2002/08/01 06:00:00 GMT+2
Cuando se armó el escándalo del vídeo, yo era subdirector de El Mundo. Me fastidió encontrarme en esa situación, porque cualquier cosa que hubiera escrito en contra de aquel montaje podría haberse interpretado fácilmente como un gesto servil de mi parte. Se lo dije al propio Ramírez: «Lamento que la víctima no sea algún periodista de la competencia. Me habría lanzado como una fiera a defenderle. Pero, tratándose de ti, no puedo». No sé si entendió mi posición. En todo caso, no me la reprochó.
Me negué a ver el vídeo de marras. Sólo sé de él lo que no he tenido más remedio que oír o leer. Y, por lo que supe, no me pareció que apareciera nada de lo que tuvieran que avergonzarse sus protagonistas. Follar no es vergonzoso. Ignoro cómo lo hará el resto de la población mundial, pero, allí hasta donde la experiencia me alcanza, las cosas que aparecían en la grabación no hubieran tenido nada que hacer en un concurso de exotismo. ¿Que resultaban risibles? Bueno, imagino que sí. Cagar es naturalísimo, pero si saliera un vídeo en el que se viera a monseñor Rouco Varela sentado en la taza del WC haciendo fuerzas, todo el mundo se reiría mucho. Excepto él, supongo.
De hecho, lo que me contaron del vídeo me sorprendió, pero positivamente: no le hacía yo tan humano a Ramírez.
Lo realmente vergonzoso, rijoso y repulsivo fue que un grupo de malhechores, algunos con elevadas responsabilidades públicas presentes o pasadas, realizara ese montaje para desprestigiar a quien por entonces les hacía la vida imposible con las armas de la denuncia periodística, divulgando sus chanchullos y sus crímenes. No me indignó tanto que ellos se metieran en ese lodazal -ya sabía que eran pura escoria-, como que una parte de la opinión pública española, incluyendo no pocos elementos de supuesta izquierda, les aplaudiera la gracia, en vez de tirarles el vídeo a la cresta.
Ahora que ya no soy miembro del staff de El Mundo y que a nadie se le ocultan mis graves desavenencias con el director de ese periódico -alguna de las cuales he dirimido a la vista del público-, puedo ya dar mi opinión sobre aquel cutre episodio sin que nadie pueda malinterpretarme. En ese asunto -¡en ése!-, siempre estuve del lado de Ramírez. Y lo sigo estando.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.
Nota: al día siguiente Javier publicó Una errata.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/01 06:00:00 GMT+2
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2002/07/31 06:00:00 GMT+2
Me divierte ver con qué desenvoltura fingen horrorizarse ante la peripecia de Mario Conde los mismos que otrora le bailaron el agua, o las sevillanas. Los recuerdo muy bien, todos reuniditos a su vera el día de su máximo esplendor, cuando lo nombraron doctor dineris causa. ¡Cómo le reían las gracias! ¡Cómo corearon sus cánticos a la sociedad civil de yate y de gomina! ¡Qué gran ejemplo para la juventud les parecía entonces! Ahora escriben sesudos artículos pintándolo como arquetipo del bribón sin escrúpulos que se piensa que el dinero lo puede todo.
Como estoy libre de pecado -lo puse de vuelta y media cuando vivía en la cumbre-, me puedo dar el gusto de tirar piedras contra la impostada honradez de quienes chalanearon con él y le pusieron el cazo y ahora lo mencionan como si sólo lo conocieran por los periódicos.
Pretenden que la severa sentencia que ha dictado el Tribunal Supremo contra Conde pone de relieve el estricto control legal al que está sometido el sistema financiero español. No se lo creen ni ellos. Lo afirmo porque me consta: así que hablan off the record, admiten que los demás banqueros recurren cada dos por tres a las mismas artimañas y trapecerías por las que éste ha acabado en la cárcel, desde el uso fraudulento de cuentas en paraísos fiscales a las compraventas ficticias en propio beneficio, pasando por los sustanciosos pagos bajo capa a estos o aquellos políticos de campanillas.
Conde no se hundió por hacer trampas en el juego, sino por tratar de imponer a los demás su propio juego nada más sentarse ante el tapete verde. Advenedizo, farolero y, para más inri, con ambiciones políticas, se buscó demasiados enemigos a la vez y tomó por aliados a quienes sólo trataban de sacarle los cuartos que administraba.
En todo caso, nada hay de sorprendente en el hecho de que los demás banqueros -todos ellos honorables hasta que... perdón, quiero decir, mientras no se demuestre lo contrario- pretendan que Conde es un tal o un cual, no como ellos, y que lo mismo hagan los políticos a los que el presidente de Banesto trató de puentear para emprender su propia carrera berlusconiana hacia La Moncloa.
Lo que me disgusta, y hasta enfada, es que alguna gente que debería estar vacunada contra esas patochadas se las tome en serio. Es el caso del coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, que ha comentado la condena impuesta por el Supremo a Mario Conde diciendo: «Nos parece especialmente bien que los tribunales demuestren que todos somos iguales ante la ley y que incluso los poderosos pueden acabar en la cárcel».
¿Todos iguales? ¿Los poderosos? Pero ¿de qué habla? ¿Está de broma?
Este hombre ve una golondrina y ya se cree en primavera.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (31 de julio de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/31 06:00:00 GMT+2
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2002/07/30 06:00:00 GMT+2
Las radios con sede central en Madrid no pararon de contar ayer durante todo el día que se iba a celebrar/se estaba celebrando/se había celebrado un homenaje a dos amenazados por ETA: Francisco Llera, catedrático de Sociología de la UPV, que se marcha a Estados Unidos, y Jaime Larrinaga, párroco de Maruri, que lleva escolta de protección.
Apuesto a que hay muchos y muy buenos motivos para homenajear a Llera y a Larrinaga, juntos o por separado, pero me parece un tanto traída por los pelos la referencia a las amenazas de ETA.
Le he escuchado decir a Llera que se va a los EEUU porque le han hecho una oferta de gran interés profesional. No recuerdo qué: una beca, o algo así. Admite que se alegra de alejarse radicalmente del ambiente de crispación y enfrentamientos que le ha tocado vivir en la Universidad del País Vasco, pero jamás ha pretendido que su viaje equivalga a un exilio.
Tampoco creo que sea correcto defender al párroco de Maruri en tanto que «amenazado por ETA», básicamente porque ETA no le ha amenazado. Lo que ha ocurrido es que el Ayuntamiento de su pueblo le ha acusado de ser un «nostálgico del franquismo» y él, en uso de sus libres atributos deductivos, ha considerado que eso equivale a ponerlo «en el punto de mira de ETA», razón por la que ha solicitado -y se le ha concedido- protección policial. (Es curioso que el señor párroco no se hubiera sentido hasta ahora «en el punto de mira de ETA», pese a haber fundado una asociación confesional antinacionalista y haber publicado diversos artículos del mismo género en la prensa de Madrid; que haya sido necesario un pronunciamiento del Ayuntamiento de su pueblo para que le embargue la sensación de estar «en el punto de mira»).
Las simpatías que está recogiendo el cura de Maruri responden a una lógica extraña. Sus defensores sostienen que él hace muy bien en apelar a su condición de sacerdote para descalificar el nacionalismo vasco, incluso como ideología, y para acusar a la jerarquía vasca de dedicar el templo al «mercadeo político» por defender la negociación como vía de salida al embrollo vasco, actitud que él quisiera contrarrestar con medidas expeditivas («Ya es hora de que sean expulsados del templo todos los que lo usan para el mercadeo político», ha escrito). A cambio, consideran intolerable que alguien responda a esas acusaciones, y más aún que le pregunte dónde tuvo guardada su «legítima indignación» durante los muchos años que fue párroco de Maruri durante la dictadura franquista, porque nadie recuerda que por aquel entonces hiciera gala de su santo furor, por mucho palio que usaran los asesinos.
En fin, tampoco quisiera insistir demasiado en cosas que caen por su propio peso.
Lo que pretendo es ilustrar el hecho de que Euskadi vive una situación imposible, con unos que corren el riesgo de que los agredan, o maten incluso, por expresar ideas hostiles al nacionalismo vasco, y con otros a los que se les priva de su derecho a polemizar franca y pacíficamente con las ideas hostiles porque, si lo hacen -según no para de advertírseles- estarán «poniendo en el punto de mira de ETA» a los criticados.
Así la política se convierte en un purito asco.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (30 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/30 06:00:00 GMT+2
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2002/07/29 06:00:00 GMT+2
Mi buen amigo Gervasio Guzmán no me creyó cuando le dije ayer que hace algo así como cuarenta días que no fumo, y que dejar el tabaco no me ha acarreado mayores problemas.
–¿Que dejaste de fumar tú de un día para otro? ¿Que pasaste de sesenta cigarrillos diarios a ninguno, sin más?
–No, sin más no –le respondí–. Aproveché para dejar también de beber alcohol. Fue una astuta artimaña: conseguí que los dos monos se pegaran entre sí y me dejaran tranquilo.
A partir de ahí, toda su obsesión era enterarse del truco. Porque tenía que haber truco.
–¿Qué método usaste? ¿Pastillas, parches, chicles?
–Nada de eso. Bueno, no, miento: algo sí. Empecé tomando bromazepam, por consejo de mi médico. En pequeñas dosis, el bromazepam sirve para prevenir los estados de ansiedad. Al tercer día, sin embargo, prescindí del medicamento y comprobé que mis nervios no experimentaban cambio alguno, de modo que opté por no tomarlo más. Y hasta hoy.
Aquella respuesta, obviamente, no le satisfizo. Así que volvió a la carga.
–Entonces es que leíste el libro, ¿verdad?
La verdad es que no sé qué libro es el libro, pero me consta que el libro existe, porque me han hablado de él lo menos doscientas o trescientas personas: «¿No has leído el libro?», «¡Tienes que leer el libro!», «¡El libro es maravilloso para dejar de fumar!». Y así. A todos les he soltado la misma ristra de evidencias: «Aquel que realmente está decidido a dejar de fumar deja de fumar. Quien ya está persuadido de algo no necesita que nadie le persuada. Los argumentos en contra del tabaquismo son de dominio público; no hace falta que nadie te los venda envueltos en papel de regalo». Etcétera.
Supongo que todos los muchos trucos que se utilizan para dejar de fumar no son sino diversos modos de apuntalar voluntades tambaleantes, y que yo no he necesitado de ninguno porque mi decisión era firme.
En el fondo, la voluntad es como la puntualidad. Gervasio explica mi puntualidad germánica y su impuntualidad insular apelando al prestigio. «Tú tienes fama de ser terriblemente puntual. Ese prestigio actúa como un poderoso estímulo: tienes que seguir llegando a las citas con invariable puntualidad, porque te juegas tu imagen. En cambio, yo he acumulado una espantosa reputación de impuntual. No tengo ningún prestigio que mantener. Incluso cuando puedo llegar a la hora, me retraso con lo que sea, para que no me abrumen con sarcasmos: “¡Insólito, Gervasio ha llegado a la hora en punto!”».
Tal vez ocurra lo mismo con la voluntad. Algunos arrastramos fama de tenaces. De cabezotas, incluso. Eso nos sobremotiva cuando nos comprometemos públicamente a alcanzar tal o cual meta.
Pero no estoy seguro de que nuestro espíritu no sea un amasijo de vasos comunicantes. Ahora no fumo y no bebo alcohol, pero como cual poseso. Como decían Les Luthiers, lo único que sacia mi ansia de comer... es comer. Es palmario que la soterrada ansiedad que me empujaba a fumarme tres paquetes de Ducados por día se ha canalizado ahora hacia la comida. Con lo cual, pese a que hago ejercicio, he engordado ya 2 kilos en cuarenta días. Mi médico me tranquiliza: «No es para tanto. Y ponerse a adelgazar es mucho más sencillo que dejar de fumar». Yo no estaría tan seguro. Y. además, me intranquiliza: si también tapo esa válvula de escape, ¿por dónde me saldrán las ansiedades?
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de junio de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/29 06:00:00 GMT+2
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2002/07/28 06:00:00 GMT+2
Cuando me detuvo la Guardia Civil en el Pirineo catalán, allá por julio de 1974, según trataba de regresar a Francia después de haber hecho un periplo político por la península, todo el interés de mis allegados era lograr que la Policía no descubriera quién era yo en realidad. Hacía muy poco que los amigos del Movimento de Esquerda Socialista de Portugal nos había hecho llegar un informe que la Policía política del franquismo había pasado a sus homólogos de la PIDE, entonces recién desmantelada, en el que se me describía como uno de los principales dirigentes de la extrema izquierda vasca. Yo llevaba documentación falsa y me hacía pasar por un joven de Calatayud recién doctorado en Filosofía por la Universidad de Barcelona que hacía una excursión domincal con dos amigos. Convenía entonces que nombrara un abogado cuya elección no dejara trasparentar mi militancia antifranquista. «Coge a Manuel Jiménez de Parga», me aconsejaron. «No está muy a malas con el Régimen». Es lo que hice. Mi representación legal -formal- corrió durante un par de meses a cargo del despacho de ese caballero que no estaba «muy a malas» con la dictadura.
Lo perdí de vista -no de oídas- hasta que, con el tiempo, me lo topé escribiendo breves artículos para Diario 16. Firmaba con el seudónimo de Secondat, evocando el apellido del barón de Montesquieu. Reconocí en aquellos articulitos su imprudente verbosivad, su enquistado derechismo y, sobre todo, su estomagante y visceral nacionalismo español. Es una maldición que arrastra Cataluña: la de los foráneos que se instalan en su suelo, hacen carrera en él y le demuestran su agradecimiento poniendo mala cara a la realidad de sus diferencias.
Por lo que me cuentan, Jiménez de Parga añade a esas virtudes la de ser también un vago importante. Según otro catedrático de Derecho Constitucional, cuando todavía daba clases en la Universidad, el menda admitía que no hacía nada por ponerse al día en la disciplina de la que impartía enseñanza. «Estoy ya muy viejo para ponerme a estudiar», decía. Su magisterio olía a naftalina. A la naftalina que se usaba en España cuando él todavía estudiaba y lo más parecido a una Constitución que había por aquí eran los Principios Fundamentales del Movimiento. Demasiado viejo para estudiar, para cobrar, en cambio, estaba hecho un chaval.
Durante el trecenato felipista, don Manuel consiguió llamar la atención por los artículos de prensa en los que maldisimulaba su benevolencia hacia las actividades de los GAL y otros llamativos abusos de poder. Un hijo suyo -y no precisamente con su desaprobación- asumió la defensa de no recuerdo ahora qué acusado en el sumario sobre el caso Marey.
El historial -incluyendo la ignorancia constitucional- avala suficientemente las razones por las que el PP decidió apoyar su candidatura a presidente del Tribunal Constitucional, cargo en el que se desayunó llamando a Ibarretxe «lehendakari de Oklahoma», por el aquel de caer bien a sus padrinos y, ya de paso, ir sentando las bases de la imparcialidad de su magisterio. Ahora se ha vuelto a señalar asumiendo la defensa del general Rodríguez Galindo, al que ha tratado de exonerar y dejar en la calle por las más diversas vías. En su indisimulada parcialidad, ha tenido la santa jeró de decir que, si bien Galindo es sin duda culpable del secuestro de Lasa y Zabala, no está probado que tenga nada que ver con su tortura y asesinato. ¿Cuál es su hipótesis? ¿Que Galindo ordenó su secuestro pero luego olvidó que los tenía secuestrados y los subordinados de Galindo se insubordinaron y tiraron por su cuenta sin que él se enterara?
Ahora Jiménez de Parga -que larga, larga y no para- ha decidido asumir públicamente la defensa del indulto gubernativo para el ex capo del cuartel de Intxaurrondo. Como se ve, todo está en orden.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/28 06:00:00 GMT+2
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2002/07/27 06:00:00 GMT+2
«El Mundo» me pide que participe en su sección dominical titulada En la Red respondiendo a la siguiente pregunta: ¿Debería España modificar su posición sobre el Sáhara para mejorar sus relaciones con Marruecos?
Este es el articulito que les he remitido.
Planteado así, el objetivo parece indiscutible: que España mejore sus relaciones con Marruecos.
Pero no caigamos en la trampa de las palabras. ¿De quién hablamos, cuando hablamos de «España»? Y, sobre todo, ¿de quién hablamos, cuando hablamos de «Marruecos»? Se nos dice «Marruecos», pero en realidad no se alude a la sociedad marroquí, que no tiene ni voz ni voto dignos de ese nombre, sino a la casta alauí que la sojuzga. Reformulemos, pues, la pregunta, planteándola sin eufemismos edulcorantes: ¿debería el Estado español plegarse a los deseos expansionistas de Mohamed VI en el Sáhara para tenerlo contento y sacarle determinados beneficios?
Esa es la verdadera cuestión que se está planteando. Y es a ella a la que respondo que no.
Rodríguez Zapatero, empeñado en darse aires de estadista, se ha puesto a defender ahora que el Estado español adopte una posición «más realista» ante el conflicto del Sáhara Occidental. Lo que sugiere es que el Gobierno de Madrid se avenga discretamente a la «solución» patrocinada por Estados Unidos y Francia y acepte la integración forzosa de la excolonia española en el Reino de Marruecos. El secretario general de los socialistas ha olvidado súbitamente que su partido suscribió compromisos muy solemnes a este respecto.
Dicen que el Estado español mantiene una posición «excesivamente rígida» en relación con este conflicto. Nada menos cierto. Los sucesivos gobiernos de Madrid han deshonrado de manera reiterada sus compromisos con el pueblo saharaui. Dos ejemplos: han dado luz verde a la industria española de armamento para que abastezca a bajo precio al Ejército de Marruecos y han admitido que el Ejecutivo de Rabat se lucre con la pesca en aguas saharianas, sobre las que no tiene soberanía. Lo único que el Estado español ha hecho -aparte de no boicotear la solidaridad activa de la sociedad española con el pueblo saharaui- es respaldar la resolución de las Naciones Unidas que defiende la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental.
En resumen: estamos hablando de una política de mínimos.
¿Que hay gente que considera que esos mínimos son máximos? Allá ellos. Otros preferimos no olvidarnos de que estamos hablando del destino de todo un pueblo. De un pueblo al que los dirigentes españoles ya han traicionado demasiadas veces.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de julio de 2002) y El Mundo (28 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/27 06:00:00 GMT+2
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2002/07/26 06:00:00 GMT+2
Aznar se declara sorprendido porque, según él, el PSOE ha renunciado al espacio de centro. Bueno, lo ha dicho echando mano de uno de esos latiguillos perifrásticos que tanto le gustan y de los que tanto abusa («en términos de lo que es y significa el espacio de centro», o algo así), pero la idea es ésa.
El presidente del Gobierno sostiene que el PSOE ha optado por «la radicalidad de izquierda», lo cual le parece un tremendo error: a su juicio, la experiencia europea de los últimos tiempos demuestra que tanto más se escora un partido a la izquierda, tanto peores resultados recoge en las urnas.
Cabría discutir ese supuesto axioma. Bien reciente está la derrota de los socialistas franceses, que se pegaron el tortazo precisamente cuando dejaron de poner por delante los rasgos más socialdemócratas de su programa y se empeñaron en disputar a Chirac las banderas de la derecha (aumento del control policial de la vida ciudadana, criminalización de hecho de la población inmigrante, etcétera).
Pero no vale la pena entrar en ese debate, sencillamente porque es falso que Rodríguez Zapatero esté escorando al PSOE hacia la izquierda.
Repásese su programa.
¿Defienden los socialistas una política económica de izquierda? De ningún modo. Hace bien poco, Aznar acusó al líder socialista de carecer de una alternativa económica, y tenía razón. La política económica que propone hoy el PSOE es, en lo fundamental, la misma que defiende el PP, de la misma manera que la política económica que proponía el PP cuando estaba en la oposición era la misma que ya estaba aplicando el PSOE. Es cierto que Zapatero insiste en señalar algunas lacras sociales resultantes de la orientación de la economía, pero ninguna de las respuestas que sugiere desborda lo que ya se está haciendo en tales o cuales países integrados en la UE.
¿Son izquierdistas las observaciones que hace Rodríguez Zapatero en materia de política exterior? ¡Pero si es más pro Bush que el mismísimo Aznar!
No hay ni un solo gran capítulo programático -otro ejemplo: la política vasca- en el que las posiciones del PSOE no se conformen con matizar las del PP, excluidas algunas poses en materia de fe y de costumbres que ya adoptaron los socialistas antes de llegar al Gobierno y que descartaron en cuanto se hicieron cargo de él.
Es un puro efecto óptico: Aznar se desplaza más y más hacia la derecha pero, como da por hecho que está firmemente anclado en el centro, deduce que es el PSOE el que se desliza hacia la izquierda.
Le propongo un ejercicio práctico. Coja papel y lápiz y trate de establecer los puntos que caracterizarían el programa de un partido de la derecha española. Verá cómo le sale su propio programa.
Es él el que abandonó hace tiempo el espacio de centro.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de julio de 2002) y El Mundo (27 de julio de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/26 06:00:00 GMT+2
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2002/07/25 06:00:00 GMT+2
Aún a medio digerir el potaje del Perejil, la ministra española de Exteriores, Ana Palacio, y su colega marroquí, Mohamed Benaisa, han quedado a la vuelta del veraneo para comenzar a discutir a fondo. Dicen que aprovecharán el ínterin para estudiarse la agenda.
Esto de la «agenda», soltado así, tiene un aire very British, pero también cabe tomárselo en su literalidad latina, como nominativo plural neutro del participio pasado del verbo ago en su forma perifrástica pasiva. O sea, agenda = las cosas que han de ser hechas.
Siempre he defendido que los estados deben coexistir en paz, incluso cuando defienden modelos políticos diferentes. No digamos nada cuando responden a modelos tan similares como los asumidos por los Reinos de Marruecos y de España.
Dispuesto a contribuir a la causa de su buen entendimiento, he decidido aportar tres cosas que han de ser hechas si se quiere evitar que la situación actual se desarrolle por su lado negativo. Tres nada más, pero cuyo adecuado tratamiento contribuiría a situar a cada cual en el sitio debido.
1ª.- Así que se vean en septiembre, Ana Palacio debería comunicar al ministro de Exteriores marroquí que el Estado español reconoce plenamente la soberanía marroquí sobre el islote de Perejil.
2ª.- La ministra española de Exteriores habría de hacer también patente a Mohamed Benaisa el deseo del Gobierno de España de iniciar conversaciones con el Reino de Marruecos sobre el futuro de las ciudades de Ceuta y Melilla, partiendo del mutuo entendimiento de dos realidades: la primera, que Ceuta y Melilla están enclavadas en territorio marroquí; la segunda, que las poblaciones de ambas ciudades gozan de unas libertades y unos derechos políticos, jurídicos y sociales que deben ser respetados.
La reciente experiencia internacional proporciona ejemplos de descolonizaciones paulatinas y condicionadas -la de Hong Kong, por ejemplo- que cabría tener en cuenta a este respecto.
3ª.- Convendría igualmente que Ana Palacio comunicara a la representación del monarca alauí que, por razones históricas sobradamente conocidas, el Estado español debe defender y defiende el proceso de autodeterminación del pueblo saharaui, tal como fue acordado en su día por las Naciones Unidas, y que, por esta razón, toda acción unilateral del Reino de Marruecos en territorio de la ex colonia española sería considerada como un acto gravemente inamistoso hacia el Reino de España.
Digo yo que, para empezar a hablar, estos tres puntos ya proporcionan una buena agenda, ¿no?
Nota.- Hoy es el 2º aniversario del Diario de un resentido social.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/25 06:00:00 GMT+2
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2002/07/24 06:00:00 GMT+2
La Asamblea General de las Naciones Unidas votó en su día a favor de la realización de un referéndum de autodeterminación en el Sahara Occidental. La monarquía alauí, radicalmente opuesta a esa resolución, viene haciendo de todo para impedir que se lleve a la práctica. Y la ONU se lo ha venido consintiendo, básicamente porque el Sahara ex español no se parece al Timor ex portugués: mientras aquel es oriental, el Sahara es occidental. Tan occidental como los intereses que defiende Mohamed VI cuando no está ocupado con los suyos personales.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decidió ayer aplazar de nuevo su decisión sobre el destino del Sahara Occidental. Conforme –para variar– con los criterios de Washington, Kofi Annan ha pretextado que no hay un «consenso suficiente». Pero ése no es el problema: ya hubo consenso general en torno a la autodeterminación y no sirvió de nada. Lo que Kofi Annan quiere decir es que EEUU y Francia todavía no han conseguido que su lobby se imponga. Tanto Chirac como Bush –con el apoyo del siempre solícito Blair– quieren que Mohamed VI se quede con el Sahara a cambio de una mera promesa de «amplia autonomía» en cuya posibilidad nadie cree, porque es directamente incompatible con los fundamentos mismos de la autocracia alauí.
El ex secretario de Estado norteamericano James Baker, designado por la ONU mediador en el conflicto –lo que ya tiene sus bemoles–, ha afirmado que debe elegirse entre tres opciones: la que él defiende (es decir: la entrega pura y simple del Sahara a Marruecos), la partición del territorio (dividiéndolo entre Marruecos y el Frente Polisario) y la celebración del referéndum de independencia. Es un falsario. Si realmente pensara que el referéndum es una hipótesis plausible, habría hecho algo por darle viabilidad. La alternativa que en realidad propone es: o Marruecos se queda con todo o se queda con la parte económicamente más interesante y deja un pedazo de desierto para el Frente Polisario.
¿Y por qué ha de aceptarse que el asunto se plantee en esos términos, cuando lo cierto es que la inmensa mayoría de los estados que componen la comunidad internacional respalda que se celebre el referéndum de autodeterminación? Por una razón sencillísima. O mejor dicho, por dos: Bush y Chirac. Dado que ninguno de los dos acepta el referéndum, el referéndum es imposible. Porque de la ONU no puede salir nada que contraríe los designios de Washington. Y si encima contraría también los de París, pues para qué te cuento. Y lo de Londres por añadidura. De modo que se votará, y se volverá a votar, y se seguirá votando. Hasta que salga lo que ellos quieren.
Claro que también existe otra posibilidad: que Mohamed VI aplique a gran escala la táctica del Perejil y se monte una nueva Marcha Verde hacia el Sahara, con la esperanza de que luego sus amigos Bush y Chirac pasen a la firma el certificado de hechos consumados.
El asunto tiene una pinta espantosa. O se empieza desde ahora mismo a armar bulla en contra de todas esas maniobras oscuras o quizá dentro de cuatro o seis meses ya sea tarde.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de julio de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/24 06:00:00 GMT+2
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2002/07/23 06:00:00 GMT+2
Les ha entrado de repente una extraña manía: se han puesto a decir todos a coro que no tienen complejos.
Acebes asegura que él hace política «sin complejos». Arenas, tres cuartos de lo mismo. Y Rajoy. Incluso Aznar presume de ser inmune a los complejos, por sorprendente que resulte.
No es una exclusiva de los jefes del PP. El pasado domingo, José Luis Rodríguez Zapatero recurrió también a la falta de complejos para definirse.
¿De qué complejos se han liberado tan en tropel, si puede saberse? No lo dicen, pero se les nota.
Veamos qué hace Rodríguez Zapatero así que deja constancia de su ausencia de complejos: se pone a hablar de Marruecos y afirma que las exigencias de la realpolitik son más importantes que la solidaridad con el pueblo saharaui.
Así, por la brava. Sin cortarse un pelo. Sin complejos.
El resultado de la falta de complejos de los ministros de Aznar -y del propio Aznar- es parecido al del secretario general del PSOE, pero en su género. Zapatero pasa de parecer de izquierdas. A ellos les da igual que se les acuse de estar regresando a sus orígenes franquistas. Adiós al complejo de Suárez, que les forzaba a parecer autonomistas, moderados y hasta pasablemente laicos: ahora miran con mal disimulada desconfianza los Estatutos de Autonomía y zancadillean su desarrollo, sustituyen el debate de ideas por el insulto sin sustancia y mantienen viva la memoria del don Guido machadiano travistiéndose de esforzados costaleros u ofrendando sus carteras ministeriales a la Macarena, a ver qué cae.
La experiencia ha demostrado sobradamente que, cada vez que un preboste del establishment avisa que va a hacer algo «sin complejos», hay que echarse a temblar. «Sin complejos» es el giro abreviado que utilizan para anunciar que van a tirar por la calle de en medio, cual elefante en cacharrería, y las quejas al maestro armero. O que no van a tener ningún pudor en prometer con gran solemnidad una cosa y hacer a continuación exactamente la contraria, como ha ocurrido con lo de los mediadores en el conflicto del Perejil, que primero quedaron tajantemente excluidos por razones de principio y luego fueron muy servilmente bendecidos por razones de final.
Yo, la verdad, los prefería con complejos. Con todos los complejos posibles: a más complejos, menos simples. ¡Qué maldita manía ésta de desear que todo quisque «se quite la careta» y se muestre «tal cual es»! Confieso que prefiero no verme en la obligación de comprobar empíricamente cómo son y hasta dónde pueden llegar algunos políticos profesionales. Me basta y me sobra con el horror de imaginármelo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de julio de 2002) y El Mundo (24 de julio de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de julio de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/07/23 06:00:00 GMT+2
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