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2015/10/19 21:00:00 GMT+2

José K, torturato

Señoras y señores: nos llena de orgullo y satisfacción venir aquí con la buena nueva de la publicación en italiano de José K, torturato y ello gracias a la labor de la traductora Marta Graziani. Le hemos pedido a ella misma que nos cuente cómo se metió en esta aventura.

Texto de Marta Graziani

Me cuesta recordar cuando encontré por primera vez a José K. No porque hayan pasado demasiados años sino porque su presencia ya forma parte de mi historia. Como una de esas amistades inestimables que con sus dudas y logros, momentos oscuros y revelaciones parecen acompañarte desde siempre. A José K le debo ese cambio necesario y tortuoso que me ha llevado a lo que soy ahora, cuando ya es tiempo de despedirse de ese compañero y quedarse con su huella en el alma.

He amado esta obra incómoda de Javier desde el primer momento, incluso cuando quería rebelarme o esconderme de su mirada. Para mí traducirla ha significado una larga y, a veces, dolorosa mirada al espejo. Sin excusas ni rodeos. Lo más duro de ese viaje ha sido tener que enfrentarme con la peor mentirosa que puede haber a tu lado: la idea que tenía de mí y de mis convicciones. Podría seguir contándoles cuántas veces he deseado escaparme y cuántas más he bendecido tanto sufrimiento pero, insisto: esta obra es un asunto íntimo y cada uno sólo puede enfrentarse a ella a su manera.

Estoy muy agradecida a Charo Díaz y Ane Ortiz por confiar en mí y por encomendarme la tarea de dar voz en italiano a su querido Javier. Gracias al comité lingüístico italiano de EURODRAM - red europea de traducción teatral por premiar mi traducción y acercar José K, torturato a los profesionales de toda Europa. Gracias, en fin, a Stella Sacchini por su revisión impecable y a Rosanna Stefanelli por las maravillosas ilustraciones que enriquecen la edición digital de la obra, a cargo de I Dragomanni.

Presentación de I Dragomanni

La (no) editorial I Dragomanni representa una realidad única en Italia. Formada por una red de profesionales y jóvenes traductores literarios independientes, traduce y edita en e-book textos contemporáneos inéditos en Italia o pasados al dominio público. I Dragomanni trabajan de forma colaborativa, llevando todas las fases de edición, y tienen como fin la realización y difusión a los lectores de traducciones de alta calidad, revisadas, bien cuidadas, con un denso aparato crítico e ilustraciones originales. Las obras se distribuyen en las principales librerías internacionales en línea (Amazon Kindle Store, La Feltrinelli, Casa del Libro, Apple Ibook Store, Google Play, Barnes&Noble, etc). La nueva sección dedicada al teatro, con su propuesta de obras extranjeras contemporáneas y en edición digital, es una novedad absoluta en el sector editorial italiano. Además de fomentar la lectura de textos dramático, quiere ser un instrumento de difusión de las obras a profesionales del teatro.

Presentación de Marta Graziani

Marta Graziani es traductora literaria. Lleva más de diez años traduciendo teatro contemporáneo español y colaborando con agentes teatrales. Desde 2013 forma parte de la (no) editorial italiana de los traductores I Dragomanni, en la que es promotora, desde 2014, de una sección del catálogo enteramente dedicada al teatro y editada en e-book. Se ocupa también de scouting, gestión de derechos y coordinación de proyectos. Algunos autores de teatro traducidos son: José Luis Alonso de Santos, Jaime Salom, Raúl Hernández Garrido, Javier Ortiz y Paco Bezerra.

En 2015 EURODRAM - red europea de traducción teatral selecciona dos traducciones suyas al italiano de textos de Raúl Hernández Garrido (Te mandaré una carta) y Javier Ortiz (José K, torturado).

 

Escrito por: iturri.2015/10/19 21:00:00 GMT+2
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2015/09/09 08:30:00 GMT+2

Ojos que no ven

"No ven porque no miran. Porque desvían la vista. Hay quien ignora porque no ve y quien se las da de ignorante porque prefiere hacer como que no ha visto nada de lo que pasó”.

Julen Mendoza, alcalde de Errenteria, hizo suyas estas palabras de Javier Ortiz en el acto sobre víctimas de violencia política celebrado el pasado viernes, 4 de septiembre (2015), en la sede del Instituto Gogora del Gobierno Vasco. La intervención de Julen Mendoza está en este documento bilingüe (pdf).

Además de darle las gracias, hemos buscado el artículo de nuestro Ortiz y es uno publicado el 21 de septiembre de 2005. Ojos que no ven dice así.

Ojos que no ven

«Ojos que no ven, corazón que no siente», dice el refrán.

Hay refranes para todo. Para cada cosa y para su contrario.

Siempre recuerdo a la gente refranera que «al que madruga Dios le ayuda», pero que «no por mucho madrugar amanece más temprano», y que «sobre gustos no hay nada escrito», pero que «hay gustos que merecen palos», etcétera, etcétera.

En lo de los «ojos que no ven» también cabe un viaje de ida y vuelta.

Ojos que no ven. Cierto. Ahí están los ojos que no ven que en el mundo mueren de hambre no sé cuántos niños (y niñas, y adultos, y adultas) por minuto. Y los ojos que no quieren ver que la culpa es nuestra, porque no exigimos que haya un reparto racional de los alimentos, porque haberlos haylos, y son suficientes para todos.

Y los ojos que no ven quién fabricó y quién colocó por medio planeta las minas antipersonas que siguen matando a diario por decenas, incluso cuando ya se han perdido en el olvido las guerras que pretendieron justificarlas.

Y...

Bah, para qué seguir recordándolo, si lo sabemos de sobra. Todo. Todos.

Es cierto: ojos que no ven, corazones de piedra.

Pero también es verdad lo contrario. Porque ¡qué fácil es solidarizarse con el pobre periodista chino al que no dejan hablar y se resiste, pero qué difícil resulta respaldar al de Segovia —digo, es un decir— que no logra que le publiquen lo del escándalo del íntimo de su jefe, y que se juega los garbanzos insistiendo en que esa vergüenza hay que sacarla a la luz, por razones de principio! ¡Y que estético queda echarse las manos a la cabeza porque vejan terriblemente a los detenidos en la Cochimbamba —y vaya que sí lo hacen—, pero qué feo, que inoportuno y qué desagradable resulta constatar con pesadumbre que la tortura sigue siendo una realidad en España, y que está probado, y que tanto los verdugos como las víctimas tienen nombre y apellidos! Recordemos al superhéroe y superjuez Garzón, capaz de escarbar en todos los crímenes de las dictaduras sudamericanas, por remota que fuera su comisión —a ese respecto él nunca se olvidó de que los crímenes contra la humanidad jamás prescriben—, pero incapaz de recordar ni un solo crimen de la dictadura franquista, por activos que siguieran sus culpables y sus cómplices.

Y es que están los ojos que no ven porque lo que hay que ver les pilla muy lejos, pero también los ojos que no ven porque no miran. Porque desvían la vista. Hay quien ignora porque no conoce y quien se las da de ignorante porque prefiere hacer como que no sabe.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2015/09/09 08:30:00 GMT+2
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2013/04/28 11:00:00 GMT+2

Uno que sí estaba aquí

Hoy que se cumple el cuarto aniversario del fallecimiento de Javier Ortiz, rematamos el homenaje del número 196 de Diagonal con el texto escrito por Isaac Rosa. Muchas gracias, Isaac.

Uno que sí estaba aquí

Se acumulan los despertares y las caídas de burro en esta España en descomposición. No sabemos si avergonzados o temerosos de ser arrastrados por la misma marea, son muchos los intelectuales que miran atrás y entonan un mea culpa lastimero: cómo pudo pasar, cómo hemos llegado a esto, cómo no nos dimos cuenta antes.

Algunos parecen surgidos de un coma profundo, como si hubiesen pasado los últimos 30 años en una cueva o en otro planeta, o quizás hechizados por un bebedizo que les impidió ver que aquella España orgullosa, moderna, que daba lecciones de democracia, y cuyas empresas y bancos conquistaban el planeta, era puro humo. Otros se caen del burro tras décadas viajando cómodamente en su lomo, y el costalazo duele. La mayoría contempla el tiempo anterior a la crisis como un país extranjero, que desde el presente no reconocen, ni se reconocen a sí mismos entonces: ¿Éramos nosotros? ¿Estábamos aquí? ¿Qué hacíamos, hacia dónde mirábamos mientras todo se encaminaba hacia la tormenta perfecta?

Se frotan los ojos, y pretenden hacernos partícipes de su pasmo, incluirnos en un plural que reparte culpas para que al final no haya culpables: “todos” miramos hacia otra parte, “nadie” vio lo que ocurría, “pocos” anticiparon el desastre. Pues no: todos no se creyeron la fiesta (ni participaron de ella); algunos no sólo vieron lo que se avecinaba sino que lo dijeron, aunque clamasen en el desierto.

Entre estos, en lugar destacado, Javier Ortiz. Es cierto que sus lectores todavía nos preguntamos a diario “qué habría escrito Javier sobre esto”. Pero si hay un artículo que yo echo de menos, es el que habría dedicado con su genial mala leche a esos que hoy se dicen sorprendidos y despertados del sueño. No era muy de presumir Javier, pero bien podría haberles dicho: yo sí estuve en aquel país que hoy os parece extranjero, y que era exactamente este; yo no bebí ningún bebedizo, ni caí en coma ni me aferré a las orejas de ningún burro.

Javier no era de presumir de “ya lo decía yo”, porque además él no sólo lo decía: él lo escribía, y no en cualquier sitio. En publicaciones perseguidas; en las incómodas páginas de El Mundo, donde peleó su independencia contra la derechización del medio; y en sus últimos tiempos en Público, cuyo decepcionante final se libró de ver.

Hoy no tiene ningún valor decir que la Transición fue una estafa, que el rey ha abusado de la confianza dada, que el modelo económico español estaba abocado al desastre, que la corrupción es sistémica, o que el euro fue un error y una trampa. Por ahí ya pasa cualquiera, incluidos muchos que hasta hace un suspiro defendían la Transición ejemplar, se decían juancarlistas agradecidos, aplaudían los éxitos económicos, se tapaban la nariz ante la corrupción o empuñaban la bandera europea. El valor está en haberlo dicho hace diez o veinte años, denunciar a contracorriente de la opinión dominante, ser el aguafiestas, renunciar a las prebendas del poder por no reírle las gracias.

La hemeroteca de Javier Ortiz (mantenida viva por Mikel Iturria, admirable) es una lección diaria. Podemos recuperar artículos de hace décadas donde denunciaba todo aquello que hoy se ha vuelto trending topic: la corrupción institucional, las burbujas sobre las que se construía la prosperidad, el saqueo de lo público, la partida de monopoly con la vivienda, la rapiña financiera, la falacia del euro y de una Europa ultraliberal, el disparate de infraestructuras y obras emblemáticas… De cualquiera de esos temas de los que hoy puede escribir hasta un columnista de La Razón, ya escribía entonces Javier Ortiz. Y la suya fue a menudo una soledad cercana al aislamiento.

Sobre todo porque escribía también de temas sobre los que todavía hoy hay pocas caídas de burro: el fallido modelo territorial; la naturaleza depredadora del capitalismo; la ‘humanitaria’ OTAN; la criminalización de la disidencia (pionero en denunciar la estrategia del “Todo es ETA” que a muchos parecía bien cuando se aplicaba en Euskadi, y ahora vale contra cualquiera).

O la represión policial, incluido el gran agujero negro de la España democrática, sobre el que han callado y siguen callando quienes se agarrarán con uñas y dientes al cuello del burro antes de caer también en esto: la tortura, la persistencia de la tortura policial en un país que se dice democrático pero donde sigue habiendo palizas, y donde los torturadores siempre salen impunes, no investigados, absueltos o indultados.

Javier Ortiz escribió valientes páginas contra la tortura, denunció casos que con los años acabó confirmando la justicia (Egun­karia, por ejemplo), apoyó a los colectivos y nos dejó una obra de teatro terrible y de obligada lectura: José K, torturado.

De seguir vivo, Javier no estaría hoy recogiendo frutos, no se recrearía en la confirmación de sus advertencias, en el “ya lo decía yo”: estaría escribiendo para adelantarnos futuras caídas de burro y próximos despertares alucinados. Porque él, que siempre pareció un extranjero entre nosotros, siempre estuvo aquí.

Isaac Rosa. Uno que sí estaba aquí. Periódico Diagonal. Abril de 2013.

Escrito por: iturri.2013/04/28 11:00:00 GMT+2
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2013/04/25 10:00:00 GMT+2

Javier Ortiz, un despertador de conciencias

Siguiendo con el homenaje a Javier Ortiz en el número 196 de Diagonal, hoy le toca el turno al texto de Patxi Ibarrondo. Muchas gracias, Patxi.

Javier Ortiz, un despertador de conciencias

A Javier Ortiz, un periodista independiente y radical de ir a la raíz, no puedo ni quiero más que echarle flores en su memoria. A sus jóvenes 61 años y en plena fertilidad literaria, falleció el 28 de abril del año 2009, pero sus columnas siguen tan vivas como cuando las escribió, detalles cronológicos aparte.

Estas son, pues, unas notas apresuradas sobre la relación que entablamos como periodistas autónomos y afines que éramos. Por otra parte, prosiguiendo su socarrón estilo, con ello sigo una tradición muy de nuestra cultura: la de echar flores laudatorias a los muertos, sobre todo si les apedreábamos cuando estaban por acá. Este no es precisamente el caso. Hace poco ya escribí en Twitter sobre Javier Ortiz. Dije que no sé dónde puede estar ahora, pero sí que se las ha arreglado para seguir siendo imprescindible. Nada de nostalgias hueras. Javier era un moralista que levantaba ampollas al poder. Lo suyo era un compromiso con la escritura social y política. Crítica nada complaciente. Duro y a la cabeza, y sin faltar ni un día a la cita con sus numerosos lectores. Una fidelidad mutua.

Así, pues, confieso que soy rehén del agradecimiento a Javier Ortiz. Ello no supone una carga en absoluto sino un orgullo. Para mí, su estrella solidaria, personal y profesional, rayó a gran altura cuando ocurrió la hecatombe de “la Realidad”. Fue el 28 de diciembre de 2001, el Día de los Santos Inocentes. Y lo éramos, pero no para los caciques de Bancabria y algunos jueces. Me condenaron a pagar al secretario general del PP de Cantabria la suma de 127.000 euros. Desapareció por ese motivo un periódico nacido por suscripción popular y con fundamentada ilusión.

¿Cuál fue el crimen cometido? Para aquel que no lo sepa, lo que publicamos y motivo de la desmesurada condena fue que, un alto cargo del Partido Popular y representante en las instituciones autonómicas, había realizado un viaje relámpago a Suiza, para hacer operaciones bancarias a raíz de las elecciones generales de 1996. El PP apostaba fuerte y las ganó Aznar.

Tras el oportuno recurso, la Audiencia Provincial rebajaría la cuantía indemnizatoria a 12.020 euros. Pero la jueza que nos condenó se había apresurado a decretar el embargo preventivo inmediato, el desahucio de la cabecera, la redacción, las cuentas y hasta el mobiliario. Todo ello en unas pocas horas. Había mucha prisa por vernos desaparecer. Según escribió Javier Ortiz en su columna de “El Mundo” y también desde los “Apuntes del natural” y de su onírica “Jamaica”, lo que ocurrió con ese periódico semanal de Cantabria fue “un escándalo” sin paliativos.

Otro gran detalle de generosidad lo tuvo cuando se me organizó un homenaje en Madrid, promovido por Diagonal, Nodo50, Traficantes de Sueños... Al no poder asistir personalmente, elaboró un escrito para la ocasión. Me decía Javier cariñosamente que, como director de “La Realidad”, yo había cometido un “delito” y un “error”. Según él, “el mayor delito que puede cometer un periodista hoy en día es ser independiente. El independiente es sospechoso por principio. Y si no tiene asideros especiales, resulta laminado a la primera de cambio”.

En cuanto al “error”, “fue “amar a Cantabria, pese a todo”. Y añadió: “si Patxi hubiera concluido que hacer periodismo en Cantabria es como tratar de ser honrado en la Mafia y hubiera huido, viniéndose a Madrid, por ejemplo, lo mismo habría logrado que lo contratara algún periódico con ganas de adornarse con alguna rareza, para darse aires de plural. Pero decidió no sólo aguantar al pie del cañón, sino dispararlo contra los sinvergüenzas de aquella tierra, que a fe que abundan”.

Y concluía: “Patxi, has sido un ingenuo, y así te ha ido. Bendita sea tu ingenuidad. Y ojalá cundiera”.

Y luego Javier nos abandonó el 28 de abril, hace ahora cuatro años. A raíz de su fallecimiento, salió a la luz su humor negro; el de haber escrito, bastante antes, ¡su propio obituario!, al estilo del gran poeta y buen vividor francés François Villon. Dijo Javier que lo hizo así “para que mi necrológica no quede en manos de cualquier cronista chapucero”.

Nunca es tarde para callar cuando no se puede decir más. Y me callo diciéndole a Javier: ojalá estuvieras todavía aquí en cuerpo, igual que lo estás en alma. Gracias por todo.

Patxi Ibarrondo. Javier Ortiz, un despertador de conciencias. Abril de 2013. .

Escrito por: iturri.2013/04/25 10:00:00 GMT+2
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2013/04/22 22:05:00 GMT+2

Inolvidable Javier Ortiz

El periódico Diagonal ha dedicado tres páginas del número 196 a Javier Ortiz. Desde aquí, Charo, Ane y el abajo firmante queremos darles las gracias a Patricia Manrique, Javier Lezaola, Patxi Ibarrondo e Isaac Rosa por acordarse de nuestro/vuestro Ortiz. Hoy subiremos el texto de Javier Lezaola.

Inolvidable Javier Ortiz

El próximo 28 de abril se cumple el cuarto aniversario de la muerte, a los 61 años, de un autor incomparable. Cuatro años de ausencia física y sólo física. Porque su memoria sigue viva.

Fueron las injusticias las que empujaron a Javier Ortiz a cultivar “el noble género del panfleto”. A diario. Desde los 17 años hasta el final. Tampoco abandonó nunca “la agitación política”, empujado también por las injusticias. Pasó por la cárcel. Dirigió los periódicos del Movimiento Comunista, que para él siempre fue “más que un partido”. Escribió en muchos medios –DIAGONAL incluido–, de Zutik a Público, pasando por Saida –revista que fundó y que fue secuestrada por orden ministerial– y El Mundo, del que llegó a ser subdirector de Opinión antes de dimitir “por razones de incompatibilidad ideológica”.

Autor y editor de unos cuantos libros, se consideró ante todo un columnista. Respetó el lenguaje. Reverencialmente. Sobrio e incisivo, destacó por su tono ácido y por su rigor intelectual. Sobre todo por su rigor intelectual.

“La divinidad” le había “castigado a darle constantemente al coco”, y alguien dijo que practicaba la lógica molesta. Era su particular forma de poner el dedo en la llaga. Escribía muy lentamente porque corregía sin parar, para que quien hubiera de leerle pudiera hacerlo de corrido, como si le estuvieran hablando. Lo logró.

“Decía que era un opinador compulsivo, y para ello se informaba”, recuerda su hija Ane, quien tecleó sus últimos artículos cuando a él no le quedaban fuerzas, lo que no le impidió seguir haciendo “malabares” con las palabras y los caracteres. “Hasta el final” mantuvo también los valores asumidos en su Donostia natal y en el exilio francés.

Su mujer, Charo, destaca que era un hombre “arriesgado”, pese a haber estado “muy solo” en sus labores de denuncia. Fue el precio que tuvo que pagar por ser fiel a sus principios. Sabía que hay gente que no puede permitirse tenerlos, pero él los mantuvo hasta el último día, e hizo de ello “una opción de vida”.

Ambas coinciden en que se habría ilusionado con los últimos brotes de rebeldía que vienen surgiendo. Creía en el potencial revolucionario de la juventud.

“No sé dónde puede estar su nombre ahora, pero sí que se las ha arreglado para seguir siendo imprescindible”, asegura Patxi Ibarrondo, director del desaparecido semanario cántabro La Realidad. Ibarrondo –otro imprescindible– evoca la “crítica nada complaciente” y la “borroka continua” del “despertador de conciencias” que fue Ortiz. Reconoce estar “preso de agradecimiento” a él, lo cual “no supone una carga en absoluto, sino un orgullo”: la “estrella” de Javier Ortiz –siempre dispuesto a echar una mano– “rayó a una gran altura” cuando el periódico fue acosado y derribado por los poderes fácticos. “Y lo hizo mientras otros progresistas y material de la izquierda orgánica y honorífica se escondían tras los arbustos del disimulo”.

También fue uno de los primeros en llegar a internet, donde publicaba a diario. Su amigo Mikel Iturria recuerda que “de julio de 2000 a abril de 2009 no faltó a su cita diaria con los lectores, salvo una o dos veces, y siempre por fuerza mayor”. Su libro Diario de un resentido social recoge una selección de sus primeros artículos en una web que pronto se convirtió en un confortable punto de encuentro para la reflexión y el debate. A su muerte, Iturri y otros decidieron “mantener su memoria también, y sobre todo, en internet”. Por eso javierortiz.net sigue siendo actualizada con puntualidad.

Ortiz llamaba a indignarse por el presente, pero también a mantener viva la indignación del pasado, porque para él “todas las indignaciones” eran “la misma indignación”. Olvidaba “las pequeñas afrentas”, pero no “las grandes traiciones”. Incluidas las políticas.

Plantó cara a la dictadura, asumiendo la responsabilidad de diversas publicaciones clandestinas. Su visión crítica de la Transición quedó reflejada en su ensayo Tal fuimos, tal somos, incluido en una joya: su libro Jamaica o Muerte. Desmitificó aquella operación cuando muy pocos lo hacían, y anticipó las consecuencias de no haber llevado a cabo una ruptura con el franquismo. A lo que vino después le dedicó otro libro: el implacable El Felipismo, de la A a la Z. Endilgó al PP columnas tan poco condescendientes como Recuerdo de un 3 de marzo. Escribió las biografías –basadas en las largas series de entrevistas que realizó a sus protagonistas– de Ibarretxe (Ibarretxe) y Arzalluz (Así fue), dos de los políticos más vilipendiados por el establishment español. Representó la antítesis del periodista domesticado.

No eludía ningún tema, por comprometedor que pudiera ser. De su denuncia de la tortura surgió José K, Torturado, su única obra teatral, en la que aborda la cuestión como lo abordaba casi todo: buscándole el otro lado, el que no se ve a simple vista. Él no pudo comprobarlo, pero la pieza ha sido representada con éxito en escenarios de unas cuantas ciudades, incluido el madrileño Teatro Español.

Muchos nos preguntamos qué pensaría Ortiz sobre esto o qué habría escrito sobre aquello. “Seguiremos teniendo razón” fueron las últimas palabras de su última columna. Uno de los incontables testimonios de pésame escritos a su muerte concluía así: “No sé por qué, pero siempre te hacía sentir que tenía razón. Y la tenía”.

Javier Lezaola (@JavierLezaola). Inolvidable Javier Ortiz. El Diagonal. Abril de 2013
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Escrito por: iturri.2013/04/22 22:05:00 GMT+2
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2013/01/28 12:50:00 GMT+1

#javierortiz65 Una recopilación de tuits con motivo del cumpleaños de Javier

El pasado 24 de enero, Javier Ortiz habría cumplido 65 años. La víspera decidimos crear un hashtag o etiqueta en twitter (#javierortiz65) para que quien lo quisiera dijera lo que le apeteciera acerca de Ortiz.

Como la cosa ha quedado bastante maja, hemos recogido todos esos tuits y algunos más en este storify. Si alguien no aparece y quiere aparecer, primero que nos perdone y después que nos lo haga saber.

Muchas gracias a todas las personas que le siguen recordando con cariño. Y muchas felicidades a Hugo Martínez Abarca y a su chica porque el mismo 24 de enero nació Mateo.

Escrito por: iturri.2013/01/28 12:50:00 GMT+1
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2012/05/01 21:30:00 GMT+2

«José K, torturado»: Teatro Campos Elíseos de Bilbao los días 26 y 27 de mayo

Ya es oficial que José K, torturado estará los días 26 y 27 de mayo en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao (20:00 horas). Si hacéis clic en el enlace, tenéis más información sobre cómo comprar las entradas y demás.

Lamentablemente, ésta será una de las últimas oportunidades para ver la obra, porque por compromisos profesionales elementales (de esos que te permiten comer) no va a ser posible que la obra esté en cartelera durante el verano y, seguramente, el otoño próximos. A partir de ahí, ya se verá.

Por lo tanto, si sois de cerca de Bilbao y os apetece ver la única obra teatral de Javier Ortiz, tenéis una cita los días 26 y 27 de mayo en el Teatro Campos Elíseos.

Para entonces, además de saber quién ganó la Copa, sabremos ya si finalmente se cantó o no en el Calderón eso de "Un elefante se balanceaba....". El fútbol es accesorio: lo importante es dar el cante.

Escrito por: iturri.2012/05/01 21:30:00 GMT+2
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2012/03/18 19:15:00 GMT+1

Buena acogida a José K, torturado en Donostia

Finalmente, el pasado día 14 de marso se presentó en el Teatro Principal José K, torturado. Y tuvo buena acogida de crítica y público. El amigo Pedro Casablanc estuvo como acostumbra y eso ayuda. Ha sido uno de las obras más importantes que ha pasado por la edición número 18 de dFeria y ha dado que hablar entre programadores, profesionales de la escena y público en general.

Esperemos que la obra tenga buena venta y pueda seguir rulando por diferentes escenarios. Hay varias fechas cerradas ya, pero esperaremos a que sean confirmados por la distribuidora Emilia Yagüe.

Pedro Casablanc hace de José K, torturado. Fotografía de @foteropanico

Fotografía de Juan G. Andrés, @foteropanico.

A continuación, enlazamos informaciones y artículos varios publicados a lo largo de estos días. Seguro que se nos ha colado alguno. Si nos lo hacéis saber, los iremos añadiendo:

Dilemas vitales. Ruth Pérez de Anucita en Noticias de Gipuzkoa

Auténtico acontemiento teatral. Ruth Pérez de Anucita en Noticias de Gipuzkoa.

Pequeña pieza de un minuto preparada por la periodista Oihane Mateos para el Teleberri de ETB (vídeo).

Iñaki Urdanibia: La tortura en la picota (Gara) y Las vergüenzas del Estado, en escena (Noticias de Gipuzkoa).

Dos platos fuertes hoy en dFERIA, Enrique Mingo en El Diario Vasco.

Balance de dFERIA. Amaia Ereñaga en Gara.

Denominación de origen. Carlos Gil en Gara.

Sandra Toral entrevistada en Irutxuloko Hitza. Por Nerea Lizarralde. En euskara.

Diskurtsoan galdu du Jose K torturatuaren giza dimentsioa. Gorka Bereziartua. Argia. En euskara.

Torturari buruzko hausnarketa. Berria egunkaria. En euskara.

José K, torturado en el blog Locos de atar. Por Pablo Llanos.

Angustiatik nostalgiara, Xabier Mendiguren Elizegi en Sustatu. En euskara.

Kontraste adierazgarriak, análisis de dFERIA a cargo de Agus Perez en Berria. En euskara.

Escrito por: iturri.2012/03/18 19:15:00 GMT+1
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2012/03/13 23:35:00 GMT+1

«José K, torturado»: de Donostia a Mérida

Mañana, 14 de marzo, José K, torturado podrá verse en dFERIA, festival de artes escénicas de San Sebastián. Eso ya lo habíamos contado por aquí.

Lo que se nos había colado es que la obra estará esta misma semana, el 16 de marzo, en la Sala Trajano de Mérida. La representación comenzará a las 21:00 horas.

Si conocéis a alguien que viva cerca, pasadle la información. Gracias.

Hoy, 13 de marzo, Sandra Toral (productora) y Emilia Yagüe (distribuidora) han presentado en rueda de prensa la obra en Donostia. El director de dFERIA, Norka Chiapuso, ha tenido palabras laudatorias para José K. Ha dicho que es una obra que pasará a la historia del teatro español. Ahí es nada.

Escrito por: iturri.2012/03/13 23:35:00 GMT+1
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2012/02/28 20:20:00 GMT+1

Algo se muere en el alma cuando Público se va

Llevo unos días que no estoy demasiado centrado en las cuestiones mundanas, porque otras más personales requieren mi atención. Es por ello que hasta hoy no me he podido sentar tranquilamente para escribir algo sobre el adiós del periódico Público.

Como la mayoría sabréis, Javier Ortiz, nuestro jamaiquino del alma, fue fichado en su momento para escribir una columna diaria en el periódico. Hoy queremos recordar aquí lo que escribió para la sección Carta de los lectores y que apareció en el primer número del periódico el 26 de septiembre de 2007.

Antes queremos dar las gracias a Manel Fontdevila y a Luis Matías López por acordarse de Ortiz en su última colaboración. Agradecemos también la referencia de Tinejo en su blog: El desolador funeral de Público.

Asimismo, os recomendamos que echéis un ojo a estos artículos y/o apuntes sobre el adiós de Público:

1.- ¿Quién cerró el diario español Público?, de Pascual Serrano.

2.- Una lágrima por Público, de Javier Vizcaíno.

3.- El fin de Público, de Iñigo Sáenz de Ugarte.

4.- Algunas reflexiones sobre el fin de Público, de Juan Varela.

Ahora sí, ahora les dejo con la carta de Ortiz. Esperemos que la petición de un servicio de recogidas municipales (y gratuitas) de cadáveres no sea extensible a la prensa y a tantas y tantas cosas más. ¿Será viable lo que Víctor Sampedro pedía a principios de este 2012? El tiempo dirá.

Una carta com cal

Puesto que me piden una carta al diario, escribiré una carta al diario com cal (leed la coda que aparece aquí en el primer Dedo en la llaga), que decimos en Euskadi. Nada de enhorabuenas ni pijadillas de ésas.

Esta carta es para reclamar que, de una vez, los ayuntamientos instauren un servicio de recogida de cadáveres digno de ese nombre.

Los consistorios recogen las basuras sólidas, los envases y hasta los muebles sobrantes, pero no tienen nada previsto para recoger los cadáveres que se nos producen. Se te muere el abuelo y te hace la cusqui por partida doble, en el supuesto de que lo apreciaras. ¡3.000 euros como poco, así lo metas en un ataúd de pino de lo más discreto, sin cruz ni nada!

Quienes pensamos que, una vez que te has muerto tanto da dónde te dejen (siempre que no sea al alcance de determinados restaurantes especializados en el chop-chuey de cerdo), reclamamos un servicio de recogida de cadáveres apto para pobres.

¿Patria o muerte? ¡Ni patria ni muerte! Atentamente.

Javier Ortiz. Una carta com cal. Público. 26 de septiembre de 2007.

Escrito por: iturri.2012/02/28 20:20:00 GMT+1
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