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2001/03/09 06:00:00 GMT+1

¿Un tanatorio, aquí? ¡Tus muertos!

Radio Alicante, Cadena Ser. Jueves. Programa local del mediodía. Entrevistan a los representantes de la Asociación de Vecinos del Barrio Obrero, que están preocupadísimos porque les van a instalar un tanatorio.

-¡Al lado de un colegio! -exclama uno, indignado.

Se ve que quieren evitar que la infancia pueda acercarse al conocimiento de la nada.

Olvidan que, junto con los moribundos, son los niños quienes la tienen más cercana.

-¡Y frente a un parque! -apostilla otro.

Claro, qué nefasta asociación: tanatorio-parque. Naturaleza muerta. ¡Ni en pintura!

Cuentan los entrevistados que se han dirigido a la gerencia municipal alegando que las actividades de ese negocio pueden alterar la tranquilidad del barrio. Se quejan de la respuesta que han recibido: dicen que les han contestado que una empresa como ésa es de lo más tranquilo que hay.

Para mí que los dirigentes vecinales del Barrio Obrero se barruntan que el tanatorio puede plantearles un problema de amplio espectro.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/09 06:00:00 GMT+1
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2001/03/08 06:00:00 GMT+1

Parafarmacia parapsicológica

Veo en la entrada de Alicante un enorme panel publicitario. Va firmado por el Colegio de Farmaceúticos de la provincia.

Reza así: «Los medicamentos, sólo en tu farmacia».

De verdad que les haría caso, pero me es imposible: no tengo farmacia propia.

Qué lástima. Habré de comprar los medicamentos en cualquier parte.

En el híper, por ejemplo, que me pilla cerca y sale menos caro.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/08 06:00:00 GMT+1
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2001/03/07 07:00:00 GMT+1

Sucesión de sucesiones

Cuando Aznar anunció que no se presentaría a una segunda reelección, me pareció una opción sensata. Me equivoqué.

Se habría tratado de una decisión loable si hubiera sido el corolario de una reflexión general sobre la inconveniencia de la perpetuación de los políticos en puestos de máxima responsabilidad.

Ese es, en efecto, uno de los problemas que presentan los regímenes de tipo parlamentario: la dificultad -la imposibilidad, más bien- de fijar por ley la limitación de mandatos, lo cual permite generar situaciones de presidencialismo fáctico, como la que vive Cataluña con Jordi Pujol, o como la que estuvimos a punto de experimentar con Felipe González.

Pero Aznar no hizo ninguna reflexión global de ese género o, si la hizo, se arrepintió inmediatamente. Renunció a proponer a su partido que su decisión fuera tomada como regla general de obligada aplicación en todos los casos semejantes. ¿Tuvo miedo de enfrentarse a Manuel Fraga, dispuesto a llegar al final de sus días como presidente de la Xunta? No lo sé. El caso es que desposeyó a su gesto de todo carácter ejemplarizante y lo convirtió en poco menos que un capricho personal.

Pues bien: tomada la cosa así, como una rareza suya, mejor habría hecho en callársela. Mejor, quiero decir, para su partido. Porque, a medida que va acercándose la fecha del inevitable hecho sucesorio, cuantos se consideran capacitados para ganar la carrera de La Moncloa van poniéndose nerviosos. Realizan continuos movimientos destinados a mejorar posiciones en la línea de salida: se reparten codazos, se tiran zancadillas... Formalmente todos pretenden que el asunto no va con ellos, pero en la práctica están montando un penoso desfile de modelos que no sólo enturbia la vida interna del PP sino que, además, es una pesadez.

Entiendo que Rodrigo Rato haya decidido dejar claro desde ahora mismo que no tiene la menor intención de participar en esa pelea.

Muchos dudan de su sinceridad. Yo no. Me parece una decisión inteligente. Cuando estemos en vísperas de las elecciones del 2004, tras dos años y pico de navajeo entre los aspirantes y de enigmáticos gestos de Aznar, lo más probable es que el campo de batalla de la sucesión aparezca cubierto de cadáveres políticos. Y Rato estará intacto. Sea para marcharse tranquilamente a labrar su predio, como afirma que hará -y como seguramente planea hacer-, sea para aceptar in extremis el encargo de convertirse en el jefe, por exclusión de todos los demás.

Por el momento sólo una cosa está clara: que Aznar la ha hecho buena.

Javier Ortiz. El Mundo (7 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de marzo de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/07 07:00:00 GMT+1
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2001/03/07 06:00:00 GMT+1

Siempre lo mismo

Cuando empecé este Diario, la duda principal que albergaba se refería a mi tesón. ¿Sería capaz de escribir el equivalente a una columna periodística todos los días, uno tras otro y sin fallar ni uno solo, hiciera frío o calor, me encontrara pletórico o agotado, exultante o tirando a depre, sentado cómodamente ante el ordenador de mi casa o perdido por la Cochimbamba?

Siete meses y pico después, sé ya que sí, que soy perfectamente capaz de hacerlo, y además sin que eso me suponga mayor esfuerzo. Está claro que la compulsión patológica que me empuja a escribir a diario mis opiniones, forjada a lo largo de toda una vida de opinador impenitente, es para estas alturas más fuerte que cualquier obstáculo que se le interponga. No es ya que pueda hacerlo, sino que, en buena medida, necesito hacerlo: proporciono con ello una espita de salida al inagotable furor que me produce la realidad circundante. Si no destapara mi olla un rato todos los días, acabaría reventando.

Lo que ni siquiera imaginé al inicio de esta aventura diaria es que mi relación escrita con la realidad pudiera entrar en crisis no por culpa mía, sino de la realidad. No de toda la realidad –faltaría más–, sino de la parte de ella que elegí como blanco preferente de mis iras cotidianas: la realidad política.

La vida política de la España de hoy ofrece, en efecto, posibilidades cada vez más limitadas.

Lo vi con claridad apabullante ayer por la noche, según escuchaba las noticias del telediario. Fui haciendo inventario de los temas, de cara a seleccionar uno que me diera pie al apunte de hoy. Se me iban cayendo de las manos, uno tras otro.

Primera noticia: «Aznar dice que ETA no son sólo los comandos armados, sino también todo su entorno». «¡Cielo santo!», me dije. «¡Pero si ya he comentado esta parida varias veces, por activa y por pasiva!». Un solo ángulo nuevo: que el presidente del Gobierno siga insistiendo erre que erre en esa doctrina, tan cara a Mayor Oreja y Garzón, después de que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional la haya refutado con argumentos jurídicos de solidez incontestable. ¿Podría dedicar a eso mi comentario? Vaya aburrimiento.

Más noticias: aparece de nuevo Aznar y afirma que el PSOE no hace oposición real y que carece de alternativas. Acto seguido, otra vez Aznar –yo no tengo la culpa de que el 50% del telediario esté dedicado a él– sostiene que ay del PSOE como se le ocurra tener alternativas propias en relación a Euskadi y se distancie de la Gran Verdad. ¿Escribo sobre la manía de este caballero de criticar constantemente al PSOE por carecer de alternativas y de calificarlo de irresponsable cada vez que presenta una? Puf.

Cambio de tercio: sale Cándido Méndez y dice que el decreto del Gobierno sobre la reforma del mercado laboral va a tener el mismo efecto «que el iceberg al chocar con el Titanic». Me deprimen los patéticos esfuerzos que hace este hombre para parecer ingenioso. Casi lo prefiero cuando se muestra en todo el esplendor de su mediocridad. ¿Quién diablos es, según él, el Titanic? ¿Quién se va a hundir? ¿Y él, por quién se toma? ¿Por el director de la orquesta? Nueva sensación de hastío: no me apetece nada volver a escribir que el problema de las actuales direcciones de UGT y CCOO es que se han convertido en estructuras funcionariales tan dependientes del Estado como independientes de la mayoría de la gente trabajadora y que toda la cháchara bravucona que están soltando ahora no tiene más función que la de disimular su incapacidad para montar movilizaciones dignas de ese nombre porque el personal pasa olímpicamente de ellos.

Último bloque del noticiario: Raúl ha dado una nueva victoria al Real Madrid metiendo un gol con la mano, gol que el árbitro del encuentro –atención Cataluña: ¡un árbitro polaco!– dio por bueno. Pues estupendo, qué emoción.

Me doy cuenta de que ha llegado el momento de replantearme este Diario. No puedo seguir hablando de estas cosas. Es imposible que interese y divierta a mis hipotéticos lectores y lectoras si les hablo de historias que a mí mismo ni me interesan ni me divierten.

Dentro de un rato salgo para Alicante en coche. Tengo por delante tres horas para pensar en nuevos rumbos. A ver si se me ocurre algo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de marzo de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/07 06:00:00 GMT+1
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2001/03/06 06:00:00 GMT+1

La sucesión

Cuando hace cinco años José María Aznar anunció que no se presentaría a una segunda reelección, me pareció una decisión sensata.

Me equivoqué.

Se habría tratado de una decisión digna de aplauso si hubiera sido el corolario de una reflexión general sobre la inconveniencia de la perpetuación de los políticos en determinados puestos de máxima responsabilidad.

Ése es, en efecto, uno de los problemas que presentan los regímenes de tipo parlamentario. Tienen diversas ventajas, pero algunos inconvenientes. Entre ellos, la dificultad -la imposibilidad, más bien- de fijar por ley la limitación de mandatos, lo que permite generar situaciones de presidencialismo fáctico, como la que vive Cataluña con Jordi Pujol, o como la que estuvimos a punto de experimentar todos con Felipe González, felizmente frustrada por los propios y muy variados yerros del aspirante a candidato eterno.

Pero Aznar no hizo ninguna reflexión global de ese género o, si la hizo, se arrepintió inmediatamente. Renunció a proponer a su partido que su decisión fuera tomada como regla general de obligada aplicación en todos los casos semejantes. ¿Tuvo miedo de enfrentarse a Manuel Fraga, dispuesto a llegar al final de sus días como presidente de la Xunta? Fuera por lo que fuere, el caso es que desposeyó a su gesto de todo carácter ejemplarizante y lo convirtió en poco menos que la expresión de un capricho personal.

Pues bien: tomada la cosa así, como una rareza suya, mejor habría hecho en callársela, en lugar de darla a conocer a bombo y platillo con tanta antelación. Mejor, quiero decir, para su partido. Porque, a medida que va acercándose la fecha del inevitable hecho sucesorio, todos los que se consideran capacitados para ganar la carrera de La Moncloa van poniéndose nerviosos. Realizan continuos movimientos destinados a mejorar posiciones en la línea de salida: se reparten codazos, se tiran zancadillas... Formalmente todos pretenden que el asunto no va con ellos, pero en la práctica están montando un penoso desfile de modelos presidenciables que no sólo enturbia la vida interna del PP sino que, además, y dicho sea con franqueza, es una pesadez.

Entiendo que Rodrigo Rato haya decidido dejar claro desde ahora mismo que no tiene la menor intención de participar en esa pelea.

Muchos dudan de su sinceridad. Yo no. Me parece una decisión inteligente. Cuando estemos en vísperas de las elecciones de 2004, tras dos años y pico de navajeo entre los aspirantes y de enigmáticos gestos de Aznar, lo más probable es que el campo de batalla de la sucesión aparezca cubierto de cadáveres políticos. Y Rato estará intacto. Sea para marcharse tranquilamente a labrar su predio, como afirma que hará -y como seguramente planea hacer-, sea para aceptar in extremis el encargo de convertirse en el jefe, por exclusión de todos los demás.

Por el momento sólo una cosa está clara: que Aznar la ha hecho buena.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/06 06:00:00 GMT+1
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2001/03/05 06:00:00 GMT+1

El enigma de las mesas

Comentaba el otro día mi perplejidad ante las afirmaciones de los dirigentes del PP y el PSOE, que insisten en que en el País Vasco no se puede ni votar ni hacer el recuento de votos en libertad. Y me preguntaba, en cuanto a la libertad de voto, qué impide a los votantes acudir al colegio electoral con la papeleta ya metida en el sobre, y, en lo relativo al recuento, cómo podrían arreglárselas los malos para adulterar el resultado de la votación sin que se apercibieran de ello los apoderados de los partidos perjudicados.

Hoy me he enterado de cuáles son sus problemas, en realidad. Según leo en El País, el PP ha ofrecido al PSOE sellar un pacto de infraestructura para las elecciones vascas porque... admite que no tiene militantes suficientes ni para asegurar el buzoneo masivo de papeletas en todas y cada una de las localidades de Euskadi ni para nombrar apoderados en todas las mesas electorales. Según noticias procedentes del propio partido de Aznar, en las anteriores elecciones vascas el PP dejó de cubrir el 50% de las mesas de Guipúzcoa y un tercio de las de Vizcaya.

De inmediato me he acordado de algo que me comentó hace meses una persona muy ligada a la fontanería de La Moncloa. Sus palabras se referían a Cataluña, pero valen también para Euskadi: «Es cierto que hemos mejorado bastante nuestros resultados electorales allí», me dijo, «pero no podemos hacer un trabajo directo y constante entre la población porque en la mayoría de las localidades todo nuestro aparato consiste en una oficinita y en un empleado que la atiende». Dicho en otras palabras: no son realmente un partido; constituyen más bien un reclamo electoral eventualmente eficaz, pero sin base social organizada.

Lo mismo le ocurrió a la UCD, y eso es lo que explica que pudiera pasar del todo a la nada en un abrir y cerrar de ojos.

Lo que el PP quiere es que el PSE, que cuenta con bastante más aparato en Euskadi -nada del otro jueves, pero, en fin, más-, le eche una mano, repartiéndose entre ambos la tarea. No -imagino- para el buzoneo de papeletas (sería bastante de coña ver a los militantes del PSOE echando por los buzones papeletas del PP), pero sí para la defensa de sus intereses conjuntos el 13 de mayo.

Allá Redondo Terreros, pero yo que él no lo haría. Bastante problema tiene ya con librarse de la imagen de chico de los recados de Mayor Oreja que está dando. Sólo le falta avenirse a hacerle efectivamente los recados.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/05 06:00:00 GMT+1
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2001/03/04 06:00:00 GMT+1

El árbitro

Comprendo la indignación de los barcelonistas. El Barça hubiera debido salir ayer vencedor del Bernabéu. El árbitro les arrebató una victoria que no sólo se merecían por juego, sino también por goles.

Su enfado jupiterino es razonablemente doble porque, de haber vencido ayer, habrían podido situarse en condiciones de aspirar nuevamente a la victoria en el Campeonato Nacional de Liga. Estarían a sólo 6 puntos del Real Madrid y por encima en el llamado goal average. Así, en cambio, se quedan a 9 puntos y con desventaja en caso de empate final a puntos.

Otra cosa es que tengan razón cuando hablan de «atraco» y de «robo». Eso implica dar por hecho que el árbitro fue parcial y actuó con mala fe, si es que no con ánimo de lucro.

Aunque los vericuetos inconscientes de la parcialidad pueden ser muy tortuosos, la verdad es que hasta la famosa jugada del minuto 92 no hubo en la actuación del árbitro del encuentro nada que moviera a sospecha. Estuvo bastante ecuánime.

Para mí, el verdadero problema está en el primitivismo del reglamento del fútbol y, más en concreto, del sistema de arbitrio, que pone toda su confianza en la capacidad de observación fulgurante de un solo hombre, haciendo depender de ella decisiones en las que se juega todo. A veces hasta miles de millones de pesetas.

Habría bastado con que el árbitro de ayer hubiera tenido la posibilidad de detener un momento el encuentro para acercarse no a un árbitro auxiliar tan despistado como él mismo, sino a una pantalla de televisión: habría visto que la pelota entró en la portería del Madrid tras tropezar en un jugador blanco, lo que convertía el gol en perfectamente legal y daba la victoria al Barcelona.

Hay en la actualidad deportes de alta competición en los que los jueces están auxiliados por complejos artilugios que no anulan, pero sí reducen enormemente su margen de error. Algunos llevan diminutos auriculares a través de los cuales reciben información procedente de otros árbitros que están viendo lo que ocurre en el terreno de juego a través de cámaras de TV situadas estratégicamente. Si los campeonatos de fútbol más relevantes dieran entrada a la alta tecnología, los errores arbitrales perderían la desmesurada importancia que tienen en la actualidad.

Algunos árbitros se defienden alegando que también los jugadores cometen muchos errores; que la equivocación es parte del juego. El argumento no vale. El error es parte del juego, ciertamente, pero los árbitros no están para jugar, sino para juzgar lo que otros juegan. No es posible tomar medidas reglamentarias que reduzcan la capacidad de error de los jugadores; sí la de los jueces.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de junio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/04 06:00:00 GMT+1
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2001/03/03 07:00:00 GMT+1

Qué suyos que son

Madrid, ayer, mediodía. Parece que el locutor del noticiario local -da igual de qué radio- tiene la mañana ocurrente. Afirma que se están produciendo retrasos en los vuelos con salida desde Barajas porque «se dice» (sic) que los pilotos de Iberia «están en huelga de celo, o trabajando a reglamento... o como ustedes quieran llamar a eso».

Y se queda tan ancho.

Es como si diera la noticia de un homicidio y dijera: «Se ha tratado de un asesinato, o de una acción en defensa propia... o como ustedes quieran llamar a eso».

Las huelgas de celo están expresamente prohibidas por la normativa laboral. «Trabajar a reglamento», en cambio, es todo lo contrario: atenerse a la ley.

Oigo en otra emisora que la dirección de Iberia se lamenta -off the record, eso sí- de los efectos negativos que tendría que los pilotos decidieran cumplir estrictamente el reglamento.

Concluyo de ello que los responsables de la más poderosa compañía aérea española propugnan que sus empleados no hagan mucho caso de la reglamentación que ella misma ha suscrito de cara a mejorar la seguridad de los pasajeros.

Qué disparate. Si entienden que tienen normas que sólo sirven para estorbar, refórmenlas, o quítenlas. Pero, si las consideran necesarias, no se quejen de que se cumplan. Al contrario: exíjanlo.

No siento debilidad alguna por el gremio de los pilotos de aviación. Mis simpatías están mucho más a ras de suelo. Pero si oigo un absurdo que les concierne, salto. Como ante cualquier otro absurdo.

Que los hay, y muchos.

¿No es algo parecido lo que pretende la dirección actual del PSOE, dispuesta a conformarse con la recién promulgada Ley de Extranjería siempre que el Gobierno se avenga... a no cumplirla, o a cumplirla a medias? Rodríguez Zapatero llama a eso «oposición constructiva». A mí me parece una entusiasta proclama en favor de la coña marinera. Si la Ley de Extranjería es un churro -que lo es, y monumental-, habrá que exigir su reforma. Pero no cabe reclamar al Gobierno que no trabaje «a reglamento». Más que nada, porque eso no encaja demasiado con la idea del Estado de Derecho.

Otrosí: ahora tenemos a los sindicatos la mar de enfadados porque el Ejecutivo ha decidido meter baza en la legislación laboral. Les parece indignante. Se ve que les molesta que no delegue sus funciones en ellos. Deben de pensar que si los políticos se dedican a hacer política y los legisladores a legislar, a ellos no les va a quedar más remedio que hacer sindicalismo, con lo que les gusta sestear instalados en el consenso. ¡Jopé, lucha de clases, a estas alturas!

Qué suyos que son. Los unos y los otros. Todos.

Javier Ortiz. El Mundo (3 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de marzo de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/03 07:00:00 GMT+1
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2001/03/03 06:00:00 GMT+1

El voto cautivo

Un senador del PP va a pedir que se tomen las medidas necesarias para que en las próximas elecciones vascas funcionen el voto y el recuento electrónicos. Sostiene que «sobre todo en los pueblos pequeños, en el País Vasco no hay libertad de voto» porque «los ciudadanos temen sufrir represalias de sus vecinos de ETA y de HB».

La verdad es que nunca he entendido esa cosa de la coacción sobre el voto, tan mentada en todas las vísperas electorales vascas. Vivan en una ciudad, en un pueblo o en una aldea, nada impide a los votantes acercarse al colegio electoral llevando en su bolsillo el sobre con la papeleta dentro. ¿Qué clase de coacción pueden sufrir en el trámite de depositar el sobre en la urna?

Veo todavía más difícil que pudiera falsificarse el recuento de votos a ese nivel. En todas las mesas electorales hay interventores de diferentes partidos. ¿Cómo podrían los de HB dar pucherazo sin que los otros se enteraran?

Por lo demás, el voto electrónico no sólo no resolvería el problema -caso de que existiera-, sino que lo agravaría. Por mucho que actuara a través de un ordenador, el votante tendría que empezar por identificarse y, a continuación, manifestar su opción electoral abiertamente, con lo que los interventores nombrados por «sus vecinos de ETA y de HB», como dice el senador, no tendrían problema alguno para saber de qué pie cojea cada electrovotante de su pueblo. ¡Vaya un avance!

No deja de resultar curioso que, en todos los años que lleva hablándose de este asunto del voto impuesto, no se haya presentado jamás ni un solo recurso ante ninguna Junta Electoral denunciando algún caso concreto de coacción.

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Ayer, los diputados del PP, del PSOE y de Unidad Alavesa en el Parlamento de Vitoria también se lanzaron a la carga con este argumento. «En el País Vasco no se puede votar libremente», dijeron.

¿Qué sentido tiene tanta insistencia?

Mucho me temo que estén preparándose para el caso de que las elecciones del 13 de mayo les salgan mal.

Durante dos años, todo su discurso político se ha basado en la reclamación de elecciones. Las elecciones como remedio universal.

Si dentro de dos meses salieran derrotados por las urnas, se quedarían con una mano delante y otra detrás.

Se aprestan para responder a ese eventualidad. Para decir, si llegara el caso, que las elecciones no han sido libres y que, por lo tanto, no aportan la suficiente legitimidad democrática a los vencedores. Y a seguir en las mismas.

¿Que eso volvería insoportable la situación política vasca? Desde luego. Pero no creo que se avinieran a retroceder. Han ido ya demasiado lejos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/03 06:00:00 GMT+1
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2001/03/02 06:00:00 GMT+1

De coña

Juan Sol, piloto de Iberia y buen amigo de esta página, me mandó anteayer un correo electrónico para contarme un incidente que había tenido la víspera con una periodista de Telemadrid.

La buena chica se le echó encima sin previo aviso en el aeropuerto de Barajas, alcachofa en mano y cámara por detrás, para pedirle explicaciones por una presunta huelga de celo que, según había publicado El País, están aplicando los pilotos. Así que logró reponerse del susto, Juan le respondió que las huelgas de celo están expresamente prohibidas por la legislación laboral.

Su respuesta no arredró a la audaz reportera, que volvió a la carga: «Bueno, entonces formularé mi pregunta de otra manera: ¿es verdad que están ustedes aplicando el reglamento a rajatabla?». A lo que Juan contestó del modo más sensato del mundo: «Señorita, los pilotos de Iberia siempre aplicamos el reglamento a rajatabla. Yo jamás compraría un billete de una compañía, ni para mí ni para mi familia, si supiera que sus pilotos no cumplen con las normas».

Ella no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente, así que contratacó: «Pero sus directivos dicen que, si se aplica el reglamento estrictamente, eso provoca retrasos...».

Es realmente fantástico: los directivos de Iberia reconocen alegremente que la compañía ha promulgado un reglamento... ¡con la esperanza de que no se cumpla!

Curioso país éste.

Ayer escuché a Cándido Méndez acusar al Gobierno de haber torpedeado la reforma laboral: «Amenazó con actuar por su cuenta», dijo. ¡Tremenda amenaza! ¡Intolerable pretensión! ¿Adónde iremos a parar, si el poder ejecutivo osa ejecutar y el poder legislativo se empeña en legislar? ¡Van a obligar a los sindicalistas a hacer sindicalismo!

Estos dirigentes sindicales de opereta están tan acostumbrados a vivir instalados en el consenso de las narices –y a cobrar del Estado por ello– que se sienten incomodísimos ante la perspectiva de tener que luchar por los derechos de los trabajadores.

Otro tanto está ocurriendo con la Ley de Extranjería y la dirección del PSOE, dispuesta a aceptar el texto promulgado por el PP siempre que el Gobierno se avenga... a no cumplirlo.

Nicolás Redondo (padre) proporcionó hace años la definición más científica de este género de comportamientos, tan típicamente españoles: «Este país es de coña», dijo.

Vaya que sí.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de marzo de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/02 06:00:00 GMT+1
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