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2001/08/19 06:00:00 GMT+2

El absurdo de la carretera

Ciento y pico automóviles implicados en una colisión múltiple a la altura de Honrrubia. Mañana pasaré por allí, camino de Aigües, para dejar que transcurra el tramo final de mis vacaciones estivales.

Escucho a uno de los conductores implicados en el accidente, que ha producido un muerto y decenas de heridos: «Había mucha niebla. Se produjo un frenazo brusco y, claro, di al de delante, y el de detrás me dio a mí».

¿Claro?

Si hubiera respetado la distancia de seguridad, habría tenido tiempo de frenar.

Lo mismo que los que iban por detrás de él.

Conducir pegado al coche de adelante es una temeridad, incluso en las mejores condiciones de visibilidad. Hacerlo con niebla espesa equivale a jugar a la ruleta rusa. Sin embargo, es de lo más corriente entre los conductores españoles.

Para mi desesperación. Porque yo soy de los que respetan escrupulosamente esa distancia. No por veneración al Código, sino por miedo. Pero me sirve de muy poco: en cuanto el de atrás ve que dejo hueco, me adelanta y se me pone en medio. Con lo que agarro unos rebotes de mucho cuidado.

En España son poquísimos los conductores que adoptan la precaución de reservarse el espacio necesario para frenar, en caso de necesidad, sin colisionar por alcance con el vehículo que les precede. La prueba más evidente la tenemos en el accidente de ayer: ¡más de cien coches empotrados!

Lo cual confirma mi tesis, tantas veces repetida: el descarado fomento que nuestra sociedad hace del transporte privado, en detrimento del público, es un acto de irresponsabilidad mayúscula. Supone poner millones de armas letales en manos de otros tantos inconscientes.

Ahora, eso sí: da mucho dinero a los fabricantes.

Rubinstein y yo

Decía Arthur Rubinstein que si, por lo que fuera, dejaba de tocar el piano durante cuatro días, lo notaba el público en general; que si dejaba de tocarlo durante tres días, lo notaba el público con mayor sensibilidad musical; que si el plazo era de dos días, lo notaban los críticos, y que, si era de un día, lo notaba él.

Desde el pasado martes apenas he escrito. No sé qué pensarán del apunte anterior el público en general, el público más entendido y los críticos, pero a fe que lo he notado yo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/19 06:00:00 GMT+2
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2001/08/18 06:00:00 GMT+2

La democracia imperfecta

Manuel Chaves ha pedido a Jesús Gil que dimita «si le queda algo de dignidad».

Ignoro en qué puede basarse el presidente andaluz para apelar a tan estrafalaria hipótesis. El alcalde marbellí le ha respondido recordándole que, en las democracias, es el electorado el que decide quién ocupa los cargos públicos. Y tiene razón. De Gil y Gil se podrá decir cualquier cosa, pero no que acudiera a las urnas fingiendo ser lo que no es. El intento hubiera sido inútil: su carácter resulta indisimulable. Los marbellíes que le dieron su apoyo sabían perfectamente a qué clase de individuo respaldaban. Otra cosa es que puedan cansarse de él. Eso se verá en la siguiente votación.

Uno de los tópicos más irritantes de la panoplia argumental de los políticos del establishment es ése que pretende que «el electorado es sabio». Acaba de circular la noticia de que Carlos Saúl Menem y su secretario personal montaron una empresa de lavado de dinero negro con sede teórica en Baleares: un tinglado ilegal de miles de millones. Otro que tal baila. ¿Alguien puede pretenderse sorprendido por lo que va sabiéndose del expresidente argentino? Su aspecto inconfundible de mafioso le ha acompañado desde siempre. Cuando fue elegido presidente, su nombre ya había aparecido varias veces mezclado con asuntos de turbiedad supina.

Igual que Yeltsin, de cuyo ascenso al estrellato exsoviético se cumplen ahora 10 años. Por aquí tardamos algún tiempo en conocer sus peculiaridades, pero los rusos sabían de sobra qué clase de personaje era. Sabían que dividía su empleo del tiempo entre el vodka y el nepotismo. Si Boris Yeltsin no acabó en la cárcel fue sólo porque, siguiendo el modelo de la transición española, la clase dirigente rusa optó por cubrir el pasado con un manto de silencio cómplice. Un silencio destinado, en parte, a absolver también a los muchos ciudadanos rusos que lo habían aupado a la cima del Poder con su voto, pese a saber de sobra que no era trigo limpio.

Hay políticos corruptos -muchos- que aciertan a envolverse en un halo de honradez que engaña al común de los ciudadanos. Parecen gente honesta, aunque estén trincando como fieras a escondidas. Su designación tampoco es una prueba de que el electorado sea muy sabio -de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno- pero, por lo menos, es un error parcialmente excusable. Hay otros políticos, en cambio, que presentan su zafiedad y su falta de escrúpulos sin el más mínimo pudor, y a veces también salen elegidos. En ese caso, es imposible respetar la presunción de inocencia de los electores. No son tontos; son cómplices. No mitifiquemos las urnas. La democracia puede producir monstruos, vaya que sí. De hecho, constituye un sistema de elección extremadamente imperfecto. Basta con que los votantes anden flojos de principios. Lo único que salva a la democracia es que los demás sistemas ensayados hasta ahora han resultado todavía peores.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (18 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/18 06:00:00 GMT+2
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2001/08/14 06:00:00 GMT+2

Cerrado por despiste

Son cosas que pueden ocurrir. Por lo menos, a mí me ocurren. El caso es que ayer recogí muy bien todos los bártulos en Aigües para emprender viaje, lo dejé todo muy ordenadito, guardé mi PC portátil en su bolsita, hice copias de todos los archivos necesarios para renovar cada mañana la página web en plan ambulante... y me olvidé de meter el aparato que conecta el portátil a la red eléctrica. Como quiera que el cacharro tiene una batería cuya autonomía es sólo de unas pocas horas, es como si no hubiera cogido nada.

Hoy estoy en Madrid, lo que me permite trabajar desde mi base principal de operaciones, pero dentro de nada salgo nuevamente de viaje y no regresaré a Aigües hasta el lunes que viene. De modo que lo más probable es que no pueda actualizar la página en lo que queda de semana.

A cambio, he podido meter de nuevo las secciones de discos y humor, lo mismo que «El cuaderno de Nacho Moreno».

Bueno, pues que eso: que si me meto en alguna tienda de ésas que permiten conectarse con Internet y consigo acceder al ftp de mi página -si recuerdo todas las claves necesarias para ello, etcétera-, lo mismo escribo algo en el Diario durante estos días. Y si no, pues hasta el martes que viene: me doy una semana de vacaciones internáuticas, y a ver cómo llevo el mono.

Cerrado por despiste.

En todo caso, lo seguro es que el martes que viene no falto a la cita. Vivo o muerto.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/14 06:00:00 GMT+2
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2001/08/13 06:00:00 GMT+2

Gescartera, el timo de la estampita

Lo de Gescartera guarda un cierto parecido con el timo de la estampita: todos los estafados lo han sido por culpa de su deseo de hacer dinero fácil. El tal Camacho les hablaba de sus excelentes contactos con los organismos rectores de la Bolsa -que los tenía: eso está ya más que claro- y ellos le daban gustosamente sus millones, confiados en que jugaban con ventaja.

No me extraña que algunos de los timados hayan preferido no dar la cara. Seguro que el origen del dinero que invertían estaba tan poco claro como sus intenciones bursátiles. También en eso se mantiene el parecido: muchos de los timados con las estampitas también optan por silenciar su fiasco, para no quedar en evidencia. Prefieren que no se sepa que han sido timados cuando ellos mismos estaban tratando de timar.

Lo que me parece grotesco, e indicativo del nivel de inteligencia de buena parte de la clientela de Gescartera, es que esa gente se dejara sacar el dinero confiando en que Camacho trabajaba con información privilegiada. Si los directivos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores hubieran sabido cómo ganar en Bolsa sin riesgo, se habrían reservado la información para su exclusivo beneficio. No los supongo tan tontos como para vender duros a dos reales.

La comparación con el timo de la estampita tiene otro fundamento más: la amplia presencia de la Iglesia en la lista de estafados. Es un timo con estampitas de las de verdad, con sus beatos, sus santos y sus vírgenes. Cada vez aparecen más eclesiásticos implicados en el escándalo. Todos protestan que se metieron en él de buena fe, y no seré yo quien discuta sobre la calidad de su fe, tratándose de religiosos. Pero parece claro que no todos los hábitos que visten los servidores de la Iglesia de Roma son de tela: algunos tienen también el hábito de especular con la tela. Quizá por aquello de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

Partiendo del axioma de que sólo invierte o ahorra aquel que tiene de sobra, parece indiscutible que a algunos integrantes de la Iglesia española les sobra mucho. O, por lo menos, disponen de mucho.

Lo mismo cabe decir de la ONCE y de todas esas ONG que figuran en la nómina de perjudicados de Gescartera. ¿Oenegés a las que les sobra el dinero? Lagarto, lagarto. Se supone que un chiringo de ese tipo debería llegar a fin de año con la cuenta de gastos nivelada con la de ingresos.

Una organización sin ánimo de lucro no hace ese género de operaciones. Porque ese género de operaciones se caracteriza, específicamente, por su ánimo de lucro.

Aviso de régimen interno.- Esta semana voy a andar, como dicen los campesinos de por aquí, «como cagallón por acequia». O sea, sin parar, de un lado para otro. Salgo dentro de un rato para Madrid, mañana para San Sebastián, el jueves para Santander, el sábado nuevamente para Madrid... Es posible que algún día no me dé tiempo a actualizar la página, o lo haga a horas estrafalarias. Ya que estamos a vueltas con la Iglesia, perdonadme si solicito de antemano vuestra indulgencia.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de agosto de 2001) y El Mundo (15 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/13 06:00:00 GMT+2
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2001/08/12 06:00:00 GMT+2

40 años del Muro

Hoy se cumplen 40 años de la construcción del muro que dividió Berlín en dos. Del Muro, por antonomasia.

1961. Recuerdo vagamente que Radio Nacional de España hablaba sin parar de «el muro de la vergüenza». Eso contribuyó a despistarme. Yo ya me había acostumbrado a dar por hecho que la radio franquista mentía hasta al dar la hora, así que supuse que el muro en cuestión debía de ser una buena cosa. Por entonces -pobriño: 13 años- sentía simpatía por el régimen soviético, más que nada, supongo, por llevar la contraria a mi padre. En realidad, no tenía ni idea de qué era.

Cuatro años después -con 17, tampoco demasiados- decidí que los dirigentes de la URSS eran unos pasteleros y unos traidores a la causa de la Revolución. Me había dado un atracón de literatura revolucionaria y veía clarísimo que Moscú era la sede mundial de todas las renuncias. Decidí que Khruchev -así lo escribíamos por entonces- sólo se interesaba por su propio tinglado. Era el jefe de una burocracia sólo verbalmente comunista que manipulaba todas las revueltas del mundo para ponerlas a su propio servicio. ¿El Muro? Y a mí qué: una fila de ladrillos que dividía dos sistemas igualmente repudiables, aunque por distintas razones. De un lado, el Mundo Libre, es decir los EEUU, es decir la gentuza que había dado la espalda a la República y ahora se daba abrazos con Franco. La misma que estaba masacrando Vietnam. Del otro lado, el falso socialismo, los partidos comunistas oficiales dispuestos a embridarlo todo: las luchas anticolonialistas en Asia, África y América Latina, los movimientos obreros y estudiantiles de Occidente...

Ahora me doy cuenta: estaba demasiado implicado en el objeto del análisis como para poder examinarlo con la necesaria frialdad.

Ha pasado el tiempo. El Muro fue derribado. La URSS se desmoró como un castillo de naipes y con ella los regímenes que le servían de escudo protector por el Este. Aquello era un espanto, mucho peor de lo que llegué a suponer en mis más ardientes arrebatos de antisovietismo revolucionario.

Pero creaba un cierto equilibrio. El capitalismo internacional tenía que esforzarse por demostrar que no era tan malo como decía la propaganda soviética. A Moscú le venía bien que hubiera movimientos levantiscos en la parte del mundo dominada por sus enemigos. Cabía aprovecharse de las contradicciones entre ellos. Abrían rendijas.

Hace tiempo que aprendí a no añorar ninguna situación pasada. Sé que el presente es su resultado. Cada realidad está preñada de la que toma su relevo.

Pero la Historia me ha enseñado a no confiar ni una pizca en el futuro. Todo es siempre decididamente empeorable.

Cada vez veo más claro cuál ha de ser el lema de la existencia: sin esperanza, con convencimiento.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/12 06:00:00 GMT+2
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2001/08/11 07:00:00 GMT+2

Los negros no son de Dios

PP, PSOE y CiU están de acuerdo -eso cuenta la radio, por lo menos- en que lo que hay que hacer con el centenar y pico de inmigrantes sin papeles que deambulan desde hace días por las calles de Barcelona es echarlos de España, sin más historias. El vice Pujol Artur Mas lo ha explicado de manera simplicísima: si el Parlamento ha aprobado una ley, es para que se aplique.

Parece de cajón.

Pero dista de serlo.

Tomemos el caso de los trabajadores de Sintel, acampados hasta hace nada en el Paseo de la Castellana, en Madrid. ¿Se aplicó la ley con ellos? ¿Está tal vez permitido levantar campamentos en el centro de la capital de España? ¿Se puede cortar el tráfico libremente?

Me da que no. Pero en su caso todo el mundo estuvo de acuerdo -y yo el primero- en que hacía falta manga ancha. Pero, ¿por qué con ellos sí y con estos otros no? ¿Su drama era más grave que el del centenar de inmigrantes subsaharianos de Barcelona? ¿Corrían quizá más peligro sus vidas?

Los partidos supuestamente progresistas y humanitarios, que tanto apelaban a nuestro corazón cuando hablaban de los trabajadores de Sintel, dan ahora la espalda al centenar de desheredados de Barcelona, cuando no piden que se les expulse ya de una vez. Las ONG, ésas de las subvenciones gubernamentales millonarias, tampoco quieren saber nada en este asunto: están demasiado ocupadas con sus desgracias transoceánicas.

Me ponen de los nervios.

Pero hay un comportamiento que en este caso concreto me resulta particularmente sangrante: el de la jerarquía católica. Me dirán: ¿Y qué ha hecho? Pues justamente ése es el asunto: que no ha hecho nada.

La Iglesia de Roma, capaz de gastarse lo que sea en mandar misioneros y monjas a cristianar negritos por el África tropical, no mueve ni un dedo cuando los tiene a domicilio. Le han puesto el Domund en casa, como quien dice, y mira para otro lado.

¿De qué va la supuesta Iglesia de Cristo? ¿Por qué no hace un hueco a esos desgraciados que no tienen, literalmente, dónde caerse muertos? ¿Por qué no se gasta la cienmillonésima parte de sus tesoros en darles de comer, siquiera por unos días? ¿Es menos caritativa la Iglesia presuntamente apostólica que la CGT, que los metió en su sede por una noche y les proporciona respaldo y aliento? ¿Para qué quieren los obispos el dinero que les paga el Estado, es decir, el dinero que les damos entre todos?

Quizá el problema sea mío, por haberme tomado en serio aquello de que todos los humanos somos iguales en derechos y en dignidad, sea cual sea nuestro origen y el color de nuestra piel.

Javier Ortiz. El Mundo (11 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de agosto de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/11 07:00:00 GMT+2
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2001/08/11 06:00:00 GMT+2

Record mundial de burocratismo

No me interesan gran cosa las pruebas atléticas, de modo que no estoy prestando atención a los campeonatos mundiales que se están celebrando estos días. Me voy enterando de algunas cosas -de pocas- porque las cuentan en los boletines informativos de las radios. Pero ayer un amigo me contó una historia, sucedida hace un par de días en esos campeonatos, que me hubiera gustado ver en directo para proporcionar más detalles sobre ella. No la vi, así que me limitaré a relatarla tal como me la contó mi amigo.

Esto fue durante una prueba del salto con pértiga para mujeres. Se suponía que las atletas debían proceder a saltar el listón situado a 4 metros y medio del suelo, pero el juez auxiliar se equivocó, y lo situó a 4,55, es decir, 5 centímetros por arriba. Las atletas, que no se dieron cuenta del error, saltaron. Y todas ellas superaron la prueba.

Al ir a cambiar la altura del listón, el juez árbitro se dio cuenta de su equivocación y avisó a sus congéneres de lo sucedido. Tras deliberar sobre el problema, los jueces hicieron pública su decisión: las atletas debían saltar sobre el listón colocado a 4,50 metros del suelo. Las jóvenes se indignaron: si habían demostrado que eran capaces de saltar 4,55 -alegaron, con lógica aplastante- es que saltaban 4,50. No tenía sentido perder el tiempo y, sobre todo, gastar sus preciadas energías en probar algo que ya estaba probado. Pero los jueces se mostraron totalmente intransigentes: el papel dice que se ha de pasar por el escalón de los 4 metros y medio, así que ellas tenían que hacerlo.

Es un ejemplo fantástico de cómo hay jueces -de todo tipo: no sólo deportivos- perfectamente capaces de sacrificar el espíritu de la ley para imponer su letra. De convertir la ley en injusta, ahogándola en un océano de burocratismo.

Y eso que los estaban sacando en televisión. No digamos de lo que pueden ser capaces cuando deliberan en un ignoto despacho.

Como dice la protagonista de la pieza teatral La mujer fosforescente, de Maiakovski: «Es gente que en vez de corazón tiene un pisapapeles».

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/11 06:00:00 GMT+2
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2001/08/10 06:00:00 GMT+2

Israel ante el espejo

La existencia del Estado de Israel se asienta en dos pilares fundamentales: uno, el poderío del lobby sionista --a escala internacional, en general, y en los EUA, en particular--; el otro, la feroz determinación de sus dirigentes. Del primero obtienen un gran apoyo político y monetario, que se traduce en una enorme capacidad armamentística. Del segundo, el fanatismo necesario para servirse de esa capacidad armamentística sin ningún escrúpulo.

El pueblo palestino no tiene, en la práctica, ningún poderoso lobby económico que lo respalde. Podría tenerlo, porque a la nación árabe le sobran los petrodólares. Pero la nación árabe está en manos de personajes sin principios, la mayoría de ellos compinchados con Washington -es decir, con el lobby sionista-- y más dispuestos a tirar su dinero construyéndose palacetes en Marbella y visitando las dependencias parisinas de Madame Claude que respaldando a sus hermanos palestinos.

A cambio, lo que el pueblo palestino sí tiene es militantes determinados. Tan ferozmente determinados, o más, que los dirigentes de Israel.

Uno de ellos se llevó ayer por delante a 15 ciudadanos israelíes volando una pizzería en plan kamikaze.

El Gobierno de Tel Aviv está desconcertado y temeroso. Se ha encontrado con la horma de su zapato y no sabe qué hacer. Pide la intervención internacional. ¡Él, que ha burlado una tras otra todas las resoluciones de las Naciones Unidas!

Tendrá que asumir que, si él es capaz de desplegar la mayor bestialidad en uso y abuso de su prepotencia, otros pueden hacer lo mismo, e incluso más, en muestra de su infinita desesperación.

Así están las cosas. Que cada palo aguante su vela. En la sinagoga o en la mezquita.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/10 06:00:00 GMT+2
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2001/08/09 06:00:00 GMT+2

Grandeza y miseria de la informática

Como algunos de los lectores ya saben, ayer descubrí con horror, al poco de escribir la cotidiana anotación de este Diario y subirla a la Red, que contenía un virus. Lo comprobé por mí mismo, tras proceder a la rutinaria actualización de mi antivirus, pero me hubiera sido imposible no enterarme: a los pocos minutos empezaron a lloverme correos de aviso, e incluso llamadas telefónicas de los más allegados. (Aprovecho, por cierto, para enviar mi agradecimiento a toda la gente que no sólo me avisó, sino que incluso me mandó programitas para desinfectar mi ordenata, aunque para esas alturas Norton ya me había proporcionado uno perfectamente eficaz).

Pasé por un momento de auténtico pánico, al principio, cuando comprobé que el virus se había clonado automáticamente al entrar en mi circuito, colándose en 404 puntos de la memoria de los dos ordenadores que manejo aquí, lo mismo que en los discos zip en los que almaceno las copias de seguridad, y que mi antivirus lo que hacía inicialmente era... ¡destruir todos los ficheros infectados! Durante unos minutos, creí que el trabajo de más de un año se iba al carajo, sin más. Y con él, la página web enterita. Bueno: no os aburriré con detalles. Al final, al cabo de varias horas de brega, conseguí desinfectar los ficheros, tras de lo cual procedí a sustituir los que estaban infectados en la Red por los que había limpiado, aunque algunos de los más voluminosos los retiré, sin más, por pura precaución, a la espera de volver a subirlos cuando pueda trabajar con una conexión potente, y no con la caca telefónica con la que funciono aquí, en mi bucólico retiro mediterráneo.

En el espacio de tiempo que medió entre el incidente y su solución (descontando el tiempo que invertí en rogar encarecidamente a mi mujer que dejara de decir «No lo toques y espera a que lo vea alguien que sepa»), estuve meditando sobre las peculiaridades de este modo de trabajo y de este medio de expresión. Es tan grandioso como frágil y vulnerable. Si alguien quiere fastidiarte y tiene los conocimientos y los medios necesarios, puede hundirte en la miseria en un plisplás: le basta con fabricar un virus nuevo y colártelo antes de que tu antivirus haya sido programado para detectarlo. Yo sólo abro los ficheros adjuntos al correo electrónico cuando me los manda gente que conozco, pero nada impide al saboteador camuflarse detrás del nombre de un conocido (y así ha tenido que ser en esta ocasión). Hago constantemente copias de seguridad, pero, precisamente por eso, me resulta facilísimo infectar sin querer mis propias copias de seguridad.

Antes he escrito que ayer pasé por un momento de auténtico pánico. Mentira: sigo aún bajo los efectos del pánico. Si salí del atolladero fue porque encontré una copia de la web grabada hace diez días y que no había borrado por pura casualidad. ¿Tendré tanta suerte la próxima vez que algún cerdo me bombardee con virus?

De modo y manera que, si un mal día entráis por aquí y os encontráis con que no hay nada, ya sabréis lo que habrá pasado.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/09 06:00:00 GMT+2
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2001/08/08 07:00:00 GMT+2

El ácido, del 68 al 2001

No deben de quedar en los periódicos de ahora muchos excombatientes de las revueltas estudiantiles de hace tres décadas, por más que la mayoría de los periodistas veteranos se den aires de ser «de los del 68». Si realmente hubieran participado en aquellas luchas, no les parecería noticia que los cócteles molotov usados en la actual kale borroka contengan ácido. Porque el cóctel molotov propiamente dicho ha contenido siempre ácido. De hecho, se llama cóctel por eso: porque no se compone sólo de gasolina, sino de una mezcla de gasolina y ácido sulfúrico.

No creo que algo así pudiera ocurrir, por ejemplo, en la Prensa francesa, algunos de cuyos popes actuales fueron destacados dirigentes del movimiento de Mayo del 68 en Francia. Es el caso, muy destacado, de Serge July, director de Libération. Durante aquellos sucesos -en los que yo no participé: llegué a París en el 70-, circuló profusamente un manual de lucha callejera que incluía la fórmula más diabólica de cóctel molotov, con una variable que lo convertía, en la práctica, en napalm. No la mencionaré, porque no quisiera proporcionar información susceptible de ser mal utilizada, pero sí diré que era terrible, porque hacía que la gasolina y el ácido, cuando ardían, se colaran rápidamente por cualquier rendija. Cientos de copias de ese manual incendiario -dicho sea en todos los posibles sentidos de la palabra- circularon por todas las organizaciones estudiantiles radicales de Europa occidental. Y sus instrucciones fueron seguidas al pie de la letra en muchísimas manifestaciones.

Cito el asunto para llamar la atención sobre una de las muestras más acabadas de hipocresía que comporta la actual ideología dominante, que se las arregla para, a la vez, rodear de un halo de romanticismo los movimientos del 68 y condenar sin paliativo alguno las luchas callejeras juveniles de hoy. ¿Con qué materiales creerán los mitificadores del Mayo francés que hacían los estudiantes del Barrio Latino sus barricadas? ¿Se piensan que las levantaban a base de pavés? Quiá. Usaban coches que los ciudadanos habían aparcado en la zona con la esperanza de recuperarlos a la mañana siguiente, añadiéndoles muebles y artilugios obtenidos mediante el pillaje de las tiendas de los alrededores. Así de cruda era la cosa.

Ahora se dice que aquello fue «un combate por la utopía» pero, en su día, la gente de orden lo calificó -puedo certificarlo- con bastante menos benevolencia.

Hay muchas diferencias entre las revueltas juveniles radicales de aquel tiempo y las luchas callejeras del presente. Sin duda. Pero están en otros factores. Que nadie se piense que aquellas rebeliones fueron más amables y respetuosas que las de ahora.

Javier Ortiz. El Mundo (8 de agosto de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de septiembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/08/08 07:00:00 GMT+2
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