2002/02/21 06:00:00 GMT+1
Nunca me han convencido las interpretaciones coyunturales de los atentados de ETA: que si horas después se iba a debatir sobre tal o cual cosa en el Parlamento o en esta o aquella otra reunión de partidos, que si la víctima defendía tal o cual variante dentro de la organización de la que formaba parte...
La experiencia demuestra que ETA elige a menudo sus objetivos sin reparar en matices. Más de una vez, de hecho, se ha declarado sorprendida al conocer las circunstancias particulares de algunas de sus víctimas. Le han dicho que se trata de un funcionario de prisiones, o de un miembro del PP, o del PSOE, o militar, o dirigente de las Juventudes Socialistas, y con eso le basta y le sobra para matar. En cuanto a la elección del momento, tres cuartos de lo mismo: lo hace el día y a la hora que mejor le viene, sin detenerse en mayores simbolismos.
Por eso disto de pensar que el atentado contra Eduardo Madina tuviera nada que ver con la reunión que ese mismo día iban a realizar los dos partidos del Pacto Antiterrorista, como tampoco doy por hecho que ETA supiera que Madina colaboraba con Elkarri y había participado en actos en pro del derecho de autodeterminación.
Pero tampoco creo que la elección de la víctima fuera por sorteo. En mi opinión, creo que buscaba dos objetivos: de un lado, enfurecer al PSE y provocar en él una reacción visceral, para que no siga adelante con sus intentos de acercamiento al PNV, que a ETA le sientan como una patada en la entrepierna; del otro, sabotear los intentos del ala más realista -menos fanatizada- del MLNV por «hacer política» y rehacer el camino desandado desde la ruptura de la tregua.
El primer objetivo no lo ha conseguido, o por lo menos no decisivamente. Ayer, Ramón Jáuregui, presidente de la Gestora del PSE, hizo unas declaraciones bastante sensatas, declarándose partidario de la convivencia pacífica con todas las fuerzas políticas, incluidas las independentistas, siempre que planteen su lucha dentro de la legalidad y con sometimiento a la democracia. Incluso llegó a decir que «si la mayoría de los vascos va por ese camino [el de la independencia] habrá que respetarlo» y se desmarcó diplomática pero netamente de quienes fían en la ilegalización de Batasuna, recordando la escasa eficacia que tuvieron anteriores reformas legislativas de carácter represivo.
Más resultados cabe que obtengan en su segunda pretensión. Porque de poco valdrán los esfuerzos aperturistas que puedan hacerse desde el interior de Batasuna si ETA siega la hierba bajo los pies de sus promotores obligando a los demás partidos a aislarlos. Les coloca al cuello el cartel de apestados.
Seguimos, pues, en las mismas. Y en ellas seguiremos mientras ETA siga siendo guía y norte del MLNV. Alguien dijo hace tiempo que la guerra es una cosa demasiado seria como para dejarla en manos de los militares. Es lo que viene haciendo el MLNV desde siempre con la suya.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/21 06:00:00 GMT+1
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2002/02/20 07:00:00 GMT+1
Una parte del personal no acaba de estar contenta con que las dos medallas de oro obtenidas por la representación de España en los Juegos de Invierno de Salt Lake City las haya logrado un hombretón que se apellida Muehlegg y que habla con marcado acento alemán. Como Paquito Fernández Ochoa, son muchos los que hubieran preferido que se apellidara Gómez, Fernández o, por lo menos, Llull o Garmendia.
Lo cual viene a demostrar no sólo que el nacionalismo español sigue haciendo estragos, sino también que a menudo se manifiesta de un modo tirando a garrulo.
«¡Qué chovinistas son los franceses!», se oye decir por aquí cada dos por tres. Ya. Pero Francia nunca ha tenido el menor inconveniente en asimilar a cuantos podían aportar algo a la gloria y al negocio autóctonos. Para buena parte de la grey universal, Picasso fue francés, por mucho que jamás perdiera la nacionalidad española. Hágase un repaso al olimpo de la canción francesa: Brel (belga), Moustaki (griego), Dalida (egipcia), Aznavour (armenio), Reggiani (italiano), Mouskouri (griega), Adamo (belga)... ¿Se han tomado ustedes el trabajo de mirar el ránking histórico del tenis estadounidense? Está repleto de gente de las más diversas procedencias. Todas ellas, eso sí, con su correspondiente pasaporte norteamericano. Lo mismo en el cine: austriacos, alemanes, polacos, rusos, británicos... Kissinger llegó a la cumbre de la política norteamericana como el Dr. Strangelove, sin haberse desprendido jamás por completo de su acento inconfundiblemente alemán.
Muchos franceses (y muchísimos norteamericanos) son tan nacionalistas como el que más. Pero no necesariamente paletos.
Frente a los que ponen en duda «la españolidad» de Juanito Muehlegg se alzan los que subrayan lo muy patriota (español) que es el campeón de los esquíes, que dicen siente en lo más profundo de sus entrañas la bandera, el himno y todas las esencias inmarcesibles del Reino de España. Son fantásticos: cuando el famoso tiene origen español, por lejano que sea, lo presentan como español, al margen de la nacionalidad que ostente, y cuando es de origen foráneo pero ha adquirido la nacionalidad española, también lo proclaman español de pura cepa.
No soy nacionalista, y tanto me da que Juanito Muehlegg haya conseguido dos medallas de oro «para España». Las competiciones deportivas por países no me gustan: sucedáneo pacífico de las guerras, exaltan las patrias y obstaculizan el avance de la solidaridad y el hermanamiento internacionales. Pero, puesto a tener que convivir con nacionalistas, preferiría que, por lo menos, los nuestros fueran menos palurdos.
Javier Ortiz. El Mundo (20 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de marzo de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/20 07:00:00 GMT+1
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2002/02/20 06:00:00 GMT+1
Manifestación de prostitutas en Madrid. Quieren llegar a un pacto de convivencia con el vecindario de las calles donde hacen la idem y reclaman respeto.
Hace años que una buena amiga mía viene esforzándose para que se organicen y hagan valer sus derechos de ciudadanas. Es un trabajo difícil, que choca con muchas incomprensiones. Algunas reticencias son lógicas: los vecinos se quejan del submundo cutre que todavía sigue rodeando eso que los cursis llaman «el oficio más viejo del mundo».
Hay una teoría al respecto. Sostiene que las autoridades municipales, en connivencia con los especuladores inmobiliarios, permiten que la prostitución se instale en algunas calles del viejo Madrid para que las viviendas se abaraten, de modo que las constructoras puedan adquirirlas a precio de saldo. Una vez que los buitres del ladrillo tienen el solar en mano, la Policía se encarga de limpiar la calle y de convertirla en «honorable», con lo que el solar sube de precio como la espuma.
Como periodista que he sido durante 35 años, hace mucho que envidio a las personas -mujeres y hombres- que ejercen la prostitución. No por sus condiciones de trabajo, que son espantosas -las noches madrileñas son terriblemente frías durante la mayor parte del año, y su clientela no siempre es la más agradable-, sino por el limitado compromiso moral que les exige. Quien trabaja en la prostitución se limita a alquilar su cuerpo. Mientras folla, puede pensar en lo que le venga en gana. Incluso en el asco que le da quien le está pagando por hacerlo. En cambio, el periodista alquila su cuerpo y su mente: se entrega a la patronal en cuerpo y alma. No puede reservar ningún espacio para su libertad.
Es, sin duda, un oficio mucho más sucio.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/20 06:00:00 GMT+1
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2002/02/19 06:00:00 GMT+1
Dice Fernando Savater que los títulos que otorga la Universidad del País Vasco carecen de credibilidad. Pero, que yo sepa, los suyos proceden de la Universidad franquista. ¿Habrá que deducir que les concede más credibilidad?
Mikel Azurmendi sostiene que «el multiculturalismo es una gangrena de la sociedad democrática». Afirma que el racismo no es la causa de acontecimientos como los de El Ejido. Para él, el racismo es una mera consecuencia del multiculturalismo. Azurmendi ha multiplicado las declaraciones de este tipo desde que el Gobierno lo nombró presidente del Foro para la Inmigración. Defiende la Ley de Extranjería, se opone a los recursos de inconstitucionalidad que ha merecido y rechaza que se legalice la situación de los sin papeles porque, según él, eso «no soluciona los problemas». Digo yo que no resolverá «los» problemas, pero sí algunos, al menos: los de quienes están sin papeles.
Mi buen amigo Gervasio Guzmán defiende desde hace ya muchos años una curiosa tesis: sostiene que la única oposición al sistema realmente creíble es la de quienes cuentan con un nivel de ingresos relativamente elevado. «Oponerte a un orden social que te trata mal es una reacción defensiva, puede que circunstancial. Lo que vale es estar en contra aunque a título personal te beneficie», sostiene.
Es cierto que hay algunas personas que se esfuerzan en no pensar en función del lugar que ocupan en el entramado social, pero lo normal es lo contrario. El ser social tiende a configurar las conciencias.
Supongo que es eso lo que explica que algunos intelectuales otrora críticos, y hasta más o menos lúcidos, se hayan pasado con armas y bagajes a la defensa del orden. El orden les ha dado coba, los ha aupado en la consideración pública, los pasea de tribuna en tribuna, les concede prebendas y títulos... y ellos responden mansamente a las expectativas de sus promotores. Aunque para hacerlo deban rebajar en varios escalones la congruencia de sus reflexiones y el rigor de su oficio, reconvirtiéndose en agitadores al servicio del Poder.
Son intelectuales de a tanto la idea.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/19 06:00:00 GMT+1
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2002/02/18 06:00:00 GMT+1
El personal no acaba de estar contento con que las dos medallas de oro obtenidas por la representación de España en los Juegos de Invierno de Salt Lake City las haya logrado un hombretón que se apellida Muehlegg y que habla con marcado acento alemán. Como Paquito Fernández Ochoa, son muchos los que hubieran preferido que se apellidara Gómez, Fernández o, por lo menos, Llull o Garmendia.
Lo cual viene a demostrar no sólo que el nacionalismo español sigue haciendo estragos, sino también que es un nacionalismo de segunda, garrulo y provinciano.
«¡Qué chovinistas son los franceses!», se oye decir por aquí cada dos por tres. Ya. Pero Francia nunca ha tenido el menor inconveniente en convertir en franceses de pura cepa a cuantos podían aportarle algo. Para buena parte de la grey universal, Picasso fue francés, por mucho que él jamás perdiera la nacionalidad española. Hágase un repaso al olimpo de la canción francesa: Brel (belga), Moustaki (griego), Dalida (egipcia), Aznavour (armenio), Reggiani (italiano), Mouskouri (griega), Adamo (belga)... ¿Se han tomado ustedes el trabajo de mirar el ránking histórico del tenis estadounidense? Está repleto de gente de las más diversas procedencias. Todas ellas, eso sí, con su correspondiente pasaporte norteamericano. Lo mismo en el cine: austríacos, alemanes, polacos, rusos, británicos... Kissinger llegó a la cumbre de la política norteamericana sin haberse desprendido jamás por completo de su acento inconfundiblemente alemán.
Son países que lo fagocitan todo... siempre que sea en su propio beneficio. Nacionalistas, sí, pero no paletos.
Yo no soy nacionalista, y tanto me da que Juanito Muehlegg haya conseguido dos medallas de oro «para España». Las competiciones deportivas por países no me gustan: sucedáneo pacífico de las guerras, exaltan las patrias y obstaculizan el avance de la solidaridad y el hermanamiento internacionales.
Pero, puesto a tener que convivir con nacionalistas, preferiría que, por lo menos, no fueran tan rematadamente palurdos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/18 06:00:00 GMT+1
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2002/02/17 06:00:00 GMT+1
Que unas monjas vestidas de riguroso hábito, con su toca y toda la pesca, cerraran el paso escolar a la ya famosa niña Fátima alegando problemas de vestimenta tiene unas narices que hubieran convertido en chatito al mismísimo Cyrano de Bergerac.
El pañuelo que Fátima quiere llevar en la cabeza -que no se parece lo más mínimo al chador, prenda que ninguna mujer usa en el Magreb- no tiene nada de humillante. Ella quiere ponérselo -es ella la que quiere- porque, si no, se siente rara. Como yo me sentiría raro vistiendo faldas. Más que nada porque me eduqué en San Sebastián, y no en Escocia. Son ritos culturales. Alejada de todos sus puntos de referencia cotidianos, Fátima se aferra a ese: es el nexo -medio sentimental, medio religioso- que le une a la tierra y las gentes que abandonó hace tan solo un año.
Tras la hiriente patochada de las monjas, fueron luego los responsables de un colegio teóricamente laico los que trataron de cerrarle el paso, no sé si por el pañuelo o con el pretexto del pañuelo. Los miembros del Consejo Escolar de ese centro se buscaron un argumento insostenible para negar a Fátima su derecho a la escolarización. ¿Qué tiene ese pañuelo de más discriminatorio que los tropecientos mil signos diferenciadores de género usados en Occidente por las mujeres (o por los hombres, según se mire)? Siguiendo su supuesto razonamiento, habría que prohibir, sin ir más lejos, la depilación femenina.
Comparar el uso de «vestimentas discriminatorias» con la ablación del clítoris, como ayer hicieron tantos -empezando por el ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, pobre bufón-, revela unas ganas verdaderamente enfermizas de hablar por hablar. Ya no sé a qué pedorra le escuché anoche decir en la TV que el uso del pañuelo en la cabeza «nos retrotrae a la Edad de Piedra». ¡A la Edad de Piedra! Cuando yo era crío, las mujeres todavía se cubrían por aquí la cabeza con un pañuelo. Aún se usan toquillas y mantillas como prendas de adorno femeninas en muchas ceremonias y festejos del oeste y el sur de España. ¿Se han dado ustedes una vuelta por la Feria de Sevilla, o por las Fallas, o por Les Fogueres? Es una viejísima costumbre mediterránea que se está perdiendo poco a poco, pero que pervive en múltiples formas.
Dicen que lo intolerable no es que lleve un pañuelo, sino que lo lleva por motivos religiosos, y que no cabe admitir en las aulas la exhibición de manifestaciones de fe. Bien: espero que, a partir de ahora, no sólo se retiren todos los crucifijos que quedan por las aulas, sino también, y sobre todo, que no se permita que los chavales y chavalas vayan al cole con medallas al cuello en las que aparezcan vírgenes, cristos y sagrados corazones. Sobre todo sagrados corazones: ¡vísceras colgadas del cuello! ¡Como si no fuera ya suficiente con que presuman de practicar la teofagia!
Y espero también que mañana mismo sean expulsadas de las Universidades todas las monjas que acuden a ellas con hábitos.
¿Laicismo? ¡Y un pimiento! Son tan solo excusas supuestamente laicas destinadas a disimular su muy reaccionaria aversión hacia la multiculturalidad. Y hacia la emigración.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/17 06:00:00 GMT+1
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2002/02/16 07:00:00 GMT+1
El expresidente serbio Slobodan Milosevic inició anteayer su defensa ante el Tribunal Internacional que lo juzga en La Haya por crímenes contra la Humanidad.
Milosevic presentó un vídeo de una emisora de televisión alemana que daba cuenta de una matanza indiscriminada de serbios en Kosovo. Dijo que los hechos reflejados en esa grabación no eran sino «una mínima muestra» de lo que sucedió realmente.
Deduzco que quería demostrar que, en esa guerra, las matanzas fueron cosa de todos contra todos.
Argumentó también que la pretendida «catástrofe humanitaria» que las potencias occidentales utilizaron en 1999 como coartada para iniciar el bombardeo intensivo del territorio serbio fue «un enorme montaje realizado con la colaboración de los grandes medios de comunicación occidentales, utilizados como instrumento de guerra».
En fin, insistió en que también las fuerzas occidentales cometieron crímenes de guerra, bombardeando deliberadamente objetivos civiles.
Los tres argumentos se apoyan en hechos contrastados.
Hoy en día se sabe que, en efecto, también la población serbia de Kosovo sufrió una persecución implacable, destinada a lograr la «limpieza étnica» de la zona.
Está igualmente demostrado que las cifras de víctimas civiles kosovares que el mando occidental proporcionó para justificar su intervención militar -cifras que todos los grandes medios de comunicación dieron por buenas, avalando la tesis del genocidio-, estaban escandalosamente exageradas. Así lo ha establecido la investigación posterior realizada sobre el terreno por equipos ad hoc, y así lo han venido a reconocer a regañadientes las propias autoridades de la OTAN.
En fin, poco puede decirse de los pretendidos «errores» de los bombardeos de la aviación aliada, salvo que o no fueron tales errores o la capacidad de sus generales para equivocarse alcanzando por casualidad objetivos civiles de primera importancia -el edificio de la radiotelevisión serbia, por ejemplo- fue ciertamente pasmosa.
Ahora bien, ¿en qué modo estos hechos podrían excusar la terrible actuación de Milosevic? En ninguno.
Milosevic no está presentando un alegato de inocencia. Trata tan solo de difuminar su culpabilidad específica enmarcándola en el retrato de una responsabilidad más amplia.
Que haya otros muchos a los que habría que sentar junto a él en el banquillo de los acusados no significa que él esté mal sentado.
La suya es una mala línea de defensa. Pero no es que se haya equivocado: es que no tiene otra.
Javier Ortiz. El Mundo (16 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de marzo de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/16 07:00:00 GMT+1
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2002/02/16 06:00:00 GMT+1
Regreso ayer a las tantas de un concierto de Javier Krahe, que terminó a las 2 de la madrugada. Recojo la correspondencia del buzón. No sé qué empresa me comunica que me ha tocado en un concurso un televisor Philips estupendo. Ya es mío. No tengo más que recogerlo.
No sigo leyendo. Deposito cuidadosamente la carta en el cubo de la basura.
Mi primera experiencia en estas lides fue realmente traumática.
Debió de ser mediados los 80 del pasado siglo.
Por aquel entonces, mis ingresos eran más que magros, lo que me obligaba a ponderar con sumo cuidado cualquier compra. Incluso la de una camiseta.
Otro dato que conviene considerar, para la mejor comprensión de esta historia, es que habitaba yo a la sazón en una buhardilla del centro de Madrid que tenía un techo que era muy bonito, con las vigas al aire, pero que permitía la libre circulación de corrientes de aire con liberalidad que para sí quisieran incluso los capitales en estos tiempos de globalización. En invierno, hacía allí un frío que pelaba.
Así las cosas, vi un buen día en un folleto de la casa Darmart –creo recordar que ese es su nombre– que vendía por correo unas camisetas «termolactiles» o «termoláctiles» (como el palabro no viene en ningún diccionario, no sé cómo diablos será) que presentaban la doble virtud de tener un aspecto de lo más calenturiento y un precio francamente asequible. Las había azules y blancas. Me decidí y pedí una blanca, adjuntando el cheque correspondiente.
Pasaron 15 días. El invierno iniciaba su curso cruel y de mi camiseta, ni noticias. De modo que mandé una carta de reclamación (la casa central de Darmart estaba en Barcelona y yo no podía andarme con conferencias).
Una semana después, recibí una misiva suya. «Estimado Sr. Ortiz», decía. «¡Ha sido usted seleccionado entre 10.000 clientes para participar en un sorteo restringido que le permitirá recibir un extraordinario regalo de Darmart!».
«Estupendo», me dije. «Pero, ¿y mi camiseta?».
Siguieron pasando los días. Nueva carta de reclamación. Y nueva misiva de Darmart. El ya de por sí selecto grupo de los que habíamos sido seleccionados para el sorteo restringido se había reducido todavía más. ¡Quedábamos solo 50! Pero de la camiseta, nada.
Mi mosqueo era para esas alturas más que considerable, sobre todo porque el invierno seguía haciendo estragos en mi buhardilla. ¡Con decir que llegué a evaluar la posibilidad de dejar abierta la puerta del frigorífico, como fuente de calor!
Mando una nueva carta de reclamación. Les hago ver, con lenguaje nada protocolario, que su concurso me importa un soberano bledo; que yo lo que quiero es mi camiseta, pagada mes y medio antes.
Su respuesta es fulminante: ¡ya sólo quedamos diez supervivientes en el sorteo!
¡Y los tíos tenían el morro de comunicármelo mediante un impreso, como si alguien mandara a la imprenta un escrito que va a enviar solo a diez personas!
Agarré un rebote épico. Me abalancé sobre la máquina de escribir y saqué toda la bilis literaria de la que soy capaz, que no es necesariamente poca. Les dije de todo, incluyendo diversas hipótesis sobre lo que podían hacer con su extraordinario regalo. Finalmente, les exigí que me remitieran inmediatamente mi camiseta porque, si no, la siguiente vez no recibirían una carta de reclamación, sino una citación del Juzgado.
A los pocos días recibí una dolida carta de la casa Darmart: no entendían mi actitud, ellos que tanto estaban haciendo por mí, pero, puesto que me ponía así, habían dado instrucciones para que se me remitiera de inmediato el producto de mi compra.
Una semana después recibí un paquete de Darmart.
Lo abrí. Contenía unos espantosos calzoncillos azul celeste.
Del selecto sorteo nunca más supe nada.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/16 06:00:00 GMT+1
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2002/02/15 06:00:00 GMT+1
El ex presidente serbio Slobodan Milosevic inició ayer su defensa ante el Tribunal Internacional que lo juzga en La Haya por crímenes contra la Humanidad.
Milosevic presentó un vídeo de una emisora de televisión alemana que daba cuenta de una matanza indiscriminada de serbios en Kosovo. Dijo que los hechos reflejados en esa grabación no eran sino «una mínima muestra» de lo que sucedió realmente.
Deduzco que quería demostrar que, en esa guerra, las matanzas fueron cosa de todos contra todos.
Argumentó también que la pretendida «catástrofe humanitaria» que las potencias occidentales utilizaron en 1999 como coartada para iniciar el bombardeo intensivo del territorio serbio fue «un enorme montaje realizado con la colaboración de los grandes medios de comunicación occidentales, utilizados como instrumento de guerra».
En fin, insistió en que también las fuerzas occidentales cometieron crímenes de guerra, bombardeando deliberadamente objetivos civiles.
Los tres argumentos se apoyan en hechos contrastados.
Hoy en día se sabe que, en efecto, también la población serbia de Kosovo sufrió una persecución implacable, destinada a lograr la «limpieza étnica» de la zona.
Está igualmente demostrado que las cifras de víctimas civiles kosovares que el mando occidental proporcionó para justificar su intervención militar -cifras que todos los grandes medios de comunicación dieron por buenas, avalando la tesis del genocidio-, estaban escandalosamente exageradas. Así lo ha establecido la investigación posterior realizada sobre el terreno por equipos ad hoc, y así lo han venido a reconocer a regañadientes las propias autoridades de la OTAN.
En fin, poco puede decirse de los pretendidos «errores» de los bombardeos de la aviación aliada, salvo que o no fueron tales errores o la capacidad de sus generales para equivocarse alcanzando por casualidad objetivos civiles de primera importancia -el edificio de la radiotelevisión serbia, por ejemplo- fue ciertamente pasmosa.
Ahora bien, ¿en qué modo estos hechos podrían excusar la terrible actuación de Milosevic? En ninguno.
Milosevic no está presentando un alegato de inocencia. Trata tan solo de difuminar su culpabilidad específica enmarcándola en el retrato de una responsabilidad más amplia.
Que haya otros muchos a los que habría que sentar junto a él en el banquillo de los acusados no significa que él esté mal sentado.
La suya es una mala línea de defensa.
Disculpémosle, al menos, en eso: no tenía otra.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/15 06:00:00 GMT+1
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2002/02/14 06:00:00 GMT+1
Si ETA trata de matarte, tienes derecho a reclamar el apoyo de la sociedad y la protección del Estado.
Lo que no puedes pretender -o no deberías pretender, al menos- es que, a partir de tan reprobable circunstancia, se te conceda todo cuanto pides. Por ejemplo: no hace al caso que te plantes ante la persona de tus amores, que te viene dando calabazas sistemáticamente, y le espetes: «O me haces caso de una puñetera vez o te acusaré de cómplice del terrorismo». Tampoco parece adecuado que compres un boleto de la Primitiva y hagas saber al organismo de apuestas del Estado que más vale que te toque, porque, si no, se entera.
Edurne Uriarte, profesora de la Universidad del País Vasco y miembro del Foro de Ermua, se libró por los pelos de un atentado de ETA. ¿Apoyo social, protección? Cuanto mayores, mejor. Qué duda cabe.
Meses después, Uriarte optó a una cátedra y el tribunal se la otorgó. La decisión causó extrañeza en el mundo universitario bilbaino, porque el oponente de Uriarte, Francisco Letamendia, reunía no más méritos académicos, sino muchísimos más. No faltaron las suspicacias, dada la militancia política de varios de los miembros del tribunal. Letamendia recurrió la decisión y la Comisión de Reclamaciones de la UPV decidió hace tres días anular la decisión del tribunal. No le ha «despojado» de la cátedra, como se ha dicho, porque nunca llegó a tomar posesión de ella: sencillamente, le han dicho que no la asumirá.
Gran escándalo anteayer y ayer en los mentideros político-periodísticos de la Villa y Corte, jaleados por la propia Edurne Uriarte. Ríos de tinta, editoriales, entrevistas... Sin conocer ni jota del contenido académico del asunto, dieron de inmediato por hecho que la Comisión de Reclamaciones había tomado una decisión política. El propio vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, afirmó que la actuación de la Comisión había sido de una «sinvergonzonería preocupante» y subrayó que Letamendia fue «diputado de HB». Incluso acusaron al propio rector de la UPV, Manuel Montero, de haberse plegado a las presiones del «entorno de ETA».
El disparate fue completo. Para empezar, Letamendia no tuvo nunca acta de diputado de HB, sino de la primera Euskadiko Ezkerra. HB ni siquiera existía por entonces. En segundo lugar, la Comisión de Reclamaciones de la UPV está presidida por un catedrático que milita en el PSE-PSOE, tendencia Redondo Terreros: ¡curioso instrumento del abertzalismo radical, a fe! En tercer lugar, para tener derecho a hablar de injusticia -no digamos ya de sinvergonzonería-, lo primero que deberían haber hecho los medios informativos con sede en Madrid -no digamos ya el vicepresidente del Gobierno de Aznar- es cotejar los méritos académicos de los dos candidatos a la cátedra. Cosa que, por supuesto, no hicieron.
Larga conversación ayer por la mañana entre el rector de la UPV y Rajoy. Montero le ilustra sobre las circunstancias concretas del caso. El vicepresidente comprende que no tiene escapatoria: admite que habló sin contar con la suficiente información (!), le pide excusas y le autoriza a que haga pública su rectificación. Montero lo hace.
¿Han leído o escuchado ustedes las autocríticas de los medios que tanta verborrea y de tan grueso calibre pusieron en circulación al respecto? Yo no. Quizá es que no he buscado bien.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de febrero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/02/14 06:00:00 GMT+1
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