si los integrantes del Tribunal fueran capaces de reflexionar sin contar con la notoriedad política de los acusados, rechazarían de plano el argumento de la prescripción. Porque, si ha pasado tanto tiempo desde que se cometió el delito hasta su enjuiciamiento, es porque los ahora encausados boicotearon su investigación. Su actuación, desde entonces hasta que abandonaron el Ministerio, fue una prolongación del delito: un mero ejercicio de autoencubrimiento. El simple hecho de tomar en consideración la tesis de la prescripción supone premiar la utilización interesada que hicieron de sus prerrogativas públicas: convertir lo que debería ser una circunstancia agravante en una hipotética eximente.

Pero todos estos razonamientos tienen que ver con la Justicia, como ideal, no con la Administración de la Justicia en España, en tanto que realidad actuante. Esta última ha demostrado de modo tan aplastante que funciona como retaguardia de los poderosos, que se hace obligado colegir que también en este caso se las arreglará para que Pepe Barrionuevo y Rafa Vera eviten las enojosas consecuencias derivables de sus actos.

Si Barrionuevo y Vera fueran condenados a penas de prisión, desentonaría. Se puede encarcelar a la Mesa Nacional de HB por difundir un vídeo: eso está en el orden natural; encaja en el paisaje. Pero mandar a chirona por 20 años a dos jefes del PSOE por encabezar una banda terrorista chirría. Sería impropio de un tribunal español.

¿Imposible? Muy improbable.

Javier Ortiz. El Mundo (11 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de de julio de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/11 07:00:00 GMT+2
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1998/07/08 07:00:00 GMT+2

8 de julio, 1978

Fue en las fiestas de San Fermín, hoy hace veinte años. A las 22:15.

Los incidentes habían empezado pocas horas antes, en la plaza de toros. Al acabar la lidia del sexto de la tarde, un grupo de jóvenes saltó a la arena con una pancarta en la que reclamaban amnistía. La policía entró al punto en el albero y golpeó a cuantos encontró por delante. También disparó. Fuego real. Hubo tres heridos de bala y una cincuentena de contusionados.

Desalojada la plaza, empezaron las manifestaciones de protesta por todo el casco viejo de la ciudad. La policía -los grises- continuó disparando. Un radioaficionado captó una conversación entre dos patrullas policiales: «¡Tirad con todas las energías! ¡No os importe matar!», clamaba el responsable de una. «Vamos a ver, Vulcano 2: refrena el vocabulario», respondía el jefe de la otra. Refrenaron el vocabulario, pero no las armas. A las diez y cuarto de la noche, una bala policial alcanzó en la cabeza a Germán Rodríguez, militante de LKI. Murió en el acto.

Hubo muchas manifestaciones más de protesta. Durante días. El 11, policías de paisano dispararon en San Sebastián contra los grupos de jóvenes que protestaban junto a la cuesta de Aldapeta por la muerte de Germán Rodríguez. Un tiro alcanzó en el corazón a Joseba Barandiaran, un chavalito de Astigarraga. Sólo tenía 19 años.

Siguieron las manifestaciones. El 13, viernes, una compañía de refuerzo de la Policía Armada, llegada desde Miranda de Ebro, entró a saco en Rentería. Disparó incluso contra los vecinos que se asomaban a las ventanas. Hubo policías que rompieron las vitrinas de algunas tiendas y las saquearon: tengo la fotografía delante.

El 17, el ministro del Interior, un tal Rodolfo Martín Villa, acudió al Congreso de los Diputados para dar explicaciones. Dijo que no le constaba que Germán Rodríguez hubiera muerto por disparos de la policía. Tampoco le constaba que se hubiera producido ningún saqueo en Rentería. No le constaba nada. El 21, El País contaba que las evasivas del ministro habían sido acogidas en el País Vasco con «la más absoluta indignación». Doce partidos, entre ellos el PSOE y el PNV, reclamaron la dimisión del tal Martín Villa.

No dimitió. Los procedimientos judiciales que se abrieron por pura fórmula no se sustanciaron en nada. Nadie fue detenido. Nadie fue procesado. No llegó a celebrarse ningún juicio. Y, en consecuencia, nadie fue condenado.

Es una historia de hace 20 años.

No la recuerdo para honrar a las víctimas, aunque también. La rememoro, sobre todo, porque me toca a diario ver a mucho listo que se refiere al País Vasco como si su presente fuera una creación ex nihilo. Como si hubiera nacido tal cual de las urnas. Pero no: el hoy es hijo póstumo del ayer.

Nadie tiene la memoria libre de muertos. Y hay asesinos a los que nadie ha juzgado nunca.

Mejor sería que no nos invitaran a liarnos a muertazos.

Javier Ortiz. El Mundo (8 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de julio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/08 07:00:00 GMT+2
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1998/07/04 07:00:00 GMT+2

Fuera del mapa

Oí hace tiempo a Vázquez Montalbán ironizar sobre su posición política. Dijo algo así: «En los 60 y los 70, los izquierdistas me acusaban de ser inaceptablemente moderado. Apenas ha cambiado mi modo de ver las cosas de entonces a ahora, pero el panorama político se ha escorado tanto hacia la derecha que en estos momentos paso por ser un terrible izquierdista». Es verdad. Aunque tampoco puede quejarse: por lo menos aún le hacen un sitio en el mapa. Aún está en el establishment. En cambio, la gente que rechaza de raíz el orden social vigente ha sido empujada poco a poco fuera del mapa. Ya no hay sitio para ella.

Eso no ha sucedido porque el sistema sea muy perverso y odie a los radicales -¿cuándo no nos ha odiado?-, sino porque la enmienda a la totalidad del orden establecido no responde a ninguna necesidad social visible, aquí y ahora. No hay sectores con peso notorio en la escena que se sientan identificados con esa crítica. Con lo cual, la expresión radical -no sólo política: también intelectual y cultural- está en vías de extinción.

IU está sufriendo ahora mismo los efectos de esa tendencia. En la medida en que se orienta hacia la crítica radical, oponiéndose al modo en que se está encarando la Unión Europea, por ejemplo, o rechazando la pauta neoliberal -que es común en último término a conservadores y socialistas-, ve bajar más y más la cifra no ya sólo de sus votantes, sino incluso de sus seguidores. La contradicción es insoluble, por la razón que antes decía: nuestra sociedad no reclama la existencia de una fuerza radical. Si IU quiere ser fuerza, no puede ser radical. Y si quiere ser radical, no será fuerza.

La única posibilidad que veo para salir de este círculo vicioso -no a corto plazo, pero tal vez sí a medio- está en el crecimiento intensivo que está adquiriendo la exclusión social. La nuestra es una sociedad satisfecha, como todas las occidentales, pero el confort de la mayoría instalada -que es la que opina, vota y se hace notar- se está logrando a base de desplazar a un contingente humano cada vez más nutrido hacia la periferia, hacia el exterior del sistema social. Jóvenes sin preparación técnica, inmigrantes, parados de larga duración... están conformando un nuevo proletariado, pero distinto radicalmente del viejo: mientras aquél era indispensable para el funcionamiento del sistema, éste no hace falta para nada. Ni siquiera para ser explotado.

¿Es ilusorio pensar que de ese amplio contingente puede surgir una nueva fuerza, primero social, luego política, que exija justicia? Quizá no. En Francia -tantas veces precursora de cambios-, ya se da por hecho el surgimiento de una nueva izquierda radical, que extrae su poder de la movilización de los excluidos sociales, del país invisible. En las últimas elecciones se hizo presente con un vigor que sorprendió a casi todos. Una parte de la intelectualidad se ha puesto ya decididamente de su lado.

Pero eso es Francia. España es diferente. Al menos desde 1789.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de julio de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de mayo de 2012.

Recuperamos este apunte a petición de Gonzaga. Muchas gracias.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/07/04 07:00:00 GMT+2
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