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2003/01/07 06:00:00 GMT+1

A mal Cristo, mucha sangre

Un amigo mío, corresponsal en España de un medio centroeuropeo –con mucho tiempo libre a su disposición, en consecuencia–, tiene acumulado un montón de apuntes que, según él, demuestran irrefutablemente que cada vez que el Gobierno de Aznar pasa por un mal momento, se produce una acción policial espectacular contra ETA, preferentemente en Francia. Mi amigo sostiene que se trata de miembros de ETA o de colaboradores más o menos directos que las dos policías tienen localizados y bajo vigilancia, a la espera de que su detención resulte rentable a efectos políticos.

Tenga razón o no mi amigo, somos muchos en todo caso los que albergamos escasas dudas sobre la utilización distractora que el presidente del Gobierno y sus acólitos hacen de la lucha antiterrorista. Una utilización que adquiere formas tanto más aparatosas cuanto más importante es el problema que pretenden encubrir.

Observen ustedes que el efecto principal que ha tenido hasta ahora la catástrofe del Prestige, con todo su pringue, ha sido la acelerada puesta en marcha de un plan para que los terroristas de ETA se pasen cuarenta años en la cárcel, ni uno más ni uno menos. ¿Había ocurrido algo en las últimas semanas que revelara una peligrosa lenidad de la normativa penal contra el terrorismo? Más bien todo lo contrario: el caso de Gil Ostoaga, tan polémico en su arranque, dejó pronto trágicamente claro que los miembros de ETA puestos en libertad después de muchos años de cárcel salen psicológicamente destrozados.

La diferencia entre 30 y 40 años de condena puede tener valor para quienes no viven sino para la venganza, convertida en la única dimensión de su existencia, pero carece por completo de efectos sociales prácticos. Para empezar, el destrozo que el transcurso de ese tiempo hace en el cuerpo y la mente del reo es absoluto, y lo absoluto no admite grados. En segundo lugar, la reforma sólo podrá aplicarse a quienes sean condenados a más de 40 años después de que se apruebe la ley. Todos los presos de ETA anteriores -el medio millar que hay ahora- pasarán por la cárcel conforme a la legislación anterior, porque, como es sabido, las leyes no pueden aplicarse con efecto retroactivo, salvo cuando benefician al reo. Quiere decir todo esto que estamos hablando de una reforma de cuyas hipotéticas consecuencias prácticas tendremos noticia, si todo marcha conforme al pensamiento de Aznar... ¡durante el periodo 2033-2034!

Francamente: yo preferiría que estuvieran estudiando alguna iniciativa que nos permitiera confiar en que para entonces nuestros descendientes no estén discutiendo sobre qué hacer con los ancianos de ETA.

O, mejor todavía, que estuvieran discutiendo por qué lo han hecho tan rematadamente mal con el Prestige. Ahora mismo. No dentro de 40 años.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de enero de 2003) y El Mundo (8 de enero de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/01/07 06:00:00 GMT+1
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2003/01/06 06:00:00 GMT+2

Otra vez «el fallo humano»

Después de asistir a un repaso del tramo ferroviario donde se produjo el accidente del Talgo Madrid-Cartagena, el ministro de Fomento anunció que tanto Renfe como su departamento descartan la posibilidad de que el suceso viniera provocado por «un fallo humano». Y enumeró los puntos en que basan el diagnóstico: la vía se encontraba en buen estado, la máquina había sido revisada hace un mes y avanzaba a una velocidad correcta.

Según «fuentes próximas a la investigación» -eufemismo que la Prensa utiliza para poner en circulación datos o ideas que desean que circulen, pero de los que nadie quiere hacerse responsable-, el hecho podría ser resultado de «una trágica gamberrada». Pero no han encontrado nada que pudiera haber servido de instrumento para la mortal humorada. ¿Con qué lograron los presuntos gamberros que la máquina descarrilara?

Yo no tengo ninguna hipótesis para explicar lo que sucedió, pero, a cambio, me parece de rigor criticar los instrumentos conceptuales con los que se están manejando Álvarez Casos y Renfe.

En primer lugar, y como he dicho ya ni sé cuántas veces, lo del «fallo humano» es como lo de las «personas humanas»: una bobada. Todo fallo es necesariamente humano. Sólo se equivoca quien tiene capacidad de elegir. Las máquinas no fallan: fallan quienes las mantienen en funcionamiento más tiempo del razonable, quienes no las revisan bien, quienes las manejan inadecuadamente, etcétera.

En ese sentido, es ridículamente corta la lista de posibles fallos humanos examinados -y descartados- por las autoridades.

Sin ir más lejos, se sabe que el tramo Albacete-Murcia es uno de los peor acondicionados de la red viaria principal española, y que las inversiones realizadas en él durante los últimos años han sido mínimas. Ese dato no ha sido mencionado ni siquiera para quitarle importancia.

Otro ejemplo: se dice que la máquina fue revisada en diciembre, pero nadie parece haber investigado todavía en qué condiciones y con qué garantías de rigor se realizó esa revisión.

Item más: tal vez no sea sencillo proteger el conjunto de la red viaria y dificultar que cualquier enloquecido pueda acceder a ella, pero no veo que nada haga especialmente difícil que los trenes lleven una cámara de vídeo blindada que recoja todo lo que va apareciendo delante por la vía y que, en caso de accidente, permita una más rápida clarificación de las causas.

Por resumir: da la sensación de que todo está concebido con gran habilidad para que, en caso de accidente, la compañía y el Ministerio puedan lavarse las manos cuanto antes, visitar a los heridos, enterrar a los muertos... y a otra cosa, mariposa.

 

Post scriptum.- Mi estado de salud ha experimentado un interesante cambio. A peor. Desde comienzos de año no duermo más de dos horas seguidas y los accesos de tos que me vienen cada dos por tres, acompañados de espasmos fortísimos -que, caso de ver en otro, seguro que me parecerían la mar de cómicos-, me dejan baldado. Un amigo médico, que mantengo al tanto para evitar que la cosa degenere en neumonía, sostiene que es la reacción típica que experimenta ante una gripe el sistema respiratorio de un menda que ha fumado sin parar durante 40 años y que ha dejado de hacerlo hace siete meses. Sostiene que volverá a sucederme cada vez que me acatarre durante los próximos 14 o 16 meses, pero que, luego, todo sobre ruedas. Ignoro si cumpliré ese plazo sin sufrir un infarto. En todo caso, os lo cuento para que continuéis disculpando lo mal que atiendo el correo electrónico. La mera atención del Diario ya me supone un considerable esfuerzo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de enero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/01/06 06:00:00 GMT+2
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2003/01/05 06:00:00 GMT+1

Rajoy se sitúa

Parece que el vicepresidente primero del Gobierno ha filtrado que Aznar le ha hablado sobre la sucesión. No ha contado nada del contenido de la conversación, obviamente, pero los augures del PP se han apresurado a subrayar la importancia del hecho: una confidencia de El Gran Hermético es un gesto de la más alta significación. Quiere decir que Mariano Rajoy está muy bien situado en la pole del Gran Prix de La Moncloa.

No me extraña. Los últimos acontecimientos no han hecho más que reforzar sus posiciones iniciales. Lo colocaron a los pies de los caballos, obligándolo a ejercer casi en solitario de muñeco en el pimpampún del Prestige, y el hombre aguantó el tipo -y sigue aguantándolo- con un estoicismo y una determinación sorprendentes. Hay que tener mucho coraje y muchas tablas para soportar una representación tan larga y tan decididamente impresentable. Allí donde han ido tropezando y dándose la galleta Cascos, Aznar, Fraga, Trillo y Arenas, allí donde varios presuntos candidatos a la sucesión ni siquiera se han dejado ver, Rajoy se ha mantenido erre que erre. Y, por lo que cuentan los sondeos, parece que ha salido ganando. O, para ser más exactos: que es el único dirigente del PP que no ha naufragado con el Prestige.

El gran rival de Rajoy para la sucesión es -ha venido siendo- Jaime Mayor Oreja. Pero no le están yendo nada bien las cosas al guipuzcoano. No sólo por su singular habilidad para propiciar la aprobación de los Presupuestos del Gobierno de Ibarretxe, sino también porque, por más que pasa el tiempo, no acaba de mostrar que su personalidad posea nada de especial (dando por sobreentendido que odiar obsesivamente al nacionalismo vasco no tiene nada de especial en el PP).

La última prueba de fuego de Mayor vendrá con las elecciones municipales. Aznar ha puesto la campaña del PP en sus manos. Si los resultados de su partido son discretos o tirando a malos, podremos tachar su nombre de la lista para siempre.

Dije desde el principio que yo apostaba por Rajoy como sucesor. Siempre he dejado un cierto margen a la duda, pero no tanto por el propio Rajoy como por Aznar: estoy seguro de que hay ciertos aspectos del modo de ser del vicepresidente que no convencen gran cosa a su jefe actual. Apuesto a que le parece insuficientemente visceral, demasiado descreído, demasiado flexible.

Me contaron hace poco una anécdota de él. Se produjo -si es que es verdad- durante una conversación informal, copa en mano, entre políticos de varios partidos. Rajoy hablaba de las posibilidades de mejoría de la situación del País Vasco en términos bastante realistas (o, en todo caso, bastante más realistas de los que utiliza cuando habla como portavoz del Gobierno). Alguien bromeó con ese realismo suyo. A lo que él respondió: «Es que yo no he sufrido ningún atentado. Las personas que sufren un atentado se vuelven incapaces de mirar las cosas con la debida frialdad».

No apunta mal.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de enero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de febrero de 2017.

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2003/01/04 06:00:00 GMT+1

Chirac y «los delincuentes del mar»

Con la solemnidad que suelen exhibir los presidentes de la República Francesa ante las grandes crisis, Jacques Chirac ha hablado de las responsabilidades implicadas en la negra carga del Prestige, ya cercana de las costas atlánticas de su país: «Francia y Europa no dejarán que hombres de negocios poco honrados y delincuentes del mar se aprovechen cínicamente de la falta de transparencia del sistema actual». Chirac ha expresado igualmente su firme deseo de que «los capitanes, los propietarios, las empresas que fletan barcos basura, las sociedades de calificación y clasificación y las aseguradoras de tales navíos sean perseguidos y sancionados penalmente de manera ejemplar».

El conjunto queda muy enérgico, desde luego. Pero tiene trampa.

No me cabe la más mínima duda de que los personajes citados por Chirac son unos perfectos desaprensivos. A cambio, no tengo ya tan claro que quepa calificarlos de delincuentes. La calidad de delincuente no es ética, sino técnico-jurídica: quien actúa dentro de la ley no puede ser acusado de delincuente, por muy asquerosos que sean sus negocios.

Eso que Chirac llama púdicamente «la falta de transparencia del sistema actual» no es otra cosa que la legislación marítima internacional, cuyas normas han ido haciéndose más y más laxas en los últimos decenios no por acuerdo de las grandes compañías, sino por convenios suscritos por los Estados, incluidos el francés y el español. Por mucho que Chirac y Aznar traten ahora de llamarse andanas, el hecho es que sus gobiernos -o los de sus antecesores- fueron debidamente alertados por los sindicatos europeos de la marina mercante, que les hicieron ver los peligros que se cernían tras las sucesivas medidas desreguladoras que estaban adoptando. Se dejaron fascinar por los discursos sobre la «minimización de los costes» y la «optimización de las inversiones» -por el capitalismo salvaje, en suma- y ahora están recogiendo los frutos.

Afirma Chirac: «Las catástrofes no son una fatalidad». ¡Claro que no! Entremos en el detalle: 1º) Los superpetroleros gigantes han sido ideados y construidos porque permiten ahorrar mucho en transporte, aunque todo el mundo sepa que su presencia en los mares implica un apabullante conjunto de peligros potenciales; 2º) Los superpetroleros monocasco siguen navegando porque, aunque ya haya quedado claro que son insuficientemente resistentes, nadie ha obligado a los armadores a desguazarlos; 3º) Estos barcos son puestos en manos de tripulaciones de dudosa capacitación porque las tripulaciones solventes son mucho más exigentes en todos los terrenos, incluyendo el de la seguridad; 4º) Estos barcos pertenecen a compañías ignotas con residencia en tal o cual paraíso fiscal porque las autoridades de esos países conceden bandera y otorgan permisos de navegación a cualquiera que pague la tarifa-soborno correspondiente, cosa que los Estados supuestamente importantes saben y toleran. A lo que habría que añadir al menos un quinto punto: todo esto es posible porque el negocio del transporte marítimo moviliza miles y miles y miles de millones, y los millones destilan un aceite que lo engrasa todo. Para que funcione en silencio, sin chirriar.

Hasta que mancha, claro.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de enero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de febrero de 2017.

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2003/01/03 06:00:00 GMT+1

Galleguismo ocasional

¡Son la monda, los catalanes! –brama por teléfono mi buen amigo Gervasio Guzmán.

–¿Por qué?

–Tú fijate se explica–. Llamo a un organismo de la Administración española en Cataluña y me contestan... ¡en catalán!

Ah, ya. Pero ¿te habías identificado?

–¡No! ¿Y qué?

–¿Cómo querías que supieran que llamabas de fuera de Cataluña y que no hablas catalán?

–¡Per-do-na– responde, dejando resbalar las sílabas–, pero el español es idioma oficial también en Cataluña!

–Claro. Y apuesto a que pudiste seguir la conversación en castellano.

–¡Sólo faltaría!

Al igual que Gervasio, mucha gente en España lleva con irritación que haya quienes, pese a vivir dentro del ámbito de nuestro excelso y nunca bien ponderado Estado, no tengan la lengua castellana por materna, y les dé por expresarse espontáneamente en otra, incluso ante testigos foráneos. Le saca de quicio: ¿qué quieren, parecer extranjeros? ¿Adónde pretenden ir con su pequeño idioma de andar por casa, renunciando a los beneficios de una lengua fantástica como la española, vehículo de comunicación entre cientos de millones de personas all over the world?

Hace unos días, un comentarista de un medio público pontificó que los vascos hablamos fatal el castellano, y lo explicó: la culpa la tiene, según él, la influencia del euskara, que describió como «una lengua monosilábica» que utiliza los verbos «sólo en infinitivo, como los indios» (sic!) y «no tiene preposiciones». Se quedó tan ancho.

Algunos se toman casi como una afrenta el uso normalizado del catalán y del euskara en la vida pública. Hace algunas semanas, el delegado del Gobierno en la Comunidad Autónoma Vasca mostró visiblemente su disgusto porque Ibarretxe habló en vascuence –y luego en castellano– en un acto de solidaridad con las víctimas del terrorismo. Todo eso hay que darlo por normal.

Lo que no es normal, sino verdaderamente extraordinario, es el elevadísimo grado de tolerancia que están mostrando los medios informativos con sede en Madrid ante la avalancha de gallego que se les ha venido encima con lo del Prestige. La población marítima de Galicia habla gallego y tanto le da que se le pregunte en castellano para medios audiovisuales que se expresan en castellano de cara a un público mayoritariamente castellanohablante, que ella responde en gallego. Y los medios recogen sus declaraciones y las difunden sin protesta alguna. Con subtítulos, si hace falta.

¿Será que están empezando a tomar conciencia del carácter plurilingüístico de nuestra sociedad? No. Es más bien que saben que en lo de tocar las narices, como en todo, también hay límites que no conviene sobrepasar.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de enero de 2003) y El Mundo (4 de enero de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 7 de enero de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/01/03 06:00:00 GMT+1
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2003/01/02 07:00:00 GMT+1

El voluntariado

Me llevo muy mal con los voluntariados institucionalizados. Estoy a favor de arrimar el hombro cuando sobreviene una desgracia súbita y se hace imperioso intervenir sin demora. Pero me toca las narices que haya gente que haga gratis et amore tareas que corresponden al Estado.

No creo que mi actitud sea nada rara. La explicaré con un ejemplo ilustrativo. Imaginemos que se declara un incendio gigantesco y que, para afrontarlo, no basta con todos los bomberos de la zona. ¿Es buena idea que los vecinos acudamos a echar una mano? ¡Por supuesto! Pero pongamos que llegamos al lugar del fuego y nos encontramos con que las autoridades apenas han mandado bomberos, porque dicen... ¡que ya hemos ido nosotros!

Cámbiese fuego por fuel y se verá que eso es exactamente lo que ha sucedido con el Prestige.

El Estado empezó felicitando a los voluntarios por dedicarse a hacer lo que sus servidores a sueldo no hacían. Luego, cuando empezaron a caerle broncas por su inactividad, aseguró que enviaría soldados... «para cubrir las insuficiencias del voluntariado». Fue entonces cuando descubrimos las posibilidades que presenta lo que cabría llamar «el Estado subsidiario». «¡Vecinos: detened vosotros mismos a los delincuentes! ¡Pero, si no os bastáis, tranquilos, que os mandamos a la Policía!». O bien: «¿Os parece que las calles están sucias? ¡Fregadlas por turnos! ¡Los poderes públicos os cederán las fregonas y los cubos!».

Y así. No me extraña que se planteen como objetivo el déficit cero. Actuando así, podrían aspirar tranquilamente a tener superávit. Estaba yo en éstas, alimentando sentimientos encontrados con respecto a los voluntarios -en parte enternecido por su esfuerzo, en parte cabreado por la cantidad de castañas que estaban sacando del fuego al PP- cuando, de pronto, empecé a recoger testimonios que daban cuenta de un fenómeno nuevo: el profuso ir y venir de voluntarios estaba dando vida a una intensísima labor de contrapropaganda anti-PP. A lo que parece, un 90% de los jóvenes que acuden a trabajar a las costas alquitranadas vuelven a sus lugares de origen explicando urbi et orbi que los poderes la están cagando a base de bien. Leo ahora que la Xunta de Fraga ha decidido no admitir más voluntarios hasta febrero.

Hay dos explicaciones a tan sorprendente resolución. Una, la oficial, pretende que han decidido cortar el flujo de voluntarios porque no están en condiciones de asegurarles la infraestructura necesaria: cobijo, comida, etcétera. Sorprendente. ¿No tienen las Fuerzas Armadas españolas tiendas de campaña, barracones y todo cuanto se necesita para improvisar campamentos en cualquier parte?

Segunda versión: la Fragaxunta, empezando por don Manuel, está hasta salva sea la parte de los voluntarios que, amén de retirar chapapote como fieras, se asoman a los medios de comunicación echando pestes y luego aparecen en los lugares más singulares señalando con el dedito a los camaradas del PP local y poniendo de vuelta y media a sus divinos jefes.

Me creo más esta versión. Y me alegra.

Javier Ortiz. El Mundo (2 de enero de 2003). Basado en el apunte Las dos caras del voluntariado  publicado el 31 de diciembre de 2002 en Diario de un resentido social. Subido a "Desde Jamaica" el 2 de abril de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/01/02 07:00:00 GMT+1
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2003/01/02 06:00:00 GMT+1

Lula y Chávez

Lula da Silva insiste en sus mensajes apaciguadores: los potentados de dentro y fuera de Brasil no tienen nada que temer; él quiere ser el presidente de todos. Su toma de posesión del cargo pareció ilustrar ese deseo. Había allí invitados para todos los gustos en materia de política económica, desde altos representantes del Banco Mundial hasta dirigentes radicales del movimiento de los Sin Tierra.

Lula asegura que su meta es que cada habitante del Brasil tenga a diario qué comer y dónde dormir. Hambre 0 es la consigna. Pero Lula es un experimentado sindicalista, curtido en muy duras batallas. Sabe de sobra que la consecución del objetivo que se ha propuesto implica un reparto diferente de la riqueza. Y que las oligarquías locales e internacionales odian reducir sus tasas de beneficio. Han admitido momentáneamente el resultado de las urnas -entre otras cosas porque carecían de alternativa- pero, en cuanto Lula empiece a tocarles el bolsillo, iniciarán las hostilidades.

Hay gente que se piensa que algunos nos enfrentamos a «los ricos» porque sentimos una atracción irrefrenable por el igualitarismo, nos vuelve locos el ascetismo y nos da asco la buena vida. Puedo asegurar que, por lo menos en lo que a mí concierne, ese retrato no tiene la menor relación con la realidad. Sencillamente, he constatado que la gente mejor situada tiene una tendencia aburridamente constante, más o menos desde los tiempos de Atapuerca, a meter baza para impedir que los miserables dejen de serlo. Les repugna repartir, aunque no sea ni mucho menos en condiciones de igualdad.

De modo que no me parece el colmo de la susceptibilidad esperar siempre lo peor de su parte.

Seguro que Lula se conoce muy bien el cuento y que no necesita para nada ver cómo le están pelando las barbas a su vecino Chávez para poner las suyas a remojo. Pero tampoco perderá nada constatando una vez más cómo funcionan las cosas. Viendo cómo la oligarquía venezolana es capaz de tomar el relevo de Nerón y prender fuego al país para acusar de ello al populacho y establecer nuevamente su dictadura.

Chávez se aferra a su proyecto de reformas populistas -y populares- llevadas a cabo sin salirse un ápice del marco político y jurídico liberal. Pero todo apostador sabe que, en condiciones de igualdad formal, gana el que más dinero puede arriesgar (salvo que no valga ni para cagar como jugador). La oligarquía venezolana tiene todo el dinero que le hace falta y todos los medios de comunicación que necesita. Se ha metido en una guerra de desgaste y deterioro cuyo desenlace, Washington mediante, parece inevitable, salvo que Chávez reaccione y les haga ver que, si el juego está trucado, no tendrá más remedio que romper la baraja.

No quisiera estar describiendo el futuro de Brasil, pero dudo de que pueda ser muy diferente.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de enero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/01/02 06:00:00 GMT+1
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2003/01/01 06:00:00 GMT+1

La globalización

A veces son los pequeños detalles los que mejor permiten atisbar las corrientes profundas por las que discurre la realidad.

Me explico.

Llevo ya bastantes años pasando la Nochevieja en Aigües. A veces en solitario, a veces en pareja.

Plantado en el quinto pino, alejado del mundanal ruido, a lo que más anima mi refugio costero es a prepararse una buena cena, dar cuenta de ella junto a la chimenea, comerse las uvas, charlar, ver un rato la televisión... y retirarse a la cama. Es exactamente eso lo que hicimos ayer, salvando el pequeño detalle de que, como tengo la boca hecha unos zorros, comí poco y viendo las estrellas.

Tras tomar las uvas, desearnos toda suerte de parabienes y brindar por el futuro, como mandan los cánones, nos pusimos a buscar, según la tradición, algún espectáculo televisivo que mereciera la pena.

Optamos por prescindir de las televisiones generalistas españolas, conscientes de su propensión irresistible a ofrecer esta noche espectáculos de chabacanería químicamente pura, resultado de un esfuerzo de superación que merecería un capítulo específico en la Historia Universal del Crimen. Nuestra experiencia de años pasados nos conduce a ojear la programación de los segundos o terceros canales de algunas cadenas europeas, y hasta canadienses, cosa que nos es posible con el concurso de las tres estupendas antenas parabólicas con las que cuenta esta casa.

Gracias a ese barrido, el año pasado pudimos disfrutar de un magnífico concierto en Nueva York a cargo de la mayoría de los artistas cubanos integrados en el proyecto Buenavista Social Club, propiciado por Ry Cooder. Otra Nochevieja hicimos un fascinante recorrido por los garitos más auténticos del fado lisboeta. Recuerdo también un memorable concierto de jazz gitano, a cargo de virtuosos herederos de los grandes del Paris Hot Club, Django Reinhardt y Stephan Grapelli incluidos.

Todo lo que encontramos anoche era malo de solemnidad. Shows protagonizados por clones de la gente de OT oriundos de los más diversos países. Películas taquilleras mil veces repuestas. Documentales manidos sobre noches secretas que ya no son secretas para nadie, porque nos las han enseñado hasta la suciedad.

«Probemos con Arte», me dije. Arte, el canal cultural franco-alemán, suele tener una programación muy digna. Ayer había decidido trasmitir un espectáculo de cabaret alemán, inspirado en la estética de los cabarets berlineses de entreguerras (aquéllos que tanto fascinaban a Bertolt Brecht y que le llevaron a escribir y componer, junto con Kurt Weil, cosas tan hermosas como La Ópera de Perra Gorda). El espectáculo era una exquisitez para espíritus terriblemente selectos, situados muy por encima del vulgo. A los diez minutos estábamos echando unos bostezos que harían la envidia del león de la Metro.

Resumiendo: que hicimos repaso a algo así como 250 canales de TV de medio mundo y nos topamos en todas partes con tres cuartos de lo mismo. Salvando esa cosa de Arte para la gente más fisna (y más decadente).

Eso tiene un nombre: uniformización forzosa. Globalización, que le dicen.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de enero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/01/01 06:00:00 GMT+1
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2002/12/31 06:15:00 GMT+1

40 años

Según la mayoría de los expertos en realidades penitenciarias, los 15 años marcan el límite promedio de lo que una persona puede pasar en en prisión sin sufrir trastornos irreversibles de la personalidad.

Se trata, ya digo, de un plazo medio. Algunos reclusos sufren su particular quiebra psicológica antes; otros resisten más. Pero nunca, desde luego, hasta alcanzar el plazo de los 30 años. No digamos el de los 40.

Según la nueva propuesta del PP, apoyada por el PSOE, los miembros de ETA que ingresen en prisión con veintitantos años saldrán a la calle ya jubilados.

Nadie es capaz de reincorporarse a las pautas colectivas de comportamiento en libertad después de haber vivido durante 40 años separado de la vida social, encerrado en un universo de unos cuantos cientos de metros de extensión y con una población unisexual de otros tantos cientos.

Alguien que regresa a la calle tras 40 años de aislamiento está ya incapacitado para la vida en libertad. Sacarlo de la cárcel equivale a someterlo a una nueva condena.

Item más: las personas encarceladas durante tanto tiempo sufren un deterioro físico muy superior al que experimentan sus congéneres libres. A falta de horizontes con los que ejercitarse, la vista se estropea a marchas forzadas. La alimentación, poco variada y de escasa calidad, apunta directamente al aparato digestivo. La dentadura y el pelo suelen entrar también en barrena.

Lo físico repercute en lo psicológico, y al revés. Los males se potencian mutuamente.

Por decirlo brevemente: aplicar por sistema condenas de 40 años de cárcel equivale a reestablecer la pena de muerte por una vía doblemente cruel, que impone al reo una lentísima y espantosa agonía.

Es, sencillamente, un espanto.

Aparte de lo cual, y desde el indescriptible entusiasmo que me produce encarar el paso de año con una gripe descendente, pero aún activa, y un dolor de muelas ascendente -gran cosa, esto de los turnos-, permitidme que os haga llegar mis mejores deseos de felicidad.

He dicho deseos, no esperanzas. (Estoy yo como para entonar villancicos.)

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (31 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/31 06:15:00 GMT+1
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2002/12/31 06:00:00 GMT+1

Las dos caras del voluntariado

A la gente de la parroquia no hace falta que le cuente lo mal que me llevo con los voluntariados institucionalizados. Sabe que estoy a favor -muy a favor- de arrimar el hombro cuando sobreviene una desgracia súbita y se hace imperioso intervenir sin demora. Pero también sabe que me toca las narices que haya gente que se dedique a hacer gratis et amore tareas que corresponden a los servicios del Estado y por las que el Estado nos cobra nuestros buenos dineros todos los años.

No digamos ya cómo me pone el personal que, con la excusa de que alguien debe fomentar y organizar el masivo altruismo juvenil, se monta alguno de esos negocietes que llaman oenegés y que cobran a dos manos: con una, del Estado, y con la otra, de sus incautos socios.

No creo que mi actitud sea nada rara. La explicaré con un ejemplo que me parece bastante ilustrativo. Imaginemos que se declara un incendio gigantesco y que, para afrontarlo, no basta con todos los bomberos de la zona. ¿Es buena idea que los vecinos acudamos a echar una mano? ¡Por supuesto! Pero pongamos que llegamos al lugar del fuego y nos encontramos con que las autoridades apenas han mandado bomberos, porque dicen... ¡que ya hemos ido nosotros! ¿Cómo deberíamos reaccionar en un caso así? Yo propondría que montáramos un pollo de aquí te espero, diciendo a esos caraduras convertidos en autoridades que nosotros hemos acudido allí a ayudar, a servir de refuerzo, no a liberar a nadie de sus obligaciones.

Cámbiese fuego por fuel y se verá que eso es exactamente lo que ha sucedido en la costa atlántica de Galicia y en buena parte de la del Cantábrico.

El Estado empezó dando palmadas de contento y felicitando a los voluntarios por dedicarse a hacer lo que sus servidores a sueldo no hacían. Luego, cuando empezaron a caerle broncas por su inactividad, aseguró que vale, que sí, que enviaría soldados... «para cubrir las insuficiencias del voluntariado». Fue entonces cuando descubrimos fascinados las muchas posibilidades que presenta lo que cabría llamar «el Estado subsidiario». Por ejemplo: «¡Vecinos: detened vosotros mismos a los delincuentes! ¡Pero, si no os bastáis, tranquilos, que os mandamos a la Policía!». O bien: «¿Os parece que las calles están sucias? ¡Fregadlas por turnos! ¡Los poderes públicos, siempre solícitos, os cederán las fregonas y los cubos!».

Y así. No me extraña que se planteen como objetivo el déficit cero. Con semejantes recetas, podrían aspirar tranquilamente a tener superávit.

Estaba yo en éstas, alimentando sentimientos encontrados con respecto a los voluntarios -en parte enternecido por su esfuerzo, en parte cabreado por la cantidad de castañas que estaban sacando del fuego al PP- cuando, de pronto, empecé a recoger testimonios muy variados que daban cuenta de un fenómeno nuevo e interesantísimo: el muy profuso ir y venir de voluntarios y voluntarias procedentes de los más diversos rincones de la península estaba dando vida a una intensísima labor de contrapropaganda, de agitación anti-PP. A lo que parece, algo así como un 90% de los jóvenes que acuden a trabajar a las costas alquitranadas durante unos días vuelven a sus lugares de origen explicando urbi et orbi que los poderes, en todos sus escalones -local, autonómico, estatal-, la están cagando a base de bien, y que son una banda de aprovechados e inconscientes. (No insisto en esta idea, a la que ya me referí hace un par de días.)

Leo ahora que la Xunta de Fraga ha decidido no admitir más voluntarios hasta febrero.

Hay dos explicaciones a tan brusca y sorprendente resolución.

Una, la oficial, pretende que han decidido cortar el flujo de voluntarios porque no están en condiciones de asegurarles la infraestructura necesaria: cobijo, comida, etcétera. Esa versión conduce, directa e inevitablemente, a la perplejidad. ¿No tienen las Fuerzas Armadas españolas tiendas de campaña, barracones de servicios higiénicos y de comedores desmontables y todo cuanto se necesita para improvisar condiciones de vida dignas en cualquier parte? ¡Coño, pues que se pongan manos a la obra!

Segunda versión: la Fragaxunta, empezando por el mismísimo don Manuel, está hasta salva sea la parte de los voluntarios que, amén de retirar chapapote como fieras, se apuntan a todas las broncas que se montan sobre la marcha y se asoman sin parar a los medios de comunicación echando pestes (sin contar con que luego, cuando se largan, aparecen en los lugares más singulares señalando con el dedito a los camaradas del PP local y poniendo de vuelta y media a sus divinos jefes).

Me creo más esta versión. Y me alegra.

Compruebo que don José María Aznar y este servidor de ustedes funcionamos como vasos comunicantes: tanto más algo le agrada a él, tanto más me cabrea a mí. Y viceversa. No me importa tener que matizar mis puntos de vista sobre el voluntariado.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (31 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/31 06:00:00 GMT+1
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