Inicio | Textos de Ortiz | Voces amigas

2003/03/18 06:00:00 GMT+1

El aislamiento de Francia

Escuché ayer en las noticias de la radio a alguien -un represente del Gobierno español, o del norteamericano: no sé; a alguien de ese género- que, si no plantearon a la consideración del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas una nueva resolución que les autorice a iniciar las acciones bélicas contra Irak, fue porque «es preferible no evidenciar el aislamiento de Francia».

¡El aislamiento de Francia!

Para mí que, lo dijera quien lo dijera, la idea original tuvo que ser británica. Del propio Blair, seguramente. Recuérdese la humorada de un rotativo de la city que, en cierta ocasión en la que un tormentazo cortó las comunicaciones entre Gran Bretaña y la Europa continental, tituló en primera página, a cinco columnas: «El continente, aislado».

Es del mismo género que el asombro del automovilista del chiste que, tras armarse un lío y meterse en una autopista justo al revés, se indigna al oír por la radio un aviso de emergencia que informa de que hay un conductor enloquecido que va en dirección contraria, y clama: «¡Sí, uno! ¡Dímelo a mí! ¡Montones! ¡Hay montones!».

Francia está aisladísima, sí. No cuenta, la pobre, con más apoyo que el que le presta la aplastante mayoría de la población mundial. Y con el respaldo de estados como Rusia y China (que, como se sabe, son insignificantes). Y con el de Alemania, que no tiene el menor peso en la economía europea. Y con el de Bélgica, que no alberga ninguna sede.

Nada tan confortable como la posición de Aznar, que ya no puede ni ir él ni mandar a ninguno de los suyos a ningún lado sin tener que aguantar el inevitable chaparrón, con la gente diciéndoles de todo.

Nada tan estupendo como lo de Blair, al que ponen de vuelta y media sus propios ministros y está en las puertas de una escisión de su partido.

Ellos no tienen ni idea de lo que es el aislamiento. De eso sólo saben las autoridades francesas, que no se dan cuenta de lo terrible que es que te aplaudan en los cinco continentes.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/18 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: irak francia diario 2003 chirac onu | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/17 06:00:00 GMT+1

Un cuestionario

Me ocurre con cierta frecuencia que estudiantes de unas u otras disciplinas -aunque casi siempre de periodismo- me piden colaboración para tal o cual trabajo que tienen entre manos. La cosa suele concretarse en que me mandan un cuestionario al que me piden que responda (cosa que suelo hacer, siempre que no me exija un trabajo desproporcionado). Otras veces no me queda más remedio que entrevistarme con ellos (hoy, sin ir más lejos, he de verme con un grupo de estudiantes norteamericanos de Derecho que están haciendo un trabajo sobre posibilidades y dificultades de una salida negociada al conflicto vasco. Pobrecillos.)

Ayer me tocó responder a un cuestionario de dos estudiantes sevillanas cuyas preguntas me resultaron curiosas. Reveladoras del horizonte ideológico que tienen ante sí (y dentro de sí).

Como creo que el seudodiálogo vale la pena, lo reproduzco.


1.- ¿Cómo fueron sus comienzos en el periodismo?

 

-Empecé de muy crío. Un compañero de clase y yo nos volcamos en la revista del Instituto de Enseñanza Media en el que estudiábamos, en San Sebastián. La revista se llamaba Ibai Alde («Junto al río») y mi compañero, Jesús Ceberio. Él ahora es director de El País, y yo subdirector de El Mundo (aunque en feliz excedencia). Parece que ambos teníamos clara nuestra vocación.

 

2.- ¿Qué ha sido lo mejor de su experiencia como periodista?

 

-No es fácil jerarquizar las satisfacciones. Las hay de muy distinto género.

Agradezco al periodismo la oportunidad que me ha proporcionado de dar cuenta diaria de mis reflexiones, de mis inquietudes, de mis anhelos... De mi modo de ver la vida.

También le agradezco enormemente que me haya permitido conocer a muchísima gente interesante.

Y vivir experiencias muy singulares.


3.- ¿Considera la prensa rosa como un tipo de información periodística especializada, como la información deportiva o económica?

 

-Sí. Pero calificarla de "especializada" no implica la menor valoración positiva.

 

4.- ¿Cómo valora los actuales programas del corazón en televisión? Se dice que cumplen la función de entretener, pero ¿cree que sobrepasan algún límite?

 

-No los juzgo, porque no los conozco. Digamos que los prejuzgo: me baso en un juicio previo. Su temática me repele.

 

5.- El periodismo rosa se ha situado en los últimos años como un "fenómeno social" que abarca a espectadores de diversa edad, índole y sexo. ¿Dónde cree que radica su éxito? ¿Cree que tiene futuro?

 

-Admito que mi conocimiento de las pulsiones anímicas de mis congéneres presenta enormes lagunas. Ignoro por qué hay tanta gente que se interesa por lo que hacen o dejan de hacer personas que tampoco sé por qué son famosas. Tal vez responda a algún fenómeno de transferencia emocional. Puede que sientan que escapan de la invariable mediocridad de sus existencias viviendo como propias las aventuras y desventuras del famoseo. Pero no lo afirmo: lo planteo como mera hipótesis. De ser así, puede que se trate de un negocio con mucho futuro.

 

6.- En cuanto al tema de justificar la existencia del periodismo rosa con el hecho de que "la audiencia lo pide", ¿qué piensa que propicia este tipo de periodismo, el verdadero interés del público por estos temas o por el contrario se debe a que el público ha sido acostumbrado a ello?

 

-Desde el pan y circo de los emperadores romanos, siempre se ha planteado esta pregunta, que viene a ser como la del huevo y la gallina. En mi criterio, estos fenómenos van a más por una interacción de los dos elementos en juego: yo te doy, tú me ríes la gracia, yo te doy más, tú me la ríes más, yo te añado doble dosis, tú te vas acostumbrando a recibirla e incluso me la reclamas...

El gusto del público no puede examinarse aisladamente, en relación a tal o cual fenómeno. Responde a una concepción del mundo -a una cosmovisión, como se decía antes- que le es inducida a todo mortal desde que nace, y que sólo algunas personas superan por la vía de la crítica rigurosa. Y nunca por entero.

 

7.- ¿Es imprescindible ser periodista para ejercer de forma correcta la profesión? ¿El periodismo se aprende en la carrera o en el día?

 

-Todas las carreras universitarias tienen lo suyo de librescas. Pero los estudios de periodismo en España elevan a lo supino su falta de relación con la práctica concreta. He tenido que ayudar a demasiados licenciados a dar sus primeros pasos en la profesión como para no saber de qué hablo.

En algunas ocasiones he conseguido mejores y más rápidos resultados con jóvenes que habían hecho otros estudios -de Filología, por ejemplo- que con quienes venían de Ciencias de la Información. Los primeros por lo menos sabían escribir correctamente.

En Francia, donde yo hice mis estudios, el periodismo no es -o no era, por entonces- una carrera universitaria, sino unos "estudios técnico-universitarios" que duraban tres años y que estaban desde el principio volcados en la práctica. Todos los profesores eran periodistas en ejercicio. Mi decano fue Robert Escarpit, que por entonces era el principal columnista de Le Monde. La facultad tenía un diario, una radio y una emisora de televisión cuyo ámbito de difusión era el propio campus. Todo llevado por los alumnos del IUT. Es posible que salieras de allí sin saber quién fue el padre de Francisco I, pero no, desde luego, ignorando cómo se estructura una sección, o qué ingredientes debe tener un editorial.

El examen de entrada era brutal. Cada año admitían sólo a un centenar de alumnos. Pero todos los que acababan salían con un puesto de trabajo, mejor o peor.

 

8.- ¿Qué armas deben usar la nueva generación de periodistas para luchar contra el intrusismo? ¿Deben los periodistas sentirse amenazados por este tipo de personas?

 

-Vamos a ver.

Hay profesiones que no pueden ser ejercidas sin la garantía de unos estudios previos. Nadie puede meterse en un quirófano a operar si no tiene un título de cirujano que garantice que sabe qué se trae entre manos. Nadie puede construir un puente si no tiene un diploma de ingeniero que ofrezca ciertas seguridades sobre la pericia de su trabajo.

Etcétera.

Porque se trata de actos que, si resultan fallidos, pueden acarrear desastres irreparables.

Un folio mal escrito no es ningún desastre irreparable. Un dibujo mal hecho, tampoco. Un soneto de doce versos irregulares no mata a nadie, como no sea de la risa. Te lo traen, no lo publicas... y a correr.

Escribir bien es un arte. A veces mayor, a veces menor.

Siempre se cuenta que a Picasso no le admitieron en Bellas Artes y que a Einstein le suspendieron en matemáticas. Me parece anecdótico. Lo que no es anecdótico es la cantidad de gente que sale cada año de las facultades de periodismo sin saber ni siquiera cómo se colocan los sujetos, los verbos y los complementos.

Yo lo que reclamo a todo aquel que quiere trabajar de periodista es que sepa captar lo esencial de los hechos susceptibles de convertirse en noticias y que acierte a relatarlos con concisión y con gracia, respetando las normas del género. Si sabe hacer eso, me da lo mismo qué títulos tenga o deje de tener. Y si no sabe hacerlo, tal cual: me importa un bledo que tenga un título que certifique -en falso- que sabe hacer lo que no sabe hacer.

La literatura -el periodismo no es sino una de sus variantes- no sabe de intrusismos.

Ningún título justifica una mala escritura.

Ninguna ausencia de títulos condena una buena escritura.

Mis lectores quieren leer textos bien estructurados, atractivos, brillantes. No contemplar diplomas.

 

9- ¿Participaría en programas rosas?

 

-No. Por dos razones. Una personal: no lo aceptaría. Otra previa: jamás me lo propondrían.

 

10.- ¿Realmente los famosos son tan interesantes? ¿Son de interés público estas personas?

 

-Depende. Para mí, esos "famosos" -porque hay otros famosos, justificadamente famosos- carecen de interés. Pero se ve que a otra gente sí le interesan. Nadie vende lo que nadie compra.

 

11.- ¿Qué siente cuando enciende la televisión y aparecen personas como "Ania" (exconcursante de Gran Hermano) o Ernesto Neira (bailarín), por citar a alguno, y ve que intentan imitar la labor de un periodista y se atreven a opinar en tertulias? ¿Están capacitados?

 

-No sé quiénes son los personajes que citáis, pero me da igual. Entre otras cosas, porque tampoco tengo en muy elevada consideración a la mayoría de los periodistas que opinan sobre todo lo divino y lo humano en algunas tertulias. Con demasiada frecuencia pontifican sin tener ni pajolera idea de los asuntos de los que hablan.

Lo digo por experiencia: me ha tocado ver cómo a veces se enteran del asunto leyendo la noticia en el periódico cinco minutos antes de ponerse a hablar sobre ella en el tono más campanudo del mundo.

 

12.- ¿Algún consejo para futuros periodistas?

 

-Ninguno. Estoy por ver a un joven que haga caso de los consejos.

Yo tampoco presté atención a los que me dieron. Y la verdad es que me alegro.

 

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/17 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: 2003 diario jor periodismo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/16 06:00:00 GMT+1

Reivindicación de la tricolor

La bandera de la monarquía española tuvo su razón de ser. La idearon así, con esos colores tan chillones, para que fuera fácilmente identificable cuando la enarbolaran los barcos patrios por los siete mares. Hasta aquel momento, la enseña que llevaban en el mástil era blanca, y sólo se distinguía de la de otros reinos por el escudo. Pero el escudo sólo podía verse acercándose bastante. Demasiado, a veces.

Con esa tremenda combinación de rojos y amarillo el problema, qué duda cabe, quedó resuelto.

Tomaron la misma opción pragmática que Barcelona con los taxis: irán pintados todo lo feamente que se quiera, pero es imposible confundirlos con coches particulares.

Ayer me di cuenta de que esa utilidad originaria de la bandera bicolor ha desaparecido. No porque las embarcaciones ya no la necesiten -que desde luego que no-, sino porque no permite distinguir nada. Ni siquiera a alguien que interviene en representación de España en una competición deportiva. Aproveché una pausa de trabajo para encender la televisión -suelo parar cada hora, más o menos, para estirar las piernas o hacer cualquier otra cosa que me relaje- y recalé en el canal Eurosport. Transmitía una carrera pedestre en la que se suponía que intervenía una muchacha española. Traté de identificarla por la vestimenta, pero no hubo manera: los colores que llevaba se confundían con los exhibidos por las representantes de varios países más. Al final me entró la duda: ¿corría una española o cuatro? ¿O eran cuatro rusas?

Estoy seguro de que, si la chica hubiera llevado una camiseta roja, amarilla y morada, habría resultado inconfundible.

Deberíamos exigir ese retoque en la indumentaria deportiva.

Ya me doy cuenta de que es un argumento un tanto oblicuo para reclamar el cambio de bandera. Pero ahora se llevan mucho los métodos oblicuos. Ahí tienen ustedes a Berlusconi dejando regresar a los Saboya por el flanco sur. O al rey Simeón, que se presentó a unas elecciones.

Aplicando el método directamente inverso, a lo mejor conseguimos nosotros ir sustituyendo las cosas de la monarquía por las de la República -así, como quien no quiere la cosa, alegando razones de pragmatismo- y conseguimos al final que el personal acabe dándose cuenta de que la monarquía no sirve para nada.

Para nada bueno, quiero decir.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/16 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: 2003 diario república españa | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/15 06:00:00 GMT+1

Su propia medicina

Se desesperan los dirigentes del PP por el simplismo de los argumentos pacifistas que algunos les oponen. Los hay que dejan ver su irritación hasta extremos de cómica trasparencia. ¡Como si ellos no quisieran también la paz! ¡Como si ellos disfrutaran con la idea de matar civiles iraquíes!

No les falta un punto de razón en sus quejas.

Es la suya una razón parcial y mínima, pero razón, al fin y al cabo. Es verdad que, de aplicar al pie de la letra los argumentos que algunos están esgrimiendo contra ellos, deberíamos condenar sin sombra de duda, por ejemplo, a los que cometieron el tremendo error de alzarse en armas contra el III Reich. Gente nada pacifista, obviamente.

Acabo de escuchar en las noticias de Radio Alicante a un menda que justificaba su participación en el paro de ayer diciendo: «Es que yo estoy contra todas las guerras, sean las que sean».

Así, desde luego, uno no se complica nada la vida. Ahora bien: como tontería apenas tiene rival.

Pero los cabecillas del PP no tienen excusa. Están recibiendo sólo lo que han ido sembrando durante años. Lo que han sembrado para justificar su intervención en varios conflictos, incluyendo el último de la ex Yugoslavia. La lógica que ellos han propalado para pintar con los peores colores a algunos de sus enemigos políticos, muy especialmente a los nacionalistas periféricos.

Han llenado el panorama político de simplezas a troche y moche, de caricaturas a gogó, de argumentos de cartón piedra. Y ahora les toca tragar su propia medicina.

Que comprueben lo mal que sabe.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/15 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: simplismo 2003 diario guerra aznarismo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/14 06:00:00 GMT+1

Se han pasado mucho

¿Cómo explicar la amplitud del movimiento de oposición que ha tomado cuerpo en los últimos meses? Mucha gente se lo pregunta. Cuando voy de palique por esos mundos de Dios, alguna me lo pregunta.

Respondo: no hay una sola razón. Han confluido bastantes, y muy diversas. Una es sin duda la creciente irritación que ha provocado en la ciudadanía la evidencia de que los gobernantes daban por hecho que las tragaderas populares lo toleraban todo, por incongruente que fuera, siempre que apareciera revestido con los solemnes atributos de la autoridad.

Se habían acostumbrado a dar explicaciones cada vez más traídas por los pelos. Y, como la inmensa mayoría las aceptaba sin rechistar, ¿para qué iban a esforzarse? Al contrario: todo les incitababa a insitir en esa línea, yendo a más y más (quiero decir: a menos y menos).

Han tirado tanto de la cuerda de la credulidad que han acabado rompiéndola. Por ejemplo: era excesivo pretender que la gente se crea que los dirigentes de los EE.UU. sienten una intensa angustia por las violaciones de los Derechos Humanos en Irak, cuando ellos mismos han sido capaces de declarar, jueces mediantes, que los detenidos de Guantánamo carecen de cualquier derecho, incluidos aquellos que la Declaración Universal correspondiente reconoce a todo individuo por el mero hecho de pertenecer a nuestra especie. No les permiten reclamar nada, y mucho menos que nada el elementalísmo derecho a que se les acuse de algo y se les juzgue por ello o, en caso contrario, se les ponga en libertad.

Resulta también de auténtico bochorno escuchar a Aznar repetir hasta la saciedad que algo hay que hacer para poner fin a la masacre que está sufriendo el pueblo kurdo, fingiendo no saber: a) que Sadam Husein hace tiempo que no está en condiciones de hostigar a los kurdos, porque las Fuerzas Armadas de los EE.UU. tienen la zona bajo su supervisión; y b) que el pueblo kurdo no sólo ha sido masacrado desde Irak, sino también desde Turquía, cuyo gobierno se ha servido para tan deleznable tarea de algunas armas que alegremente le ha ido vendiendo a buen precio el Estado español. Aviones fabricados por CASA, por ejemplo.

No se trata de una flojera discursiva circunstancial. Es una muestra de la frivolidad argumental con que lo encaran todo, desde el disparate múltiple del Prestige al tren de presunta alta velocidad Madrid-Lleida. Y no es sólo cosa del Gobierno, sino una epidemia que ha hecho presa en las meninges del conjunto de la casta dominante. Porque ¿cómo explicar, si no, el disparate del Tribunal Supremo, que ha justificado la concesión de una medalla póstuma al torturador Melitón Manzanas arguyendo que, como ETA lo mató, no tuvo la posibilidad de reconvertirse en demócrata? ¡Ay, qué penita que Hitler no viviera tampoco lo suficiente para rehacer su vida y, sacando partido de su inimitable experiencia, trabajar como directivo de Gas Natural! Seguro que Manzanas habría fundado la oenegé Electrodos Sin Fronteras.

Se han pasado mucho. En demasiadas cosas. Demasiadas veces. Y demasiados a la vez.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de marzo de 2003) y El Mundo (15 de marzo de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/14 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: irak españa aznarismo sadam_husein diario 2003 melitón_manzanas preantología aznar hitler el_mundo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/13 06:00:00 GMT+1

Ni a la de 2003

El camarero de la populosa cafetería escenifica lo que parece una contradicción total. Bajito, moreno, peinado con fijador al modo horizontal -una de las formas más rotundas que hay de demostrar que uno es calvo y que lo lleva fatal-, con una chaquetilla que fue probablemente blanca en su origen pero que ahora es obligado calificar de estampada, parece extraído del casting de cualquier película de aquellas que protagonizaban en los 50 Manolo Morán, Pepe Isbert, Gracita Morales y los Ozores. Celtibérico cien por cien. De un cutrerío químicamente puro. Sin embargo, se maneja con una soltura impresionante ante la pantalla táctil del ordenador en el que anota las comandas y fija su importe.

Ya me metí bastante en su día con el 2001, odisea del espacio de Kubrick, por lo mal que se las arregló para precedir cómo sería el mundo al comienzo del siglo actual. Pero no toqué un aspecto en el que la crítica debe ser muy particularmente severa. Kubrick no sólo se equivocó en su predicción sobre el progreso material y el desarrollo tecnológico que se viviría en este tiempo, sino que dio por hecho además -y esto es lo peor- que el avance técnico-científico acarrearía una transformación cultural equivalente de los humanos.

Y qué va. Al frente de las máquinas más modernas del mundo actual podemos toparnos con individuos perfectamente zotes y rijosos, que hubieran podido vivir en el mundo de hace medio siglo sin sentir necesidad de emitir la menor crítica, no ya ideológica, sino incluso de pura urbanidad. O sanitaria.

Ayer vi en el guiñol de Canal + una escena satírica en la que aparecían los trasuntos de Bush y Aznar montados a caballo sobre un misil a punto de ser bombardeado, igual que en la escena final de Dr. Strangelove, otro gran filme de Kubrick. En aquella película -de los primeros 60, creo-, algunos mandos militares estadounidenses demostraban ser de una burrería nada conveniente, a la vista de la peligrosidad de las armas terribles que tenían en sus manos.

Pero lo peor es que han pasado cuatro décadas y ese tipo de gente sigue siendo por lo menos igual de burra.

Sólo que ahora tiene capacidad para matar más.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/13 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: jor 2003 diario españa | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/12 07:00:00 GMT+1

La «grandeur» de Chirac

Se le seguía calificando sistemáticamente de neogaullista, pero parecía casi un apelativo ritual. Como quien llama neoliberalismo al modo en que mandan hoy en día los gobernantes de casi todos los países y que tiene tanto que ver con el genuino liberalismo político como un huevo con una castaña. O como quien llama socialistas a los Blair y compañía: porque son formalmente herederos de quienes llevaron el nombre con propiedad.

Lo de Jacques Chirac se ha demostrado diferente. Su reacción frente a la actitud impositiva de Bush ha recordado realmente el estilo del gaullismo cuyo legado se atribuye. Los más viejos del lugar hemos reconocido de inmediato el nacionalismo orgulloso del viejo Charles de Gaulle, que nunca admitió los intentos de la Casa Blanca de suplantar al Elíseo. En nombre de «la grandeza de Francia» dedicó no pocos esfuerzos a construir un tercer polo de referencia y de poder entre Washington y Moscú en la época en que la pugna entre las dos superpotencias militares lo condicionaba todo.

La izquierda europea, unánime a la hora de repudiar la política interior del grand Charles, se mostró dividida ante su política exterior. La parte de la izquierda que no rendía culto de incondicionalidad a Moscú se vio obligada a hacer complicados dibujos argumentales para tomar posición ante las vías que elegía el inquilino del palacio del Elíseo para hacer notar a las dos superpotencias su calidad de tercero en discordia. Muy en particular, ante los esfuerzos que destinó a dotar a la República Francesa de una force de frappe, esto es -y por decirlo sin eufemismos- de un poder nuclear que obligara a los demás a tomársela muy en serio. No era fácil estar en contra del armamento nuclear y de las pruebas que Francia realizaba para perfeccionar el suyo y, a la vez, rebelarse contra los intentos de soviéticos y norteamericanos de convertir el club nuclear en una sociedad de sólo dos miembros. No era fácil explicar ese doble sentimiento. Puedo certificarlo.

Ahora vuelvo a experimentar esa sensación contradictoria ante la política exterior francesa. No tengo la más mínima duda de que Chirac es un reaccionario de tomo y lomo que está haciendo la cusqui a los trabajadores franceses, pero me merece respeto la energía con que se ha plantado ante Bush y le ha dicho, sobre poco más o menos: «No pienso dejarte actuar como si fueras el dueño del mundo», y no he podido dejar de mirar con simpatía la imperturbabilidad con la que ha soportado las nada diplomáticas amenazas de Washington.

Chirac es un francés nacionalista que se comporta como tal también de puertas afuera. Los gobernantes españoles sólo acostumbran a ponerse nacionalistas para zaherir a quienes no encajan en su retrato-robot del buen español. Entre cuyas cualidades está la de inclinar la cerviz sin rechistar a cuanto venga de Washington.

Javier Ortiz. El Mundo (12 de marzo de 2003), basado en el apunte La «grandeur». Subido a "Desde Jamaica" el 6 de abril de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/12 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: irak el_mundo usa francia chirac 2003 bush de_gaulle aznar españa | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/12 06:00:00 GMT+1

No sé / No contesto

Me toca intervenir esta mañana a las 8:30 en la tertulia del Boulevard Abierto, en la radio vasca. Según costumbre, me levanto pronto, pongo Radio Euskadi vía satélite y saco de Internet documentación sobre las noticias que es posible que comentemos. En Aigües, donde me he refugiado para trabajar durante toda la semana, todavía es noche cerrada, pero el cielo está repleto de estrellas y la temperatura es muy agradable. Se anuncia un día estupendo.

Así que emprendo el trabajo matinal con excelente ánimo.

Una de las noticias que más me llama la atención, dentro de las locales, se refiere a la investigación que está haciendo la Fiscalía Anticorrupción sobre el trabajo de la Inspección de Hacienda de la Diputación Foral de Vizcaya. Como se sabe, la recaudación fiscal, IRPF incluido, no está controlada en Euskadi por la Agencia Tributaria central, sino por los organismos forales.

A lo que parece, Anticorrupción no investiga un caso concreto, sino diversos. Se habla de una denuncia sobre posible trato de favor dado a un grupo de contribuyentes relativamente amplio.

De inmediato han empezado a expresarse opiniones. Los unos dicen que no les extraña nada; que estaban seguros de que la Diputación peneuvista barría para casa y beneficiaba a los suyos. Otros sostienen que se trata de otro episodio más del intento del PP de minar la preeminencia del PNV en la institución provincial, para el que se ha aprovechado de la falsa denuncia de un inspector pendenciero y resentido con sus jefes. Otros muestran su convencimiento de que se está intentando desprestigiar la autonomía fiscal vasca, caballo de batalla de muchos ultracentralistas españoles.

¿Y qué opino yo? Que ni idea. No sé nada sobre lo que ha podido hacer o dejar de hacer la Hacienda vizcaína, tampoco sé si es verdad o mentira lo que se cuenta sobre ese inspector al que se atribuye la denuncia y lo ignoro todo sobre las intenciones reales o supuestas de la Fiscalía Anticorrupción. Así que no opino. No sé / no contesto.

Son cosas que ocurren. Y, cuando ocurren, lo que tiene que hacer un comentarista político razonable –yo trato de serlo– es admitir directamente su ignorancia y mantenerse calladito.

Hay gente a la que esta actitud le molesta mucho. Recuerdo una situación muy parecida con la que me topé hace años, cuando estaba en la tertulia matinal de Onda Cero, con Luis del Olmo. Se hablaba también de un posible trato de favor, sólo que éste se atribuía a la Hacienda central y afectaba a diversos contribuyentes presuntamente amigos del PSOE. Del Olmo me preguntó: «¿Y tú, Ortiz, que opinas? ¿Ha habido trato de favor o no?». Y yo respondí lo de antes: que ni idea. «Pero algo te barruntarás, ¿no?», insistió él. Empecé a mosquearme: ¿y qué diablos puede interesarle a la audiencia lo que yo pueda olerme, si tendría que olérmelo, en todo caso, sin fundamento, sobre la simple base de que hay alguna gente que es capaz de eso y de más? «No, no me barrunto nada. Que se investigue a fondo y ya veremos», contesté. A lo que el veterano locutor replicó, con aire de evidente decepción: «Vale, que no quieres mojarte». ¡Que no quiero mojarme yo! ¡Pero si vivo empapado! Pero, si no sé, pues no sé, y asunto concluido.

Yo sé que soy un contertulio que no responde al perfil adecuado. El buen contertulio de las grandes cadenas radiofónicas españolas ha de cumplir ciertos requisitos: 1) Admitir la bobada ésa de que lo llamen «tertuliano»; 2) Tener opinión sobre absolutamente todo, sin excepción; 3) No ser realmente especialista en nada; 4) Hablar en voz muy alta, y 5) Interrumpir constantemente a los demás, a veces en tono admonitorio o incluso amenazante. Para mi desgracia, no cumplo ni uno solo de los cinco puntos, con la parcial excepción del 3.

Si a todos esos inconvenientes se le añade el no menor de que mis opiniones, encima, van constantemente contra corriente, ¿cómo podría extrañarme de que me den la espalda? Les entiendo perfectamente.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de marzo de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/12 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: corrupción diario pnv 2003 euskal_herria euskadi | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (0)

2003/03/11 06:00:00 GMT+1

La «grandeur»

Se le seguía calificando sistemáticamente de neogaullista, pero parecía casi un apelativo ritual. Como quien llama neoliberalismo al modo en que mandan hoy en día los gobernantes de casi todos los países y que tiene tanto que ver con el genuino liberalismo político como un huevo con una castaña. O como quien llama socialistas a los Blair y compañía: porque son formalmente herederos de quienes llevaron el nombre con propiedad.

Lo de Jacques Chirac se ha demostrado diferente. Su reacción frente a la actitud impositiva de Bush ha recordado realmente el estilo del gaullismo cuyo legado se atribuye. Los más viejos del lugar hemos reconocido de inmediato el nacionalismo orgulloso del viejo Charles de Gaulle, que nunca admitió los intentos de la Casa Blanca de suplantar al Elíseo. «Los Estados Unidos son una gran nación con un poder inmenso. Francia no tiene tanto poder, pero es una nación tan importante como la que más, y nunca permitirá que nadie la trate con menosprecio o intente colocarla en un lugar secundario»: ése fue el sentimiento que inspiró buena parte de los actos del general en la arena internacional. En nombre de «la grandeza de Francia» dedicó no pocos esfuerzos a construir un tercer polo de referencia y de poder entre Washington y Moscú en la época en que la pugna entre las dos superpotencias militares lo condicionaba todo.

La izquierda europea, unánime a la hora de repudiar la política interior radicalmente procapitalista del grand Charles, se mostró dividida ante su política exterior. La parte de la izquierda que no rendía culto de incondicionalidad a Moscú -en cuyas filas se encontraba este servidor de ustedes- se vio obligada a hacer complicados dibujos argumentales para tomar posición ante las vías que elegía el inquilino del palacio del Elíseo para hacer notar a las dos superpotencias su calidad de tercero en discordia. Muy en particular, ante los esfuerzos que destinó a dotar a la República Francesa de una force de frappe, esto es -y por decirlo sin eufemismos- de un poder nuclear que obligara a los demás a tomársela muy en serio. Estábamos en contra del armamento nuclear y de las pruebas que Francia realizaba para perfeccionar el suyo pero, a la vez, nos rebelábamos contra los intentos de soviéticos y norteamericanos de convertir el club nuclear en una sociedad de sólo dos miembros. No era fácil de explicar nuestra aparente ambigüedad ante el nacionalismo francés y hacia su empeño en ejercer de gran potencia. No lo era; puedo certificarlo.

Ahora vuelvo a experimentar esa sensación contradictoria ante la política exterior francesa. No tengo la más mínima duda de que Chirac es un reaccionario de tomo y lomo que está desmontando el amplio entramado de conquistas sociales que el pueblo francés logró ir tejiendo tras la II Guerra Mundial y, muy especialmente, tras las revueltas de 1968. Pero me merece respeto la energía con que se ha plantado ante Bush y le ha dicho, sobre poco más o menos: «No pienso dejarte actuar como si fueras el dueño del mundo», y no he podido dejar de mirar con simpatía la imperturbabilidad con la que ha soportado las nada diplomáticas amenazas de Washington.

Chirac es un francés nacionalista que se comporta como tal también de puertas afuera. Aznar, en cambio, es un nacionalista carpetovetónico que sólo demuestra su nacionalismo de puertas adentro, dedicándose a hacer la puñeta a quienes no encajan en su retrato-robot del buen español. De cara al exterior, cuando no es un lacayo de Bruselas es un lacayo de Washington.

Con Aznar, desde luego, no hay posibilidad de experimentar ninguna clase de sentimiento ambiguo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/11 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: 2003 diario | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2003/03/10 06:00:00 GMT+1

Destrucción masiva

George W. Bush afirma que no le hace falta el respaldo de las Naciones Unidas para lanzar un ataque contra Irak porque los Estados Unidos de América han sido agredidos y el Derecho internacional concede al agredido el derecho a defenderse.

Vayamos por partes.

Primer punto: sólo puede apelar al derecho de legítima defensa quien está respondiendo a una agresión inmediata. Ningún tribunal consideraría legítima defensa que alguien que fue tiroteado por otro hace 18 meses fuera ahora a buscarlo y le pegara cuatro tiros.

Segundo: aparte de que la agresión se produjera tiempo ha, está el hecho de que nadie ha probado que quienes perpetraron los atentados del 11 de septiembre de 2001 actuaran por orden del régimen iraquí, o en connivencia con él. Antes al contrario, varios servicios de inteligencia occidentales -incluido el británico- han suscrito informes en los que sostienen que Irak ni tuvo ni tiene ninguna relación con Al Qaeda.

Tercero: la pretendida autodefensa de Washington no sólo se produce muy fuera de plazo y contra quien no procede, sino que ni siquiera tiene relación alguna con la agresión en la que se escuda. Y ése es el asunto principal.

Si el Gobierno de los Estados Unidos de América tuviera alguna razón para temer algo de Irak, y si esa razón tuviera algo que ver con los atentados del 11-S, carecería de sentido que perdiera el tiempo persiguiendo las presuntas armas de destrucción masiva de Sadam Husein. Porque las únicas armas de destrucción masiva que intervinieron el 11-S fueron aviones de pasajeros fabricados por compañías aéreas de los EUA. Aviones que fueron secuestrados con artilugios que, por no ser, ni siquiera eran armas en sentido estricto. Uno puede amenazar muy seriamente la yugular de una azafata o de un piloto con un cortatramas (un cutter, que se dice ahora), pero lo mismo podría hacerlo con una cuchara suficientemente afilada, o con la tapa que cierra el desagüe del WC del avión, fácilmente convertible en cortante con una piedra de pulir que, no siendo metálica, puede subirse sin problemas a cualquier aeronave o tren comercial.

El arma de destrucción masiva más tremenda que ha generado y seguirá generando la Humanidad -mientras subsista- se compone de dos elementos tan simples como devastadores: la astucia y la sed de venganza.

Y esa mezcla no la van a localizar en ningún almacén iraquí, terrestre o subterráneo. Volverán a encontrársela una y otra vez, pero no en Bagdad, sino en pleno centro de Nueva York, o de Los Ángeles. Porque la van provocando constantemente y en masa ellos mismos con su prepotencia y su ambición sin límites.

¿Por qué no quieren verlo? La mayor fábrica mundial de armas de destrucción masiva está en la Casa Blanca.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de marzo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/10 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: irak guerra diario 2003 bush onu | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)