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2020/10/22 17:24:17.433580 GMT+2

Vuelven los B-52

El pasado 21 de agosto, seis superbombarderos B-52H "Stratofortress" de la Fuerza Aérea de EE.UU. se trasladaron desde la base aérea Minot, en Dakota del Norte, hasta la base británica de Fairford, en Gloucestershire. El propósito del viaje era participar en unas maniobras en el espacio europeo durante varias semanas.

Se desconoce el tipo de armamento que llevaban a bordo, pero cada uno de esos bombarderos gigantes puede transportar en su bodega ocho misiles de crucero de tipo AGM-86B con carga nuclear. También pueden llevar bajo las alas otros 12 misiles de crucero, lo que no ocurrió en este caso. En resumen: los seis bombarderos desplazados a Europa tenían capacidad nuclear suficiente para arrasar gran parte de Rusia Occidental, incluyendo Moscú y San Petersburgo.

Los bombarderos B-52 fueron proyectados durante la Guerra Fría para atacar el territorio soviético con armas nucleares, tras volar sobre el Atlántico, el Pacífico o el Ártico; también operaron como bombarderos convencionales en la guerra de Vietnam y en otros conflictos. Se cree que actualmente hay unas 44 unidades en servicio, por lo que los seis enviados hasta el mismo borde de la frontera rusa en Europa, una séptima parte de toda la fuerza nuclear estadounidense basada en ese tipo de avión, indican la disposición de EE.UU. a amenazar con un conflicto nuclear a su rival euroasiático.

Durante su estancia en Europa dos de ellos volaron sobre el mar Báltico, muy cerca de Kaliningrado, la gran base rusa abierta a dicho mar, justo el día en que se reforzó el contingente militar de EE.UU. en Lituania, coincidiendo con el conflicto electoral en la vecina Bielorrusia. En otra ocasión, tres aparatos, acompañados por cazas ucranianos, sobrevolaron el mar Negro cerca de Crimea y la zona oriental de Ucrania, dos puntos de alta conflictividad. Esta incursión hizo despegar con urgencia a los cazas rusos de interceptación que, como en otras ocasiones, se acercaron a observar a los bombarderos estadounidenses.

Aunque el Mando de las fuerzas estadounidenses en Europa anunció que la visita de los bombarderos tenía por objeto "dar confianza a nuestros aliados de la OTAN", la realidad parecía mostrar que se trataba más bien de una demostración de fuerza cuando la tensión entre EE.UU. y Rusia parece estar agravándose.

Durante la Guerra Fría, exhibir la fuerza nuclear se hacía solo con fines disuasorios, nunca agresivos. La doctrina oficial de EE.UU. y de sus aliados (también la de la URSS) era que el simple poder nuclear, capaz de arrasar en represalia a cualquier otro Estado, evitaría ser agredido. Era la llamada "destrucción mutua asegurada". Esto no impedía que siguiera latente la idea de que atacando masivamente y por sorpresa se podría evitar la reacción del enemigo y alcanzar la victoria.

Tras el fallido intento de Obama de "reducir el papel de las armas nucleares en nuestra estrategia de seguridad nacional", como dijo al recibir el premio Nobel, la llegada de Trump cambió las cosas. Se estableció oficialmente en 2018 que los "vuelos al exterior muestran la capacidad y la decisión de EE.UU., incluso en tiempos de tensión".

El Océano Ártico, el mar de China, Formosa y algunos puntos críticos en Europa son el teatro de operaciones donde EE.UU., en la era de Trump, está jugando con fuego, fuego nuclear. Los vuelos de esos bombarderos en la proximidad de aguas o territorios de soberanía rusa o china pueden causar incidentes irreparables y, como ya es sabido, no son la reflexión ni la prudencia las cualidades que adornan algunas decisiones tomadas por Trump en política internacional. Ciertamente pueden hacer recelar a rusos y chinos, pero esto les llevará a reforzar su capacidad nuclear y a desconfiar de cualquier intento de aproximación diplomática de EE.UU., en el que verán una trampa.

En fin, como he citado en un comentario anterior, se podría aquí imitar a Monterroso con un minirrelato: "Al despertar de la pandemia, las armas nucleares todavía estaban allí". Suponiendo, claro está, que alguna vez despertemos de esta pesadilla vírica que tanto está perturbando nuestras vidas.

Publicado en República de las ideas el 22 de octubre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/10/22 17:24:17.433580 GMT+2
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2020/10/15 18:23:40.821463 GMT+2

Turquía, Grecia y los imperios decadentes

En un documentado y completo informe publicado por BBC News Mundo (*), el analista Mariano Aguirre explica con claridad cómo Turquía intenta recuperar la influencia que tuvo el viejo Imperio Otomano y qué consecuencias puede tener esto para el equilibrio internacional.

Las ensoñaciones de algunos Estados, que en el pasado dominaron imperios y quedaron después reducidos en el mejor de los casos a potencias regionales, han solido acarrearles consecuencias nefastas. No son pocos los que hoy demuestran cómo el Brexit británico hunde sus más profundas raíces en la liquidación de aquel Imperio donde "Britannia dominaba las olas" y que en 1956 fue humillado tras una fracasada aventura colonialista en Egipto.

Aventura que compartió con Francia, otro antiguo imperio que imaginó poder resistir pero empezó a desintegrarse cuando las colonias fueron invadidas por potencias extranjeras durante la 2ª G.M. Las guerras en Vietnam y Argelia tañeron las campanas fúnebres que forzaron a Francia a reconocer su verdadero lugar en el mundo.

Pues bien, Turquía parece no haber aprendido esas lecciones de la Historia y en los últimos tiempos se está revelando como un Estado conflictivo al intentar recuperar su antigua preponderancia. Su situación geoestratégica, como bisagra entre Europa y el Medio Oriente, agrava seriamente esta cuestión.

Grecia es uno de los países que más está sufriendo los efectos de esta situación, que también tiene repercusiones en la Unión Europea, la OTAN y EE.UU. Atenas acaba de anunciar la puesta en marcha de un programa para reforzar su capacidad militar, valorado en cerca de 7.000 millones de euros. Incluye armas contracarro, torpedos navales y misiles, e implica renovar la industria del armamento y prestar más atención a la guerra cibernética.

Tras los serios enfrentamientos armados del pasado verano, que alcanzaron un punto de máxima tensión entre ambos países, un profesor universitario de Atenas declaró: "Esto no ha sido un juego sino un preludio de guerra. Nunca he visto tanta agresividad desde Ankara. Un conflicto entre Grecia y Turquía no solucionaría nada. Ambos saben que pueden bombardearse brutalmente entre sí, pero ¿qué resolvería esto? No hay otra opción sino restablecer las líneas de comunicación".

Un agregado militar europeo en Atenas manifestó que han sido unas semanas muy preocupantes: "Es difícil que ambos países encuentren la vía de salida que lleve a la desescalada si, mientras tanto, el presidente turco utiliza una enérgica retórica para exhortar a sus bases nacionalistas".

Aunque la Unión Europea y EE.UU. intentaron rebajar la crisis a mediados de septiembre, el daño ya está hecho y se iniciado una peligrosa dinámica. Ante los esfuerzos de Atenas por reforzar su poder militar, Erdogan ha tachado de "ruinoso" al ejército griego, insistiendo en que no sería enemigo para el que es el segundo ejército más numeroso de la OTAN: "O entienden el lenguaje de la política y la diplomacia -declaró hace unas semanas-, o sufrirán en el campo de batalla".

El Mediterráneo Oriental, manantial siempre vivo de conflictos internacionales, suma uno más a su variado repertorio; uno al que no son ajenos los antiguos países colonizadores que tanto contribuyeron a complicar una convivencia siempre difícil.

(*) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-54418272

Publicado en República de las ideas el 15 de octubre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/10/15 18:23:40.821463 GMT+2
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2020/10/08 18:50:7.547004 GMT+2

Más problemas para octubre

Si en el comentario de la pasada semana aludía a la posibilidad de un conflicto internacional incitado por Trump para apiñar en torno suyo los votos necesarios a fin de salir reelegido, hoy voy a citar otro posible campo de actuación, esta vez doméstico, con la misma finalidad.

Es la llamada "táctica de la intimidación", para dificultar el derecho de voto a ciertos grupos sociales, recurrir a los tribunales para rechazar inscripciones de votantes y perturbar el recuento de los votos. En su primer debate presidencial Trump urgió a sus seguidores a "ir a las mesas electorales y observar con mucho cuidado". Y amenazó, con su retorcida sintaxis: "Pido a mi pueblo -espero que sea una elección limpia- si es una elección limpia yo estoy plenamente de acuerdo. Pero si veo que se manipulan decenas de miles de votos, yo no puedo aceptarlo". Contaría para ello con miles de "observadores" en los colegios electorales, formados por personal de las milicias de extrema derecha y de los llamados "vigilantes".

El temor a esta maniobra ha llevado a doce gobernadores de Estado del Partido Demócrata a difundir un llamamiento en defensa de la democracia y para asegurar que "todos los votos serán contados". Con ello replican a lo que Trump afirmó en el debate sobre la poca fiabilidad del voto por correo y su negativa a asegurar una transición pacífica del poder si perdía. En un video recientemente difundido, su hijo se expresaba así: "La izquierda radical está preparando el terreno para robar la elección a mi padre [...] No podemos dejar que pase eso. Necesitamos a todos los hombres y mujeres capaces para formar un ejército que defienda la seguridad en los comicios".

Trump se ha negado siempre a condenar públicamente las acciones de los supremacistas blancos y ahora exhortó al grupo extremista Proud Boys (Muchachos orgullosos) a permanecer "alerta y preparados" durante las elecciones, aún sabiendo que suelen portar armas y acostumbran a amedrentar a negros e hispanos. Una congresista californiana declaró esto sobre los "trumpistas": "Amenazan a los grupos minoritarios y pobres para que no salgan a votar. Me gustaría que la policía anduviera por allí cuando aparezcan en sus motocicletas los matones armados".

La idea general de este problema la resumió así la directora del Centro Brennan para los derechos de los votantes: "No podemos dejar que esas gentes ganen. Que los intimidadores y discriminadores nos impidan el derecho fundamental al voto. Hemos de estar dispuestos y listos. Hacer lo que podamos para impedirlo. Debemos saber qué hacer si eso sucede. Pero lo más esencial es que, a pesar de todo, vamos a salir y a votar".

Mi insistencia en comentar los riesgos implícitos en el actual periodo electoral estadounidense obedece a la sensación generalizada, tanto en EE.UU. como en el resto del mundo, de que lo que ocurra allí en noviembre va a tener repercusiones vastas y de hondo calado. Entre la pandemia que ahora nos acosa, la emergencia climática que ya está dejando ver sus efectos e incluso sobre el áspero forcejeo político que lamentablemente padecemos hoy en España, del resultado final de las elecciones presidenciales en EE.UU. va a depender, entre otras cosas la supervivencia de la democracia tal como la entendemos. También resultarán afectadas las relaciones internacionales y los equilibrios de poder. Es mucho lo que nos jugamos ahora los habitantes del planeta.

Publicado en República de las ideas el 8 de octubre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/10/08 18:50:7.547004 GMT+2
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2020/10/01 18:06:26.124098 GMT+2

Los 'octubristas'

La Historia guarda un recuerdo notable de los "decembristas" rusos, aquellos sublevados contra el régimen zarista en diciembre de 1825 porque pretendían liberalizarlo, dotarle de una constitución y hacerle respetar los derechos humanos. Derrotados por las tropas de Nicolás I, contribuyeron involuntariamente a repoblar y civilizar la salvaje Siberia a la que muchos fueron deportados como castigo, como puede comprobar cualquier viajero que hoy la visite.

Los "septembristas" no son tan conocidos, pero el septembrismo agrupa también ciertos fenómenos históricos que ocurrieron en algún mes de septiembre, como un conocido episodio sangriento de la Revolución francesa en 1792 y ciertos movimientos civiles en Portugal, Argentina y Cuba, sin olvidar en España la "Gloriosa" revolución de 1868, también conocida como "La Septembrina", que puso fin al reinado de Isabel II.

Pues ahora, en este mes que precede al de la elección presidencial en EE.UU., no son pocos los "octubristas" (podemos inventar esta palabra, con permiso de los lectores) que, en medios de comunicación, tertulias, discursos, libros o proclamas, hacen cábalas sobre cuál podrá ser la "sorpresa de octubre" que permita a Trump hacerse con un nuevo mandato. Es bien sabido que en vísperas de cualquier elección algunos acontecimientos señalados pueden hacer cambiar el sentido del voto en muchos ciudadanos. Y que Trump puede guardar en la manga un as que le regale la reelección es algo que nadie puede descartar.

Han circulado noticias no verificadas que apuntan a que Irán puede ser ese enemigo absoluto contra el que Trump va a defender a su pueblo. El proceso de hacer de Irán el enemigo necesario para facilitar la política interior en EE.UU. es antiguo. Pero ahora se le acusa, sin pruebas fehacientes, de haber planificado el asesinato de la embajadora de EE.UU. en Sudáfrica, una supermillonaria amiga de Trump y generosa donante a su partido, de la que no se conoce ninguna habilidad ni experiencia especial para el cargo, salvo haber nacido en ese país y hablar el idioma afrikáans, la lengua de los blancos sudafricanos.

Este rumor se une al hecho de que el pasado 3 de enero un drone de EE.UU. asesinó al general iraní Soleimaní en Irak y de que Irán no tomó entonces represalias por ello. De ese modo, puede hacerse creer que es cierto el intento de asesinato en Sudáfrica, a modo de venganza diferida. ¿Cómo puede Irán demostrar que no es cierto?

Así que durante este mes de octubre Trump podría tuitear: "Vamos contra Irán por [una u otra razón]. Voy a defender a nuestro país de un peligro inminente". Y podría iniciar una campaña de ciberataques que destrozarían la ya maltrecha economía iraní, adobados con la consabida propaganda a la que es tan aficionado. Si algo ha aprendido de la reciente historia de su país, es poco probable que llegue a atacar militarmente a Irán, hecho de impredecibles consecuencias.

Esta hipótesis resulta reforzada por el reciente pacto, auspiciado por Trump y solemnemente firmado en la Casa Blanca, entre Israel y las monarquías del Golfo, una alianza estratégica que tiene como objetivo a Irán. Alianza que, salvo al pueblo palestino, a todos beneficia: a Israel, a los Emiratos Árabes y a Baréin, como hemos comentado en otra ocasión: La trampa de los emiratos.

Permanezcamos, pues, atentos a lo que nos llegue desde Washington durante este mes de octubre que hoy comienza. Querámoslo o no, todos nos hemos hecho algo "octubristas".

Publicado en República de las ideas el 1 de octubre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/10/01 18:06:26.124098 GMT+2
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2020/09/24 17:42:7.308540 GMT+2

Al despertar de la pandemia...

...las armas nucleares todavía estaban allí. (Minicuento del autor).

Como tuve ocasión de comentar anteriormente, el año 2020, aparte de ser el año fatídico en el que un virus desconocido cambió nuestra forma de vivir y se cobró más víctimas que algunas guerras, se inició bajo el penoso recuerdo de la amenaza nuclear. El pasado 16 de julio, apenas levantado el confinamiento sanitario, se cumplió el 75º aniversario de la primera explosión nuclear producida por el ser humano sobre la superficie terrestre. Poco después, las dos primeras armas nucleares de la historia de la humanidad aniquilaron sendas ciudades japonesas con una horrenda carnicería, en lo que fue un brutal experimento para probar dos modelos distintos de ese tipo de arma.

La humanidad fue reaccionando ante el nuevo horror y creando organizaciones internacionales y sistemas de seguridad para controlar el peligro que tales armas representan. Se firmaron tratados y, aunque hubo momentos peligrosos, ningún nuevo "hongo nuclear" volvió a elevarse entre cadáveres destrozados. El temido holocausto fue alejándose de las preocupaciones de la gente.

Pero algunos líderes mundiales todavía lo citan. En agosto de 2017 Trump no se había enamorado todavía del dictador norcoreano. En uno de sus acaloramientos tuiteros amenazó al país asiático con reducirlo a escombros: "Tendrá que afrontar 'fuego y furia' como jamás se ha visto en el mundo", dijo, imaginando un ataque nuclear que sería el primero tras el arrasamiento de Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, poco después, en septiembre de 2018, aludiendo a Kim Jong-un tras una reunión con él, dijo Trump: "Nos enamoramos". Y en otro momento singular, hace poco, aseguró que "las armas nucleares son un problema mucho más grande que el calentamiento global". Teniendo en cuenta que él cree que este fenómeno no existe, quien le escucha ya no sabe a qué carta quedarse pero retiene el hecho de que Trump sigue teniendo en la mente y a mano el botón nuclear.

En 75 años muchas cosas han cambiado y, como recuerdan dos investigadores de la Universidad Erasmus de Rotterdam, esos cambios pueden agravar el riesgo nuclear, justo cuando la opinión pública lo ha ido olvidando, sobre todo en estos tiempos de pandemia.

Las innovaciones en el ciberespacio, con ataques cibernéticos inconcebibles en 1945, unidas a dos nuevas tecnologías en desarrollo avanzado, como son la inteligencia artificial (IA) y las armas de velocidad hipersónica, han hecho cambiar radicalmente la peligrosidad implícita de todo armamento nuclear, según los citados investigadores.

Ha aumentado el peligro de las falsas alarmas, los errores humanos o técnicos o los malentendidos entre países hostiles. Detectar que un sistema informático de defensa contra misiles está siendo examinado desde orígenes desconocidos puede hacer creer en la inminencia de un ataque y desencadenar una represalia anticipada. Si además los dispositivos de vigilancia dependen de programas de IA, éstos pueden tomar decisiones que una mente humana no adoptaría, aplicando un juicio ético, por ejemplo, a las circunstancias en que una orden superior no debería ser ejecutada. Si a esto se une el hecho de que las armas hipersónicas reducen el tiempo de toma de decisiones, las probabilidades de cometer un error irreparable aumentan aceleradamente. Y si ante una señal de alarma se disponía antes de quince minutos de plazo para decidir la respuesta, ahora habrá que decidirlo en menos de cinco. A esto hay que sumar el hecho de que los fallos técnicos, en sistemas tan complejos, pueden ser mayores y acarrear resultados más catastróficos.

La conclusión de todo lo anterior es que es necesario reconstruir y readaptar los sistemas antiguos de control de armas. Esto, relativamente factible en lo relacionado con dispositivos físicos (localizar y contar misiles o lanzadores), es difícil de solucionar en el campo cibernético y el de la IA. Es preciso adoptar la idea de que el nuevo control de armamentos debe incidir en las "restricciones del comportamiento", es decir, sobre el modo de utilizar ambas técnicas dentro del ámbito de las armas nucleares.

A este respecto, las medidas de creación de confianza adoptadas por la OSCE en Viena en 2016, relacionadas con el control de las actividades cibernéticas, habrían de extenderse a la IA. Y también ampliarlas más allá de los 57 Estados miembros de esta organización hasta hacerlas de aplicación universal. La humanidad se juega mucho en ello.

Publicado en República de las ideas el 24 de septiembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/09/24 17:42:7.308540 GMT+2
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2020/09/17 18:16:52.744239 GMT+2

¿Se irá Trump?

El título de un libro que ahora está dando mucho que hablar en EE.UU. es Will He Go? (Twelve, 2020), que traducido al castellano podría ser: "¿Se irá Trump?". O más libremente, quizá expresando los deseos del autor, "¿Lograremos deshacernos de Trump?".

Cuando Trump alcanzó la presidencia de EE.UU. en 2016, dijo que entre tres y cinco millones de votantes ilegales le habían robado su victoria sobre Hillary Clinton, quien le ganó en votos populares aunque perdió el nombramiento.

Entonces, Lawrence Douglas, el autor de Will He Go?, escribió lo siguiente: "[Trump] Podría recurrir al mismo razonamiento dentro de cuatro años, si pierde la reelección. El daño que el candidato Trump podría haber hecho a la democracia americana si hubiera perdido [en 2016] no sería nada en comparación con el daño que puede hacer un presidente en ejercicio si rechaza su derrota". Esta es la idea del nuevo libro, expresada en el subtítulo: "Trump y el cataclismo de la inminente elección en 2020" (Trump and the Looming Election Meltdown in 2020).

Es cortesía democrática conceder la victoria del oponente cuando no se alcanza el nombramiento. Incluso anunciar que se cooperará con el nuevo presidente para facilitar la transición. Nada de esto parece asumible por Trump, que no admite la derrota y ha vulnerado casi todas las normas de la vida política en EE.UU.: utilizó recientemente la Casa Blanca para un acto electoral; ha amenazado con encarcelar a su rival; ha llamado traicioneros (treasonous) a los miembros del Congreso que no aplauden sus discursos; ha buscado la intervención extranjera en el proceso electoral; ha vilipendiado la actuación del Departamento de Justicia; ha utilizado la Presidencia para favorecer sus negocios... La lista de desafueros es muy larga, y ahora trata de desprestigiar el voto por correo criticando al Servicio Postal de la nación y anunciando, sin base alguna, que ese modo de votar está corrompido.

¿Se irá Trump? La respuesta está envuelta en espesa niebla. Hace poco Trump sugirió que si gana en noviembre se presentará "para cuatro años más, porque han espiado mi campaña. Yo tendría que repetir la presidencia". Casi como un niño enfadado que cuando piensa que otro le hace trampas va y cambia las reglas del juego.

Durante en la Convención del partido sus seguidores coreaban ¡Cuatro años más! y él comentó: "Lo que de verdad les volvería locos es que pidierais 'Doce años más'". Y cuando en 2018 el presidente de China suprimió de la constitución la limitación a dos mandatos, Trump declaró que era "formidable" que Xi Jinping pudiera ser presidente toda su vida y sugirió: "Quizá nosotros tendríamos que probar eso alguna vez".

El complejo sistema electoral estadounidense está muy lejos del lema democrático: "una persona = un voto". Es un sistema enmarañado, con distintas legislaciones en los 50 Estados de la Unión y con un absurdo Colegio Electoral que se interpone entre los votos ciudadanos y el resultado final. Los tribunales, además, pueden interpretar unas leyes confusas según el interés del partido que ostente la gobernación en cada Estado.

El argumento del libro, que no se puede resumir en este breve comentario, se orienta más a la posibilidad de que Trump rechace la derrota que al caso de que ganase la reelección usando artimañas. El nombramiento de un Fiscal general presto a actuar como abogado de Trump es una importante ayuda para su triunfo entre los recovecos tortuosos de la legislación electoral.

En lo que bastante analistas estadounidenses parecen estar de acuerdo es que, aunque Trump perdiera la reelección por un amplio margen y llegara a abandonar la Casa Blanca, seguiría deteriorando gravemente la legitimidad del sistema democrático gracias a su propensión a estar siempre en el foco, agitando a sus seguidores en las redes sociales, atacando a su sucesor y proclamando que había perdido las elecciones de modo fraudulento, a fin de preparar su regreso en 2024.

Todo parece indicar que Trump en persona o su sombra ominosa van a perturbar la política estadounidense durante largo tiempo.

Publicado en República de las ideas el 17 de septiembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/09/17 18:16:52.744239 GMT+2
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2020/09/09 13:43:4.481369 GMT+2

Una lección desde las antípodas

El 15 de marzo de 2019 un terrorista solitario, de nacionalidad australiana, asesinó brutalmente a medio centenar de fieles musulmanes que asistían al rezo del viernes en dos mezquitas distintas de la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelanda. El atacante fue transmitiendo en directo los detalles de su masacre a través de las redes sociales, por las que además hizo circular un largo manifiesto fomentando el odio al islam y contra los inmigrantes, a los que calificaba de invasores. El horror de esta acción hizo estremecerse al mundo entero.

El pasado 27 de agosto se ha dictado sentencia contra ese terrorista, condenado a cadena perpetua sin posibilidad de reducción, algo inédito en NZ. Ese día, ningún medio de comunicación del país reprodujo el nombre del condenado al dar cuenta de la noticia. En su mayoría se centraron sobre las víctimas del atentado y sus familiares.

La razón es que en mayo de 2019, poco después de los hechos, cinco importantes empresas mediáticas nacionales se pusieron de acuerdo para limitar las informaciones publicadas sobre el proceso judicial, a fin de no colaborar con la diseminación de la ideología del asesino. La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, aseguró que nunca la oirían pronunciar su nombre, idea a la que se sumó espontáneamente una gran parte de la población.

Se trataba de no repetir la publicidad que recibió ocho años antes el espeluznante caso del terrorista noruego que en julio de 2011 asesinó a 77 personas en un campamento juvenil próximo a Oslo e hizo explotar después una bomba en el distrito gubernamental de la capital. También él había hecho circular por las redes un manifiesto antes de los atentados, que inspiró, ocho años después, al asesino de NZ objeto de este comentario, quien se confesó admirador incondicional del noruego.

Con algunos matices de diferencia, ambos terroristas se definían como fundamentalistas cristianos, defensores del nacionalsocialismo y enemigos de la sociedad multicultural, llamando a una guerra abierta contra el marxismo y el islam, enemigos de las verdaderas esencias cristianas.

El director de la principal radio nacional de NZ afirmó: "Nunca le dejaríamos utilizar sus intervenciones ante el tribunal como altavoz para difundir sus detestables opiniones". Y Ardern juzgó así la dureza de la condena: "Merece una vida entera de silencio total y absoluto". El juez que dictó la sentencia declaró: "Sus delitos son tan perversos que si permanece encarcelado hasta que muera nunca cumplirá los requisitos de ser denunciado y sancionado".

La opinión pública ya le ha castigado también, pues al referirse a estos hechos se utilizan palabras como "basura social", "monstruo", "perdido", etc., en lugar de su nombre propio. El asesino múltiple buscaba con su atroz acción alcanzar fama y notoriedad, como decía en su manifiesto. En Nueva Zelanda, al menos, su esfuerzo ha resultado inútil.

Nota final: La alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michele Bachelet, ha recordado que "de los doce países que mejor han afrontado la pandemia, nueve están dirigidos por mujeres". Eso, a pesar de que menos del 7% de los líderes mundiales son mujeres. Una de ellas es la primera ministra de Nueva Zelanda, ese país antípoda de España del que nos llega ahora una interesante lección sobre el modo de refrenar el barbarismo de los fanáticos de cualquier signo, que predican sus ideas bañándolas en sangre inocente.

Publicado en República de las ideas el 10 de septiembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/09/09 13:43:4.481369 GMT+2
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2020/09/03 17:57:27.959122 GMT+2

La trampa de los Emiratos

El más evidente engaño del nuevo acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) venía ostensiblemente pintado sobre el fuselaje del avión que completó en Abu Dhabi el "primer vuelo comercial directo" (como proclamaba la prensa mundial) entre ambos países. En tres idiomas -árabe, inglés y hebreo- la palabra PAZ daba nombre al avión, pero resultaba algo superflua porque nunca han estado en guerra Israel y los EAU, por lo que no había ninguna paz que acordar. Cosa que, por el contrario, sí ocurrió en los tratados firmados por Israel con Egipto (1979) y Jordania (1994).

Por la escalerilla del Boeing bajó una delegación israelo-estadounidense en la que brillaba el yerno de Trump, presunto artífice de una futura paz en Oriente Próximo (el "Tratado del siglo", según Trump, todavía a la espera), poniendo de relieve el decisivo papel de EE.UU. en este insólitamente llamado "Acuerdo de Abraham". No hay que ignorar, sin embargo, que este nombre bíblico resonará muy favorablemente entre los fervorosos seguidores evangélicos del Presidente, ayudando a su reelección en noviembre.

Teniendo en cuenta que los EAU nunca se han distinguido por su defensa del pueblo palestino, es penoso constatar cómo su autócrata gobernante, el jeque Bin Zayed, alardea de que, gracias al acuerdo, se ha logrado que Israel "detenga la ilegal anexión de los territorios palestinos, lo que traerá la paz a la región". Anexión que, como es bien sabido en palabras de Netanyahu, solo ha quedado "en suspenso" y podría completarse en cualquier momento.

Detrás de todo ello se esconde una realidad geopolítica: tanto EE.UU. como Israel se aprovechan de los EAU y su ambición expansiva (que ha le llevado a intervenir en la represión de protestas populares, desde Túnez a Siria, como en Libia y Sudán). Netanyahu envidia la libertad del dictador emiratí, país donde la mayor parte de la población está formada por dóciles inmigrantes asiáticos, incapaces de crear ningún problema interno a su Gobierno.

La nueva alianza (más que un acuerdo) no se ha forjado para ayudar a los palestinos sino para reforzar los intereses que en esta región tienen ambos firmantes, así como EE.UU., ante la inquietud que en ellos genera la política seguida por los Gobiernos de Teherán y Ankara.

Es muy probable que extiendan su mano a Egipto y Arabia Saudí, para crear un frente que les asegure respecto a algunas decisiones que puedan tomar EE.UU., la Unión Europea u otros países de la zona. Juntos, podrían aplastar militarmente a palestinos y yemeníes rebeldes, así como dominar en Líbano y Libia. Frente a tales ambiciones se alzan Turquía e Irán, lo que podría ser origen de serios conflictos.

Gracias al acuerdo, los EAU estrechan lazos con EE.UU. y esperan reforzar su poder militar mediante probable adquisición de los modernos cazas F-35. Aspiran a convertirse en un poder regional que colabore en impedir que la democracia llegue a asentarse en cualquier país de la zona, evitando el riesgo de que surjan nuevas "primaveras árabes" que pongan en peligro el orden establecido.

Por su lado, Trump se apuntará un triunfo espectacular cuando en Washington acudan israelíes y emiratíes a firmar oficialmente el acuerdo, en vísperas de unas elecciones que se le presentan muy cuesta arriba.

En resumen, este presunto acuerdo "de paz" no parece anticipar una mayor estabilidad en la zona, sino reforzar a algunos protagonistas propensos a servirse de la fuerza militar para alcanzar sus objetivos y agravar los enfrentamientos regionales ya existentes.

Publicado en República de las ideas el 3 de septiembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/09/03 17:57:27.959122 GMT+2
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2020/08/27 18:33:43.403927 GMT+2

Sobre las consecuencias políticas de la pandemia

Los analistas políticos están en su mayoría de acuerdo en que las grandes crisis mundiales han traído a la humanidad efectos importantes y duraderos. No hace falta recordar la Gran Depresión de los años 30 del pasado siglo, que indujo al aislamiento nacionalista, el fascismo y acabó en la guerra; más reciente, la crisis financiera del 2008 azuzó las tendencias antisistema y los populismos.

Se especula ahora sobre si la pandemia de la Covid-19 hará crecer las tendencias autoritarias o, por el contrario, servirá para renovar y reavivar la democracia. De momento, lo que se sabe es que en la respuesta al coronavirus unos países han obtenido mejores resultados que otros. Algunas democracias han tenido éxito y otras, no. Lo mismo se ha observado en las autocracias. Han sido más numerosos los países que han respondido mal que los que pueden apuntarse un éxito claro.

Para el conocido politólogo estadounidense Francis Fukuyama, son tres los factores determinantes de ese éxito o fracaso, que no dependen de que el régimen sea o no democrático: la eficacia del Estado, la confianza social y el liderazgo. Allí donde el aparato del Estado es sólido y competente, donde el Gobierno goza de la confianza de los ciudadanos y cuando el liderazgo es firme, la respuesta al coronavirus ha sido eficaz, a pesar del daño infligido a la población.

Por el contrario, esa respuesta ha fallado allí donde el Estado ha actuado de modo disfuncional, la sociedad está dividida o polarizada y el liderazgo ha sido vacilante o débil, de modo que los ciudadanos han sufrido el doble efecto de la enfermedad y de la subsiguiente crisis económica.

Para Fukuyama, esta crisis va a ser duradera, medida en años, no en meses. Algunos de sus efectos evidentes, como el aumento del paro, la recesión económica y el crecimiento de la deuda acabarán provocando tensiones y conflictos políticos, protestas dirigidas ¿contra quién o quiénes? ¿para lograr qué objetivos? Esto se irá viendo al paso del tiempo, y ante ello hay dos posturas: la pesimista y la optimista.

La primera se basa en observar el auge de las ideologías nacionalistas y xenófobas y el ataque a las libertades personales. Renacen los fascismos y se agravan las turbulencias internas en los países más pobres y peor dotados para afrontar la pandemia. (Muchas personas no tienen siquiera fácil acceso al agua).

Si a esto se suman los efectos de la emergencia climática, se pueden crear las circunstancias suficientes para provocar revueltas populares, agravadas por la creciente desigualdad entre ricos y pobres (tanto personas como países). La brutal destrucción de las esperanzas de muchos ciudadanos de todo el mundo tras unos años de sostenido crecimiento es, según Fukuyama, "la fórmula clásica para la revolución".

Pero otra perspectiva más luminosa es también posible. Del mismo modo como la Gran Depresión a la vez que el fascismo y la guerra también trajo una renovación y rejuvenecimiento de la democracia, y abrió el camino a nuevos modos de entendimiento entre los Estados, la pandemia podría ayudar a romper algunos sistemas políticos envejecidos y crear las bases para reforzar y modernizar la actual democracia.

El modo de afrontar la pandemia muestra que más eficaz que la demagogia política al uso es acudir al profesionalismo y la experiencia de los que la tienen. El virus ha puesto de manifiesto los fallos de nuestro sistema, pero también ha mostrado la capacidad de los Gobiernos para dar soluciones a los problemas comunes y la urgente necesidad de reforzar las bases del Estado del bienestar, malparadas desde la crisis del 2008.

La democracia ha mostrado a lo largo de la Historia ser capaz de soportar graves crisis y salir renovada de ellas. Pero son los ciudadanos de todos los Estados los que han de esforzarse porque así sea, uniendo sus esfuerzos ante el enemigo común, el coronavirus, y dejando para más adelante los modos concretos de conservar y reforzar esa preciada y asediada democracia.

Publicado en República de las ideas el 27 de agosto de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/08/27 18:33:43.403927 GMT+2
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2020/08/18 19:25:50.770586 GMT+2

Atravesando el infierno

El Gobernador de Georgia (EE.UU.), del Partido Republicano y admirador de Trump, parece dedicar más esfuerzos a derrotar a sus enemigos políticos que a combatir el coronavirus, que ha infectado gran parte del Estado y ha causado unas 4000 muertes. Ha demandado judicialmente a la alcaldesa de Atlanta, la principal ciudad de Georgia, que además de pertenecer al Partido Demócrata es negra (como la mayoría de la población de esa ciudad), para impedirle que haga obligatorio el uso de mascarillas. Ella lo considera una venganza personal, con claras raíces políticas y racistas.

Una carta firmada por unos 2400 médicos, enfermeros y personal sanitario pidió al Gobernador que exigiera el uso temporal de mascarillas, cerrara bares y clubes y limitara las reuniones cerradas y el culto en las iglesias. Le rogaban también que aumentara y acelerara el número de pruebas diagnósticas.

Una doctora de Atlanta, firmante de la carta, declaró: "Nuestra situación se está descontrolando deprisa. Los sanitarios de primera línea están al límite, nos han dejado a nuestro aire para salir adelante como podamos, mientras el Gobernador es incapaz de hacer lo que es necesario para controlar la pandemia".

¿Les suena este tipo de conflicto a los lectores? Política y ciencia médica enfrentadas y sin llegar a entenderse. La primera, obsesionada con alcanzar o mantener el poder; la segunda, luchando contra la enfermedad, para salvar vidas. Ahora tanto más grave en EE.UU., cuando unas inminentes elecciones presidenciales tiñen todas las decisiones que hayan de adoptar las autoridades políticas a cualquier nivel y una efervescencia antirracista se extiende por el país.

La evidente incompetencia de Trump y su errática gestión del poder han llevado a EE.UU. a una situación límite. Cuando en una entrevista se le hizo ver que morían diariamente mil estadounidenses respondió: "Pues es lo que hay. Pero esto no quiere decir que no hacemos todo lo que podemos. [La epidemia] está bajo control todo lo que es posible".

En la Universidad de Seattle se predice que para el 3 de noviembre, el día electoral, habrán muerto 230.000 ciudadanos y a fin de año esta cifra se acercará a 300.000. Por su parte, un científico médico de Houston declaró: "Esto es mucho más que una amenaza a la salud de los estadounidenses: es una extensa y grave crisis de seguridad nacional". Y añadió: "Los ciudadanos normales tienen tanta inseguridad que ya no se atreven a salir de sus domicilios".

Los esfuerzos académicos por resaltar la gravedad de la situación chocan con una especie de inercia popular que acepta las cosas tal como vienen y lleva a creer que poco más se puede hacer. Además, se crea una falsa confianza en espera de una vacuna, que, según el citado científico, difícilmente será eficaz antes de mediados del 2021. Augura también un otoño agónico para EE.UU. y al preguntarle qué habría que hacer en estas circunstancias citó a Churchill: "Cuando estás atravesando el infierno lo mejor es seguir andando. No hay otra elección".

Cuando en el país más poderoso del mundo, con una tecnología y una ciencia siempre en vanguardia y con recursos casi ilimitados, observamos situaciones como la aquí descrita, es cuando menos se entienden algunos fenómenos españoles, como la reciente manifestación popular en la madrileña plaza de Colón (¿dónde, si no?), mal utilizando la palabra "libertad" para oponerse a los esfuerzos de la ciencia médica a fin de vencer al único enemigo real que hoy nos amenaza a todos: el coronavirus.

En fin, ya sabemos que en España "hay gente pa tó".

Publicado en República de las ideas el 20 de agosto de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/08/18 19:25:50.770586 GMT+2
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