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2003/06/13 06:00:00 GMT+2

Hablando del tiempo

Acabo de mirar el termómetro exterior: 34º. Son las 4 de la tarde. Si se alcanza esa temperatura en el porche de mi casa, a la sombra y bien ventilado, quienes estén pisando el asfalto de Aigües deben de estar soportando tres o cuatro grados más, como poco. Lo cual quiere decir que abajo, en El Campello, han de rondar los 40º. Y eso que estamos a la vora del mar.

He hablado por teléfono hace un rato con mi hija Ane, en Madrid. Dice que allí el calor es insoportable.

Me vienen a la memoria las noches de calor sofocante. Ésas de no pegar ojo.

Me acuerdo de la del 2 de julio de 1967, en la calle Tutor de Madrid, junto a la Plaza de España, en un ático con una enorme terraza llena de rosas, recién matrimoniado -yo tenía 19 años-, en casa de la que acabaría siendo madrina sentimental de mi hija.

Y de otra noche tremenda, en Sevilla, el 15 de julio de 1973, en vísperas de ser detenido y pasar un año en la cárcel. Éramos cuatro y dejamos que se fueran las horas charlando y contándonos cuentos, sentados delante de un ventilador, sin poder dormir, esperando a que amaneciera.

Qué pegajosa, la noche de Sevilla.

Me visitan los recuerdos de muchas otras noches de calor. Y de sudor.

De tantas. En tantos sitios.

La última, reciente. Ya aquí, en Aigües. Fue tras un día bochornoso. Dentro de la casa no se podía ni estar. Era un horno. A Charo se le ocurrió la idea: sacamos una cama al jardín, la protegimos con un mosquitero traído de Kenia y nos dormimos susurrándonos quedamente y mirando el firmamento inmenso, cuajado de estrellas.

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Se supone que hablar del tiempo es un recurso tópico.

A mí me ha dado por ahí en esta tarde de calor asfixiante.

Os juro que mi memoria no ha deambulado para nada entre tópicos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/13 06:00:00 GMT+2
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2003/06/12 06:00:00 GMT+2

Un marcianito

Ayer irrumpió mi buen amigo Gervasio Guzmán en el bar de la esquina de su casa y, mirando con ojos enloquecidos a la parroquia, se puso a dar voces:

-¡Hay en Marte un señor pequeñito y verde que se propone matarnos el martes que viene con una bomba de manganeso líquido! ¡Tenemos que actuar rápidamente! ¡Delegad en mí para que tome las medidas necesarias!

El personal se quedó de piedra.

-¿Qué dices? -replicó Guzmán Gervasiez, el del 2º A de su bloque-. ¡Qué absurdo! ¿De dónde te has sacado eso?

-Lo sé. ¡Créeme! -insistió Gervasio-. Fíjate en la coincidencia: ¡es de Marte y atacará en martes!

Gervasiez no estaba demasiado por la labor.

-A ver: ¿dónde está ese señor pequeñito y verde? ¿Cómo narices lo has visto tú en Marte? ¿En qué parte de Marte? ¿Dónde tiene la bomba?

Gervasio lo miró con desprecio.

-¿Estás tonto? ¡Marte es enorme! ¡Puede estar en cualquier lado y tener la bomba donde le dé la gana! ¡Ya lo descubriré con el tiempo!

Gervasiez se dirigió al dueño del bar, que miraba perplejo.

-Anda, llama al 091. El pobre Gervasio se ha vuelto majara y puede hacer cualquier tontería. ¡Quiere movilizarnos contra un peligro del que en realidad no tiene ni idea!

Gervasio lo miró, sonriente. Le dio una palmada en la espalda y se recostó en la barra.

-¡Es fantástico! Os suelto lo mismo que ha soltado Bush con las armas de destrucción masiva iraquíes y me queréis meter en un manicomio. ¡Espero que Mariano Rajoy, por lo menos, salga en mi defensa!

Toda la parroquia lanzó una carcajada, tranquilizada.

No sé por qué.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/12 06:00:00 GMT+2
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2003/06/11 06:00:00 GMT+2

¿Vendidos?

Si yo fuera dirigente del PP y careciera de escrúpulos -es decir, y por abreviar: si yo fuera dirigente del PP-, lo primero que se me habría ocurrido, tras contemplar los resultados electorales de la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM), es hacer lo posible para remediar la situación.

-A ver, Menéndez: mírame cuántos de estos diputados autonómicos del PSOE son comprables. Pero no gastemos dinero sin necesidad: mira antes de eso cuántos tienen algún muerto en el armario. Vale con algún escándalo sexual, algún pufo económico... Algo que les pueda hundir y que podamos manejar. No te me pongas exhaustivo: con dos o tres pipiolos nos vale.

No digo que sea eso lo que ha sucedido.

Afirmo, eso sí, dos cosas.

La primera, que no sería la primera vez que ocurre algo así. No hablo de las viejas batallas de las plazas españolas en África, o en la Costa del Sol, sino de ahora mismo y de muy cerca del punto alicantino en el que me encuentro: en la zapatera Elda, una concejala elegida en la lista del PSPV-PSOE ha denunciado que el PP le ha ofrecido prebendas, y hasta un trabajo fijo como profesora, por abstenerse de votar al candidato socialista a la alcaldía.

La segunda, que Eduardo Tamayo, el tránsfuga del PSOE madrileño, no es trigo limpio (de la otra absentista, María Teresa Sáez, no digo nada, porque ni sé quién es ni he oído nada de/sobre ella).

He leído que Tamayo fue denunciado hace meses por algunos de sus propios compañeros, que le acusaron de haber tenido comportamientos extraños en relación a determinados negocios inmobiliarios. Ignoro qué fundamento tendrán esas acusaciones. No sería, ni mucho menos, el primer dirigente socialista madrileño que aparece involucrado en irregularidades del gremio de la construcción. En todo caso, lo que sí me consta, porque lo oí ayer de sus propios labios, es que las razones que aduce para justificar su comportamiento no tienen ni pies ni cabeza. Primero se definió como socialdemócrata. Luego dijo que era «centrista». Sostuvo que lo único que le importa es la victoria de Zapatero en las próximas elecciones generales, cuando lo que ha hecho de momento apunta evidentísimamente en la dirección contraria, porque priva al PSOE de una plataforma fundamental y, sobre todo, mina la credibilidad del proyecto de su líder. En fin, pretendió que sólo busca el bien de su partido, cuando lo primero que ha conseguido es que deje de ser su partido, porque lo han expulsado de inmediato. Insisto: ese tipo no es trigo limpio.

Establecido lo cual, dos precisiones:

1) Tamayo no es trigo limpio, digo, pero preciso: el asunto no es de ahora. No era trigo limpio cuando fue incluido en la lista del PSOE a las elecciones autonómicas. Y hay más electos del PSOE que no son trigo limpio. Y no por razones exclusivamente políticas. Algunas carreras tienen demasiadas sombras. O, por decirlo de otro modo: el PSOE sigue teniendo pendiente su particular catarsis.

2) Tamayo será lo que sea, pero nadie tiene derecho a descalificarlo por no respetar la disciplina de voto, porque la disciplina de voto no tiene carta de naturaleza dentro de la vida parlamentaria española. La Constitución prohíbe el voto imperativo de los electos. Los escaños no son del partido. Los electos no tienen por qué votar lo que el partido ordene. Los partidos están mal acostumbrados: no se cuidan de elegir candidatos ideológicamente coherentes. Es su problema.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/11 06:00:00 GMT+2
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2003/06/10 06:00:00 GMT+2

De millón en millón

Un millón de peregrinos en El Rocío. Un millón de devotos en la misa del Papa. Un millón de manifestantes contra la guerra en Irak.

Parecen cifras enormes. Y lo son. Pero conviene mirarlas con cierto distanciamiento. Y no me refiero sólo al hecho de que por lo común esos pretendidos millones no suelan ser tales -a no ser que algunos millones sean mayores que otros-, sino también a su más que discutible representatividad. La de todos.

Al final de la grandísima manifestación de Madrid contra la política belicista de Aznar, un amigo me dijo, con aire extasiado:

-¿Te das cuenta? ¡Ha venido un millón de personas!

Y yo le respondí:

-Sí, pero ¿has hecho la cuenta de toda la gente que no ha venido?

Lo dije sólo por relativizar las cosas. La verdad es que no sospechaba que la relatividad iba a ser tanta. Porque no sólo había que considerar toda la gente que no había ido, sino también la solidez y la claridad de las convicciones de las personas que habían ido. A buena parte de ellas, la indignación por la guerra -y por el Prestige, y por todo lo demás- le duró quince días. Como mucho.

El día de las últimas elecciones me planté a muy primera hora en el colegio electoral que me correspondía. En plan cotilla, me dediqué a escuchar las conversaciones del personal que se acercaba a votar. Regresé a casa deprimido. No porque me disgustaran las opiniones políticas que registré -que también- sino, sobre todo, por el ínfimo nivel de información que revelaban. Oí auténticas barbaridades. Los había que ni siquiera identificaban a los candidatos principales. Otros admitían que se habían plantado allí sin saber a quién acabarían por votar. En general, los datos que manejaban eran de una inconsistencia apabullante.

Llegué a preguntarme si no sería oportuno imponer una especie de reválida elemental para confirmar el derecho de voto. Veamos: no se deja votar a los menores de 18 años porque se supone que todavía no han adquirido el suficiente grado de discernimiento, ¿no? Pues bien: ¿qué nos permite afirmar que a los 18 ya lo han alcanzado, y que lo van a conservar hasta la tumba?

Lo malo del régimen democrático no es que todo el mundo tenga derecho a opinar de todo, como sostienen los antidemócratas, sino que sólo se le concede el derecho a opinar ocasionalmente, y sólo sobre un asunto -quién va a mandar sobre él-, doble circunstancia que le empuja a no tomarse en serio el deber de pensar por su cuenta. Si tuviera derecho a decidir sobre todo lo que finalmente le va a suceder -y va a padecer-, lo mismo hacía un esfuerzo y se enteraba.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de junio de 2003) y El Mundo (11 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/10 06:00:00 GMT+2
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2003/06/09 06:00:00 GMT+2

Qué bueno que no llaman

El sábado me llamó un amigo lejano. Lejano por partida doble: porque vive lejos y porque nuestra relación tampoco ha sido nunca muy intensa.

-Oye, que he leído tu columna de hoy en El Mundo... Quería decirte que me ha encantado.

-Hombre, gracias.

Hace unos años, cuando ejercía de jefe de Opinión en El Mundo, recibía montones de llamadas con mensajes de ese tipo. Me crecían los admiradores como setas tras la lluvia. Contaba con devotos a puñados.

Por supuesto, no me lo creí jamás. Ya sabía que lo que tenía no eran admiradores, sino aduladores, que querían hacerse los simpáticos para ver si me caían en gracia y les publicaba sus cosas.

Solía desanimarlos aclarándoles la realidad de mi puesto. Les decía:

-Tú sabes que yo soy subdirector de El Mundo, ¿verdad?

-Sí... -respondían dubitativos, sin saber a cuento de qué les salía por ahí.

-Pues te voy a poner al corriente de un punto esencial. Del título que ostento, lo verdaderamente importante es la primera sílaba: «sub». De veras: si quieres alcanzar la fama, no pierdas el tiempo conmigo.

Desde que hace tres años abandoné mi puesto en el staff del diario, ha descendido vertiginosamente la cantidad de llamadas laudatorias que me hacen las gentes de postín. De veinte a la semana a una al semestre, más o menos. Por no hablar del número de invitaciones a comidas, festejos y saraos. Lo cual me hace inmensamente feliz, porque odio hablar por teléfono, porque la llamada vida social me da por rasca y porque me siento incomodísimo cuando sé que alguien está echándome flores sin creerse una palabra de lo que dice.

Algunos cobistas no eran conscientes del mal cuerpo que me dejaban con sus halagos.

-Te leo con mucho interés -me dijo una vez un preboste del PSOE.

-¿Ah, sí? Serás masoca, supongo -le respondí.

-¡Hombre, Ortiz! -me soltó en cierta ocasión un ministro del PP-. ¡Encantado de conocerte!

-No creo -me salió sin querer.

Tal vez sea mi alma vasca la que asoma en esas circunstancias.

Siempre me acordaré de un viejo compañero de lucha que fue detenido en tiempos del franquismo. Los policías de la Brigada Político-Social empezaron a interrogarle en plan «científico»: tratando de cogerlo en falta, de que se contradijera... En fin, en ese plan.

Llevaban un buen rato dándole la matraca cuando mi amigo les interrumpió:

-Jodé, vamos a dejarnos de chorradas. Que lo vuestro es pegar y lo mío aguantar. Así que... ¡al grano!

La ventaja que tiene mi situación actual es que todo el mundo va al grano conmigo. Nadie me llama porque espere sacarme un favor. Sólo me telefonean los que realmente tienen ganas de hacerlo. Y lo hacen para decirme lo que piensan.

Con éstos hasta puede llegar a ser agradable hablar.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/09 06:00:00 GMT+2
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2003/06/08 06:00:00 GMT+2

Placer de casa ajena

Un buen amigo –Gervasio Guzmán, digamos, para evitar complicaciones– me confesaba el otro día que mantiene muy cordiales relaciones personales con un responsable del PP.

–Lo conozco desde la infancia. Es un gran tipo, que te echa una mano siempre que puede –me dijo, justificándose.

Le respondí que por qué no. Las trayectorias personales siguen recorridos complejos.

–Las siglas son a veces muy engañosas –le comenté, mientras nos servían la comida.

Y es que es verdad: he conocido a tíos supuestamente muy de izquierdas que no hay por dónde agarrarlos, lo mismo que me he topado con gente de centro y de derecha que hace una labor honrada y digna de encomio en el lugar en el que le ha situado la vida.  

La conversación transcurría por cauces así de pacíficos, con un excelente gazpacho de por medio, cuando –sin ninguna intención particular, por mera curiosidad– se me ocurrió preguntarle por la identidad de su amigo.

–¿Lo conozco?

–Es Fulano –me dijo.

Me atraganté del susto. Casi le escupo el gazpacho a la cara.

–¿Fulano?

No pondré aquí el nombre del Fulano en cuestión, para no comprometer a mi amigo, pero sí diré que se trata de uno de los políticos del PP a los que tengo en peor consideración. Y no ya por sus opciones políticas –que también– sino porque además tengo relación con gente que trabaja a sus órdenes y que me lo ha puesto de vuelta y media, como déspota, obtuso y gritón insoportable.

Se lo conté a Gervasio y se quedó de una pieza.

–No me encaja –repitió media docena de veces.

¿Es mi amigo Gervasio tonto, insensible, nulo en psicología? Para nada. Al contrario: lo tengo por perspicaz. Ha tenido otra experiencia, sencillamente. Ha visto al tipo del PP desde otra perspectiva.

Yo he sido víctima de algún caso similar de percepción confusa de gente que conmigo se comportó de manera muy amable y simpática, lo que me movió a definirla como muy amable y muy simpática... hasta que me topé con otras personas que me dieron noticia de contactos harto diferentes y mucho menos satisfactorios.

Según he podido comprobar, hay diversas vías de posible confusión en este género de relaciones personales: la de los individuos a los que conoces en plan de pandilla, o de jarana –o sea, de igual a igual–, y a los que nunca has visto ejerciendo de jefes o de jefecillos; la de los tipos con los que te relacionas en situación que él considera ventajosa para tí (es decir: siendo tú su superior, o tomándote él por tal);  la de la gente que ejerce de Dr. Jekyll o de Mr. Hide según esté en su casa o fuera...

Para estos últimos reserva Charo una expresión muy gráfica. Los llama «placer de casa ajena». Y son muy típicos. Los sacas a pasear y se portan de maravilla: estupendos, divertidos, amables. Regresan a su hogar y se vuelven hoscos, antipáticos, tiranos.

Supongo que lo importante es no olvidarse de que todo individuo –y toda individua– tiene diferentes facetas. Y que es el conjunto lo que vale.

¿Cómo es el Fulano al que conoce Gervasio: como lo ve él o como lo soportan quienes lo sufren en su despacho?

De las dos maneras, sin duda. La cuestión es que la una descalifica la otra.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/08 06:00:00 GMT+2
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2003/06/07 06:00:00 GMT+2

Lo obvio

Cada día, cuando se me ocurre algún comentario sobre algo que ha ocurrido -o sobre algo que algún personaje ha dicho, o sobre algo que se atisba en el horizonte-, pienso que, para cuando tenga ocasión de escribirlo y de publicarlo, ya lo habrán hecho varios otros. «¡Pero si es sota, caballo y rey!», me digo.

No sé por qué no aprendo. Porque lo normal es que mi temor carezca de fundamento. Casi siempre -por no decir siempre- llego a la letra impresa con toda la antelación del mundo.

Algo no encaja, aparentemente. Porque las ideas que se me ocurren podrán resultar molestas para tales o cuales poderes, pero son la mayor parte de las veces de pura lógica, de sentido común. ¿No se le ocurren a nadie más? ¿O se les ocurren, pero no les apetece ponerlas por escrito? ¿O les apetece, pero no se atreven? ¿O no les dejan hacerlo?

Lo ignoro. Pero el hecho es que la mera utilización de la lógica me deja por delante un inmenso campo libre.

Da la sensación de que están tan ocupados en perorar sobre realidades desfiguradas -o directamente inventadas- que no tienen tiempo de ocuparse de la realidad efectivamente existente. Con lo que uno acaba por convertirse en singularísimo cronista de lo obvio.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2017.

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2003/06/06 06:00:00 GMT+2

Mundo

El hijo de un amigo, periodista mexicano ahora destinado en Bruselas, me escribe para que le eche una mano en el análisis de un poema de Blas de Otero sobre el que debe trabajar para un examen. Lo hago muy a gusto: Otero siempre ha sido uno de mis predilectos.

Repasando la obra del bilbaino, me topo con otro poema que hace tres o cuatro semanas cité de memoria en Radio Euskadi y que, según lo vuelvo a leer, me deja pasmado por su impresionante actualidad. ¡52 años después de escrito!

Dedico hoy esta página del Diario al gran Blas. «Lo dijo Blas, y amén, punto redondo».

El poema se llama «Mundo». Quien ya lo conozca, eso que lleva ganado.

Éste es su texto:

Cuando San Agustín escribía sus Soliloquios.
Cuando el último soldado alemán se desmoronaba de asco y de impotencia.
Cuando las guerras púnicas
y las mujeres abofeteadas en el descansillo de una escalera,
entonces,

cuando San Agustín escribía La Ciudad de Dios con una mano
y con la otra tomaba notas a fin de combatir las herejías,
precisamente entonces,
cuando ser prisionero de guerra no significaba la muerte,
sino la casualidad de encontrarse vivo,
cuando las pérfidas mujeres inviolables se dedicaban a reparar las constelaciones deterioradas,
y los encendedores automáticos desfallecían de póstuma ternura,

entonces, ya lo he dicho,
San Agustín andaba corrigiendo las pruebas de su Enchiridion ad Laurentium
y los soldados alemanes se orinaban encima de los niños recién bombardeados.

Triste, triste es el mundo,
como una muchacha huérfana de padre a quien los saltea­dores de abrazos sujetan contra un muro.

Muchas veces hemos pretendido que la soledad de los hombres se llenase de lágrimas.
Muchas veces, infinitas veces hemos dejado de dar la mano
y no hemos conseguido otra cosa que unas cuantas arenillas pertinazmente intercaladas entre los dientes.

Oh, si San Agustín se hubiese enterado de que la diplomacia europea
andaba comprometida con artistas de varietés de muy dudosa reputación,
y que el ejército norteamericano acostumbraba recibir pa­quetes donde la más ligera falta de ortografía
era aclamada como venturoso presagio de la libertad de los pueblos oprimidos por el endoluminismo.

Voy a llorar de tanta pierna rota
y de tanto cansancio que se advierte en los poetas menores de dieciocho años.

Nunca se ha conocido un desastre igual.
Hasta las Hermanas de la Caridad hablan de crisis
y se escriben gruesos volúmenes sobre la decadencia del jabón de afeitar entre los esquimales.

Decid adónde vamos a parar con tanta angustia
y tanto dolor de padres desconocidos entre sí.

Cuando San Agustín se entere de que los teléfonos auto­máticos han dejado de funcionar
y de que las tarifas contra incendios se han ocultado tími­damente en la cabellera de las muchachitas rubias,
ah entonces, cuando San Agustín lo sepa todo
un gran rayo descenderá sobre la tierra y en un abrir y cerrar de ojos nos volveremos todos idiotas.

Blas de Otero (1951)

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/06 06:00:00 GMT+2
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2003/06/05 06:00:00 GMT+2

El fallo humano

Trillo dice que el accidente de avión de Turquía se produjo por «un fallo humano». Va empeorando. Al principio dijo que la culpa la había tenido la niebla. Ésa sí que era una explicación bonita. Poética, incluso. Y muy castrense. En tiempos, si un soldado se caía por una ventana, se sancionaba a la ventana. Incluso podía ser condenada a desaparecer. La tapiaban, y asunto concluido. Y si un mulo daba una coz, se le arrestaba.

Esta vez las cosas habían comenzado inmejorablemente, gracias a él. Hubiéramos podido tener un proceso contra la niebla. ¡La niebla en el banquillo! Pero al final se ha arrepentido y ha decidido pasarse a lo del «fallo humano».

¿Qué es un fallo humano? Trillo nos ilustra al respecto con su misma explicación. Afirma que no cabrá determinar las causas del accidente hasta que concluya la investigación y, acto seguido, sostiene que el accidente se produjo por un «fallo humano». O sea: es incongruente. Eso es un fallo humano.

El accidente de tren de Chinchilla también fue culpa de «un fallo humano», según las autoridades. ¿Y lo fue? ¡Claro que lo fue! Decir de un accidente que se ha producido por un fallo humano -o por varios- es igual que no decir nada. Las máquinas no suelen tomar decisiones por su cuenta. Si fallan es porque alguien ha hecho lo que no debía, o porque alguien fabricó mal el aparato, o porque alguien no lo ha revisado con el cuidado que se requería, o porque el sistema de conjunto estaba mal concebido, o mal mantenido...

Presentar como explicación de un accidente que las personas se equivocan -nos equivocamos- es tomar el pelo al público. Desde los tiempos de la Roma Imperial sabemos que errare humanum est. Y, precisamente porque errar es humano, los sistemas deben prever hasta donde sea posible los yerros de quienes los utilizan. Lo cual implica, obviamente, un esfuerzo específico. Y el gasto correspondiente.

Digámoslo al revés: no tomar las precauciones necesarias (y posibles) excede la categoría de «error humano» para convertirse en negligencia. El Estado español podría usar aviones de transporte mejores que el de Turquía, pero no lo hace porque está ahorrando. Y porque ha elegido ahorrar en el capítulo de la seguridad. Punto uno.

Y punto dos: el Estado español tiene previstas desde hace años una serie de obras de mejora del tramo ferroviario Albacete-Murcia, pero no las ha llevado a cabo. Y no lo ha hecho, según Álvarez Cascos, por «problemas burocráticos». Pero no conozco ninguna maquinaria administrativa que se atasque cuando hay dinero suficiente para tenerla bien engrasada.

Hay desastres cuyos responsables no están necesariamente presentes en el lugar de los hechos. Hay presuntos «fallos humanos» que en realidad vienen de mucho antes. Por ejemplo, de cuando se fijó una determinada política presupuestaria y se prometieron parabienes a los funcionarios que más contribuyeran a que luego el jefe pueda presumir de lo bien que cumple los deberes y de cómo encajan las grandes cifras.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de junio de 2003) y El Mundo (7 de junio de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/05 06:00:00 GMT+2
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2003/06/04 06:00:00 GMT+2

Dejar de fumar

Hace un año que dejé de fumar. Por lo que veo, tomé la decisión coincidiendo con el Día Internacional de la cosa. Supongo que no me di cuenta porque, en caso contrario, no lo habría hecho: odio los Días Internacionales Pro-Esto o Contra-Lo-Otro.

Me cuentan que somos muy pocos los que logramos prescindir del fumeque sin respaldo médico. Y menos todavía los que lo hacemos al primer intento. Y todavía menos los que lo hacemos sin que el médico nos haya echado la bronca tras mirar la radiografía pulmonar correspondiente. No alcanzamos el uno por ciento. Se ve que es mi destino: estar en estruendosa minoría.

¿Qué balance hago de la cosa? Resumo. Me ha desaparecido la tos matinal. Me canso menos al subir escaleras y cuestas. Puedo subir mejor algunas notas cuando canto.

Nada demasiado espectacular.

He experimentado algún otro cambio que no me atrevo a valorar. Por ejemplo: mi sentido del olfato ha mejorado mucho, pero eso no está nada claro que me beneficie, dado que la mayoría de los olores disponibles en la realidad son bastante desagradables.

Lo que creo que no he hecho es actuar como converso. Ya se sabe que los neófitos de toda suerte tienden a ser los peores fanáticos, los más intransigentes. Me he puesto en guardia contra ello. Trato de no dar la vara a quienes fuman. Ni siquiera he presionado a mis próximos para que dejen de fumar (de hecho, lo hacen casi todos). Ahora: es verdad que el humo molesta. Y no sólo en los recintos cerrados. Admito que a veces tuerzo el gesto incluso cuando siento que están fumando en mis cercanías en la calle.

Pero -y a eso es a lo que voy- sigo pensando, igual que hace un año e igual que hace dos, que la creciente pureza que exhiben los poderes públicos en relación al tabaco es una coña marinera. El dióxido de carbono emitido por los motores que funcionan con hidrocarburos son mucho más nocivos para el equilibrio medioambiental y la salud ciudadana que el humo del tabaco, y los gobiernos no hacen nada serio contra eso. Vayamos al fondo de las cosas: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional son infinitamente más nocivos para la salud que el tabaco. El capitalismo mata más que el tabaco, que el alcohol, que la heroína...

No fumo, hago ramadanes cada dos por tres, no me drogo... pero tampoco me dejo tomar el pelo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/04 06:00:00 GMT+2
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