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2022/06/14 09:49:52.514155 GMT+2

Los actores de la Historia

La ebullición geoestratégica que estos días sacude el mundo, propiciada por la invasión rusa de Crimea, pone de nuevo los focos de atención sobre ciertas personas cuyo protagonismo es evidente: Putin, Zelensky, Lavrov, Biden, Stoltenberg... Además de reflexionar sobre la influencia personal de cada actor, es frecuente en los medios de comunicación especular sobre "lo que pudo haber ocurrido si...".

El ámbito parece ilimitado: ¿Que habría ocurrido en España si el golpe del 23-F hubiera tenido éxito? ¿Cómo se habría desarrollado Europa si Napoleón hubiera triunfado en Waterloo?  ¿Y si Constantino no hubiera hecho del cristianismo la religión oficial del Imperio? Al retroceder en el tiempo, el abanico de reflexiones se hace muy amplio y las situaciones imaginadas llevan desde el campo meramente histórico al de la historia novelada o "ficción histórica", tan popular hoy.

Pero hay revisiones históricas que permiten estudiar con fundamento un pasado no muy lejano, sobre el que existen fuentes acreditadas, y extraer conclusiones de aplicación práctica para la actualidad. No es difícil conjeturar la probable evolución de la historia mundial si en 1941 Hitler hubiera aplastado a la URSS, como parecía lo más probable, y luego se hubiera hecho con la primera bomba atómica. No se trata de aportaciones a la ficción histórica sino de serios estudios a posteriori, relacionados con el "por qué no fue así". En este caso, analizar por qué el más potente ejército del momento no destruyó a su enemigo oriental, peor preparado y más desorganizado. Mucho se ha escrito sobre esto y no seguiré por este camino.

Pero dando por concluida la 2ª G.M. del modo como ocurrió y no como "podría haber sido", es tanto o más interesante descubrir por qué fue seguida por los penosos años de la Guerra Fría. Un tiempo perdido para el desarrollo pacífico de la humanidad, durante el que nacieron muchos de los problemas que aquejan al mundo de hoy.

A esto precisamente se dedicó el historiador estadounidense Frank Costigliola que en 2012 publicó Roosevelt’s Lost Alliances: How Personal Politics Helped Start the Cold War (Las alianzas perdidas de Roosevelt: cómo la política personal contribuyó a iniciar la Guerra Fría).

Como es sabido, Roosevelt se esforzaba por mantener una buena relación con Stalin. No cerraba los ojos a la evidencia de que, como resultado de las operaciones bélicas, se establecería una hegemonía soviética sobre varios países centroeuropeos antes invadidos por Alemania. Pero pensaba que la situación se controlaría mejor manteniendo abierta una vía de diálogo y cooperación y no mediante presiones y amenazas contra la URSS, donde Stalin desconfiaba de unos aliados a los que suponía propensos a destruir el país soviético a nada que se presentara la ocasión.

Según Costigliola, Roosevelt esperaba que en la postguerra EE.UU., el Reino Unido y la URSS actuaran juntos como la policía mundial de mantenimiento de la paz. Se oponía a los planes de Churchill y Stalin para repartir el mundo en áreas de influencia, pero aceptaba la división de facto producida por la ocupación militar resultado de la guerra. Roosevelt creía que se podría llegar a un entendimiento pacífico si se vencía la desconfianza innata de Stalin sobre la seguridad de la URSS, que le impulsaba a pedir una zona de protección entre su país y los demás Estados europeos.

Para el autor del libro, el principal obstáculo a unas relaciones armoniosas en la posguerra no era Stalin sino Churchill, por sus tendencias imperialistas y coloniales. Algunos historiadores opinan que era difícil saber de cuál de sus dos principales aliados recelaba más Churchill, que temía las ambiciones estadounidenses sobre el declinante Imperio británico.

Pero Roosevelt adolecía de una mala salud, perdió a algunos de sus mejores asesores y murió de repente en la primavera de 1945, poco antes del fin de la guerra. Entonces, escribe Costigliola, un Truman inexperto y carente de imaginación cayó bajo el influjo de sus incapaces consejeros: "Si Roosevelt hubiera vivido algo más... hubiera podido gestionar la transición hacia un mundo de posguerra dirigido por los 'Tres Grandes'".

La versión que Costigliola construye sobre "lo que pudo haber sido si..." ha sido sometida a discusión, como es natural, pero al menos sirve para mostrar dos importantes axiomas de la Historia. Uno de ellos se refiere a la influencia que ejerce la personalidad de los grandes actores en el desarrollo de los acontecimientos y el curso de la Historia. La segunda es la consideración de que, muy a menudo, detalles secundarios de una vida personal pueden influir en el orden mundial durante largo tiempo. ¿Nos hubiéramos ahorrado las graves y prolongadas inquietudes de la Guerra Fría si Roosevelt hubiera vivido unos años más, mejor atendido por su médico personal? ¿Cómo se hubiera configurado el mundo de la posguerra?

Publicado en el foro "Milicia y Democracia" de infoLibre el 14 de junio de 2022

Escrito por: alberto_piris.2022/06/14 09:49:52.514155 GMT+2
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2022/05/23 13:24:53.358784 GMT+2

Resultado final: EE.UU. 3 - Europa 0

Los efectos de una guerra no siempre son perceptibles de modo directo. Y en bastantes ocasiones pueden ser contrarios al fin último por el que se desencadenó.

Son numerosos los ejemplos que la Historia proporciona al respecto. Así, en la época de las descolonizaciones, muchas guerras "de la independencia" desencadenadas por pueblos que deseaban recuperar su soberanía y huir de la explotación a la que estaban sometidos por las metrópolis acabaron regidos por gobiernos de su propia naturaleza pero tanto o más tiránicos que los derrotados. Al fin y al cabo, aprender a colonizar también tiene su mérito.

El resultado final de la 1ª Guerra Mundial encerró los gérmenes que desencadenarían la 2ª, cuya conclusión, a su vez, preparó el terreno para los innumerables conflictos que se extendieron sobre todo el planeta y cuyos efectos todavía se sienten hoy.

Algo parecido va a suceder con la actual guerra entre Rusia y Ucrania. Merece la pena extenderse en ello. El resultado probable del actual conflicto puede ser una larga y penosa guerra de desgaste o puede concluir con la partición acordada de Ucrania, entre otras hipótesis. No entra en este análisis la posibilidad de una guerra total entre las potencias nucleares, la derrota militar de Rusia ni el derrocamiento del presidente ruso que cambiara radicalmente el panorama político. Aunque ninguna de ellas es totalmente descartable. Sin embargo, sea cual sea ese resultado, esto no afecta a lo que aquí se va a comentar.

En cualquier caso, el primer efecto de la conclusión de esta guerra sería la recuperación del pueblo ucraniano tras los catastróficos efectos del conflicto sobre su demografía, economía e infraestructuras. Y el comienzo de una necesaria reconstrucción que le permita volver a tomar las riendas de su destino. Reconstrucción de la que los países que hoy se dicen sus aliados sabrán extraer los habituales beneficios.

Un segundo efecto tiene todavía mayor relevancia: la creciente popularidad de la OTAN como garantía de seguridad para los pueblos del continente europeo. Tras haber sido considerada como una alianza militar inútil, cuando bruscamente desapareció el enemigo que la hizo nacer y desarrollarse, o encontrándose en "muerte cerebral" (Macron dixit), cuando acumulaba un fracaso tras otro, ha pasado a ser ansiosamente deseada por todos lo que miran con recelo a la nueva Rusia "de Putin".

Que Finlandia y Suecia rompan su neutralidad para solicitar su ingreso en ella es un síntoma claro de que muchas percepciones populares han cambiado en los últimos años. El grupo de países europeos "no alineados" (Irlanda, Austria, Finlandia, Suiza, Suecia, Malta y Chipre) ha perdido dos significativos miembros y la OTAN respira, aliviada. Quizá también ensoberbecida, tras un periodo algo humillante.

Sin embargo, el tercer efecto de esta guerra es el más crítico: Putin, al invadir Ucrania con vagos pretextos, ha puesto a Europa a los pies de EE.UU. Las discusiones sobre la creación de una fuerza militar autónoma, propiamente europea y que no dependiera de ningún país extranjero, han recibido un golpe mortal. Washington vuelve a ser la capital de la que depende en último término la defensa militar de Europa. Una anomalía que ya rechazó De Gaulle y que siempre ha sido el punto vulnerable para alcanzar una Europa plenamente independiente.

De ahí que los europeos volvamos a pisar terreno resbaladizo. ¿Y si en la Casa Blanca se instala en 2025 un presidente de estilo "trumpiano", que desprecie a la OTAN y que invierta el sentido de la política exterior de Biden? Ya ocurrió una vez y puede volver a ocurrir.

De ahí que el resultado final de este conflicto podría describirse, por el momento, con una sola frase: "Putin ha logrado que Europa dependa otra vez de EE.UU." Seguramente no lo buscó, pero lo ha conseguido.

No solo dependerá militarmente, puesto que será la industria militar de ese país la que provea de armamento a los Estados europeos, remilitarizados siguiendo las exigencias de la OTAN, y también desde EE.UU. llegarán algunos de los recursos energéticos que ya no enviará Rusia. Triple éxito para Washington. La aventura iniciada por Putin puede tener un claro resultado final: "Europa 0, EE.UU. 3". No es un marcador del que enorgullecerse.

Publicado en el "foro Milicia y Democracia" de infoLibre el 23 de mayo de 2022

Escrito por: alberto_piris.2022/05/23 13:24:53.358784 GMT+2
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2022/04/14 08:14:51.050934 GMT+2

Ucrania: guerra y propaganda

En "Los ojos de la guerra" (Plaza y Janés, 2001, libro coordinado por Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez), escribe el periodista polaco Ryszard Kapucinsky al tratar del papel de los medios de comunicación en el conocimiento de la realidad: "Hoy la pequeña pantalla se ha convertido en una nueva fuente de la historia (...) La versión que difunde la televisión, incompetente y errónea, es la que se impone sin que podamos contrastarla". Y añade: "Nuestro problema consiste en que los medios se multiplican a una velocidad mucho mayor que los libros que contienen un saber concreto y sólido, y de ahí que la civilización caiga cada vez más en una dependencia de la versión de la historia que ofrece la televisión, una versión ficticia y no verdadera".

Si a lo anterior unimos el hecho comprobado de que, en toda guerra, la propaganda es esencial para facilitar el desarrollo de las actividades bélicas, podemos entender mejor el caos informativo que sobre el mundo ha extendido la invasión rusa de Ucrania. Lo que para unos es simple propaganda bélica, para otros es la realidad. Del mismo modo que parte del pueblo ruso acepta las explicaciones que sobre este conflicto difunde el presidente Putin mientras en nuestros medios de comunicación se tachan de burda propaganda, gran parte del mundo occidental vivimos embebidos en lo que anuncian el presidente Biden y el secretario general de la OTAN Stoltenberg, sin advertir que esto ha de incluir también su cuota obligada de propaganda.

Hay dos tipos básicos de propaganda: la mentira y la ocultación de la realidad. El inconveniente de la mentira es que siempre acaba desvelándose: "Los españoles volaron el Maine", "Sadam Hussein posee armas de destrucción masiva", etc. Es una propaganda eficaz si solo se desea obtener efectos inmediatos y si está correctamente diseñada, basada en pruebas bien falseadas y ampliamente difundidas.

El segundo tipo es algo más insidioso: se trata de ocultar realidades. "Cancelarlas", como se dice ahora. No aludir a ellas. Extender un telón opaco ante lo que no debe difundirse.

Por ejemplo: el 24 de marzo de 2021, Zelensky dictó un decreto presidencial para recuperar Crimea. ¿Le suena esto al lector? Pocos medios, si hubo alguno, se hicieron eco de tal noticia. Tras ello, hubo movimientos de tropas hacia el sureste ucraniano. Poco tiempo después la OTAN desarrolló unas maniobras desde el Báltico al mar Negro.  ¿Sorprende que desde el punto de vista ruso esto pudiera considerarse una amenaza?

Otro más: En la raíz de la guerra actual está la anexión rusa de Crimea en 2014. Los libros que añora Kapucinsky explicarían bien las profundas raíces históricas, sociales y culturales que unen a Crimea más estrechamente con Moscú que con Kiev. En 1991, tras un referéndum, Crimea se convirtió en una república autónoma de la URSS, seis meses antes de que Ucrania también se independizara. El gobierno de Kiev invadió Crimea en 1995 y derogó su constitución. Esto tampoco se conoce: ¿será "propaganda por ocultación"?

Tampoco es muy sabido que Crimea pidió unirse a la Federación Rusa tras otro referéndum celebrado en 2014, con un resultado similar al de 1991. Veamos las dos caras de la misma moneda: "Rusia ha invadido y ocupado Crimea", es propaganda para unos y realidad para otros, como lo es también: "Crimea se ha reintegrado a Rusia".

¿Que una noticia sea propaganda para unos y realidad para otros es algo que debería extrañarnos? No. Es el resultado obligado de una guerra en curso.

Solo la Historia, años después, nos permitirá conocer cómo fue el conflicto que ahora produce muerte y destrucción en un Estado europeo, desconcierto en los demás, penuria para unos, pobreza para otros, ocasiones de lucro y estafa para algunos y una sensación de tristeza y desánimo para la humanidad. Quizá la Historia sepa mezclar en su ancestral coctelera mentiras y verdades para alcanzar la realidad. Aunque no la lleguemos a ver nosotros.

Publicado en el Foro "Milicia y Democracia" de infoLibre el 13 de abril de 2022

Escrito por: alberto_piris.2022/04/14 08:14:51.050934 GMT+2
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2022/03/13 16:09:29.417132 GMT+1

Disuasión, fronteras e inmigrantes

Los recientes intentos multitudinarios de entrada forzada de inmigrantes en Melilla, junto con la vieja polémica sobre el uso de distintos tipos de alambradas, han vuelto a poner en tela de juicio la idea fundamental del sistema fronterizo: el acero de las alambradas y la acción policial disuadirán -se dice- a los inmigrantes que intentan penetrar ilegalmente en territorio español. Merece la pena dedicar atención al asunto.

El concepto de disuasión sirvió para asentar la Guerra Fría a mediados del siglo pasado, cuando se trasladó al campo nuclear: la "disuasión nuclear". Una acumulación creciente de armas de destrucción masiva que, según algunos, garantizó la paz internacional. Otros han sostenido la idea de que los principales beneficios de la disuasión fueron a recaer en las grandes corporaciones del armamento, a cambio de destruir las estructuras sociales de la paz y de generar un trasfondo de miedo que contribuyó a deteriorar los fundamentos de la democracia.

De cualquier modo, aquella disuasión poco tiene que ver con lo que se aduce respecto a la frontera melillense. Esto es así porque la disuasión nuclear fue (y sigue siendo) "activa", es decir, depende de la voluntad de los gobernantes para amenazar con sus armas y crear situaciones favorables, según su modo de entender las relaciones internacionales. No ocurre lo mismo con las defensas fronterizas aquí discutidas, que constituyen una disuasión "pasiva": una vez instaladas, su acción solo se hace sangrienta cuando "son atacadas" por los que van a sufrir sus efectos. Este es el núcleo del asunto al que me refiero.

Cierta racionalidad presente en los gobernantes de los dos bandos enfrentados durante la Guerra Fría hizo que no surgieran los hongos nucleares a los que abocaba forzosamente cualquier fallo en la disuasión. La comparación entre las ventajas y los inconvenientes que traería consigo el recurso a lo nuclear no paralizó la carrera de armamentos pero sí bloqueó los botones de FUEGO de los lanzadores de misiles y "lo impensable" no llegó a producirse.

Se cree que las defensas fronterizas disuadirán a los inmigrantes, y aquí entra el tercer término del título de este comentario). Las alambradas pueden causar heridas e incluso de la muerte por desangramiento, como ya ha ocurrido en algún caso. Pero esa disuasión pasiva, esa amenaza de sangre, dolor y padecimiento, tendría que ser superior a la denodada voluntad de los inmigrantes para completar su penoso recorrido, cuando solo les quedan unos metros para alcanzar la meta.

Ellos están al final de una larga odisea que comenzó semanas, meses o años antes y que consumió los escasos recursos de una familia, allá en África o Asia, que todo lo espera de su éxito; la creciente ansia de los que cada vez ven más próximo el final de su sufrimiento es lo que da al traste con la teoría de la disuasión: carece de valor frente a la desesperación que les lleva a saltar la valla y a agredir a las fuerzas policiales.

Incluso durante la era de la disuasión nuclear, las pocas veces que ésta estuvo a punto de fracasar lo fue por algún ramalazo de desesperación política o militar, cuando los obstáculos, las sospechas o las desconfianzas hacían temer a los gobernantes que pisaban terrenos resbaladizos donde no se sentían seguros y perdían el control de su poder. Recuérdese que el primer incidente político serio de esta naturaleza se produjo con motivo de la Guerra de Corea, cuando en marzo de 1951 el general MacArthur pretendió poner fin definitivo a un conflicto cuyo desenlace no se veía claro, atacando a China con armas nucleares por su participación en el conflicto. El presidente Truman lo destituyó, levantando una gran controversia política en EE.UU.

Los inmigrantes que periódicamente asaltan con desesperación la muralla que les separa de ese mundo en el que pretenden rehacer sus vidas son inmunes a esa teoría de la disuasión que exige reforzar el muro europeo, incluyendo el segmento español en África. El error fundamental de la polémica no se halla tanto en los medios (alambradas, perímetros defensivos y demás) como en la finalidad buscada. Solo por esta vez (y sin que sirva de precedente) suscribo lo que hace algún tiempo declaró un portavoz de los obispos españoles: "No se puede atentar contra la vida de unas personas desvalidas que buscan mejorar su vida... El inmigrante no es un peligro, es alguien que aporta riqueza a la construcción social del país".

La cuestión solo podrá resolverse atacando a las causas que inducen a esa desesperación ciega que mueve a las personas y a las muchedumbres angustiadas y las hace inmunes a cualquier medio de disuasión.

Publicado en el foro "Milicia y democracia" de infoLibre, el 12 de marzo de 2022

Escrito por: alberto_piris.2022/03/13 16:09:29.417132 GMT+1
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2022/02/13 08:58:24.907050 GMT+1

Ucrania y los temores de Putin

Dentro de la oleada propagandística que la OTAN está emitiendo estos días para justificar su reactivación ante el conflicto en Ucrania, siguiendo las huellas del Pentágono, se insiste en la idea de que la agresividad de Putin obedece a su temor de que, gracias a la OTAN, la democracia llegue a establecerse firmemente en ese país. Siendo así, esto podría producir un efecto de eco en Rusia y reforzar las populares protestas democráticas contra el ostensible autoritarismo del presidente ruso.

El argumento carece de base, como enseguida se verá. En primer lugar, recordemos que la hoja de servicios otánica en su misión de crear o reforzar democracias por el mundo es bastante impresentable. Eso, sin contar con que tuvo en su seno a la Grecia "de los coroneles" y el Portugal de Oliveira Salazar, y hoy incluye a la dudosa democracia turca. Las credenciales democráticas de la OTAN no son indiscutibles.

La muestra más reciente de que la democracia no se impone por la fuerza de las armas la tenemos en Afganistán, donde el más poderoso ejército del mundo se ha visto forzado a retirarse, dejando el campo libre a los talibanes. Algo parecido ocurrió en Libia y en otros países, donde concluida la Guerra Fría y desintegrada la URSS, EE.UU. se creyó el centro de un "mundo unipolar" que podría modelar a su voluntad.

La tensión expansiva de la OTAN no es reciente y ya produjo claros síntomas de rechazo en Rusia mucho antes de la llegada de Putin al poder en el año 2000.

En la década de 1990, no solo en Rusia se reaccionó negativamente ante el expansionismo otánico, sino que numerosas y relevantes personalidades de la política de EE.UU. (George Kennan, Paul Nitze, Richard Pipes, Robert McNamara, etc.) expresaron públicamente que la ampliación de la OTAN al Este de Europa "envenenaría las relaciones con Rusia, contribuyendo a reforzar las tendencias autoritarias y nacionalistas dentro de ella".

Esta es la parte de responsabilidad que le corresponde hoy a EE.UU. en el conflicto ucraniano y de la que se habla muy poco en Occidente.

En 1993 la embajada de EE.UU. en Moscú envió un cable al Secretario de Estado advirtiéndole que la ampliación de la OTAN era "neurálgica para los rusos", porque dividiría a Europa dejándoles a ellos fuera: "[la ampliación] sería universalmente interpretada en Moscú como dirigida solamente contra Rusia".

El mismo año, Yeltsin escribió al presidente Clinton y a los dirigentes de Alemania, Francia y Reino Unido mostrando su plena oposición a que entraran en la OTAN antiguos Estados soviéticos mientras se excluía a Rusia. La debilidad de Rusia durante los últimos años del siglo pasado le hizo tener que aceptar la temida llegada de la OTAN hasta el borde de sus mismas fronteras. El actual jefe de la CIA, entonces embajador estadounidense en Moscú, advirtió al presidente Bush de que si Ucrania y Georgia entraban en la OTAN eso sería considerado como una "grave amenaza" para Rusia.

La llegada de Putin al poder cambió bastante el panorama. A trancas y barrancas, Rusia había ido saliendo de la catástrofe que supuso la rápida demolición de la URSS (y su brusca adopción de la economía de mercado) y empezó a mostrarse con reforzado poder y renovadas ambiciones en los conflictos internacionales. Hoy está claro que Putin no teme a la aparición de una democracia en Ucrania: lo que en verdad teme es a la presencia de la OTAN en esa frontera. Y ese temor está en el corazón del conflicto que hoy padece Europa.

Su resolución habrá de alcanzarse a través de canales diplomáticos y no solo acumulando material de guerra a ambos lados de la frontera. Pero en el indispensable diálogo que habrá de desarrollarse entre ambas partes no se puede ignorar todo lo que la Historia reciente de Europa nos ha enseñado ni pensar que toda la culpa reside en el adversario. Cedant arma togae!

Publicado en el foro "Milicia y Democracia" de InfoLibre el 12 de febrero de 2022

Escrito por: alberto_piris.2022/02/13 08:58:24.907050 GMT+1
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2022/01/15 08:34:43.236579 GMT+1

Anticipando el próximo golpe en EE.UU.

A mediados del pasado mes de diciembre, tres generales retirados del Ejército de EE.UU. expresaron a través del Washington Post su temor de que, si se repitiera una grave crisis como la del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, habría sectores de las Fuerzas Armadas con los que no podría contarse para defender al Gobierno legítimamente formado. Es decir: apoyarían una nueva insurrección.

"Sentimos escalofríos ante la idea de que un golpe pudiera tener éxito la próxima vez", escriben textualmente. Recuerdan que una de las fortalezas de los ejércitos es su variada composición humana, con personas de distintas creencias, culturas y opiniones, pero insisten en que si esto no se maneja cuidadosamente "cabe la posibilidad de un colapso militar que refleje la descomposición social y política" que se observa hoy en EE.UU.

En la acción insurreccional de 2021 participaron militares retirados y en activo, e incluso surgió un grupo de altos jefes, autodenominado Flag Officers 4 America, que publicó una carta apoyando las falsas acusaciones de Trump contra la legitimidad del proceso electoral.

La posibilidad de una ruptura de la cadena de mando según líneas partidistas es algo muy grave si se repitiese un movimiento insurreccional, porque puede conducir a la formación de unidades militares que obedezcan al presidente electo y otras, al candidato derrotado, lo que inevitablemente abocaría a una guerra civil.

Los acontecimientos de enero de 2021 mostraron una increíble falta de previsión militar. El entonces Secretario de Defensa testificó posteriormente que había impedido proteger militarmente el Capitolio, mientras que el Jefe del Estado Mayor Conjunto se apresuró a comprobar que la cadena de mando nuclear (el "botón rojo") no había sido perturbada por los amotinados.

Ante el proceso electoral del medio mandato en 2022 y la elección presidencial de 2024, los generales citados afirman que "hay que prepararse para lo peor". Sugieren refrescar las leyes de la guerra que autorizan la desobediencia ante órdenes ilegales, confirmar y establecer claramente las cadenas de mando, para que nadie ignore de quién depende en caso de un conflicto nacional.

No está de más identificar en los cuarteles a los potenciales amotinadores, detectar propaganda orientada a la rebelión y vigilar su difusión. Concluyen recomendando que el Departamento de Defensa ensaye "juegos de guerra" relacionados con el traspaso del poder presidencial tras unas elecciones, para detectar los puntos vulnerables y garantizar que el proceso se desarrolle sin violencias ni insurrecciones.

Su alegato concluye así: "Los militares y los legisladores poseen preparación y habilidad suficientes para evitar otra insurrección en 2024, pero solo lo conseguirán si toman ya hoy acciones decisivas".

Tiene que ser "hoy" porque, según algunos analistas de la situación, "El peligro de un golpe [de Estado] en las próximas elecciones en EE.UU. es hoy mayor que lo que fue durante [la presidencia de] Trump", como se leía en The Guardian el pasado 3 de enero. Esto no es un problema solo de EE.UU. Afecta a todos los países que aspiran a vivir en democracia y evitar a los nuevos Trump que pueden surgir en cualquier parte del mundo. Y no conviene esperar a que la última línea de defensa sea la militar, pues es evidente que no está del todo preparada para este tipo de ofensiva.

Publicado en infoLibre el 15 de enero de 2022

 

Escrito por: alberto_piris.2022/01/15 08:34:43.236579 GMT+1
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2022/01/01 09:16:41.942933 GMT+1

No más 'casus belli' en 2022

A mis apreciados lectores:
 
Además de servirme de este mensaje para desearles a todos un Año Nuevo que satisfaga sus aspiraciones, me permito poner a su alcance dos artículos sobre política internacional, referidos a un asunto que está comenzando a emponzoñar a Europa. La OTAN vuelve a hacer resonar los tambores de guerra en torno a Ucrania y sus ecos resuenan en los cuarteles occidentales, anunciando todo menos la paz.
 
El primero de ellos lo publiqué en República de las ideas el 18 de abril de 2014 y condensa una visión exterior de esa "Ucrania siempre dividida", cuya situación entre Rusia y Europa se puede convertir en un serio problema para el equilibrio internacional. Puede leerse aquí:
 
http://www.javierortiz.net/voz/piris/esa-ucrania-siempre-dividida
 
El segundo artículo fue publicado anteayer en el diario digital Público, y en él su autor (que supongo no me reprochará el uso que estoy haciendo de su trabajo) practica esa norma básica de toda estrategia que es ponerse en el punto de vista del rival, para evitar que los malentendidos se agraven con consecuencias imprevisibles:
 
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/55224/ucrania-es-casus-belli-senores-de-la-otan/
 
 
Esperemos y deseemos, además, que en el naciente año 2022 los "casus belli" no nos acorralen desde las muchas zonas conflictivas que aquejan hoy a nuestro angustiado planeta.
 
Un cordial saludo,
 
Alberto Piris

Escrito por: alberto_piris.2022/01/01 09:16:41.942933 GMT+1
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2021/11/12 15:37:41.468216 GMT+1

¿A quién beneficia otra Guerra Fría?

La humanidad está ahora aquejada por una pandemia que requiere esfuerzos y atención a todos los niveles de la política y la ciencia. Está sufriendo ya los primeros trastornos de una emergencia climática que puede dar al traste con los cimientos de nuestras civilizaciones y culturas. Y no solo eso: cada vez son más quienes empiezan a dudar de los valores de la democracia, puestos en tela de juicio y atacados a través de los nuevos medios de comunicación interpersonal, donde verdad y mentira tienen el mismo peso. A esto se añade la constatación de que el sistema económico mundial genera desequilibrios entre las sociedades y dentro de ellas, provocando un creciente descontento que impulsa a millones de seres humanos a la emigración.

En tal coyuntura es obligado preguntarse: ¿A quién beneficia una nueva Guerra Fría? Porque en los últimos tiempos se han dado pasos hacia ella que parecen irreversibles. Uno es especialmente peligroso: El Gobierno de EE.UU. y sus aliados han generado una evidente aceleración militar en el Oriente asiático, que parece dirigida contra China. La consolidación de la alianza conocida como AUKUS (Australia, Reino Unido y Estados Unidos) está encaminada a una situación que podría derivar en una guerra nuclear entre los dos países más potentes y ricos del planeta.

Aunque ante la Asamblea General de la ONU Biden declaró que lo último que él desea es "una nueva Guerra Fría o un mundo dividido en dos rígidos bloques", los hechos parecen apuntar en otra dirección. Para advertir esa paradoja basta imaginar otro escenario mundial. Suponga el lector que China, Rusia y Venezuela anunciasen su alianza en un bloque militar. Como consecuencia de ello, se instalarían bases militares chinas en Venezuela con el consiguiente despliegue de tropas. Por el Caribe navegarían buques y submarinos chinos o rusos y volarían aviones de la misma nacionalidad. Éstos y los buques-espía registrarían las actividades de EE.UU. y en aguas atlánticas, no lejos de las costas americanas, se desarrollarían maniobras aeronavales chino-rusas. Venezuela recibiría submarinos de propulsión nuclear y podría almacenar uranio habilitado para armas nucleares. ¿Cómo reaccionaría el Pentágono?

Nada de lo anterior es cierto, pero permite entender la perspectiva china de la situación geoestratégica en la que se encuentra, si en vez de Venezuela, el Caribe y Rusia, se observa el mar de la China Meridional, Corea, Japón y Formosa y el nuevo tratado AUKUS.

Washington ha calificado dicho tratado como apuntando a "un futuro de paz y oportunidades para todos los pueblos de la región". Desde China la visión es muy distinta: EE.UU. tiene varias bases militares de Australia y otras 300 repartidas por el Este asiático, mientras que China no posee ninguna base en el hemisferio occidental ni próxima a las fronteras de EE.UU. Además, los países miembros del AUKUS han sostenido recientemente guerras en Afganistán e Irak, en África, desde Libia hasta Yemen y Somalia, y en Filipinas. Por el contrario, los últimos enfrentamientos armados que China ha mantenido fuera de sus fronteras fueron una breve guerra en Vietnam en 1979 y unos conflictos fronterizos con la India en 2020.

Es así como se pueden entender algunas acciones de rearme chino que, sin ser amenazadoras para Occidente, buscan romper cierta sensación de acoso. Porque la realidad fácilmente comprobable y objetivamente irrebatible es que China no es rival militar para EE.UU., pero sí lo es en los terrenos económico y político.

No hay que ser muy avispado para entender que una nueva Guerra Fría entre EE.UU. y China solo beneficiaría a las grandes corporaciones mundiales del armamento en los países que ocupan los puestos de cabeza en las tecnologías bélicas. Los pueblos de la Tierra nada ganarían con ella.

Publicado en el Foro "Milicia y Democracia" de infoLibre el 12 de novimbre de 2021

Escrito por: alberto_piris.2021/11/12 15:37:41.468216 GMT+1
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2021/10/19 16:00:5.529061 GMT+2

El patrimonio mundial del exilio

Oliver Wainwright es un joven arquitecto británico, prolífico escritor y crítico en cuestiones de arquitectura y urbanismo. El pasado 14 de octubre escribió en The Guardian un interesante artículo que merece la pone poner al alcance de los lectores españoles.

Conviene recordar que la UNESCO estableció en 1972 la figura de "patrimonio de la Humanidad", de tipo cultural o natural, atribuible a aquellos lugares que, por diversas razones, constituyen un "valor universal excepcional".

Así, en España nos enorgullecemos de poseer casi medio centenar de tales sitios, solo rebasados en número por Italia y China. Desde el Palmeral de Elche a la arquitectura urbana de Ávila, Alcalá o Baeza, por citar solo pocos. Hay otros de renombre mundial, como la Gran Muralla china, el Taj Mahal indio, el Machu Pichu peruano o la Acrópolis ateniense.

Sin embargo, para Wainwright, el lugar donde fue hecha la fotografía adjunta, merecería también los honores de ser patrimonio mundial de la humanidad. Veamos las razones que aduce.

Es el campo de refugiados palestinos de Dheisheh, próximo a Belén, y de él trata una exposición que acaba de inaugurarse en Londres con el propósito de transformar la idea habitual de "patrimonio de la humanidad".

El citado campo se organizó en 1949 para albergar a unos tres mil palestinos expulsados de sus hogares por las milicias judías durante la guerra árabe-israelí. Desde entonces ha ido creciendo hasta alojar a unas quince mil personas. En sus comienzos era un campamento de estructura militar establecido por la Agencia de la ONU para los refugiados (UNRWA) en territorio jordano, pero cuando se vio que el conflicto no tendría solución inmediata, la ONU inició la construcción de alojamientos familiares, a razón de un metro cuadrado por persona y un cuarto de baño para cada quince viviendas. Al paso de los años, se añadieron espacios habitacionales de modo irregular según las necesidades de cada familia. Surgieron comercios, escuelas, mezquitas y hasta un centro comunitario, todo ello en menos de medio kilómetro cuadrado.

Su aspecto desordenado e incompleto tiene una buena razón: este campo es el resultado de vivir en un "limbo perpetuo", en palabras de Wainwright, con la esperanza de regresar algún día a los hogares perdidos, es decir, algo así como una "temporalidad permanente". En él, las familias se agrupan según los pueblos de procedencia, en algunos casos muy cercanos aunque separados de ellos por el enorme muro israelí de seguridad.

Los refugiados creen que si hacen del campo su hogar ponen en peligro su derecho al retorno. Intentan mejorar sus condiciones de vida, pero sin admitir que están en su hogar (definitivo). Se piensa mal de los que embellecen demasiado sus alojamientos. Pero la realidad es muy distinta. En los setenta años transcurridos, sus pueblos de origen se han transformado: algunos se ha convertido en parques nacionales israelíes, con espacios recreativos donde estaban las viviendas palestinas; otros son polígonos industriales, pero la mayoría han sido arbolados. "La vegetación sirve para ocultar los crímenes", comentaba un exiliado. Este es, desgraciadamente, el "patrimonio del exilio", un vivir en temporalidad permanente.

Pero ¿se dan las condiciones que exige la UNESCO para declararlo patrimonio de la humanidad? Tomando al pie de la letra lo que pide la Organización, el valor universal de un patrimonio mundial depende de su capacidad para "desbordar los límites nacionales". Los organizadores de la exposición londinense se preguntan: ¿Cómo puede quedar registrado oficialmente el patrimonio de lo que es una cultura del exilio? Los sitios patrimonio mundial de la humanidad solo pueden ser elegidos por los Estados: ¿cómo se puede valorar el patrimonio de los pueblos sin Estado?

La imposibilidad del objetivo propuesto lo hace más entrañable, pues nunca llegará a materializarse ante la UNESCO: Dheisheh es un lugar extraterritorial, arrancado de un Estado soberano (Jordania) y hogar de un pueblo sin Estado, por lo que nadie podrá cursar la petición.

En un mundo con más de 80 millones de personas desplazadas, parece de justicia que la "cultura del exilio" ocupe un lugar importante en las inquietudes de la humanidad. Aunque solo sea porque en esas circunstancias no cabe pensar en democracia: la urgencia es sobrevivir. De ahí que en un foro como este, donde se discute sobre Milicia y Democracia, no sea superfluo sacar a la luz las penurias de los refugiados palestinos de Dheisheh.

Publicado en el foro "Milicia y Democracia" de infoLibre, el 19 de octubre de 2021

Escrito por: alberto_piris.2021/10/19 16:00:5.529061 GMT+2
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2021/10/03 10:28:34.913844 GMT+2

Escrito hace veinte años

En noviembre de 2001, el brutal atentado de AlQaeda contra EE.UU. era la herida más reciente que había sufrido la humanidad. En octubre, el presidente Bush había iniciado lo que llamó "Guerra contra el terrorismo" y en pocos días la invasión militar de EE.UU. aplastó a los talibanes afganos.

No se sabía entonces, pero esto fue el comienzo de una guerra que duraría 20 años, no obtendría ninguno de los objetivos que se había propuesto, consumiría más de 8 billones de dólares, produciría casi 400.000 muertes en la población civil afgana y terminaría vergonzosamente con la retirada ejecutada por Biden el presente año, sin siquiera consensuarla con los aliados (entre ellos, España) que habían participado en tan funesta aventura. America first!, otra vez.

Con el título ¿Soldados a Afganistán? el día 16 de ese mes, escribí en el diario Estrella Digital el artículo que me permito poner hoy al alcance de los lectores de este foro. Ahora que en Europa se desconfía de la OTAN, se ve lejano a EE.UU., se mira con recelo a Rusia y no se sabe cómo abordar la expansión de China, es interesante comprobar lo poco que veinte años de guerra, muerte y destrucción nos ha hecho avanzar.

Reproducción literal del texto citado:

 "En la euforia bélica que la caída de Kabul ha desencadenado desde Afganistán a Washington, hasta el Gobierno español ha sugerido con entusiasmo la posibilidad de enviar contingentes de tropas para la futura fuerza de pacificación que haya de crearse en Afganistán. Esto, supuesto que la paz llegue allí en algún momento y pueda pensarse en reconstruir lo que más de dos décadas de guerras continuas han arrasado. Y suponiendo, también, que tropas de países tan remotos y extraños como España, Italia o el Reino Unido tuvieran algo que hacer en el complicado mosaico étnico de ese país, donde ni siquiera los propios afganos han sabido organizarse en forma coherente y autónoma durante varios decenios.
 "Sin embargo, antes de dispersar los no muy numerosos efectivos de combate de las Fuerzas Armadas Españolas desde los Balcanes hasta Asia Central, no sería malo tener aseguradas, al menos a un nivel mínimo, las hipótesis menos favorables de lo que pudiera suceder bastante más cerca. No vaya a ocurrir que, intentando contribuir a sacar las castañas del fuego a afganos o kosovares, nos encontremos con la sorpresa de no poder ayudar del mismo modo a ceutíes o melillenses, recientemente amenazados, y en forma no muy velada, en la Asamblea General de Naciones Unidas por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores.
 "No es que ahora peligre más la seguridad de las dos ciudades españolas del norte de África, pero cabe imaginar otras hipótesis que pondrían en una muy difícil tesitura al Gobierno de Madrid. Recordando la aventura austral de los dictadores argentinos, encabezados en 1982 por el nefasto Galtieri, no se puede considerar descabellada la posibilidad de un golpe de mano marroquí contra alguno de los islotes mediterráneos de soberanía española, al modo como las tropas argentinas ocuparon por sorpresa las Malvinas. El Peñón de Vélez de la Gomera, el de Alhucemas o las rocas conocidas como las Chafarinas serían unos interesantes objetivos militares y propagandísticos, que reclamarían la inmediata atención internacional.
 "España se encontraría, de la noche a la mañana, con un grave problema entre manos: ¿Respuesta militar inmediata y contundente, al estilo británico, para recuperar el territorio ocupado? ¿Represalia armada contra Marruecos? No sería fácil explicar a la opinión pública la necesidad de arriesgar una guerra con Marruecos por unas rocas inhóspitas e innecesarias, pero su abandono ante una acción de fuerza unilateral sería un mal presagio para ceutíes y melillenses y, por extensión, para todos los españoles.
 "Por otro lado, una respuesta militar como la que llevó a la recuperación de las Malvinas requiere unos planes bien previstos, unos medios fuertes y bien coordinados y un respaldo político y diplomático que no se obtiene en unas pocas horas. Añádase a esto que demorar la reacción militar más de lo necesario sería visto por los demás estados como una implícita concesión al Gobierno de Rabat del carácter colonial y, por tanto, reversible, de los islotes. Argumento que, más pronto que tarde, se haría recaer sobre las dos ciudades autónomas, con consecuencias mucho más funestas.
 "Se asegura que nunca es probable una guerra entre democracias, pero no hay que olvidar que Marruecos no lo es. Del mismo modo como los generales de la Junta Militar argentina buscaron distraer la atención de su pueblo en la aventura bélica que les llevó al derrocamiento, un autócrata que une el supremo poder político a su cualidad de máximo dirigente religioso podría sentirse inclinado a distraer, mediante un conflicto exterior militarizado, la creciente inquietud de sus súbditos, a quienes aquejan el paro y la pobreza e irrita la extendida corrupción de los gobernantes, y a los que llegan los ecos de un islamismo cada vez más efervescente.
 "La OTAN podría inhibirse sibilinamente en este caso, aludiendo a que una acción contra Marruecos, en apoyo de España, está fuera de los límites geográficos del Tratado. Y no están en absoluto garantizados los apoyos que se podrían recibir de EE.UU. y Francia, con intereses en Marruecos que no coinciden con los propios, incluyendo su posición frente al conflicto del Sahara Occidental. Así pues, sería recomendable tener los ojos bien abiertos y no ponerse en la situación en que fuera preciso repatriar, a toda prisa y en condiciones de máxima urgencia, a las tropas de choque españolas que estuviesen patrullando el Indokush, a fin de proteger lo que nos es más próximo, inmediato y vital. La seguridad bien entendida empieza por uno mismo".

Con muy ligeras modificaciones, lo que se escribió hace veinte años podría ser hoy de aplicación. Con una diferencia: la irrupción de la pandemia de la covid-19 y la palpable evidencia de una emergencia climática que pone en peligro las bases materiales de nuestras culturas nos obligan a ampliar el punto de mira de nuestras preocupaciones y buscar coincidencias, entre sangrientos terroristas y exaltados neofascistas, que permitan sobrevivir al género humano en condiciones soportables.

Publicado en el foro "Milicia y democracia", de infoLibre, el 3 de octubre de 2021

 

Escrito por: alberto_piris.2021/10/03 10:28:34.913844 GMT+2
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