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2020/05/28 18:56:24.452692 GMT+2

Aspectos militares de la pandemia

Hace unos días, un antiguo profesor de Historia en la Academia Militar de West Point, ahora en situación de retiro y colaborador en diversos medios de EE.UU., en un análisis de lo que podrían ser las fuerzas armadas de su país tras la Covid-19, escribía lo siguiente:

"Esta es la honda y trágica paradoja de todo lo anterior. Como el coronavirus debería habérnoslo recordado, las verdaderas amenazas existenciales para EE.UU. (y para la humanidad) -pandemias sanitarias, un posible apocalipsis nuclear y el cambio climático- son inmunes a los instrumentos militares de Washington. Buques de guerra, brigadas de infantería o acorazadas, equipos de comandos... nada pueden hacer ante los virus mortíferos, la subida de las mareas o la radiación nuclear. Por eso, la proliferación de carros de combate o de portaaviones (verdaderos caldos de cultivo para cualquier virus cercano) y las ingentes finanzas del Pentágono (más necesarias en otras partes) serán, en el futuro, monumentos a la era del desengaño americano".

No obstante tan pesimista perspectiva, la OTAN sigue en sus trece y el Secretario General aludió al impacto económico de la pandemia en una videoconferencia en marzo pasado, insistiendo en su mantra: "Espero que los aliados sigan comprometidos en invertir más en seguridad" (hasta alcanzar el 2% del PNB). Parecía ignorar el reto que ya entonces suponía la propagación de la Covid-19.

Conviene recordar a la OTAN que el panorama internacional ha cambiado mucho y hay que tener en cuenta varios aspectos imprescindibles. Es forzoso suponer que los presupuestos de defensa se reducirán en todo el mundo, puesto que se anticipa un descenso del 5 al 10% en el PNB global. El Cuartel General de la OTAN en Bruselas va a tener que enzarzarse en serias discusiones en los próximos años si continúa con sus viejos planteamientos a estilo "guerra fría".

Por otro lado, la "unidad y cohesión" internas de la OTAN, tan frecuentemente aludidas y ensalzadas, se van a ver en peligro. Ya antes de la pandemia existían motivos de desacuerdo (como la intervención turca en Siria o las amenazas procedentes de África) y ahora se anticipa la rivalidad entre los Estados por obtener fondos que ayuden a la recuperación económica de la UE tras la pandemia. La política hacia China o hacia Rusia y la errática posición de Trump en sus relaciones internacionales van a hacer difícil que la OTAN pueda establecer objetivos claros y bien definidos que satisfagan a todos sus socios.

Un tercer aspecto es cómo va a afectar la pandemia a la operatividad de las fuerzas armadas. Varias maniobras previstas hubieron de ser suspendidas o aplazadas, a la vez que algunos países europeos tenían que recurrir a sus ejércitos para afrontar la emergencia sanitaria.

No menos importante es el desapego que se advierte entre los aliados de ambas orillas atlánticas. Trump no oculta cuales son sus objetivos personales y nacionales. Nada más lejano para él que consolidar una alianza transatlántica que combata la pandemia y ayude a los países más afectados. Sus inmediatas aspiraciones electorales empañan el resto del problema.

Y desde nuestra perspectiva mediterránea, el último aspecto a considerar sería la peculiaridad del flanco meridional otánico, desde donde acechan el terrorismo, las migraciones y las incertidumbres políticas internas que se extienden por el norte de África hasta el Próximo Oriente.

Lejos de aquel alto el fuego universal con el que el Secretario General de Naciones Unidas pretendía lograr un esfuerzo mundial para afrontar la Covid-19, si ésta es vencida o neutralizada las guerras "post-Covid" serán objeto de estudio posterior como lo han sido todas las guerras que han acompañado a la humanidad desde el inicio de los tiempos. Y traerán novedades de mucho calado.

Publicado en República de las ideas el 28 de mayo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/05/28 18:56:24.452692 GMT+2
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2020/05/21 17:09:6.754046 GMT+2

Religión... ciencia... política...

Visité en mi juventud, allá por los años cuarenta del pasado siglo, un pueblecito navarro donde se guardaba una original tradición. Si la "pertinaz" sequía amenazaba con arruinar las cosechas, se bajaba en procesión la estatua del santo patrón desde su altar hasta el seco cauce del riachuelo que contorneaba el pueblo y regaba sus tierras. Y allí se la dejaba abandonada bajo el puente, hasta que lloviese o hasta que el río trajera agua desde la montaña.

Era un asunto de pura ortodoxia religiosa. Todo santo patrón es, por definición, el intercesor entre la divinidad que envía la lluvia y el pueblo que la necesita; si no cumple bien su misión, merece ser advertido de su ineficacia para atender las súplicas de sus devotos.

Dios era allí el responsable de enviar la lluvia; pero también se le ha venido atribuyendo la capacidad de castigar el mal comportamiento de sus fieles con epidemias, terremotos, plagas de langosta, rayos y otros fenómenos naturales. Cuando a mediados del siglo XVIII Benjamin Franklin inventó el pararrayos, el clero lo condenó como un intento impío de frustrar la voluntad divina, privándola de la posibilidad de lanzar todos los rayos que deseara. Los viejos artilleros recordamos la leyenda del rayo que fulminó a Dióscoro por haber asesinado a su hija, Santa Bárbara, patrona de artilleros y gentes de la minería.

La pandemia de la Covid-19 ha dado definitivamente al traste con esas viejas mitologías. Hasta las jerarquías eclesiásticas aceptan hoy las limitaciones que la ciencia sanitaria les impone para celebrar actos de culto religioso sin riesgo de propagar la infección. Los fenómenos naturales ya solo son abordados desde las ciencias y no desde las religiones. Las casullas, sotanas, velas e incensarios con los que antaño se acudía a aplacar a las divinidades irritadas han dado paso a las batas de los médicos y del personal sanitario, a los complejos aparatos que ayudan a sostener la vida de los pacientes en las UCI y, en general, a la ciencia que desarrolla con ese fin todos sus recursos.

Una ciencia que, al contrario de las rigideces teológicas, nunca tiene certezas sino que se mueve por aproximaciones reales a los fenómenos físicos. Toda ciencia evoluciona al compás de los nuevos descubrimientos, acercándose así en lo posible a la realidad de los hechos que pretende abordar y eludiendo entelequias metafísicas.

Esto no impide que siga activo el mecanismo de defensa que son las religiones ante el hecho ineludible de la muerte y que cada persona busque por su propios medios el alivio a la angustia de la "finitud" humana, por usar la expresión tan querida por el "viejo profesor" (Enrique Tierno Galván).

Cuando se trata, pues, de vencer la amenaza mortal de una pandemia, corresponde al individuo manejar sus inquietudes íntimas del modo personal que mejor le satisfaga y al Estado financiar la ciencia que se desarrolla en las escuelas de medicina y en los laboratorios farmacéuticos.

Lo que ya en todo punto resulta irracional es recurrir al activismo político para afrontar la amenaza que supone el SARS-CoV-2, como está ocurriendo estos días en España. Las manifestaciones callejeras impulsadas por los partidos de extrema derecha, ondeando banderas y profiriendo insultos contra los gobernantes legítimamente investidos, es el peor modo de afrontar el peligro que supone hoy la pandemia que nos amenaza.

El director del Instituto de Virología de Berlín, al ser preguntado por qué Angela Merkel ha sido alabada por su capacidad de liderazgo durante la crisis, respondió así: "Está muy informada. Ayuda mucho que ella sea científica y sepa manejar los datos". Y añadió a continuación: "Quizá una de las características más destacadas de un buen líder es que no esté utilizando la situación actual como una oportunidad política" [Cursivas de A.P.]

La áspera y bronca pugna política que desconcierta hoy a muchos españoles, entre una oposición que trata sobre todo de derribar al Gobierno y un Gobierno que para tomar decisiones tiene que basarse en los siempre variables parámetros de una ciencia que pisa terrenos desconocidos, es lo que parece impedir que la crisis del coronavirus se resuelva en España con un doble éxito: vencer la pandemia reduciendo su mortalidad y unir a los conciudadanos en un objetivo común: salvar las vidas de nuestros compatriotas. Objetivo que debería sobrepasar cualquier enfrentamiento partidista.

Publicado en República de las ideas el 21 de mayo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/05/21 17:09:6.754046 GMT+2
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2020/05/07 17:33:44.928140 GMT+2

Releyendo a San Mateo

Los niños educados en el nacionalcatolicismo franquista de los años cuarenta no solíamos tener acceso directo a la Biblia, considerada un texto peligroso. Para encontrar una explicación a esto, habrían de pasar muchos años hasta poder leer las andanzas de "Don Jorgito el Inglés", relatadas por George Borrow (La Biblia en España), que teñían a los textos bíblicos con un marcado matiz protestante. En España, por el contrario, estudiábamos en la "Historia Sagrada" unas edulcoradas versiones de los mitos bíblicos. Solo a los jóvenes "más preparados" se nos permitía leer biblias "expurgadas" y "con anotaciones" (perdone el lector la profusión de comillas).

Recuerdo con claridad la extraña sensación que tuve al leer por vez primera que Jesucristo, al explicar a sus discípulos por qué hablaba en parábolas para exponer los misterios del reino de los cielos, les dijo: "Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun aquello que tiene se le quitará". La sensación de tan insultante injusticia quedó grabada en mis neuronas pensando, claro está, que era yo el que no estaba suficientemente formado para entenderlo.

Años después, fui descubriendo la obscena realidad de la frase, porque fue exactamente eso lo que ocurrió tras la crisis financiera mundial de 2008. Aquella donde unos bandoleros sin escrúpulos destrozaron en su provecho el sistema financiero. Para salir de ella, la justicia internacional no procesó a los delincuentes bancarios ni los encarceló. Tampoco se les exigió devolver las sustanciosas propinas (bonus) que solían cobrar por ser brillantes gestores. Muchos de ellos se enriquecieron después, comprando barato lo que habían contribuido a deteriorar.

Los Gobiernos solo se preocuparon por evitar el colapso del sistema bancario, el circuito sanguíneo de la civilización capitalista. Así que fueron los ciudadanos contribuyentes a las arcas de los Estados los que con sus recursos ayudaron a rescatar a los ricos, a costa de tener que padecer después años de sueldos reducidos, alto desempleo, servicios sociales recortados y un deterioro general del Estado del bienestar. Los ricos se hicieron más ricos y los pobres, más pobres, siguiendo al pie de la letra el texto del evangelista S. Mateo. Curiosa fórmula financiera.

A consecuencia de la citada crisis se extendió una grave desconfianza hacia un sistema democrático que permitía tanta injusticia. Nacieron los populismos, del mismo modo que tras la crisis financiera de los años treinta del pasado siglo habían surgido los fascismos.

Ahora no son los buitres financieros los que amenazan al mundo, sino un virus agresivo y todavía no dominado. Pero los peligros que acechan a la democracia no son muy distintos a los de las anteriores crisis. Hay que evitar a toda costa que el miedo que acompaña a toda crisis llegue a dominar a los pueblos hasta el punto de aceptar los multiplicados bulos que deterioran el sistema democrático, tanto en EE.UU. como en Europa y en España.

Y la flagrante injusticia pseudoevangélica de dar más a quien más tiene y quitárselo todo al que apenas posee nada habrá de ser superada reforzando los vínculos sociales de los pueblos y la capacidad de los Estados democráticos para reducir las crecientes desigualdades socioeconómicas. Además, habrá que imbuir en la educación de los jóvenes la idea de que el bienestar de cada uno depende en último término del bienestar de todos los demás. Eso es algo que también enseña la ecología.

Y así tendremos que seguir hasta que la amenazadora emergencia climática, que ya se cierne sobre la humanidad, vuelva a poner sobre el tapete la necesidad de combatirla dentro de los parámetros de la imprescindible justicia social.

Publicado en República de las ideas el 7 de mayo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/05/07 17:33:44.928140 GMT+2
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2020/04/30 18:36:27.593069 GMT+2

Otra víctima del coronavirus: el pueblo palestino

Tras un año de atasco político y tres elecciones generales, el Likud de Benjamín Netanyahu y la coalición Azul y Blanco del exgeneral Benny Gantz han formado un Gobierno de coalición ("de emergencia") en Israel, con el compromiso de empezar a tratar en el Parlamento la anexión de ciertos territorios de la Cisjordania ocupada.

La inmediata reacción del Secretario de Estado de EE.UU., fue declarar que la citada anexión "es, en último término, una decisión que corresponde a Israel". Dejó bien claro que Netanyahu tiene carta blanca por lo que a Washington concierne, como es de sobra sabido desde que Trump se hizo con el poder.

Por lo tanto, el 1 de julio el Parlamento israelí podrá empezar a votar según lo establecido en el llamado "Acuerdo del siglo" (véase imagen), propiciado por Trump y rechazado de plano por la Autoridad Palestina (AP), porque concede a Israel el control militar sobre el pueblo palestino, le entrega gran parte de sus territorios, todo Jerusalén y los asentamiento ilegales.

Esta decisión unilateral del nuevo Gobierno de emergencia, creado para combatir la pandemia, da al traste con la "solución biestatal" al problema palestino y, como ha manifestado el Tribunal Internacional de Justicia, "perturba la puesta en práctica del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación".

Es evidente que la formación del nuevo Gobierno israelí no obedece a las necesidades creadas para hacer frente a la pandemia, sino que tiene un claro objetivo político aprovechando la emergencia sanitaria mundial para poner en práctica el proyecto de Trump, mientras el mundo y los palestinos están volcados en la lucha contra el coronavirus. Esto, sin olvidar que la reelección de Trump en noviembre se vería muy favorecida por el efecto propagandístico que la anexión tendría en EE.UU.

El enviado especial de la ONU a Oriente Medio informó la pasada semana al Consejo de Seguridad de que el perjuicio económico causado por la pandemia puede poner en riesgo la "misma existencia" de la AP. Añadió que "la anexión de territorios para acelerar la expansión de los asentamientos, combinada con el devastador impacto de la Covid-19, puede inflamar la situación y destruir cualquier esperanza de paz".

La anexión de Cisjordania es una enraizada aspiración de los círculos más conservadores israelíes y el abierto apoyo estadounidense la ha fortalecido, a pesar de que desde Europa se señalan los peligros que encierra, aunque sin añadir ninguna amenaza que tendiera a impedirla. Esto se leía en Haaretz el pasado jueves: "Este es el futuro que estamos planeando para los palestinos: vivir en pequeños bantustanes, sin derechos, con la segregación formando parte consustancial de la legislación israelí. Vergüenza eterna. El oculto y embarazoso apartheid es cosa del pasado: estamos en la era del apartheid oficial y arrogante".

Ese comentario de Zehava Galon, del partido Meretz, concluye: "Así son los estertores de muerte de la democracia israelí: un líder corrupto, que ha arrastrado a Israel a tres campañas electorales y las ha perdido, anuncia que Israel se está convirtiendo en un Estado de apartheid, con el apoyo de un cuarteto de estafadores que robaron el voto de sus seguidores. Sonría, es un momento histórico y nos pertenece a todos. Si alguien piensa que esto pasará silenciosamente, más vale que se lo piense mejor".

A pesar de la dura realidad, desde el ala progresista del pueblo palestino se pide la unidad, la reconciliación entre los dirigentes gazatíes y cisjordanos, desengañada del apoyo que la debilitada izquierda israelí parecía prestarle. El apoyo de EE.UU. al Gobierno anexionista de Israel solo deja a los palestinos la opción de resistir.

Un activista palestino escribía el pasado viernes en Middle East Eye: "Ya es hora de que los palestinos dejemos de perseguir la inútil ilusión biestatal y busquemos la solución de 'un Estado democrático' que garantice los mismos derechos y obligaciones de todos sus ciudadanos iguales, sea cual sea su religión o su raza, para el pueblo que habita entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Es la única solución viable para el conflicto del siglo". Pero si la solución biestatal es una "inútil ilusión", su propuesta de solución parece hoy un sueño inalcanzable.

Publicado en República de las ideas el 30 de abril de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/04/30 18:36:27.593069 GMT+2
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2020/04/23 17:35:27.430962 GMT+2

Hay que mantener activo el 'modo emergencia'

The Climate Mobilization es una organización no gubernamental creada en EE.UU. en 2014 con la finalidad de "contener el calentamiento global y la extinción masiva de las especies, para proteger a la humanidad y a la naturaleza frente a la catástrofe climática". La palabra "movilización" tiene aquí el mismo sentido que tuvo en las potencias aliadas durante la 2ª Guerra Mundial, a fin de poner todos los recursos del país al servicio del esfuerzo bélico para derrotar a las potencias del Eje.

Su fundadora y directora, Margaret Klein Salamon, psicóloga, prolífica escritora y activista medioambiental, opina que las sociedades humanas pueden encontrarse en "modo normal" o en "modo emergencia", por utilizar una expresión más propia de la informática. En modo emergencia, la gente acepta comunitariamente la existencia de un peligro frente al que "hay que hacer todo lo que se pueda" para protegerse de él.

Así es como la humanidad está hoy reaccionando frente al peligro del coronavirus, pero para Salamon el verdadero reto al que nos enfrentamos es "mantener el 'modo emergencia' activo frente a la crisis climática, cuyo peligro es superior en varios órdenes de magnitud. No podemos pensar en volver 'a lo normal', porque las cosas ya no eran antes normales".

La analogía no es del todo exacta. La emergencia climática evoluciona más lentamente que el Covid-19. Nadie teme ser ingresado en un hospital por efecto de la emergencia climática, con peligro de muerte inminente esa misma noche. Por eso, alcanzar el "modo emergencia" frente a la crisis climática es más difícil que hacerlo frente al coronavirus. Si se lograra, los noticiarios de todo el mundo se llenarían de datos actualizados al instante sobre qué países estaban reduciendo sus emisiones contaminantes, en qué cuantías, y se votaría a los dirigentes políticos que adoptaran medidas en tal sentido. Por el contrario, los noticiarios hoy nos informan sobre los fallecidos, los contagiados y los salvados de las garras del virus.

Sin embargo, según se informa desde la Universidad de Stanford, la reducción en la contaminación atmosférica en cuatro ciudades chinas, como consecuencia de la confinación de la población a causa de la pandemia, ha salvado la vida de 1400 niños menores de 5 años y de 52700 adultos de más de 70. Muchos han visto las estrellas nocturnas por vez primera sin "boinas" contaminantes que oscurecen el cielo.

Muchos de los esfuerzos ahora realizados para vencer al coronavirus se enfocan con la idea de evitar que en el manejo de esta crisis sanitaria se reproduzcan los nefastos fracasos de la crisis financiera de 2008. Pero Salamon considera que todavía es más importante prepararse para la ya imparable emergencia climática.

Ambas crisis, la sanitaria actual y la climática inminente, tienen aspectos similares. Ambas exigen muy altos niveles de cooperación internacional; obligan a cambiar hoy costumbres y comportamientos, para sufrir menos mañana; han sido anunciadas anticipadamente por la Ciencia y descuidadas por la Política, por dirigentes más preocupados por ganar las próximas elecciones que por prever el futuro. No solo eso; ambas demuestran que hay que limitar las leyes del mercado para muchas actividades humanas y que es necesario reforzar las inversiones públicas para salir de la crítica encrucijada a la que ambas crisis nos arrastran.

Salamon cree que una lección de la crisis del virus es el "poder de la emoción compartida", que está logrando frenar la pandemia. En España, a las 20.00 salimos a agradecer públicamente desde nuestras ventanas a los que trabajan para derrotar al virus. Se refuerzan lazos de solidaridad y atenciones mutuas entre las personas.

"Necesitamos aprender a asustarnos juntos, -escribe- a estar de acuerdo en lo que nos causa pavor. Solo así los Gobiernos se verán forzados a actuar. Es bueno que entremos en el 'modo emergencia' ante la pandemia. Pero como no lo hagamos frente a la crisis climática...". Los puntos suspensivos encierran una amenaza que a todos nos concierne.

Publicado en República de las ideas el 23 de abril de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/04/23 17:35:27.430962 GMT+2
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2020/04/16 18:03:53.568050 GMT+2

Un pragmático político aborda el coronavirus

En mi comentario de la pasada semana puse al alcance de los lectores de este diario las opiniones que sobre la pandemia que estos días afecta a la humanidad habían expresado públicamente dos observadores de la actualidad, preocupados además por los efectos que la emergencia climática está ya causando en muchas partes del mundo.

Avanzando audazmente por las fronteras entre lo real y lo imaginado, Leonardo Boff y Michael Klare comparten la existencia de un sujeto sobrehumano, la Madre Tierra o la Madre Naturaleza, a la que atribuyen ciertas cualidades, no demostrables empíricamente, que vinculan la pandemia con la emergencia climática.

Casi por las mismas fechas irrumpía en el amplio foro que sobre la pandemia se ha ido creando en el mundo mediático otro artículo firmado por alguien cuya larga trayectoria política se ha movido siempre por los terrenos del más frío pragmatismo y de la comprobación fehaciente de los hechos: Henry Kissinger.

El pasado 3 de abril, el conocido político estadounidense publicó en The Wall Street Journal un comentario titulado The Coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order ("La pandemia del coronavirus alterará para siempre el orden mundial"), en el que no se hace ninguna alusión a la emergencia climática, aunque contiene certeras reflexiones sobre el modo de afrontar la pandemia y sus consecuencias.

Refiriéndose a EE.UU., escribe: "...en un país dividido, la eficacia y la clarividencia tienen que guiar la acción del Gobierno para vencer los obstáculos, sin precedentes en su envergadura y su alcance social. Conservar la confianza de la gente es fundamental para la solidaridad social... la paz y la estabilidad internacionales" [Cursivas de A.P.]. Hubiera podido escribir lo mismo sobre España.

"La cohesión y la prosperidad de las naciones se basan en la convicción de que sus instituciones son capaces de prever las catástrofes, contener sus efectos y restaurar la estabilidad". Sin embargo, puntualiza, cuando haya concluido la pandemia, en muchos países tendremos la impresión de que las instituciones han fracasado, pero eso no es lo que debe importar. Después del coronavirus, el mundo ya no será como antes y discutir sobre el pasado solo hará más difícil adaptarse a las nuevas circunstancias. Según esto, amenazar con futuras investigaciones (como ahora se oye en España) para determinar quién o quiénes erraron al afrontar la pandemia es un esfuerzo no solo inútil sino contraproducente.

Por otra parte, "Ningún país, ni siquiera EE.UU. puede vencer al virus con un esfuerzo puramente nacional". Se necesita una "visión y un programa comunes a escala global". Recuerda que, según los pensadores de la Ilustración, el propósito de un Estado legítimo es "proveer a las necesidades fundamentales del pueblo: seguridad, orden, bienestar económico y justicia", porque los individuos no pueden asegurar estas cosas por sí mismos.

Y vislumbra una amenaza peligrosa: "Las democracias del mundo necesitan defender y mantener sus valores de la Ilustración. Un retroceso global del equilibrio entre poder y legitimidad hará que se desintegre el contrato social a nivel nacional e internacional". [Cursivas de A.P.]

Hace Kissinger una llamada a los líderes mundiales "cuyo desafío histórico consiste en manejar la crisis y construir a la vez el futuro". Concluye el artículo con una frase que introduce subrepticiamente un nuevo concepto: "Su fracaso [el de los líderes] podría incendiar el mundo".

Pero ocurre que el mundo ya está ardiendo, y no en sentido metafórico, en muchos lugares (Australia, California), pero por efecto de la emergencia climática.

Que muchas cosas van a cambiar en el futuro es algo que ya no puede negarse. "Las sacudidas políticas y económicas que la pandemia ha desatado podrían prolongarse por generaciones", alerta Kissinger. Y en lo que a España concierne, algo habrá de cambiar su clase política, tan a menudo encerrada en hoscos enfrentamientos, para estar a la altura de lo que se nos avecina.

Publicado en República de las ideas el 16 de abril de 2020

AVISO PARA EL ADMINISTRADOR DE LA WEB: No funciona la opción de INSERTAR LINK en la pestaña ESCRIBIR

Escrito por: alberto_piris.2020/04/16 18:03:53.568050 GMT+2
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2020/04/09 17:46:59.160384 GMT+2

La Madre Tierra sufre una sobrecarga

Con pocos días de diferencia, he tenido ocasión de estudiar dos textos de muy distintos autores que, sin embargo, coinciden en un planteamiento que puede ser fundamental para el futuro humano en estos días de zozobra e inseguridad.

Uno de ellos, titulado "Coronavirus, autodefensa de la propia Tierra", es producto del pensamiento de Leonardo Boff, teólogo, filósofo, profesor y ecologista brasileño, sobradamente conocido por los lectores y vinculado a la "Teología de la liberación". El otro está elaborado por Michael Klare, a quien he aludido en varias ocasiones en mis comentarios sobre política internacional; prolífico escritor y analista estadounidense sobre cuestiones de paz y seguridad, ha publicado en la web de tomdispatch.com el ensayo "El planeta vengador: ¿Es la pandemia Covid-19 la respuesta de la Madre Naturaleza a las transgresiones humanas?" (traducción de A.P.).

Como se deduce fácilmente al comparar ambos títulos, la hipótesis planteada por ambos está clara. La expansión del nuevo virus que se propaga por todo el planeta y la emergencia climática que estamos padeciendo tienen un mismo origen: la sobrecarga a la que la actividad humana está sometiendo a nuestro hábitat.

Cuando se sobrecarga la red eléctrica doméstica por activar demasiados electrodomésticos a la vez, se "funden los plomos" o "salta el automático" y nos quedamos sin luz. Cuando en los viejos tiempos el 600 familiar, cargado con padres, niños, perro y maletas, empezaba a echar humo en lo alto del puerto de Navacerrada, había que parar porque se había sobrecargado su escuálido motor. Y cuando, transportando pesados muebles, se sobrecarga el cuerpo de quien lo hace, surgirá la hernia que paralice toda su actividad.

La hipótesis de ambos comentarios es que el sistema ecológico en el que vivimos está siendo sobrecargado por la nociva actividad humana, acelerada en los últimos siglos, y tanto la emergencia climática como la pandemia del Covid-19 nos están avisando de que "no podemos seguir tal como nos estamos comportando. En caso contrario, la propia Tierra se librará de nosotros, seres excesivamente agresivos y maléficos para el sistema-vida".

"Sacamos de ella más de lo que puede dar. Ahora no consigue reponer lo que le quitamos. Entonces da señales de que está enferma, de que ha perdido su equilibrio dinámico, calentándose de manera creciente, formando huracanes y terremotos, nevadas antes nunca vistas, sequías prolongadas e inundaciones devastadoras". (Boff)

Klare, por su parte, recuerda que "los científicos han demostrado que el impacto humano en el ambiente, en especial el uso de combustibles fósiles, está produciendo ciclos de realimentación que dañan gravemente a los pobladores terrestres, como tormentas extremas, sequías permanentes, incendios masivos y reiteradas olas de calor cada vez más dañinas".

La interacción entre la actividad humana y el comportamiento del planeta ya no se puede poner en duda. La Tierra es una matriz compleja de sistemas vivientes e inorgánicos que, en estado natural, se mantienen en un equilibrio estable. Si alguno de ellos es destruido, el resto del sistema actúa para restaurar el equilibrio y la forma en que lo hace nos resulta desconocida e imprevisible.

Algunos de esos efectos son graduales pero otros pueden aparecer súbitamente, como el coronavirus, y son capaces de generar enormes perturbaciones en la vida humana: "Podría pensarse -dice Klare- que la Madre Naturaleza advierte: '¡Alto! No traspasad este punto o habrá consecuencias terribles'".

Quizá lo que la humanidad necesite ahora sea una política de "coexistencia pacífica" con la Madre Tierra, que permita que un elevado número de seres humanos siga viviendo en ella, pero respetando unos claros límites en su interacción con la ecoesfera. Seguirá habiendo inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, pero a un ritmo natural, como en la era preindustrial.

Para ambos autores, la pandemia del Covid-19 debería servir como una llamada de aviso de lo que puede suceder. Boff concluye así su demoledor comentario: "¿Seremos capaces de captar la señal que el coronavirus nos está enviando o seguiremos haciendo más de lo mismo, hiriendo la Tierra, autohiriéndonos en el afán de enriquecer?".

El futuro no está escrito, se suele decir; lo escriben los pueblos. Pero lo hacen dentro de los límites que establece la Madre Naturaleza y que con frecuencia esos mismos pueblos desdeñan o ignoran. Esto puede ser una cuestión a reflexionar en estos días de reclusión doméstica.

Enlaces con ambos artículos, para lectores interesados:
M. Klare: http://www.tomdispatch.com/post/176683/tomgram%3A_michael_klare%2C_what_planet_are_we_on/#more
L. Boff: https://www.alainet.org/es/articulo/205521

Publicado en República de las ideas el 9 de abril de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/04/09 17:46:59.160384 GMT+2
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2020/04/02 16:59:0.292676 GMT+2

De la Peste Negra al coronavirus

El primer opúsculo que se conoce sobre el modo de combatir la Peste Negra, que empezó a arrasar Europa a mediados del siglo XIV, fue escrito en catalán antiguo. Su autor, Jacme d'Agramont, era médico y profesor del afamado "Estudio de medicina" de Lleida.

Escribió el Regiment de la preservació de la pestilencia (en lengua vulgar, y no en latín como era usual en la docencia) cuando en abril de 1348 la peste apareció en Cataluña. Lo hizo para tranquilizar a sus conciudadanos, que "tenían dudas y temores", e ilustrar a los regidores locales. Daba unas normas de vida, sobre la hipótesis de que el aire estaba pútrido a causa de los pecados, de modo que la primera medida a adoptar era la confesión de éstos.

Según escribe Spencer Strub, especialista en Historia Medieval en la Universidad de Harvard, en un ensayo publicado en The New York Review, otras medidas más prácticas incluían cerrar firmemente las ventanas, quemar enebro en las chimeneas y rociar los suelos con vinagre. Comer y beber poco, y lo más amargo posible. No comer pato ni cochinillo, ni peces "delgados" como la anguila o peces rapaces (como el delfín). Se aconsejaba hacerse sangrías, (no las de beber, sino para sangrar). Había que evitar el sexo y el baño, porque ambas actividades ensanchan los poros y dejan penetrar el aire nocivo.

D'Agramont murió ese mismo año, a causa de la peste. Otros folletos siguieron al suyo, todos ellos con la intención de tranquilizar a la población, incluso a los analfabetos que escuchaban a quienes los leían en voz alta, dándoles la sensación de poder controlar sus vidas frente a una emergencia que, en realidad, a todos desbordaba.

El texto del leridano no se basó en la observación directa del fenómeno, sino en las descripciones de la Biblia y de Hipócrates sobre anteriores epidemias. Pero enseguida se advirtió que era algo nuevo, pues causó decenas de millones de muertes en unos pocos años. En 1400 habían perecido dos quintas partes de la población de Europa, según el historiador Hugh Thomas.

Este también cita a Bocaccio describiendo los síntomas de la enfermedad: "Empezaba con unos bultos en la ingle o en el sobaco de hombres y mujeres, que crecían hasta el tamaño de una manzana o un huevo. Se extendían por todo el cuerpo. Pronto surgían manchas negras o moradas en los muslos y otras partes del cuerpo. La mayoría de la gente moría en tres días, en su mayor parte sin fiebre".

Thomas también describe las consecuencias de la pandemia: "Declinó la economía. Se abandonaron las granjas. Escaseó la mano de obra. Subieron los precios. Miles de personas se arruinaron. Los ricos huían a sus casas de campo. Los magistrados y los prelados abandonaron sus puestos. Los pobres fueron los que más padecieron. Para concitar la ayuda de Dios se acusó a los judíos. El fracaso de la Iglesia y de la Biblia impulsó el escepticismo laico e incluso el rechazo del latín y el fomento de las lenguas vernáculas". Estaba naciendo una nueva sociedad.

Volviendo al presente, habremos de reflexionar sobre las huellas que la pandemia del coronavirus puede dejar en nuestra sociedad, sobre todo combinada con la peligrosa emergencia climática que nos toca vivir y no parece tener visos de ser controlada.

Si en el siglo XIV se atribuía falsamente la catástrofe a "extranjeros, prostitutas, judíos y mendigos", con las trágicas consecuencias que esto trajo consigo, cuidémonos en el siglo XXI de no recaer en esas tendencias autoritarias, nacionalistas y xenófobas tan a flor de piel cuando el miedo se extiende y las medidas de confinamiento, como las que estos días nos tienen recluidos, excitan los ánimos y dificultan la reflexión serena y sosegada.

Publicado en República de las ideas, el 2 de abril de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/04/02 16:59:0.292676 GMT+2
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2020/03/26 17:52:47.864189 GMT+1

La guerra y el coronavirus

A los que, como militares profesionales, hemos sido educados y entrenados para saber hacer la guerra, nunca nos ha sorprendido que esta palabra se utilice a menudo con significados muy distintos al de "enfrentamiento armado entre grupos humanos", que es, en resumidas cuentas, el más correcto, técnicamente hablando.

"¡Qué guerra dan estos niños en el patio!" es expresión familiar, así como hablar de la guerra contra el alcohol, la droga o la pobreza. Tampoco sorprenden estos días los elogios a los que "combaten en la primera línea" contra el coronavirus, recreando mentalmente un teatro de operaciones clásico, donde las líneas atrincheradas, protegidas por alambradas, se enfrentan entre sí.

En el ámbito de la religión, el esfuerzo personal se describe a menudo con expresiones bélicas: "¡Guerra al pecado! ¡Guerra a la tibieza!". E incluso en la enseñanza se estimula a los alumnos valorando la resolución de un problema matemático como "la victoria final".

En la actual situación de grave amenaza sanitaria que la pandemia de Covid-19 extiende por todo el mundo, recurrir a términos bélicos es algo bien aceptado y se escucha repetidamente en los medios de comunicación. En España, además, la presencia de altos responsables uniformados de la seguridad nacional en algunas ruedas de prensa del Gobierno ha contribuido a fijar la idea dominante de que estamos en plena "guerra contra el coronavirus".

Pero si para vencer la pandemia son ciertamente beneficiosas algunas cualidades de los que saben hacer la guerra (disciplina, cumplimiento exacto de las órdenes, trabajo en equipo, anticipación y previsión, etc.), acentuar el carácter bélico del actual problema puede llevar a dejar de lado los muy importantes aspectos humanos, sociales, afectivos e íntimamente personales con los que cada uno debe afrontar tan penosa situación para tener éxito en el empeño común.

Ha habido una resonante llamada de atención en la que ambas palabras -"coronavirus" y "guerra"- se han combinado de distinto modo. El pasado lunes, el secretario general de la ONU, António Guterres, proclamó ante el mundo que el peligro del coronavirus debería incitar a todos los pueblos a declarar un "alto el fuego mundial" en todas las guerras en curso en el planeta.

Identificó claramente al virus como "el enemigo común" e insistió en la necesidad de detener todas las guerras "para dedicarse a la verdadera lucha por nuestras vidas", la de vencer la pandemia que nos ataca. Los países en guerra, sufriendo miserias, ruinas, emigraciones y carencias básicas, son especialmente vulnerables al coronavirus. Por eso pidió cesar las hostilidades, dejar de lado la desconfianza y la animosidad: "Silencien las armas, detengan la artillería y los ataques aéreos. Es esencial."

Si las armas callan podrán establecerse corredores humanitarios para ayudar a los pueblos en peligro, restablecer vínculos diplomáticos y contactos indispensables para la seguridad común.

Para concluir, creo necesario insistir en la idea de que así como los que ya estamos sufriendo los efectos de la pandemia advertimos que hay cosas que habrá que cambiar en nuestras formas de vida para que esta catástrofe no se repita, un alto el fuego generalizado haría reflexionar a los que sistemáticamente recurren a la guerra para lograr sus objetivos y llevarles a la conclusión de que quizá no sea la guerra el mejor medio para hacerlo, y conseguir así que la paz ocupe un lugar preferente en nuestras conciencias.

Publicado en República de las ideas el 26 de marzo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/03/26 17:52:47.864189 GMT+1
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2020/03/19 18:00:15.497895 GMT+1

Entre el papel higiénico y los revólveres

La compra de grandes cantidades de papel higiénico al comenzar el periodo de confinamiento doméstico al que los españoles estamos ahora sometidos ha causado bastante sorpresa. ¿Cuál puede ser el motivo? nos preguntábamos. Produjo innumerables muestras de humor y jocosas interpretaciones que sirvieron para aliviar algo la angustiosa e inédita sensación de estar necesariamente encerrados en casa. Sin embargo, esta sorprendente reacción no es una exclusiva española.

Justo al otro lado del Brexit, la periodista británica Suzzane Moore -experta además en cuestiones psicológicas- escribía en The Guardian el pasado martes que "la enloquecida lucha por papel higiénico es comprensible porque permite a la gente sentir que están respondiendo a una crisis, es decir, que están en el centro de la crisis y son capaces de imaginar el momento en que ésta termine".

Explica que, en circunstancias difíciles, es bueno tener muchas cosas que hacer, pues la actividad vence al miedo mientras que la soledad deteriora el sistema inmunológico. Pero también piensa que es aconsejable actuar de otro modo: manteniendo la calma y aguantando. Vamos, que la cosa no está muy clara ni siquiera para los psicólogos.

La ciencia del comportamiento, puntualiza Moore, describe las cinco fases en que las personas reaccionan ante algo desastroso: 1) Autoprotección: miedo y ansiedad; 2) Protección dentro del grupo, lo que inicia los cambios de comportamiento; 3) Culpabilidad: asumimos que hay que cambiar las actividades normales; 4) Exigencia de responsabilidades: saber qué o quién causó el desastre; y 5) Vuelta a la normalidad, es decir, adaptarse a la crisis y a sus consecuencias.

Pero mientras algunos españoles -y, por lo que se ve, también los británicos- acumulaban rollos de sedoso papel en sus carritos de la compra, muchos ciudadanos estadounidenses hacían cola delante de las tiendas de armamento, ansiosos por adquirir las armas de las que una crisis de desabastecimiento podía privarles.

Uno de los inefables tuits de Trump les recordaba el pasado sábado que las cosas "no se necesitan hasta que hacen falta". La periodista británica no comenta este hecho, pero no hay duda de que los ciudadanos de EE.UU. permanecen en la primera fase de su lista: la del miedo y la ansiedad. Pero en vez de recurrir a las habituales ayudas de tipo psicológico, bien probadas, que permiten dominar ambas sensaciones, el norteamericano medio tiene siempre un remedio a mano: un buen revólver Colt del 45, listo y bien engrasado.

Publicado en República de las ideas el 19 de marzo de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/03/19 18:00:15.497895 GMT+1
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