2003/04/09 06:00:00 GMT+2
«España no puede conformarse con ser un país simpático; tiene que ser un país serio, capaz de asumir responsabilidades».
Oí esta afirmación de Aznar a última hora de la tarde del lunes, cuando todavía me encontraba tratando de digerir la noticia de la muerte de Julio Anguita Parrado. Llegué a pensar que había entendido mal, por culpa de mi propio desconcierto. Pero no: ayer la leí en varios periódicos. Y, por mucho que me afectara la muerte de José Couso, no me cupo ya duda: había dicho eso.
¿A cuento de qué esta contraposición entre seriedad y simpatía? Al repasar el conjunto de su perorata, comprendí su intención: estaba reprochando a la oposición, y con ella a millones de ciudadanos, su actitud «simpática» frente a la guerra. Él, en cambio, se gana «la consideración y el respeto internacionales» mostrándose «capaz de asumir responsabilidades». O sea, no siendo simpático, sino implacable. Él se parapeta tras la norma que Bush ha tomado -sin saberlo, por supuesto- del Calígula de sus peores años: Oderint dum metuant. «Que me odien, pero que me teman». Aznar aspira a ser temido -ya que no respetado- por delegación.
Eso es para él lo serio.
Pero es serio tan sólo por las materias con las que juega: vidas, destinos, derechos, libertades. No por el rigor de sus planteamientos.
No tiene nada de serio dar luz verde a una guerra crudelísima anunciando que el objetivo es llevar la democracia a Irak y luego declarar con total tranquilidad que habrán de pasar bastantes años antes de que los iraquíes puedan elegir a sus representantes, porque «no hay condiciones».
Es una broma del peor gusto afirmar que la ONU tendrá «un papel crucial en la reconstrucción de Irak» y aclarar a continuación -Washington dixit- que será crucial... «porque las tareas humanitarias son cruciales».
Tampoco puede considerarse un rasgo de seriedad negarse a pronunciar la palabra «guerra» -¿alguien ha oído al jefe del Gobierno español hablar de algo que no sea «el conflicto»?-, como si la pudibundez de la semántica pudiera ocultar la naturaleza aplastantemente bélica del hecho.
A cambio, sí que es serio, y mucho, que camine al paso que marca el mando supremo de un Ejército que, cansado ya por lo visto de matar civiles iraquíes, la emprende ahora contra los centros de Prensa, con la obvia intención de provocar el desalojo de los corresponsales extranjeros, para que no sean testigos de la limpieza de opositores a la que va a proceder en cuanto termine la guerra.
Aznar quiere «un país serio, capaz de asumir responsabilidades». Por lo de serio pierda cuidado: ya lo está, y mucho. Incluso triste, a fuerza de ver y sentir a diario el dolor y la muerte.
En cuanto a las responsabilidades, mejor haría en no pedir a otros que las asuman. Empiece por hacerlo él, que las ha contraído, y muy graves.
Un aviso y una fe de errores.- (1) Este apunte retoma un par de ideas ya incluidas en el de ayer. Las he retomado en atención a los lectores de El Mundo, periódico en el que publico hoy las líneas anteriores en forma de columna. (2) La maldición que lanzó Julio Anguita tras conocer la muerte de su hijo no fue como ya la reproduje, tomándola de un teletipo. Anguita padre dijo: «Malditas sean las guerras y malditos los canallas que las apoyan". Bastante más contundente.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (9 de abril de 2003), salvo el aviso, el cual se publicó únicamente en el Diario. Subido a "Desde Jamaica" el 28 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/09 06:00:00 GMT+2
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2003/04/08 06:00:00 GMT+2
«España no solamente tiene que ser considerado un país simpático; tiene que ser un país serio». Oí ayer esas declaraciones de José María Aznar en la radio del taxi que me traía a casa, una vez concluido el acto de presentación del libro Washington contra el mundo, fruto del trabajo de colaboración entre el periódico electrónico Rebelión.org y la editorial Foca, de la que soy ahora director de colección. Al inicio del acto, en el que intervinieron también Pascual Serrano y Carlos Taibo -ambos coautores del libro colectivo y el primero también uno de los responsables de Rebelión.org- comuniqué al público, que llenaba la sala, la terrible noticia de la muerte de Julio A. Parrado. La mala nueva cayó como un mazazo.
Estuve medio flotando durante todo el acto.
A veces me cuesta asimilar la realidad. Especialmente cuando es tan tremenda. Y tan absurda.
Julio firmaba poniendo sólo la inicial de su primer apellido no sólo para ahorrarse problemas en los EUA con la costumbre local de mencionar el second name (el segundo nombre de pila), entero o como inicial, sino también para evitarse aquí mismo el incordio del: «Ah, ¿eres su hijo?». Porque, como ya para estas alturas sabe todo el mundo -ya da igual-, Julio A. Parrado era Julio Anguita Parrado, primogénito de quien fuera coordinador general de Izquierda Unida y de la teniente de alcalde de Córdoba Antonia Parrado. Julio Anguita es, precisamente, otro de los autores de Washington contra el mundo.
Regresaba yo a casa en taxi, ya digo, y escuché la declaración de Aznar: «España no solamente tiene que ser considerado un país simpático; tiene que ser un país serio».
Si no viviera en estado de indignación permanente, habría pegado un bote de ira. ¿De qué irá este personaje grotesco? ¿Sólo son serios los países que se meten de hoz y coz en las guerras más absurdas y criminales? ¿Y qué tiene de malo ser un país simpático?
Pero me dije que, mirado el asunto con perspectiva, bien podía decirse que Aznar había acertado, así fuera sin querer. Al contraponer «serio» a «simpático», abrió una mirilla por la que cabe asomarse a su subconsciente.
Él quiere que España sea un país triste.
Y lo está consiguiendo. Hoy somos muchísimos los que estamos particularmente tristes.
=
Conocí a Julio Anguita Parrado hace algo así como una década, cuando se incorporó al periódico. Entró como currito de la sección de Internacional. Era por el tiempo en que yo regresé de Bilbao, donde había pasado un año montando El Mundo del País Vasco. Ocupábamos las posiciones más alejadas de la planta primera del edificio de Pradillo, 42, pero solía pasar a su lado cuando acudía a visitar a Ricardo y Nacho, o a Ulises Culebro, o a consultar alguna cosa en Documentación. Luego trasladaron la sección de Internacional a una zona más cercana de la mía, pero ya por entonces se marchó a reforzar el equipo de corresponsales de El Mundo en los Estados Unidos.
Supongo que él sabía que tengo una buena relación de amistad con su padre, y yo sabía, por supuesto, que era hijo de quien era, y que, precisamente por eso, ambos nos retraíamos, para no dar por sobreentendida una familiaridad intermediada. Estaba, además, la diferencia de edad. Nos sonreíamos, nos saludábamos, pero apenas debimos de charlar unos minutos en varios años, y siempre sobre cuestiones profesionales.
Lo apreciaba por su espíritu concienzudo, por su instinto periodístico y por su gusto evidente -y nada corriente- por el trabajo bien hecho. Desde que llegó a los EUA, su estilo fue haciéndose más suelto, más seguro de sí mismo. Se notaba que tenía a su lado a Carlos Fresneda, tan buena persona como excelente escritor.
Supongo que la mayoría de las veces las cosas así se dicen por protocolo, pero no es éste el caso: Anguita Parrado estaba destinado a ser un buen periodista. No un figurón, desde luego, pero sí una garantía de calidad y rigor.
=
Y, mientras veíamos el horror, y por primera vez lo sentíamos tan cercano -ojos que ven, corazón que siente-, la Bolsa subía con alegre desenfado y el precio del petróleo descendía de manera espectacular.
Sí, Julio, tienes toda la razón: malditas las guerras, malditos los que las promueven, malditos los que hacen de ellas su negocio.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de abril de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/08 06:00:00 GMT+2
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2003/04/07 08:30:00 GMT+2
Todo indica que la guerra de Irak ha entrado en su fase más impúdica, en la que, sin dejar de seguir su curso demoledor el negocio de la destrucción, empieza ya a ponerse en marcha la bicoca de la reconstrucción.
Mucha gente ignora que también la destrucción es un negocio. Pero lo es, y muy importante. Gracias a la guerra, las fábricas de armamento -de los EUA, sobre todo, en este caso- consiguen que las Fuerzas Armadas den salida a sus enormes stocks, con lo que obtienen nuevos pedidos y se aseguran fuertes inversiones públicas para la modernización de sus tecnologías. Las industrias petroleras, por su parte, obtienen también beneficios enormes con las cantidades gigantescas de combustible que consumen los aviones y los carros blindados. Muchos otros negocios menores o auxiliares de la guerra -incluido el de los medios de comunicación, que ven aumentar de modo muy considerable sus audiencias (1)- también consiguen importantes beneficios.
De todos modos, el gran, el enorme negocio -aquel por el que de hecho se ha emprendido la guerra- es el de después. El control de Irak va a suponer para los EUA no sólo un elemento clave para la materialización de su estrategia de neutralización de la zona, sino también un chorro de petrodólares. Nadie duda, para estas alturas, que las grandes compañías norteamericanas van a tomar las riendas de la extracción y la distribución del crudo iraquí, con las consecuencias que es fácil adivinar.
Y luego está... todo lo demás: la reparación y acondicionamiento de las infraestructuras de transporte -carreteras, vías férreas, aeropuertos, tendidos eléctricos, conducciones de petróleo, gas y agua, etcétera-, la reconstrucción de las fábricas demolidas, la reedificación de las viviendas bombardeadas... Aznar mandó hace unos días en secreto una importante delegación a los Estados Unidos para que obtuviera de las autoridades de Washington la confirmación de que una parte de ese pastel será para empresas españolas. He oído decir que sus enviados regresaron con la promesa de que habrá pastel para todos los fieles, incluido él.
Estamos ante el retrato perfecto de la guerra: debajo, los cadáveres; encima, los traficantes de muerte.
---------------
(1) Los directivos de los medios suelen negar que saquen beneficio de la guerra. Alegan que las situaciones de conflicto retraen el consumo y, en consecuencia, perjudican el mercado publicitario. Y eso es verdad. Pero lo que se pierde en publicidad durante un enfrentamiento armado muy espectacular pero relativamente breve, como puede ser éste, viene sobradamente compensado por el incremento del interés público por los medios, lo que supone un cebo para las firmas anunciantes. Es la inversa del refrán: hambre para hoy, pan para mañana.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de abril de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/07 08:30:00 GMT+2
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2003/04/06 06:00:00 GMT+2
Lo primero que suelo hacer en las conferencias que vengo dando en las últimas semanas sobre el papel de la Prensa en las guerras -en las guerras, en general, y en esta guerra, en concreto- es relativizar la muy tópica afirmación según la cual «la primera víctima de todas las guerras es siempre la verdad». Porque quienes la airean están dando a entender que, antes de caer herida en combate, la verdad gozaba de buena salud. Y de eso, nada.
Por lo demás, no está nada claro qué es «la verdad». Hay, obviamente, hechos objetivos -y mentiras flagrantes-, pero la jerarquización de los sucesos realmente ocurridos, su valoración y su interpretación, imprescindibles para su exposición pública, sólo puede hacerse a partir de una determinada escala de valores, de una concepción del mundo. De una ideología, en suma.
«No se ve igual la realidad desde la ventana de un palacio que desde el ventanuco de una cabaña», decía Ludwig Feuerbach. Y así es. Pero la visión de las cosas no sólo está condicionada por las ventajas o desventajas del papel que le corresponde a cada cual dentro de la jerarquía social de su país, sino también por el lugar que corresponde a su país en el reparto de la riqueza mundial. Incluso los desheredados del Primer Mundo son del Primer Mundo. Y, por ello mismo, participan -críticos radicales al margen- de las complicidades del Primer Mundo.
Hay que contar con ello para comprender cómo es posible que estemos instalados en el reino de la obscenidad. Y no nos demos cuenta. O hagamos como que no.
Hace falta tener presentes esos factores para entender, por ejemplo, que los grandes medios de comunicación españoles, incluidos los que se declaran críticos hacia la guerra, no monten una escandalera de mil pares tras oír al presidente de su Gobierno quejarse de que los pacifistas se conmueven con la masacre de niños y niñas iraquíes «pero no dicen nada de los niños y niñas que mata ETA».
No recuerdo haber escuchado hace años un argumento tan inmoral y tan repugnante en boca de un jefe de Gobierno. ¡Pretender que el recuerdo de pasados atentados de ETA sirva para quitar importancia al hecho de que él esté contribuyendo activamente a masacrar a cientos de niños y niñas en Irak ahora mismo!
En el Primer Mundo, incluso la disidencia -la instalada- tiende a ser de salón. Amable. Critica a los criminales de guerra, pero no les conmina a abandonar de inmediato la vida política. No los condena al ostracismo. O a la cárcel.
Por supuesto que nos engañan. Que sólo nos muestran la parte de la realidad que les da la gana. Y que nos aportan noticias confusas, cuando no falsas.
Pero el problema no es que no sepamos la verdad. Con lo que sabemos, por parcial y limitado que sea, tendríamos ya más que bastante para armarla buena. Pero nos quedamos -la mayoría se queda- en la mera queja.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de abril de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/06 06:00:00 GMT+2
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2003/04/05 06:00:00 GMT+2
Lo de Javier Arenas es de aurora boreal. Presenta una lista con los nombres de diversos presuntos cargos locales del PSOE e IU que, según él, han participado en agresiones contra sedes del PP o han atacado a sus dirigentes, y dice a continuación que no está acusando a nadie de la comisión de ningún ilícito penal porque lo suyo es «una denuncia política».
Las relaciones de esta gente con la lógica van de mal en peor. Se ve que el esfuerzo constante por negar lo evidente -su participación activa en la guerra de Irak- ha dañado irreparablemente sus neuronas. Ya les da igual que sus palabras carezcan del menor sentido. ¿En qué cabeza cabe que acusar nominalmente a tales y cuales individuos de haber participado en asaltos y agresiones no sea imputarles actos ilícitos?
Dice Arenas que se trata de «una denuncia política». Otra estupidez más. Toda denuncia referida a políticos entra forzosamente en el terreno de la política. El asunto no es saber si entra en ese terreno, sino si se circunscribe a él. Que sea política no excluye que también sea penal. Lo que él quería decir -pero no acierta, porque está de un zote que se sale- es que su denuncia es exclusivamente política. Pero para que una denuncia sea exclusivamente política tiene que referirse a actos cuya naturaleza, sentido y consecuencias se ciñan estrictamente al campo de la política. Y la rotura de puertas y cristales de sedes del PP y el lanzamiento de objetos contra estos o aquellos miembros de ese partido son actos políticos, por supuesto, pero no son sólo políticos. Se trata de comportamientos decididamente ilegales, que el Código Penal describe y condena. (Me dirán ustedes: «Hombre, la toma de la Bastilla tampoco fue un acto legal, y estuvo muy bien». Y yo les contestaré que sí, pero que los asaltantes de la Bastilla vencieron, y la victoria es una eximente total que ningún Código describe, pero que todos acatan.)
Lo que Arenas pretende -que acusar de la comisión de actos ilegales no signifique acusar de la comisión de actos ilegales- es un perfecto contrasentido, obviamente, pero cabe entender de qué va si se examina dejando de lado la lógica formal. Lo que en realidad Arenas está diciendo es: «Acuso a esta gente de haber hecho esto, lo otro y lo de más allá, pero no quiero que el asunto se ventile ante los tribunales porque sé que buena parte de mis acusaciones son imposibles de probar, entre otras cosas porque bastantes de ellas son falsas. Yo lo único que quiero es que mi jefe no tenga que comerse con patatas la acusación que lanzó a Zapatero y Llamazares de que son los instigadores del acoso que estamos sufriendo. Si consigo esa meta estrictamente política, voy que chuto».
Ocurre que los otros no son tontos. Le han visto venir a tres kilómetros.
Tendrá que ir a los tribunales con sus acusaciones, quiera que no. Y hará el ridículo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de abril de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/05 06:00:00 GMT+2
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2003/04/04 06:00:00 GMT+2
Las autoridades de Washington hablan y hablan sobre el Irak post Sadam. Colin Powell recorre medio mundo disertando sobre cómo será la nueva Administración iraquí, quiénes intervendrán en la reconstrucción del país y quiénes no, qué otras operaciones militares en países limítrofes emprenda tal vez su Gobierno -cita a Siria y a Irán-, a qué papel habrá de ceñirse la ONU a partir de ahora... Aún no ha cazado el oso, pero tiene clarísimo qué hará con su piel.
Casi todo el mundo, incluyendo algunos que se declaran hostiles a esta guerra, da por hecho que asistimos a los últimos días del conflicto armado.
Yo no discuto que la fase convencional de la guerra pueda concluir relativamente pronto. Tampoco lo afirmo, de todos modos, a la vista de que el mando angloestadounidense no sabe cómo rematar la toma de las ciudades sin recurrir a un cuerpo a cuerpo en el que sus tropas podrían sufrir cuantiosas bajas.
Pero, incluso en la hipótesis más favorable para ellos, incluso aunque consiguieran hacerse con el control formal de Irak en el plazo de algunos días o de unas pocas semanas, eso no querrá decir que todo se haya terminado. Ni mucho menos. Según ha podido constatarse durante los primeros 15 días de guerra, el Gobierno de Sadam Husein preparó a su población para que, en la más que probable eventualidad de que su Ejército no pudiera detener el avance de las tropas invasoras, pasara a hostigarlas con técnicas de guerra de guerrillas. ¿Cómo? Buscando unidades pequeñas que queden en situación momentánea de aislamiento para atacarlas con fuerzas superiores; sometiendo al ocupante a atentados constantes; obligándolo a hacer un gran despliegue por todo el territorio para que no se fijen bolsas fuera de control y aparezcan «zonas liberadas»...
Los rusos podrían dar a los estadounidenses un curso muy completo al respecto. Por doble vía: porque ellos han sacado un muy fructífero partido de las formas irregulares de guerra en las ocasiones más decisivas de su Historia... y porque las sufrieron en Afganistán, de donde acabaron por salir con el rabo entre las piernas, pese a su aplastante superioridad militar y pese a que contaban con el respaldo de una parte importante de la población local, cosa de la que EE.UU. carece en Irak.
Es un error confundir la fase convencional de la guerra con la guerra en su totalidad. Washington puede demostrar que el Ejército de Sadam Husein no tiene capacidad para plantarle cara. Pero la cara es sólo lo que se ve de frente. Las Fuerzas Armadas de los EE.UU. tienen también espalda. Y flancos. Y los tienen ahora, y los tendrán el mes próximo, y el siguiente.
Se están repartiendo la piel del oso como si ya lo hubieran cazado. Pero un país no es una pieza de caza. Son muchísimas. Y durante mucho tiempo. Demasiada caza para un cazador furtivo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de abril de 2003) y El Mundo (5 de abril de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 16 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/04 06:00:00 GMT+2
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2003/04/03 06:00:00 GMT+2
Aunque no creo que sea tan bruto como algunos lo consideran, debo reconocer y reconozco que detesto cordialmente tanto los planteamientos supuestamente tácticos de Javier Clemente como su modo chulesco de expresarse, más propio de las caricaturas chistosas de los bilbaínos que de la gente normal de Barakaldo, que creo que es su pueblo natal.
Pero el hecho es que ayer dio de lleno en la diana. Y hay que reconocérselo, quizá sobre todo por lo infrecuentes que son en él los aciertos. Refiriéndose a la sanción de dos años que ha recaído sobre el jugador del Athletic de Bilbao Carlos Gurpegi, acusado de doparse, el ahora entrenador del Espanyol -equipo que por fin se ha decidido a contratar a un técnico tan absurdo como el propio nombre del club- ha expresado su convencimiento de que los políticos también «toman algo» para aguantar las palizas que se dan, sobre todo durante las campañas electorales.
Yo lo he sospechado desde siempre de bastantes, viéndoles capaces de aguantar carros y carretas durante un montón de horas, día tras día. Con respecto a otros no lo he sospechado, porque no hacía falta: sé que se drogan. Algunos de manera ocasional, otros sistemáticamente. Me lo han confirmado personas que trabajan con ellos o que los conocen personalmente.
Por lo que me dicen, la cocaína es el producto más apreciado por las jefaturas políticas.
A mí no me parece mal. No soy de los que dicen alegremente que cada cual es dueño de hacer con su cuerpo lo que quiera, porque hay algunos loquequieras que luego pueden salir a la comunidad por un ojo de la cara, vía medicamentos y hospitales. Pero hay tantos comportamientos de riesgo en esta vida que, una de dos, o nos ponemos igual de estrictos con todos -incluyendo las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera- o mostramos el mismo grado de tolerancia también hacia todos. En cualquier caso, lo que no veo es por qué hay que perseguir hasta la muerte con una metralleta en la mano a los deportistas mientras con el resto de los profesionales, incluyendo aquellos en cuyas manos ponemos a veces nuestras vidas (pilotos de avión, conductores de trenes y autobuses, cirujanos, etcétera), los controles son de una enorme laxitud, y eso cuando se producen.
He dicho que no me parece mal que los dirigentes políticos se dopen para tener más resistencia a la fatiga. Otro criterio me merecen aquellos cuyos discursos y decisiones ponen de manifiesto que toman productos que obnubilan la mente y enturbian la capacidad de raciocinio. Un estricto control antidopaje del Gobierno -en su conjunto, pero especialmente de su presidente y su ministra de Exteriores- parece cada vez más de rigor.
-------
Nota.- Durante buena parte de ayer, mi apunte del Diario mostró dos faltas de ortografía idénticas: dos "que" convertidos en "qué". Tal como comenté a quienes me llamaron la atención muy razonablemente, la culpa fue sólo parcialmente mía. Yo escribí los "que" como correspondía: sin tilde. Pero el sistema de autocorrección del programa Word, extendido por ese estafador que lleva por nombre Bill Gates, se empeña en que, si tú colocas un "que" tras un signo de interrogación, sólo puede tratarse de un "qué", y te pone la tilde por su cuenta y riesgo. Te enmienda la plana, por más que no tenga ni puta idea de castellano. Y yo, como estaba de viaje y escribí la cosa a toda pastilla, no me di cuenta de que el ordenata me la había jugado. I'm very sorry. (Compruebo que esta última frase, dudosamente castellana, no me la ha corregido. ¿Por qué será?).
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de abril de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/03 06:00:00 GMT+2
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2003/04/02 06:00:00 GMT+2
La escucha de los servicios informativos de las diversas radios por cuyas cercanías deambulo –que son muchas, por culpa de todo lo que viajo– me procura un constante regocijo. Me lo paso estupendamente con sus gazapos. Ahora mismo acabo de oír a alguien de la Cope de Bilbao que decía: «Tenemos que fallecer la noticia de la muerte de Eduardo Urculo...». Así: con noticia fallecida y el pintor sin acento. En otra emisora oí ayer que «dos soldados norteamericanos avanzan hacia Bagdad». Por supuesto que no estaban anunciando la formación de miniavanzadillas suicidas: es que habían leído «dos» donde ponía «los». ¿Rectificar? Ni de coña. Adelante con los faroles, y a correr.
Pero, por desgracia, ocurre con mucha frecuencia que los disparates no son resultado del despiste o de las lagunas culturales del locutor de turno, sino de la repetición mecánica de expresiones acuñadas por supuestos especialistas... en maltratar el idioma para edulcorar la realidad.
Raro es el día en que no nos dan cuenta de los sufrimientos padecidos por alguna mujer «a manos de su compañero sentimental». Dejando de lado el hecho de que muchas veces las lesiones no han sido producidas «a manos», ni mucho menos, sino con instrumentos mucho más contundentes y mortíferos, lo insufrible a es que a tipejos así se les califique sin parar de «sentimentales». ¿A cuento de qué esa chorrada? Lo explico en atención a los despistados: es el retorcido sistema que se han buscado estos cursis para hacernos saber que el agresor y la agredida vivían en pareja o copulaban sin estar casados. Pero, una de dos: o la inexistencia de documentación matrimonial tiene importancia en el caso que relatan o no la tiene. Si la tiene, díganlo abiertamente, y expliquen por qué. Y si no la tiene, ¿a qué ese interés en darnos a entender que no están casados? ¿No se tratará de proteger la sagrada institución del matrimonio de la mala imagen de la violencia? Sí; se trata de eso.
Otra expresión machaconamente repetida e igual de tramposa: «desastre humanitario». «La Cruz Roja anuncia que en Irak puede producirse un grave desastre humanitario», dicen. Un desastre puede ser muchas cosas, pero humanitario, desde luego, no. El Diccionario de la Academia dice: «humanitario, ria. Del lat. humanitas, -atis. 1. adj. Que mira o se refiere al bien del género humano. 2. Benigno, caritativo, benéfico». ¿Un desastre que busca el bien del género humano? ¿Un desastre benigno, caritativo, benéfico? ¿Están bobos, o qué?
No: practican la pudibundez perifrástica, para no llamar a las cosas por su nombres directos y nada agradables.
Tanto más crueles se vuelven las guerras, tanto más recurren los poderosos y sus propagandistas a los artificios y perifollos del idioma para enmascarar la realidad de sus actos.
Aznar no ha pronunciado ni una sola vez la palabra «guerra» en las últimas semanas. Habla del «conflicto».
¿Que las tropas anglo-norteamericanas matan a civiles sin parar? «Daños colaterales».
¿Que se matan entre ellos? «Fuego amigo».
Es posible que ellos consideren que todo eso es una demostración de su sutileza. Para mí que lo único que evidencia es que están tan acostumbrados a tratar todo a patadas que no pueden dejar de hacerlo también con el idioma.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de abril de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de abril de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/02 06:00:00 GMT+2
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2003/04/01 06:00:00 GMT+2
Hace apenas mes y medio, teníamos un comando de Al Qaeda en Lavapiés que fue felizmente detenido cuando rodaba sin parar vídeos prototerroristas, hábilmente disfrazados de souvenirs turísticos. Contábamos también con otro comando no menos peligroso que se dedicaba a fabricar explosivos en Cataluña a partir de jabón en polvo comprado en el súper de la esquina, lo que evidenciaba su terrible peligrosidad, realmente multiforme. Incluso habíamos localizado una célula dormida de Bin Laden asentada en La Rioja e integrada por un solo individuo (una táctica diabólica destinada a sembrar el desconcierto entre los investigadores, que están acostumbrados a que las organizaciones se compongan de dos o más personas).
Teníamos tal profusión de fanáticos islámicos camuflados por toda España, disfrazados de cualquier cosa -incluso de católicos-, que el propio secretario de Estado norteamericano se vio obligado a incluir «la terminal española» en un complejo organigrama de la red internacional de Al Qaeda que expuso a la consideración de la prensa internacional y sobre el que disertó durante un buen rato ante las cámaras de la TV.
Yo lo vi en la CNN. El señor Powell señaló con un puntero un sitio que decía «Spain». Enseguida me di cuenta de que se refería a nosotros. Pero ahí es precisamente donde empiezan mis problemas con la lógica.
Porque digo yo que si ha habido por nuestro solar patrio -y sigue habiendo, supuestamente- tanto terrorista islámico encargado de dejar a su paso un tremebundo reguero de detonadores esperando la mano de nieve que sepa activarlos, lo suyo sería que nuestro pobre terruño estuviera ahora mismo hecho unos zorros, con atentados a todas horas. Siendo Aznar uno de los máximos patrocinadores de la guerra contra Sadam Husein, al que nuestro invicto presidente considera cabecilla del terrorismo internacional, ¿a qué podrían estar esperando los comandos hispanos de Al Qaeda para hacer estallar todos los tambores de detergente explosivo que han ido sembrando por la piel de toro? ¿Será que las células dormidas se olvidaron de poner el despertador?
No sólo es fantástico que los legados hispanos de Al Qaeda no nos haya atacado para nada, sino también, y aún más, la capacidad de nuestros gobernantes para saber que era eso precisamente lo que iba a suceder. Porque apenas habían transcurrido unas pocas horas del comienzo de la guerra cuando el vicepresidente primero del Gobierno nos anunció que nuestro país no corría el menor peligro. Palabrita de Rajoy.
¿Y cómo podía saberlo? ¿Le consta a don Mariano que los de Al Qaeda sólo atacan en tiempo de paz?
¿Por qué no escribe un pequeño opúsculo al respecto, para ilustrarnos a los ignorantes?
Nota: 1 de abril de 2003. Informo al personal que los afrancesados celebramos el 1 de abril lo que otros sitúan por aquí el 28 de diciembre.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de abril de 2003) y El Mundo (2 de abril de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/04/01 06:00:00 GMT+2
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2003/03/31 06:15:00 GMT+2
La dirección de Radio Nacional ha empezado a tomar cumplida venganza aznariana. Está cepillándose de manera sistemática a los responsables de programas que han dado a conocer públicamente su oposición a la guerra. La dirección del ente (¿no sería mejor llamarlo directamente engendro?) ha suprimido de un plumazo el programa de Radio 3 Trébede, que se emitía los sábados por la mañana y que daba cuenta puntual y rigurosa de las andanzas de la música popular más enraizada.
Admito gustosamente que estaba en deuda con el responsable de ese programa, Iñaki Peña, por haberme animado en los últimos meses más de un rutinario y aburrido viaje en coche. Recuerdo un par de entrevistas, una con la gente de Al Tall y otra con Natxo de Felipe, realmente deliciosas. Como la música de los entrevistados.
Por lo que me relatan algunos amigos que trabajan en esa maldita casa subvencionada entre todos, lo de Trébede no es una excepción, sino la norma que parece imponerse: o te inclinas o te callan. McCarthy en marcha.
Supongo que alguien debería hacer algo. Yo lo cuento, y a ver quién recoge el guante.
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Nota de régimen interno.- Algunos lectores me escribieron durante la pasada semana para señalarme que la mayor parte de los enlaces (hipervínculos) de la sección de Humor estaban mal. Como quiera que estaba de viaje, el asunto afectaba a casi un centenar de ficheros y no tenía en el ordenador portátil los medios para hacer una corrección rápida del error, tuve que esperar al fin de semana para solucionar el problema. Ya está hecha la reparación y todo funciona en orden.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (31 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de marzo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/03/31 06:15:00 GMT+2
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