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2002/08/10 06:00:00 GMT+2

De veraneo

El jueves la radio anunció mal tiempo. Dijeron que venía lluvia, o incluso temporal. No hicimos caso, nos fiamos del cielo, bajamos a la Coveta Fumà y nos dimos un reconfortarte baño en su playita de juguete, en la que no hay forma de ver una ola.

Un treintañero afanoso trataba de instalar una sombrilla en la arena húmeda. Empujaba con mucha fuerza para hundir la punta del soporte. Sin el menor éxito. Una mujer y un niño, con aires de esposa e hijo, lo miraban con cierto escepticismo. Tras mucho dudarlo, me acerqué a enseñarle cómo se clava el pincho en la arena, porque el asunto es sencillo, pero tiene su truco. Fui sumamente amable: le conté que a mí me había sucedido lo mismo, bromeé con mi propia impericia... en fin, hice cuanto estuvo en mi mano para que no se sintiera ridículo. Fracasé. Al machito moreno y fortachón no le hizo ninguna gracia que un señor mayor con pinta de chupatintas le enseñara el principio del berbiquí. La señora y el niño –gente práctica– sonrieron mucho y me dieron las gracias.

A su lado, otra señora se enfadaba con su niña: «¡Ay, hija mía, qué inconformista eres!», le dijo.

El sol pegaba fuerte, así que subimos pronto al chiringuito de don Tomás para tomamos unas gambas, unos mejillones y unas sardinas asadas.

Se nubló cuando regresamos para Aigües, pero apenas cayeron dos gotas. Enseguida volvió a despejarse.

Ayer por la mañana la radio dijo que el tiempo iba a mejorar. Bajé a Sant Joan a hacer una gestión en la Agencia Tributaria. Decidimos quedarnos en casa para comer.

A comienzos de la tarde, empecé a oír un fuerte runrún a lo lejos. Salí al jardín y le pregunté a Charo si no lo oía. «¿Qué será?», se inquietó. El ruido creció y vi que algunas piedras se ponían a saltar. «Un terremoto», avancé, con miedo. Pero no tardó en evidenciarse lo que pasaba: era pedrisco. Se nos vino entonces una granizada impresionante, de piedras como nueces. Veíamos caer los rayos bien cerca. Me sobresaltaban los trallazos ensordecedores. La tarde se puso tan negra que se encendió la bombilla del porche, que funciona cuando una célula solar detecta que se ha ido la luz del día.

El camino que baja hacia la salida de casa se convirtió rápidamente en un riachuelo. Salí corriendo para rescatar a las cuatro crías de la gata canela, metidas bajo un frágil chiringo improvisado por su madre bajo un montón de ramas de pino podadas. Saqué a los cuatro gatitos empapados y ateridos. Me los llevé para casa y los sequé con cuidado. Luego los instalé en un cesto de mimbre, en el porche, a la espera de que su madre viniera a buscarlos. No apareció hasta que escampó la tormenta. Me dije que no destacaba por sus sentimientos maternales, aunque también pensé que lo mismo se limitaba a seguir las pautas que le manda su mensaje genético.

Lo mismo que el hombre que no lograba clavar la sombrilla.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de agosto de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/10 06:00:00 GMT+2
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2002/08/09 06:00:00 GMT+2

Miguel Sanz y la ikurriña

Cuando yo era chaval, mi padre solía enviarme a Hendaya para hacer compras. No tenía que adquirir gran cosa: el semanario Télé-7 Jours, que traía la programación de la televisión francesa -la única que vimos durante años en San Sebastián, por culpa combinada de la orografía y el desarrollo del capitalismo-, algunos quesos, tal o cual mostaza... A veces me fastidiaba perder la tarde del sábado en aquel pesado viaje de 20 kilómetros, pero otras lo disfrutaba. Me gustaba ver los escaparates de las tiendas, el ambiente de la playa -menos pudibundo que el imperante por entonces en este lado del Bidasoa-... y, claro, los estantes de las librerías, llenos de libros prohibidos en España y puestos allí para atracción del público español.

Hendaya no era un pueblo que se caracterizara por su nacionalismo vasco -estoy hablando del primer tramo de la década de los 60- pero exhibía ikurriñas por todas partes: en las banderitas que adornaban las calles en fiestas, en los gallardetes de los pequeños pesqueros, en los souvenirs, en los letreros de las tiendas...Incluso contaba con una buena proporción de casas pintadas en rojo, verde y blanco. Cuando, pasado algún tiempo, me adentré de excursión por las ciudades y pueblos cercanos, comprobé que ésa no era ninguna particularidad de Hendaya: la ikurriña era un elemento ornamental de uso general y sistemático en todo el País Vasco francés.

Aunque Sabino Arana se inventara la bandera bicrucífera para que sirviera de emblema de Vizcaya, el hecho es que la enseña hizo pronto fortuna y, en el lapso de pocas décadas, pasó a ser tenida en muchos lugares -prácticamente en todos a los que no llegó la prohibición del franquismo- como símbolo de «lo vasco» o, si se prefiere, del ámbito cultural vasco. Por eso en el País Vasco francés la exhibieron y la siguen exhibiendo por todas partes, sin que nadie interprete tal cosa como un gesto de sumisión al Gobierno de Vitoria.

Pero Miguel Sanz es diferente. Sanz, que lleva años haciendo como si no supiera que la lengua y la cultura vascas son parte de la identidad de la comunidad autónoma que preside, porque así lo establece la Ley Foral suprema que él juró defender, ha decidido ahora que la ikurriña sólo puede ser entendida como símbolo político de la Comunidad Autónoma Vasca, y no como emblema de una realidad cultural que trasciende las divisiones y las representaciones políticas. A partir de lo cual, quiere perseguir y castigar el uso institucional de esa bandera en los municipios navarros.

Quizá se pregunten ustedes por qué se mete Sanz en batallas como ésta, que ni sus propios socios parlamentarios respaldan. No lo sé, pero supongo que estará intentando hacer méritos. Digo yo que querrá caer simpático a quienes, por razones de estirpe, siempre han visto con malos ojos la ikurriña.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de agosto de 2002) y El Mundo (10 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/09 06:00:00 GMT+2
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2002/08/08 06:00:00 GMT+2

El cuento de la lechera (y tómese lo de la lechera como se quiera)

La pena es que estaba algo distraído y no me enteré ni de quién era el autor de la argumentación ni en qué medio se la habían publicado. La escuché ayer en la radio, en una revista de prensa, y lo mismo podía estar tomada de un artículo editorial que de una columna firmada, aunque me sonó más a editorial, por el tono. La reproduzco a ojo, no literalmente, pero respetando los pasos: hay que ilegalizar Batasuna -decía- porque, sin Batasuna, ETA estará abocada a la desaparición y, una vez desaparecida ETA, desaparecerá también el problema vasco.

¡Triple salto mortal y sin red!

Primer salto mortal: se da por hecho que la ilegalización de Batasuna provocará la disolución del entramado político y social que integra el llamado MLNV. ¿En qué se apoya semejante suposición? En nada. El MLNV -dentro del cual hay organizaciones que nunca se han inscrito en ningún registro legal, lo que no les ha impedido funcionar a buen ritmo- es capaz de subsistir en condiciones de acoso policial y judicial como las que pueden derivarse de la ilegalización de Batasuna. Es más: ese acoso puede incluso reforzar sus posiciones.

Segundo salto mortal: se presenta como una evidencia que ETA no puede subsistir sin Batasuna. Es otra presunción sin base alguna. ETA -lo he recordado varias veces estos días- creció y se asentó cuando no contaba con el respaldo periférico de ningún partido legal. La práctica totalidad de su actividad funciona al margen de Batasuna. Incluso cuando se apoya en militantes de Batasuna, lo hace no porque Batasuna se los proporcione, sino porque los conoce directamente y sin necesidad de Batasuna. Nada le impedirá seguir echando mano de ellos cuando le parezca.

Tercer salto mortal: se toma como algo incuestionable que el llamado «problema vasco» empieza y acaba en ETA, razón por la cual se considera impepinable que, si el terrorismo desapareciera, con él se iría también para siempre «la cuestión vasca». Ésa es quizá la más apoteósica de las sucesivas muestras de ignorancia sobre las que camina esta especie de cuento de la lechera. Desconoce que el llamado «problema vasco» tenía ya una larga historia a sus espaldas cuando ETA nació y que no sólo podría subsistir, sino que es seguro que subsistiría aunque ETA desapareciera.

Lo que me llama más la atención de esta serie concatenada de disparates es que haya medios de comunicación importantes -la revista de prensa era de periódicos con sede en Madrid- que la reproduzcan sin sonrojo alguno, sea porque se la toman en serio, sea porque piensan que sus lectores pueden tomársela en serio, sea por las dos cosas.

¿Es posible una ceguera tal ante la realidad de lo que está pasando? Sí. Creedme: la combinación entre la miopía y el deseo de no ver produce efectos demoledores.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/08 06:00:00 GMT+2
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2002/08/07 06:00:00 GMT+2

El señuelo

Todo el mundo discutiendo si se reúnen ya o no los requisitos necesarios para ilegalizar Batasuna en aplicación de la nueva Ley de Partidos. Doy por hecho que, si no los reúne, acabará reuniéndolos. Estaría bueno que hubieran fabricado una ley a la medida para ese objetivo y que luego no lo lograran.

En todo caso, la cuestión de fondo no es determinar si una Ley de ese tipo es aplicable, o si tiene encaje en un régimen de libertades -que ésa es otra-, sino analizar en qué medida la ilegalización de Batasuna puede contribuir al fin de ETA. Porque para eso se supone que ha de servir y para eso se ha previsto.

La teoría oficial es que el «entramado legal» del MLNV es esencial para la perviviencia de ETA. La experiencia contante y sonante demuestra que ETA nació y se reprodujo durante años sin contar para nada con ese «entramado». La prohibición legal de Batasuna ¿puede cortocircuitar el ciclo actual de reproducción de ETA o, por el contrario, puede revitalizarlo, al sofocar las vías de expresión política de los sectores sociales que se sitúan en esa órbita ideológica? Ése es el asunto de fondo. Un asunto que no parece que tengan muchas ganas de debatir, visto cómo se escabullen de él y cuánto interés ponen en limitarse a la cháchara sobre las dificultades que presenta el trámite de ilegalización.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/07 06:00:00 GMT+2
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2002/08/06 06:00:00 GMT+2

Un túnel sin salida

«Hasta aquí hemos llegado», sentenció anteayer un José María Aznar más serio que nunca, justo antes de anunciar que se niega a permitir que «la basura que son los dirigentes de Batasuna siga paseándose impunemente». Javier Arenas confirmaba al poco que ya está en marcha la cuenta atrás para la ilegalización del partido de Otegi, y Ángel Acebes señalaba la base jurídica que, según sus previsiones, sustentará la decisión judicial correspondiente: Batasuna será declarada ilegal porque no ha condenado el atentado de Santa Pola y, en criterio de los promotores de la recién promulgada Ley de Partidos, no condenar un acto terrorista equivale a aplaudirlo.

Por ahora lo único indiscutible es que ETA ha vuelto a matar, y que éste no ha sido otro atentado más. Un coche bomba, en pleno día, en el centro de una localidad de veraneo popular, sin previo aviso. Es evidente que quería asesinar a voleo y que no le importaba quiénes fueran las víctimas. Eso es nuevo.

Desde hace mucho, los coches bomba que ETA ha hecho estallar sin la consabida llamada de alerta tenían destinatarios concretos, aunque mataran o hirieran también a terceros. En este caso, en cambio, la bomba no iba contra nadie en particular: lo mismo podían volar por los aires personas que habitaran en la casa cuartel de la Guardia Civil que vecinos de otros inmuebles, gente a la espera de coger el autobús o meros viandantes. Cualquiera. Ésta ha sido una acción de terrorismo literalmente indiscriminado que todavía no sabemos si pronostica un nuevo planteamiento de la dirección de ETA.

Acebes asegura que el Estado va a acabar con la organización terrorista y pide a la ciudadanía que no lo dude «ni por un instante». El nuevo ministro del Interior eleva en exceso el rango de sus deseos: la experiencia desautoriza su predicción. ¿No sostiene el PP que, desde que llegó al Gobierno, hace ya más de seis años, ha desplegado todos los medios a su alcance para lograr el fin de ETA? ¿No dice el PSOE que hizo lo propio -y por las más diversas vías, como se recordará- durante los casi 13 años que gobernó? Súmense esas casi dos décadas de denodados esfuerzos y pondérese su resultado, sin duda notable, pero ampliamente insuficiente: el terrorismo ha perdido fuelle y medios, pero ahí sigue, colocando bombas y pegando tiros.

Frente a esa larga y penosa evidencia, la única novedad que aporta ahora el Gobierno es la posibilidad de ilegalizar Batasuna. ¿Cree realmente que la colocación de ese partido fuera de la ley va a minar los cimientos de una organización que lleva ya 35 años reproduciéndose en la clandestinidad?

No lo discutamos ahora. Sería inútil. Dejemos que sea el tiempo el que se encargue de zanjar el debate. No tardará en hacerlo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de agosto de 2002) y El Mundo (7 de agosto de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/06 06:00:00 GMT+2
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2002/08/05 06:00:00 GMT+2

Discutiendo lo indiscutible

Dice el Gobierno, dice el PP, dice el PSOE y -por lo que parece- dice también Izquierda Unida que la soberanía española sobre Ceuta y Melilla es «indiscutible».

La verdad es que el adjetivo resulta poco afortunado. En un régimen de libertades, nada es indiscutible. Hay, eso sí, cosas que nadie discute, de puro evidentes. Indiscutidas, más que indiscutibles.

¿Es indiscutible que Ceuta y Melilla «son y serán siempre españolas», como dijo el pasado sábado Rodríguez Zapatero? Pues no. Es muy discutible. De hecho, yo tengo ganas de discutirlo, y me sé de bastante gente que también quiere hacerlo -unos a favor, otros en contra-, y de mucha, muchísima más, que no lo discutirá en voz alta, para no meterse en líos, pero que no ve el asunto nada, pero que nada claro.

¿Ceuta y Melilla, españolas para siempre, sea como sea y cueste lo que cueste? Yo veo argumentos para defender la permanencia de las dos ciudades dentro del ámbito del Estado español (casi todos referidos al mantenimiento de la calidad de vida política y social de sus habitantes) y otros, más doctrinales, que avalan el anhelo marroquí de verlas integradas en su territorio. Lo que no creo que aporte nada de valor al debate -porque debate va a haber, ya digo, les guste o no- son las proclamas retóricas, como ésa tan repetida últimamente según la cual Ceuta y Melilla son «tan españolas como Sevilla», o como esa otra que cree resolver el expediente alegando que ambas ciudades llevan «siglos y siglos» bajo soberanía española. Las afirmaciones de ese tenor provocan una reacción contraria a la pretendida, por lo menos en quienes recordamos que exactamente lo mismo decían los mandamases españoles de los años 60 a propósito de las provincias de Fernando Poo y Río Muni, «tan españolas como Burgos» y «nuestras desde 1777», según el agitprop de la época. Aquellos tipos pasaron sin transición de estar dispuestos a luchar «hasta la muerte» por la permanencia de las dos provincias dentro de «la sagrada unidad de la patria» a concederles la independencia, así que las potencias occidentales presionaron a favor de esa salida.

El que ha visto ya un ridículo como ése los ha visto todos, de modo que les recomendaría que no sellaran demasiados juramentos con vocación de eternidad y que se fueran estudiando en detalle el expediente de lo innegociable. Por si acaso acaban viéndose en la obligación de negociarlo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de agosto de 2002) y El Mundo (6 de agosto de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/05 06:00:00 GMT+2
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2002/08/04 06:15:00 GMT+2

Gracioso Dylan

Volví a ver ayer Don't Look Back, la no demasiado interesante película que Bob Dylan grabó cuando, todavía jovencito, hizo una gira por Gran Bretaña. Ya digo que la película no es gran cosa -apenas pasa de ser una impúdica exhibición del apabullante ego del cantautor-, pero tiene un diálogo final que me divirtió:

(Dylan saluda con la mano a un grupo de fans a través de la ventanilla del coche mientras dice al conductor: «¡Arranca, arranca de una vez!»)

EL REPRESENTANTE.- Te han llamado anarquista.

DYLAN.- ¿Quién? ¿Dónde?

EL REPRESENTANTE.- En dos o tres periódicos.

DYLAN.- ¡Anarquista! ¿Por qué?

EL REPRESENTANTE.- Porque no ofreces soluciones.

DYLAN.- ¡Anarquista! Vaya, han debido pensárselo. Por lo menos no me han llamado comunista.

EL REPRESENTANTE.- En Inglaterra no es grave ser comunista. Incluso está de moda.

DYLAN.- ¡Anarquista! Bueno, espero que en Inglaterra el anarquismo no esté de moda...

(Todos ríen)

EL REPRESENTANTE.- No, no lo está.

DYLAN.- Bueno, vale, ¿alguien le da un cigarrillo al anarquista?

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

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2002/08/04 06:00:00 GMT+2

¿Caraduras? No, gracias

Ya está en marcha la nueva campaña oficial de publicidad contra el consumo de alevines. He visto dos spots televisivos: en el primero, es un camarero el que anuncia que va a servir «pescaíto chiquitín chiquitín»; en el otro, es un cliente el que lo pide. En ambos, el desdichado se lleva un castañazo de pez gordo, mientras una voz en off vaticina: «El día menos pensado, el mar te devolverá el golpe».

La campaña me cabrea por partida doble: por lo que significa en sí misma y por lo que tiene de ejemplo.

Por ella misma: si el Estado español considera que es una barbaridad consumir inmaduros -que lo es-, lo que tiene que hacer es cursar las órdenes pertinentes para que sus servidores vigilen los desembarcos en los puertos pesqueros, las subastas de las lonjas y las ventas en los mercados centrales. Si se interrumpe en origen la cadena distribuidora de alevines, es imposible que lleguen a los bares y a las pescaderías minoristas. Y si los armadores de pesca comprueban que no hay manera de venderlos, y que además les caen unas multas de órdago por intentarlo, asunto concluido.

Pero lo peor es que éste no es un caso aislado de dejación de responsabilidades del Estado. Por el contrario, supone casi un prototipo. El mecanismo es siempre el mismo: la autoridad competente -lo de competente es un decir- se abstiene de intervenir donde y cuando debería hacerlo, deja que tal o cual fenómeno nocivo se desarrolle... y luego echa la culpa a los ciudadanos de su existencia o les dice que, si no quieren soportarlo, se encarguen ellos de arreglarlo, pagándose de su bolsillo la solución. Ayer me refería a la inmigración y citaba el caso de las enormes bolsas de trabajo semilegal o directamente clandestino que existen, y los guetos de marginalidad -y de delincuencia- que generan. Un servicio de Inspección de Trabajo dotado de los medios humanos y materiales necesarios reduciría drásticamente las dimensiones del problema en un plazo relativamente breve.

Es sólo un caso. Los hay por todas partes y a todos los niveles. Ejemplo: en el pueblo en el que estoy viviendo (Aigües, en el Camp d'Alacant) pago unos muy hermosos impuestos al Ayuntamiento por los servicios de recogida de basuras y aguas. Pues bien: en el arranque del camino de monte que conduce a mi casa se acumula la basura durante meses -en este mismo momento hay hasta nueve colchones viejos- y el agua de la fuente del pueblo sólo mana si se introducen monedas en un simpático aparatito instalado al efecto.

Así son nuestras autoridades: nos cobran por lo que no hacen y luego nos reclaman que resolvamos los problemas por nuestra cuenta.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/04 06:00:00 GMT+2
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2002/08/03 06:00:00 GMT+2

Estrecho de miras

Escucho a Ángel Acebes entonar por enésima vez la salmodia: la culpa de las infinitas tragedias que acompañan a la inmigración ilegal es de quienes se lucran con el negocio de las pateras.

Es falso. El Gobierno de España se sirve de dos vías para eludir sus responsabilidades.

Primero, sitúa el origen del problema en el exterior, achacándoselo a los negociantes de las pateras y a Mohamed VI, al que culpa de tolerar esas actividades ilícitas. Por supuesto que los unos y el otro son culpables. Pero no es verdad que sea suya la culpa, es decir, toda la culpa. La oferta depende de la demanda: si nadie en España -y en Europa- aceptara mano de obra ilegal, el negocio de las pateras se iría a pique.

Las autoridades españolas se defienden también alegando que ya han puesto en marcha todas las medidas legales y represivas que estaban a su alcance, por lo que no cabe reprocharles nada. Pero no dicen que las medidas que ponen realmente en práctica son las que tienen a los propios inmigrantes como objetivo, lo que viene a ser tan absurdo como tratar de cortar una cadena serrando su último eslabón.

Hay oferta de mano de obra ilegal porque hay demanda de mano de obra ilegal. Y hay demanda de mano de obra ilegal porque florece la producción ilegal. De cumplir eficazmente con su cometido los organismos estatales de inspección laboral -de detectar con rapidez las infracciones y sancionarlas severamente-, los empresarios desaprensivos se buscarían otros modos de minimizar los costes. Claro que, si el Gobierno de Aznar actuara enérgicamente por esa vía, es harto probable que le surgieran problemas electorales de importancia en algunas zonas cuya economía -cuyo empresariado- florece alegremente gracias a técnicas de contratación más que discutibles. Problemas que, como pusieron de manifiesto los acontecimientos de El Ejido, el PP no quiere tener bajo ningún concepto.

En donde podrían ser eficaces no hacen prácticamente nada, y en donde actúan con mucha energía -con demasiada, muy a menudo- no hacen sino rozar la superficie del problema. Supongo que a propósito, para no molestar más que a los molestables.

En lo que el partido del Gobierno está teniendo un éxito pleno, en cambio, es en el fomento de actitudes sociales de creciente hostilidad hacia la inmigración, en general, y hacia la procedente del otro lado del Estrecho, en particular. Gracias a su machacona propaganda, más de la mitad de nuestros conciudadanos piensa que aquí sobran inmigrantes -cuando la tasa española de población laboral extranjera es de las más bajas de Europa-, cree que la inmigración constituye un problema gravísimo y reconoce que mira con antipatía a los norteafricanos. Eso sí: todo ello desde la más estricta moderación.

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Nota.- Cuando envié ayer este texto a El Mundo para su publicación hoy en forma de columna, adjunté un aviso sobre la conveniencia de repasar mis escritos, por si se me cuelan pifias. Que se dé por hecho que yo no cometo faltas es halagador, pero imprudente, porque las cometo. En recientes columnas, sin ir más lejos, se me escaparon dos, que salieron publicadas: un «hoy» por un «ayer» -culpa de la traslación del Diario- y un «trapecerías», en lugar de «trapacerías». Siguiendo, pues, mis instrucciones, ayer corrigieron el texto de mi columna, y donde yo había titulado «Estrecho de miras», haciendo un juego de palabras entre la cortedad de miras del Gobierno y el Estrecho de Gibraltar, ha aparecido hoy un «Estrechos de miras», en plural.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (3 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/03 06:00:00 GMT+2
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2002/08/02 06:00:00 GMT+2

Una errata

Leo esta mañana las voces de alarma que me dieron ayer numerosos lectores advirtiéndome de una errata –de un erratum, como se decía antes, cuando todavía se respetaban las declinaciones latinas– que metí en el anuncio del apunte del Diario que va en la página principal de esta web. Escribí: «El vídeo de Pedo J.». Pedo. Vaya por Dios.

Lo primero que me he planteado al apercibirme del gazapo es sí dejar constancia de él o no. A veces, a quienes escribimos mucho –a los periodistas sobre todo– se nos escapan disparates que luego no sabemos si conviene rectificar o no, porque la rectificación puede contribuir a que perciban la pata de banco incluso quienes no la habían notado sobre la marcha. Es una duda práctica que afecta al conocido y no muy fino refrán según el cual la mierda, cuanto más se remueve, peor huele.

Recuerdo un caso que tuvo como víctima a un letrado apellidado Caballero, que fue llamado Canallero. Si el hombre hubiera sido conocido por sus buenas obras, la cosa se habría quedado en el terreno de la pura broma pero, dado que atesoraba una poco imitable fama de sinvergüenza, todo el mundo sospechó que el yerro no había sido tal.

Otras veces entran en danza lo que Nazario Aguado, dirigente del extinto Partido del Trabajo de España, llamó en cierta ocasión «los diablillos del subconsciente». Cierto es que todo el mundo se quedó perplejo ante la alusión de Aguado a los tales diablillos, dado que los sacó a colación para tratar de explicar por qué se había dirigido a Alfonso Sastre llamándolo Alfonso Paso.

No es mi caso. Ni diablillos del subconsciente, ni retorcida maldad. Tan sólo dedos que corren torpemente por el teclado cuando el sueño todavía pesa en los párpados. Me equivoqué. Como se equivocó el corrector de El Mundo que mandó el pasado martes para la rotativa una columna mía en la que se hablaba de «trapecerías», en vez de trapacerías. Gutenberg lo confunda.

Y es que algunos pillamos en ocasiones cada pedro mental...

Nota.- Hubo quien me mandó varios correos electrónicos a lo largo del día para que corrigiera el error. Advierto al público en general que, a diferencia del resto del año, que estoy casi todo el día al pie del cañón, durante las vacaciones conecto con Internet sólo una vez al día, o dos como mucho. Tampoco contesto al correo electrónico, salvo casos excepcionales, precisamente porque estoy de vacaciones y debo ocuparme de otras cosas, entre las cuales una no menor es descansar.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de mayo de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/02 06:00:00 GMT+2
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