2000/10/25 06:00:00 GMT+2
Recordaréis -si veis la televisión y si vivís en España- la sonada intervención que tuvo en Televisión Española el hijo del militar médico asesinado por ETA en Sevilla. Os daré una información de la que he tenido reciente conocimiento: aquella entrevista fue un montaje. No hablo por boca de ganso: lo sé por empleados de RTVE que fueron testigos directos de lo sucedido.
La idea de realizar aquella entrevista partió del Gobierno, que se puso en contacto con la jefatura de los Servicios Informativos de TVE para que se encargara de llevarla a la práctica. El propio responsable de esos servicios, Alfredo Urdaci, se hizo cargo del asunto y se desplazó a Sevilla. Allí pasó varias horas reunido con el hijo de la víctima. Se estudiaron con todo detalle las preguntas y las respuestas. Se hicieron cuidadosos ensayos y un montón de tomas. Se le indicó al entrevistado qué gestos debía hacer y qué otros evitar; en qué frases convenía que pusiera el énfasis; se le sugirieron frases particularmente rotundas, que luego serían convenientemente subrayadas por los dirigentes del PP y por los comentaristas afines...
Excuso decir que nadie obligó al entrevistado a manifestar nada que a él le pareciera mal. Se limitaron a darle ideas que a él no se le habían ocurrido y que convenía que se le ocurrieran. Y a asegurarse de que las decía del modo más conveniente para los intereses de quienes se las habían sugerido.
Fue un ejemplo acabado de la división de trabajo que impera hoy en los poderes del Estado, incluido el cuarto poder. Cada vez se deja menos lugar a la improvisación. Ahora hay campañas de prensa que se lanzan después de que los responsables de los medios informativos las hayan estudiado cuidadosamente con los ministros del ramo. Todo está planificado al detalle. Una vez que se ha lanzado la campaña, aparecen los ministros y sus corifeos subrayando cuán interesante les parece la idea, lo cual encuentra cumplido reflejo en los propios medios informativos. Entretanto se ponen en marcha las maquinarias del poder legislativo (por si la idea lanzada hubiera de tener un reflejo normativo refrendado por las Cortes) y el judicial (por si debiera merecer refrendo legal, sea en forma de aprobación enfática o de detenciones practicadas cualquier noche de ésas).
Antes estas cosas también ocurrían, pero en la práctica, de hecho. Ahora ya no se deja nada a la improvisación. Los poderes del Estado ya no están para equilibrarse mutuamente, sino para potenciarse entre sí. Y los medios de comunicación, a los que otrora se les llamaba el cuarto poder de manera metafórica, actúan ya como cuarto poder en el sentido más estricto de la palabra. Los poderes del Estado son ya el ejecutivo, el legislativo, el judicial y el mediático. Y entre los cuatro reina una perfecta división de trabajo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de abril de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/25 06:00:00 GMT+2
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2000/10/24 06:00:00 GMT+2
Ayer almorcé con alguien que está muy al tanto de los entresijos de la política vasca. Lo que me contó no estaba destinado a ser publicado, así que optaré por no identificarlo. Sólo diré sobre su persona -la precisión es importante- que no milita en ningún partido.
Mi interlocutor se mostró muy preocupado, y no sólo por las mismas razones que lo está la mayoría. Le inquieta también que todos los análisis que se hacen sobre la actualidad política vasca se basen en diferentes combinaciones de los mismos elementos: PP, PNV, PSOE. En su criterio, se está menospreciando lo que sucede en el interior del MLNV (o de HB, o de EH, que viene a ser lo mismo, a estos efectos), pese a que es -así lo cree él- del mayor interés. Afirma que hay en estos momentos dentro del MLNV una importante pugna entre, de un lado, los sectores partidarios del cese de la violencia abertzale (en sus dos variantes: ETA y kale borroka) y, del otro, los que creen que esa violencia debe seguir, o incluso intensificarse y ampliar su radio de acción. Los primeros son más numerosos -dice-, pero carecen de propuestas viables, materializables, que les permitan tomar la iniciativa y canalizar hacia la vía pacífica al conjunto del movimiento.
Me cuenta que los más irreductibles de ETA están envalentonados. Gracias al robo de explosivos que hicieron en la Bretaña francesa, poseen un muy importante stock de dinamita. Tampoco tienen ningún problema de voluntarios: la cantera de la kale borroka les proporciona muchos más aspirantes a activistas de los que necesitan. Además, han conseguido establecer una estructura orgánica más ágil y más segura, mucho más difícil de detectar y, desde luego, de infiltrar. Por decirlo brevemente: no se sienten nada impresionados cuando oyen a Aznar prometer que acabará con ellos.
En esas condiciones, no ven por qué habrían de aceptar las demandas de tregua que salen de las propias filas del MLNV. Menos aún si se tiene en cuenta que quienes formulan esas demandas carecen de un plan B real y practicable, que no equivalga en último término a una rendición pura y simple.
«Hay que lograr que quienes son partidarios de la paz dentro del MLNV tengan algún horizonte concreto que proponer a sus bases, de modo que sean capaces de poner en marcha una marea interna que los fundamentalistas no puedan contrarrestar», me dice. Y añade: «El PNV y el PSOE, junto con EA y IU-EB, deberían arreglárselas para facilitar los planes de esa gente».
Le respondo que su pretensión es de casi imposible cumplimiento, muy especialmente porque el PSOE, en las condiciones actuales, no podría tender una mano a nadie que tenga nada que ver con el radicalismo abertzale, so pena de dilapidar buena parte de sus activos en el resto de España.
Asiente: «Sí, es muy difícil. Quizá imposible. Pero, o se pone en marcha algo así, o dentro de muy poco ETA pasará a estar controlada por las nuevas hornadas de activistas, forjados en el disparate de la kale borroka. Y ésa es gente especializada en no atender a razones de ningún tipo. Son todavía peores. Con ellos al frente de ETA y del MLNV, el conflicto puede prolongarse hasta el infinito».
«Nada indica que no vaya a hacerlo», repliqué.
«De acuerdo. Pero hemos de hacer todo lo posible para evitarlo», concluyó él.
Nos despedimos.
Me quedé pensando cuán fácil es que «todo lo posible» resulte insuficiente.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de abril de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/24 06:00:00 GMT+2
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2000/10/23 06:00:00 GMT+2
El Gobierno de Aznar tomó hace meses una resolución: la de acabar con ETA por la vía de la represión, y sólo por la vía de la represión. Nada de medidas políticas destinadas a aislar a los más recalcitrantes del MLNV y a atraer a los indecisos al campo de la paz. De ese género de medidas no quiere saber nada porque, si bien son eficaces contra ETA, contribuyen a fortalecer y unificar el campo nacionalista.
«Es una política a largo plazo», «Hay que tener paciencia», «No caigamos en el desaliento», dicen y repiten los responsables gubernamentales. Pero el hecho es que pasan los meses y las cosas no mejoran ni poco ni mucho. En realidad, empeoran. Y el Gobierno, aunque insiste una y otra vez en sus llamamientos a la perseverancia, se da cuenta de que la opinión pública -su opinión pública- no se siente en absoluto satisfecha. Se apercibe igualmente de que sus intentos de hacer vudú con los errores del PNV y la ineficacia de la Ertzaintza empiezan a caer en saco roto, en la medida en que ETA golpea también contundentemente fuera de Euskadi, y fuera de Euskadi ni gobierna el PNV ni es la Ertzaintza la encargada de acabar con la organización terrorista. Comprueba que ni siquiera los éxitos policiales son capaces de contrarrestar la sensación general de hastío: cada cual se da cuenta de que, por cada comando de ETA que es neutralizado otro toma su lugar, y que ese proceso sustitutorio amenaza con volverse eterno y, con él, el deseado fin de la propia ETA.
En tales circunstancias, los paladines de la «solución policial» comprenden que algo debería hacerse para aminorar la explosiva mezcla de desánimo e impaciencia que se va generalizando en la ciudadanía.
Sólo que no tienen claro qué podrían hacer.
La última idea que se les ha ocurrido es la de reformar el Código Penal para ampliar el tiempo máximo que un condenado por delitos de terrorismo puede pasar en la cárcel. Actualmente es de 30 años. Proponen que se restablezca la condena a reclusión de por vida, es decir, la cadena perpetua entendida en su literalidad. «Por lo menos», dicen, «para aquellos terroristas que se mantengan ideológicamente en sus trece». «No se puede correr el riesgo de que al cabo de 30 años salgan a la calle para volver a las mismas».
Ignoro si son conscientes de las implicaciones que tiene su propuesta. Señalaré sólo algunas.
En primer lugar, supone un cambio de 180º en la filosofía que el castigo penal tiene en el ordenamiento jurídico español. Éste descarta la consideración de la pena en tanto que venganza. La entiende como un medio destinado a la rehabilitación del preso y a su reinserción en la sociedad. Si alguien es condenado a pasar el resto de su vida entre rejas (a «pudrirse en la cárcel», que diría Felipe González), no hay reinserción posible. (Llamo la atención de paso sobre el hecho de que, una vez se opta por la consideración de la pena en tanto que venganza, se abre la puerta a la restauración de la pena de muerte, como expresión más acabada de la venganza).
En segundo lugar, la propuesta es contradictoria. Si de lo que se trata -y así lo dicen quienes la defienden- es de que el hijo de una víctima de ETA no pueda encontrarse al cabo de 30 años con el asesino de su padre sentado en la mesa de al lado en un restaurante, el hecho de que el asesino se haya arrepentido o no es irrelevante. Seguirá siendo el asesino y estando en la mesa de al lado.
En tercer lugar: vincular la duración de la pena, no a que el recluso se arrepienta del delito que cometió, sino a su transformación ideológica, es impropio de un sistema penal civilizado. Eso es el Gulag.
En cuarto lugar: cualquiera sabe que una persona que sale al cabo de 30 años de la cárcel ya no es en ningún caso la misma que entró en ella. Podrá ser mejor o peor, según lo que le toque vivir durante esas tres décadas, pero en ningún caso será la misma.
En quinto lugar, se equivoca al atribuir un papel disuasorio al aumento del cumplimiento de pena por encima de los 30 años. Los activistas de ETA no creen que vayan a pasar en la cárcel 30 años. Están convencidos de que antes habrá algún acuerdo político que los dejará en la calle.
Lo que nos conduce a la quinta y fundamental implicación de la propuesta: la eficacia de esa medida se basa en la hipótesis, verdaderamente deprimente, de que dentro de 30 años seguirá existiendo ETA.
Estamos, una vez más, dentro de lo que el penalista Enrique Gimbernat suele llamar «el Derecho Penal simbólico»: son iniciativas legislativas que se toman no tanto porque se considere que van a tener una especial eficacia fáctica, sino, sobre todo, porque dan la sensación, de cara a la galería, de que el legislador no se está con los brazos cruzados y es muy enérgico.
Lo malo es que, ya de paso, horadan las bases del Estado de Derecho.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de octubre de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/23 06:00:00 GMT+2
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2000/10/22 06:00:00 GMT+2
Manifestación en Bilbao. 150.000 personas, según la contabilidad de los que hubieran preferido que no acudiera nadie. ¿Hubo más, igual o menos gente que en la de San Sebastián «por la Constitución y el Estatuto»? Más, pero tanto da. Allá quienes quieran enfrentar a unos asistentes con otros.
El PP se ha desairado solo. Se empeñó en que una manifestación así sólo podía servir para apuntalar las posiciones de Ibarretxe y declaró la guerra a la convocatoria. Absurdo: si realmente temía que el PNV capitalizara el acto, le habría bastado con sumarse a él. Lo hubiera desprovisto ipso facto de toda virtualidad partidista. No sólo no se sumó, sino que se metió en una guerra demencial, tratando de demostrar que su capacidad de desconvocatoria -respaldada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Foro de Ermua y Unidad Alavesa- es superior a la capacidad de convocatoria de todos los demás. ¿Resultado? Un fracaso. Ha fracasado el PP y, con él, quienes le han hecho coro: en la manifestación de ayer hubo víctimas del terrorismo -incluyendo familiares de concejales del PP asesinados por ETA- y la presencia del alcalde de Ermua sirvió para aclarar a quienes no lo sabían que los del Foro de Ermua podrán constituir un foro, pero casi ninguno es de Ermua. Hasta Savater se desmarcó de la táctica divisionista del PP.
Los de Aznar se niegan a admitir la realidad de Euskadi, integrada por dos comunidades ideológicas -nacionalistas y no nacionalistas- que, en sus respectivas mayorías, no tienen el menor deseo de liarse la manta a la cabeza y vivir a la mutua greña. Los Mayor, Iturgaiz y compañía alientan la ilusión de que, si descalifican despiadadamente a los dirigentes del PNV día sí día también, lograrán que una parte de la comunidad nacionalista se haga súbitamente españolista y les ayude a hacerse con las riendas del Gobierno vasco. El sueño de la razón engendra monstruos.
La manifestación de ayer debería sacarles del delirio. Pero no lo hará.
Si Arzalluz fuera realmente jesuítico -no lo es nada-, cambiaría de táctica y, en vez de entrar a todos los trapos que le ponen por delante, respondería a las descalificaciones de los populares con constantes llamamientos a la unidad.
Nombrarle al PP la unidad con los nacionalistas y ponerlo de los nervios es todo lo mismo.
Me he equivocado tantas veces en mis predicciones políticas que no es imposible que vuelva a patinar, pero lo diré de todos modos: para mí que en Euskadi el PP va camino de darse una galleta de muchísima consideración. Está jugando a todo o nada. Y todo es demasiado.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (22 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de abril de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/22 06:00:00 GMT+2
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2000/10/21 07:00:00 GMT+2
Afirma el ministro del Interior: «Las víctimas siempre tienen razón».
En parecida línea se sitúa el Defensor del Pueblo: «Yo siempre estoy con las víctimas», proclama.
No veo por qué.
Una cosa es ser decididamente solidario con quienes han sufrido el terrorismo en sus carnes y otra considerar que sus juicios políticos son necesariamente infalibles. Más lógico parece lo contrario: alguien que ha experimentado una tragedia personal semejante no se siente espontáneamente inclinado a la ponderación en sus juicios. Lo cual es comprensible a más no poder.
Me imagino en su situación. Si ETA hubiera matado a uno de mis seres más queridos, seguro que me herviría la sangre. Es muy posible incluso que alimentara los más lúgubres deseos de venganza. No sería, desde luego, el más sereno de los consejeros políticos: de eso tengo la certeza.
Anteayer, Pablo Muñoz, hijo del coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos, asesinado el pasado lunes por ETA en Sevilla, acusó a Xabier Arzalluz de empujar a los jóvenes vascos a lanzarse por la vía del crimen. Es decir, de incurrir en el delito que prevé el artículo 18 del vigente Código Penal, que tipifica la pública incitación al delito. Entiendo de sobra que el estado de ánimo de Pablo Muñoz no es el más propicio para el juicio sereno y doy por hecho que el presidente del PNV no se querellará contra él, por más que la imputación sea muy grave. En todo caso, parece evidente que esas declaraciones no configuran el contexto más adecuado para que el ministro del Interior insista en su idea de que «las víctimas siempre tienen razón».
Lo hizo, sin embargo.
Enrique Múgica sostiene que él siempre estará con las víctimas. Lo cual no admite discusión si habla en tanto que hermano de Fernando Múgica, asesinado por ETA. Pero si lo hace como titular de la Oficina del Defensor del Pueblo -que es una institución del Estado-, y si «estar con las víctimas» significa asumir tanto incondicional como institucionalmente el conjunto de las opciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, entonces el acuerdo se desvanece: su cargo no está para eso.
Las víctimas del terrorismo -no podía ser menos- suscitan una enorme simpatía en la inmensa mayoría de la población. Pero eso no quiere decir que sus opciones políticas sean siempre acertadas, ni autoriza a nadie a parapetarse detrás de ellas para no tener que justificar sus propias ideas y sus propios actos.
Si Mayor Oreja cree que no cabe unidad alguna con el PNV, dígalo. Y razónelo. No se escude en que «las víctimas tienen siempre razón». Porque no es verdad.
Javier Ortiz. El Mundo (21 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de octubre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/21 07:00:00 GMT+2
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2000/10/21 06:00:00 GMT+2
Aznar está que se sale. Aprovechando su paso por Seúl, villa olímpica, ha batido su récord personal del disparate, en la modalidad de caída libre.
Le preguntan los periodistas por las razones que justifican que el fiscal jefe del TSJ de Andalucía, Luis Portero, careciera de protección policial, pese a haberla solicitado formalmente y por escrito en dos ocasiones. Y Aznar contesta que ya en su día propuso paliar la falta de recursos del sistema policial de protección de personalidades abriendo una cuestación popular, pero que los periódicos se le echaron encima y lo abrumaron con sus críticas, por lo que hubo de renunciar a esa posibilidad.
O sea que, según él, o los servicios de protección policial son sufragados mediante la caridad pública o no hay nada que hacer.
Habrá que recordarle al presidente del Gobierno que el Estado ya tiene organizada una enorme cuestación popular diaria: se concreta en eso que llamamos impuestos. La ciudadanía, que compra y labora, entrega un nada desdeñable porcentaje de sus ingresos al Estado para que éste atienda las necesidades sociales. Entre ellas, la de proteger a las personas que pueden sufrir un atentado.
En las arcas del Estado entra dinero. Mucho dinero. A partir de lo cual, toda la cuestión está en determinar qué orden de prioridades se sigue en el gasto. Si el Gobierno establece una jerarquía de preferencias que descarta la protección de los fiscales jefe de las comunidades autónomas, es su problema. La idea de la cuestación es peregrina: ¿por qué no echan mano de ella para abastecer de armamento a las Fuerzas Armadas? Ya me lo veo: «¡La Defensa de España te necesita! ¡Aporta tu óbolo para la compra de veinte F-18!». Como si fueran el yate del rey.
Lo más decepcionante es que, para quitarse de encima una responsabilidad que sólo a él corresponde, Aznar haya tenido la ocurrencia de culpar a la Prensa. Si será ingrato: ¡con todo lo que los papeles hacen a diario por él!
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de abril de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/21 06:00:00 GMT+2
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2000/10/20 06:00:00 GMT+2
Aunque ya nada de lo que sucede en ese capítulo me sorprenda -espero cada día lo peor-, creo que sigue valiendo la pena analizar las manifestaciones de los políticos, así sea como mero ejercicio de antropología.
Me encontré hace unos días con un amigo que acababa de participar en una charla informal con el ministro de Justicia. «¿Sabes lo que ha dicho?», suspiró, con aire anonadado. «Que para el Estado de Derecho son más perjudiciales las acciones de la kale borroka que los tiros en la nuca». Estaba que no se lo creía: «¡El ministro de Justicia tiene una escala de valores que se pasa el Código Penal por el arco del triunfo! ¡Toma ya!».
Ayer, el ministro del Interior dio un paso más en esa vía: afirmó que «los terroristas de cuello blanco, la inteligencia, como ellos dicen, son tan culpables o más que los que disparan». Pues no: en los Estados de Derecho, el delito de incitación es siempre de grado inferior al de comisión. Lógicamente, porque la incitación nunca es determinante: lo determinante es el libre albedrío de quien actúa.
Otra gracia de Mayor Oreja: «Las víctimas [del terrorismo] tienen siempre razón».
Pues tampoco. Si sostuviera que las víctimas del terrorismo tienen derecho a decir lo que les venga en gana, porque en su situación no cabe reclamar de ellos ni ponderación ni sangre fría, estaría totalmente de acuerdo. Pero de ahí a dar por Ciencia pura sus desahogos -por no hablar ya de jalearlos- hay un largo trecho, que un gobernante no debe recorrer alegremente.
Ayer, Pablo Muñoz, hijo del coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos, asesinado por ETA el pasado lunes, acusó a los dirigentes del PNV de ser tan culpables de la muerte de su padre como quienes dispararon contra él.
Mayor Oreja sabe que esa acusación es una barbaridad. Pese a lo cual, insiste: «Las víctimas siempre tienen razón».
Parece una posición humanitaria, pero no pasa de ser oportunismo político: le viene bien que hagan afirmaciones de ese tipo, porque van a favor de obra y se las ahorran a él. Sabe que el PNV nunca se querellará contra el hijo de un asesinado. En cambio, si las hiciera él, tendría que justificarlas ante un tribunal.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de abril de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/20 06:00:00 GMT+2
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2000/10/19 06:00:00 GMT+2
La Policía de Tráfico de una provincia danesa está haciendo una curiosa experiencia. Hace unos meses, sus jefes decidieron probar un nuevo sistema para combatir los excesos de velocidad de los automovilistas. La idea consiste en desplazar el centro de interés de los agentes de tráfico: aunque no dejen de multar a los corredores, se dedican sobre todo a premiar a los conductores que se sujetan más estrictamente a los límites de velocidad autorizados. Los premios no son filfa: van desde mapas de carreteras valorados en unas 5.000 pesetas a radiocasetes y otros accesorios cuyo importe en el mercado supera las 50.000 pesetas. Depende de la persistencia de los automovilistas en la conducción correcta.
Los resultados de la prueba han sido espectaculares: ha descendido radicalmente el número de infracciones al Código de Circulación y, con ello, también la cifra de accidentes.
¿Todos contentos? Qué va. El Ministerio de Hacienda danés ha puesto el grito en el cielo. No tanto -aunque también- por el coste que tienen los regalos como, sobre todo, por el déficit recaudatorio que le supone el descenso del número de multas. Dice que, de generalizarse el sistema, las arcas del erario danés sufrirían un varapalo intolerable.
Conclusión: la Hacienda danesa necesita que los automovilistas violen el Código de la Circulación, y cuanto más, mejor, aunque se maten.
Es otro caso más de complementarios de apariencia paradójica. Hay muchos. ¿Qué sería de todo el aparato policial, judicial y penitenciario si no hubiera delincuencia? Los policías, los jueces y los carceleros viven del delito: lo necesitan. Lo mismo que la Iglesia vive del pecado. De no haber pecados, perdería su razón de ser.
Lo del PP y ETA lo dejo para otra ocasión. Como diría Pujol: hoy no toca.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de abril de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/19 06:00:00 GMT+2
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2000/10/18 07:00:00 GMT+2
Dicen quienes frecuentan al personaje -no es mi caso- que Aznar quiere culminar su paso por la Presidencia del Gobierno con el logro de un objetivo ideológico al que atribuye la mayor importancia: el resurgimiento del nacionalismo español.
El jefe del Gobierno sostiene que, desde 1977, la Historia de España se ha visto lastrada por infinitas concesiones y renuncias ante los nacionalismos periféricos, lo que ha generado una especie de complejo de inferioridad en los españoles de pura cepa.
Cree llegada la hora de reconducir eso. Fuera lo centrífugo, venga lo centrípeto.
La consecución de esa meta pasa necesariamente por el embridamiento de los dos nacionalismos más poderosos que existen por estos pagos: el catalán y el vasco.
Al catalán piensa librarle batalla en su terreno favorito: el económico. Nada de mayores facultades recaudatorias, basta ya de transferencias: esto son lentejas, y si quieres las comes, y si no las dejas. Y si rabia, que rabie, que para algo está la mayoría absoluta.
La meta pretendida en el caso del nacionalismo vasco es aún más ambiciosa: se trata, pura y simplemente, de hundirlo. ¿Ni agua? No; agua a presión: política, mediática, a todas horas, a raudales. Hasta que se ahogue. ¿No querían soberanía? Pues ahí tienen soberanía: la del pueblo español, ejercida en las urnas y delegada en don José María Aznar, que es quien ordena y manda.
El jefe del Gobierno sabe que buena parte de la población española ve con buenos ojos una política de ese género.
Yo también lo sé. Pero no me gusta.
Esa solemne reapertura del sepulcro del Cid con aires de jacobinismo tardío no se adapta a nuestra realidad. Gustos personales al margen, el hecho es que la delicada unidad existente entre los pueblos de España soporta rematadamente mal las imposiciones.
Añoro los años en los que Aznar, carente de la mayoría suficiente, hizo de la necesidad virtud y emprendió su tan aireado viaje al centro. ¡Ah, aquellos tiempos en los que hablaba catalán en privado y pactaba con el PNV hasta el horario de las misas! Álvarez Cascos se llevaba estupendamente con el PNV, el estilo concreto y sin perifollos de Rato encantaba a CiU y el camaleónico Arenas, con el concurso más sincero de Pimentel, iba con los sindicatos hasta la cocina.
La mayoría absoluta ha tirado todo eso por la borda. Nefasta constante: aquí no hay mayoría absoluta que no apareje desastres.
Ya tenemos a otro presidente de Gobierno que se prepara concienzudamente para morir de éxito.
Javier Ortiz. El Mundo (18 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de octubre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/18 07:00:00 GMT+2
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2000/10/18 06:00:00 GMT+2
El alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Montiseirín, clamaba que la democracia no cae del cielo, que hay que conquistarla, y que ni los pusilánimes ni los pasivos tienen excusa, y los dirigentes del PP aplaudían con fervor.
Qué falta de memoria: ya no recuerdan a qué se dedicaban cuando en España no había ni libertad ni democracia. No movieron un dedo. A favor de la democracia, quiero decir. En contra sí, muchos de ellos. ¿Alguien les ha oído lamentarlo alguna vez? Ahora jalean a quien condena lo que ellos hicieron.
«Yo, como los poetas, no tengo biografía. Mi biografía son mis hechos», afirmó Aznar hace unos días. No se lo cree ni él. Claro que tiene biografía. Para su desgracia.
Esta gente se ha doctorado en democracia sin haber hecho la carrera. Y quiere sentar cátedra.
Dicen ahora que no pueden manifestarse junto al PNV, lemas al margen, porque los nacionalistas vascos «comparten fines con ETA». Es una innovación. Frente a quienes sostenemos en contra de ETA -ellos también lo hacían hasta hace poco- que el fin no justifica los medios, el PP ha descubierto que son los fines los que de verdad importan, y que la cuestión de los medios es secundaria. Lo decisivo para ellos es que tanto ETA como el PNV propugnan la soberanía vasca. Consideran que es eso, y no la actitud ante la violencia impositiva, lo que delimita los campos. Por ello se niegan a marchar junto al PNV.
Luego, de cara a la galería, sostienen que la línea divisoria es la que separa el crimen de la ley. Pero no actúan en consecuencia. No pretenden que el PNV esté vulnerando ninguna ley y, sin embargo, lo sitúan en el campo enemigo.
Por lo demás, es falso que el PNV y ETA compartan fines. Comparten tan sólo su formulación genérica, abstracta. Pero, cuando el PNV habla de soberanía vasca, lo que propugna es la aceptación general de lo que libremente decida la ciudadanía vasca, entendiendo por tal al conjunto de quienes viven en el territorio vasco, nacionalistas o no. En cuanto a Navarra y al País Vasco bajo soberanía francesa, ha reconocido una y otra vez que sólo puede y debe hacerse aquello que las poblaciones de la una y el otro decidan mayoritariamente. ETA, en cambio, ha dejado claro en numerosas ocasiones que su concepción del pueblo vasco es restrictiva -sólo reconoce la condición de vascos a quienes participan en la «construcción nacional»- y que su proyecto de territorialidad es impermeable a la voluntad de quienes se asientan en los territorios concernidos.
Son dos concepciones no sólo diferentes, sino incompatibles. La del PNV tiene como eje la democracia (delimitada geográficamente al ámbito vasco: es un partido nacionalista). La de ETA, en cambio, se basa en la imposición.
El PP sabe que la realidad es ésa, pero prefiere hacer como que no se entera. Le pierden las ganas de anular electoralmente al PNV.
Lo malo es que el precio de su ambición lo pagamos entre todos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de octubre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de abril de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/10/18 06:00:00 GMT+2
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