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2019/07/11 17:50:34.436836 GMT+2

Los embrollos de EE.UU. en Oriente Medio

Hans Blix es un personaje bien conocido en la política internacional. El diplomático sueco acumula en su carrera varios éxitos profesionales, aunque alcanzó la mayor popularidad cuando estuvo al frente de la misión de inspección de las armas de destrucción masiva que se atribuían a Sadam Husein. A principios de 2003 informó al Consejo de Seguridad de que, no habiéndolas encontrado, era necesario proseguir las inspecciones antes que recurrir a la guerra.

No fue así y, tras la vergonzosa reunión del llamado "trío de las Azores" (en realidad, un cuarteto: Bush, Blair, Aznar y el anfitrión Barroso), se inició la invasión de Irak en marzo de 2003, que tampoco sirvió para confirmar la existencia de tales armas. En vista de eso, y para encubrir las mentiras forjadas en Washington para justificar la guerra, EE.UU. desencadenó una campaña para desacreditar a Blix.

En realidad, como se supo después, tras los atentados contra EE.UU. del 11-S, el combinado Casa Blanca-Pentágono había descubierto que la destrucción de las Torres Gemelas les había dado la soñada oportunidad de "ir a por Irak" y apoderarse de sus valiosos recursos naturales. En declaraciones posteriores, Blix insistió en que la invasión de Irak era un error garrafal que favorecería a Al Qaeda y a otros grupos terroristas, como así fue.

Pues el mismo Hans Blix ha publicado el pasado 8 de julio un documento que también deja en muy mal lugar a la administración de Trump en su tortuosa política respecto a Irán y al llamado Plan Conjunto de Acción (JCPOA) acordado para controlar el acceso de Teherán a la energía nuclear.

Del mismo modo que EE.UU. engañó en 2003 a la opinión pública mundial para invadir Irak, Blix considera que ahora también está mintiendo al sostener la idea de que Washington "se ha retirado" del citado acuerdo, alcanzado en 2015 entre Alemania, China, EE.UU., Francia, Irán, Reino Unido, Rusia y UE.

Argumenta que EE.UU. pudo abandonar, por ejemplo, los Acuerdos de París sobre el cambio climático, porque éstos incluían una cláusula específica que permitía hacerlo. Pero no hay tal cosa en el JCPOA, adoptado por el Consejo de Seguridad y que obliga a todos los países miembros de la ONU. El citado Plan preveía el levantamiento de las sanciones a Irán en tanto que este país siguiera aceptando las inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), como ha venido haciendo regularmente.

En resumen: EE.UU. no se ha retirado legalmente de ningún acuerdo sino que ha violado una decisión del Consejo de Seguridad y, aún más gravemente, ha apremiado a hacerlo a otros miembros de la ONU para que incumplan el artículo 25 de la Carta de Naciones Unidas, que impone la obediencia a las citadas decisiones.

EE.UU., tras esa flagrante violación de un acuerdo internacional, ha recurrido además a su incontestable poder financiero para castigar a las empresas que negocien con Irán. Se pregunta Hans Blix si es que Washington ha decidido sustituir al Consejo de Seguridad para imponer a su gusto el orden internacional.

Como ocurrió con Irak, Washington alega que Irán está en vías de desarrollar armas nucleares y que el plan JCPOA no es suficiente para frenarle. Sin embargo, hasta ahora no existe prueba alguna de ello tras los controles de la AIEA.

Concluye Blix suponiendo que probablemente Trump no desea una guerra, al contrario que algunos de sus asesores. Y tampoco Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Israel, a pesar de su reforzamiento militar, estarían por esa solución, de impredecible resultado. Cree que les preocupa más el creciente poder económico y la influencia política iraní en la región, y que probablemente su objetivo sería frenar el auge económico de Irán, lo que se lograría mejor manteniendo la presión.

A pesar de todo, rodeado por países fuertemente armados, con bases estadounidenses en Baréin y Catar, dos grupos de portaaviones en el Golfo y tropas en territorio iraquí, Irán tiene más riesgo de ser atacado desde el aire por EE.UU. o sus vecinos, que éstos ser agredidos por las armas de Teherán.

Trump insiste en que es Irán el que tiene que desactivar la tensión, resolver el contencioso y dejarle a él que organice un futuro brillante para la vieja Persia. Para Blix, sería como el benevolente emperador de América que se ofrece al reyezuelo de un país lejano para escuchar sus problemas y ayudarle a solucionarlos desde su todopoderosa presencia. Veremos en qué queda el asunto.

Publicado en República de las ideas el 11 de julio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/07/11 17:50:34.436836 GMT+2
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2019/07/04 19:10:35.319142 GMT+2

El Pentágono ante la emergencia climática

La preocupación por la emergencia climática que poco a poco va apoderándose del planeta no parece conducir a soluciones eficaces, aunque son muchos los organismos internacionales que vienen alertando sobre la gravedad y urgencia del problema y proponiendo soluciones que no acaban de cuajar.

Pero, como informa el "ambientalista" estadounidense William McKibben en The New York Review (27 junio 2019), está cuajando en ese país la paradoja de que precisamente podría ser el Pentágono (responsable, por otro lado, de una parte no despreciable de la emisión de gases nocivos) un órgano eficaz para que la alarma surtiera efecto.

Aunque no lo diga McKibben, muchos ciudadanos de ese país, que desconfían de la ciencia y los científicos, como es el estilo del propio Trump que tan bien sintoniza con ellos, prestan, por el contrario, gran atención a lo que se dice desde el Pentágono. Tenga el lector en cuenta que el gasto militar de EE.UU. en 2018 fue superior a la suma de los siete países que le siguen en la lista, entre los que se encuentran China, Rusia, Arabia Saudí -el mejor cliente de la industria bélica de EE.UU.- e India y tres aliados: Reino Unido, Alemania y Francia.

En la mentalidad del estadounidense básico, el éxito y el dinero lo son todo y, por eso, un Pentágono poderoso, capaz de seguir haciendo aparecer a EE.UU. como el país más fuerte del mundo, adquiere un prestigio de casi infalibilidad, a pesar de sus estruendosos fracasos militares, de los que, por otro lado, ese mismo estadounidense apenas conoce. Los informes que el Departamento de Defensa remite a la Casa Blanca sobre cualquier cuestión, alcanzan así gran credibilidad pública.

Ya en 1990 el Senado escuchó a la Fuerza Naval informar de que "las operaciones navales en el próximo medio siglo se verán muy afectadas por el impacto del cambio climático". En 2013, el entonces Comandante naval del Pacífico declaró a la prensa que "el cambio climático es lo más probable que se nos viene encima... deteriorará la organización de la Defensa más que muchas otras hipótesis de las que hablamos a menudo".

En un futuro no muy lejano, añadió, "habrá naciones que se verán desplazadas por la subida del nivel del mar". Una estimación de la ONU cifra entre 200 y 1000 millones de personas las que a finales de siglo se verán afectadas por este fenómeno. Si se compara con los problemas recientemente causados por un millón de sirios que tuvieron que abandonar su país como consecuencia de la guerra, es fácil imaginar la gravedad de esa catástrofe.

En el pasado mes de enero el Departamento de Defensa informó de que "los efectos del cambio climático son una cuestión de seguridad nacional con posible repercusión en las misiones, planes de operaciones e instalaciones dependientes del Pentágono".

McKibben concluye su alegato recordando que la adopción de energías renovables, no solo por el Pentágono para sus actividades sino para todo el mundo, haría a EE.UU. menos dependiente del petróleo de Oriente Medio, eliminando así un pretexto para nuevas guerras; reduciría su gasto militar y, en consecuencia el de otros países que se esfuerzan por emularle. Sobre todo, concluye, "nos libraría de pasar tantas noches angustiados por el temor a la próxima guerra o a la siguiente ola de calor". Comentario que también resuena bien en esta Iberia ahora abrasada por las máximas temperaturas nunca antes alcanzadas.

Publicado en República de las ideas el 4 de julio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/07/04 19:10:35.319142 GMT+2
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2019/06/27 19:06:11.571961 GMT+2

Rusia vuelve a Europa

No es difícil imaginar las reacciones de algunos lectores ante el título de este comentario. Casi todas cabrían entre estos dos extremos: "Rusia siempre ha sido Europa" o "Rusia nunca ha sido europea". (Eso, sin tener en cuenta, además, que cuarenta años de machaqueo de las mentes españolas con el axioma de la maldad intrínseca de todo lo ruso, han dejado huella y han distorsionado la percepción de ese enorme país).

Dejando aparte la cuestión de dónde está el límite oriental de lo que geográficamente se llama Europa (¿los montes Urales?) y de que Rusia es asiática a la vez que europea, el asunto que aquí se comenta tiene menos repercusión geográfica que política.

En efecto: el pasado lunes 24 de junio, la Asamblea Parlamentaria del llamado Consejo de Europa decidió, tras más de nueve horas de debate, la reintegración de Rusia a su seno. Conviene recordar que la delegación rusa fue expulsada en 2014, tras la anexión de Crimea y el apoyo ruso a la guerra civil en Ucrania. Los miembros de la Asamblea, parlamentarios de 47 Estados europeos, adoptaron esa decisión por 118 votos a favor, 62 en contra y 10 abstenciones.

El Consejo de Europa no es un órgano de la Unión Europea, a la que antecede en varios años. Fue fundado en 1949, en aras de la pacificación intraeuropea tras la 2ª G.M. España tuvo que esperar a 1977 para ser admitida, dado que una dictadura era incompatible con su finalidad básica de "promover la defensa, protección y promoción de los derechos humanos (civiles y políticos), la democracia y el Estado de Derecho".

Rusia ingresó en 1996 y hoy solo hay tres Estados en Europa que no forman parte de él por la anomalía de sus regímenes políticos: la Ciudad del Vaticano, Kazajistán (parcialmente europeo) y Bielorrusia.

La decisión de la Asamblea ha provocado dos tipos de reacción: para unos ha sido una vergonzosa ignominia; para otros, un importante paso para rebajar tensiones en un mundo donde Trump, desatado e impredecible, hace todo lo posible por sostenerlas y agravarlas.

Mientras la delegación ucraniana la ha tachado de "festival de hipocresía", aludiendo al poco respeto que suele mostrar Moscú por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (órgano esencial del Consejo), el vicepresidente de la Duma rusa declaraba el pasado lunes: "Cuando se reanuda el diálogo, nadie pierde".

Francia, por turno, presidía la sesión en la que se tomó la citada decisión, y la diplomática francesa Amélie de Montchalin puntualizó: "Aquí no hablamos de geopolítica, y los valores que defendemos son los derechos del hombre. No se trata de un debate a favor o en contra de Rusia".

En Estrasburgo, sede del Consejo, se ha vuelto a debatir un viejo problema político: ¿Qué es mejor para reducir tensiones y solucionar los contenciosos entre grupos humanos? Algunos prefieren la violencia, a estilo Hitler para resolver la "cuestión de Dánzig", a costa de crear el caos universal. Otros se limitan a exigir el estricto cumplimiento de leyes (civiles o religiosas), acuerdos o tratados, ignorando que unas y otros son siempre contingentes y modificables.

"Cuando se reanuda el diálogo, nadie pierde" es la consigna que debería estar en el origen de todos los esfuerzos para aliviar tensiones y deshacer los conflictos que inevitablemente aquejan de cuando en cuando a los pueblos. Ignorarla es, como nos enseña la Historia, invocar violencia, guerras, cárceles, torturas, miseria y sangre sin fin.

Publicado en República de las ideas el 27 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/27 19:06:11.571961 GMT+2
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2019/06/20 18:20:0.174564 GMT+2

Colonialismo siglo XXI

En nuestro casi recién estrenado siglo XXI, hay también pueblos que estos mismos días se rebelan contra un nuevo colonialismo que les perjudica seriamente.

Este nuevo colonialismo no necesita recurrir a las armas de fuego, como aquellos dos históricos cañones que en el siglo XVI permitieron a Pizarro destruir el imperio inca y apoderarse de Perú. Tampoco tiene que servirse de las cañoneras navales, como las que en la primera mitad del siglo XIX forzaron la apertura de los puertos chinos para obligar al Gran Imperio del Este a aceptar el opio que Britannia introducía en el país para compensar su balanza comercial, dañada por la importación del famoso té chino. Ni utiliza las tácticas de aquellos "chaquetas rojas" de su majestad británica, que en 1879 atacaron en África a los zulúes sublevados contra el Imperio, estrenando sobre sus cuerpos desnudos las primeras ametralladoras fabricadas en EE.UU.

En el nuevo colonialismo también ha participado España, aunque poco sepamos sobre ello. Aclarémoslo: el Gobierno de Malasia ordenó el pasado mes devolver a España cinco contenedores descubiertos en uno de sus puertos, cargados con desperdicios ilegales. La ministra de Medio Ambiente declaró al respecto: "¡Basta ya! Malasia no será el vertedero del mundo. Devolveremos la basura a sus países de origen".

El "colonialismo siglo XXI" ha venido utilizando como armas los innumerables contenedores que transportan al mundo subdesarrollado las basuras que el primer mundo no sabe o no quiere molestarse en destruir.

El problema se agravó hace un año, cuando China prohibió la importación de residuos de plástico para reciclar, a causa del impacto que producen en el medio ambiente. En 2016 China había tratado la mitad de los desechos mundiales de plástico, papel y metales, y decidió suspender tan nefasta actividad.

En vista de eso, las corporaciones privadas que en muchos países desarrollados se dedican al tratamiento de residuos tuvieron que buscar otros países sin restricciones legales para recibirlos y destruirlos. Desde Filipinas hasta Vietnam, los residuos procedentes de Europa, Australia y EE.UU. son acumulados en vertederos y luego incinerados, desprendiendo humos y sustancias contaminantes que deterioran las aguas potables, dañan las cosechas y causan enfermedades respiratorias. Solo el 9% del plástico mundial es reciclado; el resto acaba esparcido sobre el sureste asiático.

Hace pocas semanas, el presidente filipino amenazó con romper relaciones con Canadá si este país no accedía a recibir de vuelta 69 contenedores cargados de basuras; "Filipinas es una nación independiente y soberana que no debe ser considerada el basurero de un país extranjero", declaró un portavoz.

Un activista de la campaña GAIA Asia Pacific manifestó que los países occidentales solo "a regañadientes" aceptan la devolución de sus basuras: "Son suyas y deben ser responsables de ellas. Para nosotros es una injusticia ambiental que los países pobres reciban los desperdicios de los ricos, porque estos no quieran tratarlos. Por eso es de esperar que cuando se los devuelvan se sentirán forzados a tomar medidas en su propio territorio".

Este nuevo colonialismo no solo perjudica a los países pobres sino al planeta en general, ya bastante en peligro ante la innegable emergencia climática que empezamos a vivir y el peligro de una demografía incontrolable frente a unos recursos que no crecen al mismo ritmo.

Publicado en República de las ideas, el 20 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/20 18:20:0.174564 GMT+2
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2019/06/13 18:06:43.032373 GMT+2

Esa África desconocida

Mansa Musa fue entronizado como rey de Mali en 1312. Algunos historiadores le reconocen como el personaje más rico que jamás ha existido. Aunque en su época causó una fuerte impresión como poderoso rey de un imperio africano, su figura apenas es conocida hoy. El paso de las botas militares de los imperios coloniales sobre las tierras africanas aplastó toda una historia del continente que difícilmente emerge a la luz.

En su peregrinación a La Meca, Musa hizo escala en El Cairo, con tanta ostentación de riqueza y poder que ha quedado en los anales históricos de la zona. Aparte de un gran número de esclavos y soldados que formaban la comitiva, fuentes contemporáneas estimaron que llevó con él unas quince toneladas de oro puro, donado a las mezquitas y como obsequio para los gobernantes de los países que recorrió.

Fue tal la ostentación de riqueza que el valor del oro en la región se depreció durante varios años. Su derroche le obligó a solicitar un préstamo para el viaje de regreso.

En una página del llamado Atlas Catalán (obra de 1375, atribuida al cartógrafo mallorquín Abraham Cresques) aquí reproducida, aparece Musa sentado en un trono de oro, con una corona del mismo metal y, al estilo de las monarquías europeas, sosteniendo en sus manos un cetro y una esfera de oro, mientras recibe a un berebere montado en un camello. Es una muestra de cómo el Sahara, como los océanos, no era una barrera infranqueable sino un espacio transitable, de intercambios comerciales y culturales entre el norte africano, árabe y blanco, y el sur, negro.

Hacemos avanzar el calendario y a finales del siglo XV, en el África central, el reino de Kongo se hizo cristiano bajo el influjo portugués. Mantuvo un embajador en la corte papal, pero el comercio de esclavos fomentado por Portugal hizo que el rey africano Afonso I escribiera así a su homólogo en la corte de Lisboa: "Muchos de nuestro pueblo, por la avidez que sienten por las mercancías y objetos que sus súbditos traen aquí [...] secuestran a muchos de nuestros ciudadanos libres y protegidos. Y ha ocurrido muchas veces que han capturado a nobles e hijos de nobles, a nuestros mismos parientes, y los han llevado para venderlos a los hombres blancos de nuestro reino. [...] Y en cuanto caen en poder de los hombres blancos, los marcan a fuego y los encadenan".

Ante el mal resultado que a los gobernantes de Kongo les producía la relación con Portugal, el rey Pedro II de Kongo buscó en 1623 el apoyo de Holanda, enemiga entonces de los reinos unificados de España y Portugal, y le pidió soldados y buques de guerra.

En último término, el reino de Kongo se hundió debido a la sangría demográfica causada por el mercado de esclavos, tras ser ocupado por Portugal, y a la descomposición de la economía local por la irrupción de las nuevas monedas impuestas por los colonizadores. El historiador Toby Green explica que las sociedades africanas exportaban "moneda fuerte", sobre todo oro, cuyo valor es duradero. A cambio, recibían conchas marinas, cobre, paños o hierro, cuyo valor decrecía al paso del tiempo.

El daño que el colonialismo ha hecho a la imagen que hoy se tiene del África precolonial es difícil de reparar. Desde las historietas infantiles que dibujan unos negros en taparrabos bailando en torno a una gran olla en la que se cuece un explorador blanco (sin que exista evidencia histórica alguna que haya demostrado el canibalismo africano) hasta Trump, que recientemente llamó "agujeros de mierda" (shithole countries) a varios países africanos, el pensamiento occidental ha ignorado una realidad histórica: que en el África subsahariana siempre ha habido civilizaciones de distinto nivel (como en Europa, Asia o América) y que los pueblos del continente han estado siempre vinculados a lo que ocurría en el resto del mundo.

Publicado en República de las ideas el 13 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/13 18:06:43.032373 GMT+2
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2019/06/06 16:31:50.271164 GMT+2

Engatusando al pueblo palestino

La familia Trump, en este caso personalizada por el multimillonario patriarca y su avispado yerno, Jared Kushner, está urdiendo un plan con el que, a cambio de abundantes dólares, los palestinos tendrán que aceptar el futuro que les asigne Washington.

Anunciado hace ya largo tiempo, Kushner ha ideado un proceso, cuyos detalles todavía no se conocen, del que su suegro ha manifestado que resolverá definitivamente el "problema palestino", para la mayor gloria de su presidencia.

Se tiene la intención de hacer pública la parte económica del plan y retrasar sus aspectos políticos hasta que, en las elecciones previstas para septiembre, se resuelva el conflicto originado en Israel por la incapacidad de Netanyahu para formar Gobierno.

En una próxima reunión a celebrar en Baréin con financieros regionales y ministros de economía de la zona, se discutirá un plan de infraestructuras para Egipto, Jordania, Líbano y Palestina, que implicará puertos marítimos, aeropuertos, polígonos industriales, centrales de energía, etc. y del que se dice supondrá una inyección de 50.000 millones de dólares en esta región. Lo más brillante del plan, con matices de refinada estafa internacional, es que esa cifra será extraída de las arcas de los Estados petrolíferos del Golfo, a cuya cuenta Trump pasaría a la Historia como el pacificador de Oriente Próximo.

Con tan suculenta zanahoria se supone que los palestinos aguantarán el palo que les supone olvidar para siempre sus esperanzas en la solución biestatal, la capitalidad en Jerusalén Oriental, la recuperación de las fronteras de 1967 y el regreso de los refugiados.

Dotado de tan poca sutilidad diplomática como su suegro, Kushner, preguntado si creía que los palestinos aceptarían ese plan y renunciarían a sus aspiraciones, dijo: "Cuando hablo con ellos, lo que quieren de verdad es vivir una vida mejor, pagar sus hipotecas...". Y aclaró que una cosa eran los tecnócratas dirigentes, empeñados en sus reivindicaciones políticas, y otra el pueblo llano al que le basta con vivir mejor.

Por si hubiera alguna duda, al preguntarle si el plan liberaría a los palestinos de la ocupación militar israelí y le llevaría al autogobierno, respondió: "Eso es poner el listón demasiado alto".

Y a la pregunta sobre si suponía que los palestinos eran capaces de gobernarse por sí mismos contestó: "Buena pregunta. Tendremos que verlo. Esperamos que, al paso del tiempo, puedan hacerlo". Y aclaró: "Puede que ellos no confíen en mí, pero si su vida mejora el plan tendrá éxito".

La conferencia de Baréin no parece interesar a los palestinos, que no acudirán, y tanto China como Rusia han declinado su participación. De momento, no pasa de ser un proyecto que, como otros originados en la mente del indefinible presidente, puede modificarse de la noche a la mañana o simplemente acabar en el cesto de los papeles.

Publicado en República de las ideas el 6 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/06 16:31:50.271164 GMT+2
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2019/05/30 17:03:54.397000 GMT+2

Un triángulo crítico: Trump, Putin, Jamenei

Aunque las repetidas amenazas de Trump contra el régimen teocrático de Teherán suelen ir acompañadas de otros comentarios menos belicosos, según es costumbre en el volátil tuiteo del inquilino de la Casa Blanca, no por eso desde Moscú se deja de considerar la posibilidad de una confrontación armada entre ambos países.

La eliminación violenta del régimen islámico de Irán haría que Moscú perdiese capacidad de influencia en Oriente Medio y significativamente en Siria, que podría resultar más amenazada por EE.UU. y sus aliados, dañando los intereses rusos en la zona.

Además, un ataque estadounidense contra Irán sería considerado como el puñetazo definitivo sobre la mesa que revelaría al mundo la decidida voluntad de Washington de remodelar a su gusto el equilibrio de poderes en esta crítica región.

No faltan tampoco en Moscú voces que exigen que no se repita la tibia o nula reacción rusa cuando la OTAN intervino en lo que fue la antigua Yugoslavia o ante el injustificado ataque de EE.UU. contra Iraq, que desencadenó el caos aún reinante en la zona.

Putin aspira a hacer de Rusia una superpotencia mundialmente reconocida y por eso está interesado en hacerse oír en cuanto surge alguna crisis internacional de vasta repercusión, como sería un ataque de EE.UU. contra Irán.

Por todo lo anterior, lo más probable sería que Moscú contribuyese, abierta o solapadamente, a reforzar las capacidades defensivas de Teherán, lo que además beneficiaría a la industria bélica rusa. O incluso que desplegara algunas unidades militares en territorio iraní, para complicar la posible ofensiva de EE.UU. Procedimiento no muy distinto al utilizado en Venezuela, donde en apoyo de Maduro Rusia envió un limitado contingente militar por vía aérea.

No es descartable desde un principio que Moscú proporcione a Teherán apoyo de inteligencia, lo que ambos países ya han compartido durante la guerra contra el Estado Islámico en Afganistán, informando a Irán sobre despliegues y movimientos de tropas estadounidenses detectados por los servicios rusos de información.

Naturalmente, no es concebible pensar que Putin pudiera dejarse implicar en un enfrentamiento bélico entre EE.UU. e Irán y es obligado deducir que utilizará todos sus recursos para reducir las posibilidades de tal conflicto. La política rusa se moverá, pues, entre esta opción y la de resistirse a cualquier cambio radical que en favor de EE.UU. pudiera desequilibrar la balanza de poder en el Medio Oriente.

Esto nos lleva a deducir que si los sectores más belicistas del Pentágono y la Casa Blanca están soñando con una operación militar, rápida y fácil, contra el régimen de los ayatolás, deberían tener en cuenta que Rusia no se mantendrá neutral. Aunque no participe directamente en la guerra, puede dificultar mucho la posibilidad de que Trump exclame triunfalmente Mission accomplished! tras haber eliminado del poder a Alí Jamenei y sus correligionarios.

Al igual que, justo hace 66 años y en el mismo país, EE.UU., con la ayuda del agonizante imperio británico, derrocó al demócrata presidente Mosaddeq y lo reemplazó por el autoritario sah Reza Pahlevi. Mucho de lo que después se ha padecido en las antiguas tierras persas tuvo ahí su origen.

Publicado en República de las ideas el 30 de mayo de 2019.

Escrito por: alberto_piris.2019/05/30 17:03:54.397000 GMT+2
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2019/05/23 18:44:49.134992 GMT+2

Los europeos olvidados

Alberto Alemanno es un académico italiano, nacido en Turín. Reside en Bilbao y trabaja en París. Podría decirse que es un ejemplo de "europeidad", de esa Europa sin fronteras ni barreras de ningún tipo a la que aspiramos tantos ciudadanos de la UE.

No está solo. Cerca de 17 millones de personas como él viven del mismo modo y representan el 4% de la población laboral de la Unión. Su número se ha duplicado en el último decenio.

Esta "europeización" de nuestra sociedad se ha visto acelerada por la precariedad de los empleos y la crisis financiera. A esa cifra hay que sumar unos dos millones de europeos que cruzan diariamente una frontera estatal para ir a trabajar a otro país y otros muchos que lo hacen estacionalmente en labores poco retribuidas.

Si estos cerca de 20 millones de ciudadanos constituyeran un Estado miembro de la UE, éste tendría más población que los Países Bajos y solo un poco menos que Rumanía, por lo que le corresponderían 26 escaños del Parlamento Europeo.

Sin embargo, como escribe Alemanno en The Guardian Weekly, "no somos un país y carecemos de verdaderos representantes políticos". Están en un limbo político porque "la dispersión geográfica nos dificulta ser tenidos en cuenta".

En esta compleja Europa un conductor rumano de Uber puede trabajar en Bélgica con un permiso de conducción español y un médico griego, doctorado en una facultad italiana, quizá ejerza su profesión en Alemania. A muchos de ellos no les es fácil registrarse en el país de residencia cuando su trabajo implica alta movilidad.

Aunque son una comunidad que contribuye en gran medida a la prosperidad económica y social del país donde residen y también en el de procedencia, están privados del derecho a la representación política, salvo en los comicios locales del país de residencia. Solo un 8% de este amplio grupo de ciudadanos llegan a registrarse para poder votar en las elecciones al Parlamento Europeo y son muy pocos los que regresan temporalmente al país de origen para hacerlo. Es una paradoja que los ciudadanos cuyas vidas son "más europeas" que lo habitual sean los que menos representación política tienen.

Alemanno explica su propio caso: "Las autoridades nacionales son a menudo negligentes para informarnos de nuestros derechos y garantizar que podamos ejercerlos". Él no puede votar en Turín, de donde procede, ni en Bilbao, donde vive, ni en París, donde trabaja.

Además, dice, por mucho que se hable de elecciones pan-europeas, las discusiones en el Parlamento Europeo son un conjunto de confrontaciones entre partidos nacionales sobre asuntos nacionales: "¿Cómo puede representarnos un candidato local que nunca ha experimentado nuestra movilidad laboral?".

Ante la convocatoria electoral del próximo domingo, y aunque en la campaña previa nuestros partidos políticos parecen estar mucho más volcados hacia lo nacional (elecciones autonómicas y municipales) que lo europeo, parece llegado el momento en que los que de verdad están construyendo Europa desde abajo (ingenieros, universitarios, recolectores de cosechas, conductores de autobús, médicos o enfermeras, profesores de idiomas etc.), con su esfuerzo y el de sus familias, sean tenidos en cuenta y puedan contribuir al futuro de Europa del mismo modo que los demás ciudadanos de la Unión.

Publicado en República de las ideas el 23 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/23 18:44:49.134992 GMT+2
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2019/05/16 18:22:48.549537 GMT+2

Los ejércitos necesarios y los deseables

La creación de un Ejército Europeo viene llamando la atención de los medios de comunicación de la UE y de sus élites políticas, de las que algunas parecen haberse puesto manos a la obra aunque de modo incipiente.

Las conjeturas sobre la viabilidad de tal ejército se ven perturbadas por unas circunstancias que dificultan hallar la mejor solución. De entre ellas cabe citar la preexistencia de la OTAN y los compromisos que esto implica; la multifacética presión que la política de Trump ejerce sobre la UE (militar, económica, cultural, etc.), y también el interés en fomentar su industria bélica (un aspecto no desdeñable del America first!); las discrepancias entre los miembros de la UE y también dentro de ellos, en función de las tendencias políticas que ejercen el poder.

Pero hay un aspecto que pocas veces se pone de relieve: la gran anomalía histórica que tal creación implica. Con una mirada de larga perspectiva se advierte que jamás un ente político ya asentado y operando con normalidad (sea un Estado, federación, reino, imperio, etc.) ha carecido de fuerzas armadas y se ha visto en la tesitura de tener que inventarlas, como ahora parece que le ocurre a la UE.

Esto se debe a que la casi totalidad de las unidades estatales políticas hoy existentes han visto la luz como consecuencia de guerras, invasiones, movimientos de liberación, etc., lo que presuponía, al menos, la existencia de un embrión de institución militar, gracias a cuya fuerza nació el ente político. Se les podría llamar los "ejércitos necesarios"; fueron evidentes ejemplos la creación del Imperio Alemán (el II Reich) tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana de 1871 y el nacimiento de EE.UU. como resultado de su victoria sobre el ejército colonial británico en 1783.

El caso europeo, por el contrario, parece mostrar el deseo de poseer un ejército propio, el "ejército deseable", cuyo proceso creativo sería del todo distinto al de los ejércitos "necesarios" antes aludidos.

Si se pudieran dejar de lado los factores dominantes antes citados (OTAN, Trump, etc.) que entorpecen lo que sería el proceso racional de crear unas fuerzas armadas a partir de cero, habría que empezar por ponerse de acuerdo sobre las amenazas que ese ejército europeo habría de afrontar. Saber cuál es el enemigo es asunto vital en este caso (y otros parecidos, como recientemente reconoció un político español al atribuir su fracaso electoral a "haberse confundido de enemigo", como él mismo declaró).

No solo hay que saber cuál puede ser el enemigo: además hay que valorar cuál es la hipótesis de su actuación más probable y cuál la que resultaría más peligrosa. Una fórmula elemental de la estrategia aconseja que la organización general del ejército se ajuste a la primera hipótesis, y que sus órganos de seguridad y protección se articulen en función de la segunda.

Fácil es imaginar la complejidad -casi imposibilidad- de llegar a un acuerdo entre los Estados de la UE sobre esta cuestión. No existe la necesaria homogeneidad para alcanzarlo: los Estados norteños y los meridionales discreparían sobre ello, del mismo modo que los antiguos miembros del Pacto de Varsovia tendrían opiniones muy distintas sobre el hipotético enemigo del que defenderse.

Y en el extraordinario caso de que se llegara a un acuerdo, el obstáculo de casi imposible superación sería el relativo a la organización de ese ejército, la contribución de los diversos Estados y, lo que es aún mas peliagudo, la competición entre las industrias de guerra designadas para equiparlo.

En resumen: es de temer que el Ejército Europeo que en las actuales circunstancias se llegase a organizar no sería ni el "necesario", pues no hubo ninguno que contribuyese a crear la Unión Europea, ni el "deseable" en función de las circunstancias estratégicas actuales, sino una mala componenda entre los poderes reales que ejercen presión sobre Bruselas y las tensiones y desacuerdos internos que tanto contribuyen a debilitarnos.

Intentemos conseguir primero una Europa justa, coherente, inclusiva y equilibrada, que si necesita ejércitos éstos irán formándose de modo natural y adaptados a la situación geoestratégica del momento.

Publicado en República de las ideas el 16 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/16 18:22:48.549537 GMT+2
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2019/05/10 15:05:38.936174 GMT+2

Israel: el explosivo de acción retardada

Desde nuestras costas levantinas, pacífico refugio vacacional de muchos españoles, cuesta advertir que el extremo opuesto de ese mismo Mediterráneo luminoso y azul está sufriendo un apocalipsis de sangre y ruinas. Una guerra intermitente, de violentos episodios agresivos y tímidos intentos de alto el fuego, está destruyendo Gaza y aniquilando su población. Los informativos televisados muestran estos días imágenes bélicas que parecen recordar los bombardeos de la 2ª G.M., Londres o Dresde, pero inconcebibles hoy para los ciudadanos europeos.

Arde el Próximo Oriente mediterráneo y la mecha sigue estando en las mismas manos: las del Gobierno ultraderechista de Israel. La responsabilidad no es exclusiva de él, pues EE.UU. respalda las decisiones de Netanyahu y la UE prefiere cerrar los ojos ante lo que allí sucede.

Y lo que allí está ocurriendo no es solo el inhumano y extenuante bloqueo israelí de la franja de Gaza, que asfixia a un pueblo al que solo se le deja el recurso a la violencia para sobrevivir. A la intermitente guerra que se desarrolla en Gaza hay que añadir la situación habitual en Cisjordania, cuya peligrosidad amenaza con ser más crítica que la de Gaza si no se resuelve el viejo contencioso.

Las insinuaciones de Netanyahu de anexionar la Cisjordania ocupada, aunque estuvieran motivadas por razones electorales que quizá le hayan llevado al éxito, son para muchos palestinos allí residentes una amenaza inútil. Porque para ellos Cisjordania está ya ocupada de hecho aunque no oficialmente.

Eso tiene que pensar un abogado palestino residente en Ramallah que fue multado por un policía israelí en una carretera cisjordana de uso conjunto (para israelíes y palestinos). Pues bien: tuvo que ir a pagar la multa a un asentamiento israelí ilegal, como si estuviera viviendo en territorio israelí.

La única anexión oficial de territorio palestino fue la de Jerusalén Oriental, capital teórica de Palestina, que fue ocupada militarmente en 1967, en la Guerra de los Seis Días. Anexión que todavía no ha sido aceptada por la comunidad internacional

Para los palestinos "en realidad, hay un único régimen que controla todo el país, desde el río Jordán hasta el mar" y es el régimen impuesto por Israel. La Autoridad Palestina es solo una marioneta que salva las apariencias. Aunque los acuerdos de Oslo establecieron zonas de distinta intensidad de ocupación, en muchas partes de Cisjordania es el ejército el que regula el reparto de recursos, la construcción y el desarrollo urbano. Muchos palestinos no pueden construir nuevos edificios y están bajo la amenaza de demolición de sus viviendas.

El grupo israelí Yesh Din de defensa de los derechos humanos opina que el Parlamento "se considera la autoridad legislativa y soberana en Cisjordania". En resumen: cada vez es más evidente que la ocupación de Cisjordania no tiene visos de ser temporal sino permanente. No hace falta esforzarse en preparar un plan que aparentemente justificara la anexión israelí de Cisjordania, lo que provocaría un negativo escándalo internacional.

En la actual situación, Israel sigue aparentando ser una democracia, aunque sea un Estado donde gran parte de la población carece de muchos derechos políticos. No merece la pena discutir sobre la anexión de Cisjordania, se comenta en Palestina: "Lo que hay que discutir es por qué la actual situación se ha ido desarrollando y profundizando a plena luz desde hace muchos años, sin que la comunidad internacional haya hecho nada por impedirlo".

La mecha sigue encendida y no puede anticiparse cuándo estallará otra vez ese barril de pólvora.

Publicado en República de las ideas el 10 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/10 15:05:38.936174 GMT+2
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