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2021/01/21 18:53:9.120707 GMT+1

Biden tendrá que contar con China

Con Biden instalado definitivamente en la Casa Blanca y desenredando el embrollo que ahí le ha dejado el reinado de Trump, muchos son los problemas que ahora habrá que resolver y muy enconadas las heridas a curar dentro de la propia nación americana.

Pero alejando el punto de vista y ensanchándolo hasta abarcar la totalidad del planeta, una cuestión va a planear insistentemente sobre Biden en cuanto se asiente en el Despacho Oval: ¿cómo relacionarse con China?

No crea el lector que se trata de un problema de esa "política exterior" que a muchos gobernantes solo les sirve para alejar la atención pública de los peliagudos asuntos domésticos. China está ya presente en la vida de EE.UU.: afecta a su economía, influye en los problemas climáticos y en el modo de combatir la pandemia; incide en la tecnología y los avances científicos; no es ajena a la cultura popular estadounidense y sus actividades penetran en un ciberespacio común que no tiene fronteras.

Además, China es la segunda economía mundial (según algunos informes pronto será la primera), y la única de las grandes economías que ha crecido en el último semestre de 2020. No parece ajeno a esto el acuerdo comercial y de inversiones que la UE ha firmado recientemente con China.

China posee también la segunda fuerza militar del mundo y aunque no podría enfrentarse a EE.UU. en cualquier región del planeta, sí puede mantener la supremacía en las zonas contiguas a su territorio, desde el Pacífico occidental hasta el Índico.

Biden tendrá que elegir. Si continuara con la política hostil a China desarrollada por Trump, el mundo estaría abocado a una infructuosa guerra fría que frenaría cualquier avance. Si no se desea esto, solo queda un camino: buscar los modos de cooperar con un rival poderoso, en beneficio de toda la humanidad. Un rival al que su predecesor sometió a duras restricciones económicas y comerciales y al que el Pentágono señaló hace poco tiempo como "el principal competidor estratégico", por encima de Rusia.

¿Habrá que dar prioridad a frenar o castigar las violaciones de los derechos humanos del régimen chino, o será mejor colaborar con él para hacer frente a los graves problemas que afectan hoy a toda la humanidad? Acabar con la pandemia, frenar la emergencia climática, reducir los armamentos nucleares y otras armas modernas es algo que beneficiaría a la humanidad pero requeriría una política exterior hábil y flexible, deshaciendo la envenenada herencia de Trump.

En resumen: hay dos casos extremos que deberían preverse y evitarse en todo lo posible: una nueva guerra fría, que pudiera derivar en un enfrentamiento nuclear, y la catástrofe climática que se avecina si no se toman a tiempo las medidas necesarias. Y para ello habrá que contar con China. Lo que Biden vaya decidiendo a partir de hoy señalará en cierto modo la dirección en la que se mueve la humanidad.

Publicado en República de las ideas el 21 de enero de 2021

Escrito por: alberto_piris.2021/01/21 18:53:9.120707 GMT+1
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2021/01/14 18:41:43.378556 GMT+1

¡Atención al neotrumpismo!

Aunque quedan pocos días para que Trump abandone el puesto de mando en EE.UU., la situación en este país es muy anómala: un presidente, que fomentó una algarada popular contra el Capitolio de Washington, sigue siendo el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Anticipando este peligro, tres días antes del día señalado para la sesión del Congreso que proclamaría a Biden, The Washington Post publicó un artículo, firmado por los diez antiguos secretarios de Defensa vivos en la actualidad, insistiendo en el apoliticismo de las Fuerzas Armadas y la prohibición de que éstas puedan intervenir en contiendas electorales.

Ya se habían producido hechos que hacían temer que Trump podría recurrir en último extremo a cualquier medida para permanecer en el poder, como la declaración del estado de guerra y una repetición del proceso electoral. El mismo día de la publicación del citado artículo, Trump llamó al Secretario de Estado de Georgia pidiéndole que añadiera falsos votos a su favor para triunfar en ese Estado. Recurrir a tan visible y vergonzosa trampa revelaba la situación desesperada en la que se sentía.

Los forcejeos de Trump con el Pentágono, donde se despreciaban sus triquiñuelas para no ser derrotado, le hicieron desistir de seguir azuzando a sus seguidores y materializar con armas el golpe de Estado que se estaba iniciando. La respuesta del Gobierno fue, sin embargo, tibia e indulgente frente a los graves sucesos del día 6: más de dos horas tardaron en llegar al Capitolio las tropas del Distrito de Columbia para auxiliar a los desbordados agentes de la policía capitolina, aunque ya estaban avisadas desde muchos días antes de lo que podría ocurrir. Esto dio amplias facilidades a los amotinados que camparon a sus anchas por el Capitolio.

Acostumbrados como estamos en España a relacionar a las fuerzas armadas de ciertos países con los golpes de Estado contra sus gobernantes, nos puede parecer una paradoja que en EE.UU. haya sido la evidente exhibición de imparcialidad del Pentágono la que abortó lo que hubiera podido ser un golpe mortal a la democracia norteamericana. Los uniformados supieron permanecer fieles a la Constitución.

El discurso de Trump del día 7, mostrando su repulsa por el asalto al Capitolio, queda como un documento para la historia del humor. Lo que con él pretendía era salvar cualquier responsabilidad legal que pudiera complicarle la vida una vez abandonada la Casa Blanca o incluso frenar para siempre sus ambiciones políticas. Nadie duda hoy de que, si hubiera estado seguro del apoyo militar para seguir en el poder, hubiera completado una operación que se venía intuyendo sin más que leer sus innumerables tuites relacionados con el proceso electoral.

Pero no respiremos aliviados los que desde lejos hemos contemplado la antidemocrática aventura. La honda fractura que sufre EE.UU., la masa popular que ha apoyado y sostenido ciegamente a Trump y las varias heridas por las que sangra la nación americana hacen temer que un "neoTrump" más inteligente, menos zafio, más hábil manejando a la burocracia y más habituado a las artes de la demagogia disimulada podría reanudar la fallida operación y consumar la ruina de la democracia en EE.UU. Hay que seguir manteniendo la guardia, sin bajar un ápice las defensas.

Publicado en República de las ideas el 14 de enero de 2021

Escrito por: alberto_piris.2021/01/14 18:41:43.378556 GMT+1
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2021/01/07 17:21:0.666536 GMT+1

Rusia y la emergencia climática

Por su extensión, Rusia es el mayor país del mundo. Abarca una novena parte de la superficie terrestre emergida. Desde su extremo más occidental, en el mar Báltico, hasta el más oriental, en el estrecho de Bering, cubre once husos horarios. Su enorme variedad orográfica y ecológica la convierte en un muestrario de los efectos que en el planeta puede producir la emergencia climática que estamos empezando a sufrir. De ahí que lo que en Rusia se experimenta y se teme a este respecto tiene gran interés para la humanidad.

Un profesor de climatología de la Universidad Estatal de Moscú, al ser preguntado por sus predicciones para al año entrante, dijo que era imposible pormenorizar lo que podría ocurrir, pero añadió: "Hay una tendencia clara. Cada periodo de cinco años es más cálido que el anterior. Rusia se calienta más rápidamente que cualquier otro país". De hecho, este calentamiento es dos veces y media superior, y en la zona ártica las temperaturas sobrepasan ya el límite máximo de 2º establecido por el Acuerdo de París.

Los fenómenos observados en 2020 se repetirán en 2021, dijo. El año pasado comenzó con el invierno más cálido jamás registrado en Rusia: Moscú, habitualmente cubierta de nieve durante cuatro meses al año, quedó despejada en febrero. Siberia sufrió incendios forestales sin precedentes, que en tres meses emitieron tantos gases nocivos como en Egipto durante un año. La fusión del permafrost (capa del suelo siempre helada) libera gases de efecto invernadero, como el metano, y patógenos desconocidos, que vuelven a ver la luz, y hace que se debiliten los cimientos de las construcciones.

Pero el peor problema de la emergencia climática es la impredecibilidad de las catástrofes, que ata las manos de los gobernantes y les impide tomar medidas preventivas. Un especialista ruso del WWF afirmó: "No puedo decir qué catástrofes vamos a tener que afrontar. Podríamos sufrir sequías al norte del Cáucaso, inundaciones en el lejano Este o el hundimiento de puentes, carreteras y edificios".

La más grave consecuencia de lo anterior es que aumenta la desconfianza popular hacia los gobernantes. Las medidas para afrontar la emergencia climática no son populares. (Trump ha sabido jugar bien esta carta durante su nefasto mandato). Inciden negativamente en la economía del momento y exigen limitaciones a veces mal entendidas.

Pero si se deja seguir el curso de la naturaleza, en Rusia desaparecerá la pesca en el mar Caspio o en las costas de Kamchatka, envenenadas por un alga tóxica. O las tormentas de lluvia helada destrozarán los tendidos eléctricos, como ocurrió en Vladivostok, creando unas severas condiciones de supervivencia para la población.

En cualquier caso, los ciudadanos se quejarán del Gobierno. Los de las regiones rurales periféricas acusarán a los gobernantes de preocuparse solo por la población urbana, porque desde sus despachos no están viviendo la realidad. Para los activistas ecológicos "el Gobierno no cumple lo que promete" ni lo acordado en París. Otros piensan que no se ha creado una conciencia sobre el problema: "Creo que los rusos vivimos de espaldas a todo esto".

Y hay quienes, desesperados, miran hacia el exterior: "Si la Unión Europea se pone seria en la lucha contra el cambio climático, las empresas [rusas] que venden allí tendrán que modificar sus prácticas y reducir las emisiones nocivas". Incluso se extiende la opinión de que si Rusia pudo ignorar las demandas europeas en este asunto, ya no podrá seguir haciéndolo ahora que Biden ha anunciado la creación de una vasta coalición de Estados que cumplan, e incluso superen, el Acuerdo de Paris. Entre ellos están Canadá, China, Corea del Sur y Japón, relacionados económicamente con Rusia.

En fin, es difícil determinar una prioridad entre los acuciantes problemas que a la humanidad nos trae este 2021 recién estrenado: vencer la pandemia de Covid-19; restablecer la confianza en los gobiernos y en la democracia; actuar contra la emergencia climática; defenderse contra la mentira organizada (las fakenews); combatir los efectos de un sistema económico que aumenta la desigualdad entre los pueblos y las personas; desenmascarar a los falsos profetas; crear una nueva conciencia ecológica que ponga al ser humano en su verdadero lugar en el universo... El lector tiene donde elegir.

Publicado en República de las ideas el 7 de enero de 2020

Escrito por: alberto_piris.2021/01/07 17:21:0.666536 GMT+1
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2020/12/31 14:18:47.713023 GMT+1

De armas y emiratos

Tanto el Pentágono como el Departamento de Estado, al informar sobre el "éxito" de los programas de venta de armas al extranjero han resaltado que crecieron casi un 3% respecto a 2019 (incluso a pesar de la pandemia). Abrimos así el nuevo año, entre el optimismo de los fabricantes de armas y la razonable preocupación de quienes observamos qué Estados son los que las reciben y utilizan.

Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) son un Estado peculiar, tanto por su extraordinaria riqueza, basada en la exportación de gas natural y petróleo, como por la ausencia de democracia y el ostensible lujo y refinamiento en que viven las élites.

Otro rasgo distintivo afecta a la demografía: apenas el 20% de la población son ciudadanos emiratíes y más de la mitad son inmigrantes del sudeste asiático, que desempeñan las tareas subordinadas. No menos peculiar es el hecho de que la población masculina supera en más del doble a la femenina, casi un récord mundial, justo después de Catar, otro emirato del Golfo Pérsico.

Pues bien, para este país el Senado de EE.UU. aprobó a principios de diciembre una venta de armamento por importe de 23.000 millones de dólares. En el carro de la compra: 50 modernos cazabombarderos F-35, 18 drones artillados y más de 15.000 bombas. Todo ello como premio por establecer relaciones con Israel para la despedida de Trump.

En una lógica razonable esto hubiera debido ser imposible. Los EAU han desempeñado un papel esencial en la guerra del Yemen, que Naciones Unidas ha calificado como la peor catástrofe humanitaria del mundo, con más de 112.000 muertes. Durante los peores años del conflicto, que comenzó en 2015, los EAU han intervenido en él con sus ejércitos y armando, entrenando y financiando las milicias que allí combatieron. Y aunque retiraron sus tropas en febrero pasado, los EAU mantienen una milicia activa de unos 90.000 efectivos mercenarios.

Los EAU también han contribuido al caos libio, apoyando a las fuerzas del general alzado contra el Gobierno reconocido por la comunidad internacional, atacando con drones y violando el embargo decretado por la ONU.

Con estas intervenciones, se ha facilitado el renacer de grupos extremistas y terroristas, incluso los relacionados con Al Qaeda y el ISIS. El espectacular lujo de las mansiones de Dubai, Abu Dabi y otros lugares privilegiados, donde residen pacíficamente ricos expatriados multinacionales, no debería ocultar que los EAU son cualquier cosa menos un país amante de la paz.

Con estas perspectivas, y otras de análogo cariz, concluye 2020 y se inicia 2021. Perspectivas que no serán muy distintas a las del año pasado y, probablemente, a las del siguiente. A no ser que la pandemia que nos acosa y la inminente emergencia climática nos hagan cambiar forzosamente la orientación de nuestras preocupaciones vitales. A pesar de todo ¡que 2021 sea propicio para los lectores de estas líneas!

Publicado en Republica de las ideas el 31 de diciembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/12/31 14:18:47.713023 GMT+1
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2020/12/24 14:51:16.215987 GMT+1

Trabajar juntos para no perecer juntos

Al Gore fue vicepresidente de EE.UU. con Bill Clinton (1994-2000) y el año 2000 aspiró a la presidencia, ganando el voto popular pero siendo derrotado en el Colegio Electoral frente a Bush, tras una controvertida resolución del Tribunal Supremo. Le fue concedido en 2007 el Nobel de la Paz (junto con el llamado "Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático") por sus esfuerzos para afrontar la emergencia climática mundial.
 
El pasado 12 de diciembre escribió en The New York Times un artículo sobre los retos que ha de afrontar el nuevo equipo presidencial de Biden y Harris, que se estrenará el 20 de enero. En él hacía un repaso de los problemas más acuciantes que aquejan hoy a EE.UU., aparte de la pandemia del coronavirus:

"... cuarenta años de estancamiento económico para las familias con ingresos medios; una enorme desigualdad en ingresos y riqueza, con altos niveles de pobreza; un horrible [sic] racismo estructural; un partidismo tóxico; el colapso inminente de los acuerdos para controlar las armas nucleares; una crisis epistemológica que socava la autoridad del conocimiento; un comportamiento temerario y sin principios en las empresas de medios sociales; y, lo más peligroso de todo, la crisis climática".

Cabe sospechar que en esta amenazadora lista omitió deliberadamente los efectos del militarismo y el belicismo, tan arraigados en la política de EE.UU. (las "guerras eternas" que Trump dijo querer terminar), causantes de un grave deterioro social, económico y político. Al Gore no ha sido una "paloma" sino un "halcón" y apoyó todas las guerras de EE.UU., desde Vietnam hasta la guerra en Irak de 2002.

A pesar de eso, parece que ahora Gore ha percibido una oportunidad inigualable para construir una humanidad más justa y equilibrada: "Este posible nuevo comienzo se produce en un momento en el que somos capaces de romper la tiranía del pasado sobre el futuro, modificando el rumbo de la Historia con lo que elijamos hacer desde una nueva visión".

No es pequeño su optimismo al afirmar que la pandemia será derrotada, aunque multiplica la mortandad y la lucha contra ella está siendo desesperada. Pero, aún así, piensa que estamos en el centro de una batalla de consecuencias mucho más mortíferas que la pandemia: la de proteger el equilibrio climático del planeta, "cuyas consecuencias no solo repercutirán en meses y años, sino en siglos y milenios". El mismo impulso científico que ha permitido desarrollar vacunas contra el coronavirus en poco tiempo servirá para eliminar la dependencia de los combustibles fósiles y evitar la catástrofe climática irreversible que los expertos anuncian.

Es un discurso paralelo a la extendida idea que está arraigando en los países de la UE de que es preciso renovar muchas cosas que arrastramos desde un pasado, a veces mitificado, pero que creó las perversas condiciones hoy reinantes: acelerada desigualdad entre la riqueza y la pobreza; descrédito de la política como tal, corroída a menudo por la corrupción a todos los niveles, sobre todo en aquellos más altos que deberían ser ejemplo para la sociedad. Y, como anuncia Gore, un desprecio por el conocimiento y la ciencia y un populismo tosco e ignorante que apela a lo más primitivo y rudimentario de cada persona. (Bolsonaro y Trump son un patente ejemplo al respecto).

Al Gore concluye así el citado artículo: "Como sucede con la pandemia, el conocimiento será nuestra salvación pero, para que tenga éxito, hemos de aprender a trabajar juntos, para no perecer juntos". Son palabras que deberíamos repetir en esta España que tan abiertamente muestra ásperas aristas de disenso político, antes de que sea demasiado tarde.

Publicado en República de las ideas el 24 de diciembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/12/24 14:51:16.215987 GMT+1
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2020/12/17 18:03:36.750285 GMT+1

Lo que Trump deja a Biden

Cuando el 20 de enero próximo pase Biden a ocupar el Despacho Oval de la Casa Blanca, cobrará plena conciencia de todo lo que ha cambiado en EE.UU. durante el mandato de su antecesor. Pero, más importante aún, advertirá con claridad lo que él ya no podrá modificar, por mucho poder que ejerza quien se siente en el sillón presidencial.

El daño que Trump ha causado a la lucha contra la emergencia climática es ya irreversible, como sucede con todos los retrasos y fallos que aquejan a menudo a esta contienda, en la que, según la opinión de la mayoría de científicos, existe un punto de no retorno tras el que la catástrofe puede ser irreparable. Trump abandonó los acuerdos de París, anuló las disposiciones de Obama para reducir las emisiones de gases contaminantes, mejorar la calidad del aire y proteger los océanos. Permitió a la minería y a la industria maderera explotar terrenos públicos. Mostró un gran desprecio por las cuestiones ecológicas y desoyó sistemáticamente a la ciencia.

A partir de esta situación, Biden tendrá muy difícil volver al camino correcto frente a la emergencia climática. Como también va a tener muy complicadas sus relaciones con la Justicia, porque Trump la ha modificado a su medida con nombramientos de personas afines. Ha añadido tres nuevos jueces al Tribunal Supremo, tan inclinados hacia la derecha que su Presidente parece un "centrista". La lucha por los derechos humanos saldrá muy perjudicada en muchos aspectos: el feminismo, el acceso al voto de las minorías, las discriminaciones por motivos de sexo o género, etc., van a chocar con un muro difícilmente franqueable.

A lo anterior hay que sumar el nombramiento vitalicio de más de 200 jueces federales, en su mayoría blancos (menos del 5% son negros), y quienquiera que se siente en el Despacho Oval tendrá que afrontar un poder judicial nombrado mayoritariamente por Trump.

Eso no es todo. Hay daños más hondos y menos visibles. Según informes oficiales, las trabas fronterizas puestas a los inmigrantes han convertido en huérfanos reales a más de 500 niños, separados de sus padres en la frontera y con los que todavía no han podido reencontrarse. Un problema que habrá de resolver Biden y que, como muchos de los que Trump ha creado, ha contribuido a dividir aún más a una sociedad ya de por sí propensa a las fracturas.

Pero, en definitiva, quizá lo peor sea que los años de Trump han corrompido el pensamiento popular. Es posible que esta descomposición estuviera ya presente en la vida estadounidense y que Trump solo la hiciera rebrotar. Pero en la práctica cuatro de cada diez ciudadanos le apoyan firmemente a pesar de sus baladronadas, insultos y burlas, sus ostensibles mentiras y su apoyo a los xenófobos armados y a los supremacistas blancos. Su desprecio personal por los que sufren ha contaminado a una parte de la nación.

Una nación donde se extienden las fantasías paranoicas de los conspiracionistas, como los QAnon, que incluso alcanzan escaños en el Congreso; y donde unos fascistas armados intentaron asaltar el Capitolio de Michigan y secuestrar a la Gobernadora del Estado, lo que Trump justificó diciendo que "tiene nietos judíos".

Biden ha logrado deshacerse de Trump y sentarse ante la mesa desde la que éste gobernó el país sin muchos escrúpulos. Pero, lamentablemente, el "trumpismo" ha arraigado y prosperado, tiene un sólido apoyo popular y el camino que se abre ante el nuevo presidente está lleno de trampas y obstáculos. Por muy creyente que sea no le va a bastar solo con la ayuda de Dios: "In God we trust".

Publicado en República de las ideas el 17 de diciembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/12/17 18:03:36.750285 GMT+1
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2020/12/10 17:59:15.370598 GMT+1

Obama, redivivo

La reciente publicación de su tercer libro de carácter autobiográfico (A Promised Land, Una tierra prometida) ha puesto a Barack Obama en el primer plano de la actualidad estadounidense. Habiendo vendido más de 800.000 ejemplares en las primeras 24 horas, va camino de convertirse en el mayor éxito editorial de un expresidente norteamericano.

A sus 59 años, Obama está en la plenitud de sus capacidades políticas y el triunfo de Biden -que fue su vicepresidente entre 2009 y 2017- le ha vuelto a convertir en un foco de atención para la política estadounidense.

Con motivo de la publicación del libro, Obama ha concedido varias entrevistas de las que se pueden entresacar interesantes reflexiones.

Así, por ejemplo, al recordar la brutal oposición con que el partido Republicano acogió su nombramiento, dice: "Era como si mi presencia en la Casa Blanca hubiera disparado un pánico recóndito, una sensación de que se había perturbado el orden natural". Y lo atribuye a "una reacción emocional, casi visceral, a mi presidencia, que nada tenía que ver con diferencias políticas o ideológicas".

Con esas palabras Obama viene a describir, al fin y al cabo, esa adversa reacción de todas las castas dominantes instaladas en el poder, cuando un intruso, ajeno a ellas, escala hasta la cúspide, aunque lo haga del modo más democrático y legítimo posible.

Obama no olvidará tampoco el aspecto racial que tuvo su presidencia, recordando la campaña de desinformación de Trump y su equipo cuando hicieron correr el bulo de que no había nacido en EE.UU., por lo que su elección sería nula.

Tiene interés la respuesta que dio cuando fue preguntado por el bulo antes citado y por las falsedades difundidas en torno a su empeño por mejorar la sanidad pública: "Ahora que las teorías conspirativas están de moda ¿es vulnerable la verdad? ¿cómo puede defenderse la verdad?".

A lo que Obama contestó diciendo que la verdad es la verdad, aunque algunos piensen que la mentira les favorece. A veces tienen éxito, sobre todo en las redes sociales en las que uno confía en lo que le dice un amigo, un familiar o un medio que difunde justamente lo que se quiere oír. Además, no se suele hacer caso a los desmentidos publicados en un medio del que se tenga una opinión desfavorable.

Obama cree que esas "burbujas informativas" son engañosas y puntualiza: "Sin una base amplia de hechos compartidos, la democracia estará en una crisis constante". Y ante tal situación afirma: "No hay solución para esto. Las teorías conspirativas toman vida propia en la red y las plataformas todavía no saben cómo hacerles frente. Siempre van con retraso, intentando borrar la mentira después de que se ha propagado. Y si los que realmente saben y están informados no desmienten esas teorías, la gente no sabe qué pensar".

Para Obama, la responsabilidad por no disponer de una base común de hechos fiables recae sobre todos: los dirigentes políticos elegidos democráticamente, las empresas internáuticas, los medios de comunicación, los sistemas educativos y los ciudadanos en general.

Muchas cosas fueron reprochables durante la presidencia de Obama, como la proliferación de los ataques con drones y su presunta inoperancia frente al dictador sirio. Pero su vuelta al escenario político representa el regreso de un personaje político cerebral y culto, capaz de deliberar y de ejercer la autocrítica, ajeno a los escándalos (ningún miembro de sus equipos tuvo que dimitir) y que ejerció con dignidad las responsabilidades públicas. En realidad, Obama fue el auténtico "anti-Trump", confirmando el dicho popular de que "otro vendrá que bueno me hará".

Publicado en República de las ideas, el 10 de diciembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/12/10 17:59:15.370598 GMT+1
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2020/12/03 17:58:54.823781 GMT+1

Los tuits en la guerra psicológica

La llamada guerra psicológica acompaña a los enfrentamientos humanos desde los más remotos orígenes. Está constituida por todas las acciones que, sin implicar violencia física ni causar víctimas, contribuyen a debilitar moralmente al adversario, confundiéndolo o desconcertándolo. Eso buscaban tanto las pinturas faciales o los penachos de algunos pueblos primitivos, como los altos morriones de los soldados napoleónicos (los que llevaban en la mochila el bastón de mariscal) o incluso los exagerados aspavientos con que los jugadores neozelandeses de rugby se calientan antes de cada encuentro.

A principios de 1941 la prensa alemana anunciaba en exultantes titulares que ese año sería "el año de la victoria final", según dictaba la Orden del Führer para las Fuerzas Armadas. A partir de junio, los ejércitos hitlerianos avanzaron espectacularmente y penetraron profundamente en el territorio soviético. Se daba por hecho que antes de concluir el año la URSS habría sido derrotada.

Pero el invierno ruso es implacable y, aunque los alemanes llegaron cerca de Moscú, a principios de diciembre el avance quedó frenado y exhausto y el ejército alemán se replegó a sus posiciones de invierno. Entonces entró en acción la guerra psicológica.

Durante todo el mes de diciembre, casi medio millón de octavillas imitando hojas de roble (véase la figura) fueron lanzadas por la aviación soviética sobre las tropas de Hitler. En todas ellas, además de una copia del triunfal fragmento de la prensa alemana arriba citado, dos frases en alemán contenían la bomba psicológica: "En Rusia, las hojas caídas cubren a los soldados caídos" "Y la nieve cubre las hojas que han cubierto a los soldados caídos".

No es difícil suponer el efecto desmoralizador de esas octavillas sobre unos ejércitos tan convencidos de su fulgurante éxito que estaban mal preparados para soportar el frío invernal, la tenaz resistencia presentada por el enemigo y un embarrado campo de operaciones en el que se asfixió la poderosa máquina militar germana.

Ahora, casi 80 años después, damos un salto en el tiempo y pongo a la consideración del lector lo que podría ser el equivalente actual de aquellas hojas de roble que cayeron sobre los soldados nazis: los innumerables tuits de Trump (más de 46.000 desde 2009). Los ha hecho llover a raudales sobre el pueblo estadounidense, sometiendo a gran parte de la población a una especie de lavado de cerebro que -hay que reconocerlo- le ha proporcionado el mayor número de votantes jamás obtenido por ningún anterior presidente en ejercicio.

Por muchos análisis que puedan elaborarse sobre los motivos que han llevado a casi 73 millones de ciudadanos a desear la continuidad del actual presidente, hay que reconocer su eficacia en el manejo de la guerra psicológica, acertando con unos mensajes orientados específicamente a los grupos de personas sobre los que más efecto habrían de producir.
 
Las redes sociales han venido para quedarse y, si no surge alguna revolución tecnológica que modifique radicalmente su modo de funcionar, van a formar parte indispensable de esas guerras psicológicas que siempre han marchado paralelamente a las otras, las que producen destrucción, sangre y víctimas.

Y son esas redes las que más daño pueden hacer al normal funcionamiento de las instituciones democráticas cuando en ellas la verdad y la mentira pueden desdibujarse sistemáticamente.

Publicado en República de las ideas el 3 de diciembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/12/03 17:58:54.823781 GMT+1
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2020/11/26 18:11:21.284336 GMT+1

El 'caso Afganistán'

Tras el resultado de las elecciones estadounidenses, parece necesario preguntarse cuál será la postura que adopte el nuevo equipo que va a dirigir a la primera potencia militar del mundo, dada la inveterada tradición nacional de imponer la voluntad por la fuerza de las armas en defensa de sus intereses. El "caso Afganistán" parece sintomático a estos efectos.

Aunque en su campaña electoral Trump prometió "terminar con las guerras interminables", en realidad no ha hecho mucho por cumplir su promesa. Con su desdén por los detalles, nunca supo cuántos soldados estaban realmente desplegados en los países implicados en esas guerras: Siria, Afganistán, Somalia o Irak. Además, como filtró uno de los políticos implicados en la guerra de Siria, "Nosotros siempre estábamos trampeando para que en las altas esferas no se supiera cuántas tropas teníamos allí".

Pero ahora parece que algo va a cambiar en Afganistán, el sufrido país que lleva 20 años en guerra. Para las pocas semanas que le quedan al mando, Trump ha elegido a un nuevo Secretario de Defensa, quien enseguida publicó una carta dirigida a sus soldados que decía: "No somos un pueblo de guerras perpetuas". Consideraba éstas como "la antítesis de todo lo que defendemos y por lo que nuestros antepasados lucharon". Afirmaba que "todas las guerras deben terminar" y que no por multiplicar el esfuerzo bélico el resultado sería mejor. Y concluía: "Es la hora de volver a casa".

No parece que los "generales de Trump" estén por la labor. Ni tampoco Biden, quien ha hablado en dos sentidos opuestos: por un lado, insiste en terminar las "guerras eternas" y, por otra parte, promete mantener tropas estadounidenses en Afganistán para "combatir a los grupos terroristas que van a continuar surgiendo".

Estas ideas son apoyadas por el estamento militar, los responsables de la política exterior y los más agresivos medios de comunicación, conscientes de que el prestigio de EE.UU. en el mundo, ya menguado antes de que Trump llegase al poder, ha sufrido mucho durante su mandato.

La política de EE.UU. en el Medio Oriente se ha basado en dos premisas: 1) los supuestos intereses vitales en esta región (incluso en las más remotas zonas de Afganistán), y 2) que el mejor modo de preservarlos es mediante la fuerza militar. Ambas han demostrado ser erróneas. Y la nación ha dilapidado en este empeño vidas humanas, recursos financieros y capacidad de atracción y persuasión.

Tras unos años tan penosos, abandonar Afganistán traerá también otras consecuencias, porque las políticas que tengan éxito en ese país también podrán aplicarse en otros, como Iraq, Siria o Somalia. Comparando esta situación con el ya histórico caso de Vietnam, algunos alertan de que EE.UU. no podría soportar otra humillación como aquella deshonrosa huida de Saigón en 1975. Frente a esto conviene recordar que el fracaso no fue abandonar precipitadamente Vietnam sino aspirar a que el ejército de EE.UU. fuera el que tenía que decidir el destino del pueblo vietnamita, en lo que se empeñaron los presidentes estadounidenses.

Que también hayan sido los sucesivos presidentes de EE.UU. los que desde 2001 se implicaron en una cruzada para reformar extensas zonas del mundo islámico hace pensar que esas "guerras interminables" habrán de tener un fin. Si algo ha aprendido la nación norteamericana desde Vietnam es que para concluir una guerra es necesario abandonar el teatro de operaciones. No sabemos todavía qué decisión adoptará el equipo saliente en los días que le quedan, aunque Trump ha manifestado su deseo de abandonar Afganistán antes de fin de año y "a poder ser, para Navidad". De ese modo, podría salir de la Casa Blanca anunciando que, al menos, había concluido una de "las guerras interminables", cumpliendo su promesa electoral.

Publicado en República de las ideas el 26 de noviembre de 2020

Escrito por: alberto_piris.2020/11/26 18:11:21.284336 GMT+1
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2020/11/19 18:13:40.413265 GMT+1

Recuperación económica y medioambiental

La humanidad afronta dos graves problemas que solo pueden abordarse desde una perspectiva global. Los Estados, por separado, muy poco o nada podrían hacer para resolverlos. Es evidente para cualquier lector de estas líneas que el más acuciante hoy es el causado por la propagación pandémica de la Covid-19, que tanto está transformando nuestros modos de vivir.

Menos visible es el segundo, quizá debido a la perturbación general producto de la pandemia: se trata de la acelerada emergencia climática que va a transformar nuestro hábitat, de modo muy negativo y en plazos perentorios, si no se toman a su debido tiempo las medidas oportunas.

Ambos problemas crean un dilema: los planes de recuperación económica tras la depresión causada por la Covid-19 pueden poner en peligro los proyectos para hacer frente a la emergencia climática: el desarrollo de energías renovables, los vehículos eléctricos o una mejor eficiencia energética. Esto es así porque en muchos países, para acelerar la ansiada recuperación, se está reavivando el uso de los combustibles fósiles y reduciendo los recursos dedicados a proteger el medio ambiente.

Vivid Economics es una consultora internacional sobre estrategias de economía, que ha analizado qué parte de los recursos de reconstrucción se dedica en cada país a programas que tengan un positivo impacto ecológico.

Su director ejecutivo opina que "el medio ambiente y el cambio climático no han estado en el centro de los planes de recuperación [económica tras la pandemia]". El resultado del último informe publicado muestra, como se ve en la figura adjunta, que solo cuatro Estados y la Unión Europea han adoptado planes que tienen un efecto positivo frente la emergencia climática.

Sepa ahora el lector que esos países son: Francia, España, Reino Unido y Alemania, en orden decreciente. A ellos se uniría EE.UU. si se activasen los planes previstos por Biden.

Por el contrario, en dieciocho de las mayores economías mundiales los planes de recuperación tienen características negativas para afrontar la emergencia climática. En China, solo el 0,3% de su plan se refiere a proyectos "verdes"; en EE.UU., apenas supera el 1%. En otros países los efectos positivos se ven menguados por los negativos: Canadá dedica recursos al aislamiento de viviendas, energías limpias y transportes ecológicos, pero concede rebajas fiscales a los combustibles fósiles. India aplica recursos a la economía sostenible, pero fomenta la extracción de carbón mineral.

Aún más: existen Gobiernos que se sirven de esos planes de recuperación económica para anular o minimizar la legislación climática y fomentar las industrias extractivas de combustibles fósiles, como sucedía hasta ahora en EE.UU. (¿cambiará con Biden esta política?), así como en Arabia Saudí, Australia, Brasil, Indonesia, México, Rusia, Sudáfrica y otros.

La mayor parte de los 12 billones de dólares que el mundo va a dedicar a la recuperación económica tras los efectos de la Covid-19 se ha destinado a aumentar la liquidez, sostener los salarios y evitar la quiebra de las empresas. En esos programas poco espacio hay para reforzar la economía "verde". Según Nicholas Stern, el economista climático británico, "la economía verde se ha retrasado porque estamos lidiando con el virus, salvo en algunos países como China. Si hubiéramos combatido bien el virus en Europa, mejor irían ahora las cosas. Pero estamos en la fase de confinamiento y rescate. No podemos recuperarnos económicamente hasta que no gestionemos mejor la pandemia".

Mientras el mundo se plantea cómo afrontar mejor la letal e inminente combinación de pandemia vírica y emergencia climática, en España la política nacional gira en torno a pequeñeces locales, disputas de campanario, ásperas e infundadas descalificaciones de partidos o personas, intercambio de insultos o amenazas y grave parálisis de algunas instituciones democráticas esenciales. Reconozcamos pues, a pesar de todo, el mérito que supone que el programa de recuperación que el Gobierno ha enviado a Bruselas pone a España entre los cuatro países mejor situados ante el doble reto pandémico y climático. Sin exhibir banderas ni proferir exabruptos. La mejor España, la que sabe estar más cerca de la idea que de la rabia.

Publicado en República de las ideas, el 19 de noviembre de 2020.

Escrito por: alberto_piris.2020/11/19 18:13:40.413265 GMT+1
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