2001/11/03 06:00:00 GMT+1
Algunos días estoy de mejor humor que otros.
Hay quien sostiene –quizá no sin cierto fundamento– que a veces mi humor es simplemente espantoso, a diferencia del resto del tiempo, que resulto por completo inaguantable.
Ayer no tenía yo un buen día, para qué nos vamos a engañar. Arrastro por estas fechas un catarro apocalíptico, de ésos que hacen la felicidad de don Kleenex y míster Gelocatil. No es que esté acatarrado: soy un catarro con forma relativamente humanoide.
Y eso no me gusta. Qué queréis: no acabo de disfrutarlo.
Pasé ayer el día, ya digo, mascullando improperios, doblemente cabreado por penar tan lamentable estado en mi refugio mediterráneo de Aigües, en el que –imagino que sólo por llevar la contraria a los telediarios– el sol brillaba alegremente, invitando a la gente sana a tumbarse al aire libre y recuperar una parte del bronceado estival.
Las noticias decían que sólo a un tiro de piedra de aquí el personal estaba anegado, saliendo de sus casas a nado. Supongo que mentían, probablemente para que la sección de sucesos no contrastara excesivamente con el resto.
En ésas –entre tacos y blasfemias– anduve todo el día, hasta que, llegada la noche y tras probar unas nécoras y unos bígaros –que yo llamo karrakelak y Charo caracolillos, porque tampoco es cosa de ponerse de acuerdo–, afronté la dura tarea de ver una película por televisión.
La madre que los parió.
Se llamaba Juana de Arco, y contaba la historia –la leyenda– de la heroína francesa ésa de los cojones, todo el rato teniendo visiones y enviada por Dios de aquí para allá, sufriendo mucho y dando gritos sin parar sable en mano.
Era un pestiño de los que hacen ahora, con imágenes muy espectaculares y cabezas cortadas de un tajo y venga de travellings porque sí y paisajes con filtrazos que hacen que el cielo parezca de color naranja.
Pero lo que me sacó definitivamente de quicio es que todo el mundo decía todo en inglés. La tal Juana luchaba contra los ingleses en inglés. Llamaba a matar a los ingleses en inglés. Les conminaba a regresar a su isla y lo hacía en inglés. En un inglés que parecía misteriosamente llevado hasta la Francia del siglo XV desde las praderas del Kentucky de hoy. Pero inglés, al fin y a la postre.
Estoy dispuesto a aceptar que Dios sufriera un súbito ataque de chauvinismo y quisiera por aquel entonces la victoria de Francia contra Inglaterra, aunque eso contradiga su comportamiento en otras películas. Pero, joder, lo que no tiene sentido es que fuera anti-inglés en inglés. Yo no sé mucho de Historia remota de Francia –me la conozco sólo a partir de 1789–, pero estoy seguro de que la Inquisición francesa no hablaba en inglés. Y el Rey y la Corte de Francia, tampoco. No tiene sentido.
Francamente: no aguanto más. Ya tuve que soportar que Espartaco hablara inglés, en vez de latín, y que el Cid lo mismo, y que tuviera un aspecto de presidente de la Asociación Norteamericana del Rifle que te cagas. Pero por lo menos Espartaco y el Cid no tenían ningún contencioso, que diría Otegi, con la gente de habla inglesa. El día menos pensado Hollywood hace una película sobre la lucha de Juan Martín el Empecinado contra los franceses y todo pichichi habla en ella en inglés.
Vale que estoy de mal humor. Lo admito. Pero que no me sigan tocando las narices recontándome la Historia Universal en inglés a todas horas y en todos los canales de la tele, porque lo mismo acabo por montar en cólera... y me tomo otro Gelocatil.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de noviembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/11/03 06:00:00 GMT+1
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2001/11/02 06:00:00 GMT+1
Ante el estupor general, la representación de EE.UU. en las Naciones Unidas vetó anteayer una resolución que condenaba los envíos de ántrax por correo. Alegó que no estaba claro que fuera una acción de terrorismo internacional; que podía tratarse de un caso de terrorismo interior («doméstico», dicen ahora los periódicos, que escriben en espanglish) y que, de ser así, no tendría ningún sentido que la ONU se pronunciara al respecto.
Imagino la indignación de Aznar, que ya debe de estar preparando una nota de condena. ¡Bush, haciendo distingos entre unos terrorismos y otros! ¡El faro y guía de Occidente, sosteniendo que no merecen el mismo tratamiento el terrorismo procedente del exterior y el que nace del propio país! ¡Igual que Setién!
¿He dicho igual? ¡Qué va, mucho peor! Porque don George Uvedoble no sólo pone adjetivos al terrorismo; no sólo se niega a reconocer que todos los terrorismos son iguales; no sólo rechaza que el terrorismo es como Visnú, idéntico en todas sus manifiestaciones; no sólo diferencia entre terrorismo interior y exterior, cual obispo emérito vascongado, sino que, encima, pretende que el terrorismo interior no es materia que concierna a la comunidad internacional. ¿No viene eso a representar una desautorización de la posición de nuestro Gobierno, que lleva la exigencia de condena del terrorismo de ETA a todo foro internacional por el que aparece, así sea un congreso iberoamericano de cultivadores de patatas?
Vaya con Bush. Ten amigos para esto.
Admitamos, en todo caso, que los gobernantes de Washington son una fuente inagotable de sorpresas. Porque, también anteayer, su representación en la ONU reclamó la adopción de duras medidas que penalicen a escala mundial la fabricación de armas bacteriológicas y pidió que se refuerce el poder inspector del organismo internacional. Lo cual no deja de tener su aquel, si se considera que ha sido precisamente el Gobierno de los EE.UU. el que ha venido boicoteando hasta ahora la puesta al día del Tratado de 1972 contra las Armas Bacteriológicas, argumentando que eso daría a los inspectores internacionales «un acceso excesivo» a la industria armamentística norteamericana.
A lo mejor es que se han arrepentido y se han dado cuenta de que lo que uno inventa pensando en hacer mucho daño al enemigo lo mismo puede ser utilizado por el enemigo incluido el interior para hacerle mucho daño a uno. Tal vez, ahora que ha desatado una guerra contra el Maligno, Bush empieza a asumir que las armas las carga el diablo.
Aunque, visto la que está organizando en Afganistán, no parece.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de noviembre de 2001) y El Mundo (3 de noviembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de noviembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/11/02 06:00:00 GMT+1
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2001/11/01 06:00:00 GMT+1
Ignoro si entre las Gestoras Pro Amnistía y ETA hay alguna vinculación, más allá de la ideológico-política. Es decir: ignoro si hay alguna vinculación delictiva, porque la ideológico-política no lo es. Así las cosas, no me es posible pronunciarme sobre lo bien o mal fundada que pueda estar en Derecho la redada que el juez Garzón organizó en la madrugada de ayer. Reconoceré que no me resulta nada tranquilizador que el titular del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional haya situado esta actuación en el contexto del polémico sumario de 1998 que le llevó a acusar a muchas personas de pertenencia a banda armada... y a ser rectificado acto seguido por la Sala Cuarta de la propia Audiencia, que le reprochó basar la persecución penal en la insostenible teoría de que estar situado «en el entorno político» de una organización terrorista equivalga a pertenecer a ella.
En todo caso, ya digo que no me es posible emitir un juicio fundado con respecto a esa redada. Habré de esperar a que el juez presente las pruebas materiales que dice haber obtenido, a que la Sala correspondiente las pondere y a que, si hace al caso, sean examinadas en vista pública y merezcan la sentencia de rigor.
Claro que ése no es mi caso exclusivo. Todos estamos en las mismas. Incluidos el jefe del Gobierno español, su ministro del Interior y sus periodistas de cámara. Ellos tampoco pueden dar nada por probado. Por la sencilla razón de que no lo está, según los criterios que rigen en todo Estado de Derecho.
Si no lo está en el caso de las Gestoras, menos todavía en el de Senideak. Por lo que yo sé, Senideak es una organización de familiares de presos que nació precisamente porque sus integrantes no querían que su labor de ayuda fuera instrumentalizada políticamente po ETA. Ni lo contrario: querían limitarse a ayudar a sus familiares presos, y punto. Garzón ha ordenado la detención de un miembro de Senideak. Reconozco mi estupor.
Pero nada de esto arredra a Aznar, Rajoy y consortes. Aún antes de que el propio juez haya tenido ocasión de materializar sus acusaciones, Rajoy ya ha emitido sentencia: «Las Gestoras Pro Amnistía son una pieza más en el organigrama de ETA», ha dicho. A Aznar le ha cumplido la especial misión de condenar sin juicio a los miembros de Senideak. Según él, son «colaboradores del terrorismo».
Empieza a convertirse ya en una técnica asentada: Garzón detiene y, sin más base que ésa, el Gobierno, con amplio apoyo mediático, lanza una campaña propagandística que no sólo afecta a los detenidos, sino a todo aquel que haya tenido tratos con ellos. ¿Que luego las acusaciones de Garzón se quedan en nada y los detenidos son puestos en libertad sin cargos? Da igual: que les quiten lo bailado. Jamás rectifican. Jamás presentan excusas a quienes sentenciaron de antemano.
Ayer, en el Congreso de los Diputados, Aznar dijo que el Gobierno Vasco ha subvencionado a «colaboradores del terrorismo» -en alusión a una ayuda que el Ejecutivo de Vitoria concedió a Senideak- «como ha quedado demostrado esta mañana». ¿Qué había quedado demostrado esa mañana? Sólo una cosa: que Garzón le había dado materia para soltar tamaña barbaridad, dando a una detención el rango de sentencia firme.
Garzón se lo guisa y ellos se lo comen.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de noviembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/11/01 06:00:00 GMT+1
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2001/10/31 07:00:00 GMT+1
El rey alauí ha llamado a consultas a su embajador en Madrid. Puede estar contento: es de los pocos marroquíes a los que su Bajestad consulta algo. Por lo general, Mohamed VI hace su real gana. Lo aprendió de papá.
Aznar y Piqué han saltado de inmediato: «España no ha hecho nada malo». Los dirigentes del PSOE le han respondido que sí que han hecho algo malo, y que ellos lo saben, pero que no van a denunciarlo «por sentido de la responsabilidad». Otros que tal bailan. Saben que «lo malo» que ha hecho el Gobierno de Aznar es no respaldar en las Naciones Unidas una propuesta francesa sobre el Sáhara Occidental que era vergonzosamente favorable a los intereses del retoño de Hasán.
No es que los de Rodríguez Zapatero renuncien a criticar al Gobierno del PP. Es que les da corte poner en evidencia cómo su colega francés Lionel Jospin se inclina una vez más ante son ami, le Roi, y cómo ellos mismos se pasan por el arco del triunfo sus compromisos de solidaridad con el Polisario, firmados con mucha pompa en Madrid por Felipe González hace un cuarto de siglo.
La situación es patética.
El Gobierno de Rabat necesita imperiosamente que la UE le dé cuartelillo, porque, si no, puede verse el día menos pensado entre la espada y la pared: entre la espada de su saqueo y la pared de una población cada vez más harta de tanta mordaza. Pero, pese a ser consciente de lo delicado de su situación digo yo que lo será, de puro evidente que es la cosa, se permite el lujo de ponerse chuleta cada dos por tres con la UE en general, y con España en particular, amenazando con quejarse ante su primo el de Zumosol, que vive en Washington.
Ya sé que hay unas cuantas empresas más o menos españolas (más o menos, digo: la globalización lo difumina todo) que tienen mano alta en algunos negocios del Reino de Marruecos. Asuntos de energía, de pesca, del mercado textil, etcétera. Pero, si se hace un balance global de beneficios y pérdidas, dista de estar claro que convenga dar cuerda indefinida a los actuales dirigentes de Marruecos. El memorial de agravios es más que amplio: el latrocinio del Sáhara, el negocio de la inmigración ilegal, la mafia de la droga, las restricciones pesqueras, el dumping agrícola... Y no digamos nada ya si dejamos al margen la cuenta de resultados y nos ponemos a hablar de ética, o incluso de estética.
Mohamed VI está muy mal acostumbrado. Convendría, ahora que ha llamado a su embajador a consultas, que consulte con él sobre los peligros que arrostra poniéndose farruco. Que le explique cómo podría tratarlo Aznar si fuera un díscolo local.
Javier Ortiz. El Mundo (31 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de noviembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/31 07:00:00 GMT+1
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2001/10/31 06:00:00 GMT+1
La dirección de la CNN ha dado instrucciones precisas a los reporteros de su cadena que cubren la guerra de Afganistán para que sus informaciones resulten políticamente convenientes: no deben «centrarse» en las víctimas civiles que están causando los bombardeos aliados ni subrayar las penalidades que sufre la población afgana; por el contrario, deben evocar incesantemente las víctimas del 11 de septiembre, insistir en que la guerra la han provocado los talibán y recordar que el régimen de Kabul da cobijo a los terroristas. Les insta a mencionar estos puntos «una y otra vez, aunque pueda parecer un tanto repetitivo».
Este manual de autocensura de la CNN representa una vuelta de tuerca más en la línea iniciada el 11 de septiembre mismo tanto por ese canal televisivo como por el conjunto de los medios de comunicación estadounidenses. A petición del Gobierno de Washington, todos aceptaron convertir los atentados de ese día en carnicerías virtuales, mostrando los destrozos materiales, pero ni un solo cadáver, para evitar reacciones populares «no deseadas», fueran éstas de desmoralización paralizante o de ira racista contra el colectivo musulmán residente en los propios EEUU.
No parece necesario resaltar que estas prácticas de orientación política forzosa están en contradicción directa con la libertad de prensa y, más concretamente, con el principio profesional que obliga a distinguir entre el trabajo periodístico informativo y el de opinión. Según ese viejo principio, tan caro a la tradición académica norteamericana, el informador debe atenerse al «hecho desnudo». Se supone que para encauzar la opinión ya están los editorialistas, columnistas y analistas.
Lo que la dirección de la CNN defiende ahora con total descaro es la necesidad de «vestir» los hechos, cubriéndolos de propaganda política machacona.
Esta abierta y confesa labor de manipulación de la opinión pública tiene un corolario inevitable: la autodestrucción de la credibilidad del medio que la propugna. En efecto, desde el momento en que él mismo admite que vela unos hechos y maquilla otros -que incluso obliga a sus empleados a hacerlo-, está invitando a que el público receptor de su trabajo no le crea o, por lo menos, ponga sus presuntas informaciones en cuarentena.
¿A cuento de qué la CNN bombardea a pedradas el techo de su propio prestigio, tan laboriosamente ganado? ¿Tal vez por un súbito y devastador ataque de patriotismo? Es dudoso. Más probable parece que esté tratando de aplacar las iras de Bush, al que indignó que el poderoso canal norteamericano difundiera imágenes inconvenientes transmitidas por el canal de Qatar Al Yazira. En otros tiempos, la indignación de la Casa Blanca no le habría inquietado demasiado, por mucho que su titular se encontrara en la cresta de la ola de su popularidad. Pero ya no está en otros tiempos. A lo largo de los últimos años, la CNN se ha visto poderosamente debilitada por la pérdida de interés de la opinión pública norteamericana en el periodismo de calidad y el crecimiento a grandes pasos del periodismo basura. Justo antes del 11 de septiembre, se estaba planteando una drástica reducción de su plantilla y de los medios que tiene desplegados por medio mundo. Ahora que la guerra le ha proporcionado un cierto respiro y le ha permitido recuperar audiencia, no quiere arriesgarse a plantear una batalla en defensa de la honestidad informativa, así sea a sus niveles más mínimos. Así que se ha propuesto la cuadratura del círculo: salvar el periodismo de calidad aplicando las normas del periodismo basura.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (31 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/31 06:00:00 GMT+1
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2001/10/30 06:00:00 GMT+1
El rey de Marruecos ha llamado a consultas a su embajador en Madrid. Puede estar contento el hombre: es de los pocos marroquíes a los que su Bajestad consulta algo. Por lo general, Mohamed VI hace su real gana. Lo aprendió de papá.
Aznar y Piqué ha saltado de inmediato: «España no ha hecho nada malo». Los dirigentes del PSOE le han respondido que sí que han hecho algo malo, y que ellos lo saben, pero que no van a denunciarlo «por sentido de la responsabilidad». Otros que tal bailan. Saben que «lo malo» que ha hecho el Gobierno de Aznar es no respaldar en las Naciones Unidas una propuesta francesa sobre el Sahara Occidental que era vergonzosamente favorable a los intereses del retoño de Hasán.
No es que los de Rodríguez Zapatero renuncien a vapulear al Gobierno del PP. Es que les da corte ponerse en evidencia demostrando que su colega francés Lionel Jospin se inclina una vez más ante «son ami, le Roi», y que el propio PSOE se pasa por el arco del triunfo todos sus compromisos de solidaridad con el Frente Polisario, firmados con mucha pompa en Madrid por Felipe González hace un cuarto de siglo.
La situación, si bien se mira, es patética.
El Gobierno de Rabat necesita imperiosamente que la UE le dé cuartelillo, porque, si no, puede verse el día menos pensado entre la espada y la pared: entre la espada de su latrocinio y la pared de una población cada vez más harta de tanto robo y tanta mordaza. Pero, pese a ser conscientes de lo delicado de su situación -digo yo que lo serán, de puro evidente que es la cosa-, las autoridades marroquíes se permiten el lujo de ponerse chuletas cada dos por tres con la UE en general, y con España en particular, amenazando con su primo el de Zumosol, que vive en Washington.
Ya sé que hay unas cuantas empresas más o menos españolas -más o menos, digo: la globalización lo difumina todo- que tienen mano alta en algunos negocios del Reino de Marruecos. Asuntos de energía, de pesca, del mercado textil, etcétera. Pero, si se hace un balance global de beneficios y pérdidas, dista de estar claro que convenga dar cuerda indefinidamente a los actuales dirigentes de Marruecos. El memorial de agravios es más que amplio: el latrocinio del Sahara, el negocio de la inmigración clandestina, la mafia de la droga, las restricciones pesqueras, el dumping agrícola... Y no digamos ya si dejamos la cuenta de resultados y nos ponemos a hablar de ética, y hasta de estética.
Mohamed VI está muy mal acostumbrado. No estaría mal que el Gobierno español le diera tiempo, ahora que ha llamado a su embajador a consultas, para que le consulte sobre los peligros que puede correr si se empeña en ponerse farruco.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (30 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/30 06:00:00 GMT+1
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2001/10/29 06:00:00 GMT+1
Mucha gente se queja -yo lo suelo hacer- de la insinceridad de los políticos. No pretendemos que digan todo lo que piensan - eso podría resultar a menudo muy imprudente-, pero sí que piensen lo que dicen. Que se lo crean.
Espero que José María Aznar no nos esté haciendo caso. Confío en que no piense realmente las cosas que está diciendo. Porque, si reflejaran la verdad de su pensamiento, estaríamos aviados.
Ayer, sin ir más lejos, se soltó un discurso ante la militancia castellano-manchega del PP en el que realizó una explosiva mezcolanza de estupidez, demagogia y fanatismo.
Confío en que no se tome en serio eso que dijo de que los nacionalistas vascos quieren «un pacto de Estado para acabar con el Estado». Porque es una memez. Ningún nacionalista -nunca, en ninguna parte- aspira a acabar con el Estado que considera opresor. El techo de los anhelos de los nacionalistas -de todos, en todas partes- es que el Estado abandone el territorio de su comunidad específica. A partir de lo cual, que continúe su existencia como mejor le venga en gana. Un nacionalista vasco que se propusiera como meta acabar con el Estado español dejaría automáticamente de ser nacionalista vasco para convertirse en un revolucionario... español.
Aznar se preguntó, acto seguido, si quienes le animan a seguir el modelo irlandés quieren que él haga como hicieron las autoridades de Londres y suspenda la autonomía de Euskadi. De verdad: preferiría que el presidente del Gobierno español no crea que los que decimos que hay que tener en cuenta la experiencia irlandesa pretendamos que hay que calcarla en todos sus aspectos, incluidos los más negativos y fuera de lugar. Porque eso revelaría que no entiende una jota. Prefiero pensar que lo soltó en un alarde de demagogia barata. Por lo menos yo, siempre he preferido tener enfrente a un demagogo perverso que a un tonto del culo. Porque el perverso puede cambiar, según sus intereses, pero el tonto del culo lo es las 24 horas del día, 365 días al año.
El jefe de Gobierno español pasó acto seguido a dar cuenta de sus convicciones. Las convicciones de Aznar constituyen un arma de más que dudosa honestidad intelectual, pero, eso sí, extraordinariamente dúctil. Gracias a ellas, puede acusar a quien sea de lo que sea, e incluso pretender que piensa lo que dice que no piensa, sin aportar la más mínima prueba, excepción hecha de su «convicción». Así, acusó al Gobierno vasco de estar «buscando la concertación total con el mundo nacionalista radical para echar abajo el edificio del Estado». ¿En qué se basa para lanzar tamaña acusación? Él mismo lo dijo, cuando preparó su afirmación con el siguiente arranque: «Yo estoy convencido, por encima de todos los meandros y todas las curvas, por encima de los confusionismos...». Es decir: no tengo prueba alguna; la realidad parece indicar lo contrario; pero yo lo sé, porque me paseo cómodamente por los rincones más oscuros de los cerebros ajenos.
Insisto: preferiría que toda esta farfulla demagógico-tremendista sea el mal adorno de un escenificador cutre. Porque, como fuera verdad que se cree de verdad lo que dice... en menudas manos estaríamos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/29 06:00:00 GMT+1
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2001/10/28 06:00:00 GMT+1
Hay un espacio matinal los sábados en Radio Euskadi –las lectoras y lectores vascos de este Diario no necesitan que se lo cuente, porque lo saben de sobra, pero el resto probablemente sí– que está teniendo un éxito rutilante. Se llama Cocidito madrileño y responde a una fórmula singular: durante una hora, hace una antología de los momentos estelares de las tertulias que se han realizado en las cadenas radiofónicas con sede en Madrid a lo largo de toda la semana anterior. El presentador, Javier Vizcaíno, apenas apostilla nada. Se limita a situar a la audiencia, precisando el día, la emisora y el autor del pasaje pinchado, y deja que lo dicho y oído se comente por sí mismo.
Puede sorprender a las personas de fuera de Euskadi no ya sólo que exista un programa de estas características, sino también, y sobre todo, que se trate de un espacio de humor. De un humor involuntario –sus protagonistas hablan totalmente en serio, e incluso enfadadísimos–, pero irresistible. ¿En qué consiste la gracia? En la acumulación de despropósitos. Sabemos bien, desde Bergson, que la repetición es uno de los más eficaces mecanismos productores de la risa. Vemos a una persona que llama a la puerta de una casa y pregunta por alguien que no vive allí. Eso no tiene nada de cómico. Pero si en el plazo de una hora vuelve cinco veces y las cinco vuelve a preguntar por la misma persona ante la desesperación de quien le abre la puerta, acabamos por soltar la carcajada. Cada una de las afirmaciones apocalípticas reproducidas en Cocidito madrileño, tomadas de manera aislada, lo más probable es que produjera cualquier reacción menos la risa. Todas juntas, una tras otra, adquieren un potencial humorístico enorme.
Ayer escuché el Cocidito madrileño mientras regresaba en coche de San Sebastián a Madrid. Lo pillé casi al final. Vizcaíno estaba presentando un florilegio de afirmaciones sobre el obispo emérito de San Sebastián, monseñor Setién. Un contertulio lo llamaba, alternativamente, «el mula Setién» y «Osama bin Setién». Otro, menos sutil, lo calificaba directamente de «terrorista». Un tercero tenía una propuesta para la Iglesia católica, que formulaba a grandes voces: «¡Que le quiten el anillo! ¡Que le quiten el anillo!». Por desgracia, como estaba conduciendo, no pude tomar nota de todo. Las tres afirmaciones que he citado son las que se me quedaron más grabadas. Por supuesto que todos ellos daban por sobreentendido que, cuando Setién dijo en Baleares que todos los terrorismos no son iguales, lo que quería decir es que hay terrorismos justificables. A ninguno parecía importarle gran cosa que Setién no hubiera dicho eso ni por el forro. Nadie se creyó en el deber de respaldar sus invectivas con alguna prueba documental (lo hubiera tenido crudo).
Supongo que un espacio como Cocidito madrileño no tendría posibilidades fuera de Euskadi. Porque, para apreciar la gracia de esa acumulación de despropósitos, hace falta darse cuenta de que son despropósitos. Para lo cual se requiere conocer mínimamente la realidad de la que hablan los desbarradores seleccionados. Si uno no sabe, por ejemplo, cómo es realmente Setién –un nacionalista que aborrece el terrorismo de ETA–, no puede apreciar realmente todo el disparate que encierran las afirmaciones antes citadas.
Por eso el Cocidito madrileño me hace una gracia limitada. Pienso en los cientos de miles, en los millones de españoles que no están en condiciones de tomarse todo eso a coña, porque no saben que les están contando cuentos. Intoxicándolos.
Tampoco me hace demasiada gracia que el programa se titule Cocidito madrileño. Porque casi ninguno de los príncipes del disparate que circulan por él son madrileños. Incluso hay una cierta porción de vascos. Porque, para no ver serenamente la realidad circundante, no es imprescindible estar lejos. Las anteojeras también resultan muy eficaces.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/28 06:00:00 GMT+1
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2001/10/27 07:00:00 GMT+2
Tal se diría que esté prohibido hacer declaraciones sobre las novedades que se han producido en el proceso de paz en Irlanda que no contengan dos elementos: 1º) Hay que dejar claro que Irlanda y Euskadi son muy diferentes; y 2º) Hay que decir que el IRA y el Sinn Fein están dispuestos a conformarse con un grado de autonomía muy inferior al que ya tiene Euskadi.
El primer punto es tedioso, de puro obvio. Nadie ha pretendido que las realidades de Irlanda y Euskadi se parezcan. Lo que algunos han/hemos dicho es, sencillamente, que cabe extraer ciertas enseñanzas del proceso de paz irlandés de cara a la pacificación de Euskadi. La principal lección de lo que está sucediendo en Irlanda la he expresado más de una vez de forma (creo) bastante clara: para que dos se entiendan, lo primero que se requiere es que quieran entenderse. De modo que, cuando algunos dicen: «Es pena que en Euskadi no haya un Gerry Adams», sólo me cabe responder: «Sí, y es pena que en Madrid no mande un Tony Blair». Aunque, en mi criterio, las personalidades sólo emergen cuando las necesidades sociales las demandan.
El segundo punto tiene más intríngulis. ¿Están realmente el Sinn Fein y el IRA dispuestos a conformarse con un grado de autonomía menor que el ya existente en Euskadi? Si de lo que se habla es del número de competencias que Londres se muestra dispuesto a transferir al futuro gobierno de Irlanda del Norte, no parece que quepa la menor duda: el Ejecutivo de Vitoria tiene, en efecto, muchas más. Pero el célebre acuerdo de Viernes Santo, desencadenante de la dinámica de paz en Irlanda, incluye un punto clave que no está ni en la Constitución Española ni en el Estatuto de Autonomía de Euskadi: el reconocimiento de que el futuro de esa población deberá finalmente ser decidido por ella misma. ¿Que es un reconocimiento que se remite a no se sabe muy bien qué calendas? Cierto. ¿Que esa remisión lo vuelve en buena medida retórico? Verdad. Pero está ahí. Y pesa. Tiene un valor simbólico que es decisivo para los republicanos irlandeses.
Quienes se empeñan en comparar las atribuciones estatutarias del Gobierno Vasco con el plan de autonomía de Irlanda del Norte no se dan cuenta o no quieren darse cuenta de que están hablando sin parar del huevo, cuando las demandas nacionalistas versan sobre el fuero.
Hay quien cree que sólo reclama el derecho de autodeterminación quien quiere separarse. Es falso. Uno puede ser partidario de que exista el derecho al divorcio y no tener la menor intención de divorciarse, por lo menos de momento. ¿Cree usted que es lo mismo aceptar vivir en pareja que ser condenado a vivir en pareja? Yo no. En absoluto.
Javier Ortiz. El Mundo (27 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de octubre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/27 07:00:00 GMT+2
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2001/10/27 06:00:00 GMT+2
De viaje por mi tierra donostiarra -¡qué delicia de tiempo!-, escucho en la radio un debate sobre Treviño y su situación actual.
Daré algunos datos para quien no esté informado del asunto.
El Condado de Treviño es un pequeño enclave compuesto de dos municipios -unos mil habitantes, en total- que está metido en el corazón de Álava, pero que, por complicadas razones históricas, forma parte, administrativamente hablando, de la provincia de Burgos y, por ende, de la Comunidad de Castilla y León. Los habitantes de Treviño, en su aplastante mayoría, quieren integrarse en Álava. ¿Por qué? Porque viven en Álava, porque la educación de sus hijos se realiza en Álava -en Vitoria, la de casi todos ellos-, porque su mini-red de transportes -aunque hecha unos zorros, porque la Diputación de Burgos no le presta atención- está integrada en Álava, porque sus recursos sanitarios dependen de Álava... y porque ellos son, en la práctica, sociológicamente hablando, tan alaveses como el que más. De hecho, Treviño recibe más apoyo asistencial del Gobierno Vasco y de la Diputación de Álava que del Gobierno de Castilla y León y de la Diputación de Burgos. Sin contraprestación alguna.
Hace años que los habitantes de Treviño han reclamado que, como diría Adolfo Suárez, «lo que es normal a nivel de calle sea normal a nivel legal». Pero nadie les hace caso. El Gobierno castellano-leonés y las diputaciones burgalesa y alavesa -las tres instituciones con el PP a su frente- no quieren saber nada del asunto y, pese a que una resolución de la Ponencia de Enclaves del Senado instó a todas las partes implicadas a ponerse de acuerdo para dar solución al problema, se niegan a avanzar ni un paso por el único camino sensato y viable. El Ejecutivo de Valladolid se refugia en un informe técnico, encargado por él mismo, que asegura que los ciudadanos de Treviño no tienen más relación con Álava que la que se produce «por ósmosis». O sea, que si no fueran de Treviño, que está en Álava, y hubieran nacido en Aranda de Duero, no tendrían mayor relación con Álava. Irrefutable.
La geografía española está salpicada de municipios que han pasado de un estatuto administrativo a otro por mera razón de sentido común. Yo he conocido varios: en Huelva, en Lugo, en Alicante, en Madrid... Seguro que hay muchos más. Se trata, en todos los casos que recuerdo, de territorios que tuvieron una determinada vinculación histórica con otros, pero a los que el tiempo llevó por vías propias y que, por razones de puro espíritu práctico, acabaron reclamando un cambio en su catalogación territorial, que finalmente -no siempre sin ciertas resistencias- les fue concedido.
El caso de Treviño es tan de cajón como el que más. O más.
¿Quieren ustedes saber por qué las instituciones gobernadas por el PP no quieren darle solución? Dicho por un responsable castellano-leonés: «No queremos regalárselo al nacionalismo vasco». ¿Pero qué regalárselo ni qué...? ¡Se trata de facilitar la vida a una gente que incluso está teniendo que abastecerse de agua con camiones cisterna, por culpa de este absurdo!
Y luego el PP acusa a Ibarretxe de estar «fuera de la realidad». Su fanatismo anti-nacionalista, a cambio, debe parecerle de un realismo total.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/27 06:00:00 GMT+2
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2001
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