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2017/02/16 17:58:32.687931 GMT+1

Trump contra el Estado Islámico

De la misma forma en que actuaron anteriores presidentes de EE.UU., que se empeñaron ciegamente en conflictos bélicos sin haber previsto su evolución ni tener planificado lo que harían tras la victoria militar, Donald Trump también ha anunciado que va a volcar todos sus recursos militares para destruir de raíz al Estado Islámico (EI). Pero no ha explicado todavía lo que podría suceder después y cómo afrontarían EE.UU. y sus aliados occidentales la nueva situación creada tras el supuesto aplastamiento del EI bajo el inigualable poder militar de la superpotencia americana.

Es de esperar que sus asesores sean capaces de reflexionar, al menos, sobre lo sucedido en los últimos meses de la guerra que se viene desarrollando en Irak y Siria y deducir cuáles serían las consecuencias más probables de la decisión de Trump, si llega a ponerse en práctica tal como él parece haberla concebido.

Las derrotas del EI en algunas ciudades importantes, como en Mosul, no han logrado liquidar la insurgencia sino que han propiciado su retirada (llamémosla "estratégica") a zonas despobladas, desérticas o montañosas, para rehuir el enfrentamiento directo con los ejércitos nacionales y sus aliados occidentales, aplicando lo que es un principio esencial de la guerra de guerrillas. Esto no ha sucedido solamente en Irak y Siria, sino en cierta medida también ha sido la reacción yihadista en algunos países africanos y en Yemen, bajo la presión militar de sus oponentes.

Otro efecto de la derrota del EI, predominantemente suní, es el auge de los grupos chiíes y el agravamiento de las tensiones interreligiosas entre ambas comunidades, como ocurrió tras la caída de Sadam Husein en aquella loca aventura mesopotámica del alucinado George W. Bush. Sería un error imaginar que esas tensiones no se exacerbarán y se extenderán por otros territorios, incluso trasladándose a los países occidentales, hasta ahora ajenos a ellas.

Pero quizá el más pernicioso efecto de una destrucción del EI en Oriente Medio sea la dispersión de los combatientes yihadistas y su retorno a los países de procedencia, bien entrenados y fogueados en el combate tras luchar en Siria e Irak. Los últimos atentados terroristas en París y Bruselas son muestra de esta posibilidad. La combinación de este efecto y el creciente impacto en los países occidentales de la inmigración por otros motivos (guerras, hambrunas, refugiados políticos o económicos, etc.) supone una creciente carga en los órganos de protección de los Estados, con una tendencia clara a limitar las libertades y derechos ciudadanos, so pretexto de alcanzar una seguridad ilusoria, y el exacerbamiento de las tensiones xenófobas y racistas en la población.

Lo anterior forma ya parte del programa inaugural del presidente Trump y de los partidos europeos de extrema derecha, en pleno auge a causa del temor sistemáticamente inculcado en unas sociedades a las que se asusta con datos falsos sobre la supuesta invasión musulmana, que destruirá sus valores tradicionales y empeorará sus condiciones de vida.

Además de los retornados, la derrota del EI en Siria e Irak podría actuar como inspiración y aliciente para las generaciones más jóvenes de musulmanes nacidos y educados en Occidente, que a duras penas conviven en una sociedad crecientemente hostil a su cultura y a su religión. Sin ser creyentes fanáticos, se radicalizan y aíslan a través de las redes sociales o actos de propaganda que les hacen sentirse culpables en relación con los "hermanos" que arriesgaron o entregaron sus vidas luchando en Oriente Medio.

Por ese motivo se convierten en los llamados "lobos solitarios" que actúan aisladamente. Este tipo de terroristas cuenta con la aprobación del EI y de Al Qaeda, que propugna la yihad fuera del "Califato" y trasladada a los "Estados infieles". Son los artesanos del terrorismo, que eligen por su cuenta los objetivos, adquieren los instrumentos necesarios y se agrupan según sus afinidades, sin apenas infraestructura de apoyo ni órdenes superiores, como el asesino de Niza.

Otra consecuencia de la eliminación del EI sería el refuerzo de Al Qaeda, a la que afluirían los desbandados combatientes de aquél, en países donde ésta sigue activa, como Somalia, Yemen, el Sahel y el Magreb. Una nueva época de inédita actividad terrorista podría ser el resultado, del mismo modo como la creación y apoyo a los primeros grupos yihadistas armados por Occidente para expulsar a la URSS de Afganistán desencadenaron una nueva forma de lucha cuya expansión e intensidad pocos habían anticipado.

Trump y sus asesores no deberían ignorar una vieja lección de la historia bélica de la humanidad, que enseña que las guerras se sabe (aunque no siempre) cómo y por qué comienzan pero es prácticamente imposible adivinar cómo van a concluir y qué nuevas situaciones van a crear.

Publicado en República de las ideas, el XX de febrero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/02/16 17:58:32.687931 GMT+1
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2017/02/09 17:52:39.790695 GMT+1

Putin abarata la violencia doméstica

El pasado martes Rusia ha dado un importante paso atrás en el respeto a los derechos humanos tras firmar Putin una ley que facilita la violencia familiar y doméstica, despenalizando o minimizando las condenas correspondientes a los casos más frecuentes de maltrato familiar.

Aunque el proyecto de ley levantó una gran polvareda en la sociedad rusa desde que se anunció, la Duma estatal lo ha aprobado mayoritariamente: 380 votos a favor y 3 en contra. La representante en Rusia de Amnistía Internacional, Anna Kirev, lo ha calificado de "nauseabundo intento de trivializar la violencia doméstica, asunto que nunca ha preocupado mucho al Gobierno ruso".

La nueva ley convierte en falta administrativa la violencia familiar "moderada", antes castigada con prisión y ahora con una simple multa. Los que la han apoyado lo han hecho para conservar lo que consideran valores familiares tradicionales, mientras que los opositores han puesto de manifiesto que su aplicación disminuirá hasta extremos peligrosos la protección de las personas más vulnerables, facilitando las palizas propinadas por los hombres a las mujeres, los padres a sus hijos o la violencia ejercida contra los ancianos.

Esta ley fue impulsada por una ultraconservadora parlamentaria que en ocasiones anteriores ya había apoyado limitaciones a los derechos humanos de los homosexuales (y LGBT), Yelena Mizulina, que explicó ante la Duma que las relaciones tradicionales entre padres e hijos se construyen sobre "la autoridad y el poder".

Las modificaciones ahora introducidas despenalizan todo tipo de violencia que no requiera atención hospitalaria: golpes que no dejen huellas, arañazos o heridas sin serias consecuencias ni fracturas de hueso. Ahora bien, quizá avergonzados los legisladores ante tamaña pasividad frente a un fenómeno social extendido y denigrante (más de 10.000 mujeres mueren al año en Rusia víctimas de la violencia de sus maridos o parejas), se ha establecido que si en un mismo año se repite la violencia, entonces sí se iniciará un proceso penal.

Alena Popova, activista social pro derechos humanos, sostiene que la nueva legislación implicará un aumento de la violencia doméstica. "Imagínenselo: - declara - El marido golpea a su mujer, esta lo denuncia y el marido es multado, pagando la multa con el dinero doméstico. Vuelve a casa e increpa a su esposa por haberle denunciado: pueden estar seguros de que la próxima vez ella intentará ocultar sus cardenales y no lo denunciará".

Para facilitar aún más la violencia doméstica, la nueva ley requiere que los que desean denunciarla tienen que encargarse ellos mismos de obtener los certificados médicos y reunir las pruebas necesarias, actuaciones que antes corrían a cargo de la policía. Es inconcebible, por ejemplo, que unos ancianos, extorsionados por sus familiares para apoderarse de su dinero o propiedades, sean capaces de disponer de los recursos y el ánimo necesarios para recopilar los documentos requeridos para iniciar un proceso penal que les proteja.

Por escandaloso que esto pueda parecer, no olvidemos que en nuestra sociedad todavía tienen eco algunos refranes que han regido la cultura familiar española hasta épocas muy recientes: "Quien bien te quiera te hará llorar", "La letra con sangre entra". Subsiste en algunos casos la implícita aceptación del castigo corporal para "corregir y educar" a los niños y jóvenes, sobre la base de un discutible derecho de los padres a responsabilizarse de su educación sin intervenciones ajenas, públicas o privadas, que "minan la autoridad" de los padres, según se arguye desde los sectores más tradicionales.

La legislación de los países avanzados se esfuerza por frenar y eliminar estos residuos bárbaros. Un dictamen del Consejo Europeo de los Derechos Sociales estableció: "Hay un consenso amplio a nivel europeo e internacional en los organismos de derechos humanos que el castigo corporal de los niños debería ser tenido en cuenta en la ley y totalmente prohibido".

La violencia física contra los niños, casi siempre acompañada de intimidación verbal y emocional, tiene un gran impacto en el desarrollo infantil, según exponía una asesora de Unicef al denunciar que ciertos países del Caribe "no solo no prohíben la violencia corporal sino que la legitiman en escuelas o en el hogar".

No se puede culpar esta vez a Trump de la nueva adversidad que se abate sobre la humanidad al comenzar este año 2017, que se abre cargado de tan pésimos augurios. Más que nunca es necesaria la vigilancia insistente y la denuncia constante de estos intentos de regresar a las prácticas de un pasado que creíamos ya felizmente superado.

Publicado en República de las ideas el 9 de febrero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/02/09 17:52:39.790695 GMT+1
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2017/02/02 18:20:25.379052 GMT+1

Trump y sus generales

Trump viola la constitución de EE.UU., vulnera los derechos humanos y la legislación internacional, muestra un claro desprecio por las mujeres y, en general, por las personas débiles (hizo mofa pública de un periodista discapacitado), es un peligro universal en posesión del maletín con las claves de las armas nucleares, desestabiliza el sistema internacional político y económico, miente sistemáticamente sin reconocer sus errores... Estas y otras acusaciones configuran estos días los titulares de muchos medios de comunicación en todo el mundo.

La lista de fundados reproches que desde todos los ángulos caen sobre Trump tras sus primeras decisiones como titular de la Casa Blanca no parece tener fin. Tratándose de EE.UU. y conociendo la historia de la nación americana, habría que interpretar la cuestión de este modo: Trump y el "trumpismo" quizá no sean la causa de la anómala situación actual de EE.UU. sino el efecto obligado de su trayectoria histórica. ¿No será Trump el resultado necesario de una nación que, tras alcanzar la hegemonía mundial al concluir la 2ª G.M., se creyó destinada a moldear el mundo a su capricho y en su provecho, sin reparo alguno? Apoyó y creó dictadores y destruyó democracias; encarceló y asesinó inocentes; traicionó los más elementales principios democráticos a la vez que se proclamaba el faro universal de la libertad de los pueblos.

Algunos hitos confirman esta deriva: desde la caza de brujas del senador McCarthy, pasando por las alucinaciones del presidente Bush sobre el "eje del mal" y por el programa político del Tea Party, podría trazarse una línea que conduciría directamente al Trump de America first!. Es "el huevo de la serpiente" que se ha venido incubando a la vista de todos y que por fin ha eclosionado.

Aludiré ahora a un aspecto concreto de la cuestión: Trump y "sus" generales. En un reciente artículo, el editor y periodista Tom Engelhardt ha citado (corrigiendo la deslavazada sintaxis presidencial) las palabras de Trump en el banquete inaugural: "Aquí están presentes muchos miembros de mi Gobierno. Veo a mis generales, que nos mantendrán seguros, aunque van a tener mucho trabajo. Si eligiera a los actores de una película, serían mis generales...". Su tono de voz era posesivo, admirativo y autocomplaciente: "mis" generales.

La página web de la Casa Blanca puntualizaba ese mismo día: "Reconstruiremos nuestros ejércitos. Nuestra Marina ha perdido casi la mitad de sus buques en los últimos 15 años. La Aviación es una tercera parte de lo que era en 1991. El presidente Trump se compromete a invertir esta tendencia porque sabe que nuestro dominio militar sobre el mundo ha de ser incuestionable". Parangonando las insensateces de aquella "Guerra de las galaxias" de Reagan, Trump promete "un sistema de defensa antimisiles de última generación para protegernos de Irán y Corea del Norte".

Pues bien, Trump ha llegado en el momento crítico para sustituir y borrar a Obama, quien a pesar de su premiado pacifismo y algunos innegables éxitos (reducción de armas nucleares, mano tendida en Irán y Cuba) mantuvo viva la confrontación mundial antiterrorista basada en los drones y las fuerzas de operaciones especiales, que tanto ha contribuido a la proliferación del terrorismo.

Ahora es el momento crítico: para empezar, EE.UU. es el principal fabricante y proveedor mundial de armas, seguido muy de lejos por Francia y Rusia. Para la revista Forbes EE.UU. "es con mucho la primera superpotencia militar o el primer belicista mundial, según como se mire".

Además, EE.UU. no es solo la primera potencia exportadora de armas: es también el primer exportador de tropas por todo el mundo. Dejando aparte las interminables intervenciones en Irak y Afganistán, EE.UU. posee 800 bases repartidas por el globo. Sus fuerzas de operaciones especiales desplegaron durante 2016 en 138 países, es decir, en dos tercios de todos los Estados englobados por la ONU, contribuyendo también a aumentar las ventas de material militar.

La guerra y el negocio van unidos: las tropas prueban, exhiben y alardean de sus armas por doquier, como los antiguos viajantes de comercio hacían con sus productos recorriendo pueblos y ciudades. El general retirado William Astore escribe: "Desde el fin de la Guerra Fría, EE.UU. exporta la imagen de su naturaleza íntima: no la combinación de libertad y democracia, sino las armas, las prisiones y las fuerzas de seguridad".

La nación norteamericana ha perdido el rumbo que la vio nacer y Trump, que sabe bien cómo azuzar el miedo y explotarlo, propugna ahora la tortura como instrumento antiterrorista y el asesinato de los familiares de los terroristas, con el beneplácito de un vasto sector de la sociedad de EE.UU., donde las armas de fuego personales causan muchas más víctimas que todo el terrorismo sufrido y por sufrir.

Hace unos días (29/01/2017) en estas páginas el agudo olfato canino de Marcello detectaba en el ambiente la posibilidad de una destitución (impeachment) de Trump que pusiera fin al sombrío panorama. Si los primeros pasos de Trump en el salón oval de la Casa Blanca marcan la senda a seguir por EE.UU., habrá que empezar a pensar qué será lo menos traumático para el conjunto de la humanidad: un Trump "suelto", que siga haciendo de las suyas, o la grave crisis nacional e internacional que supondría el complejo proceso constitucional de su destitución, al que se resistiría con todas sus fuerzas. Las bolsas, el mundo financiero y las grandes corporaciones también tendrían que opinar al respecto.

Publicado en República de las ideas el 2 de febrero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/02/02 18:20:25.379052 GMT+1
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2017/01/26 22:50:58.718431 GMT+1

¿Cómo pasará Trump a la Historia?

Trump ha revolucionado los medios de comunicación mundiales con su irrupción en la Casa Blanca, tras una campaña electoral que puso de relieve su peor rostro, removiendo odios y rencillas en casi todos los asuntos que fue tocando.

Una muestra del torbellino mediático claramente perceptible estos días es el artículo titulado "Ocho cualidades por las que el presidente Donald Trump pasará a la Historia", que la escritora Rebecca Seales publicó para la BBC el pasado sábado.

Merece la pena poner al alcance de los lectores españoles la recopilación que la prolífica periodista británica elaboró sobre ocho aspectos concernientes al nuevo presidente, que le hacen destacar, para bien o para mal, entre todos los que le precedieron en el cargo desde que se aprobó la Constitución de los EE.UU. en 1789.

1) Es el presidente de mayor edad (70 años) al entrar en la Casa Blanca. Entre las mentiras y exageraciones utilizadas durante la campaña hay que recordar la efusiva carta redactada en unos breves minutos por su médico personal, declarando que Trump sería "el individuo más sano jamás elegido como presidente". La edad media de los 44 presidentes anteriores al inaugurar su mandato es de 55 años y Trump se esforzó por minimizar tan significativa diferencia.

2) Primer multimillonario que llega a la presidencia. Declaró que su fortuna supera los 10 millardos de dólares, aunque la revista Forbes lo deja en 3.700 millones. Quizá para compensar tan escandalosa cualidad en un país con más de 40 millones de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza, se ha asignado un sueldo de 1 $, como hizo el cinematográfico gobernador de California, el actor Schwarzenegger, cuando fue nombrado.

3) Ha formado el Gobierno más adinerado de toda la historia de EE.UU. Bernie Sanders, el aspirante demócrata a la nominación, lo calificó como el "Gobierno de, para y a favor de millonarios y multimillonarios". La fortuna total de todos ellos supera los 35.000 millones de dólares, cifra superior al PIB de cualquiera de los 100 Estados que ocupan los últimos puestos en el ranking mundial.

4) Es el Gobierno con menor experiencia política. Durante más de 60 años todos los presidentes fueron antes gobernadores de un Estado o miembros del Congreso (salvo el caso excepcional de Eisenhower, debido a la 2ª G.M.). Trump menosprecia esta cualidad y valora su experiencia en los negocios y el desapego que siente por el establishment de Washington.

5) Es el presidente que ha dado más poder a sus hijos. Por eso se le acusa de nepotismo, ya que ha nombrado consejero sénior a su yerno de 36 años. Su hija mayor, Ivanka, esposa del anterior, ejerce una notable influencia y se habla de ella como la "Primera Hija" (en contraposición con la Primera Dama) por vez primera en la historia de EE.UU. El conocido presidente Wilson también nombró a un yerno Secretario del Tesoro, pero esto ocurrió antes de que en 1967 se aprobara el estatuto antinepotismo.

6) Como detalle anecdótico (pero valorado en EE.UU.), es la familia presidencial con menos animales de compañía. Se comenta que Trump posee muchas propiedades diversas pero no tiene ninguna mascota en la Casa Blanca, algo excepcional durante más de un siglo. De Kennedy se decía que poseía un "arca de Noé" y, sobre todo, se recuerda al presidente Coolidge, cuyo hogar "era literalmente un zoo", según se muestra en el Presidential Pet Museum (Museo de mascotas presidenciales), temporalmente cerrado al público.

7) Trump es el más resuelto opositor al libre comercio. Para favorecer el empleo se opone a la mayoría de sus antecesores, partidarios del librecambio. El último presidente que tomó análoga posición fue Hoover en los años 30 del pasado siglo. Acaba de revocar el acuerdo comercial Transpacífico en su primer día de despacho oficial. El NAFTA (firmado con Canadá y México) pende de un hilo. Además, pretende imponer un arancel del 12% a los productos chinos.

8) La Primera Dama también romperá esquemas. Melania Trump es la única nacida en Eslovenia. Su cuya lengua materna no es el inglés. Tras la esposa del presidente Adams, de origen británico, es la segunda en toda la historia de EE.UU. nacida en el extranjero. Habla cinco idiomas (esloveno, francés, alemán, inglés y serbio), la primera políglota en habitar la Casa Blanca. También es única en haber posado desnuda para varias revistas y ser la tercera esposa de un presidente.

A pesar de todo lo anterior puede asegurarse que el mundo preferiría que Trump pasase a la Historia por cualquiera o por todas las razones catalogadas por la periodista británica, y que no lo haga por otros motivos que el irreflexivo e imprudente huésped de la Casa Blanca apuntó durante su enmarañada campaña electoral.

¿Qué hubiera hecho Trump enfrentado con la crisis de los misiles cubanos que Kennedy resolvió con paciencia y prudencia, mientras el mundo se estremecía al borde del abismo? ¿Habría resistido a la presión de los generales que abogaban por una respuesta nuclear inmediata?

En la campaña electoral manifestó que si EE.UU. tiene armas nucleares debe poder ser el primero en utilizarlas, tanto contra el Estado Islámico como contra otros enemigos. Es de desear que, para bien de la humanidad, no sea por este tipo de decisiones por lo que Trump pase a la Historia.

Publicado en República de las ideas el 26 de enero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/01/26 22:50:58.718431 GMT+1
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2017/01/19 18:03:25.530327 GMT+1

La vieja historia del espionaje

El maestro indiscutible en la novelística de espionaje es, sin duda alguna, el británico John le Carré. Su última novela publicada, Un espía perfecto (Planeta 2016), es con toda seguridad el mejor y más complejo remate a una copiosa obra escrita que ha tenido notable eco en los medios audiovisuales, tanto en el cine como en la televisión. Su popularidad es hoy universal y los personajes y aventuras por él creados se han difundido ampliamente en los principales idiomas.

El escritor y diplomático David John Moore Cornwell -que es quien se oculta bajo el seudónimo Le Carré- nació en 1931 en un bello pueblo costero del sur de Inglaterra, unos 2500 años después del nacimiento de otra figura sólidamente instalada ya en la Historia de la humanidad gracias a sus escritos: el general, estratega y filósofo chino Sun Tzu, autor (mítico o real) del famoso manual conocido como El arte de la guerra.

Como en todo documento escrito de cierta antigüedad, la datación real y la autoría de esta obra maestra sobre la estrategia han sido discutidas sin llegar a conclusiones definitivas. En todo caso, y para lo que en este breve comentario interesa, los veinticinco siglos que separan a Le Carré de Sun Tzu permiten hacer una valoración conjunta de ambos especialistas en lo relacionado con las artes del espionaje.

Las últimas líneas del texto del autor chino han sido repetidas hasta la saciedad en todos los manuales de estrategia militar: "Un ejército sin agentes secretos es como un hombre sin ojos y sin oídos". Su popularidad se debe a que las ideas expresada en la obra de Sun Tzu no se refieren solo a la actividad bélica de los ejércitos sino que son aplicables plenamente a otros ámbitos de la vida, como la política, los negocios, las finanzas, el comercio, los deportes y hasta en las relaciones sociales a cualquier nivel, desde el íntimo círculo de la familia hasta grupos y colectividades más extensas.

De los trece capítulos de que consta El arte de la guerra, el último se titula "La utilización de los agentes secretos", aunque en distintas traducciones se empleen otras palabras similares.

En el versículo 3 se lee: "... si el príncipe esclarecido y el general competente derrotan al enemigo cada vez que pasan a la acción, si sus hazañas se salen fuera de lo común, es gracias a la información previa". Más adelante se explica que esa "información previa no puede obtenerse de los espíritus, ni de las divinidades, ni de la analogía con acontecimientos pasados, ni de los cálculos. Es necesario obtenerla de hombres que conozcan la situación del enemigo".

Al leer la frase anterior se está asistiendo al nacimiento oficial de los servicios de espionaje, al origen histórico de la CIA, el MI6 británico, el CNI español, etc. Espías a los que Sun Tzu denomina de modo parecido a lo que se estila hoy: agentes internos, externos, dobles... etc.

Merece la pena resaltar lo que Sun Tzu llama "agentes liquidables". Se trata de espías propios introducidos en el seno del enemigo y a los que se proporcionan informaciones falsas: "Cuando éstos, operando en territorio enemigo, sean apresados darán cuenta de esas informaciones falsas. El enemigo les dará crédito y se preparará en consecuencia, pero naturalmente nosotros actuaremos de forma muy distinta y el enemigo dará muerte a esos espías". Escrita en el siglo VI a.C., esta frase sirve como intrigante argumento para cualquier novela moderna de Le Carré.

Sobre los abusos que pueden cometer los servicios secretos, como los revelados por Wikileaks, Sun Tzu ya sabía algo: "Los agentes secretos reciben instrucciones bajo la tienda del general; están muy cerca de él y lo tratan íntimamente". Y añade: "Son cuestiones que han de ser tratadas con el mayor sigilo". Además, el dinero juega un importante papel, como hoy día: "... de todas las retribuciones, ninguna tan generosa como la del agente secreto; ninguna tan confidencial como las operaciones secretas". Pero ¡atención!, la corrupción acecha: "Entre los agentes hay algunos que solo buscan enriquecerse..."

En la sombra: la muerte. "Si se divulgan prematuramente planes relacionados con las operaciones secretas, el agente y todos aquellos a quienes ha hablado deben morir. Así se sellan sus bocas y se impide que el enemigo las oiga".
 
Hasta la figura del "pequeño Nicolás" había sido anticipada por Sun Tzu: "Escogemos hombres inteligentes, dotados, prudentes, capaces de abrirse camino hasta los que tratan íntimamente al soberano o miembros de la nobleza...".

Hoy el espionaje se mueve a través de los modernos medios de comunicación, escucha e interceptación, pero su finalidad viene siendo la misma desde que las rivalidades entre distintos grupos humanos los enfrentaron entre sí. Aunque textos antiguos (bíblicos y orientales) nos hablan de los infiltrados en el enemigo para ayudar a derrotarlo, a Sun Tzu le corresponde el mérito de haber sistematizado su empleo y a Le Carré debe reconocérsele su habilidad para divulgar lo que siempre tiende a ser un mundo en la sombra: el espionaje.

(Los fragmentos de Sun Tzu aquí reproducidos pertenecen a la versión publicada en 1980 por "Eciciones Ejército")

Publicado en República de las ideas el 19 de enero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/01/19 18:03:25.530327 GMT+1
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2017/01/12 17:51:9.208919 GMT+1

Las percepciones peligrosas

Una acreditada empresa encuestadora del Reino Unido ha estudiado las respuestas a varias preguntas planteadas en 40 países durante 2016, para valorar la diferencia entre la realidad objetiva y las percepciones personales en lo relativo a cuestiones humanas y demográficas. Diferencia que a menudo es el origen de muchos malentendidos que pueden llevar a situaciones críticas y, en concreto, en Europa está contribuyendo hoy al auge del fanatismo xenófobo y de las políticas de extrema derecha basadas en esas falsas percepciones.

Un ejemplo: en la mayoría de las democracias occidentales se cree que la población musulmana es mucho más numerosa que la realidad debidamente contabilizada y, además, se piensa que crecerá a un ritmo superior al oficialmente estimado por las agencias estatales o internacionales. He seleccionado los datos correspondientes a España y, como referencia próxima, los de Alemania. La cifra real objetiva se cita al principio, seguida entre paréntesis por la que expresa la opinión mayoritaria dentro de cada país.
- ¿Qué porcentaje de la población del país es musulmana?
España: 2% (14%), Alemania: 5% (21%)
- ¿Cuál será el porcentaje en 2020?
España: 3% (21%), Alemania: 7% (31%)

Este infundado temor a una peligrosa penetración del islamismo en algunos países va parejo a una también errónea percepción negativa del bienestar de la sociedad:
- De cada 100 personas encuestadas ¿cuántas cree usted que dijeron ser "muy felices" o "bastante felices"?
España: 86 (41), Alemania: 84 (45).

En buena parte de los países consultados la gente cree que la sociedad es menos feliz que lo que en realidad dicen ser. Es una especie de pesimismo global que puede distorsionar mucho las decisiones políticas a adoptar.

El pesimismo en algunas percepciones contrasta con el irreal optimismo en otras:
- ¿Qué parte del PIB se gasta en salud en su país?
España: 9% (17%), Alemania: 11% (20%).
- De cada 100 domicilios privados ¿cuántos cree que son propiedad de alguien que vive en él?
España: 79 (56), Alemania: 45 (28).

Sobre cuestiones de ética o moralidad la diferencia es notable y las percepciones personales exceden con mucho a la realidad objetiva:
¿Qué porcentaje de personas de su país cree que consideran el aborto moralmente inaceptable?
España: 26% (40%), Alemania: 19% (43%).
¿Y la homosexualidad?
España: 6% (34%), Alemania: 8% (33%).
¿Y el sexo entre adultos no casados?
España: 8% (22%), Alemania: 6% (18%).

El problema de las percepciones erróneas es serio, como muestra el resultado final de la encuesta, en el que el mundo -especialmente los países desarrollados- aparece invadido por el miedo, el pesimismo y la intolerancia sin que los datos reales lo justifiquen.

Estar equivocado respecto a la realidad factual es preocupante, pero aún lo es más tener una percepción errónea sobre lo que piensan los demás, con una peligrosa tendencia a creer que existe menos tolerancia y menos bienestar que en la realidad.

Un directivo de la empresa encuestadora opinaba que, en general, muchos de los encuestados no dicen lo que piensan, sino lo que creen que deberían decir. Por eso, "al preguntar su opinión sobre lo que piensan los demás se obtiene una visión más aproximada de las opiniones reales".

La empresa en cuestión es Ipsos MORI, dedicada sobre todo a la investigación de mercados pero que tiene una rama especializada en investigación social que asesora al Gobierno del Reino Unido. Dispone de oficinas en más de 60 países y recurre a las más modernas metodologías de investigación.

Los resultados aquí comentados puede encontrarlos el lector en idioma inglés en: http://perils.ipsos.com/slides/
y puede participar en la encuesta, para comparar sus opiniones con la sus conciudadanos, en: http://perils.ipsos.com/quiz/

Centrándonos en nuestro país y teniendo en cuenta la gran influencia que las tertulias televisadas o radiadas y las columnas de opinión ejercen sobre la parte menos pensante de la opinión pública, donde comentaristas habituados a crear su propia realidad extraen a menudo contundentes conclusiones, habría que reflexionar sobre el resultado global de la encuesta aquí comentada. En España, como en otros países desarrollados del llamado mundo occidental, percibimos el mundo como más amenazador de lo que es e infravaloramos sistemáticamente nuestro entorno social. Predominan y se difunden opiniones no basadas en hechos reales, lo que algunos psicólogos sociales llaman literalmente "pesimismo innumerable", en la primera acepción de este adjetivo en el DLE: "Que no se puede reducir a número". Dicho de otro modo, los datos numéricos no sustentan ese tipo de pesimismo.

Publicado en República de las ideas el 12 de enero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/01/12 17:51:9.208919 GMT+1
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2017/01/05 18:38:41.997982 GMT+1

Juego a tres bandas: Trump, Putin y Europa

Algunas de las resonantes declaraciones de Trump, antes de pisar de pleno derecho el umbral de la Casa Blanca y asentarse en el despacho oval, le hicieron exclamar a un veterano analista político, con el que he compartido pintorescas experiencias, esta descriptiva y coloquial valoración: "Pero este tío ¡es un venado!".

Algunas semanas antes habíamos discutido sobre los tenaces esfuerzos de Putin para volver a situar a Rusia en una posición destacada en el tablero internacional del poder, con tres vectores bien señalados: el que se orienta hacia Europa, el que se proyecta hacia el Mediterráneo Oriental y el Próximo Oriente y el que mira claramente hacia el Este, sobre todo a China y Japón.

Ambos hilos de pensamiento parecen entrelazarse tras conocer los primeros nombramientos del futuro equipo de gobierno del presidente electo, algunos de los cuales tienen estrechos vínculos con Rusia, cuando no directamente con el mismo Putin.

El general Mike Flynn, tachado -quizás exageradamente- de "islamófobo", que conoce a Putin y ha sido colaborador de una cadena televisiva patrocinada por el Kremlin, alcanza el muy destacado puesto de asesor de seguridad nacional, en el más estrecho círculo inmediato al Presidente. Nada menos que como Secretario de Estado, el segundo cargo en relevancia política, Trump ha designado al magnate Rex Tillerson, director ejecutivo de la petrolera ExxonMobil, con importantes negocios en Rusia y que incluso fue condecorado por Putin.

Por último, contribuyen a combinar todo lo anterior y a complicarlo un poco más las informaciones difundidas por la CIA sobre las actividades ocultas de Rusia para favorecer la elección de Trump mediante filtraciones que pudieron perjudicar a la candidata demócrata.

No es difícil admitir que el apoyo de Putin a Trump durante la campaña electoral podía tener algunas razones basadas en la despectiva opinión de Trump hacia la OTAN y los socios europeos de esta alianza y en su aceptación tácita de las intervenciones rusas en Ucrania y Siria, que tanto rechazo produjeron en la Unión Europea. Por otro lado, no conviene olvidar los elogios de Trump hacia el modo de gobernar del autócrata del Kremlin, al que aludió como "el hombre que ejerce un fuerte control sobre su país" y del que dijo que era "mucho mejor líder que nuestro presidente [Obama]". Estas opiniones, expresadas en varias ocasiones, pueden proporcionar algunas pistas sobre lo que hará el popular multimillonario neoyorquino cuando a partir del 20 de enero se instale en el despacho oval y ponga sus manos sobre los mandos de la primera superpotencia mundial.

Aunque la todavía imprevisible gobernación de Trump producirá efectos en todo el globo, a los europeos nos interesa sobremanera anticipar su repercusión en las difíciles relaciones que Europa mantiene con Rusia. A ello la European Leadership Network (ELN) ha dedicado algún tiempo para averiguar si existen bases para un mejor entendimiento entre ambas partes, recurriendo a expertos rusos y europeos. Las discrepancias consideradas abarcan varios aspectos: 1) la seguridad en Europa; 2) la expansión de la OTAN; 3) las recientes intervenciones militares; y 4) el derecho a la autodeterminación y a la secesión de los pueblos.

La descripción occidental de la intervención rusa en Ucrania y la anexión de Crimea, como hechos que violan la legislación internacional y ejemplos de agresividad militar, inclina a Europa a una estrategia de disuasión a Rusia y de retorno al statu quo. La argumentación de Moscú en defensa de sus acciones es rechazada en Europa como simple y vacua propaganda.

Pero el análisis de la ELN muestra que las discrepancias sobre la seguridad europea en ambas partes son más profundas que lo aparente. Afectan al moderno concepto de soberanía y al derecho a intervenir en otros Estados, aduciendo no solo las intervenciones rusas en Ucrania y Georgia, sino a las occidentales en Kosovo, Irak y Libia. Otra conclusión del informe es que la mala situación de las relaciones Europa-Rusia "no se arreglará con un simple cambio de los dirigentes y la disputa durará largo tiempo".

Quizá la conclusión de más calado es que el reto que Europa afronta no es regresar a "una interpretación estática del statu quo sino plantear una política capaz de gestionar lo que en realidad es un largo proceso de cambios históricos en los que Europa está sumida", que incluye las desintegraciones yugoslava y soviética, la reunificación alemana y las cuestiones fronterizas aún pendientes. Ni siquiera la exigencia de cumplir la legislación internacional serviría de solución, dadas las distintas interpretaciones que de ella se hacen en Europa y Rusia, e incluso entre los mismos países europeos, como ocurre con Kosovo.

Aparte de las inminentes noticias que "el venado" Trump va a generar en breve sobre múltiples acontecimientos hoy imprevisibles, los europeos habremos de recordar que estamos sumidos en un crítico juego de poder e influencia entre Moscú y Washington, en el que habremos de encontrar un difícil equilibrio cuyo objetivo final no sea otro que el mejor modo de beneficiar a los pueblos que compartimos este viejo continente.

Publicado en República de las ideas el 5 de enero de 2017

Escrito por: alberto_piris.2017/01/05 18:38:41.997982 GMT+1
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2016/12/29 17:26:6.541981 GMT+1

La guerra de hace cien años

Mi último comentario en este año 2016 que concluye ahora sin pena ni gloria quizá ayude al lector a olvidar las noticias dominantes estos días (sobre la cuasipermanente corrupción, los problemas migratorios, la austeridad, pobreza, desigualdad y frustración política, la inminente "amenaza Trump", el terrorismo, etc.), llevándolo a la Europa de hace un siglo: la del invierno de 1916. A una Europa doliente y ensangrentada en la que se destrozan entre sí doce de sus Estados.

En el bando aliado, al que Portugal por esas fechas acababa de incorporarse, participaban, además de nuestros hermanos ibéricos, franceses, rusos, ingleses, italianos, serbios, belgas y rumanos. Japón era otro aliado, lejano, que no luchó en Europa. En el bando opuesto se alineaban los ejércitos de Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria.

Las nacionalidades que lucharon fueron más numerosas porque en las potencias coloniales sirvieron soldados de las colonias y fueron "cubriendo de sangre los campos de Francia" (como cantó Gardel) australianos, senegaleses, sudafricanos, canadienses, indios y muchos otros pueblos, como los beduinos que encabezó el mítico Lawrence de Arabia.

La única gran potencia que permanecía neutral era EE.UU., que ya había sufrido pérdidas por la actividad de los submarinos alemanes. El presidente Wilson, en el discurso inaugural de enero de 1917, proclamó: "No habrá guerra. Sería un crimen contra la civilización que participáramos en ella". Pocos meses después hubo de rectificar y, manteniendo la tradicional política estadounidense de intervencionismo en el continente americano, abandonó la neutralidad en la gran guerra europea y restableció el servicio militar obligatorio.

En 1916 concluyeron dos crueles carnicerías: las batallas del río Somme y de la zona fortificada de Verdún. En unos cinco meses murió un millón de combatientes de ambos bandos. Un promedio aterrador: unos 6600 muertos diarios ¡cinco soldados cada minuto! (El doble, si se considera que se combatía solo durante las horas diurnas). El llamado frente occidental -los ya citados "campos de Francia" y el extremo suroccidental belga-, donde se libraron ambas batallas, apenas varió unos pocos kilómetros en algunos sectores a pesar del esfuerzo humano despilfarrado en esas ofensivas.

Un escritor británico resumió así lo ocurrido en el año 1916, según recoge el historiador Martin Gilbert:

El mundo testarudo
La Iglesia muerta o contaminada
Los ciegos conduciendo a los cegados
Y los sordos arrastrando a los enmudecidos
(traducción propia)

Finalizando 1916 murió el emperador Francisco José, al que sucedió en el trono de Viena el archiduque Carlos. Tres días después de la muerte del emperador falleció con mucho menos eco internacional un personaje cuya influencia en esta guerra fue, sin embargo, decisiva: Hiram Maxim, el inventor de la ametralladora. (La imagen lo muestra con uno de los primeros modelos de su máquina en 1884).

La ametralladora utilizada en las trincheras acabó con las cargas de caballería y los asaltos de la infantería a la bayoneta en formación cerrada, usuales hasta la última guerra importante librada en Europa, la que cuarenta años antes había enfrentado a los ejércitos de Francia y Prusia. Empezaba una nueva forma de combatir.

Ya antes del comienzo de la gran guerra, la ametralladora fue un arma decisiva para la hegemonía europea en el mundo, contra aquellos pueblos de color -en Asia o África- tan despreciados por el hombre blanco que ensalzó Rudyard Kipling, pueblos que a veces tenían la osadía de atacar con lanzas, flechas y algunos fusiles a las disciplinadas filas de los "casacas rojas" de la majestad británica encargados de civilizarlos.

Gilbert resalta la paradoja creada por la ametralladora: "El invento de Maxim se había convertido ahora en el instrumento con el que quienes compartían los más altos valores de la civilización, la religión, la ciencia, la cultura, la literatura, el arte, la música y el amor a la naturaleza se desangrarían entre sí, hasta la muerte o la victoria". Descartando el amor a la naturaleza, por el que no se distinguieron los colonizadores blancos, queda bien señalado el contraste entre cultura y violencia occidentales.

En 1916 no se repitió la famosa "tregua navideña" de 1914, cuando confraternizaron los soldados enemigos. En los numerosos frentes de guerra abiertos por esas fechas (una docena, desde el golfo Pérsico hasta el mar del Norte, en Europa, Asia y África) se intensificaron durante la Navidad de 1916 las operaciones militares por tierra y mar, para avivar el espíritu bélico de las tropas, ante los brotes de insubordinación que empezaban a surgir.

Los pueblos de la Europa de hace cien años veían concluir 1916 con la esperanza (luego frustrada) de que el nuevo año trajera el fin de aquella insensata guerra. Los europeos de 2016, por el contrario, no andamos muy sobrados de esperanza ante una Europa vacilante y asediada por sus muchos demonios externos e internos de los que parece no saber librarse.

A pesar de todo, la Europa de hoy nada tiene que envidiar a la de hace un siglo. ¡Feliz 2017 a los lectores de este diario!

Publicado en República de las ideas el 29 de diciembre de 2916

Escrito por: alberto_piris.2016/12/29 17:26:6.541981 GMT+1
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2016/12/23 10:20:30.508456 GMT+1

Convivir con el islam

Los que con nuestra mejor buena voluntad de entendimiento entre los seres humanos nos seguimos empeñando en ver en el terrorismo islámico una derivación aberrante y minoritaria del mahometismo y por eso creemos aún posible la convivencia con un islam de amor y solidaridad -tal como lo califican quienes mejor dicen conocer la fe de Mahoma- tenemos que superar con mucha dificultad intelectual y haciendo de tripas corazón los frecuentes y repugnantes atentados perpetrados al grito de ¡Alá es grande!, resonante consigna casi siempre acallada por el ruido de las explosiones o los disparos con los que se pretende subrayar la verdad de ese dogma. (Menos cuando la grandeza de Alá se muestra con el menos sonoro procedimiento de decapitar infieles, también utilizado a menudo).

Una derivación aberrante y minoritaria del islam, escribo arriba, lo que, al fin y al cabo, es algo parecido a lo que fue nuestra Inquisición, creada durante el reinado de los catolicísimos Fernando e Isabel y solo abolida, entrado ya el siglo XIX, bajo los vientos de la Ilustración, esos que tan tarde empezaron a soplar en España y que todavía no la han barrido del todo, por lo que se ve.

¿Como podía ser compatible con los textos evangélicos, esos que promulgan el amor al prójimo y el perdón de los pecados, una institución que oficialmente quemaba en la hoguera a los que definía como herejes, casi siempre después de torturarlos? Herejía que era precisada por los clérigos que interpretaban en exclusiva las esencias doctrinales del profeta palestino sobre cuyo recuerdo se construyó el enorme castillo fortificado del cristianismo, con sus muchas sombras (corrupción, hipocresía, mentiras...) y pocas pero brillantes luces (Ellacuría, el padre Ángel...).

Pensar que "nosotros" hemos evolucionado -y "ellos", no- podría apuntar a una ingenua solución: de algún modo, no vislumbrado aún, al mundo islámico le llegará su Ilustración y se separarán la religión y la política. Así se evitarían las aberraciones que se producen cuando un supuesto texto divino, dictado hace siglos a un profeta, se convierte en guía inmutable que rige todos los aspectos de la vida. ¿Cuándo ocurrirá esto? ¿Habrá que esperar mucho? No es, pues, una solución eficaz para resolver el actual conflicto.

La más peligrosa de esas aberraciones es la que induce al suicidio sacrificial, que fanatiza a gentes entusiastas y de buena voluntad pero malignamente desinformadas, a las que garantiza el paraíso eterno si asesinan infieles según los mandatos del Corán.

El terrorista suicida es un enemigo muy difícil de combatir por los métodos habituales de la seguridad de los Estados y se convierte, a la larga, en el instrumento bélico de mejor coste/eficacia, lo que induce a los gobiernos a multiplicar sin límite los recursos destinados a la prevención del terrorismo sin poder garantizar nunca su plena derrota.

Este asunto daría para muchas páginas de reflexiones más documentadas que lo que es posible en este breve comentario al hilo de la actualidad. Por este camino seguramente nunca se alcanzará la solución a este problema: ¿Cómo defenderse mejor del terrorismo islámico?

La pregunta está mal planteada. No hay razonamientos que la respondan directamente. Más eficaz sería plantarla al revés: ¿Qué es lo que no sirve para nada frente al terrorismo e incluso llega a ser contraproducente?

La experiencia acumulada después de los atentados del 11-S y los subsiguientes errores en los que EE.UU. y sus principales aliados incurrieron para vengar aquella herida causada al orgullo imperial nos obligan a descartar desde el principio una solución: la guerra.

¿Qué se ha logrado tras las guerras de Afganistán e Irak? Se ha multiplicado el número y tipo de grupos terroristas, han quedado unos Estados donde proliferan nuevas generaciones de terroristas y se ha creado en el resto del mundo la sensación de la inevitabilidad de nuevos ataques. Es decir, se ha ayudado a extender y agravar el terror en amplios sectores de la población mundial.

¿Cree el Gobierno israelí que aumentando la presión y la disgregación del pueblo palestino contribuirá a reducir el peligro del terrorismo islamista? Quizá lo crea así, pero está haciendo todo lo posible por conseguir lo contrario.

¿Cree Trump que aniquilando bajo las bombas a los combatientes del Estado Islámico en Iraq o Siria habrá resuelto el problema? Más bien lo habrá multiplicado en una peligrosa metástasis de las células del terror que, expulsadas de un lugar, se esparcirán por todos los continentes.

Búsquese la manera de afrontar el terrorismo islámico con instrumentos que no sean los drones, las bombas, los comandos, los cazabombarderos o los portaaviones. Estos instrumentos no han dado resultado a pesar de haber sido profusamente utilizados hasta hoy. Póngase a la ONU y a sus diversas agencias, a las demás organizaciones internacionales, a los mejores cerebros de la política mundial, a buscar fórmulas imaginativas que no repitan los errores del pasado. Ese es el camino donde la verdadera política, la que se orienta hacia el bien común, puede demostrar su utilidad social. Si la política sigue limitándose a un forcejeo por el poder entre los más destacados aspirantes a él, turbio será el futuro que aguarda a la humanidad.

Publicado en República de las ideas el 22 de diciembre de 2016

Escrito por: alberto_piris.2016/12/23 10:20:30.508456 GMT+1
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2016/12/15 18:26:56.222448 GMT+1

Los 'robots asesinos'

Durante esta semana se está celebrando en Ginebra la 5ª Conferencia de revisión de la "Convención sobre armas convencionales (sic)" (CCW en sus siglas en inglés), donde se pretende invitar a todos los Estados a unirse a los catorce países que convocaron y participan en la campaña organizada para prohibir los llamados "robots asesinos", es decir, las armas letales autónomas o LAWS (lethal autonomous weapons systems).

Se trata de armas -mejor dicho: "sistemas de armas"- que son capaces de elegir por sí mismas el objetivo más adecuado en cada momento y atacarlo sin intervención humana directa, esto es, sin que sea un combatiente el que decida cuándo y cómo utilizarlas. Aunque son producto de la inteligencia y la industria humanas, estas armas están dotadas de "inteligencia artificial", un sistema organizando de variables lógicas interrelacionadas que, en función de ciertos datos del momento y mediante unos algoritmos previamente incorporados, permite dejarlas libres en el campo de batalla, donde actúan de modo autónomo de acuerdo con la situación.

Es evidente que estamos ante un importante salto cualitativo en las formas de combatir, lo que afectará a los principios básicos de la táctica militar. Hasta que esas armas no se utilicen extensivamente es imposible adivinar cómo modificarán la forma de luchar en el campo de batalla y la influencia que esto tendrá en el desarrollo de nuevas estrategias, posiblemente transformando también algunos conceptos básicos del fenómeno social que llamamos guerra.

Lo mismo ocurrió con la adopción de la pólvora primero y de la energía nuclear después, dos innovaciones que supusieron transiciones de gran calado, tanto en la sociedad civil como en los ejércitos. En anterior comentario recordaba cómo reaccionó Cervantes ante las armas de fuego, en boca de Don Quijote: "Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención”. Lo justificaba porque "un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero [con] una desmandada bala [que] corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos".

Muy distintas son las múltiples cuestiones que hoy preocupan ante la presión tecnológica que impulsa el desarrollo de nuevos artefactos bélicos. Si un soldado utiliza mal su arma y viola las convenciones sobre la guerra, puede ser juzgado y castigado. Pero si es un robot el que incurre en análogo desmán ¿quién es responsable? ¿El fabricante? ¿El jefe que ordenó su despliegue sobre el terreno?

Hay quien afirma que un robot no puede incurrir en algunas de las indignidades en las que a veces caen los soldados: tortura de prisioneros, violación de mujeres, asesinatos a menudo fruto de la ira o del cansancio y el agotamiento propios del combate. De este modo, se dice, la guerra acarrearía menos hechos delictivos contra el derecho humanitario.

Pero existen obstáculos aparentemente insalvables. Aun si un robot pudiera identificar positivamente al personal civil, ancianos, niños y otros no combatientes, ¿sería capaz de reconocer intenciones, el elemento básico para valorar el peligro que representa cualquier presunto enemigo? De no ser así, aumentarían las muertes "inútiles" y poco se habría ganado.

Creo que el rechazo principal al empleo de tales armas se basa en que deshumanizarían aún más la guerra. Existe un libro que tengo por imprescindible para conocer por dentro la guerra de hoy: War, de Sebastian Junger (editado en España por Crítica en 2011, en una lamentable traducción). Libro que es aconsejable combinar con un excelente y premiado documental, Restrepo, rodado mientras Junger vivía incorporado a una sección de infantería desplegada en uno de los más peligrosos teatros de operaciones de Afganistán.

El eje esencial del libro y del documental está lejos de ser una loa a la guerra. Descubre su brutalidad, pero también los valores humanos de los que la ejecutan en los escalones más bajos: el compañerismo, la abnegación, la lealtad al que lucha al lado y al jefe inmediato. La esencia de la formación militar del combatiente la expresa Junger cuando escribe que las críticas decisiones que a veces tiene que tomar un soldado, con urgencia y bajo la presión de la muerte, "no se basan en lo que es mejor para él sino lo mejor para el grupo. Cuando todos actúan así, el grupo sobrevivirá; si no, muchos morirán". Y añade: "En esto consiste, en esencia, el combate".

El autor preguntó a un soldado si arriesgaría la vida por sus compañeros: "Por ellos me arrojaría sobre una granada de mano", le respondió. Y aclaró: "Porque quiero a mis hermanos, los quiero de verdad. Poder salvar su vida para que puedan vivir me parece que vale la pena. Y todos ellos lo harían por mí".

No parece fácil que, a pesar de los acelerados avances que experimenta la inteligencia artificial, se pueda inspirar en los robots los sentimientos humanos que, con independencia de la legitimidad o la perversidad de una guerra, necesitan los soldados para afrontar de cara a la muerte y cumplir su misión.

Publicado en República de las ideas el 15 de diciembre de 2016

Escrito por: alberto_piris.2016/12/15 18:26:56.222448 GMT+1
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