Inicio | Textos de Ortiz | Voces amigas

2020/07/02 18:50:29.504235 GMT+2

'Destrumpificar' a EE.UU.

John Feffer, columnista habitual de Foreign Policy in Focus (un proyecto del Instituto para estudios políticos de Washington), publicó el pasado jueves un ensayo sobre la "destrumpificación" de EE.UU., que merece la pena poner al alcance de los lectores españoles.

Empieza suponiendo que Trump no es reelegido el próximo mes de noviembre y que decide no recurrir a los métodos de los dictadores que tanto admira, cancelando el proceso electoral, sea por el coronavirus o por otra causa. Feffer cree que entonces, aunque una mayoría de estadounidenses respirarían con alivio, no se debe suponer que Trump o, lo que es más importante, el "trumpismo" se vayan esfumar como una pesadilla al amanecer.

Muchas razones le fuerzan a creer que su legendaria base de seguidores, una tercera parte de la población, le apoyará firmemente. Seguirá contando con todo el aparato del poder a su servicio. También con el apoyo del núcleo duro de la sociedad civil conservadora: los megamillonarios que le financian; fundaciones patrióticas, iglesias evangélicas, asociaciones de policías y el amplio sector de supremacistas blancos fieles a su consigna de "ley y orden".

Todos ellos no son fieles creyentes en Trump pero se aprovechan de él en tanto que conserve el poder. Aunque su persona pudiera ser sustituible, hay que tener presente que lo que ahora llamamos "trumpismo" le precedió y le sucederá. Está fielmente enraizado en el alma estadounidense: el odio a los gobernantes y a los tecnócratas; las ansiedades sobre la raza y el sexo; la oposición a cualquier internacionalismo; y la perspectiva dominante de "nosotros primero" y "la culpa la tienen los extranjeros", aspectos que constituyen la base de la visión que Trump tiene sobre el mundo donde vive. Todo esto seguirá vivo después de las elecciones de este año.

Feffer teme que un resultado negativo en el proceso electoral podrá ser descartado por el trumpismo, aduciendo fraudes en la votación, ingerencias extranjeras (rusas o chinas) y otros pretextos. Pero aunque el proceso electoral concluyera normalmente, una insurrección popular no es descartable para Feffer: algunos de sus seguidores manifiestan estar armados "por lo que pudiera suceder". Un conato de guerra civil que, en todo caso, manifestaría una grave división no muy distinta a la que se reveló con la Guerra de Secesión.

Feffer no rehuye el meollo de la cuestión. Basándose en un paralelismo con la desnazificación que siguió al fin de la 2ª Guerra Mundial y con la erradicación del régimen de Sadam Husein, insiste en que la destrumpificación total de la política estadounidense necesita algunos pasos más.

El primero sería "desintoxicar" al Gobierno, lo que considera más fácil que en los dos casos anteriores, porque el "trumpismo solo ha sido la ideología gubernamental durante tres años", cosa que no ocurrió en la Alemania nazi ni en el Irak baasista. Después habría que depurar el sistema judicial, lo que parece algo más difícil, pues tanto Trump como la mayoría republicana del Senado han designado ya cerca de 200 jueces de carácter vitalicio, que harían difícil la destrucción del trumpismo.

Y donde Feffer riza el rizo es en la última fase del proceso que sugiere, pues se trataría de llevar ante el Tribunal Penal Internacional a Trump y a sus más estrechos colaboradores, por violaciones del Derecho internacional en la frontera con México, por el asesinato del general iraní Sulemaini y otras acciones similares.

El mismo autor reconoce la imposibilidad de llevar a efecto este último tramo de la destrumpificación. Termina su ensayo de este modo: "Incluso si Trump pierde las elecciones, la criatura política que él representa renacerá desde sus cenizas y con el tiempo volverá al poder (¿Presidente Tom Cotton? [El senador que propugna la intervención del ejército contra los manifestantes antirracistas] ¿¡Presidenta Ivanka!?). EE.UU. no podría sobrevivir a otra guerra civil, pero tampoco puede permitirse otra reconstrucción fallida [como la que se produjo tras la derrota de la Confederación en la Guerra de Secesión], una destrumpificación a medias y un regreso a la situación anterior".

Se avecinan días difíciles para EE.UU. y de cómo se resuelvan los variados y complejos problemas que hoy aquejan a la gran superpotencia transatlántica va a depender en gran medida el futuro de la humanidad.

Publicado en República de las ideas el 2 de julio de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/07/02 18:50:29.504235 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2020/06/25 19:11:8.932299 GMT+2

Disuasión nuclear en tiempos de pandemia

Aunque la atención del mundo está centrada en los efectos que el coronavirus está produciendo en la humanidad, tanto de tipo sanitario (enfermedad y muerte), como también económicos, sociales o políticos, hay un sector especializado en algunos países poseedores de armas nucleares, cuyas preocupaciones no llegan al conocimiento público y cuyos actos son obligadamente secretos.

Se trata de las organizaciones, instrumentos y personas que en ellos se responsabilizan de la llamada "disuasión nuclear". Tenemos un ejemplo próximo en el Reino Unido. En este país, poseedor de cuatro submarinos provistos de armas nucleares, los órganos de la Defensa están inquietos por los efectos que la Covid-19 pudiera tener sobre su operatividad. Desde hace medio siglo, uno de ellos está siempre de patrulla por las profundidades oceánicas y, como expresan los documentos oficiales, "es el pilar central de la planificación estratégica nuclear del Reino Unido".

La concentración humana en esos submarinos (unos 130 individuos que conviven estrechamente) no es precisamente una buena opción para mantener "distancias de seguridad"; el riesgo de que toda una tripulación pudiera infectarse no es imposible. Los teóricos de la disuasión nuclear aducen los "altos niveles de actividad" de la Armada Rusa en el Mar del Norte y el Canal de la Mancha y temen que la pandemia podría inducir a Moscú a "aprovechar la ventaja de una debilidad temporal del Reino Unido, socavando la credibilidad y solidez de la postura nuclear británica, lo que dañaría la reputación del país como potencia militar de primer orden". Como el lector puede observar, no todos tienen análogas preocupaciones ante el virus SARS-CoV-2 que a todos nos afecta.

Un investigador del Instituto para el desarme de la ONU (UNIDIR) advierte sobre los riesgos que la pandemia ha revelado respecto a los instrumentos, políticas y personal requeridos para mantener al día y plenamente operativo un sistema de disuasión nuclear como el de las grandes potencias. Pone de relieve que destacadas figuras militares de EE.UU., Francia y Reino Unido han hecho recientemente hincapié en que sus sistemas de disuasión nuclear siguen activos. Sin embargo, dado el precedente de incidentes graves producidos durante la Guerra Fría (explosiones de misiles, colisiones aéreas e incluso la pérdida de armas nucleares), si los efectos de la Covid-19 se prolongan en el tiempo el riesgo de que se repitan aumenta peligrosamente, dadas las limitaciones que la lucha contra la pandemia impone en varios aspectos operativos.

Sigue existiendo la posibilidad de evaluaciones indebidas sobre las amenazas o la interpretación errónea de actividades ajenas, y más que nunca son necesarios los dispositivos que permitan avisar a un supuesto enemigo de cualquier error humano o material que pudiera desencadenar lo irremediable.

Se alzan voces exigiendo que el ingente gasto que supone la constante modernización de los instrumentos nucleares de disuasión revierta en beneficio de otras actividades. No ya solo las de tipo sanitario o económico-social para ayudar a los más necesitados, sino también para redoblar los esfuerzos necesarios a fin de alcanzar tratados internacionales para reducir o suprimir esas armas. Además de advertir que existen amenazas más perentorias en otros campos, como el de las acciones de guerra cibernética, que representan un riesgo más probable para la seguridad nacional que un ataque armado.

Más que nunca, y sobre todo en las potencias nucleares que sostienen el irracional entramado de la disuasión nuclear ("yo me defiendo amenazando con destruir el mundo si alguien me ataca"), merece también la pena recordar las palabras del viejo general Eisenhower: "Cada cañón que se fabrica, cada acorazado que se bota, cada misil que se dispara significan, en último término, un robo a esos que pasan hambre y no pueden comer, a los que tienen frío y no pueden abrigarse. Este mundo armado no está solo despilfarrando dinero; está despilfarrando el sudor de sus trabajadores, el genio de sus científicos y las esperanzas de sus niños".

La Covid-19 ha mostrado que somos una sola familia humana, entrelazada sobre el planeta, y solo unidos nos salvaremos. Habrá que poner todos los medios posibles para que desaparezca para siempre el peligro de un holocausto nuclear que sería la última pandemia humana de la que ninguna vacuna nos salvaría.

Publicado en República de las ideas el 25 de junio de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/06/25 19:11:8.932299 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2020/06/18 17:03:1.623980 GMT+2

Los pasados no resueltos

Para el periodista, escritor y comentarista irlandés Fintan O'Toole, gran parte de la agravación de los conflictos que estos días afectan a EE.UU. se debe a la "superabundancia de un pasado sin resolver" (superabundance of the unresolved past), que ahora está aflorando en la vida política del país.

Es un concepto parecido a la conocida frase, atribuida a Churchill, de que "los Balcanes producen más Historia de la que pueden consumir", cuando se refería a las complicaciones geopolíticas que surgían en el Este europeo tras la 2ª Guerra Mundial.

Ese pasado sin resolver que, según O'Toole, daña hoy a EE.UU. está estrechamente relacionado con el resultado de la guerra civil (Guerra de Secesión), que estalló a causa de que buena parte de la economía nacional estaba basada en el sistema esclavista. Precisamente estos días se discute sobre la permanencia de las estatuas conmemorativas y otros signos que enaltecen al bando derrotado en aquella guerra, cuyo resultado nunca fue plenamente aceptado por los perdedores.

Pero ha habido otras guerras, cuyas consecuencias también fueron asimiladas de modo muy distinto por una parte sustancial de la población (como la de Vietnam o la actual guerra antiterrorista), cuyos efectos se combinan para formar una atmósfera que hace irrespirable el ambiente político nacional ante ciertas cuestiones.

Para O'Toole, el eje de la política de Trump consiste en ignorar la Historia o modificarla a su medida. Según los que le tratan de cerca, el presidente está obsesionado con una seudohistoria que existió sólo "como preludio a su propia grandeza". Con frecuencia alude a hechos recientes de su país calificándolos como "los mayores de la Historia". Y no vacila en afirmar que su Gobierno "ha hecho por la comunidad negra más que cualquier otro presidente desde Abraham Lincoln".

Es esa Historia "excesiva" -escribe el autor-, consecuencia de la esclavitud, de las guerras y conflictos que han afectado a varias presidencias y de la permanente amenaza que ahora supone el terrorismo, la que está abriendo camino a una "autorización para dejar de lado los derechos legales y democráticos", lo que está agravando notablemente la resolución de los problemas que hoy aquejan a EE.UU.

Para el autor, solo hay dos soluciones. Una es la represión, ahogando otra vez los problemas que ahora están saliendo a la luz, aunque para hacerlo haya que desmontar la democracia; esto no preocupa especialmente a Trump, capaz de pedir al Ejército que reprima con violencia las legítimas manifestaciones populares que la Constitución autoriza.

La otra solución sería "la oleada de un cambio transformador", para salir del actual estado de "semidemocracia", en el que coexisten los ideales de igualdad, responsabilidad política e imperio de la Ley con una práctica política que muy a menudo los ignora. Dicho brevemente: o se pone fin a la apariencia de democracia y triunfa el autoritarismo o se hacen realidad las aspiraciones democráticas con las que se fundó la nación. Según O'Toole, "o se afronta ese pasado no resuelto o ese pasado destruirá la República americana".

No crea el lector que este asunto es específico de EE.UU., contemplado con superioridad desde la vieja Europa donde nació la democracia. Sin ir más lejos, la Historia de España arrastra también algunos pasados no resueltos que siguen emponzoñando nuestra vida política. Lo que para EE.UU. ha supuesto su pasado esclavista, la injusta guerra de Vietnam o la perturbadora guerra contra el terror, para nuestra patria son los problemas heredados a partir de un pasado en el que se gestionó descuidadamente la descomposición del viejo imperio, se perdió el tren de la Ilustración y la modernidad mientras se cultivaba el mito del héroe caballeresco (que "envuelto en sus andrajos, desprecia lo que ignora") y no se supo establecer una apropiada articulación política y territorial para los distintos pueblos de la vieja Iberia.

Esperemos que esos "pasados no resueltos" que ensombrecen nuestra Historia no nos hagan más difícil derrotar a la pandemia que estos días nos aflige y afrontar la emergencia climática que ya asoma por el horizonte.

Publicado en República de las ideas el 18 de junio de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/06/18 17:03:1.623980 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (0)

2020/06/11 19:05:24.953436 GMT+2

¿Un Nobel para Trump?

Como ya he tenido ocasión de comentar en anteriores ocasiones, la política exterior de Trump induce a EE.UU. a abandonar los tratados o acuerdos internacionales que no se corresponden con su idea de America first!

Tras renunciar hace unos días al "Tratado de cielos abiertos", que permite vuelos de inspección sobre los países firmantes, a fin de mejorar la confianza recíproca respecto a las actividades militares de los demás miembros, EE.UU. ahora solo es signatario del "Tratado START III", firmado en 2010 entre los presidentes Obama y Medvédev, que limita a 1550 el número de ojivas nucleares en posesión de cada país y a 800 los misiles estratégicos en reserva.

Cuando todo parecía indicar que continuaría esta tendencia, recientemente se ha anunciado desde Washington su disposición a reanudar contactos con Rusia para alcanzar un acuerdo nuclear. Fuentes oficiales informan de la preocupación de Trump por el peligro existencial que supone una guerra nuclear y alaban su íntimo deseo de poder capitanear un acuerdo global y definitivo que salve al planeta de un posible holocausto y, de paso, le haga ganar el premio Nobel de la Paz.

El enviado especial para esta cuestión, habituado a los usos de la Casa Blanca (para evitar el riesgo de ser cesado a través de un tuit), afirmó encomiásticamente: "El presidente tiene una larga y exitosa carrera como negociador; es un maestro de la persuasión". Designado para este trabajo aunque carece de experiencia en los asuntos de control de armas, aseguró que, a pesar de todo, si hubiera una nueva carrera de armamentos EE.UU. la ganaría: "Nosotros sabemos cómo ganar estas carreras y cómo agotar al adversario", añadió, aludiendo a cómo se desintegró la Unión Soviética por intentar emular a EE.UU. en su alocada carrera de armamentos. Esta bravata, sin embargo, no parece sustentarse en la realidad, cuando sobre EE.UU. pesa una deuda de 7 billones (millones de millones) de dólares, de los que un billón corresponde a China.

En toda su trayectoria como presidente, Trump no ha sido capaz de negociar ningún tratado de control de armamento, ni cuando se reunió con el líder norcoreano, a pesar de la amplia difusión que los medios que le apoyan dieron a sus encuentros en Singapur y en la zona desmilitarizada de Corea. Kim Jong-un ha seguido impasible con su programa nuclear.

Y a la vez que Trump alardea de su empeño para limitar el armamento nuclear mundial, no vacila en presumir de la potencia de "su botón nuclear", como hizo a mediados de mayo al desvelar la existencia de un misil extraordinario (super-duper) que es 17 veces más rápido que los de sus adversarios y que "forma parte de un increíble arsenal de un nivel que nadie ha visto jamás". Y afirmó con su peculiar vocabulario: "Diecisiete veces más rápido, si puede creerse, General. Es algo bueno ¿verdad? Diecisiete veces más rápido que lo que tenemos ahora. El más rápido del mundo en casi tres veces"; y como es habitual en él se enredó con los números, ya que el supuesto misil ultramoderno vuela a 20 veces la velocidad del sonido.

Ante declaraciones tan divergentes como acostumbra a difundir espontáneamente el inquilino de la Casa Blanca, los miembros de su gabinete no logran transmitir (y, quizá, tampoco entender) cuál es la política del presidente en relación con el control de las armas nucleares.

Trump se empeña en que China también firme los acuerdos que espera alcanzar con Rusia, a lo que Pekín se niega en redondo aduciendo que entre EE.UU. y Rusia suman el 90% del poder nuclear mundial. Con más de 1500 armas nucleares desplegadas por cada una de ambas potencias, en disposición de ser utilizadas, China solo posee algo más de tres centenares, que ni siquiera están desplegadas sino almacenadas en depósitos.

Que a Trump le de ahora por enredar en el complejo mundo de la limitación de armamentos nucleares causa escalofríos en algunas organizaciones especializadas, como el movimiento Global Zero, que declara: "El actual Gobierno de EE.UU. está torpemente avanzando hacia un caos nuclear que puede traer consecuencias desastrosas".

Pero ¿quien frena a un Trump, narcisista y ególatra, que ahora incluso sueña con ser galardonado con un Nobel?

Publicado en República de las ideas el 11 de junio de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/06/11 19:05:24.953436 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2020/06/04 18:30:7.247008 GMT+2

Rivalidades especiales y espaciales

Mientras que por el aire del hemiciclo del Congreso de los Diputados saltaban insultos, descalificaciones e imprecaciones que contaminaban el ambiente, a causa de las "especiales" rivalidades entre los representantes de la soberanía española, el aire en otras partes de la atmósfera terrestre era surcado grácilmente por una nave "espacial" de una empresa privada estadounidense (SpaceX), que abría caminos inéditos y establecía nuevas fronteras.

La cápsula Dragon, una lanzadera reutilizable, ha roto el largo monopolio que venía manteniendo Rusia para enviar tripulantes a la Estación Espacial Internacional (EEI), utilizando sus famosas naves Soyuz desde que en 2011 se canceló el programa de la NASA con sus cohetes lanzadera (shuttle). Desde entonces, los astronautas de cualquier nacionalidad que iban a visitar la EEI tenían que pasar por la Ciudad de las Estrellas, en las afueras de Moscú, donde se familiarizaban con el idioma ruso antes de despegar desde la base de Baikonur, en Kazajistán.

De ese modo, Rusia ejercía gran influencia en todo lo relacionado con la Estación Espacial, además de embolsarse los cerca de 80 millones de dólares que la NASA pagaba por cada plaza en las Soyuz, cuya fabricación quedaba así asegurada.

Un miembro de la Academia Espacial Tsiolkovsky de Moscú, declaró que si SpaceX empieza a lanzar a todos los astronautas americanos "la agencia espacial rusa Roscosmos perderá cada año más de 200 millones de dólares, en un presupuesto de unos 2000 millones".

Así que, como es natural, la "rivalidad espacial" entre Rusia y EE.UU. se centra también en el dinero. El creativo y ambicioso empresario estadounidense Elon Musk, el creador de SpaceX, ha contraatacado rebajando el precio de sus plazas a 60 millones. Los rusos han replicado denunciando que la empresa de Musk "ahorra gastos porque utiliza motores baratos y fabrica por sí misma todas las piezas".

Esta rivalidad espacial no solo se circunscribe a Rusia y EE.UU. La participación en el total de viajes espaciales ha disminuido para Rusia, porque tanto SpaceX como China, que es ahora el segundo país en número de lanzamientos, surgen como rivales directos.

Desde la citada Academia Espacial rusa se considera que el nuevo lanzamiento de EE.UU. es una llamada de atención para la industria espacial rusa: "Antes éramos los únicos que enviábamos tripulantes a la EEI. Ahora se nos han abierto los ojos". Se acusa a la industria de falta de innovación, pues se ha limitado a modificar ligeramente la tecnología de la época soviética, sin introducir mejoras importantes.

Algunos acusan a Putin de orientar la industria espacial más hacia aplicaciones militares (proyectiles hipersónicos) que a la exploración del espacio. Y se alzan voces pidiendo mayor cooperación internacional en los programas espaciales, sin olvidar una posible misión tripulada a Marte, que impulsaría nuevos e importantes desarrollos. Sin embargo, su coste sería tan elevado que se requeriría la participación de los tres rivales espaciales, cosa difícil de lograr porque el Congreso de EE.UU. veta cualquier cooperación espacial con China.

Y aquí surge de nuevo la desbordada imaginación del magnate estadounidense que se propone bombardear Marte con armas nucleares, para fundir sus casquetes polares y mejorar las condiciones de habitabilidad del planeta para los futuros exploradores humanos. Esto ha escandalizado a los científicos rusos y ha generado nuevos motivos de rivalidad espacial entre ambos países.

En fin, si ampliamos el objetivo de nuestros intereses más allá de lo que se debate en el tan televisado hemiciclo madrileño, observamos nuevas perspectivas que siguen abriendo caminos a la mente humana, aunque sus objetivos sea todavía confusos. Y aunque ignoren que, aparte de la pandemia que nos aqueja, será la emergencia climática y no la exploración del espacio la principal preocupación de las generaciones futuras.

Publicado en República de las ideas el 4 de junio de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/06/04 18:30:7.247008 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2020/05/28 18:56:24.452692 GMT+2

Aspectos militares de la pandemia

Hace unos días, un antiguo profesor de Historia en la Academia Militar de West Point, ahora en situación de retiro y colaborador en diversos medios de EE.UU., en un análisis de lo que podrían ser las fuerzas armadas de su país tras la Covid-19, escribía lo siguiente:

"Esta es la honda y trágica paradoja de todo lo anterior. Como el coronavirus debería habérnoslo recordado, las verdaderas amenazas existenciales para EE.UU. (y para la humanidad) -pandemias sanitarias, un posible apocalipsis nuclear y el cambio climático- son inmunes a los instrumentos militares de Washington. Buques de guerra, brigadas de infantería o acorazadas, equipos de comandos... nada pueden hacer ante los virus mortíferos, la subida de las mareas o la radiación nuclear. Por eso, la proliferación de carros de combate o de portaaviones (verdaderos caldos de cultivo para cualquier virus cercano) y las ingentes finanzas del Pentágono (más necesarias en otras partes) serán, en el futuro, monumentos a la era del desengaño americano".

No obstante tan pesimista perspectiva, la OTAN sigue en sus trece y el Secretario General aludió al impacto económico de la pandemia en una videoconferencia en marzo pasado, insistiendo en su mantra: "Espero que los aliados sigan comprometidos en invertir más en seguridad" (hasta alcanzar el 2% del PNB). Parecía ignorar el reto que ya entonces suponía la propagación de la Covid-19.

Conviene recordar a la OTAN que el panorama internacional ha cambiado mucho y hay que tener en cuenta varios aspectos imprescindibles. Es forzoso suponer que los presupuestos de defensa se reducirán en todo el mundo, puesto que se anticipa un descenso del 5 al 10% en el PNB global. El Cuartel General de la OTAN en Bruselas va a tener que enzarzarse en serias discusiones en los próximos años si continúa con sus viejos planteamientos a estilo "guerra fría".

Por otro lado, la "unidad y cohesión" internas de la OTAN, tan frecuentemente aludidas y ensalzadas, se van a ver en peligro. Ya antes de la pandemia existían motivos de desacuerdo (como la intervención turca en Siria o las amenazas procedentes de África) y ahora se anticipa la rivalidad entre los Estados por obtener fondos que ayuden a la recuperación económica de la UE tras la pandemia. La política hacia China o hacia Rusia y la errática posición de Trump en sus relaciones internacionales van a hacer difícil que la OTAN pueda establecer objetivos claros y bien definidos que satisfagan a todos sus socios.

Un tercer aspecto es cómo va a afectar la pandemia a la operatividad de las fuerzas armadas. Varias maniobras previstas hubieron de ser suspendidas o aplazadas, a la vez que algunos países europeos tenían que recurrir a sus ejércitos para afrontar la emergencia sanitaria.

No menos importante es el desapego que se advierte entre los aliados de ambas orillas atlánticas. Trump no oculta cuales son sus objetivos personales y nacionales. Nada más lejano para él que consolidar una alianza transatlántica que combata la pandemia y ayude a los países más afectados. Sus inmediatas aspiraciones electorales empañan el resto del problema.

Y desde nuestra perspectiva mediterránea, el último aspecto a considerar sería la peculiaridad del flanco meridional otánico, desde donde acechan el terrorismo, las migraciones y las incertidumbres políticas internas que se extienden por el norte de África hasta el Próximo Oriente.

Lejos de aquel alto el fuego universal con el que el Secretario General de Naciones Unidas pretendía lograr un esfuerzo mundial para afrontar la Covid-19, si ésta es vencida o neutralizada las guerras "post-Covid" serán objeto de estudio posterior como lo han sido todas las guerras que han acompañado a la humanidad desde el inicio de los tiempos. Y traerán novedades de mucho calado.

Publicado en República de las ideas el 28 de mayo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/05/28 18:56:24.452692 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (0)

2020/05/21 17:09:6.754046 GMT+2

Religión... ciencia... política...

Visité en mi juventud, allá por los años cuarenta del pasado siglo, un pueblecito navarro donde se guardaba una original tradición. Si la "pertinaz" sequía amenazaba con arruinar las cosechas, se bajaba en procesión la estatua del santo patrón desde su altar hasta el seco cauce del riachuelo que contorneaba el pueblo y regaba sus tierras. Y allí se la dejaba abandonada bajo el puente, hasta que lloviese o hasta que el río trajera agua desde la montaña.

Era un asunto de pura ortodoxia religiosa. Todo santo patrón es, por definición, el intercesor entre la divinidad que envía la lluvia y el pueblo que la necesita; si no cumple bien su misión, merece ser advertido de su ineficacia para atender las súplicas de sus devotos.

Dios era allí el responsable de enviar la lluvia; pero también se le ha venido atribuyendo la capacidad de castigar el mal comportamiento de sus fieles con epidemias, terremotos, plagas de langosta, rayos y otros fenómenos naturales. Cuando a mediados del siglo XVIII Benjamin Franklin inventó el pararrayos, el clero lo condenó como un intento impío de frustrar la voluntad divina, privándola de la posibilidad de lanzar todos los rayos que deseara. Los viejos artilleros recordamos la leyenda del rayo que fulminó a Dióscoro por haber asesinado a su hija, Santa Bárbara, patrona de artilleros y gentes de la minería.

La pandemia de la Covid-19 ha dado definitivamente al traste con esas viejas mitologías. Hasta las jerarquías eclesiásticas aceptan hoy las limitaciones que la ciencia sanitaria les impone para celebrar actos de culto religioso sin riesgo de propagar la infección. Los fenómenos naturales ya solo son abordados desde las ciencias y no desde las religiones. Las casullas, sotanas, velas e incensarios con los que antaño se acudía a aplacar a las divinidades irritadas han dado paso a las batas de los médicos y del personal sanitario, a los complejos aparatos que ayudan a sostener la vida de los pacientes en las UCI y, en general, a la ciencia que desarrolla con ese fin todos sus recursos.

Una ciencia que, al contrario de las rigideces teológicas, nunca tiene certezas sino que se mueve por aproximaciones reales a los fenómenos físicos. Toda ciencia evoluciona al compás de los nuevos descubrimientos, acercándose así en lo posible a la realidad de los hechos que pretende abordar y eludiendo entelequias metafísicas.

Esto no impide que siga activo el mecanismo de defensa que son las religiones ante el hecho ineludible de la muerte y que cada persona busque por su propios medios el alivio a la angustia de la "finitud" humana, por usar la expresión tan querida por el "viejo profesor" (Enrique Tierno Galván).

Cuando se trata, pues, de vencer la amenaza mortal de una pandemia, corresponde al individuo manejar sus inquietudes íntimas del modo personal que mejor le satisfaga y al Estado financiar la ciencia que se desarrolla en las escuelas de medicina y en los laboratorios farmacéuticos.

Lo que ya en todo punto resulta irracional es recurrir al activismo político para afrontar la amenaza que supone el SARS-CoV-2, como está ocurriendo estos días en España. Las manifestaciones callejeras impulsadas por los partidos de extrema derecha, ondeando banderas y profiriendo insultos contra los gobernantes legítimamente investidos, es el peor modo de afrontar el peligro que supone hoy la pandemia que nos amenaza.

El director del Instituto de Virología de Berlín, al ser preguntado por qué Angela Merkel ha sido alabada por su capacidad de liderazgo durante la crisis, respondió así: "Está muy informada. Ayuda mucho que ella sea científica y sepa manejar los datos". Y añadió a continuación: "Quizá una de las características más destacadas de un buen líder es que no esté utilizando la situación actual como una oportunidad política" [Cursivas de A.P.]

La áspera y bronca pugna política que desconcierta hoy a muchos españoles, entre una oposición que trata sobre todo de derribar al Gobierno y un Gobierno que para tomar decisiones tiene que basarse en los siempre variables parámetros de una ciencia que pisa terrenos desconocidos, es lo que parece impedir que la crisis del coronavirus se resuelva en España con un doble éxito: vencer la pandemia reduciendo su mortalidad y unir a los conciudadanos en un objetivo común: salvar las vidas de nuestros compatriotas. Objetivo que debería sobrepasar cualquier enfrentamiento partidista.

Publicado en República de las ideas el 21 de mayo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/05/21 17:09:6.754046 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2020/05/07 17:33:44.928140 GMT+2

Releyendo a San Mateo

Los niños educados en el nacionalcatolicismo franquista de los años cuarenta no solíamos tener acceso directo a la Biblia, considerada un texto peligroso. Para encontrar una explicación a esto, habrían de pasar muchos años hasta poder leer las andanzas de "Don Jorgito el Inglés", relatadas por George Borrow (La Biblia en España), que teñían a los textos bíblicos con un marcado matiz protestante. En España, por el contrario, estudiábamos en la "Historia Sagrada" unas edulcoradas versiones de los mitos bíblicos. Solo a los jóvenes "más preparados" se nos permitía leer biblias "expurgadas" y "con anotaciones" (perdone el lector la profusión de comillas).

Recuerdo con claridad la extraña sensación que tuve al leer por vez primera que Jesucristo, al explicar a sus discípulos por qué hablaba en parábolas para exponer los misterios del reino de los cielos, les dijo: "Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun aquello que tiene se le quitará". La sensación de tan insultante injusticia quedó grabada en mis neuronas pensando, claro está, que era yo el que no estaba suficientemente formado para entenderlo.

Años después, fui descubriendo la obscena realidad de la frase, porque fue exactamente eso lo que ocurrió tras la crisis financiera mundial de 2008. Aquella donde unos bandoleros sin escrúpulos destrozaron en su provecho el sistema financiero. Para salir de ella, la justicia internacional no procesó a los delincuentes bancarios ni los encarceló. Tampoco se les exigió devolver las sustanciosas propinas (bonus) que solían cobrar por ser brillantes gestores. Muchos de ellos se enriquecieron después, comprando barato lo que habían contribuido a deteriorar.

Los Gobiernos solo se preocuparon por evitar el colapso del sistema bancario, el circuito sanguíneo de la civilización capitalista. Así que fueron los ciudadanos contribuyentes a las arcas de los Estados los que con sus recursos ayudaron a rescatar a los ricos, a costa de tener que padecer después años de sueldos reducidos, alto desempleo, servicios sociales recortados y un deterioro general del Estado del bienestar. Los ricos se hicieron más ricos y los pobres, más pobres, siguiendo al pie de la letra el texto del evangelista S. Mateo. Curiosa fórmula financiera.

A consecuencia de la citada crisis se extendió una grave desconfianza hacia un sistema democrático que permitía tanta injusticia. Nacieron los populismos, del mismo modo que tras la crisis financiera de los años treinta del pasado siglo habían surgido los fascismos.

Ahora no son los buitres financieros los que amenazan al mundo, sino un virus agresivo y todavía no dominado. Pero los peligros que acechan a la democracia no son muy distintos a los de las anteriores crisis. Hay que evitar a toda costa que el miedo que acompaña a toda crisis llegue a dominar a los pueblos hasta el punto de aceptar los multiplicados bulos que deterioran el sistema democrático, tanto en EE.UU. como en Europa y en España.

Y la flagrante injusticia pseudoevangélica de dar más a quien más tiene y quitárselo todo al que apenas posee nada habrá de ser superada reforzando los vínculos sociales de los pueblos y la capacidad de los Estados democráticos para reducir las crecientes desigualdades socioeconómicas. Además, habrá que imbuir en la educación de los jóvenes la idea de que el bienestar de cada uno depende en último término del bienestar de todos los demás. Eso es algo que también enseña la ecología.

Y así tendremos que seguir hasta que la amenazadora emergencia climática, que ya se cierne sobre la humanidad, vuelva a poner sobre el tapete la necesidad de combatirla dentro de los parámetros de la imprescindible justicia social.

Publicado en República de las ideas el 7 de mayo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/05/07 17:33:44.928140 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (0)

2020/04/30 18:36:27.593069 GMT+2

Otra víctima del coronavirus: el pueblo palestino

Tras un año de atasco político y tres elecciones generales, el Likud de Benjamín Netanyahu y la coalición Azul y Blanco del exgeneral Benny Gantz han formado un Gobierno de coalición ("de emergencia") en Israel, con el compromiso de empezar a tratar en el Parlamento la anexión de ciertos territorios de la Cisjordania ocupada.

La inmediata reacción del Secretario de Estado de EE.UU., fue declarar que la citada anexión "es, en último término, una decisión que corresponde a Israel". Dejó bien claro que Netanyahu tiene carta blanca por lo que a Washington concierne, como es de sobra sabido desde que Trump se hizo con el poder.

Por lo tanto, el 1 de julio el Parlamento israelí podrá empezar a votar según lo establecido en el llamado "Acuerdo del siglo" (véase imagen), propiciado por Trump y rechazado de plano por la Autoridad Palestina (AP), porque concede a Israel el control militar sobre el pueblo palestino, le entrega gran parte de sus territorios, todo Jerusalén y los asentamiento ilegales.

Esta decisión unilateral del nuevo Gobierno de emergencia, creado para combatir la pandemia, da al traste con la "solución biestatal" al problema palestino y, como ha manifestado el Tribunal Internacional de Justicia, "perturba la puesta en práctica del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación".

Es evidente que la formación del nuevo Gobierno israelí no obedece a las necesidades creadas para hacer frente a la pandemia, sino que tiene un claro objetivo político aprovechando la emergencia sanitaria mundial para poner en práctica el proyecto de Trump, mientras el mundo y los palestinos están volcados en la lucha contra el coronavirus. Esto, sin olvidar que la reelección de Trump en noviembre se vería muy favorecida por el efecto propagandístico que la anexión tendría en EE.UU.

El enviado especial de la ONU a Oriente Medio informó la pasada semana al Consejo de Seguridad de que el perjuicio económico causado por la pandemia puede poner en riesgo la "misma existencia" de la AP. Añadió que "la anexión de territorios para acelerar la expansión de los asentamientos, combinada con el devastador impacto de la Covid-19, puede inflamar la situación y destruir cualquier esperanza de paz".

La anexión de Cisjordania es una enraizada aspiración de los círculos más conservadores israelíes y el abierto apoyo estadounidense la ha fortalecido, a pesar de que desde Europa se señalan los peligros que encierra, aunque sin añadir ninguna amenaza que tendiera a impedirla. Esto se leía en Haaretz el pasado jueves: "Este es el futuro que estamos planeando para los palestinos: vivir en pequeños bantustanes, sin derechos, con la segregación formando parte consustancial de la legislación israelí. Vergüenza eterna. El oculto y embarazoso apartheid es cosa del pasado: estamos en la era del apartheid oficial y arrogante".

Ese comentario de Zehava Galon, del partido Meretz, concluye: "Así son los estertores de muerte de la democracia israelí: un líder corrupto, que ha arrastrado a Israel a tres campañas electorales y las ha perdido, anuncia que Israel se está convirtiendo en un Estado de apartheid, con el apoyo de un cuarteto de estafadores que robaron el voto de sus seguidores. Sonría, es un momento histórico y nos pertenece a todos. Si alguien piensa que esto pasará silenciosamente, más vale que se lo piense mejor".

A pesar de la dura realidad, desde el ala progresista del pueblo palestino se pide la unidad, la reconciliación entre los dirigentes gazatíes y cisjordanos, desengañada del apoyo que la debilitada izquierda israelí parecía prestarle. El apoyo de EE.UU. al Gobierno anexionista de Israel solo deja a los palestinos la opción de resistir.

Un activista palestino escribía el pasado viernes en Middle East Eye: "Ya es hora de que los palestinos dejemos de perseguir la inútil ilusión biestatal y busquemos la solución de 'un Estado democrático' que garantice los mismos derechos y obligaciones de todos sus ciudadanos iguales, sea cual sea su religión o su raza, para el pueblo que habita entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Es la única solución viable para el conflicto del siglo". Pero si la solución biestatal es una "inútil ilusión", su propuesta de solución parece hoy un sueño inalcanzable.

Publicado en República de las ideas el 30 de abril de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/04/30 18:36:27.593069 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

2020/04/23 17:35:27.430962 GMT+2

Hay que mantener activo el 'modo emergencia'

The Climate Mobilization es una organización no gubernamental creada en EE.UU. en 2014 con la finalidad de "contener el calentamiento global y la extinción masiva de las especies, para proteger a la humanidad y a la naturaleza frente a la catástrofe climática". La palabra "movilización" tiene aquí el mismo sentido que tuvo en las potencias aliadas durante la 2ª Guerra Mundial, a fin de poner todos los recursos del país al servicio del esfuerzo bélico para derrotar a las potencias del Eje.

Su fundadora y directora, Margaret Klein Salamon, psicóloga, prolífica escritora y activista medioambiental, opina que las sociedades humanas pueden encontrarse en "modo normal" o en "modo emergencia", por utilizar una expresión más propia de la informática. En modo emergencia, la gente acepta comunitariamente la existencia de un peligro frente al que "hay que hacer todo lo que se pueda" para protegerse de él.

Así es como la humanidad está hoy reaccionando frente al peligro del coronavirus, pero para Salamon el verdadero reto al que nos enfrentamos es "mantener el 'modo emergencia' activo frente a la crisis climática, cuyo peligro es superior en varios órdenes de magnitud. No podemos pensar en volver 'a lo normal', porque las cosas ya no eran antes normales".

La analogía no es del todo exacta. La emergencia climática evoluciona más lentamente que el Covid-19. Nadie teme ser ingresado en un hospital por efecto de la emergencia climática, con peligro de muerte inminente esa misma noche. Por eso, alcanzar el "modo emergencia" frente a la crisis climática es más difícil que hacerlo frente al coronavirus. Si se lograra, los noticiarios de todo el mundo se llenarían de datos actualizados al instante sobre qué países estaban reduciendo sus emisiones contaminantes, en qué cuantías, y se votaría a los dirigentes políticos que adoptaran medidas en tal sentido. Por el contrario, los noticiarios hoy nos informan sobre los fallecidos, los contagiados y los salvados de las garras del virus.

Sin embargo, según se informa desde la Universidad de Stanford, la reducción en la contaminación atmosférica en cuatro ciudades chinas, como consecuencia de la confinación de la población a causa de la pandemia, ha salvado la vida de 1400 niños menores de 5 años y de 52700 adultos de más de 70. Muchos han visto las estrellas nocturnas por vez primera sin "boinas" contaminantes que oscurecen el cielo.

Muchos de los esfuerzos ahora realizados para vencer al coronavirus se enfocan con la idea de evitar que en el manejo de esta crisis sanitaria se reproduzcan los nefastos fracasos de la crisis financiera de 2008. Pero Salamon considera que todavía es más importante prepararse para la ya imparable emergencia climática.

Ambas crisis, la sanitaria actual y la climática inminente, tienen aspectos similares. Ambas exigen muy altos niveles de cooperación internacional; obligan a cambiar hoy costumbres y comportamientos, para sufrir menos mañana; han sido anunciadas anticipadamente por la Ciencia y descuidadas por la Política, por dirigentes más preocupados por ganar las próximas elecciones que por prever el futuro. No solo eso; ambas demuestran que hay que limitar las leyes del mercado para muchas actividades humanas y que es necesario reforzar las inversiones públicas para salir de la crítica encrucijada a la que ambas crisis nos arrastran.

Salamon cree que una lección de la crisis del virus es el "poder de la emoción compartida", que está logrando frenar la pandemia. En España, a las 20.00 salimos a agradecer públicamente desde nuestras ventanas a los que trabajan para derrotar al virus. Se refuerzan lazos de solidaridad y atenciones mutuas entre las personas.

"Necesitamos aprender a asustarnos juntos, -escribe- a estar de acuerdo en lo que nos causa pavor. Solo así los Gobiernos se verán forzados a actuar. Es bueno que entremos en el 'modo emergencia' ante la pandemia. Pero como no lo hagamos frente a la crisis climática...". Los puntos suspensivos encierran una amenaza que a todos nos concierne.

Publicado en República de las ideas el 23 de abril de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/04/23 17:35:27.430962 GMT+2
Etiquetas: | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)