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2002/07/12 06:00:00 GMT+2

Defensores del Estatuto

Anda revolucionado el patio capitalino por la resolución que hoy ratificará el Parlamento de Vitoria, en la que reclama al Gobierno central el cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika. Dicen los orates de la capital del reino que es una reedición del Pacto de Estella, una proclama independentista y un intolerable acto de desobediencia civil.

Vayamos por partes.

¿Es una reedición del Pacto de Estella? De ningún modo. Se trata de acuerdos de muy diferente naturaleza. Este tiene respaldo parlamentario; el de Estella se planteó al margen de las instituciones. Éste no cuenta con el apoyo de Batasuna; el de Estella sí. Lo que se demanda en éste es el cabal cumplimiento del Estatuto; en Estella ni se habló del Estatuto.

¿Es una proclama independentista? Para nada. El documento habla claramente de la necesidad de «compatibilizar la existencia del pueblo vasco como pueblo histórico con identidad propia» y «la territorialidad en la que ha permanecido», que no es otra que la del Estado español.

¿Es un acto de desobediencia civil? Tampoco. Sencillamente, el Parlamento de Vitoria reclama al Gobierno de Aznar que fije de aquí a dos meses el calendario al que piensa atenerse para completar las transferencias previstas en el Estatuto. ¿Cabe acusar al Legislativo vasco de impaciencia por pedir un mínimo de concreción en un asunto que lleva ya casi 23 años de demora?

No confundamos las cosas. Un acto de desobediencia civil fue, por ejemplo, el que realizó en 1980 el entonces presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, que se declaró en huelga de hambre para exigir al Gobierno central un referéndum en condiciones. Y el PSOE le aplaudió, y la UCD tragó. ¿Se imaginan ustedes lo que se diría de Ibarretxe si hiciera ahora algo así?

Lo que no sé si será un acto de desobediencia civil o incivil, pero sí en todo caso una burla del Estatuto de Autonomía que el Rey ratificó como Ley Orgánica el 18 de diciembre de 1979, es que después de más de dos décadas el Gobierno central siga haciendo dibujos para no respetar lo que allí quedó establecido.

Contrasta la bronca que se ha montado en Madrid en contra de lo acordado por el Parlamento Vasco con los comentarios que se oyen a ese mismo respecto en Cataluña. He escuchado a dos muy principales dirigentes de CiU y el PSC (Artur Mas y Joaquim Nadal) diciendo que, cuestiones de forma aparte, el Gobierno vasco tiene toda la razón. Ambos afirman que Cataluña está de hecho en las mismas: aún esperan allí que les transfieran 75 de las competencias que quedaron acordadas en el Estatut.

¿Al Gobierno de Aznar le gusta el Estatuto de Gernika tanto como dice? Tiene un modo muy sencillo de demostrarlo: cúmplalo.

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PD 1.- ¡Qué poco me aguantan las amenazas! Había dicho que iba a abstenerme de escribir en El Mundo sobre la «cuestión vasca» y creo que ya mañana mismo voy a saltarme a la torera mi decidido propósito, recogiendo este mismo comentario. Está claro que me pierden las ganas de no callar.

PD 2.- Me telefoneó ayer la jefa de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa del Rey, Asunción Valdés, para informarme de que ya han cursado instrucciones al embajador de España en Londres para que exija a la revista Eurobusiness una rectificación de sus informaciones sobre la fortuna personal del monarca (ver el apunte del pasado día 9, que salió el 10 como columna en El Mundo). La señora Valdés me expresó el agradecimiento de la Casa del Rey por la honda preocupación que yo había mostrado ante la publicación de una noticia que podía menoscabar el prestigio de la Corona y yo, en idéntica línea de franqueza, le agradecí lo rápidamente que habían atendido mis recomendaciones.

Fue una conversación muy cordial pero, sobre todo, extraordinariamente sincera.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de julio de 2002) y El Mundo, salvo las dos notas PD (13 de julio de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/12 06:00:00 GMT+2
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2002/07/11 06:00:00 GMT+2

Esas ONG...

Asegura la Justicia peruana que una ONG española llamada Asociación Global Humanitaria se ha quedado con unos 6 millones de euros que había recaudado utilizando como señuelo las múltiples y gravísimas necesidades del pueblo de Perú.

Aunque así fuera -que puede ser, y fácil-, el hecho no podría tomarse por representativo. No es frecuente que los responsables de las ONG se adueñen del dinero de la caja, sin más.

En el mundo de las ONG hay muchos estafadores y muchísimos caraduras, pero casi ninguno se salta a la torera el Código Penal. No tienen por qué. Su modus operandi es sencillo: inscriben su chiringo humanitario en el registro correspondiente, se agencian una subvención oficial, ponen en marcha cualquier mecanismo de los muchos que se han inventado para recaudar donativos y, a continuación, montan un buen aparato burocrático que proporcione empaque al conjunto y a ellos un cómodo empleo vitalicio.

Los conozco que no sólo se han agenciado así un buen empleo, sino que, ya de paso, se lo han conseguido también a la parienta. Y quienes no sólo le sacan a la Administración perras, sino también locales gratuitos, e incluso viviendas para su uso personal.

Al Estado le viene estupendamente que funcionen ONG dedicadas a atender necesidades sociales que él no pensaba cubrir en absoluto. Cierto es que tiene que asignarles subvenciones, pero por cuantía muy inferior al coste de los servicios prestados. El apartado ad hoc del IRPF, el trabajo gratuito de los voluntarios y el dinero proveniente de las cuestaciones públicas corren con los gastos. Con la ventaja adicional de que las subvenciones crean muy fuertes lazos de dependencia y, por lo tanto, de subordinación.

Pero las ambiciones de los responsables de algunas ONG no se sacian con lo que obtienen del erario. Los hay que han suscrito acuerdos con grandes firmas multinacionales e importantes empresas financieras para sacar la cara por sus negocios, presentándolos como estupendos para el medio ambiente o como muy solidarios con todos los parias de la tierra, a cambio de una pasta gansa. Me cuentan que una importante ONG se ha hecho uña y carne con una multinacional de refrescos entre cuyos méritos humanitarios está el haber sido juzgada y condenada por seguir pautas racistas en la contratación de sus empleados.

Me consta que hay muchísima gente de buena fe trabajando para unas u otras ONG. Pero tan cierto es eso como que pululan por ellas muchas almas caritativas de ésas que piensan que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de julio de 2017

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/11 06:00:00 GMT+2
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2002/07/10 06:00:00 GMT+2

El puzzle de Aznar

La remodelación de Gabinete que realizó ayer Aznar tiene varias posibles explicaciones, algunas menores y otra mayor.

Las explicaciones menores se entrelazan. Aznar cargaba con el peso muerto de varios ministros tan inútiles como torpes -tiene su mérito: no hacer nada y hacerlo mal-, lo cual estaba dando a su Gobierno un aire extremadamente burocrático, de ésos que tanto estimulan las tendencias naturales al navajeo interno.

Tan poco deseable situación venía a manifestarse, además, cuando ya asoman en el horizonte las elecciones municipales, destinadas a prologar el relevo en el liderazgo del PP.

Aznar necesitaba no sólo dar la apariencia de un nuevo dinamismo, sino también dinamizar realmente la actividad de su partido, para no correr riesgos innecesarios.

Pero eso explica que haya hecho cambios en su Gobierno, no los cambios concretos que ha hecho.

La consolidación de las posiciones de Rajoy y Acebes, el mantenimiento de las de Rato, el regreso de Arenas y el ingreso de Zaplana vienen a convertir el Consejo de Ministros en una especie de asamblea de aspirantes a la sucesión de Aznar. Sólo falta Mayor Oreja para completar el cuadro.

A falta de información confidencial -últimamente Aznar se muestra muy reservado conmigo-, sólo puedo hacer suposiciones lógicas. Y la suposición más lógica que se me ocurre es que Aznar quiere tener cerca y ocupados a todos cuantos aspiran a la sucesión, porque así le es más fácil controlarlos y evitar que se dediquen a intrigar. En mi criterio, ésa puede ser también la razón principal por la que se ha decidido a pedir a Ruiz Gallardón que luche por la alcaldía de la capital: mientras su joven y ambicioso opositor esté ocupado asentando las bases de maniobras futuras, se abstendrá de intervenir en las escaramuzas del presente.

Pero, de ser así, ¿por qué los coloca a todos bien a su vista... menos a Mayor Oreja? ¿Acaso lo está apartando de la carrera de la sucesión? Mi opinión es justamente la contraria: no quiere ni mantenerlo vigilado ni impedir que maniobre y que conspire, porque ya ha decidido que él va a ser su sucesor. Le deja campo libre para que se dedique a tomar toda la ventaja que pueda sobre los otros aspirantes.

Aunque lo mismo me equivoco. Me he limitado a ir moviendo las piezas del puzzle hasta que han dibujado una figura reconocible. Pero a saber si es la buena.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de julio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/10 06:00:00 GMT+2
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2002/07/09 20:00:00 GMT+2

Presentación de «Los nuevos conquistadores»

Intervención de Javier Ortiz en la presentación del libro «Los nuevos conquistadores», de Daniel Zecchini y Jorge Zicolillo (Ediciones Foca, 2002) realizada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el 9 de julio de 2002.

Por regla general, un editor es un señor -o una señora- que se dedica a publicar libros que considera que pueden tener la suficiente aceptación comercial como para justificar la inversión que ha realizado en ellos.

El editor no tiene por qué estar de acuerdo con lo que se dice en los libros que publica. Ni siquiera es obligatorio que le parezcan interesantes, a él personalmente. No los juzga a partir de sus gustos particulares, sino pensando en los muy distintos géneros de compradores de libros que existen, cada uno de los cuales cuenta con sus propios centros de interés (centros de interés que, por lo demás, no tienen por qué guardar demasiada relación ni con la calidad literaria ni con el rigor intelectual de las obras).

Esto no quiere decir que todo editor esté inevitablemente dispuesto a publicar cualquier cosa con tal de que venda. Ni mucho menos. Cada editor tiene sus propios criterios de selección.

Ustedes dirán: «¡Menos mal!». Y yo les contestaré: depende.

Depende, en concreto, de cuáles sean esos criterios. No en su exposición genérica y abstracta, sino en su concreción práctica.

El criterio de la calidad, que es uno de los más frecuentemente manejados, resulta de una portentosa elasticidad funcional. Se esgrime reiterada y eficazmente para no publicar obras de autores desconocidos, pero apenas nadie lo recuerda cuando las obras eventualmente mediocres, o directamente malas, van firmadas por autores de los que venden.

El rechazo del amarillismo constituye otro criterio de posibilidades harto vaporosas. En nombre de la "seriedad" y de la necesidad de huir de "lo escandaloso", se rechazan a veces libros perfectamente rigurosos, pero incómodos para el editor, porque pueden tocar las narices de este o aquel personaje o de tal o cual poder de ésos que se suelen llamar «intocables», no porque realmente lo sean, sino porque la mayoría no se atreve a tocarlos.

Todos sabemos de editoriales que han firmado sustanciosos contratos con algunos autores sobre proyectos de libros, y que luego, a la vista de los manuscritos, se han echado para atrás, renunciando a publicarlos, no porque los creyeran carentes de interés o de atractivo comercial, sino porque no querían correr riesgos.

Suelen pretender que se trata de decisiones supracomerciales. Pero es falso: son estrictamente comerciales. Renuncian a un negocio concreto para no poner en peligro su negocio en general. Porque en este país -y supongo que en muchos otros- ganarse la enemistad de una gran multinacional o de un gran banco es peligrosísimo. Y para qué va a hacerlo quien ni siquiera tiene ganas.

A decir verdad, a mí no me preocupa lo más mínimo que en España se publiquen sin parar libros de baja calidad o escandalosos, que a menudo no tienen más atractivo que la popularidad de quien los firma (digo de quien los firma, no de quien los escribe). Me deja frío que ya no queden casi presentadoras de telediario o pronosticadores del tiempo que no tengan publicada su novela, ni ligones famosos que no han cumplido todavía los 25 años y ya están dispuestos a escribir sus memorias. Me es indiferente. Que cada cual publique lo que le venga en gana y que el público gaste su dinero como lo tenga a bien.

Lo que de veras me preocupa es que haya libros interesantes, del género que sea -trabajos de investigación, ensayos, novelas: me da igual, a estos efectos-, que acaben acumulando polvo en un cajón porque nadie se ha atrevido a publicarlos. Porque son considerados libros de riesgo.

En mi criterio, es en ese terreno en el que cada editorial debe demostrar de qué va y en qué medida tiene clara la diferencia que hay entre la edición de libros y la venta de churros, dicho sea con todos los respetos hacia los maestros churreros.

El libro que hoy nos congrega aquí entra de lleno dentro de la categoría de lo que he llamado libros de riesgo. Lo más de lleno que humanamente cabe en este país, puesto que no se mete con una multinacional española, sino con todas, y no pone de vuelta y media a ningún gran banco, sino a todos, y no deja a la altura del barro a uno de los dos grandes partidos políticos que se turnan en el Poder en España, sino a los dos. Es, en suma, el conjunto del establishment empresarial y político del Reino de España el que queda con sus vergüenzas bien a la vista del público. El establishment empresarial y político del Reino de España... y el de la República Argentina, por supuesto, sin cuyo concurso no habría sido posible la intensa labor de rapiña que éstos, aquellos y bastantes más como ellos han desarrollado allí mano a mano, hasta llevar al país a la miseria en la que pena actualmente.

Es la historia de esa rapiña la que cuentan Zicolillo y Zecchini en Los nuevos conquistadores. Y ha sucedido tal como la cuentan, ténganlo por seguro.

Pero no porque los autores lo digan, sino porque lo demuestran. Si su alegato resulta realmente vitriólico, es porque no se apoya en adjetivos calificativos o descalificativos, sino en datos: en fechas, en nombres, en reuniones, en informes, en testimonios, en actas.

Zecchini y Zicolillo respaldan documentalmente todo lo que afirman. No sólo no adjetivan nada gratuitamente, sino que incluso renuncian a adjetivar cuando han proporcionado ya datos más que suficientes para avalar su derecho a hacerlo.

Estamos, a mi juicio, ante un libro modélico.

Es modélico, para empezar y muy obviamente, por el trabajo de investigación que encierra. Se basa en una minuciosísima reconstrucción de los hechos, seguidos paso a paso en sus más variadas vertientes.

Es modélico, en segundo lugar, porque, aunque penetra en terrenos que podrían resultar áridos para el lector no especializado, lo hace ordenando tan adecuadamente los datos y ligándolos a la secuencia de los acontecimientos con tanta precisión que cualquiera puede seguir el hilo de lo sucedido y entenderlo sin la menor dificultad.

Es modélico, en tercer lugar, por lo que ya antes he avanzado: porque los autores, pese a referirse a hechos que revuelven las tripas incluso con un océano de por medio, pese a estar escribiendo de algo en lo que les va el cuerpo y el alma, se contienen, se guardan para sí el grito y la rabia y dejan que sean las realidades, cruda y directamente expuestas, las que se encarguen de clamar al cielo.

En fin, cabe considerar modélico este libro también por la corrección, la agilidad y la soltura de su estilo literario. En general, los trabajos de investigación periodística -no digamos ya los escritos entre varios- suelen tener una redacción de urgencia, casi siempre mal vestida y peor peinada. Los nuevos conquistadores, en cambio, es un libro escrito con mimo, tratando de que la calidad literaria esté a la altura de la excelencia periodística.

Obviamente, cuando los responsables de Ediciones Foca decidimos publicar el trabajo de Zicolillo y Cechini sabíamos ya muy bien a lo que habríamos de atenernos. Dimos por supuesto que los responsables de los principales medios de comunicación, cuyas relaciones con las grandes empresas y los más importantes bancos son sobradamente conocidas, no iban a tener un particular interés en hacerse eco de las virtudes de esta obra. Un libro que pone en la picota a Telefónica, a Repsol, a Endesa, a la SEPI, al SCH, al BBVA, a La Caixa, al PP, al PSOE y al propio monarca está condenado a pasar apuros. Lo sabíamos y lo seguimos sabiendo.

Pero también estamos constatando que es verdad lo que pensamos desde el principio, y que nos dio la confianza necesaria para tirar para adelante con este proyecto: que tampoco es tan fácil silenciar la verdad; que cuando la denuncia es seria y rigurosa, siempre encuentra oídos dispuestos a escucharla. El libro se va abriendo camino con firmeza en el mercado, y yo confío en que ustedes, si lo leen, ayudarán a ello, porque verán que lo merece.

Javier Ortiz. (9 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de diciembre de 2017.

© Javier Ortiz. Está prohibida la reproducción de estos textos sin autorización expresa del autor.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/09 20:00:00 GMT+2
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2002/07/09 06:00:00 GMT+2

La táctica del silencio

Supongo que es una nueva táctica, pero me tiene perplejo.

Antes, si un periodista o escribidor osaba atribuir a tal o cual personaje encumbrado la comisión de alguna fechoría, el aludido reaccionaba de inmediato presentando una docena de querellas y exigiendo tres o cuatro resmas de rectificaciones fulminantes.

Ahora no. Ahora aparecen publicadas las más graves acusaciones, algunas con nombres y apellidos, y los acusados ni se inmutan.

Por ejemplo: se está contando ahora mismo con todo lujo de detalles cómo determinados empresarios españoles de alto copete han estado sembrando Suramérica, en general, y Argentina, en particular, de sobornos y cohechos. Las informaciones señalan a los presuntos culpables ad hominem. Pero ellos nada, como si oyeran llover.

Realistas en lo que al honor se refiere, saben que hay determinadas materias que cuanto más se remueven peor huelen. Así que optan por quedarse haciendo la vista gorda, a la espera de que escampe... o de que algún juez acabe por meter las narices en sus oscuras actividades trasatlánticas y ya no les quede más remedio que retratarse.

La táctica del silencio tiene su punto de astuta, no digo yo que no, pero presenta un inconveniente relativamente grave: es imposible adoptarla sin que los observadores más avisados sospechen que hay gato encerrado en el asunto y comiencen a preguntarse por la honorabilidad de los silenciosos.

Por eso sostengo que hay acusaciones que, sencillamente, no pueden quedar sin respuesta. Me refiero ahora, muy en concreto, a la barbaridad ésa que ha publicado la revista Eurobusiness, de la que se hacía eco el pasado domingo Jesús Cacho en estas mismas páginas. Contaba Cacho que Eurobusiness se ha permitido atribuir al Rey Juan Carlos una fortuna de 1.790 millones de euros (algo así como 300.000 millones de nuestras viejas pesetas), cantidad que el monarca no podría haber acumulado de ningún modo con el dinero que desde 1975 le han venido asignando los Presupuestos del Estado. ¿Qué están tratando de insinuar con eso? ¿Que el Rey se ha asegurado fuentes de financiación atípicas?

Haría mal la Casa Real si se dejara llevar por la moda del no comment y decidiera llamarse andana. Debe exigir de inmediato a la revista británica una pública y formal rectificación de lo publicado, antes de que la opinión pública española conceda carta de naturaleza a un infundio que, dada su muy desagradable naturaleza (los abusos monetarios no acaban de caer simpáticos por estos pagos, al menos todavía), resultaría terriblemente lesivo para el buen nombre de la Corona, labrado con tanta inteligencia y, sobre todo, tanto trabajo.

Recuerden que el que calla otorga.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de julio de 2002) y El Mundo (10 de julio de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2017.

Unos días más tarde, Javier dejó una nota en uno de sus apuntes, porque recibió una llamada de la Casa Real.

Me telefoneó ayer la jefa de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa del Rey, Asunción Valdés, para informarme de que ya han cursado instrucciones al embajador de España en Londres para que exija a la revista Eurobusiness una rectificación de sus informaciones sobre la fortuna personal del monarca (ver el apunte del pasado día 9, que salió el 10 como columna en El Mundo). La señora Valdés me expresó el agradecimiento de la Casa del Rey por la honda preocupación que yo había mostrado ante la publicación de una noticia que podía menoscabar el prestigio de la Corona y yo, en idéntica línea de franqueza, le agradecí lo rápidamente que habían atendido mis recomendaciones.

Fue una conversación muy cordial pero, sobre todo, extraordinariamente sincera.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/09 06:00:00 GMT+2
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2002/07/08 06:00:00 GMT+2

Renuncio

A lo que veo, la utilidad que tiene escribir acerca del problema vasco en El Mundo es ya prácticamente nula.

Siempre fue -desde 1966, sobre todo- bastante limitada. Pero quedaba un cierto margen. Ahora, si queda, yo no lo veo.

Cada vez que escribo una columna sobre asuntos relacionados con Euskadi me llega una abundante correspondencia electrónica. Las misivas se dividen en dos grupos antagónicos y numéricamente similares: unas están dedicadas a llamarme «terrorista encubierto», «cómplice de los asesinos» y lindezas semejantes; las otras, a decir que soy estupendo, que qué narices le echo, etcétera. Todas revelan lo mismo: que sus autores ya pensaban así antes de leer mi artículo, y que lo leído no les ha hecho replantearse nada que no tuvieran ya previamente decidido. Mis columnas sólo les sirven -a los unos y los otros- para reafirmarse en lo que ya tenían clavado a sangre y fuego en sus conciencias. Lo cual, para alguien que centra su empeño en animarse a pensar y en animar a pensar a los demás, presenta todos los rasgos distintivos del fracaso.

Sencillamente, no hay nada que hacer. Y en donde no hay nada que hacer, lo más práctico es no hacer nada.

Aquí, en el Diario, es otra cosa. Estamos más en familia. Con el tiempo, se ha ido seleccionando un público lector que, por lo general, participa de mi misma vocación de pensar y de afrontar los problemas existentes, por incómodos y antipáticos que resulten. Y de afrontarlos sin miedo a que resulten complejos y contradictorios. Gente de esa rara que se atreve a formular preguntas sin tener ya preparadas de antemano las respuestas.

Creo que voy a renunciar a escribir sobre Euskadi en El Mundo. Mi tierra se está poniendo cada vez peor, con dos bandos radicalmente decididos a zurrarse la badana, y no tengo el menor interés en contribuir a su decidida marcha hacia el abismo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/08 06:00:00 GMT+2
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2002/07/07 06:00:00 GMT+2

Julio extraño

Tengo más costumbres de las que me sabía.

Estoy descubriendo estos días que mi cabeza está habituada a encontrarse de vacaciones en el mes de julio y que se siente extraña, desconcertada, al verse en Madrid y trabajando. O, mejor dicho, a verse trabajando en Madrid, porque también suele trabajar durante las vacaciones. Sólo que lejos.

He tratado de computar los años que llevo tomándome las vacaciones estivales en el mes de julio. No menos de 20. Y desde hace once, siempre en mi casa de Aigües.

Hay sucesos que forman una sola unidad en mi cabeza: si hay encierros en Pamplona, es que estoy de vacaciones. Si hay Tour de Francia, es que estoy de vacaciones. Si hay moros y cristianos en La Vila, con desembarco incluido, es que estoy de vacaciones.

Empecé tomándome las vacaciones en julio sólo para no hacerlo en agosto. Para evitar el gran follón y escapar de las infinitas caravanas y de las insoportables aglomeraciones.

Ese argumento dejó de valer gran cosa cuando compré la casa de Aigües, porque allí la paz es plena durante todo el año, agosto incluido. Pero mantuve la costumbre veraniega por razones laborales: mi jefe se largaba de vacaciones en agosto, y así, al irme yo en julio, no sólo nos turnábamos, sino que además conseguía pasar dos meses sin verlo.

En agosto aprovechaba los escasos días de libranza que me tocaban para hacer una escapada ritual: a Donosti, a celebrar con mi madre su cumpleaños. Mi madre murió el pasado diciembre, con lo que esa excursión está también de sobra.

Yo ya tenía cogidos todos los trucos del julio alicantino: las fiestas más bonitas, los sitios más recoletos, las calas más tranquilas a las que llegarse con la barca... Ahora me tocará hacer el aprendizaje de agosto. Me da que, si ya otros años apenas abandonaba mi pacífico recinto de Aigües, este año lo voy a dejar aún menos.

Obtendré una ventaja, eso sí. Verano tras verano, me he quejado de no estar en agosto en Alicante y perderme la celebración del Misteri en Elx. Este 15 de agosto podré escuchar en directo esa maravilla.

Como no haya entradas, me corto las venas con un remo de la barca.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de  mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/07 06:00:00 GMT+2
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2002/07/06 06:00:00 GMT+2

Pamplona, 6 de julio

Una veintena de activistas del grupo PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales) se manifestó ayer en pelota picada por las calles de Pamplona para protestar contra los encierros y las corridas de toros.

No tengo nada en contra de las organizaciones que protestan por el maltrato a los animales. Al contrario. Ya sé que hay cosas mucho más graves que maltratar animales -maltratar a personas, por ejemplo- pero lo menos grave no por menos deja de ser grave, y está bien que alguien lo denuncie. Por lo demás, tengo observado que la mayor parte de la gente que ridiculiza a las organizaciones de defensa de los animales apelando a que hay cosas mucho más graves no mueve un maldito dedo tampoco por las más graves.

En este caso, de todos modos, los animalófilos lo tienen complicado, porque la opción real que se plantea con los toros de lidia se mueve entre Guatemala y Guatepeor. La cría de estos particularísimos animales es muy cara. Sólo compensa en la medida en que luego pueden ser vendidos a precios muy elevados para los festejos taurinos. Si desapareciera la tauromaquia, desaparecería la cría del toro bravo, por ruinosa. Con lo cual, desaparecería el toro bravo. Es así de sencillo: para que haya toros de lidia tiene que haber lidia.

En cualquier caso, mi oposición a la tauromaquia, tan añeja como inquebrantable, no tiene que ver con los animales, sino con las personas.

«¡Disfrutan viendo sufrir a los pobres toros!», clama la gente de PETA y afines. «¡Falso!», replican los aficionados a la fiesta.

Y tienen razón. Ellos no disfrutan con el sufrimiento del animal, sino a pesar de su sufrimiento.

Eso es lo que más me repele de la  tauromaquia: la capacidad de los aficionados para fijarse sólo en la habilidad y vistosidad de la lidia haciendo abstraccción del hecho de que allí hay un bicho que va siendo sistemáticamente derrengado hasta que, exangüe, es rematado de un sablazo.

Eso es, ya digo, lo que más me repele, pero en dura pugna con otros elementos propios de la estética misma del toreo: su exaltación del riesgo, su culto a la chulería, todo el aparato de superstición y vacua religiosidad que lo acompaña, su intrínseco machismo... Ya lo dejó Machado mejor que retratado cuando ridiculizó de Don Guido, el señorito andaluz, su «amor a los alamares / y a las sedas y a los oros, / y a la sangre de los toros / y al humo de los altares».

«No tratan mejor a los bichos en el matadero...», se defienden los taurinos. ¡Claro que no! Pero nadie se viste de gala y se perfuma para acudir al matadero a ovacionar el trabajo de las máquinas matarifes.

Jamás he criticado que se mate animales para obtener de ellos alimento, ropa y utensilios. Lo que me desagrada es que se convierta la muerte de los bichos en una fiesta ritual.

Pero lo de los sanfermines de Pamplona es ya para nota. Porque, por si fuera poco lo de los festejos del albero, ellos se encargan de añadirles la barbaridad ésa de los encierros matinales, con un montón de gente -buena parte de ella pasablemente borracha- jugándose el tipo por el gustazo de hacerlo, bajo la atenta y complaciente mirada de las autoridades civiles y eclesiásticas.

De veras que me subleva.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/06 06:00:00 GMT+2
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2002/07/05 06:00:00 GMT+2

La sed de venganza

Comprendo perfectamente la sed de venganza de quienes penan en Euskadi su vida de políticos amenazados. La papeleta que tienen que asumir a diario los responsables del PP y el PSE, sobre todo en los pueblos, es tremenda. Trato de imaginar lo terrible que tiene que ser acostarse cada noche sin saber si el día transcurrido ha sido el último de tu existencia. Consciente de que te han juzgado sin derecho a defensa, acusándote de cargos estrictamente ideológicos, y de que te han impuesto una condena a muerte frente a la que careces de derecho de apelación.

Qué horror de vida, encerrado en ese corredor de la muerte sin barrotes, pensando siempre en... el día menos pensado. Y, entretanto, los insultos por la calle, el coche quemado, las pintadas en la puerta de casa, la amenaza que se extiende a los tuyos... En esas condiciones, ¿cómo no desear que quienes te someten a ese suplicio -y quienes los rodean, y quienes les sonríen como si no pasara nada- prueben siquiera sea un poco de su propia medicina?

Entiendo -claro que entiendo- la ira desbordada de los amenazados, asediados por quienes son incapaces de asumir algo tan elemental y tan evidente como que la sociedad vasca es plural.

Pero la Justicia es otra cosa. La Justicia no puede actuar movida por ningún ansia incontenible de venganza. La Justicia no debe tener «un par». La Justicia debe ceñirse a la aplicación estricta y desapasionada de la ley.

Resulta demasiado llamativo que el mismo fiscal que reprende paternalmente a un instructor porque, a su juicio, «confunde la meras sospechas con los indicios», incite a otro a tomar las más severas medidas -formalmente provisionales, pero de efectos irreversibles- contra un partido al que sólo es capaz de relacionar con la causa de manera genérica, apelando a la comunidad de intereses políticos que lo vinculan con los imputados.

Y el juez le hace caso, y casi todo el mundo aplaude con alborozo. ¿Por el rigor jurídico de lo actuado? Desde luego que no: el auto de Garzón es una perfecta chapuza, semejante a las tantas que la anterior Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, hoy ya convenientemente purgada, le echó para atrás, una tras otra.

Lo aplauden porque satisface sus deseos de venganza.

Un planteamiento jurídico problemático, que responde a un planteamiento político insensato. ¿Qué esperan lograr ampliando más y más el campo de los acusados, amalgamándolo todo, metiendo en el mismo saco penal a los autores materiales, los colaboradores circunstanciales y los parientes ideológicos, cercanos o lejanos?

Lo único que van a obtener por esa vía, mucho me temo, es que las ansias de venganza -todas- no encuentren jamás el modo de saciarse.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de julio de 2002) y El Mundo (6 de julio de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 6 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/05 06:00:00 GMT+2
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2002/07/04 06:00:00 GMT+2

El jarrón de la sala

El niño entra en la cocina y mira a su madre con gesto hosco:

-¡Mamá, yo no he roto el jarrón de la sala!

Naturalmente, su madre no tenía ni idea de que el jarrón de la sala se hubiera roto.

Excusatio non petita, accusatio manifesta, decían los latinos. Quien se defiende de aquello de lo que no ha sido acusado admite implícitamente que espera la imputación.

El Gobierno de Washington ha dejado bien sentado que rechazará la autoridad del recién creado Tribunal Penal Internacional en tanto no quede claro que ninguno de sus funcionarios y militares será jamás conducido ante él, haya hecho lo que haya hecho. No se ha andado con rodeos y ha planteado la exigencia por la brava y con todas las letras: quiere impunidad.

No parece abusivo pensar que plantea esa demanda porque sabe que ha roto demasiados jarrones... y porque sabe que va a seguir rompiéndolos.

Hay quien dice que, al plantear tan insólita exigencia, los EEUU demuestran que rechazan la existencia de una legislación penal internacional. No es verdad. Los EEUU quieren que existan leyes penales internacionales, sólo que dictadas por ellos y administradas por ellos, directamente o bajo tutela. Si el TPI se aviniera a aforar colectivamente a la Administración norteamericana, Bush no le pondría mayores objeciones.

Lo que sí demuestra la demanda de impunidad de los gobernantes de Washington es que se malician que el Tribunal Penal Internacional, si se lo permitieran, acabaría metiendo la nariz en sus siempre oscuras actividades exteriores.

No les preocupa que haya o no razones para acusarles de crímenes de guerra, o de genocidio. Lo único que les preocupa es que nadie tenga autoridad para llevar esas razones ante un tribunal.

¿Cabe más transparente declaración de culpa?

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/04 06:00:00 GMT+2
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