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2017/04/27 18:27:4.718065 GMT+2

Madrid ¿capital de la paz?

Entre la polvareda levantada por nuestros medios de comunicación, que a diario revelan nuevos casos de corrupción, reproducen mensajes mafiosos cruzados entre algunos distinguidos ladrones de guante blanco que han regido nuestros destinos y broncos rifirrafes interpartidistas, mostrando también el creciente desapego de los españoles por la actividad política -lo que pone en grave riesgo a nuestra débil democracia-, apenas ha recabado la atención pública la celebración en Madrid, entre los días 19 y 21 de abril, del "Foro Mundial sobre las Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz".

Largo título que refleja el empeño de los organizadores y participantes para "abrir un debate, una reflexión que permita llegar al corazón mismo de las distintas violencias que aquejan a las ciudades y, desde ahí, iniciar un camino para construir ciudades de paz".

Dicho de otro modo: algunos de los medios utilizados para intentar reducir o erradicar la violencia urbana, que es la que más directamente afecta a los ciudadanos, podrían reconfigurarse y ampliarse para abordar otras violencias de más envergadura y, en último término, la violencia de todas las violencias: la guerra. Ambicioso objetivo en un mundo hoy dominado por el ruido de las armas, pistolas personales o misiles estatales.

El martes pasado, Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz, se congratulaba en el diario Público de que la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, conjuntamente con la de París, Anne Hidalgo, hubieran convocado el citado foro "cuando vuelven a sonar aciagos tambores de guerra... para que las ciudades promuevan la paz y la concordia, la educación para la convivencia y la solidaridad".

En la presentación del Foro, Manuela Carmena puso de relieve que "desde el 2000 al 2014 han muerto por violencia interpersonal -no por las guerras, no por el terrorismo- en el mundo más de seis millones de personas, más que con las guerras". Añadió: "Vivimos en una sociedad a la que se le llena la boca hablando de paz, pero no educa para la paz". He aquí una simple frase, cargada de verdad, que denuncia con brillante claridad un doloroso aspecto de la hipocresía de muchos gobernantes en todo el mundo: las palabras van por un camino, por lo general autocomplaciente, y los hechos, por otro, a menudo determinado por la ambición y el lucro.

Cargada de sentido común -una de las mejores cualidades para dedicarse a la política- la alcaldesa recordó la inutilidad de responder con la guerra a los atentados terroristas. Por su parte, el exdirector general de UNESCO recordó que "si siembras odio, cosecharás violencia". Eso es lo que estamos sembrando, dijo Mayor, con soluciones absolutamente indignas para los refugiados: "Hemos dado más a una sola institución bancaria que lo que hemos dedicado a todos los inmigrantes y refugiados en Europa".

Federico Mayor definía también el difícil itinerario, mental y real, que es necesario recorrer para la transformación que el Foro anuncia: hay que transitar "...desde una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, conocimiento recíproco, conversación, conciliación, alianza y paz".

Es posible que estas ideas suenen tan utópicas como las que en 1950 movieron a Robert Schuman cuando sugería los incipientes mecanismos de integración europea que pondrían fin a los seculares enfrentamientos que habían ensangrentado nuestro continente. Era casi impensable algo que uniera y vinculara entre sí a los vencedores y a los vencidos de la cruenta guerra recién concluida.

La propuesta del Foro también mira a muy largo plazo. El itinerario antes descrito no se recorre en unos meses, ni en unos años. Todo aquello que implique cambio cultural requiere tiempo hasta ser incorporado a los hábitos diarios, pero cuando lo hace es para quedarse.

Ese es el reto de la cultura de la paz. La conclusión del foro sería la aprobación del llamado Compromiso de Madrid, "un mensaje al mundo -y en especial a las ciudades- para asumir este camino con una serie de recomendaciones que formarán parte de las conclusiones del evento".

Un foro más, dirán algunos. Otros lo juzgarán en función de las tendencias políticas de los organizadores y participantes y no por la importancia de las ideas allí discutidas y su innegable trascendencia futura. El ruido de las guerras que asolan al mundo y la dinámica bélica que domina la política internacional acallarán las voces que allí se oyeron. Pero el futuro de la humanidad se orientará según el resultado del enfrentamiento entre esas voces y el ruido de las explosiones. Citando de nuevo al exdirector de UNESCO, no parece desacertado asumir que "Si quieres la paz, prepara la palabra".

Publicado en República de las ideas el 27 de abril de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/04/27 18:27:4.718065 GMT+2
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2017/04/20 18:41:52.749670 GMT+2

Epístola a los nuevos belicistas

Alentados por la lluvia de misiles de crucero que el Gobierno de Trump hizo caer sobre Siria, en respuesta a un ataque con armas químicas del que Washington responsabilizó a El Asad sin aportar hasta hoy prueba alguna, y reforzados en su entusiasmo belicista por el uso de la "madre de todas las bombas" (simplemente, una bomba de mayor potencia que las demás) que aniquiló a un número indeterminado de yihadistas en Afganistán, no son pocos los políticos, periodistas y analistas que -también en España- abogan por desplegar en Siria e Irak todo el poder militar de la superpotencia mejor armada que el mundo ha conocido, a fin de aniquilar, de una vez para siempre, al Estado Islámico (EI) y cualquier otro residuo de yihadismo que pudiera sobrevivir al temporal de fuego y metralla con el que sueñan mentes tan calenturientas. Recupere ahora el lector el resuello tras tan largo párrafo inicial, pero preste atención a lo que sigue.

Esa ofensiva total con la que se pretendería poner victorioso final a la "guerra global contra el terrorismo" podría derivar hacia dos rumbos. El más peligroso, pero bastante probable, conduciría a que EE.UU. se viera sumido en una compleja situación de guerra civil entre múltiples facciones enemigas en Siria, Irak, Afganistán, Yemen y otros países donde irían desplegando sucesivamente sus ejércitos en implacable persecución de un terrorismo siempre huidizo.

Sería una situación no muy distinta a la de Irak tras ser invadido por la coalición occidental, que la revista Foreign Affairs (marzo-abril 2007) calificaba así: "De hecho, en Irak se está desarrollando una guerra civil, comparable en muchos aspectos a otras que ocurrieron en los Estados poscoloniales con instituciones políticas débiles".

¿Resolver desde fuera y por la fuerza una guerra de esas características? La tragedia sufrida por Irak tras la aventura militar que allí organizó el iluminado Bush debería ser suficiente experiencia para rehuir cualquier decisión que pudiera conducir a una situación análoga.

Supongamos, por el contrario, que la fortuna sonríe y se avanza por un rumbo más favorable: las fuerzas de EE.UU. barren y aniquilan en Irak y Siria al EI y toda traza de yihadismo e incluso fuerzan la desaparición de El Asad. Tras este resultado, que llevaría al histriónico Trump a lanzar el victorioso grito de guerra Mission acomplished!, los problemas que se presentarían serían quizá aún más complejos e irresolubles que el fracaso militar. Veámoslo.

EE.UU. no podría permanecer ocupando permanentemente los países donde alcanzó la victoria militar, a menos de desear enfangarse en un nuevo Vietnam ampliado y agravado, donde los diversos enemigos no solo lucharían contra la ocupación extranjera sino donde el fanatismo islamista reclutaría innumerables nuevos terroristas y el yihadismo se vería reforzado en sus esquemas teóricos y en el discurso de odio contra Occidente que tanto prestigio le confiere entre los pueblos musulmanes.

Entonces ¿qué hacer después de la aparente victoria? Aprendida la lección, es improbable que se reprodujera la caótica situación de improvisación que siguió a la derrota de Sadam Husein, cuando Washington apenas había previsto lo que podría ocurrir "después" y se le fue la situación de las manos, sembrando y esparciendo un caos cuyos efectos todavía sufrimos hoy.

Por otra parte, Rusia, Irán, Arabia Saudí... kurdos, suníes, chiíes... estarían observando atentamente la evolución de la situación, prestos a llenar cualquier vacío de poder que se produjera tras la inevitable retirada, total o parcial, de las fuerzas de EE.UU. La victoria militar sería un éxito breve, porque la complicada situación actual no tiene solución militar a largo plazo.

¿Estaría Trump preparado para hacerla frente? Más cerca de Atila que de Maquiavelo, el magnate investido con el máximo poder que hoy existe sobre el planeta debería hacer gala de cierta humildad y verdadero sentido del patriotismo, olvidando sus infantiles y rotundas formulaciones en política exterior. Habría de rodearse de asesores experimentados, conocedores de la Historia y menos preocupados por ayudarle a ganar las próximas elecciones presidenciales que por contribuir a la estabilización de un mundo donde la precipitada y a menudo irreflexiva irrupción de las armas estadounidenses -y las de sus aliados- solo ha contribuido a generar nuevos peligros y amenazas.

Serán necesarios menos misiles de crucero, drones o superbombas y más actividad diplomática inteligentemente conducida, apoyo eficaz a los Estados democráticos y respetuosos con los derechos humanos, incentivos económicos para unos y sanciones bien estudiadas para otros, ayuda al desarrollo, diálogo insistente y coherente sobre los intereses enfrentados pero también eficaz actividad policial, informativa y anticipada, coordinada a todos los niveles. Una vez más, y ante el prolongado fracaso de las armas en este largo conflicto, habría que recordar al ciceroniano aforismo: Cedant arma togae.

Publicado en República de las ideas el 20 de abril de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/04/20 18:41:52.749670 GMT+2
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2017/04/13 18:22:16.223673 GMT+2

¿A quién beneficia todo esto?

Al intentar esclarecer el origen del ataque con armas químicas que sufrió la población de Khan Shaijun, en la provincia siria de Idlib, el pasado 4 de abril, no está de más plantear la vieja cuestión: "¿A quién beneficia?". Como represalia por esa acción, sin haber sido capaz de mostrar al mundo alguna prueba que confirmara la responsabilidad del régimen de Damasco, EE.UU. disparó 59 misiles de crucero sobre territorio sirio, violando flagrantemente la legalidad internacional y mostrando un olímpico desdén por la existencia y responsabilidades de Naciones Unidas. Los dóciles Gobiernos europeos, y naturalmente la OTAN, no mostraron objeción alguna a la operación, como era de esperar.

Pero aunque EE.UU. hubiera exhibido algún "cuerpo del delito" siempre quedaría la sospecha de que fuese tan poco digno de credibilidad como las falsas pruebas con las que engañó al mundo en 2003 haciéndole creer que Sadam Husein estaba en posesión de unas peligrosas armas de destrucción masiva, con el único fin de iniciar una guerra que ya estaba anclada a modo de obsesión en la mente de los dirigentes de Washington.

Aquello fue un engaño absoluto, universal, en la misma línea que otros anteriores, como lo fue el famoso "incidente del Golfo de Tonkín", inventado por los servicios secretos de EE.UU., que en 1964 preparó el terreno para iniciar la funesta guerra de Vietnam. O como lo fue también -y esto es algo que nos toca más de cerca a los españoles- el hundimiento del Maine en 1898 en el puerto de la capital cubana, perversamente atribuido a España para facilitar una guerra de agresión que también estaba en la mente de los gobernantes estadounidenses y que a través de los medios de comunicación excitó a las masas populares en favor de la guerra.

Establecida y confirmada por la Historia la capacidad de engaño de las grandes potencias para crear falsos motivos de guerra, basada en su poder sobre los medios de comunicación de alcance mundial y en la actividad de sus servicios secretos, ahora hay que reconocer que el que menos pudo haberse beneficiado del criminal ataque con gas sarín es el dictador sirio, que gozaba del apoyo de Rusia y entonces sabía que Trump no le tenía como enemigo principal en este conflicto, pues ni siquiera exigía su expulsión.

¿Qué iba a conseguir El Asad con esa brutal agresión que tan negativamente había de repercutir en todo el mundo? La más elemental lógica obliga a descartar al presidente sirio como responsable de tal fechoría. Pero no son pocos los que, alarmados por la inicial reticencia de Trump a exigir la destitución inmediata del dictador, podrían estar decididos a contribuir a la creación de un incidente que, al estilo de lo ocurrido en Tonkín o con el Maine, creara las bases para desencadenar una operación de represalia.

The New York Times informaba en noviembre pasado que el Estado Islámico ha utilizado armas químicas en medio centenar de operaciones efectuadas en Irak y Siria. Si esto es cierto (y conviene recordar que en los orígenes de casi todas las guerras el engaño y la mentira son instrumentos esenciales), las sospechas deberían alcanzar también a algunos de los grupos alzados contra el Gobierno de Damasco desde que se inició esta sangrienta guerra.

Pero la lista de sujetos que se beneficiarían de atribuir a El Asad el uso de armas químicas en Idlib es larga. El primer beneficiado es EE.UU., cuyo Secretario de Estado ya ha puesto a Putin ante un peligroso dilema, planteado bruscamente y muy lejos de las estudiadas maneras al uso entre diplomáticos: "Putin tendrá que elegir entre Trump y El Asad". Es puro "trumpismo", alcanzando el punto de ebullición.

Otro beneficiado es la industria bélica de EE.UU., que de momento tendrá que reponer los misiles utilizados y redoblar los tambores bélicos ante un recrudecimiento de la rivalidad entre Washington y Moscú, con ecos de guerra fría: un provechoso negocio de rearme a la vista.

No menos se aprovecharían Israel, Arabia Saudí y los emiratos del Golfo, que temían un distanciamiento de Trump y ahora ven que el nuevo presidente irrumpe a fuego y metralla en el avispero de Oriente Medio, decidido a ajustar cuentas con Irán, a poner firmes al mandatario ruso y, en lo que parece un órdago final, blandir el poder militar aeronaval de EE.UU. frente a las costas de Corea del Norte.

La desestabilización de Siria es un prolongado proceso que, alentado largo tiempo desde Washington, parece entrar ahora en una fase decisiva. Pero en vez de los medidos pasos que sus predecesores en la Casa Blanca dieron con el mismo fin, el impulsivo magnate ahora sentado en el Salón Oval parece empeñado en abarcarlo todo a la vez. Y desea acabar pronto con la tarea emprendida, sin preocuparse mucho por las consecuencias de sus decisiones hasta que éstas broten en forma de nuevos o agravados problemas, contra los que los misiles de crucero de Trump, como ocurrió con los drones de Obama, poco podrán hacer, salvo satisfacer a sus fieles partidarios, que creen ciegamente en él y aceptan impasibles sus repetidos y bruscos cambios de opinión. Atentos, pues, a los nuevos acontecimientos que van a producirse.

Publicado en República de las ideas el 13 de abril de 2017 

 

Escrito por: alberto_piris.2017/04/13 18:22:16.223673 GMT+2
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2017/04/04 18:17:21.164018 GMT+2

Vuelven los refugios antinucleares a EE.UU.

En la primera mitad de los años 60 residí más de dos años en EE.UU., coincidiendo con uno de los periodos más tensos de la Guerra Fría: crisis de Berlín, carrera espacial y nuclear, crisis de los misiles cubanos, etc. Alojado en residencias militares con motivo de la realización de diversos cursos, tuve ocasión de conocer a varias familias estadounidenses que invitaban a menudo a los oficiales extranjeros que temporalmente éramos sus huéspedes. En ocasiones se establecieron estrechos lazos de amistad beneficiosos para ambas partes.

Durante una larga estancia en Texas, pude comprobar que el grado de familiaridad que esos contactos proporcionaban se llegaba a establecer en dos niveles bien marcados. El inicial se alcanzaba cuando el anfitrión mostraba orgulloso su panoplia de armas personales que en algunas ocasiones decoraban las paredes del salón principal de la casa y en otras se conservaban en vitrinas acristaladas en habitaciones más reservadas.

Marcas de fabricantes de armas, calibres, munición, miras telescópicas y otros detalles eran motivo de conversación habitual. Claro está que no se trataba de armas de coleccionista ni de armas inutilizadas para hacerlas inocuas, sino que se probaban a menudo con fuego real en algún club de tiro, pruebas en las que gozosamente participaban también los hijos. Las armas personales eran una parte tan importante de la familia como los animales de compañía que convivían con ella.

Asumida como natural esta peculiaridad, el siguiente grado de confianza al que podía aspirarse era llegar a saber, sin preguntarlo directamente, si el anfitrión disponía o no en su patio trasero de un refugio antinuclear. Llevando la conversación hacia el entonces omnipresente asunto de la inminente guerra nuclear, lo más que podía saberse era si la familia en cuestión la había previsto y estaba preparada para afrontarla. Nunca comentarían pormenores relativos al refugio ni, por supuesto, se lo mostrarían a un desconocido: la garantía de que si se desataba el apocalipsis la familia se protegería en él sin tener que competir con otras personas residía en mantenerlo en secreto ante todos los demás. Solo en la prensa podían leerse artículos sobre las peculiaridades de los diversos tipos de refugio que, al parecer, se vendían profusamente, como el que muestra la imagen.

Pues bien, medio siglo después los refugios antinucleares vuelven a estar de moda en EE.UU. según informaba el diario Haaretz el pasado sábado. Uno de los principales fabricantes de refugios, radicado en Texas, declaró que en los dos meses transcurridos desde que Trump se asentó en la Casa Blanca, la demanda de refugios nucleares creció un 400%, porcentaje aún mayor cuando se trata de refugios de alto standing. Hasta protegiéndose del supuesto desastre nuclear se advierte la desigualdad humana: los multimillonarios dispondrán bajo tierra de refugios con sauna y piscina, sala de cine o gimnasio.

El dueño de la empresa lo justifica diciendo que algunas personas vuelven a tener miedo a una guerra nuclear. Después de ciertas declaraciones de Trump piensan que mientras Irán, China o Rusia sean amenazas para EE.UU., Trump no se achantará y si recurre a la guerra utilizará armas nucleares. Añade que también algunos clientes tienen miedo de un colapso social y económico y desean protegerse al menos durante las primeras semanas de un posible caos ciudadano.

Preguntado sobre el tipo de clientes que solicitan sus servicios dijo que eran prósperos negociantes pero también políticos y famosos actores y deportistas. Según afirma el citado diario, Bill Gates y el propio Trump poseen refugios en varias de sus propiedades y los han ampliado recientemente.

El precio de los refugios de la compañía aludida en el diario empieza en 40.000 dólares para un refugio sencillo, equipado con cocina, camas y las comodidades elementales de una familia. Por unos 130.000 $ se adquiere el modelo básico, con unas dimensiones aproximadas de 3 X 15 m. con filtros de agua y aire, baño, ducha y retretes y un generador solar de electricidad. Tiene capacidad para alojar confortablemente a diez personas. Exportado e instalado en Europa costaría medio millón de dólares.

Los refugios de lujo pueden costar más de ocho millones de dólares, llegan a alojar cómodamente hasta 50 personas y están dotados de aparcamiento, piscina, jacuzzi y sauna, bolera, sala de cine y habitaciones de recreo. Todos ellos utilizan sistemas probados ya durante muchos años en instalaciones oficiales, incluso provistos de ascensores.

Nadie razonablemente cree en la posibilidad de una guerra nuclear en la que intervenga EE.UU. Pero así como el mismo Noam Chomsky, en recientes declaraciones, ha mostrado su temor a que un Trump defraudado en sus expectativas, frenado por el establishment e incumpliendo casi todas sus promesas electorales, sea capaz de simular un atentado terrorista para recuperar el apoyo popular que tanto necesita, la industria de los refugios antinucleares también se aprovecha para mejorar sus negocios de la imagen impulsiva e irreflexiva del magnate convertido en presidente. Mientras el asunto no vaya más allá, no hay todavía motivo para preocuparse. Pero conviene mantener los ojos bien abiertos y la mente lista para cualquier sorpresa.

Publicado en República de las ideas el 6 de abril de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/04/04 18:17:21.164018 GMT+2
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2017/03/30 17:40:5.059800 GMT+2

Londres: dos monótonas lecciones

El atentado terrorista que la pasada semana sacudió Londres y conmocionó sobre todo a la acomodada sociedad occidental, muchos de cuyos medios de comunicación quedaron ciegos y sordos a cualquier noticia que no estuviera relacionada con el suceso, obliga a insistir, aun a riesgo de caer en la monotonía, en un par de reflexiones obligadas que brotan tras la repetición de hechos similares.

Londres: capital del Reino Unido, una de las potencias nucleares del planeta con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En el Parlamento de Westminster se ha discutido sobre el coste y la necesidad de renovar los misiles nucleares Trident de la flota de submarinos estratégicos. Apoyando la moción, la primera ministra May aseguró que esos submarinos "han sido la póliza de seguro" del país durante casi medio siglo y representan "el compromiso del Reino Unido con la OTAN y sus aliados europeos". Desde la oposición, el líder laborista Corbyn replicó que "la amenaza de un asesinato en masa no es una forma legítima de abordar las relaciones internacionales" porque cada cabeza nuclear puede matar a millones de personas.

Ambos tenían razón desde su punto de vista, pero la discusión se ha revelado totalmente inútil. La seguridad de la gran potencia nuclear quedó en evidencia la pasada semana ante un desconocido ciudadano británico que alquiló un automóvil en un agencia sin siquiera ocultar su identidad y guardó un par de cuchillos en la guantera del vehículo.

Con esos instrumentos causó varios muertos y medio centenar de heridos en el corazón de la capital británica, aparte de sembrar la inquietud en gran parte de la humanidad, obligar a la señora May a salir corriendo de la Cámara de los Comunes en busca de su automóvil -secuencia que repitieron hasta la saciedad las cadenas de televisión- y hacer sonar la alarma antiterrorista en todas las capitales de Occidente.

¿De qué sirve la OTAN o el poder nuclear frente al más elemental terrorismo? ¿Cuál es el enemigo del que había que defenderse: Rusia, China, Corea del Norte o ese desconocido terrorista fanático, al volante de un automóvil, al que no le importa morir?

Durante un par de días la información sobre el hecho fue exhaustiva, rozando el ridículo con numerosos detalles innecesarios. Las cadenas competían en una cascada de sobreinformación. Aprovechando el viento favorable, se difundió la prohibición de utilizar aparatos informáticos en los aviones comerciales, concediendo al terrorismo una nueva victoria al limitar nuestras libertades.

La segunda consideración parte de un hecho reciente. Pocos días antes de que en Londres saltaran las alarmas, un ataque aéreo estadounidense contra el Estado Islámico mató a más de 200 ciudadanos en Mosul. Apenas logró titulares y pasó desapercibido para la mayoría de los medios. Lo mismo que los últimos atentados terroristas en ciudades y mercados de Irak o Siria, que sumaron varios centenares de víctimas inocentes, en su mayoría musulmanas.

¿Cuántos terroristas potenciales se habrán creado el día en el que la gloriosa Fuerza Aérea estadounidense destruyó "por error" varios edificios residenciales de Mosul? La violencia engendra violencia y el terrorismo islámico, que se basa y se recrea en la violencia, no es una excepción a esta ley.

Cuando el alucinado Bush, visitando una escuela, supo del derribo de las Torres Gemelas de Nueva York y, para vengar el humillante ataque, decidió convocar a los ejércitos en vez de activar los órganos de seguridad interior del Estado para afrontar un acto terrorista, puso en marcha una dinámica cuyos efectos todavía sufrimos: recurrir a la guerra para combatir el terrorismo.

¿Y ahora qué? Las agencias de investigación avanzada para la defensa están acostumbradas a seguir extravagantes caminos para desarrollar tecnologías presuntamente protectoras. No es fácil detectar a los llamados "lobos solitarios". ¿Qué hacer para descubrir potenciales terroristas entre todos los ciudadanos? La imaginación futurista no tiene límites. Suponga usted, querido lector, que la ciencia neurológica descubre los síntomas cerebrales propios de alguien que en breve podrá cometer un atentado. ¿Deberían pasar periódicamente todos los ciudadanos a través de algún escáner o máquina de resonancia para advertir con tiempo a las autoridades de que el día de mañana pueden ser asesinos terroristas?

Pues igual que nos descalzamos para entrar en un avión, por si nuestros zapatos escondieran un explosivo, o por la misma razón se nos prohíbe el uso a bordo del teléfono móvil y el ordenador portátil, quizá llegue el día en que todos debamos ser observados periódicamente en alguna complicada máquina cuyos algoritmos determinen si tenemos o no riesgo inminente de convertirnos en terroristas suicidas.

¿Es posible imaginar un mejor triunfo para el terrorismo? Orwell se estremecería de envidia ante esa situación. Pues bien: empieza a extenderse la nefasta idea de que para afrontar el terrorismo habremos de acostumbrarnos a perder crecientes parcelas de nuestra intimidad y nuestros derechos personales con la falsa esperanza de alcanzar una seguridad que ningún organismo de ningún Estado es capaz de garantizar. Esto es un paso atrás en el camino que conduce al progreso de la humanidad.

Publicado en República de las ideas el 30 de marzo de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/03/30 17:40:5.059800 GMT+2
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2017/03/23 09:18:3.786641 GMT+1

La retirada estratégica del Estado Islámico

"Retirada estratégica" es una locución ampliamente utilizada, tanto en el ámbito del arte militar (donde con toda seguridad nació) como en el de los negocios y en las relaciones humanas y sociales, sobre todo en el campo de la política. Su finalidad suele ser atenuar la gravedad o el peligro de una derrota, sufrida o inminente, calificando una retirada real -producto de un fracaso- como "estratégica", es decir, como si formase parte de un plan previsto a más largo plazo que permitirá recuperar las pérdidas y alcanzar la victoria final.

Aunque las retiradas estratégicas forman parte del arte de la guerra desde las más remotas batallas narradas en la historia bélica de la humanidad, un claro ejemplo reciente se dio en Irak, donde hace una década la rama local de Al Qaeda rehuyó sistemáticamente la lucha abierta contra las fuerzas iraquíes apoyadas por EE.UU., para reaparecer, años después, bajo la forma del Estado Islámico (EI), inspirado en ese "califato" que es hoy el enemigo más temido por las potencias occidentales, desde Moscú a Washington.

Pero el EI empieza a mostrar signos de decadencia. La amplitud del territorio que ocupa en el Medio Oriente se reduce paulatinamente bajo la presión militar ejercida por las fuerzas de EE.UU., Rusia, Turquía, Siria e Irak. También disminuye el flujo de voluntarios extranjeros que acuden a luchar bajo sus banderas: de los 2000 combatientes que mensualmente engrosaban sus filas hace dos años, en la actualidad apenas alcanzan el medio centenar.

¿Ha llegado el momento en que el EI necesite asumir otra retirada estratégica, para renacer en el futuro vestido con otros ropajes? Es lo más probable, pero según un reciente informe del International Center for the Study of Radicalitation (ICSR), establecido en el londinense King's College, se trataría de una retirada de naturaleza inédita hasta hoy en la historia de las guerras.

El EI no se retiraría a otros territorios, no huiría de las llanuras a las montañas o de las costas a los desiertos; no trasladaría sus recursos bélicos a países todavía no afectados por el terrorismo islámico; no se diseminaría entre la población para enmascararse y pasar desapercibido aplicando la táctica tradicional de la guerrilla.

Según el informe del ICSR, la retirada del EI y la desaparición del califato que le inspira vida tendrían lugar dentro del moderno mundo virtual de las comunicaciones: la supuesta estrategia de supervivencia del Estado Islámico le mantendría activo en Internet, en esas redes sociales de las que con tanta habilidad ha sabido servirse para crecer y desarrollarse.

El EI consideró desde el principio que el manejo de las redes sociales era un arma muy eficaz, que bien utilizada y orientada puede causar daños más contundentes que los más potentes explosivos. "La producción y la difusión de propaganda se consideran a veces más importantes que la yihad militar", dice el citado informe. Lo mismo se lee en un documento interno del EI, titulado en versión inglesa Media Operative, you are Mujahid, too, que puede traducirse como "Operando con los medios eres también un combatiente".

El objetivo de esa presumible retirada estratégica prevista por el EI es que la idea básica del califato subsista en las mentes de sus adeptos aunque el Estado material sobre el que se asienta sea aniquilado o desaparezca temporalmente.

Los ágiles y bien preparados órganos de propaganda mediática del EI están cambiando de estrategia informativa. De los vídeos, imágenes y mensajes que describían un utópico paraíso terrestre, están pasando ahora a mostrar acusados rasgos de nostalgia sobre los días felices de un califato que dejó de existir, a fin de preparar las mentes de sus seguidores para una posible derrota.

Una "retirada estratégica al mundo virtual" es un fenómeno nuevo en la historia bélica y abre nuevos caminos y perspectivas en el desarrollo de los conflictos cuyos efectos están todavía por ver. En el empleo de las redes sociales como instrumento de guerra el Estado Islámico ha ido por delante de sus enemigos; si todavía presenta peligro como un temible adversario esto no se debe a los avances tecnológicos del terrorismo o a su funcionamiento como un Estado cualquiera, sino a la originalidad y fuerza de captación mostradas mediante los modernos medios de comunicación social.

Es en ese nuevo teatro de operaciones donde habrá que continuar luchando incansablemente contra el poder expansivo del terrorismo islamista y los deletéreos efectos que produce en las democracias modernas.

Para evitar que el sueño ideal del califato persista a través de Internet y pueda reavivarse en cualquier momento no bastará con las torpes prohibiciones al estilo Trump ni las amenazas de una aplastante aniquilación militar. Es preciso ganar la batalla en las redes sociales, reafirmando la fuerza de la democracia y los derechos humanos, y rechazando las tendencias xenófobas que brotan en el seno de nuestras sociedades y que se exacerban con cada acto terrorista como el que ayer sufrió Londres.

Publicado en República de las ideas el 23 de marzo de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/03/23 09:18:3.786641 GMT+1
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2017/03/21 09:19:25.548683 GMT+1

El último libro de Javier Cercas

Por si alguien tiene la tentación de adquirir "El monarca de las sombras", la última obra de Javier Cercas que acabo de leer estos días, le aconsejo se informe previamente en este comentario del historiador Francisco Espinosa:

Javier Cercas blanquea de nuevo el fascismo

Un saludo cordial,

A. Piris

Escrito por: alberto_piris.2017/03/21 09:19:25.548683 GMT+1
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2017/03/16 18:21:25.948533 GMT+1

Un ídolo del cine ayuda a Palestina

La última película protagonizada por Richard Gere, "Norman", explora la intersección entre dos mundos ya de por sí peculiares: el de los judíos que habitan en Nueva York y el de la política israelí. Con ocasión de su estreno en Israel, el ya veterano y muy famoso actor, siempre en primera línea en la defensa de los derechos humanos, viajó la pasada semana a Jerusalén donde fue entrevistado por el diario Haaretz.

Para mejor valorar sus declaraciones conviene resaltar el aparente y peligroso vacío en el que Trump ha dejado el problema palestino tras la visita de Netanyahu a EE.UU. en febrero pasado. En la conferencia de prensa que siguió al encuentro entre ambos jefes de Estado, Trump no solo no apoyó la solución biestatal a este intrincado conflicto sino que lo hizo con una notable despreocupación: "Veo la solución biestatal y la monoestatal y me inclino por la que prefieran ambas partes".

Así, sin más, dejó de lado el importante matiz de que "ambas partes" no son entidades equivalentes sino el más claro ejemplo de una brutal asimetría. Una de ellas es un Estado, reconocido internacionalmente, que recibe ayuda económica y apoyo diplomático de EE.UU., y la otra es una entidad no estatal, bajo ocupación y control militar, cuyos ciudadanos son diariamente sometidos a humillaciones y registros y cuya integridad territorial está siendo erosionada por la creación de nuevos asentamientos ilegales que la trocean implacablemente.

Nadie supo deducir de las palabras del magnate convertido en presidente si significaban un cambio en la política anterior de EE.UU. respecto a la solución del problema palestino, una estrategia fluctuante para nadar entre dos aguas o una indecisión como la que muestran las dudas sobre el traslado de la embajada de EE.UU. desde Tel Aviv a Jerusalén o el nombramiento de David Friedman como embajador en Israel, un enriquecido personaje que en el pasado financió la creación de asentamientos ilegales y apoyó la anexión de tierras palestinas en el territorio ocupado.

En estas circunstancias Richard Gere reflexionó sobre la oportunidad de acudir al estreno y lo discutió con el director de la película, el escritor y guionista israelí Joseph Cedar. Sus entrevistadores resaltaron el ánimo amistoso, relajado y sereno del protagonista de "Oficial y caballero" o "Pretty Woman", atribuyéndolo a su budismo zen o a haber alcanzado una cualificación profesional tan alta que le permite elegir proyectos artísticos como "Norman".

La ocupación israelí del territorio palestino fue el asunto más relevante al que aludió Gere, ocupación de la que afirmó que está "destruyendo a todos". No hay justificación posible para ella, dijo: "Los asentamientos son una provocación absurda y, en el ámbito internacional, son totalmente ilegales. No pueden formar parte del programa de quienquiera que de verdad aspire a un genuino proceso de paz".

Dejó claramente expuesto su rechazo a la violencia de ambas partes y la importancia de que el pueblo israelí se sienta seguro, siempre que para conseguirlo los palestinos no sean forzados a la desesperación.

Como es natural, dada su vinculación con los grupos pro derechos humanos, Gere se reunió con representantes de organizaciones que desde dentro de Israel luchan por tender puentes para el diálogo palestino-israelí: "Lo que me gustó de los grupos con los que me reuní fue su ilusión, su esperanza, llenos de alegría, amor y dedicación. Su voluntad era perseverar hasta el fin, seguir activos hasta alcanzar sus objetivos".

También tomó contacto con la organización Breaking the Silence, que se esfuerza por denunciar los abusos militares de la ocupación y que ha sido brutalmente reprimida por el Gobierno. Sobre esto se lamentaba: "¡Es todo tan opuesto a lo que yo entiendo como cultura judía! Poner en tela de juicio a la autoridad [del Gobierno] no te convierte en un traidor o en un kapo [vigilante judío de los campos de concentración nazis]. El criticar las políticas nefastas no te convierte en un judío que se odia a sí mismo. Todo esto es absurdo y es el último recurso de los tiranos".

¿Cómo un Wasp (blanco, anglosajón y protestante), nacido en Filadelfia, convertido al budismo y cuyos antepasados llegaron a América en el Mayflower, habla con tanta seguridad sobre la cultura judía? Afirma haber penetrado a través de sus interpretaciones (desde el "Rey David" hasta "Norman") en el ser humano, en sus percepciones y motivaciones, no solo en el simple papel a protagonizar.

Hay que agradecer a quien el arte cinematográfico pone en sus manos tanta capacidad de publicidad el esfuerzo por conservar la atención del mundo sobre el problema palestino. La ONU y la conferencia de París en diciembre pasado intentaron insuflar algo de vida a la desfalleciente solución biestatal. No puede existir otra: la demografía muestra que un Estado único no podría ser a la vez judío y democrático, descartada por utópica e irrealista la idea de un estado binacional justo y equitativo. Aunque otros problemas aquejen a la humanidad, la ocupación israelí del territorio palestino sigue siendo una mecha encendida que conviene vigilar.

Publicado en Republica de las ideas el 16 de marzo de 2017

(Nota: Una intervención quirúrgica me ha mantenido alejado de Internet durante unos días.)

Escrito por: alberto_piris.2017/03/16 18:21:25.948533 GMT+1
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2017/02/23 20:48:29.819136 GMT+1

Trump arregla las cosas... y ayuda a Ikea

Pocos días después de su investidura, con motivo de una ceremonia de ámbito religioso, Trump explicó una de las ideas básicas de su modo de gobernar: "El mundo está lleno de problemas. Nosotros vamos a solucionarlos. Es lo que yo hago: arreglo las cosas. Creedme, vamos a solucionarlo todo".

No parece, sin embargo, que se arreglen mejor las cosas mediante una costumbre establecida por el insólito presidente tras su explosiva irrupción en la Casa Blanca: la de comunicarse con sus gobernados a través de Twitter cuando intenta reparar alguna de sus antológicas meteduras de pata o explicar las imprevisibles decisiones que hace públicas cuando aparece en persona ante sus fieles seguidores en los multitudinarios encuentros que organiza.

El pasado sábado cometió un sonado desliz cuando en un mitin aludió "a lo que pasó ayer por la noche en Suecia", inventándose un atentado terrorista en ese país: "¡Quién lo iba a creer! -recalcó- ¡En Suecia...! Admitieron un gran número [de inmigrantes] y tienen problemas como nunca imaginaron. Mirad lo que pasa en Bruselas, mirad lo que pasa en todo el mundo".

El motivo real de esta declaración no era sino un paso más en su larga y obsesiva campaña por atemorizar a la población, estableciendo un estrecho vínculo entre inmigración y terrorismo, campaña a la que otros dirigentes políticos en todo el mundo se están sumando para desgracia de la humanidad.

Ante el asombro que provocaron sus palabras sobre un hecho inexistente, el testarudo Trump se justificó con un tuit el día siguiente. Vino a decir que se había enterado del presunto atentado terrorista viendo un programa de la televisión comercial en el canal Fox, el alimento espiritual de la extrema derecha estadounidense. Su confirmado desprecio por los medios de comunicación en general, a los que ataca sin descanso, parece tener excepciones con los que le son más afines.

Aparte del pitorreo que suele generar la verborrea irrefrenable del magnate investido presidente (que incluso ha dado publicidad a la omnipresente Ikea), la primera pregunta que surge al conocer lo sucedido es cómo Trump puede hablar públicamente tan a la ligera a pesar de disponer de los mejores servicios de información y espionaje cuya misión es tenerle al tanto de la situación internacional.

Esto introduce en el asunto un nuevo matiz del que Trump no es el único responsable, dada su inexperiencia política, su ignorancia histórica y el modo "doméstico" con el que pretende dirigir a la nación americana. ¿Se basan siempre las más críticas decisiones políticas de los Gobiernos en la información suministrada por los servicios de inteligencia? A menudo no es así.

En su libro Soviet Leaders and Intelligence, Raymon Garthoff, antiguo embajador de EE.UU. y asesor del Departamento de Estado escribió: "Cuando año tras año, en la década de los 80, los servicios soviéticos no podían encontrar indicios de que Occidente se estuviera preparando para atacar, sus jefes les instaban a redoblar los esfuerzos para hallarlos, en vez de felicitarles por tranquilizar al Gobierno".

En realidad eran poco utilizados. Jruschef provocó en 1958 la crisis de Berlín, aislando la capital del resto de Alemania "sin poseer información alguna sobre las posibles reacciones occidentales". Lo mismo ocurrió cuando "envió misiles nucleares a Cuba sin pedir ninguna valoración sobre las posibles respuestas de EE.UU.". Aún más: Gorbachov realizó una asombrosa pirueta política y estratégica cuando declaró que el enemigo había desaparecido e introdujo cambios drásticos en la economía y las instituciones estatales, sin implicar a los servicios secretos que "no tuvieron ningún papel en la creación del nuevo pensamiento que reconstruyó de raíz la política de la URSS".

¿Estará Trump repitiendo una fórmula de gobierno aplicada por los viejos dirigentes soviéticos, basada en la intuición personal, un conocimiento difuso de la realidad y el mesianismo popular que le ha llevado al poder? Si así fuera, como escribe Garthoff, podría aplicársele el mismo juicio que emitió George Kennan, el embajador de EE.UU. en Moscú a comienzos de la Guerra Fría, cuando al informar en 1946 sobre la URSS, se refirió "al misterio no resuelto sobre si hay alguien en la Unión Soviética que reciba información exacta y no distorsionada sobre el mundo exterior... Ni yo me atrevo a creer que el mismo Stalin posea una imagen objetiva del mundo exterior".

Muchas son las sorpresas que el imprevisible Trump nos reserva, pero resulta curioso que puedan aplicársele algunas de las cualidades atribuidas con certeza a los dirigentes de la extinta Unión Soviética más odiados en EE.UU.

Publicado an República de las ideas el 23 de febrero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/02/23 20:48:29.819136 GMT+1
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2017/02/16 17:58:32.687931 GMT+1

Trump contra el Estado Islámico

De la misma forma en que actuaron anteriores presidentes de EE.UU., que se empeñaron ciegamente en conflictos bélicos sin haber previsto su evolución ni tener planificado lo que harían tras la victoria militar, Donald Trump también ha anunciado que va a volcar todos sus recursos militares para destruir de raíz al Estado Islámico (EI). Pero no ha explicado todavía lo que podría suceder después y cómo afrontarían EE.UU. y sus aliados occidentales la nueva situación creada tras el supuesto aplastamiento del EI bajo el inigualable poder militar de la superpotencia americana.

Es de esperar que sus asesores sean capaces de reflexionar, al menos, sobre lo sucedido en los últimos meses de la guerra que se viene desarrollando en Irak y Siria y deducir cuáles serían las consecuencias más probables de la decisión de Trump, si llega a ponerse en práctica tal como él parece haberla concebido.

Las derrotas del EI en algunas ciudades importantes, como en Mosul, no han logrado liquidar la insurgencia sino que han propiciado su retirada (llamémosla "estratégica") a zonas despobladas, desérticas o montañosas, para rehuir el enfrentamiento directo con los ejércitos nacionales y sus aliados occidentales, aplicando lo que es un principio esencial de la guerra de guerrillas. Esto no ha sucedido solamente en Irak y Siria, sino en cierta medida también ha sido la reacción yihadista en algunos países africanos y en Yemen, bajo la presión militar de sus oponentes.

Otro efecto de la derrota del EI, predominantemente suní, es el auge de los grupos chiíes y el agravamiento de las tensiones interreligiosas entre ambas comunidades, como ocurrió tras la caída de Sadam Husein en aquella loca aventura mesopotámica del alucinado George W. Bush. Sería un error imaginar que esas tensiones no se exacerbarán y se extenderán por otros territorios, incluso trasladándose a los países occidentales, hasta ahora ajenos a ellas.

Pero quizá el más pernicioso efecto de una destrucción del EI en Oriente Medio sea la dispersión de los combatientes yihadistas y su retorno a los países de procedencia, bien entrenados y fogueados en el combate tras luchar en Siria e Irak. Los últimos atentados terroristas en París y Bruselas son muestra de esta posibilidad. La combinación de este efecto y el creciente impacto en los países occidentales de la inmigración por otros motivos (guerras, hambrunas, refugiados políticos o económicos, etc.) supone una creciente carga en los órganos de protección de los Estados, con una tendencia clara a limitar las libertades y derechos ciudadanos, so pretexto de alcanzar una seguridad ilusoria, y el exacerbamiento de las tensiones xenófobas y racistas en la población.

Lo anterior forma ya parte del programa inaugural del presidente Trump y de los partidos europeos de extrema derecha, en pleno auge a causa del temor sistemáticamente inculcado en unas sociedades a las que se asusta con datos falsos sobre la supuesta invasión musulmana, que destruirá sus valores tradicionales y empeorará sus condiciones de vida.

Además de los retornados, la derrota del EI en Siria e Irak podría actuar como inspiración y aliciente para las generaciones más jóvenes de musulmanes nacidos y educados en Occidente, que a duras penas conviven en una sociedad crecientemente hostil a su cultura y a su religión. Sin ser creyentes fanáticos, se radicalizan y aíslan a través de las redes sociales o actos de propaganda que les hacen sentirse culpables en relación con los "hermanos" que arriesgaron o entregaron sus vidas luchando en Oriente Medio.

Por ese motivo se convierten en los llamados "lobos solitarios" que actúan aisladamente. Este tipo de terroristas cuenta con la aprobación del EI y de Al Qaeda, que propugna la yihad fuera del "Califato" y trasladada a los "Estados infieles". Son los artesanos del terrorismo, que eligen por su cuenta los objetivos, adquieren los instrumentos necesarios y se agrupan según sus afinidades, sin apenas infraestructura de apoyo ni órdenes superiores, como el asesino de Niza.

Otra consecuencia de la eliminación del EI sería el refuerzo de Al Qaeda, a la que afluirían los desbandados combatientes de aquél, en países donde ésta sigue activa, como Somalia, Yemen, el Sahel y el Magreb. Una nueva época de inédita actividad terrorista podría ser el resultado, del mismo modo como la creación y apoyo a los primeros grupos yihadistas armados por Occidente para expulsar a la URSS de Afganistán desencadenaron una nueva forma de lucha cuya expansión e intensidad pocos habían anticipado.

Trump y sus asesores no deberían ignorar una vieja lección de la historia bélica de la humanidad, que enseña que las guerras se sabe (aunque no siempre) cómo y por qué comienzan pero es prácticamente imposible adivinar cómo van a concluir y qué nuevas situaciones van a crear.

Publicado en República de las ideas, el XX de febrero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/02/16 17:58:32.687931 GMT+1
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