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2019/01/10 17:45:21.677959 GMT+1

Habla Trump

No es fácil imaginar las interioridades de las reuniones que Trump mantiene con su gabinete, aunque leyendo sus innumerables tuits y escuchando alguna de sus intervenciones televisadas, el público español puede hacerse una cierta idea. Por eso, me parece interesante reproducir algunos fragmentos publicados de la reunión ministerial que tuvo lugar el pasado 2 de enero, según informaciones de The Associated Press.

Me centraré en dos momentos de la citada reunión: una flagrante mentira y una insoportable perorata. Trump mintió desvergonzadamente cuando dijo que había cesado al Secretario de Defensa, Jim Mattis. En realidad, Mattis anunció su dimisión el 20 de diciembre, como protesta por la decisión presidencial de retirar las tropas desplegadas en Siria, aunque aseguró que podría seguir en el cargo hasta finalizar febrero.

Trump dijo que no le había gustado la actuación de Mattis en Afganistán y que preferiría que los talibanes y el Estado Islámico [ISIS] hubieran luchado entre sí. Y se exaltó, a su estilo: "¿Por qué Rusia no está allí [en Afganistán]? ¿Por qué Pakistán no está allí? ¿Por qué nosotros estamos allí? ¿Estamos a 6000 millas de distancia? Pero, no me importa... Pienso que yo hubiera sido un buen general". (Mejor que Mattis, parece insinuar)

Hablando sobre Siria el excéntrico presidente lanzó una larga perorata que se reproduce aquí lo más fielmente posible, a pesar de la retorcida sintaxis original: "Nosotros deseamos proteger a los kurdos, a pesar de todo [él manifestó su sospecha de que están vendiendo petróleo a Irán], deseamos proteger a los kurdos. Pero yo no deseo permanecer en Siria para siempre. Hay arena y hay muerte. Cuando nosotros destruimos al ISIS... si no lo hacemos ¡ay! entonces todos dicen que ellos vendrán a nuestro país, bueno, esto es cierto para un pequeño porcentaje, pero ¿saben ustedes a qué otro sitio van a ir? A Irán, que odia al ISIS más que nosotros. Irán a Rusia, que odia al ISIS más que nosotros. Así que nosotros [los] destruimos y luego leo que si nos retiramos Rusia se pone muy contenta. Rusia no es feliz. ¿Saben ustedes por qué no son felices? Porque a ellos les gusta que nosotros destruyamos al ISIS, porque lo hacemos para ellos. Y para Asad. Y también destruimos al ISIS para Irán.

"Y ya que hablamos de Irán, aunque a la gente no le gusta: los hechos. Irán es un país muy diferente de cuando yo me convertí en presidente. Irán, cuando yo fui presidente, tuve una reunión en el Pentágono, con un montón de generales, eran como de una película, de mejor aspecto que Tom Cruise y más fuertes, y tuve más generales que lo que nunca he visto y estábamos al fondo de ese increíble salón. Dije que es el salón más grande que jamás he visto.

"Vi más tableros de ordenador que los que yo pienso que se fabrican hoy. Y todos los lugares de Oriente Medio y otras partes que eran atacados, eran atacados a causa de Irán. Y me dije ¡guáu! miras a Yemen, miras a Siria, miras a todos los sitios, Arabia Saudí estaba asediada, todos lo estaban: quiero decir que querían Yemen porque tiene una gran frontera con Arabia Saudí, y es por lo que ellos están allí, cierto. Pero todos los sitios estaban asediados. Y yo hice una pregunta: ¿cómo se frena a esta gente?

"Están por todas partes. Tienen mucho dinero, el presidente Obama les acababa de dar 150 billones de dólares, y les dio 1,8 billones en metálico, todavía no me lo imagino, aviones llenos de dinero, en metálico, digo, desde cinco países diferentes. ¿Saben por qué desde cinco países diferentes? Porque nosotros no teníamos dinero suficiente.

"Les voy a decir la verdad, eso no está en mi ADN. No sé cómo la gente permitió eso en mi posición, que sucediesen esas cosas. Ya no dejamos que pasen más. Yo podría ser la persona más popular en Europa. Yo lo podría ser, podría presentarme a cualquier cargo si lo desease. Pero no lo deseo. Yo deseo que la gente nos trate con imparcialidad y no lo hacen. No es así, no se trata de puntos de vista".

Respire hondo el lector al concluir tan increíble parrafada emitida en el curso de un reunión al más alto nivel gubernamental de EE.UU. ¿Está Trump hablando a unos escolares de enseñanza primaria o a unos políticos cuyas decisiones pueden repercutir en toda la humanidad?

Sobra cualquier comentario, pues las palabras de Trump hablan por sí mismas sobre su capacidad mental y su contacto con la realidad que le rodea.

Publicado en República de las ideas el 10 de enero de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/01/10 17:45:21.677959 GMT+1
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2019/01/03 18:00:40.284748 GMT+1

La inteligencia artificial en la guerra futura

La inteligencia artificial (IA) no es el último grito del progreso tecnológico. La lavadora doméstica se sirve de ella: sabe que primero ha de recibir la ropa; luego, llenar de agua el recipiente; después, repetir diversos ciclos de lavado, según el programa elegido, antes de centrifugar la carga y, por último, evacuar el agua y detenerse. La decisión humana solo interviene en la iniciación del proceso y es la IA embebida en la tecnología del aparato la que lo desarrolla y lleva a cabo.

Pero el asunto puede ir más allá. Como ya apunté en el comentario de la pasada semana, la IA se cierne ahora sobre el campo de batalla y puede encarnarse en los más diversos ingenios bélicos con consecuencias impredecibles. Es precisamente en la imprecisa frontera entre las decisiones humanas y las decisiones que toma la IA donde surge un problema de difícil planteamiento.

Es ya imaginable un campo de batalla donde numerosas armas robóticas controladas por IA se enfrenten entre sí a un ritmo tan rápido que el jefe militar sea incapaz de seguirlo. Los mandos de unidad se verán obligados a servirse de dispositivos inteligentes que les ayuden a decidir qué tipo de armas han de utilizar, dónde y contra qué objetivos.

Este sistema puede aceptarse para armas convencionales pero presentaría un grave riesgo si se tratara de usar armas nucleares. Y sucede que las FAS de EE.UU. desde finales de 2017 están experimentando una transformación que las orienta más hacia el combate contra ejércitos como los chinos o rusos, equipados con todo tipo de armamento, que contra insurgentes dispersos y mal armados, como en la guerra contra el terrorismo.

Para ese tipo de guerra habrá que utilizar armas diversas y complementarias, como aviación, misiles, artillería, carros de combate, etc. que, en su mayor parte robotizadas, habrán de operar con muy poco control humano directo y siguiendo las rápidas vicisitudes de un combate en el que los jefes militares se limitarán a establecer las líneas generales de la operación. Serán las armas "inteligentes" las que decidirán el modo concreto de adaptarse al cumplimiento de la misión, tomando con rapidez múltiples decisiones a bajo nivel que son las que determinarán el resultado de la batalla.

La rapidez en la toma de decisiones y en la ejecución de lo decidido será esencial para la supervivencia. Los combatientes humanos pueden ser rápidos pero los robots inteligentes les superarán y podrán reaccionar con acierto ante situaciones complicadas. En 2017 un alto mando militar de EE.UU. informó al Congreso sobre la adopción de la IA que "aportará una gran velocidad y precisión al mando y control, mientras que la robótica actuará en un complejo teatro de operaciones donde las máquinas se enfrentarán entre sí, en el espacio y en el ciberespacio, donde la rapidez es esencial".

No es extraño que en la actualidad se esté desarrollando una carrera en el campo de la IA entre EE.UU., Rusia y China (en la que también participan Israel, Corea del Sur y el Reino Unido), que no es sino la continuación de otras anteriores: ametralladoras contra caballería, acorazados pesados antes de la 1ª G.M., los cazas contra los bombarderos o la búsqueda de la desintegración nuclear para convertirla en arma.

Habrá que aceptar que los seres humanos no son tan fiables y seguros como los robots dirigidos por modernos sistemas de IA. Pero, al contrario que éstos, poseen dos importantes capacidades: la de poder observar desde una amplia perspectiva lo que sucede en el entorno donde operan y la de ser capaces de establecer relaciones empáticas con el adversario. Esto puede resultar crítico en lo que se refiere a las armas nucleares.

Si el conflicto de los misiles cubanos hubiera sido conducido por los perfeccionados algoritmos de un sistema "inteligente" de guerra nuclear, estas líneas nunca hubieran visto la luz. Pero hubo dos actores humanos -los presidentes Kennedy y Jruschef- que establecieron contacto personal y tomaron las decisiones definitivas, gracias a las cuales podemos hoy analizar las ventajas y los inconvenientes de la IA aplicada a los artefactos bélicos.

Publicado en República de las ideas el 3 de enero de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/01/03 18:00:40.284748 GMT+1
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2018/12/27 18:00:13.209689 GMT+1

2019: otro año de guerras

Al concluir 2018 y asomar el nuevo año, muchas hipótesis se suelen hacer sobre el cariz que éste presentará, a tenor de las preocupaciones personales de cada futurólogo diletante.

En España, en el ámbito de esas hipótesis se incluirá forzosamente (para nuestro hondo pesar) el conflicto irresuelto en Cataluña, seguido a distancia por otros problemas acuciantes, como el paro, la precariedad, la pobreza, el descrédito de varias instituciones básicas para la democracia española, la penosa situación de la mujer en muchos ámbitos sociales, la crispación política que ahoga, y a veces envilece, el normal ejercicio parlamentario y algunas otras más, sin olvidar entre estas las idas y venidas de los presuntos "famosos" cuyas vicisitudes traen a mal traer a amplios sectores de la población y que tanto hacen prosperar al llamado periodismo rosa.

Pero hay algo que no atrae mucho la atención popular y con lo que siempre acertará el aficionado a anticipar acontecimientos futuros: 2019 será otro año de guerras. Apostar a esto es una apuesta ganadora.

No merece la pena esforzarse intentando adivinar dónde tendrán lugar esas guerras. Conviene hacerlo, naturalmente, porque sus efectos se abatirán sobre unos u otros pueblos y se extenderán en una u otra dirección, siguiendo las líneas que indica la geopolítica de cada momento.

Hay que subrayar que en el desencadenamiento y sostenimiento de las varias guerras que hoy, ayer y mañana se extienden por el mundo hay una causa general: la expansión y el acelerado progreso de la industria armamentística en un planeta al que no es exagerado tildar de "militarizado".

Es fácil pensar así observando a EE.UU., donde la "Estrategia de defensa nacional" (NDS), aprobada el pasado mes de enero, se conoce como "2+2+1". Es una estrategia que prevé poder combatir a la vez contra dos grandes potencias (Rusia y China), dos intermedias (Irán y Corea del Norte) y un adversario "permanente" (terrorismo).

Además de lo anterior, el programa de modernización del arsenal nuclear, que viene desde la era Obama, consumirá la increíble suma de 1.600 billones de dólares (entendiendo aquí el billón al estilo europeo, como un millón de millones) en los próximos tres decenios: la planificación en el armamento nuclear se hace a muy largo plazo. No se ha encontrado el modo de utilizar el gran poder disuasorio del arma nuclear contra el cambio climático, y la previsible evolución de éste haría inútiles tantos esfuerzos para finales de este siglo si antes no se adoptan drásticas medidas, como escribí en la pasada semana.

Conviene alzar la mirada más allá de EE.UU., porque el gasto militar universal no parece haber sufrido los efectos de la crisis económica en muchos países. Rusia y China han venido aumentando sus presupuestos militares a la zaga de EE.UU. Japón adquirirá sus dos primeros portaaviones desde la 2ª G.M., más nuevos aviones y armas de última generación. Arabia Saudí invierte en armamento cerca del 9% de su cuantioso PIB y otros países alcanzan el 10% (Alemania, China, Corea del Sur, India).

La oferta armamentística no ha quedado rezagada respecto a la demanda y se ha extendido a nuevos horizontes: inteligencia artificial, ciberguerra y robótica avizoran provechosos espacios abiertos en los enfrentamientos bélicos.

Los grandes consorcios cuyos beneficios se basan en artefactos bélicos se frotan las manos y discuten estos días sobre si la agravación de alguna de las guerras en curso les sería o no beneficiosa: las guerras "pequeñas" les son muy provechosas, pero si crecen y se desmandan pueden crear obstáculos a la libre y caudalosa cascada de ganancias que esperan.

Así pues, amigo lector, de lo poco que puede asegurarse sobre 2019 es que el espectro de la guerra seguirá ensombreciendo el desarrollo de la humanidad. Y amplios sectores de ésta seguiremos buscando los resquicios por donde pueda aflorar la paz de la que tanto se habla con floridas palabras en estos días festivos.

Publicado en República de las ideas el 27 diciembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/12/27 18:00:13.209689 GMT+1
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2018/12/20 17:50:8.989964 GMT+1

Ciencia y Política ante el cambio climático

Al encender el ordenador para escribir el texto que ahora está ante los ojos del lector, se abrió en la pantalla una ventanilla que indicaba el número de gramos de CO2 no emitidos a la atmósfera gracias a haberlo mantenido en posición de "hibernar" durante unas horas, en vez de dejarlo encendido.

Ignoro en qué parámetros se basa el cálculo de esa información pero sí sé que es el modo científico de abordar los problemas del cambio climático. Si el resultado no fuese correcto, se cambiarían las fórmulas hasta mejorarlo. Dejando aparte las constantes universales, la ciencia avanza siempre sobre parámetros mejorables.

Aludiendo al modo de abordar el grave problema del cambio climático y sus consecuencias para la humanidad, escribí la semana pasada que esta cuestión se plantea en un terreno "puramente pragmático y evaluable" y que "los intereses políticos tienen poco que decir al respecto, salvo embrollar y obstaculizar las necesarias medidas reparadoras".

Esto es así porque, en política, el dirigente X puede decir públicamente que Y es golpista y Z fascista, ya que ninguno de ambos términos tiene definición científica y cada cual les da el significado que prefiere. De ese modo, aumentan las audiencias de los medios de comunicación criticando al "golpista Y" o al "fascista Z", información rápidamente asimilada por el público desinformado, desbocada y distorsionada en las redes sociales y de nefastas consecuencias para cualquier democracia.

En la 24ª sesión de la Cumbre del clima celebrada la pasada semana en Polonia, para desarrollar el llamado "Acuerdo de París" y exponer el informe elaborado por la Ciencia (el grupo de expertos conocido como IPCC) sobre la previsible evolución de la climatología mundial, hemos presenciado el choque entre Política y Ciencia al que arriba aludo.

Los delegados de los casi 200 Estados asistentes a la conferencia no llegaron a ponerse de acuerdo en las drásticas medidas que sería necesario empezar a aplicar ya, según el informe del IPCC, para evitar alcanzar un peligroso punto de no retorno en la temperatura del globo.

En los últimos cuatro años se han alcanzado las más altas temperaturas jamás registradas y las emisiones contaminantes siguen aumentado, a pesar de que deberían reducirse a la mitad antes de 2030. Las acciones correctivas deberían multiplicarse por cinco para evitar que el calentamiento rebase 1,5º sobre la referencia inicial, que es la temperatura media en la época preindustrial.

Ahora el calentamiento real es ya de +1º, pero la Organización Meteorológica Mundial advierte de que el calentamiento podría alcanzar de 3º a 5º en 2100, lo que sería la catástrofe total. En ese caso, ya no podría frenarse el progresivo calentamiento aunque se redujeran las emisiones. Se prevén aumentos del nivel del mar entre 0,74 y 1,8 m. "El mar seguirá subiendo durante siglos -anuncia el Centro Oceanográfico de Liverpool- aunque se estabilicen los gases de efecto invernadero. Podríamos experimentar el mayor nivel de los océanos en toda la historia de la civilización humana".

Si a la pérdida de fértiles territorios litorales se une el previsto crecimiento de la población mundial, que en 2100 podrá superar 11.000 millones de habitantes, la supervivencia de la especie humana estará en grave peligro. Un anticipo de ese futuro se observa hoy en Somalia, donde las sequías han aniquilado el 70% del ganado y provocado la emigración de miles de familias. Sudán y Kenia no le andan muy a la zaga.

Desde los círculos científicos se reprocha que se viene advirtiendo de este peligro desde hace más de 30 años, sin que se haya hecho nada al respecto: "Si entonces se hubieran empezado a tomar pequeñas medidas el problema sería hoy bastante menor". La Política no se fió de la Ciencia. Y es de temer que cuando empiece a hacerlo sea ya demasiado tarde.

EE.UU. es responsable de un tercio de las emisiones que calientan el globo y Trump ha anunciado que se retira del Acuerdo de Paris. En la cumbre polaca le han apoyado Rusia, Arabia Saudí y Kuwait en su rechazo del informe del IPCC, que exige reducir en un 45% las citadas emisiones antes de 2030. Por esta razón, y con cierto sarcasmo de matiz científico, el ambientalista estadounidense Bill McKibben escribió en The New Yorker: "En consecuencia, la política particular de un país [EE.UU.] durante medio siglo habrá cambiado la historia geológica de la Tierra".

Publicado en República de las ideas el 20 de diciembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/12/20 17:50:8.989964 GMT+1
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2018/12/13 18:09:25.675577 GMT+1

¿Resolverá el Pacto de Marraquech el conflicto migratorio?

No es preciso estudiar la "Teoría de la resolución de conflictos" para saber que hay tres tipos de conflicto en el plano de los pueblos y las naciones.

De entrada, existen los conflictos que pueden resolverse dentro del ámbito y las posibilidades del mismo Estado que los padece (conflicto "intraestatal"). Por ejemplo, en España podríamos mencionar la necesaria actualización de la Constitución, como se ha puesto de relieve en las recientes celebraciones conmemorativas; o la conveniencia de articular de mejor modo las naciones o nacionalidades que componen España. Si pasamos a Bélgica, se observa que viene preocupando a sus Gobiernos el modo de mantener unidas y vinculadas las dos principales comunidades lingüísticas que la conforman. Podrían añadirse varios ejemplos similares.

El segundo grupo lo conforman los conflictos que implican a más de un Estado ("pluriestatales"). De este tipo es, por ejemplo, el contencioso territorial que implica a Bolivia y Chile respecto a la salida al mar que históricamente añora Bolivia y que Chile no parece estar dispuesto a ceder. También el ya tan popular Brexit, que en un ámbito puramente británico solo podría resolverse mediante el llamado "Brexit duro", pero que forzosamente implica a los demás Estados de la Unión Europea si se trata de lograr una salida negociada y ordenada.

Por último, el tercer grupo lo constituyen los conflictos que afectan a la mayoría de los seres humanos, por no decir a la humanidad entera: conflictos "universales". Entre estos hay dos de gran calado:

(1) el cambio climático y sus consecuencias;
(2) los desplazamientos humanos forzados por las condiciones de vida en algunas regiones del planeta y su repercusión en los países de acogida.

El primero es de naturaleza especial, porque requiere el apoyo de la ciencia en muchas de sus ramas, desde la botánica hasta la física de partículas. Se plantea, pues, en un terreno puramente pragmático y objetivamente evaluable, el único en el que puede hallarse el modo de amortiguar sus temibles efectos. Los intereses políticos tienen poco que decir al respecto, salvo embrollar y obstaculizar las necesarias medidas reparadoras.

Por el contrario, el conflicto generado por la emigración/inmigración de seres humanos es un problema con insoslayables raíces morales y humanitarias, en el que la política tiene la última palabra. Para plantearlo es inevitable entrar en los terrenos de la historia, la economía, la estadística, la sociología y hasta la sanidad. Son enormes las posibilidades de enredarse en disputas y enfrentamientos, de recurrir a la mentira y a la difusión de datos falsos, sea por motivos electorales o simplemente por ambición política.

Para resolver o, por lo menos, para plantear los diversos aspectos que presenta este conflicto, se ha aprobado a principios de esta semana en Marraquech, bajo los auspicios de la ONU, el Pacto Mundial para la Migración, adoptado por los representantes de más de 150 Estados, entre los que está España.

El texto consensuado contiene una veintena de principios básicos, de hondo sentido común, que pueden contribuir a resolver el conflicto. Fueron discutidos durante un año y medio de negociaciones entre más de 180 países. Pero están redactados de modo que los Estados firmantes pueden adoptar la decisión que deseen sin verse forzados por el acuerdo, que además no tiene carácter vinculante.

Como era de esperar, los Estados donde dominan los partidos y las políticas de extrema derecha se han negado a firmarlo esgrimiendo a menudo razones que nada tienen que ver con el texto aprobado: EE.UU., Italia, Austria, Polonia, Hungría, Israel o Australia entre otros. En ellos, la xenofobia se ha impuesto al respeto por los derechos humanos de los migrantes. No por huir de la guerra, el hambre, la miseria o la persecución, o simplemente por anhelar una vida más segura en otro país, han de ser privados los emigrantes de sus más elementales derechos. Así lo expone el artículo 13 de la Declaración Universal: "Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país".

Es de desear que la cumbre de Marraquech no se convierta en otra declaración de buenas intenciones sino que ayude a frenar la permanente sangría de los innumerables seres humanos que trágicamente mueren cada día buscando una vida mejor.

Publicado en República de las ideas el 13 de diciembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/12/13 18:09:25.675577 GMT+1
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2018/12/06 18:08:52.186572 GMT+1

El error estratégico de Putin en el Azov

Incluso compartiendo las razones históricas y sociopolíticas que apoyaron la integración de Crimea en la Federación de Rusia en 2014, es preciso señalar ahora que el incidente del pasado 25 de noviembre, cuando las autoridades rusas bloquearon el paso de una flotilla ucraniana en el estrecho de Kerch, constituye un serio error estratégico de Moscú, en una época en la que Putin está intentando restaurar una imagen de normalidad en sus relaciones con Europa.

Permítame el lector hacer referencia a dos anteriores comentarios que inciden en el caso aquí tratado. Sobre la reintegración de Crimea al ámbito geopolítico ruso escribí en abril de 2014 ("Esa Ucrania siempre dividida") sobre los antecedentes históricos de Crimea y su estrecha vinculación con Rusia, y también sobre las líneas de ruptura que esa misma Historia había trazado en el seno de Ucrania, donde "Jarkov en el este y Lviv en el oeste eran el centro de dos mundos distintos, políticamente hablando". División que ha creado una situación semibélica todavía no resuelta, que enfrenta a Europa y Rusia.

El pasado mes de mayo aludí a la inauguración de una gran obra de ingeniería civil, el puente sobre el antes citado estrecho de Kerch ("Putin, en camión hacia Crimea"), cuya puesta en servicio ha modificado las condiciones geopolíticas de la zona, puesto que los buques de Ucrania se ven forzados a cruzarlo si desde el mar Negro desean acceder a los puertos del mar de Azov.

Esta perturbación vulnera el acuerdo bilateral aceptado por Rusia y Ucrania sobre la navegación en este mar, ya que incluso la altura libre del puente impide el paso a los buques de tipo "Panamax" y mayores, por lo que, según fuentes ucranianas, los puertos de Mariupol y Berdiansk, abiertos al mar de Azov, perderán un 30% de su actividad comercial.

El cierre físico del estrecho de Kerch permite a Rusia no solo estrangular parte de la economía ucraniana, sino que, como se viene observando desde mayo, las patrullas de guardacostas rusos controlan e inspeccionan los buques ucranianos y de otros países que lo atraviesan.

Parece como si las presiones rusas sobre la libre navegación a través del Kerch tuviesen como fin aliviar el bloqueo terrestre que Ucrania impone a Crimea. El puente, por otra parte, atiende a un aspecto comentado en el artículo antes citado: "Rusia [...] habrá de seguir financiando tanto a la República de Crimea como a la base naval de Sebastopol, dos 'pozos sin fondo' que devoran una parte sustancial de su presupuesto. Financiación por razones esencialmente geopolíticas, cuyo principal objetivo es [...] mostrar que Rusia sigue siendo una potencia a ser tenida en cuenta en el concierto internacional de las naciones".

A estos efectos, aprovisionar Crimea por carretera desde Rusia es más barato que hacerlo por aire o por mar. Pero nadie ha calculado si la agravación de las sanciones contra Rusia, con motivo del incidente, reducirá ese ahorro.

A Ucrania no le conviene abrir en el Azov un segundo frente con Rusia (además del Donbás), pues carece de la fuerza naval necesaria para sustentarlo. Pero la irreflexiva actuación rusa ha cohesionado los apoyos que recibe en Europa y Moscú no puede soñar enfrentarse militarmente a la OTAN en el mar Negro.

Otro pequeño detalle a no olvidar: Un puente similar, construido durante la 2ª G.M., se hundió en seis meses; y a pesar de las alabanzas tecnológicas que el actual ha suscitado, las adversas condiciones geológicas de la zona obligarán a Rusia a invertir muchos recursos en su mantenimiento.

Y no son pocos los analistas que estudian el delicado equilibrio entre Putin y los poderosos oligarcas rusos cuya paciencia se ve puesta a prueba si un incremento de las sanciones congela parte de sus activos o limita sus posibilidades de viajar por el mundo.

Como resultado de todo ello puede ocurrir que las ventajas que a Putin le reporte el tantas veces elogiado puente se vean oscurecidas por las nuevas sanciones, por llevar a Rusia al estatus de paria internacional y reforzar la atracción que la Unión Europea y la OTAN ejercen sobre Ucrania. Ésta, en último término, se orientaría definitivamente hacia el Oeste, lo que significaría un claro fracaso de los planes geopolíticos de Putin.

Publicado en República de las ideas el 6 de diciembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/12/06 18:08:52.186572 GMT+1
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2018/11/29 16:16:45.866139 GMT+1

Las heridas de la humanidad

Sin duda alguna es hoy Yemen la herida más grave que sufre la humanidad y a través de ella se desangra su pueblo ante la ineptitud de los grandes poderes mundiales, faltos de voluntad para detener la sangría. No es la única herida que muestra el deterioro físico y moral de la especie humana, pero sí la más visible en estos días. Hay otra herida más antigua, mal curada y bastante enconada, menos ostensible, pero que paulatinamente va destruyendo a otro pueblo: el palestino.

Ben White es un periodista independiente británico, especializado en asuntos de Israel y Palestina. Su último libro es Cracks in the Wall: Beyond Apartheid in Palestine/Israel, que pudiera traducirse como "Grietas en el muro: tras el apartheid en Palestina e Israel".

Su publicación vino a coincidir con la insistencia del Gobierno de Netanyahu en proseguir la construcción de asentamientos ilegales en la Palestina ocupada; con el desprecio de Trump por el derecho internacional al trasladar su embajada a Jerusalén; y mientras Israel organizaba la expulsión de los palestinos residentes en un poblado de Cisjordania: Jan el Ajmar.

Para White, la presencia de medio millón de colonos israelíes en Cisjordania recalca la imposibilidad de llevar a la práctica la solución biestatal que durante largo tiempo ha sido el eje central de la política de Occidente para asentar la paz en esta región. Según un periodista de la agencia británica Middle East Eye, White "ha escrito la guía más clara que jamás he leído sobre la trágica separación entre israelíes y palestinos. No hay elucubraciones retóricas ni emocionantes anécdotas personales. White argumenta con autoridad y profundo conocimiento [...] sin eludir los juicios difíciles y controvertidos".

Cisjordania, en la realidad pero no en la legalidad, es ya parte de Israel. Y los palestinos que allí residen están sujetos a las leyes israelíes, aunque sea arbitrariamente a través de tribunales militares. Además, un informe de la ONU recopila más de 700 obstáculos que limitan físicamente el movimiento de la población, sin contar las demoliciones, el traslado forzoso de personas y la apropiación de recursos naturales, principalmente hídricos. En Cisjordania los palestinos habitan varios enclaves aislados entre si por carreteras reservadas para israelíes, colonias de asentamientos, muros y zonas militares prohibidas.

Medio siglo de soñar con la quimera biestatal ha permitido a Israel anexionarse Cisjordania de hecho; esta es la principal conclusión del libro. Esa quimera se ha esfumado. White cita las alertas de muchos políticos occidentales e israelíes anunciando que "el fracaso de una solución biestatal lleva a la desagradable elección entre un solo Estado y el abandono de la idea de una democracia judía, o un Estado no democrático con los palestinos como ciudadanos de segunda clase". E insiste: "la perspectiva de una única entidad política donde millones de palestinos carecen del derecho al voto describe la situación actual, no un escenario futuro".

Para el autor, los Acuerdos de Oslo entre Israel y la OLP fueron perjudiciales para los palestinos y crearon un callejón sin salida. En el "Área C", que es la mayor parte de Cisjordania, se derriban continuamente las viviendas palestinas declaradas ilegales; pero son ilegales porque menos del 2% de las solicitudes de construcción son aceptadas.

Es probable que algunos lectores encuentren exagerado aludir al apartheid y consideren erróneo el paralelismo. Otros quizá creamos ilusoria la demanda de White en pos de un solo Estado donde judíos y palestinos "sean ciudadanos iguales en un hogar compartido", aunque la apoyemos de todo corazón.

Porque pocas esperanzas inspira la reciente noticia (Haaretz, 27-11-18) de que "de Catar a Irán, ninguno de los países participantes en la Conferencia MED2018 [que tuvo lugar en Roma del 22 al 24 de noviembre, para tratar asuntos de interés común en el Mediterráneo] parecía realmente interesado en los palestinos. La normalización con Israel, por el contrario, estaba de moda: 'Es un cambio total del paradigma'". La terrible conclusión la exponía el titular: "La visión de Netanyahu sobre Oriente Medio se ha hecho realidad". Es una peligrosa visión en la que el pueblo palestino no tiene cabida como tal. La herida seguirá abierta y no se puede anticipar lo que pueda suceder después.

Publicado en República de las ideas el 29 de noviembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/11/29 16:16:45.866139 GMT+1
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2018/11/22 17:59:48.621304 GMT+1

Un americano en París: Trump

Algo atosigados por la actualidad política en España (convocatorias electorales, cascada ininterrumpida de nuevos datos sobre la corrupción, exagerada crispación política, síntomas de renacimiento del fascismo y otros aspectos igualmente preocupantes), nuestros medios de comunicación han dejado ya en el pasado la visita de Trump a París con motivo del centenario de la firma del Armisticio que puso fin a las hostilidades en la 1ª Guerra Mundial.

Sin embargo, a nivel internacional y en un panorama de aparente renovación de la guerra fría (como comenté aquí la pasada semana), la presencia de Trump en París tras las elecciones parciales celebradas en EE.UU. ha sido analizada escrupulosamente en los medios estadounidenses.

Su (inevitable) primera metedura de pata tuvo lugar momentos antes de que el avión presidencial tomara tierra en París. Y el modo de hacerlo fue el habitual: un tuit. Escribió: "El presidente Macron de Francia acaba de sugerir que Europa cree su propio ejército para protegerse de EE.UU., China y Rusia. Muy insultante, pero quizá Europa debería empezar por pagar su cuota de la OTAN, que EE.UU. sostiene en gran parte".

Con eso demostró que no había leído las auténticas palabras de Macron, que de ningún modo había sugerido que EE.UU. fuera un enemigo de Europa sino que ésta debería reducir su dependencia militar de EE.UU. Precisamente lo que Trump viene exigiendo desde siempre a sus socios europeos.

A pesar de su constante apelación al amor que siente por sus soldados, Trump canceló la visita prevista a un cementerio con más de 2000 tumbas de marines estadounidenses caídos durante una ofensiva en junio de 1918. El portavoz de la Casa Blanca trató de explicar su ausencia atribuyéndola a la lluvia que dificultaba el vuelo del helicóptero presidencial. Tanto Macron como Merkel y algunos altos dirigentes de EE.UU. y líderes de los demás países acudieron por carretera a la ceremonia, que se desarrolló con la ostensible ausencia del invitado trasatlántico. Más torpe aún fue la explicación del jefe de prensa de Trump que insistió en la gran preocupación del presidente en no perturbar la vida de los parisinos con una caravana de automóviles que alteraría el tráfico rodado de la capital.
 
Los comentarios sarcásticos no se hicieron esperar, y el ministro británico de Defensa dijo que "gracias a Dios la lluvia no impidió que [en la guerra ahora conmemorada] nuestros bravos soldados hicieran su trabajo".

Tampoco asistió Trump al recién inaugurado Foro de París sobre la Paz, creación de Macron para promocionar la cooperación internacional, al que asistieron otros dirigentes mundiales, incluido Putin. En Francia este gesto fue considerado despreciativo y en línea con el poco aprecio que Trump siente por las organizaciones y reuniones internacionales.

Un profesor de Ciencias Políticas neoyorquino ha escrito que "la política, si así pudiera llamarse, de Trump respecto a la OTAN consiste sobre todo en tuits espontáneos, insultos, amenazas, afirmaciones falsas y enormes inconsistencias de todo tipo". El pasado mes de julio, sugiriendo que EE.UU. no tenía por qué defender a la OTAN, dijo: "Supongamos que Montenegro [que se unió el año pasado a la OTAN] es atacado. ¿Por qué tendría que ir mi hijo a Montenegro a defender el país? ¿Por qué?". Enorme estupidez, en tanto que el ejército de EE.UU. es una fuerza de voluntarios y ningún ciudadano estadounidense sería reclutado forzosamente.

Todavía el 12 de noviembre, Trump tuiteó: "Va siendo hora de que esos países muy ricos o pagan a EE.UU. por su gran protección militar, o se protegen a sí mismos... y de que el Comercio sea LIBRE y JUSTO" (mayúsculas de Trump). Para él, lo justo es que EE.UU. tenga superávit con todos los países con los que comercie. Teoría económica de imposible aplicación simultánea a todos los Estados del mundo.

De regreso a Washington Trump se burló de la propuesta francesa, apoyada por Alemania, de crear una fuerza militar europea, afirmando que en 1918 los franceses "estaban empezando a estudiar alemán en París hasta que llegaron los soldados de EE.UU." Un insulto grosero y además carente de base histórica.

Si a esto se suma la simpatía de Trump por los líderes ultraderechistas europeos, como el británico Farage, el húngaro Orban, el polaco Kaczynski, la francesa Le Pen o el italiano Salvini, los europeos tenemos que ver en Trump los síntomas de un peligroso futuro donde el auge de los nacionalismos anticipe una situación crítica para Europa pero también para EE.UU.

Publicado en República de las ideas el 22 de noviembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/11/22 17:59:48.621304 GMT+1
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2018/11/15 17:26:18.034334 GMT+1

¿Hacia una nueva guerra fría?

Analistas políticos de distintos países, expresándose en varios idiomas a través de medios de comunicación de alcance universal, coinciden estos días en la deprimente conclusión de que el manto de una nueva guerra fría está cayendo sobre las relaciones internacionales. Así se expresaba en Wall Street Journal el pasado mes el historiador estadounidense Walter Russell Mead: "Bajo la dirección de Trump, EE.UU. está desencadenando una nueva guerra fría con China", tras aludir a las últimas medidas adoptadas por Washington contra el Gobierno de Pekín.

Pero no se trata solo de China. La señal de partida para abrir nuevas especulaciones sobre este serio asunto ha sido la anunciada decisión de Trump de retirar a los EE.UU. del Tratado de fuerzas nucleares de alcance intermedio (INF), firmado a finales de 1987 entre Ronald Reagan y Mijail Gorbachov.

Este Tratado obligó a la Unión Soviética y a EE.UU. a deshacerse de todos los misiles de medio alcance, (entre 500 y 5500 km), fueran o no nucleares, lo que eliminó los entonces llamados "euromisiles", destinados a sembrar el caos y la destrucción sobre territorio europeo. Supuso un gran respiro y propició el final de aquella guerra fría que, entre otros efectos, condujo a la desaparición de la propia Unión Soviética.

Es cierto que algunas decisiones recientemente tomadas en Washington, Moscú y Pekín inducen a pensar en una nueva guerra fría. Pero es necesario no confundirse. No será una "renovada" guerra fría, sino "otra" muy distinta. En poco se parecerá a la anterior y las lecciones extraídas de aquella de poco servirán ahora. Quizá solo coinciden ambas en un aspecto: los tres países citados están en plena carrera de armamentos y buscan la adhesión de otros países aliados que les respalden.

Esta guerra fría ya no será bipolar sino tripolar, y en esto radica la principal diferencia. La que ha sido hasta ahora superpotencia inigualable (second to none! America first!), es decir, EE.UU., afronta dos enemigos en vez de uno, lo que implica una mayor complejidad del mapa geopolítico resultante: las líneas de enfrentamiento son muchas y aumentan los posibles focos de guerra "caliente".

También esta nueva guerra fría se diferencia de la anterior porque cada vez es más imprecisa la frontera que separa la paz de la guerra. Se está desarrollando un tipo de "guerra con otros medios", entre los que se encuentran las presiones económicas y comerciales y los enfrentamientos en el espacio cibernético, que constituyen una explosiva combinación.

El forcejeo cibernético se agrava día tras día. Desde aquel ataque que en 2010 paralizó las máquinas iraníes de enriquecimiento de uranio se sabe ya que el ciberespacio es crítico para la vida de las naciones, que influye en el comercio, la industria y las comunicaciones, pero también puede convertirse en una jungla donde se roban secretos, se difunden falsedades y se influye sobre la opinión pública, pudiendo afectar a los procesos electorales democráticos y al normal funcionamiento de las instituciones estatales.

Aunque los tres países citados se enfrentan entre sí, sus acciones de ciberguerra también se ramifican por todo el planeta y afectan a otros Estados: Corea del Norte e Israel, por ejemplo, conocen bien su desarrollo y efectos, aunque no se trate de grandes potencias.

La humanidad afronta hoy una inestable situación de guerra fría tripolar, donde la ciberguerra o la guerra comercial podrían transformarse en una guerra real de imprevisibles consecuencias, dada la enorme capacidad militar en juego, incluida la nuclear.

La insistencia de las tres potencias para demostrar su fuerza, naval o aérea, en zonas de conflicto es un dato que agrava el problema, porque la voluntad de "mostrar decisión" puede hacer que algunos dirigentes políticos lleven al mundo a una situación parecida a la que, años atrás, lo puso al borde del holocausto, cuando unos misiles rusos aparecieron en Cuba. Entonces hubo un Kennedy sensato y bien asesorado y un Jruschef pragmático y realista que evitaron lo inimaginable.

No se puede estar más de una vez al borde del abismo sin acabar cayendo en él. Sería deseable que Trump, Putin y Jinping hubieran aprendido la lección.

Publicado en República de las ideas el 15 de noviembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/11/15 17:26:18.034334 GMT+1
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2018/11/08 17:37:14.710348 GMT+1

Las últimas horas del II Reich

Aunque el armisticio que ahora hace un siglo puso fin a la 1ª Guerra Mundial entró en efecto "a las once horas del undécimo día del undécimo mes" (cuyo aniversario se celebrará solemnemente en varias capitales mundiales el domingo próximo), los hechos que lo aceleraron de modo irreversible tuvieron lugar justo dos días antes.

En la mañana del 9 de noviembre de 1918, los delegados alemanes que habían de firmarlo llegaban en tren al bosque de Compiegne, donde se reunirían con los negociadores aliados, encabezados por el general Foch, su jefe supremo militar.

Casi a la misma hora, el káiser, en el Cuartel General de Spa, sumido entre dudas y vacilaciones, ironizaba ante uno de sus almirantes: "Mi querido almirante, la Marina me ha dejado bonitamente en la estacada". La Marina Imperial había sido el juguete favorito de Guillermo II, con la que había imaginado derrotar el apabullante dominio británico de los mares.

Si la Marina ya no le era fiel, ¿podría contar todavía con el apoyo del Ejército? Llegó a creer posible recuperar Alemania dirigiéndolo no contra el enemigo sino contra los revolucionarios de Kiel, Munich y Berlín, restaurando el orden y ahogando la revolución.

El general Groener, quien, como vimos en el comentario de la pasada semana, pocos días antes había sugerido el sacrificio personal del káiser, le disuadió asegurándole que ningún ejército le seguiría, ningún soldado haría fuego contra los revolucionarios. Guillermo II vivía sus últimas horas como emperador en un mundo irreal. Incluso imaginó regresar a Berlín, a la cabeza del Ejército. Groener fue tajante: "El ejercito volverá a su patria en tranquilidad y orden, mandado por sus generales y jefes, pero nunca tras al emperador. Ya no le apoya".

Esa misma mañana llegaron a Spa nuevos mensajes. La guarnición de Berlín desertaba en masa; el Canciller, príncipe Maximilian, anunciaba la abdicación del káiser y el nombramiento de un Consejo de Regencia. Poco después, él mismo también dimitía como Canciller y dejaba el poder en manos del dirigente socialista Ebert. Otra rama del socialismo, dirigida por Liebknecht, declaraba establecida la República Soviética Alemana, a la vez que Scheideman proclamaba una República Socialista. En la tarde del mismo día 9, tras una jornada de desengaños e inútiles especulaciones, el káiser decidió exiliarse.

En Compiegne, la delegación alemana pretendía obtener un alto el fuego inmediato, que permitiera aplastar la revolución en Alemania, aduciendo el peligro bolchevique que se cernía sobre Europa. Foch fue inamovible: "No cesarán las hostilidades hasta la firma del armisticio".

El ejército alemán estaba diezmado y nada podía hacer para influir en el final de la guerra. La última ofensiva aliada, iniciada a principios de agosto, había hecho perder a Alemania la cuarta parte de sus soldados y la mitad de sus cañones. Contra lo que luego adujo la propaganda nazi, no fueron la revolución en la retaguardia ni las intrigas políticas las que trajeron la derrota, sino la clara superioridad de las armas aliadas.

El 10 de noviembre el káiser huyó de Bélgica a Holanda, país que había permanecido neutral, y no volvió a pisar en su vida suelo alemán. Así acabaron cinco siglos de reinado de la dinastía Hohenzollern en las tierras prusianas.

Por fin, a las 5.10 horas de la mañana del día 11 se firmó el armisticio que impuso el alto el fuego con duras condiciones para el bando derrotado. No fue el único armisticio de esta guerra sino el último, tras los que habían silenciado las armas de Rusia (diciembre 1917), y los firmados por Turquía (30 octubre 1918) y Austria (3 noviembre).

Mientras el general norteamericano Pershing consideraba un error no haber proseguido la ofensiva hasta aniquilar el poder militar enemigo ("temo que Alemania no advierta que le hemos dado una paliza"), el general alemán Von Einem proclamaba a sus tropas: "Ha cesado el fuego. No hemos sido vencidos y estáis terminando la campaña sobre territorio enemigo".

Las condiciones del Armisticio fueron duramente agravadas en el Tratado de Versalles, firmado en junio de 1919, que encerraba en su articulado las semillas de la 2ª Guerra Mundial y del nacimiento y auge de la Alemania nazi. Pero de momento, la humanidad, desangrada y harta de guerras, creyó que el conflicto ahora concluido habría de ser "la última guerra de la Historia", y prefirió cerrar los ojos para vivir los "locos años veinte".

Publicado en República de las ideas el 8 de noviembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/11/08 17:37:14.710348 GMT+1
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