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2001/03/17 06:00:00 GMT+1

La victoria imposible

Volví a ver ayer Spartacus (o sea, Espartaco, pero en versión original).

Supongo que acabaré sabiéndomela de memoria.

Como algunas otras grandes películas -Casablanca, El tercer hombre-, la magia de ésta se basa también en el conflicto de intereses del que nació.

Stanley Kubrick buscaba, sobre todo, el espectáculo. Quería demostrar -y demostrarse- que era capaz de hacer una gran superproducción. «La película más cara de la Historia», decía la publicidad. «Supera a Ben Hur». ¡A Ben Hur!

Kubrick deseaba hacer una película de romanos. La mejor. Y lo consiguió.

El guionista, Dalton Trumbo, respondía a otras motivaciones. Por aquel entonces, Trumbo ni siquiera podía figurar oficialmente en los títulos de crédito de la película, porque el Tribunal de Actividades Antiamericanas le había prohibido trabajar en Hollywood. Declarado izquierdista, a Trumbo lo que más le interesaba de la novela que inspiraba la película era el enfrentamiento social entre los esclavos y la Roma patricia que relataba. Un enfrentamiento que él -como tantos otros anteriores lectores del texto, entre ellos Carlos Marx- tomaba como símbolo del eterno combate entre opresores y oprimidos.

Es en esa clave como hay que entender los diálogos del filme, algunos de una belleza y una lucidez verdaderamente sublimes.

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«Siento que hemos empezado algo que nunca tendrá final», dice Espartaco.

Ésa es la esencia de la lucha contra la opresión: un viaje sin destino posible.

Es un combate en el que cabe obtener algunas victorias, incluso algunas victorias importantes, pero nunca la Victoria. Jamás el triunfo definitivo.

La codicia humana y la sed de poder afloran siempre de nuevo, y vuelven a imponerse bajo unas u otras formas. Incluso, a menudo, de la mano de quienes encabezaron el anterior combate.

En una Naturaleza sometida a la ley de la supervivencia del más fuerte, la prevalencia del débil es forzosamente efímera.

¿Vale entonces la pena luchar? Espartaco responde: «Sólo con habernos enfrentado a ellos, ya vencimos en parte».

Exacto.

Como es igual de exacta la afirmación formalmente contraria: aquél que no sabe si enfrentarse a la injusticia porque duda de las posibilidades de acabar con ella ya está derrotado.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/17 06:00:00 GMT+1
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2001/03/16 06:00:00 GMT+1

Todos contra Marcos

Me parece perfectamente razonable que los adalides de la Ley y el Orden se muestren preocupados por el fenómeno social que representa el zapatismo y que hagan cuanto puedan para desprestigiarlo: les pagan por eso; es su función. Estoy seguro de que al subcomandante Marcos esas diatribas le resultarán tranquilizantes: lo que sería sospechoso es que hablaran bien de él. «Ladran, luego cabalgamos».

A cambio, me resultan patéticos los que se pretenden críticos de la organización social vigente a escala mundial y la emprenden contra los zapatistas acusándolos de no ser lo suficientemente radicales. «¡Vaya un Ejército, que ni siquiera hace la guerra!», salta el uno. «¿Y la patochada esa del líder con capucha?», se ríe el otro. «Pero, ¿habéis leído las cursiladas que escribe?», tercia el de más allá. «¡Ésos tienen de indígenas lo que yo de obispo! Pero si son una banda de hijos de papá jugando a soldaditos!», se mofa el de la esquina. «¡Son un subproducto mediático!». «¿Y sus defensores europeos y norteamericanos? ¡Todos figurines de hotel de cinco estrellas!».

Oyéndolos -y leyéndolos- me acuerdo de la historia de una señora de mi barrio, allá por los 60. La mujer, nueva rica, iba por ahí contando las virtudes del estupendo coche que se había comprado. «¡Es un Alfa-Romero!», decía. Y todo el mundo se partía de la risa.

«¿Has visto lo de Fulanita! ¡Dice que tiene un Alfa-Romero!», soltó un buen día uno que estaba en un bar junto a nosotros. Y un amigo mío, chaval de pensamiento bastante vitriólico, le respondió: «Sí, es verdad; no sabe cómo se llama. Pero lo tiene.»

Los críticos radicales de Marcos y los suyos saben que es una tontería autotitularse subcomandante y que no tiene sentido montar guerrillas, y menos guerrillas que ni siquiera hacen la guerra; escriben mucho mejor que él (por lo menos eso se creen ellos); se cachondean del izquierdismo de Vázquez Montalbán y de Saramago (preferentemente a sus espaldas); son hostiles a los fenómenos mediáticos (salvo cuando los aparatos mediáticos les hacen un hueco a ellos)... pero no mueven un puñetero dedo para contribuir a que las masas desheredadas del mundo entero, que malviven en situaciones angustiosas, alcancen una situación de elemental dignidad. Están demasiado ocupados regalando el oído de los mandamases con sus discursos radicalmente críticos.

Marcos no sabrá cómo se cambian de verdad las cosas, pero está contribuyendo con todas sus fuerzas a cambiarlas.

A todos estos ex-marxistas que se han especializado en adornar con un toque de radicalidad las fiestas de la gente de orden les recordaría lo que escribió su viejo mentor: «Cada paso en el movimiento real vale más que una decena de programas».

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/16 06:00:00 GMT+1
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2001/03/15 06:15:00 GMT+1

El jardín

Se denomina «jardín», en el argot del periodismo radiofónico, a los líos en que a veces se meten los locutores que tienen que improvisar. De repente, ni ellos mismos se acuerdan de lo que tenían que decir, o pierden el hilo de la frase, o se dan cuenta de que han metido el cuezo y no saben cómo salir, y cada vez lo lían más. Eso es «meterse en un jardín».

Retransmisión del partido de fútbol Spartak de Moscú-Olimpique de Lyón, anoche, por Vía Digital. El árbitro señala penalty a favor del Olimpique. El locutor lo comenta: «Se dispone a tirar el penalty Anderson... Tira... ¡Ha parado!».

Sólo que de eso, nada. Salvo él, todos los demás hemos visto que Anderson ha metido el gol.

El propio locutor, horrorizado, comprende inmediatamente que se ha equivocado. Más que nada porque los jugadores del Olimpique se abalanzan sobre Anderson para abrazarlo, cosa que rara vez se hace con los que fallan los penaltis.

Pero nuestro locutor no está dispuesto a reconocer su pata de banco, así que prosigue: «Sí, sí.... Ha parado... los corazones de los seguidores galos..., eso, sí, ha parado sus corazones. Ha parado los corazones de los cientos de los seguidores franceses...».

Pausa para tragar saliva. Continúa: «¡Qué penalty tan misterioso!».

Y de remate: «Bueno, la verdad es que el portero estuvo a punto de pararlo».

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

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2001/03/15 06:00:00 GMT+1

El coche parado

He quedado a cenar lejos de mi casa. Me dirijo en coche al punto de cita. Conduzco algo nervioso: soy de una puntualidad enfermiza y voy justo de tiempo. La circulación por el centro de Madrid es normal, es decir, mala.

El semáforo se pone en verde pero la fila de coches no avanza. Me asomo para ver qué pasa. Hay una furgoneta en doble fila con la puerta abierta que tapona uno de los dos carriles de la calle. Impaciente, hago sonar el claxon. «Qué jeta tienen, siempre igual. ¡Los demás les importamos un bledo!», me digo. Algunos conductores me imitan. Pronto se organiza un buen concierto de bocinas.

Veo que junto a la furgoneta hay una agente de la Policía Municipal. Otra está dirigiendo la circulación para convertir las dos filas de coches en una sola. Al final consigo reemprender la marcha.

Me dispongo a echar una mirada de reproche al conductor de la furgoneta. Veo que está sentado en su asiento con las piernas hacia la calle.

Ya está: lo tengo al lado. Lo miro. Es un hombre trajeado, de unos 40 años. Tiene los ojos fijos, dirigidos hacia la noche madrileña.

Compruebo que yo tenía razón: los demás le importamos un bledo.

Está muerto.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/15 06:00:00 GMT+1
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2001/03/14 07:00:00 GMT+1

Euskadi lo tapa todo

Metido de lleno en la conclusión de un libro -es lo que los escribidores solemos hacer por estas fechas-, repaso la totalidad de lo que llevo escrito en el último curso: para El Mundo, para el Diario que llevo en Internet, para revistas varias, para charlas y conferencias... Me asusto yo mismo: de las cerca de 600 páginas que completo, casi la mitad tienen que ver con el problema vasco.

Es a todas luces excesivo.

Me pregunto sobre qué hubiera escrito, caso de no existir eso que los pedantones de mi tierra llaman «el contencioso». Concluyo que me hubiera animado a hincar el diente en serio a muchas otras realidades, problemas y conflictos, locales y foráneos: la inmigración, la crisis alimentaria, la errática Unión Europea, esa nebulosa que se dice «la izquierda», el fraude de la narrativa española actual, las mujeres afganas (y los monumentos afganos), el patético estado de la enseñanza pública en China, el Sáhara preterido, la deprimente Federación Rusa, el terrorismo en América Latina, los sin tierra de Brasil, los indígenas de México, la coña del sistema financiero internacional y de las nuevas tecnologías, El Ejido, la singular sintaxis y el creciente malhumor de Aznar, el abandono del África subsahariana... Y la sexualidad juvenil, y la sexualidad senil, y los teléfonos móviles, y los juegos de ordenador, y el tabaco, y el porvenir de Iberia, y las cuentas de Arias Cañete...

De casi todo eso he dicho algo, pero ¡tan poco! A cambio, he estudiado con lupa todos los comunicados de ETA, he analizado mil veces los debates internos de HB y EH, he pasado por el tamiz cada gesto de Mayor Oreja, he entrado al trapo de todas las polémicas sobre Lizarra, el PNV, Udalbiltza, el pacto PP-PSOE, las manifestaciones en pro y en contra...

Si aún fuera cosa exclusivamente mía, con hacérmelo mirar podría estar todo resuelto. Pero es que la proporción -la desproporción- alcanza dimensiones colectivas. Varía lo que unos y otros decimos; no de qué hablamos.

Euskadi es un gran problema, sin duda. Varios grandes problemas. Pero el conflicto vasco es también la tapadera que oculta un sinfín de otros problemas, igual de importantes -o más- para la existencia concreta de millones de humanos, de aquí mismo o de justo al lado, que es ya lo mismo.

Haría de tripas corazón y volvería una y otra vez a la carga con el monotema si pensara que insistiendo en él iba a conseguir algo: algún avance, una cierta aproximación, una mano tendida, algo de raciocinio, una pizca de sensatez. Pero es que, además, ni eso.

Así que para qué. Casi mejor dedicarse a hablar más del resto de la vida.

Y de todas las demás muertes.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de marzo de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/14 07:00:00 GMT+1
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2001/03/14 06:00:00 GMT+1

Euskadi lo tapa todo

Metido de lleno en la conclusión del libro que se va a publicar con una amplia selección de los apuntes de este Diario, repaso la totalidad de lo que llevo escrito en el último curso: para El Mundo, para el propio Diario, para algunas revistas, para charlas y conferencias... Me asusto yo mismo: de las cerca de 600 páginas que suma, casi la mitad tienen algo que ver con el problema vasco.

Es a todas luces excesivo.

Me pregunto sobre qué hubiera escrito, caso de no existir eso que los pedantones de mi tierra llaman «el contencioso». Concluyo que me hubiera animado a hincar el diente a muchas otras realidades, problemas y conflictos, locales y foráneos: la inmigración, la crisis alimentaria, la errática Unión Europea, esa nebulosa que se dice «la izquierda», el fraude de la narrativa española actual, la pena de muerte, las mujeres afganas (y los monumentos afganos), el caos en que ha quedado sumida la ex Yugoslavia, el estado de la enseñanza pública en China, con el profesorado y el alumnado sometidos a trabajos forzados, el Sáhara preterido, la deprimente depresión -y no me disculpo por la redundancia, porque no la hay- en que malvive la Federación Rusa, el terrorismo en América Latina -en todas sus variedades-, los sin tierra del Brasil, los indígenas de México, la coña del sistema financiero internacional y de las nuevas tecnologías, la estación Mir, El Ejido, la singular sintaxis y el creciente malhumor de José María Aznar, el espantoso abandono del África subsahariana... Y la sexualidad juvenil, y la sexualidad senil, y los teléfonos móviles, y los juegos de ordenador, y el tabaco, y el porvenir de Iberia, y las cuentas de Arias Cañete...

De casi todo eso he dicho algo, pero ¡tan poco! A cambio, he estudiado con lupa todos los comunicados de ETA, he analizado mil veces los debates internos de HB y EH, he pasado por el tamiz cada uno de los gestos de Mayor Oreja, visibles o disimulados, he entrado al trapo de todas las polémicas sobre Lizarra, el PNV, Udalbiltza, el pacto PP-PSOE, las manifestaciones pro esto y contra aquello...

Si aún fuera cosa exclusivamente mía, con hacérmelo mirar podría estar todo resuelto. Pero es que la proporción -la desproporción- alcanza dimensiones colectivas. Varía lo que unos y otros decimos; no de qué hablamos.

Euskadi es un gran problema, sin duda. O varios grandes problemas. Pero el conflicto vasco es también la tapadera que oculta de la vista de la opinión pública un sinfín de otros problemas, igual de importantes, no menos trascendentes... o aún más trascendentes para la vida de millones de humanos, de aquí mismo o de justo al lado, que todo es ya lo mismo.

Haría de tripas corazón y volvería una y otra vez a la carga con el monotema si pensara que insistiendo en él iba a conseguir algo: algún avance, una cierta aproximación, una mano tendida, algo de raciocinio. Pero es que, además, ni eso.

Así que para qué. Es preferible hablar más del resto de la vida.

Y de las demás muertes.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/14 06:00:00 GMT+1
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2001/03/13 06:00:00 GMT+1

Quisiera ser Eric Clapton

Yo escribo. Digo lo que pienso. Me publican. Supongo que deberé considerarlo una suerte. Pero como digo lo que casi nadie quiere oír, me tiran a degüello.

Y paso miedo. Entendámonos: un miedo mezquino, pequeñín. Nada épico. Miedo a que me echen a patadas de todas partes, a no tener para comer, a que por fin se den cuenta de que no les valgo para nada y a que me dejen tirado junto al primer sumidero que les pille cerca.

Eric Clapton toca la guitarra. Y canta.

Si está alegre, ataca I Ain't Gonna Stand For It, y disfruta como una fiera. Se enrolla con el coro, da cien voces. Es una fiesta. Y si se siente triste, o evocador, se mete en el Son & Sylvia, se instala un rato en la melancolía, se apoya en la armónica de Billy Preston y en la suavísima percusión de Paulinho da Costa, y le queda también precioso. Y luego, si le viene en gana, se despide cantando Over the Rainbow, como hizo la otra noche en Barcelona.

El público aplaude entusiasmado.

Aplaude la izquierda. Aplaude la derecha. Aplaude el centro.

Aplaudo yo también. Y todos con razón, porque es genial. Porque toca y canta lo que todos queremos oír.

Hecho lo cual, cobra su pasta, se va a casa y duerme a pierna suelta.

Supongo.

Dios, lo que daría por ser Eric Clapton.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/13 06:00:00 GMT+1
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2001/03/12 06:00:00 GMT+1

¡Por fin un árbitro arbitrario!

Hablaba ayer por la mañana de los arbitrajes futbolísticos influidos por el poder. No sabía lo que me iba a deparar la tarde.

Empecé viendo el Real Madrid- Real Sociedad. Por televisión, claro. Llevaban jugando -llevaba el Real Madrid jugando, para ser exactos- un cuarto de hora, cuando decidí olvidarme de semejante bodrio. Me dije: «Esto acaba 8-0, y sin fútbol». Parece que acabó 4-0. En lo que no podía equivocarme era en lo del 0. Un equipo que nunca tira contra la portería contraria sólo puede anotar goles si cuenta con espías en el conjunto contrario que marquen los tantos en su propia meta.

Pero el presupuesto de la Real no da para espías. Al parecer, no da prácticamente para nada.

Hastiado de la Real, me pasé al Alavés-Rayo Vallecano. ¡Sublime decisión! Asistí al espectáculo más cómico que haya contemplado en los últimos años. ¡Dios mío, qué árbitro! ¡Qué tío más genial! Como dicen en mi pueblo pateando el diccionario: «¡Lo que me pude reír!». Éste no estaba ni comprado ni vendido, ni influido ni prejuiciado, ni obcecado ni acobardado: estaba, directamente, como una regadera. Pitaba lo que se le ponía, con independencia de lo que estuvieran haciendo los jugadores. Cada dos minutos sacaba una tarjeta, y si alguien había hecho algo parecido a una falta, se la enseñaba a él, y si no, a cualquier otro. No sé si quedó algún jugador sin su correspondiente tarjeta. Nada sectario: fue de lo más democrático en materia de sanciones. Incluso pensé en la posibilidad de que se enseñara tarjeta roja a sí mismo.

La gente que va a los campos de fútbol funciona a piñón fijo. Quiere ver fútbol. No aprecia las variaciones revolucionarias de escenario y de guión. Por eso el público de Mendizorroza se enfadó, en lugar de aplaudir entusiasmado el espectáculo.

También los jugadores se enfadaron. Los de los dos equipos. De hecho, se pusieron de acuerdo para no atizar más el fuego, para que aquello no acabara con muertos y heridos. Dejaron de pegarse entre sí y optaron por coordinarse para aplacar al árbitro, que constituía el principal peligro. A veces se dice: «Los jugadores no ayudaron al árbitro». En este caso hay que decir que menos mal que no le ayudaron: de hacerlo, aquello se convierte en un holocausto.

¿Estaba borracho, drogado, idiotizado, enfadado con la vida? No lo sé. Me da igual. Me proporcionó un espectáculo insólito, y con eso me basta.

Luego estuvo el arbitraje del Barça-Mallorca. Allí parece que el árbitro hizo la puñeta a los de Aragonés. Bah, sin ningún interés: eso es lo de siempre. Inclinándose del lado del fuerte.

Lo de Vitoria sí que fue diferente. Sublime. Puro dadá.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/12 06:00:00 GMT+1
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2001/03/11 06:00:00 GMT+1

«La suerte de los campeones»

Me preguntan de «El Mundo» si creo que el Real Madrid se ve favorecido por los arbitrajes. Respondo que sí.

Me piden que lo razone por escrito. Les envío el texto siguiente:

No creo que el Real Madrid compre a los árbitros. Ya no.

Sé que hubo un tiempo de maletines. Todos lo sabemos. También recuerdo lo del equipo arbitral del España-Malta, con víspera de jarana, tablao y señoritas. Era otra modalidad.

Supongo que todo ese cutrerío se ha acabado. Se sabría, si no. Ahora los árbitros ganan lo suficiente como para no tener que mendigar.

Pero hay diferentes tipos de favoritismo. Está el descarado, nacido del soborno, o del chantaje. Y está el inconsciente, fruto del miedo reverencial al poderoso.

¿Alguien cree que la Justicia -la otra, la de los tribunales de verdad- es realmente ciega, igual para el rico que para el pobre? No hace falta convertirse en Estevill para dejar que la balanza se incline del lado más conveniente. O del menos peligroso. Muchos jueces temen verse en el viacrucis de Liaño. Es comprensible.

Meterse con el fuerte resulta peligroso. Lo sabe todo el mundo.

Miren ustedes las estadísticas. El Real Madrid es un equipo espectacularmente poco tarjeteado. Y eso que cuenta con un defensa como Roberto Carlos, que entra al balón con una rotundidad que para sí quisieran los guerreros gurkas. Y con otro -Fernando Hierro- que es ontológicamente incapaz de saltar a por el balón sin lanzar el codo en dirección a la cara del contrario. ¿Es casualidad que no sean sancionados, cada cual por razones diferentes, un partido de cada dos? ¿Fueron casuales los cómicos esfuerzos que hubo de hacer Figo el pasado martes para que el árbitro le sacara la tarjeta amarilla de una puñetera vez, que era lo que él quería para quedar impoluto de cara a la fase final de la Liga de Campeones? ¡Si no les enseñan la tarjeta ni cuando lo buscan deliberadamente!

Los árbitros -principales o auxiliares- no son de piedra. Cuando arbitran al Real Madrid -o al Barcelona, o al Milán: a uno de los grandes, de los más grandes- saben que están ante un equipo que tiene mucho poder, mucha influencia, muchos seguidores y mucha prensa. Que si se equivocan y lo perjudican gravemente pueden arruinar su carrera. O quedar marcados para siempre y que cada partido posterior que arbitren no falte el comentarista de turno que recuerde: «Este árbitro es aquel que...».

Nadie dirá nunca: «Este es el árbitro que anuló un gol legal al Compostela». Ni: «Estamos ante el hombre que pitó un fuera de juego injusto al Villarreal». También saben que nadie dirá: «Este es el árbitro que no expulsó al gran Fulanito, pese a que escupió alevosamente a un jugador del Rácing».

Pero, por Dios, dejémonos de bobadas: ¿cuesta tanto admitir que los poderosos siempre juegan con ventaja, en esto como en todo?

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (11 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de marzo de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/11 06:00:00 GMT+1
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2001/03/10 06:00:00 GMT+1

La «solución Mayor Oreja»

Es lugar común en los corrillos político-periodísticos de la capital del Reino: hay que dar una oportunidad a Mayor Oreja y ayudarle a convertirse en lehendakari. «Ibarretxe ha fracasado; ahora le toca a Mayor», se argumenta.

Prueba de que Ibarretxe ha fracasado: ETA sigue en las mismas, si es que no en peores. Ejemplos recientes: el robo de 1.600 kilos de explosivos en Grenoble y el atentado de anteanoche en Hernani.

Pero, que yo sepa, el Gobierno de Ibarretxe no tiene jurisdicción en Grenoble. Y el muerto de Hernani era un ertzaina del PNV.

«Hay que dar una oportunidad a Mayor Oreja», sostienen. Querrán decir que hay que darle otra oportunidad, porque una ya la ha tenido, y bien importante.

Ha sido ministro del Interior durante cinco años. Ha contado con más medios que nadie para actuar contra ETA. Medios políticos, policiales, internacionales, judiciales, mediáticos. Ha dispuesto de ellos tanto en el conjunto de España, en general, como en Euskadi, en particular: cuando ha querido movilizar a las Fuerzas de Seguridad del Estado en territorio vasco, lo ha hecho, fuera por iniciativa directa o por intermedio de la Audiencia Nacional.

¿Qué podría hacer al frente del Gobierno de Vitoria que le haya estado vedado como ministro? ¿Alguien cree que será capaz de desarticular más comandos como lehendakari que como responsable de Interior? ¿Que descubrirá con más facilidad la infraestructura de ETA en Madrid? ¿Que conseguirá más colaboración del Gobierno francés?

En lo que se refiere a ETA -estrictamente a ETA- no podría hacer nada que no haya estado ya en condiciones de hacer. Y que no haya hecho, con los resultados que todo el mundo conoce.

No dudo de su capacidad de iniciativa. Doy por hecho que, si llegara a Ajuria Enea, tomaría muchas medidas. Algunas ya se las están sugiriendo sus amigos. Imagino que trataría de cambiar el sistema educativo. O transferiría la competencia al Gobierno central, según la muy constitucional idea de Francisco Vázquez. Supongo también que propondría reducir drásticamente la ayuda oficial a la enseñanza del euskara, y a las expresiones culturales en vascuence, porque ya se sabe cómo son esas cosas: semilleros de nacionalistas, ergo de separatistas, ergo de terroristas. Doy por hecho que suprimiría los repetidores de EITB en Navarra y forzaría una tajante reconversión de la Radiotelevisión vasca, que está llena de alevines. De alevines de cualquiera sabe qué: de todo.

Nada de eso acercaría el fin de ETA, desde luego, pero a cambio dejaría en evidencia a quienes afirman que no es posible crispar todavía más la vida social vasca.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (10 de marzo de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de marzo de 2003.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/03/10 06:00:00 GMT+1
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