2003/06/23 06:00:00 GMT+2
He prestado atención desde la noche del domingo a algunas manifestaciones públicas de jugadores y directivos del Real Madrid, justo campeón de la Liga española de clubes de fútbol, y de la Real Sociedad, meritoria vicecampeona. Varias de esas declaraciones, por cierto -las de los dos entrenadores, especialmente-, de encomiable sensatez. Lo que pasa es que, como ha podido comprobar Vicente del Bosque de modo casi fulminante, la sensatez no siempre es rentable.
Oyendo sus pocas penas y sus muchas alegrías, he reparado en una cosa en la que no me había fijado nunca: que el Real Madrid y la Real Sociedad son dos entidades deportivas que llevan el nombre cambiado. Me refiero a su lógica. La gente del Real Madrid piensa y habla exclusivamente como representante de una sociedad, de un club, en tanto que la gente de la Real se expresa como representación de un ámbito geográfico y social, trascendiendo la entidad. Los primeros tienen sentimiento de club, los segundos se ven como símbolo de una ciudad. ¿Es bueno, es malo, es mejor esto que lo otro? No voy por ahí y, además, me da igual. Es así, y es lógico que lo sea, entre otras cosas porque Madrid tiene más equipos de fútbol, y una población demasiado numerosa y demasiado abigarrada como para mantener una identidad -o una identificación- tan unánime y tan sentida.
Lo que sí me dejó pensativo fue la comprobación de que casi todos los jugadores extranjeros que militan en la Real se expresan también en esa línea. Es decir, que se han dejado arrastrar por la corriente general y hacen como si. Se lo crean o no. Aparentan sentir los colores, que en este caso, además, son los mismos para la camiseta y para la enseña local (que, como la de muchas ciudades marítimas con autoridades seculares tan poco imaginativas como las donostiarras, es también azul y blanca). Me di cuenta, de pronto, de cuán absurdo y estrecho es el prejuicio que me hizo defender en tiempos que el equipo estuviera compuesto sólo por vascos. Una cosa es convertir la plantilla en un remedo de la selección mundial, como hacen las directivas del Real Madrid y el Deportivo de La Coruña -que a veces parecen aplicar el principio contrario: si eres local, peor para ti-, y otra no percibir las ventajas del mestizaje y de la capacidad de integración.
Hay un académico madrileño que dice y repite, siempre que tiene ocasión, que él es seguidor del Athletic Club de Bilbao porque es el único equipo que juega sólo con españoles. Comprendo ahora que esa afirmación no es rechazable únicamente por las ganas que encierra de provocar el enfado de los nacionalistas -como si hicieran falta más pendencias de las que ya hay-, sino también, y sobre todo, porque no asume que tan vasco puede ser Alkiza como Karpin, si Karpin quiere.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de junio de 2003) y El Mundo (25 de junio de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. El título del apunte era Colores y ciudades. Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/23 06:00:00 GMT+2
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2003/06/22 06:00:00 GMT+2
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Me piden de El Mundo, para su sección dominical llamada En la Red, que explique por qué no estoy de acuerdo con que la asignatura de Religión cuente como cualquier otra a efectos académicos. La verdad es que no me había pronunciado al respecto, pero ellos dan por supuesta mi oposición. Están llenos de prejuicios sobre mi persona. O sea, que me conocen.
Éste es el texto que les he enviado y que aparece hoy publicado en el diario.
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Si el chaval afirma que cree en el Padre y en el Hijo, pero que lo del Espíritu Santo no acaba de resultarle verosímil, ¿le pondrán un notable -dos aciertos sobre tres- o le suspenderán, arguyendo que sus creencias no alcanzan el mínimo exigible y necesita mejorar?
Es una humorada, por supuesto, pero ilustra sobre lo absurdo que resulta someter a evaluación académica la hondura y el dominio de una fe.
He dicho siempre que la confianza de los mortales en la existencia de un dios -o de varios, o de muchos- me merece el mayor respeto, sobre todo porque soy consciente de que algunas de mis creencias (en la solidaridad humana, por ejemplo, o en las posibilidades de que acabe por instaurarse una organización social justa) cuentan con un índice de probabilidad por lo menos tan dudoso como el atribuible a cualquier deidad. Pero jamás se me ha ocurrido que esas cosas mías -que guardan cierto parentesco con algunas de las disciplinas que ahora llaman transversales, como la educación para la paz- pudieran ser materia de calificación escolar.
Quienes no acudan a clase de Religión estudiarán Hecho Religioso. He leído los contenidos de la asignatura opcional y me han parecido interesantes. Pero, precisamente porque lo son, ¿por qué se priva de ellos a los estudiantes de Religión? Porque el caso es que, al ser obligatoria la opción, quien decida estudiar Religión (o sea: una religión) se quedará sin conocer gran cosa sobre el Hecho Religioso, en general.
He escrito «una religión». Pero convendrá que el lector no se deje engañar por los enunciados. Porque, si bien los poderes públicos españoles están obligados a proporcionar los medios para que se impartan clases sobre las diversas confesiones religiosas reconocidas por el Estado (siempre que al menos 10 alumnos de un centro lo pidan), la discriminación práctica es clamorosa: el pasado año, sólo en Cataluña hubo un total de 1.277 familias que reclamaron clases de religión islámica para sus vástagos y ninguna de ellas vio atendida su demanda. ¡Ninguna! Tal parece que el único hecho religioso que interesa al Gobierno del PP es el hecho religioso de monseñor Rouco Varela, que tanto favor le dispensa (en justa correspondencia, todo sea dicho).
Por lo demás, se trate del hecho religioso del que se trate, la atención que prevé para ese capítulo la emprendida reforma de la LOCE resulta a todas luces excesiva: casi el 10% del horario docente. Más tiempo que el dedicado a las Ciencias Naturales o a Tecnología, y seis veces más que el reservado para la enseñanza de Ética.
Esto último me parece particularmente lacerante. Se supone que el Estado debería asegurar una correcta educación de los chavales y las chavalas en los valores cívicos que fija la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No tengo particular inconveniente en que se enteren, verbi gratia, de que, según la autoridad vaticana, si usan profilácticos en las relaciones sexuales pueden verse condenados al fuego eterno. Como tampoco me molesta que sepan que, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, la viuda sin hijos debe casarse con el cuñado (Deuteronomio, 25.5). Son rarezas culturales cuyo conocimiento a nadie estorba. Pero creo exigible que nuestro sistema de enseñanza dedique menos tiempo a las ideas y ritos peculiares y bastante más a formar a la juventud en la libertad y en la igualdad entre los sexos.
Más del 10% del tiempo escolar, si hace falta.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (22 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/22 06:00:00 GMT+2
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2003/06/21 06:00:00 GMT+2
Hay muchas verdades como la de El Nuevo Vestido del Emperador, de Hans Christian Andersen. Hablo de esas feas verdades de quienes ostentan el Poder, de esas vergüenzas que algunos conocen pero que no señalan en voz alta -que no denuncian- porque no se atreven, o por justa reciprocidad: para que tampoco nadie airee las suyas propias. Saben ustedes a qué me refiero: a esas inmensas fortunas obtenidas de cualquier modo, a esos títulos entronizados y mantenidos sin mérito alguno, a esos personajes de vicios inconfesos que transitan por la vida pública bajo palio, como si fueran lo mejor de lo mejor, y que son presentados a la vista ciudadana como si, en efecto, fueran lo mejor de lo mejor. De honorabilidades que sólo toman por buenas los que no saben (que pueden ser -que suelen ser- mayoría).
Pero hay otras verdades igual de chirriantes, igual de evidentes -aunque menos directamente personales- que también acaban por convertirse en invisibles, a fuerza de que quienes tienen la capacidad de dirigir la mirada del ojo público se empeñen en enfocarla hacia otro lado.
Acabamos de asistir a un ejemplo más que llamativo. Me refiero a la evidencia de que la ocupación de Irak por los Estados Unidos de América ha representado un perfecto desastre para el pueblo iraquí.
Un instituto de opinión -que no me atrevería a calificar con el tópico de «nada sospechoso», porque en realidad es sospechosísimo de muchas complicidades, sólo que de signo contrario- acaba de presentar los resultados de un sondeo que revelan que no ya el pueblo llano, sino incluso los sectores más acomodados de la población de Irak, consideran que la acción militar que acabó con el régimen de Sadam Husein ha tenido unos resultados penosos. Ni uno sólo de los objetivos formalmente esgrimidos para justificar la intervención militar se ha cumplido, ni hay perspectivas de que se alcance en un plazo razonable. Lo único que ha cambiado es que su país está ahora medio derruido, ha habido muchos muertos, las posibilidades de paz civil son remotas... y su petróleo ha pasado a manos extranjeras.
Son criterios expresados por una abrumadora mayoría de los iraquíes -y de las pocas iraquíes a las que han preguntado- que, por lo demás, nadie ha tomado por extraños, ni ha tildado de exagerados, ni ha discutido siquiera.
Pues bien, si eso es verdad, si las cosas son efectivamente así: ¿qué hacen las opiniones públicas «aliadas», que no expulsan a gorrazos del poder a quienes han demostrado que mintieron en la pintura de la realidad, ocultaron sus verdaderas motivaciones, han sido incapaces de cumplir ninguna de sus promesas y han dejado el camino de sus errores sembrado de cadáveres y de ruinas?
¿Que qué hacen, digo? Pues está clarísimo: decir que el nuevo vestido del emperador es precioso.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (21 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/21 06:00:00 GMT+2
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2003/06/20 06:00:00 GMT+2
Si la progresión aritmética y el calendario siguen su cadencia establecida, allá por los días finales del mes que viene se producirá una feliz coincidencia: esta página alcanzará el medio millón de visitas y este Diario cumplirá tres años de existencia. Anteayer fijó un nuevo mojón: el record de 1.334 entradas en un solo día. Una cifra que sería ridícula si este sitio web estuviera respaldado por una empresa y contara con un equipo de redacción, pero que es harto estimable, comparativamente hablando, si se tiene en cuenta que se lo trajina una sola persona (que no obtiene un puñetero euro por el esfuerzo) y que sólo está respaldada en tres o cuatro secciones circunstanciales por otros tantos amigos y amigas (que consiguen el mismo pago material, las y los pobres).
He creído que ese conjunto de venturosos motivos de satisfacción más o menos calendaria podían servir de excusa -y de aderezo- para una decisión que, de todos modos, había de tomar antes o después: el cierre de esta barraca.
Anuncio pues que, más pronto que tarde, el resentido social dejará de daros su diario sermón.
Expliqué hace ya mucho las razones por las que empecé con esto. Una: no quería perder el contacto con algunos lectores y lectoras que seguían mi trayectoria y me comunicaban sus opiniones y sentimientos por correo electrónico cuando yo estaba presente en la redacción de El Mundo. Dos: tenía ganas de saber si era capaz de aguantar el tirón de escribir una columna diaria, 365 días al año, fines de semana, gripes y achaques incluidos.
Lo primero está ya más que asegurado, gracias al Cielo (o sea, a la Red): los lectores y lectoras que me importan -mis amigas y mis amigos, en realidad- seguirán teniendo vías para encontrarme mientras ellos aguanten el tirón y yo respire.
Lo segundo (me) lo he demostrado creo que con creces: incidentes técnicos al margen, sólo he faltado a la cita con este Diario el día que murió mi madre.
Más de 1.000 apuntes para el Diario, sin contar con otros muy diversos textos, en tres años, c'est pas mal, que decimos los afrancesados.
Hay quien me objeta: «¡Cómo se nota que eres vasco! ¡Qué bruto! "¡O todos o ninguno, o todo o nada!", como en el poema de Brecht que cantaba Laboa. Si no quieres hacerlo todos los días, escribe una vez a la semana, o cuando te apetezca...». No se dan cuenta de que, sea yo más o menos bruto -que ése es otro asunto-, si esta página personal ha podido alcanzar la media de visitas que tiene, es porque ha acertado a convertirse en un hábito diario para un puñado de cientos de personas. Y no sólo en las cercanías: también por tierras tan lejanas como el Nepal, Japón, Estados Unidos, América Latina... Si ese millar largo de personas prescinde de la costumbre de conectar con esta página a diario (o por lo menos los días laborables), adiós muy buenas: si te he visto, no me acuerdo.
Por lo demás, si de lo que se trata es de que un puñado de gente conecte una o dos veces a la semana con el producto de mi problemáticas neuroncillas, ya tiene mis columnas en El Mundo, miércoles y sábados. Siempre puntuales, según es costumbre de la casa.
Bueno, pues que lo dicho. Que quedan ustedes advertidos.
Siempre he odiado las despedidas. Así que esto no es una despedida.
El Diario seguirá... hasta que deje de seguir.
Y, oigan, encantado de haberlos tenido por ahí.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/20 06:00:00 GMT+2
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2003/06/19 06:00:00 GMT+2
No sé si será un resultado alucinatorio de la astenia que arrastro, provocada -supongo- por el espantoso calor de estos días, pero tengo la desagradable sensación de que todo se desarrolla a gritos. Todo: la obra tremebunda que me han montado en el solar de al lado de casa, las broncas entre automovilistas, los debates parlamentarios, los programas de televisión...
Ayer noche, cansado del día y aprovechando que las máquinas excavadoras y los bulldozers de mi obra pública predilecta habían apagado ya sus malditos motores y dejado de dar golpes, me tumbé en el sofá a ver la televisión. Empecé a repasar los programas disponibles y comprobé que, salvando los temáticos de recepción por satélite, todo lo que podía verse era espantosamente ruidoso, crispante: una jovencita que berreaba una canción de letra absurda y de fondo rítmico obsesivo, una gente que se chillaba discutiendo sobre asuntos conyugales ajenos (de este tipo me pareció que no había un programa, sino varios), una película disparatada sobre la ocupación de un estadio por unos tipos muy trajeados que hacían estallar bombas y daban tiros sin parar, unos anuncios cuyo desarrollo ni siquiera parecía tener relación alguna con los productos publicitados (los spots sobre automóviles son cada vez más surrealistas)...
El conjunto me produjo una sensación como de pesadilla, alucinógena.
Llegué a plantearme si me encontraba enfermo o si es la vida social misma la que ha enfermado.
Concluí que probablemente son las dos cosas: que me enferma lo enferma que está la vida social.
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Nota.- Esta página volvió a alcanzar ayer su record de visitas por día: 1.334, según el contador independiente Nedstat. Mi agradecimiento.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/19 06:00:00 GMT+2
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2003/06/18 06:00:00 GMT+2
Algunos políticos con sede en Madrid -y algunos periodistas- empiezan a sentirse preocupados.
Les dices: «¿No crees que se ha llegado a extremos de confrontación entre la mayoría política de Euskadi y la mayoría política de España que son absurdos?».
Y te responden: «Sí».
Y continúas: «¿Y no te parece que sería cosa de rebajar el tono, dejar de insultarse todos los días, a todas las horas y con cualquier motivo y ver cómo carajo se puede tirar para adelante sin necesidad de aniquilarse mutuamente?».
Y te contestan: «Sí. Pero el problema es que la crispación ha llegado a tales extremos que cualquiera que hable de diálogo corre el riesgo de que le tilden de traidor. O algo peor.»
Y sigues tú: «¿Y no crees que la opinión pública española se ha encrespado de esa manera porque vosotros mismos la habéis inducido a ello?».
Y te replican: «Sí.»
Y entonces tú concluyes: «Pues la cosa tiene mal arreglo».
Y te miran con aire entristecido y te lo confirman: «Muy malo».
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/18 06:00:00 GMT+2
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2003/06/17 06:00:00 GMT+2
La última campaña publicitaria oficial sobre las drogodependencias insiste en lemas que atribuyen a unas u otras drogas, tanto legales como ilegales, la capacidad de asesinar. Los anuncios reiteran machaconamente que las drogas matan.
Doy por hecho que las autoridades saben perfectamente que las drogas no tienen capacidad para introducirse por sí mismas en los cuerpos humanos de cara a causarles daños más o menos irreparables. De hecho, los drogueros pasan su vida laboral rodeados de drogas, lo mismo que los farmacéuticos, y ninguna de las dos profesiones registra tasas alarmantes de drogadicción, que yo sepa. Tampoco me consta que los titulares de las expendedurías de tabaco y los empleados del gremio de la restauración se distingan especialmente por el inmoderado recurso personal a las mercancías con las que negocian.
No son las drogas las que matan. Es su consumo inadecuado.
Dirán ustedes: «¡Vaya simpleza!».
Pues bien, no conforme con haber argumentado una simpleza, voy a proponerles otra. A saber: la droga, a los efectos de lo que aquí se trata, no existe.
Puesto que de capacidad mortal hablamos, es absurdo referirse genéricamente a «la» droga. Hay drogas que tienen propiedades tóxicas y adictivas infinitamente mayores que otras, e incluso las hay que, debidamente consumidas, poseen cualidades benéficas.
«El alcohol mata», dice la propaganda de la Organización Mundial de la Salud. La OMS miente, y lo sabe. El alcohol es una droga cuya ingesta puede tener efectos mortales, es cierto, pero también saludables, según insisten en recordarnos los propagandistas de la dieta mediterránea y los fabricantes de vino.
Lo que la OMS debería proclamar es: «El consumo inmoderado y reiterado de bebidas alcohólicas puede matar». Pero, claro, dicho así, el anuncio no anunciaría nada, porque eso lo sabe ya todo el mundo.
Y es ahí adonde pretendía llegar con este despliegue de obviedades: a la constatación de que las campañas contra las drogas sólo parecen decir algo nuevo cuando abandonan el terreno de la conocida realidad y se dedican a lanzar afirmaciones exageradas y sin fundamento.
Al final, los buenos consejos sobre el consumo de drogas son tan viejos como la Humanidad, y valen lo mismo para las drogas que para cualquier otra cosa. Se resumen en uno: no uses tu libertad contra ti mismo.
Es una sabia recomendación que tiene idéntica utilidad que cualquier otra exhortación sensata: ninguna. Pero de algo tienen que vivir los encargados de justificar la hipocresía de nuestra sociedad biempensante.
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Nota.- Mi padre, bebedor de gran aguante, tenía un cerillero de cerámica con una vieja humorada: «El vino es un veneno lento... y yo no tengo prisa». Paradojas de la vida: murió de cáncer de colon, con el hígado en excelente estado.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de junio de 2003) y El Mundo (18 de junio de 2003), salvo la nota, la cual únicamente se publicó en el Diario. Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/17 06:00:00 GMT+2
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2003/06/16 06:00:00 GMT+2
¿Alguien sabe algo sobre doña María Teresa Sáez, la otra traidora-sinvergüenza-corrupta-canalla-tránsfuga del grupo socialista de la Asamblea de Madrid?
Yo sé algo: que se llama igual que mi abuela materna.
Fuera de eso, apenas tengo información sobre su persona. Porque nadie parece haberse creído en la obligación de dármela, ni ella ha mostrado tampoco mayor interés en hacérmela llegar. Ni a mí ni a nadie.
Imagino la situación contraria: que todas las noticias sobre el caso se centraran en Maite Sáez -como con sorprendente familiaridad le llaman algunos periodistas- y que nadie tuviera ni pajolera idea del paradero ni de la vida y milagros de don Eduardo Tamayo. Me apuesto cualquier cosa a que la Prensa capitalina estaría como loca, buscando al mencionado individuo por todas partes, y que habrían aparecido ya varias docenas de artículos preguntándose por las verdaderas razones de su mutismo.
Y es que Eduardo Tamayo es hombre y María Teresa Sáez es mujer. Y una mujer se supone que puede ser corrupta por delegación, o corrupta consorte. A cambio, estando en asociación con una mujer, un hombre de ningún modo puede desempeñar el papel secundario.
En esta ópera bufa hay de todo. Hasta machismo inconsciente.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/16 06:00:00 GMT+2
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2003/06/15 06:00:00 GMT+2

Estuve ayer por la tarde viendo un programa de ETB (aquí, desde Aigües, vía satélite) sobre las desgracias pasadas y las venturas presentes del equipo de fútbol de mi ciudad natal. Me resultó divertido. Comprobé que Karpin es un tipo curiosísimo, todo nervio, muy irónico (cosa que ya sabía) y que es incapaz de hablar sin decir la palabra «hostia» seis veces por minuto (cosa que no sabía). Me hizo gracia oírle hablar sobre lo bien que se han integrado en San Sebastián los dos turcos, como si él hubiera nacido talmente en el Antiguo. Fue curioso oír las declaraciones de los jugadores.
Pero más interesante todavía fue escuchar las opiniones de la gente.
Constaté que la Real Sociedad es un factor enorme de cohesión. Uno de los pocos que debe de tener esa ciudad –esa población– por lo demás tan fracturada. La Real y los pintxos de los bares de la Parte Vieja, que todo el mundo –nacionalista vasco, nacionalista español, de derechas o de izquierdas, hombre o mujer– coincide en decir que son buenísimos... y que están carísimos.
El día de las elecciones, Arnaldo Otegi, que parecía de buen humor, no sé por qué, dijo que estaba seguro de que Jaime Mayor Oreja miente cuando dice que es seguidor de la Real Sociedad. «¿Ése? ¡Del Real Madrid, seguro!», dijo, poniendo de relieve una de las cosas que más me molestan de algunos nacionalistas –incluidos algunos nacionalistas vascos–, que es su incapacidad para apreciar lo propio sin vejar lo ajeno. La verdad es que no me extrañaría nada que Mayor Oreja goce con los triunfos del Real Madrid, pero tampoco me cuesta nada creer que disfrute con los de la Real. Porque eso es lo que tiene ese género de símbolos: que trascienden las diferencias.
Y eso es lo que más me distancia de ellos.
Me manda mi hermano la fotografía que he incluido supra y que, francamente, es para mear y no echar gota. No falta un detalle en el balcón: la bandera txuri urdiñ (blanquiazul), el balón, la camiseta... ¡Hasta los tiestos del fondo son blanquiazules! Y, para completar la cosa, el juego blanco, rojo y verde de las macetas de la balaustrada, en plan ikurriña. Ese fervor pueblerino –se puede ser pueblerino de una ciudad de veinte millones de habitantes: lo es la célebre pegata del I love NY– me produce una reacción de distanciamiento automático.
Precisamente por lo que decía antes: uno no puede entregar su alma a una causa de la que también participa Mayor Oreja.
Ignoro qué pasará esta noche, o el próximo fin de semana: si la Real acabará ganando el Campeonato o si quedará segunda. Estoy seguro de que nadie me creerá si digo que no tengo claros mis deseos. Si gana el Madrid, será horrible en Madrid. Si gana la Real, será horrible en San Sebastián. ¡Qué mal lo tenemos los perdedores en situaciones como ésta!
Postdata del lunes 16: La Real perdió dignamente; el Madrid goleó. Casi como que me quedo más tranquilo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de junio de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/15 06:00:00 GMT+2
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2003/06/14 06:00:00 GMT+2
Admito que el tal Tamayo tiene un aspecto sospechosísimo. Por más esfuerzos que haga -da igual quién: él, yo, ambos-, no hay manera de imaginarlo como víctima del atracón programático que pretende haber sufrido. Para mí que a este caballero le preocupa tanto la pureza del centrismo socialdemócrata -sea eso lo que sea- como a mí la evolución de la fase de gastrulación en los animales diblásticos.
Ambos nos dedicamos a otras cosas. Yo, a la escritura; él, por lo que parece, a las escrituras.
Su padre espiritual, José Luis Balbás, anuncia que «tarde o temprano el PSOE tendrá una escisión de centro-izquierda». De verdad que todo esto se parece cada vez más a un sainete de los Quintero. ¡Una escisión de centro-izquierda en el PSOE! ¿Para qué? ¿Para separarse del centro-derecha de Rodríguez Zapatero?
Tamayo, Balbás... De acuerdo: tienen una pinta malísima. Pero ¿han mirado ustedes la pinta del resto de los actores de la farsa política madrileña? Si diéramos por hecho que todos los políticos relacionados con negocios inmobiliarios son corruptos -y líbreme el cielo de pretender lo contrario-, ¿en qué se quedaría la Asamblea regional? ¿Tenía Tamayo otro aspecto o se dedicaba a otra cosa cuando fue puesto en la lista de candidatos de su partido en un lugar bien preferente?
Dice Alfonso Guerra que «todo el mundo sospecha que [los dos abstencionistas] han sido incitados por poderes económicos».¿Y qué? Parece mentira que el hermano de Juan Guerra siga dando valor definitivo a lo que sospecha «todo el mundo». Yo, hasta el momento, he constatado toda suerte de sospechas, pero no he conseguido ver ni una sola prueba de la corrupción de Tamayo y Sáez. Se ha abierto la veda y todo el mundo los llama de todo: «sinvergüenzas», «gángsters». Se les expulsa del partido manu militari sin darles siquiera audiencia y el personal aplaude entusiasmado. Soy de natural garantista: de veras que agradecería unos cuantos epítetos menos y alguna prueba más.
Lo que se está debatiendo aquí realmente no es la hipotética corrupción de dos representantes políticos, sino su indisciplina.Si Tamayo y Sáez hubieran votado la investidura del candidato socialista a la Presidencia de la Asamblea madrileña, nadie habría mencionado jamás sus nombres en ninguna parte, ni los habría puesto de vuelta y media, ni los habría seguido de hotel en hotel, ni habría interferido en sus negocios.
No se trata de expulsar de la vida política a los corruptos. Sólo de dejar claro que hay una cosa que es el guion, y que hay que respetarlo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (14 de junio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/06/14 06:00:00 GMT+2
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