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2000/11/06 06:00:00 GMT+1

Rh

Aquí no ha ocurrido nada. El día está en sus comienzos. Hoy tenemos previstos diversos encuentros: uno con un escritor recién salido de la cárcel, otro con el ministro de Economía y otro más con el presidente del Parlamento. Comida con el embajador de España.

Trato de escuchar Radio Exterior de España por internet. Se oye bastante mal. Deduzco, de todos modos, que lo más importante que ha sucedido en las últimas horas por España es que hace mucho viento. El diario local en inglés, The Indonesian Observer, recoge polémicas locales de las que no sé nada.

Cazo por ahí una noticia que me hace gracia y que enlaza con una conversación que tuvimos anoche en un restaurante japonés. Parece que Xabier Arzalluz tiene el Rh positivo. O sea, que tiene Rh. Anasagasti lo da como prueba de que el presidente del PNV no puede ser racista. Posiblemente tiene razón, pero la prueba es refutable: Hitler hablaba de la superioridad de la raza aria y no había más que contemplar su físico para descartar que hubiera llegado a esa conclusión mirándose al espejo.

Anoche me pregunta un compañero de viaje: «¿Qué Rh tienes tú?». Respondo la verdad: negativo. «¡Tú sí que eres vasco de pura cepa, entonces!», bromea. Le comento que no tengo ni idea de qué puede ser la pura cepa vasca, pero que, en todo caso, mi Rh negativo tiene escasa relación con el hecho de que naciera en San Sebastián. Por mis venas corre sangre andaluza, catalano-francesa, gallega, riojana, castellana... Ni un solo antepasado vasco, que yo sepa. Mi madre es de Irún, pero hija de inmigrantes.

Recuerdo un filólogo que me explicó que Ortiz es un derivado alavés del castellano Ortuño, que en catalán dio Fortuny. Según él, es un apellido vasco. «Es posible», le contesté, «pero en todo caso no por mi familia». Si se creía que estaba regalándome el oído, iba bueno.

No sé lo contento o disgustado que estará Arzalluz con su Rh. Yo al mío sólo le veo ventajas: puedo mezclar mi sangre con la de cualquiera. Soy ideal para el mestizaje.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de abril de 2017.

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2000/11/05 07:00:00 GMT+1

¿Desafuero altruista?

Puedo entender que Ruiz Polanco, como ciudadano particular, se cabree como una mona con las bravuconadas ad hominem de un miembro confeso de ETA. Ya se sabe: nihil humanum a me alienum puto, y todo eso. Pero desapruebo vivamente, en todo caso, que un juez instructor pierda la calma ante un detenido, sea quien sea, y lance contra él cualquier admonición pendenciera.

No obstante, mi desaprobación es secundaria. Mucho más importante es lo que la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECri) y el Código Penal (CP) especifican sobre conductas como la suya.

La LECri es taxativa. «No se podrá emplear con el procesado género alguno de coacción o amenaza», dice en su artículo 389. El CP, por su parte, prevé castigo de prisión de seis meses a dos años e inhabilitación para empleo o cargo público de dos a cuatro años para «la autoridad o funcionario público que, abusando de su cargo (...), atentare contra la integridad moral de una persona» (artículo 175).

No faltará quien replique que es imposible atentar contra la integridad moral de un terrorista porque éste carece de ella. Es una objeción ingeniosa, pero antijurídica: para la Ley, toda persona, sea quien sea y haya hecho lo que haya hecho, goza de integridad moral.

He escrito al comienzo que puedo comprender su comportamiento. A fuer de sincero, precisaré que, en realidad, tampoco lo entiendo demasiado. Mantener la neutralidad es el abecé de su oficio. ¿A cuento de qué habría de aceptarse que un juez pierda los nervios ante un terrorista y deberíamos reprobar que lo hiciera ante un violador, un parricida o un corruptor de menores?

Añádase que fue la mención de su persona lo que le sacó de quicio. Mientras el confeso etarra le contaba cómo mató a otros, el magistrado guardó la calma sin ningún problema. Fue sólo cuando masculló que también podía matarle a él cuando se dejó vencer por la idea de liarse a hostias. Entre los atenuantes de su desafuero nadie podrá alegar el altruismo, desde luego.

Javier Ortiz. El Mundo (5 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de noviembre de 2012.

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2000/11/05 06:00:00 GMT+1

Singapore-Yakarta

Vuelo penoso, larguísimo, interminable.

Primero desde Madrid a París, con parada en el Charles de Gaulle. La tripulación está también deseando salir a fumar un cigarrillo, así que no pone dificultades a que hagamos lo propio. El record lo logro yo: cuatro en apenas 20 minutos. Me sigue de cerca Oneto, con tres.

Viene luego el sobrevuelo a las antípodas, o casi. Doce horas. Me he tomado un tranquilizante, pero la mezcla con el vino de las infinitas comidas y el cóctel de champagne creo que logra hacer el efecto contrario. Estoy como un amasijo de nervios, aunque hago como que no. Es increíble el interés que pone Singapore Airlines en que no paremos de comer y beber. Pero todavía más increíble es lo muchísimo que puede especiar las comidas. El enorme avión huele a especias que apesta. Acaba por revolverme las tripas.

Llegada a Singapur. Miro la ciudad-estado desde el cielo: es como un remedo de Manhattan. El aeropuerto ocupa una enorme extensión y tenemos que recorrerlo a escape, porque el vuelo de Yakarta sólo espera nuestra presencia para salir. Otras dos horas (algo menos) de vuelo hasta la capital de Indonesia. Perplejidad: en el aeropuerto nos esperan dos fotógrafos y un cámara. Despistado, comento: «Se ve que venía en el avión alguien importante». «Sí; nosotros», me contestan. Al parecer, van a hacer un largo reportaje sobre nuestra estancia en el corazón del Sudeste asiático.

Yakarta es enorme. 12 millones de habitantes. La miseria más total convive con un lujo que parece inevitable calificar de asiático. El guía -al que bautizo como Ibrahim, porque parece un viejo salsero cubano: ya todo el mundo lo llama Ibrahim, por más que el insista en que se apellida Sukarno- nos dice que mucha de esa gente malvive en chabolas «porque quiere vivir cerca de donde trabaja, aunque tenga un apartamento en condiciones en otra parte».

-Una especie de residencia secundaria, entonces -le digo, irónico.

Pero él se lo toma tal cual.

-Sí; algo así -me responde.

El Gran Hotel Meliá Jakarta es, según dicen, el más lujoso de la ciudad. Y los hay. En mi habitación se podría jugar un partido de tenis, siempre que se lograra sortear la cama cinemascópica. En el televisor se puede ver el canal internacional de RTVE: tanto da, porque es alérgico a las noticias. Instalo la infraestructura informática, me entero de cómo conectar con Internet a precio de llamada local, meto en la PWJO un aviso diciendo que la actualización llegará más tarde y salgo zingando. Tenemos previsto visitar un museo, el viejo puerto y una calle repleta de tiendas de antigüedades. El museo está cerrado por reformas. Mientras el autobús callejea por las sucias y mal asfaltadas avenidas abarrotadas de gente -Ibrahim pretende convencernos de que el Gobierno no las mejora porque, si no, los coches correrían demasiado- no pierdo ripio por la ventanilla. Pueden ir hasta cuatro en una motocicleta. Hay autobuses-camionetas en los que se hacinan hasta 30 personas. Y moto-taxis, del tipo de nuestras viejas isocarros. Las bicicletas sirven también para todo, aunque el transporte a hombros es también mi socorrido.

En el viejo puerto, nos sigue una nube de aspirantes a vendedores de lo que sea. Debemos tener una pinta horrible: media docena de europeos a los que siguen sin parar dos fotógrafos y una cámara de TV. Más miseria. Lo mismo que en la calle de las antigüedades. «Si les piden una cantidad, ofrézcanles la mitad, como mucho», nos previene Ibrahim/Sukarno. Pero quién es capaz de pararse a mirar nada. Se nos echan como una nube en cuanto desaceleramos el paso.

Regreso al hotel. En la radio local pone rumbas: «Una rumba por aquí, una rumba por allá...». No tengo ni idea de quiénes son. Las combinan con canciones de Paul McCartney, Simon & Garfunkel y Olivia Newton John. This is Jakarta Radio... RTVE sigue castigando a la comunidad internacional con un concurso vomitivo.

Hemos quedado para cenar pronto. El hotel tiene cuatro restaurantes. Alguien ha hablado de comida hawaiana. Yo necesito urgentemente un filete de buey con patatas. Y dormir, dormir, dormir.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de noviembre de 2009.

Roberto Díez escribió Soñando con Jamaica y hoy lo hemos recuperado para nuestra sección de Recuerdos. Gracias, Roberto.

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2000/11/04 07:00:00 GMT+1

«Hijos de papá»

El uno es hijo de papá Bush. El otro, de papá Gore.

Un periodista buen conocedor de Al Gore lo llama «el candidato genéticamente modificado». Afirma que es un individuo al que sus asesores van transformando según las conveniencias políticas del momento. En cada circunstancia, Gore es lo que haga falta: derechista, liberal, belicista, pacifista, ecologista, globalizador... Sólo mantiene una constante: no tiene ni pajolera idea de ninguno de los asuntos que aborda. Se le puede preguntar lo que sea: como sus asesores no hayan previsto la pregunta y él no se haya aprendido la respuesta en plan papagayo, demuestra al punto su ignorancia enciclopédica.

Papá Gore es el típico político sureño forrado de millones y acostumbrado a doblegar voluntades a golpe de talonario. Fue condenado por un caso de financiación ilegal del Partido Demócrata.

Bush Jr., alias el Ejecutor, es aquí conocido sobre todo por su afición a la silla eléctrica. Pero quienes saben de su trayectoria lo pintan como un capullo experto en casas de putas. Ahora ha salido a relucir que lo pillaron hace años conduciendo borracho. No es su mayor defecto. En una entrevista llegó a demostrar que no sabía qué posición ocupan en el mapa tres países que en aquel momento se encontraban metidos en graves conflictos. Uno de ellos, Afganistán. Su papá fue el que fue, pero por lo menos sabía de geografía: ejerció de jefe de la CIA antes que de presidente.

Recientemente, un famoso columnista norteamericano se quejaba de cómo valoramos los europeos a los políticos de su país. «Se empeñan en juzgarlos por su inteligencia, sin comprender que eso es secundario», decía.

Cuando lo leí, me vino a la memoria un juego. Te proponen elegir entre tres candidatos a los que te presentan así: «Al primero se le asocia con políticos corruptos y suele consultar astrólogos. Ha tenido dos amantes, fuma sin parar y se bebe hasta 10 martinis al día. Al segundo lo echaron dos veces del trabajo, se levanta muy tarde, fumó opio en la Universidad y se toma no menos de un cuarto de botella de whisky cada noche. El tercero es héroe de guerra, no ha mantenido nunca relaciones extramatrimoniales y bebe sólo una cerveza de vez en cuando. ¿A quién elegirías?». Acto seguido, te informan: «El primero de los candidatos es Frankin D. Roosevelt. El segundo, Winston Churchill. El tercero, Adolf Hitler».

Te hacen trampa. Obvian la posibilidad -nada desdeñable- de que un individuo pueda reunir en su persona lo peor de los tres modelos propuestos.

Dentro de nada, los norteamericanos nos van a elegir presidente. Viendo a los dos candidatos, no me hago ilusión alguna.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de noviembre de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/04 07:00:00 GMT+1
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2000/11/04 06:00:00 GMT+1

Do you speak english?

La publicidad se supera a sí misma.

Ayer vi en Telemadrid un aviso ciertamente chocante: «Von Karajan les ofrece... el Tiempo», decía.

«Pues como no sea el tiempo que lleva muerto...», pensé.

Pero qué va. Era la predicción metereológica. Y Von Karajan era un disco de Von Karajan, no el espectro del famoso director de orquesta.

Lo que más me tiene fascinando en los últimos tiempos es la violenta irrupción del inglés en la publicidad española. Hago un breve recuento de anuncios, sin ningún ánimo exhaustivo: Be Inspired, Conecting People, Everyone's Invited, Digitally Yours, Pure Spirit, Keep Walking, Be Wild, Get The Lights, Celebrate The Moment, Elegance Is An Attitude, Ideas Generated / Walls Removed...

Y así, casi todo. Ad nauseam. Apenas queda anuncio que no lleve una apostilla en inglés. En inglés fácil -como para estudiante de 1º del Wall Street Institute-, pero en inglés, a fin de cuentas.

¿Y eso?

Utilizan un mecanismo psicológico elemental y muy transparente. Parten del convencimiento de que, para el español medio actual, el inglés es el idioma del éxito. Hablar inglés significa formar parte de la elite dirigente.

Luego, si tal o cual mercadería está dirigida en exclusiva a gente que entiende el inglés, es que se trata, indudablemente, de un producto para uso exclusivo de triunfadores.

O de aspirantes a triunfadores.

El francés es el idioma de la gente elegante (Loulou? Oui, c'est moi). El inglés, el de los ejecutivos agresivos, youppies y demás ralea del género.

¿Y el castellano?

¿El castellano?

¿Dice usted el castellano? ¿Se refiere a esa lengua que no hay más remedio que usar para entenderse?

¡Por Dios, pero qué cosas tiene usted!

¡Entenderse! ¡Qué vulgaridad!

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de abril de 2017.

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2000/11/03 07:00:00 GMT+1

Toda la música griega

Música griega contemporánea: culta y popular, elaboradísima y espontánea, de todos los estilos, de Oriente y Occidente: desde la más ligada a la tradición otomana hasta la más cercana de los cantos populares italianos, desde el folk de resonancias anglosajonas al rebétiko de los miserables, desde la música anónima a la de autor, desde los aquí desconocidos hasta los que suenan incluso entre nosotros: Theodorakis, Hadjidakis (el de Los niños de El Pireo y la banda sonora de Never On Sunday), Melina Mercoury, Eleftheria Arvanitaki...

Una casa discográfica independiente española, Resistencia, ha tenido las santas narices -el santísimo amor al arte- de atreverse a poner en nuestro mercado una amplia antología de discos que ilustran cuidadosamente sobre la evolución y el estado actual de una música que echó a andar en el 2.800 antes de nuestra era.

El conjunto está compendiado en un doble CD que, acompañado por un libro de 130 páginas, nos lleva de la mano por cada estilo, cada variedad, cada gran compositor, cada gran intérprete. Un amplio prólogo de José Antonio Torres Almodóvar y un documentado análisis de Yorgos Pisalidis nos permiten ir adentrándonos en el mundo musical helénico, en general, y en cada una de las canciones, en particular: todas con su propia introducción, la letra original griega y la traducción al castellano.

En el recorrido, más de una sorpresa: por ejemplo, la de encontrarse con la versión original griega de La Luna de Miel, tan cara a Garci. En realidad se llama Si te acuerdas de mi sueño y es obra de Mikis Theodorakis. En España se popularizó mucho antes del Oscar de Garci con letra de Rafael de Penagos e interpretación de Gloria Lasso.

Estamos tan acostumbrados -tan resignados- a que las discográficas se vuelquen en la promoción de música de consumo inmediato, de usar y tirar, que es una gozosa sorpresa encontrarse con que todavía queda gente que edita y distribuye música por estricto amor al arte. Aunque sin ninguna vocación de marginalidad: fue Resistencia quien lanzó a Kepa Junkera, con su Bilbao 00:00 h, y fue la que asumió en España la distribución de Buenavista Social Club. Ahora prepara el lanzamiento de una exquisita cantautora gallega, Mercedes Peón.

Y es que, si hay un público amplísimo que consume la música que le echen, hay también otro público, cada vez más numeroso, interesado por otras músicas: otras tradiciones, otras culturas, otras posibilidades, a veces cercanísimas, pero ocultas. Lo cual justifica y da cada vez más peso a compañías discográficas independientes, como Resistencia.

En los EE.UU., sellos como World Circuit, Six Degrees Records o Putumayo han cogido una velocidad de crucero impresionante. Su impronta es siempre la misma: músicas diferentes, que expresan la extraordinaria riqueza de registros que existe a lo largo y lo ancho del mundo, ediciones cuidadísimas y textos que explican la música en su contexto social y cultural. Música culta, es decir, cultivada.

Javier Ortiz. El Mundo (3 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de noviembre de 2011.

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2000/11/03 06:00:00 GMT+1

Más de lo mismo

Se ha convertido en un lugar común de las conversaciones sobre el terrorismo de ETA: «¡Pues algo habrá que hacer, porque así no se puede seguir!». No importa el lugar: tanto da la sede del Consejo General del Poder Judicial que el bar de la esquina. Siempre hay alguien que lo dice, y la mayoría de los circundantes acoge el aserto con unánime aprobación.

Pues bien, y para conservar las costumbres: no estoy de acuerdo.

Vayamos por partes.

Primer punto: «Así no se puede seguir».

Falso. Sí que podemos seguir así. Llevamos en las mismas ya más de dos décadas y España no se ha hundido, ni nada que se le parezca. Lo que sucede es penoso, sin duda, y es horrible que tanta gente sufra por culpa de ello, pero no representa ningún obstáculo insalvable para el mantenimiento de las pautas básicas de la vigente organización social y política.

De hecho, todo indica que el Gobierno de Aznar cuenta con que vamos a continuar soportando el desastre del terrorismo durante muchos años, e incluso décadas. No por otra razón se dispone a seguir aplicando en lo esencial -variaciones de mero grado al margen- la misma política que hasta ahora: porque sabe que podemos seguir así y no quiere pagar ningún precio («La paz no tiene precio», dice y repite) para experimentar otro escenario.

Segundo punto: «Algo habrá que hacer».

Vaporosa afirmación donde las haya. ¿Qué se entiende por «algo»? Formulado así, en general, «algo» puede ser cualquier cosa. Y en cualquier sentido.

Aun a riesgo de equivocarme -odio indagar en cabeza ajena-, creo entender que ese «algo» al que se apela oblicuamente va por la vía de un endurecimiento de la actual política antiterrorista. Que se piensa, por ejemplo, en agravar las penas de cárcel y en ampliar el catálogo de las conductas tenidas por terroristas, en la estela de esa «desobediencia civil» que tanto persigue Garzón.

¿Y qué les hace suponer que con «algos» de ese género se lograrán resultados prácticos desconocidos hasta ahora? La experiencia de los últimos años indica lo contrario: ETA ha sobrevivido siempre a las sucesivas iniciativas policiales y legislativas ideadas en su contra. La prueba es que estamos en el punto en el que estamos.

En realidad, ese «algo habrá que hacer» quiere decir: «Insistamos en lo de siempre, pero llevándolo más lejos todavía». Como ni se plantean siquiera la posibilidad de que la medicina que aplican no sea la adecuada, tan sólo les queda una posibilidad: aumentar la dosis.

Otros pensamos que, si insisten en recetar más de lo mismo, nada tendrá de especial que el resultado sea también más de lo mismo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de abril de 2017.

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2000/11/02 06:00:00 GMT+1

Demócratas

Según un reciente sondeo de opinión del CIS, el 71% de los españoles no tiene el más mínimo interés por la política: admite sin rubor que no le presta atención alguna.

Pongo el dato en relación con otro que procede del mismo trabajo demoscópico: el 86% considera que la democracia es preferible a cualquier otro sistema de gobierno.

Lo que me sugiere tres reflexiones.

Primera.- Considerando el muy escaso conocimiento de la materia que reconoce tener el 71%, ¿cómo tomarse en serio sus opiniones sobre los sistemas de gobierno? Es como si alguien empezara diciéndonos que no tiene ni idea de fútbol y acto seguido afirmara que el sistema táctico de Serra Ferrer es superior a cualquier otro. Qué sabrá.

Segunda.- Si no tienen interés alguno en participar en la res publica -ni siquiera en saber de qué va-, ¿a cuento de qué defienden un sistema que se basa teóricamente en su participación? Proclaman la democracia, pero hacen lo posible para que funcione la oligarquía (o sea, el gobierno de unos pocos).

Tercera.- Y, si no les interesa la política y reconocen que no tienen ni pajolera idea al respecto, ¿por qué y para qué diablos votan?

Con un 71% como ése, parece razonable que la vida política española esté como está.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de abril de 2017.

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2000/11/01 07:00:00 GMT+1

Sebastián Rodríguez

Me telefonea mi amigo Gervasio Guzmán: «¿Has visto las imágenes del atentado de Madrid? ¡Qué horror!».

Le doy la razón.

«Acabo de leer un artículo muy bueno», prosigue. «Reclama que los terroristas se pudran en la cárcel. Estoy de acuerdo. ¡Cadena perpetua! ¡Es lo que se merecen!».

Le apunto que, para que alguien «se pudra» en la cárcel -vieja idea de Felipe González-, no hace falta recurrir a la cadena perpetua: todos los expertos saben que 20 años de encarcelamiento en régimen de primer grado bastan y sobran para destrozar psicológicamente a cualquiera. No digamos ya los 30 años efectivos que prevé el Código Penal vigente.

«Bueno, y qué», me responde. «Me da igual. Lo que yo quiero es que ningún terrorista vuelva a ver la calle en su puñetera vida».

Le pregunto si conoce el caso de Sebastián Rodríguez.

No; no lo conoce. Se lo cuento. Le explico que Sebastián Rodríguez Veloso, al que sus amigos llaman Chano, es un gaditano residente en Vigo, vendedor de la ONCE y avezado nadador, que acaba de lograr cinco medallas de oro en los Juegos Paralímpicos de Sidney.

«Pues me alegro mucho. ¿Y qué?», se impacienta Gervasio.

«Pues que Sebastián Rodríguez no sólo es un gran nadador. Es también un exrecluso de los GRAPO que fue condenado a 84 años de cárcel por haber participado en el asesinato del empresario andaluz Rafael Padura, entre otros actos de terrorismo», le informo.

Encarcelado en 1984, Rodríguez mantuvo en 1990 una larga huelga de hambre en demanda del reagrupamiento de todos los presos de los GRAPO en un solo presidio. Las secuelas de aquella huelga de hambre quebraron su salud. Lo condenaron a la silla de ruedas.

A finales de 1994, Instituciones Penitenciarias lo puso en libertad.

«Estará rehabilitado», apunta Gervasio.

«¡Pero, hombre! ¿No me habías dicho que los terroristas tienen que pudrirse en la cárcel a perpetuidad? ¿Qué más te da que se haya rehabilitado o no?», le replico. (Le aclaro que, de todos modos, no: no se ha rehabilitado, si por rehabilitación se entiende arrepentimiento. Rodríguez mantiene su ideario).

«Supongo que reclamarás que vuelvan a meterlo en la cárcel para que cumpla íntegra su condena, ¿no? », le apunto, capcioso. «Si está en condiciones de ganar medallas deportivas, no veo qué puede impedirle pudrirse en una celda».

Gervasio se queda en silencio.

«Hombre... No sé... No es tan fácil... Si ha rehecho su vida...», musita al final.

No puedo evitar la ironía: «Venga, Gervasio: pon de acuerdo tu cerebro y tus vísceras. Y luego volvemos a hablar, ¿vale?».

Qué suyas son las vísceras. Las de Gervasio y tantas otras.

Javier Ortiz. El Mundo (1 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de noviembre de 2010.

Nota de edición: a finales de 2018, El País publicó el reportaje Nada o revienta, la vida al límite de Chano Rodríguez.

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2000/11/01 06:00:00 GMT+1

El fracaso de Mayor Oreja

Es un fenómeno nuevo, que Mayor Oreja no deja de subrayar con orgullo en privado: hasta ahora, y desde comienzos de la transición, cada vez que el presidente del Gobierno o el ministro del Interior -los que fueran: los de turno- acudían al funeral de una víctima de ETA, había un sector de los asistentes al acto que los increpaba. Ahora, el público aplaude unánimemente a los representantes del Gobierno, los felicita y los jalea.

Él lo considera una muestra de su éxito.

A mí me parece otra prueba más de su fracaso. Demuestra que están actuando al gusto del sector más visceral e irreflexivo de la opinión pública. De la gente que, obcecada por el odio, no ve más allá de sus narices.

La profundidad de las miras de Mayor Oreja no va más allá del metro y medio de distancia. Vive para el viva inmediato, para el aplauso de esta tarde, para las urnas de mañana mismo. ¿El futuro? ¡Allá se las componga!

Su actuación a lo largo de los últimos años puede muy bien resumirse así: 1º) desaprobó el intento de Aznar de negociar con ETA y negó que la violencia terrorista pudiera tener una solución política; 2º) de acuerdo con ello, dificultó cuanto pudo la labor de aquellos a los que Aznar había encargado la negociación con ETA (esto, reconocido por ellos mismos), persiguió a los intermediarios, enfiló contra el sector de la organización terrorista que era partidario de una salida pactada y boicoteó todas las iniciativas que podían contribuir a la distensión; 3º) hizo todo esto porque, según él, la «vía política» no hacía al caso, dado que se podía acabar con el terrorismo de ETA por una vía estrictamente represiva, sin necesidad de concesión alguna.

Balance a fecha de hoy: se ha cargado los intentos de avanzar por la «vía política» y los éxitos que ha logrado en la «vía policial» son meramente anecdóticos. Hoy ETA está mucho más fuerte, en todos los sentidos, que hace un año. La perspectiva de su desaparición ni siquiera se atisba en el horizonte.

Eso tiene un nombre: fracaso.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de abril de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/01 06:00:00 GMT+1
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