2003/05/15 06:30:00 GMT+2
No quisiera ensañarme con el Real Madrid. No tanto por el club como por los amigos y amigas que cuento entre sus seguidores, cuyo disgusto lamento. En todo caso, me parece bastante obvio que habían concedido demasiadas posibilidades a ese equipo, gigante con pies de barro. Me acordé de la película de Jimmy Cliff, que esa misma tarde había estado viendo de nuevo: The harder they come, the harder they'll fall. Tanto más alto elevas tus fantasías, tanto más dura acaba siendo la caída, sí.
Me temo que ha habido gente que ha confundido con demasiada facilidad el culo con las témporas. No se puede despreciar con tanta frivolidad el fútbol italiano, primero y principalmente porque «el fúrbol italiano», como categoría, no existe. No es lo mismo el Inter que el Milán, ni es lo mismo la Roma que la Juventus. La Juve, supuesto prodigio de cerrazón defensiva, presunta cerocerista profesional, le metió al Madrid tres goles como tres soles. Y el galáctico Madrid, sedicente maravilla del fútbol ofensivo, deambuló por el terreno de juego como si fuera incapaz de marcarle un gol al mismísimo arco iris, demostrando que tiene una defensa con más agujeros que un calcetín de Cantinflas.
El Real Madrid cuenta con grandísimos jugadores, individualidades portentosas que, cuando están en forma, pueden trenzar jugadas de altísimo nivel. Y muy bonitas. Pero un equipo no puede cifrar todas sus posibilidades de éxito en el genio de tres o cuatro malabaristas del balón. Porque, cuando los malabaristas están cansados, doloridos o, sencillamente, no tienen su día, aflora todo lo que no hay por debajo.
Aparte de eso, tampoco estaría de más que algunos de sus jugadores dejaran de mirar los extractos de su cuenta bancaria como si fueran el indicativo de su categoría profesional y humana. Recuerdan a veces demasiado a ese Michel reconvertido en comentarista que en sus tiempos de jugador se dedicaba a insultar a los futbolistas de otros equipos llamándolos «muertos de hambre» -lo que no le impedía arrugarse cuando le tocaba aguantar el tipo en una barrera-, o a aquel Juanito de triste memoria que fue incluso capaz de pisar la cabeza de un contrario para desfogar su rabia de derrotado. Sencillamente: saber perder forma también parte de la verdadera categoría. Alguien debería explicárselo a ese botarate que se hace llamar Guti y que, cual niño en patio escolar, se dedica a hacer gestos de amenaza a los oponentes que le han entrado feamente, sin importarle predisponer al árbitro en su contra y perder con ello un tiempo que su equipo necesita.
En fin, que se lo han ganado.
Por lo demás, mis respetos -y mi agradecimiento- para Zidane. Siempre diré que he tenido la suerte de ver jugar a Pelé, a Di Stefano, a George Best, a Maradona, a Platini... y a Zidane. Qué placer para los ojos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/15 06:30:00 GMT+2
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2003/05/15 06:00:00 GMT+2
No apelo a ninguna ciencia. Tan sólo a cierta vaga intuición, de la que tampoco puedo fiarme gran cosa: puede ser que las ganas me pierdan. Así que lo digo con toda la prudencia que aconseja el caso, pero lo digo: para mí que esta campaña electoral no le está yendo nada bien al PP.
Al PP en general y a Aznar en particular.
En Valencia no consiguió llenar. En Málaga tampoco.
Ya allí le salió el primer tocanarices, con una fotografía del Che Guevara.
Lo del lunes en Asturias resultó de coña: los grupos de reventadores fueron haciéndose notar por turnos, para desesperación del pope del PP, que no pudo ocultar su enfado y su impaciencia. Cuando no le echaban el chorreo por la guerra de Irak le abroncaban por el desastre del Prestige. «¡Dejadles, dejadles!», decía a los suyos, probablemente asustado ante la posibilidad de que hubiera heridos y se los cargaran en cuenta. No conseguió refrenarlos en Navarra, donde el burreras de Sanz se echó encima de un protestón.
Las fotos nos muestran a una plana mayor popular con caras no ya de disgusto, sino de desaliento. Como si empezaran a sentirse superados por las circunstancias.
Sus discursos parecen -me parecen a mí, al menos- preparados por sus peores enemigos. Lo de «la coalición radical socialista-comunista» es grotesco. Y resulta disparatado dedicarse a acusar al PSOE y a IU no ya de no saber hacer bien las cosas, sino de hacerlas deliberadamente mal. Se puede partir del hecho de que el electorado está bastante desinformado, pero no es conveniente tomarlo por tonto de remate. Además, la manía que le ha entrado a Aznar de hacer afirmaciones del estilo de «Se van a llevar una sorpresa morrocotuda» es nefasta para sus intereses: revela que él mismo da por hecho que sus rivales tienen más expectativas de triunfo.
Con todo lo cual, la pregunta es ésa: ¿y si estos signos fueran preludio de un buen tortazo del PP en las urnas?
La mayor parte de mis amigos y conocidos pronostican una nueva victoria de las huestes aznarinas. Pero me da que lo hacen sobre todo para curarse en salud. Es cierto que las urnas -o sea, los electores- nos han dado tantos disgustos a lo largo de los años que el personal de espíritu más crítico no se siente demasiado inclinado a esperar que de repente nos vayan a proporcionar una alegría. Pero el macrosondeo del CIS, cuyos resultados se conocerán este próximo fin de semana, indica un claro descenso de las expectativas electorales del partido del Gobierno. Y el hecho de que el trabajo de campo se hiciera durante la guerra de Irak matiza, pero no anula el valor de los resultados, basados en una muestra amplísima (22.000 entrevistas). Según los datos de ese gran sondeo, el PP podría perder las alcaldías de ciudades tan importantes como Madrid y Valencia. No tanto porque su lista dejara de ser la más votada, sino porque quedaría por debajo de las del PSOE e IU juntas.
Habrá quien me pregunte -alguno ya lo ha hecho- qué alegría podría proporcionar a la gente más disconforme con el orden social imperante, entre la que me incluyo, que el PSOE de Rodríguez Zapatero diera un revolcón al PP el próximo día 25.
La pregunta encierra tres subpreguntas que conviene separar.
Primera: ¿tendríamos motivos para alegrarnos de que el PP se llevara un buen revolcón electoral? Respuesta: sí, muchos.
Segunda: ¿tendríamos motivos para alegrarnos de que el PSOE triunfara en las próximas elecciones? Respuesta: no, ninguno.
Tercera: ¿qué hemos de considerar más importante en este momento: que pierda el PP o que no gane el PSOE? Respuesta: que pierda el PP.
Los enemigos, uno a uno. Y cada cual a su hora.
Hace una década, el objetivo principal era echar al incombustible González. Ahora, mandar a Aznar y su gentecilla con viento fresco.
¿Trabajos de Penélope? Más bien de Prometeo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/15 06:00:00 GMT+2
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2003/05/14 06:00:00 GMT+2
En tiempos, el PP y el PSOE sostenían que lo mejor que podía ocurrir con la llamada izquierda abertzale radical era que se decidiera a competir en el marco legal y que participara en las instituciones. Partían del supuesto de que eso propiciaría su integración en la vida política convencional.
Ese fue, de hecho, el criterio que inspiró el pacto de Ajuria Enea.
Por las razones que sea, el caso es que, con el tiempo, ambos partidos han acabado por apuntarse a la táctica diametralmente contraria. Han optado por expulsar a la izquierda abertzale radical de las instituciones y han hecho lo necesario por impedir que tenga una expresión política legal. Es más: han decidido que a quienes sostengan el mismo criterio que ellos defendían hace unos años -ése que animó a Aznar en 1996 a afirmar que la ilegalización de HB sería una torpeza gravísima- hay que considerarlos gentuza criptoterrorista, merecedora de todas las maldiciones.
Bien. No voy a insistir en la crítica de los instrumentos sedicentemente jurídicos que se han sacado de la manga para perpetrar sus propósitos. Me limitaré a constatar un hecho difícilmente discutible: han expulsado de la legalidad a algo así como el 15% del electorado vasco.
Materializado lo cual, ¿qué han previsto que hagan las muchas decenas de miles de electores a los que han dejado huérfanos de representación política? Misterio. De hecho, tanto el PP como el PSOE rechazan todas y cada una de las posibilidades que tienen ante sí esos electores frustrados. No quieren que se abstengan, porque pretenden que la abstención es un acto incívico. Se indignan ante la posibilidad de que voten nulo (aunque no han sido capaces de argumentar por qué: de hecho, el voto nulo es perfectamente legal). Y, desde luego, les parece que sería monstruoso que votaran a otra candidatura nacionalista, porque han decidido -anteayer lo dijo Mayor Oreja- que en el nacionalismo vasco «no hay ya lugar para la libertad, la democracia y la decencia».
Descartado que propugnen la desaparición física de ese amplio conjunto social -no sé: digo yo que habrá que descartarlo-, tal parece que sólo le ofrecen una posibilidad: votar al PP o al PSOE. Pero no los veo yo muy partidarios.
Todo indica que lo que ellos pretenden es que lo legal haga las veces de lo real. Pero lo legal sólo tiene sentido -y futuro- cuando regula lo real; no cuando pretende sustituirlo.
«Desterrad lo natural; regresará al galope», dice el refrán.
Claro que ése es un refrán francés. Y ya se sabe que lo francés, como lo alemán, se ha vuelto irrelevante. Ahora ya sólo tiene valor lo que puede decirse salido deep in the heart of Texas.
Palabrita de Aznar.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (14 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de junio de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/14 06:00:00 GMT+2
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2003/05/13 06:00:00 GMT+2
Mi padre, que de joven fue bastante guasón –con los años se fue amargando–, solía decir que él no era supersticioso «porque eso da mala suerte». En realidad lo era, y mucho, al igual que mi madre: nada de pasar por debajo de una escalera, cuidado con cruzarse con un gato negro, no dejes ropa encima de la cama, si se te cae sal, recógela y tira un pellizco por encima del hombro, qué horror como se rompa un espejo, si se vierte vino, moja la yema de un dedo en él y póntelo en la frente... La tira de prohibiciones y de ritos.
No hace falta decir la que se armaba cuando llegaba un 13 y martes, tal que hoy. Prácticamente no se podía hacer nada, porque todo corría el riesgo de torcerse, pese a lo cual siempre sucedía algo que cabía atribuir al mal fario del día. Y es que, si uno se pone a pensar en ello, todos los días hay algo que nos sale mal, lo mismo que hay algo que nos sale bien, por tonto e insignificante que sea tanto lo uno como lo otro. El que se pasa la jornada juzgándolo todo desde el ángulo de la buena o la mala suerte, siempre encuentra algo a lo que agarrarse.
Me cuesta aceptar –pero no me queda más remedio, porque es un hecho– que haya personas de espíritu considerablemente científico, con una muy estimable capacidad para analizar la concatenación de causas y efectos que explican lo que finalmente sucede, y que de repente te montan un drama porque descubren que les has invitado a una cena con otros doce comensales. Y que se lo toman tan a pecho que te comunican que, una de dos, o invitas a otra persona más o ellos se van. Y no les digas que es una chorrada, porque te contestan con toda tranquilidad que ya lo saben, pero que ellos son así, y que o lo tomas o lo dejas.
He perdido miserablemente el tiempo montones de veces tratando de convencer a los unos o los otros de que no puede ser que el martes y 13 dé mala suerte sólo al personal de habla hispana, porque a los anglosajones es el viernes y 13 el día que todo se les tuerce. Me ocurre algo similar con los horóscopos, las cartas astrales y el copón de la baraja: no he encontrado jamás el modo de convencer a sus adictos de que es absurdo que haya pronósticos que valgan para la doceava parte de la población mundial. Tuve una novia la mar de racionalista –de hecho se ocupaba profesionalmente de poner en orden el cerebro de los demás– que no dejaba pasar ni un día sin mirar lo que decía su horóscopo. Me regaló un libro sobre mi signo del zodíaco, que es acuario. Cuando le dije que muchas gracias, pero que ya sabía que yo no creía en esas cosas, me respondió con una sonrisa de suficiencia: «¡Típico de los acuario!».
Como en mi dilatada vida de periodista me ha tocado hacer de todo –y cuando digo «de todo» quiero decir literalmente de todo–, también me ha correspondido suplir la falta del horóscopo previsto. En los primeros tiempos de El Mundo teníamos contratado un servicio de horóscopos norteamericano que nos llegaba por correo (así de primitiva era la cosa). Normalmente lo recibíamos con suficiente antelación, pero alguna vez se retrasó. A mí, como redactor jefe de los de la vieja escuela, me tocaba resolver esas incidencias. Mi modo de solucionar ésta era sencillo: me sentaba ante el ordenador y fabricaba un horóscopo. Mi técnica era simple, pero eficaz: lo llenaba todo de buenos consejos, que no podían hacer daño a nadie. «ARIES. Salud.– Cuídese el hígado. No se exceda comiendo grasas. Evite la ingesta excesiva de alcohol. Dinero.– No malgaste sus ingresos. Lamentará comprar cosas innecesarias. Amor.– Trate bien a su pareja y se verá correspondido». Etcétera.
Jamás recibimos ninguna queja.
Mi rechazo de las supersticiones es tan total y absoluto que cuando ayer me llamaron de Radio Euskadi para preguntarme si no me importaba entrar en la tertulia de hoy, en vez de hacerlo como siempre, en la del miércoles –no quisieron reconocérmelo, pero seguro que el problema se lo ha causado algún supersticioso, que se les ha rajado– respondí de inmediato que me daba lo mismo. De modo que me he levantado a las 5 y media, he desayunado muy tranquilamente, he escuchado las noticias de la radio, he repasado la prensa por internet y me he puesto a escribir, a la espera de que me llamen para comentar la actualidad del día. Cada cosa que he hecho la he cuidado al máximo: me he levantado con el pie derecho, he cruzado los dedos al encender la línea RDSI, he dado al conmutador de los ordenadores con el dedo índice de la mano derecha, me he secado las manos tres veces antes de conectar el microondas... En resumen: que no estoy dispuesto a que ocurra nada que me lleve a dudar de la inexistencia de la mala suerte. ¡Pues bueno soy yo con esas tonterías!
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 + 1 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de mayo de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/13 06:00:00 GMT+2
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2003/05/12 06:00:00 GMT+2
Todos los analistas coinciden en que la batalla de Madrid marcará el destino político de las próximas elecciones municipales: si el PP conserva el Ayuntamiento de la capital -porque es de la alcaldía de lo que se habla, más que del Gobierno de la Comunidad Autónoma- se interpretará que ha superado la prueba; si la pierde, se entenderá que ha iniciado ya su irresistible declive. No me pregunten por qué hay que dar tan exagerada importancia al voto capitalino. El caso es que se la dan, y eso es lo que acaba contando.
Pues bien: resulta particularmente demoledor que el PSOE haya decidido meterse en esa batalla supuestamente tan crucial con semejantes armas, es decir, con semejante candidata, semejante imagen de marca y semejante (falta de) programa.
Trinidad Jiménez carece de aristas. Si el PSOE quería que su candidata no molestara a nadie, lo ha conseguido. Nadie podrá reprocharle parecer demasiado nada: ni demasiado de izquierdas, ni demasiado agresiva, ni demasiado crítica... Nadie podrá reprocharle, en suma, parecer nada.
Es -se presenta como- una perfecta nadería. No hay más que ver sus carteles electorales, centrados en una idea que ni siquiera es una idea, porque se queda en obviedad: es mujer. ¿Cómo discutírselo? Claro que es mujer; ya nos habíamos dado cuenta. Éramos conscientes de que, si sale elegida, será alcaldesa, y no alcalde. Sin duda. ¿Y qué? Ana Botella también es mujer. Y Margaret Thatcher. Y Luisa Fernanda Rudi. Incluso Isabel Tocino es mujer. ¿Qué tratan de dar a entender: que por ser mujer va a hacerlo mejor? Colin Powell es negro, y ahí lo tienen, actuando igualito que si perteneciera a la familia más blanca, republicana y protestante de Boston.
Es como si el PSOE aspirara a ganar esperando que el electorado haga las cuentas del paso del PP por la Casa de la Villa. Eso tendría sentido si fuera Álvarez del Manzano quien se presentara a la reelección. Frente a un personaje tan de charanga y pandereta como el tal Manzano, incluso Trinidad Jiménez podría valer. Pero el caso es que quien se presenta es Ruiz Gallardón, y Ruiz Gallardón tiene imagen de tipo listo, ajustado a los tiempos que corren y bien relacionado con el mundo de la cultureta madrileña, incluida la cuadra de Polanco. El ex presidente de la Comunidad, que no se chupa el dedo, ha colocado en su proximidad a Ana Botella, para asegurarse de que no pierde el voto más reaccionario de la capital, pero ha extendido después sus tentáculos en el resto de las direcciones.
Para vencer a Gallardón habría sido necesario que el PSOE presentara una candidatura sólida, capaz de denunciar sin concesiones el papel que ha jugado en Madrid el PP, incluido el propio Gallardón. Tendría que haber puesto en el centro del escenario las relaciones del aspirante a alcalde con gentuza como Fernández Tapia. O como Florentino Pérez. Debería haber evidenciado que, hechas las cuentas, es más lo que aproxima a Gallardón a Álvarez del Manzano que lo que les distancia, como él mismo se encarga de recordar constantemente.
La candidatura de Trinidad Jiménez es una especie de resumen de la oposición que ejerce el PSOE a todos los niveles: lo único que tiene a su favor es el PP.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/12 06:00:00 GMT+2
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2003/05/11 06:00:00 GMT+2
Cuando hago viajes largos por carreteras tranquilas -cosa que me ocurre un par de veces al mes, como mínimo-, suelo pasar el rato pensando sobre asuntos políticos y sociales. Relajado, mato el tiempo dedicándome a especular con las diferentes posibilidades que presentan las noticias que oigo por la radio, o dando forma mental a las ideas que se me ocurren mientras divago.
El pasado jueves iba conduciendo en ese plan, escuchando los noticiarios radiofónicos. Hablaban todos de la inminencia de la decisión del Tribunal Constitucional sobre las candidaturas de AuB. Daban por supuesto -muy razonablemente- que la troupe de Jiménez de Parga haría lo que hizo. Yo nunca había albergado ninguna duda al respecto, y menos desde que me enteré de que los dos magistrados encargados de tramitar los recursos fueron nombrados a propuesta del PP. Con todo y con eso, como mero ejercicio de gimnasia reflexiva, me formulé la gran pregunta: «¿Qué sucedería si el TC echara para atrás el dictamen del Supremo y determinara que no hay razón alguna para impedir que esas candidaturas acudan a las urnas?». Y me di la respuesta: «Es imposible. Los magistrados del TC no se atreverían a hacerlo, porque saben que se armaría la de Dios».
Habría representado, en efecto, un verdadero cataclismo. No porque el Tribunal Supremo resultara desairado -siempre que el Constitucional acepta un recurso contraría al Supremo: es inevitable- sino porque el Gobierno quedaría en una posición imposible. En efecto: después de haber afirmado una y mil veces por activa y por pasiva que su posición es el abecé del espíritu democrático, que la suya es la única actitud que pueden adoptar quienes estén realmente contra el terrorismo, que ningún espíritu respetuoso de la Constitución puede poner en duda la oportunidad de esas medidas prohibicionistas, ¿con qué cara habrían podido encajar una sentencia contraria?
Han encontrado una táctica eficacísima y de aplicación universal: cada vez que enfrentan un problema de importancia, ponen en marcha toda su maquinaria de presión mediática, todos sus infinitos mecanismos de amedrentamiento y toda su fábrica de promesas y expectativas de prebendas hasta conseguir que parezca obvio que la elección es o sí o sí, porque fuera de eso sólo habitan las tinieblas de la perversión y el crimen.
Su problema es que esa táctica les obliga a llevar una y otra vez las cosas al límite, a tirar de la cuerda todo lo que aguanta. Arriesgan una y otra vez al máximo. El día en que la jugada les falle -porque un tribunal considere que le están obligando a pasarse demasiado demasiadas veces, o porque el PSOE se diga que ya está bien de ejercer de acólito permanente, o porque la propia opinión pública se harte del ridículo esquematismo que le imponen-, entonces se hundirá sin remedio el aparatoso castillo de naipes en el que habita ufano el PP.
Tanto antes ocurra eso, tanto menos se pudrirá todo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/11 06:00:00 GMT+2
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2003/05/10 06:00:00 GMT+2
Recuerdo con particular desagrado una noche maldita, hace algo así como ocho o diez años. Había regresado del periódico a las tantas y me disponía a dar cuenta de alguno de los muchos productos congelados que poblaban por entonces mi frigorífico de solitario escasamente casero. De lo único que tenía ganas era de engullir cualquier cosa, arrellanarme en un sillón, poner algo de música y meditar hondamente sobre la futilidad de las cosas humanas. O sea, quedarme más o menos traspuesto.
Y en esto que suena el teléfono.
No revelaré quién llamaba. Digamos que mi amigo Gervasio Guzmán.
-Javier, tengo que pedirte un favor.
-¿?
-Mira, había quedado con tres amigos para jugar una partida de póker y resulta que ha fallado uno. Como comprenderás, tres no vamos a jugar... Hemos tratado de encontrar a algún otro de los habituales, pero nada, fracaso absoluto... ¡Anda, vente, que ya verás que es gente muy divertida y nos pasamos un buen rato!
-No jodas. Estaba a punto de irme al catre.
-Jo, venga, Javier, vente. Y te debo una.
Se lo pensó mejor.
-...Bueno, otra... Venga, no nos dejes tirados...
Me perdió mi buen corazón y la promesa de que tenían un whisky de malta extraordinario.
Era verdad.
Lo del whisky. No lo del buen rato.
Los amigos de mi amigo eran unos tahúres de mucho cuidado. No jugaban al póker al modo sencillo y vulgar que lo he jugado yo siempre -siempre que lo he jugado- sino con toda suerte de adornos, que iban cambiando sin parar y que me explicaban de modo somerísimo: justo lo necesario para que pudiera jugar, pero no lo suficiente como para que llegara a controlar el juego. Soltaba uno: «¡Venga, variante calabresa!» y antes de que yo hubiera acabado de decir: «¿Variante qué?» ya había perdido lo apostado. «¡Ahora, siciliana!», anunciaba el siguiente. Y lo mismo.
Si la entrada hubiera sido a cinco duros, aún habría podido aguantar lo suficiente como para enterarme de algo, pero aquellos mendas de aspecto oligárquico -con un whisky de malta estupendo, eso es cierto- se empeñaban en abrir cada mano a 500 pelas. ¡A 500 pelas!
Quizá no sea un gran jugador, pero tampoco me tengo por imbécil sin remisión. De modo que, cuando llevaba perdidas 15.000 pesetas -y eso que en el ínterin recuperé algo, gracias a un par de manos que se jugaron al modo tradicional porque me tocó elegir a mí-, decidí que aquello era muy, pero que muy suficiente, y que me retiraba a toda velocidad.
Protestaron, claro. Uno de los tahúres, que se había pasado todo el rato mirando el dinero con aire de aburrimiento, como si le sobrara, me afeó la fuga. Masculló con una sonrisita más falsa que un billete de 2.400 que yo era un aguafiestas, que para qué había ido y que les iba a joder la noche.
No le hice ni puñetero caso, por supuesto. Maldito el interés que tenía yo en discutir quién había jodido la noche a quién.
Recuerdo que regresé a mi casa con un rebote importante y sin parar de recordar el viejo dicho popular: «O jugamos todos o rompemos la baraja».
Me vino a la memoria ayer aquella aciaga noche según hablaba con un amigo sobre la más que preocupante situación que está provocando Aznar con su saña prohibitiva en Euskadi. Cambia las reglas sobre la marcha, distribuye las cartas como se le pone, se las arregla para que el que ha declarado proscrito no pueda ganar... y a continuación se felicita por lo bien que juega.
Valiente estupidez. Lo único que va a conseguir es que los excluidos del juego renuncien a una partida en la que jamás podrían ganar y tiren por otro lado.
«¡Éstas van a ser las primeras elecciones sin ETA!», clamó Arenas en Vitoria el pasado jueves.
Falso. Él no sabe si las elecciones van a ser con o sin ETA. Eso depende sólo de ETA. ¿Lo que quería decir es que éstas van a ser las primeras elecciones sin la izquierda abertzale (o, para ser más preciso: sin los sectores sociales que venían votando a la parte de la izquierda abertzale más próxima a ETA)? Pues tampoco acierta: que no les hayan dejado concurrir a las urnas no quiere decir que hayan desaparecido del mapa. Ni mucho menos.
Recuerdo que en tiempos todo el rollo oficial se centraba en la necesidad de incitar al movimiento radical a participar en el llamado «juego democrático». Ahora Aznar -y Rodríguez Zapatero, (a) el chico del Muro- han descubierto que, cuando una parte de la realidad no encaja en el esquema previsto, lo mejor es prohibirla. ¿Que eso significa dejar fuera de juego al 15 por ciento de la población? Pues tanto da: sus y a ellos.
Les están empujando a decir: «¿Con que no jugamos todos? Pues rompemos la baraja».
Como si no hubiera entre ellos verdaderos especialistas en romper de todo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/10 06:00:00 GMT+2
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2003/05/09 06:30:00 GMT+2
Oí ayer que van a cumplirse 25 años de la muerte de Jacques Brel. No es verdad -faltan unos meses-, pero en Bélgica han decidido empezar ya las conmemoraciones y, como tampoco es cosa de llevarles la contraria, me dije que debería escribir algo, por el aquel de mantener viva la llama de la admiración y el respeto.
Me puse a repasar en la hemeroteca de El Mundo lo que he publicado durante estos últimos 14 años sobre el grand Jacques y me topé con una columna de hace un lustro en la que venía a poner lo mismo que pondría ahora si me decidiera a escribir de nuevas.
Así que, como tampoco es cosa de plagiarme a mí mismo, reproduzco aquel artículo y ya está.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/09 06:30:00 GMT+2
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2003/05/09 06:00:00 GMT+2
Bush ha incluido a Batasuna, EH y HB como alias (sic) de ETA en la lista de organizaciones terroristas que maneja su Departamento de Estado y Aznar está que no cabe en sí de gozo. «Con esto se ve para qué sirven algunas decisiones», ha dicho, invitando a la grey local a apreciar el alto valor de lo que el Gobierno de Washington le otorga para compensar el apoyo que prestó -que sigue prestando- a su acción bélica contra Irak.
Ha habido quien le ha objetado que la trascendencia práctica de lo que Bush le ha concedido es tirando a escasa, por no decir nula. En efecto, la inclusión de Batasuna, EH y HB en la lista en cuestión sólo sirve para que queden prohibidas las eventuales actividades políticas y económicas de esas organizaciones en territorio de Estados Unidos. Pero no parece que fuera inminente el peligro de que alguien empezara a operar con esas siglas en el territorio de la Unión.
Por lo demás, se dice -y es verdad- que la mencionada lista del Departamento de Estado, por no tener, ni siquiera tiene autoridad moral. Es público y notorio que sólo incluye a las organizaciones violentas que carecen de padrinos influyentes, razón por la cual jamás ha hecho mención de la rama oficial del IRA (no fuera a ser que se enfadara el lobby irlandés, tan poderoso en EE.UU.) ni tampoco, por supuesto, de ninguna organización sionista.
La satisfacción de Aznar ha merecido también la contundente respuesta de quienes han señalado que vaya unos amigos que se busca, a los que tiene que pagar para que se opongan a ETA. Ahora resulta que hay que compensar en especie al paladín universal de «la lucha contra el terror en todos los frentes» para que se anime a mover un dedo contra aquellas organizaciones terroristas que no se meten directamente con él. ¡A qué precio se ha puesto últimamente el kilo de principios!
De todos modos, a mí esas objeciones, con ser de peso, no me parecen la principal.
Lo que me resulta más grave, con diferencia, es la impúdica tranquilidad con la que Aznar trata de convencernos de que, para obtener determinadas rentas reales o supuestas en un asunto de índole interna como es el de ETA, ha valido la pena apoyar política y materialmente una guerra de rapiña tan cruel como injusta. Según él, deberíamos dar por buena la labor de destrucción y muerte que las tropas anglonorteamericanas han desarrollado en Irak con su concurso material porque, gracias a ella, ahora tenemos a Batasuna, EH y HB en una lista.
Alguien que admite que actúa en política con criterios de tan manifiesta inmoralidad pierde irremisiblemente el derecho a invocar el valor superior de la vida humana.
Porque tan superior es el valor de las vidas de los hombres, mujeres y niños de Irak como el de las víctimas de ETA. Aunque él actúe en la práctica como si no lo creyera.
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Nota.- Me escribe un amigo diciéndome que la cosa de «José María Az...», sobre la que escribí ayer, la había sacado hace unos días Manolo Vázquez Montalbán. Diré en mi descargo que yo no leí el artículo de MVM. La idea me vino de una conversación con una amiga, con la que comenté la pasada semana cómo crece en general la alergia a las declaraciones de Aznar. Mencioné que ya no soporto oírle repetir machaconamente las mismas tonterías y ella sacó a relucir lo de «José María Az...». Me parece recordar que se lo atribuyó a alguien que no era tampoco Vázquez Montalbán, y que lo remontó meses atrás. Bueno, da igual: si lo hemos dicho varios, mejor que uno.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de mayo de 2003) y El Mundo (10 de mayo de 2003), salvo la nota, la cual únicamente se publicó en el Diario. Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/09 06:00:00 GMT+2
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2003/05/08 06:00:00 GMT+2
Hay un ejercicio físico no homologado por ninguna federación de deportes -que yo sepa- pero que no por ello es menos eficaz para ejercitar los reflejos y mantenerlos en perfecta disposición. Yo lo practico y, por lo que he ido descubriendo, no soy ni mucho menos el único. Consiste en salir lanzado desde donde uno se encuentre hasta alcanzar el mando a distancia -o el propio aparato de televisión o de radio, eventualmente- para apagarlo o cambiar fulminantemente de canal o emisora, así que el locutor de turno dice: «Oigamos las declaraciones del presidente de Gobierno, José Ma...».
Por lo que he comprobado cotejando mis resultados con los de algunos amigos que responden al mismo irresistible estímulo, se puede considerar que alcanzar el objetivo silenciador antes de que el locutor haya terminado de pronunciar el nombre entero del individuo constituye una marca realmente aceptable. Yo suelo dejarle con la palabra en la boca justo antes de la última sílaba. Dice «José María Az...».. y clic.
Practico muchísimo este ejercicio desde hace un montón de años -de hecho, soy un veterano de los tiempos de «Felipe Gonz...»- pero, por razones profesionales, no puedo demostrar mis habilidades hasta la segunda ronda informativa. Ejerzo de comentarista político, y tengo que saber qué ha(n) dicho, por mucho que me repatee. De modo que escucho las pavadas de turno en la primera hornada del día. Pero, así que empiezan las repeticiones rituales, me entrego ya en cuerpo y alma al deporte del «aquí te cojo y aquí te apago».
Lo hago con Aznar -primero y principal, desde luego-, pero no sólo. Mi radio de acción se va ampliando más y más: Acebes, Michavila, Arenas, Mayor Oreja...
Ayer tuve un día loco. De no parar.
Me apareció primero Michavila exigiendo al rector de la Universidad del País Vasco que se calle, porque no ha investigado las denuncias que aseguran que en la UPV los presos de ETA se sacan los títulos con la gorra... ¡para admitir acto seguido que él ha formulado esa acusación sin haber hecho ninguna comprobación de la veracidad de las denuncias!
Eso, lo escuchas una vez y tienes de sobra. A partir de la primera audición, tratamiento completo de interruptor, y a otra cosa.
Pero me vino entonces Arenas exigiendo a los socialistas que acepten que en cada ciudad sea alcalde quien ocupe el primer lugar de la lista más votada, sin acordarse de que él mismo se negó en redondo a aceptar ese compromiso en Euskadi cuando otros lo propusieron. Quiere impedir que el PSOE e IU puedan imponerse aquí o allá sumando sus resultados particulares pero, a la vez, no está dispuesto a tolerar que tal o cual alcaldía se la lleve el PNV, aunque su lista haya sido la más votada, si puede impedirlo sumando sus votos con los del PSOE. Toma coherencia.
No hace falta decirlo: me ahorré también todas las repeticiones de esa chapucera variedad de la ley del embudo, una por una.
Pero no iba a quedarse ahí la cosa. De inmediato se me metió de matute Jaime Mayor Oreja, que se dedicó durante un rato a defender la idea de que pedir el voto nulo, como dicen que hará AuB, es «una trampa» (¡qué manía la de este hombre con las trampas!) «que la Justicia ya se encargará de neutralizar». ¿Alguien sabe de cuándo a aquí votar nulo es algo que reclame la intervención de los jueces?
La verdad es que cuando oí a éste me reproché de inmediato mi absurda tolerancia: no vale la pena prestarle atención ni de primeras. ¡Si no lo hacen ni los de su propio partido!
En todo caso, el hecho es que me pasé buena parte del día echando carreras y dándole al dedito.
Tampoco me quejo demasiado. Esta gente me conserva en forma, ágil cual felino, y me ayuda a mantener frescos en la memoria muchos y muy coloridos epítetos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de mayo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/05/08 06:00:00 GMT+2
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