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2018/09/20 18:28:25.171157 GMT+2

Yemen en la conciencia mundial

A comienzos del pasado mes de abril, el Secretario General de la ONU afirmó sin rodeos en una conferencia pública: "Yemen es la peor crisis humanitaria en el mundo". Y añadió: "Al entrar este conflicto en su cuarto año, más de 22 millones de personas -las tres cuartas partes de la población- necesitan ayuda humanitaria y protección".

Recordó que esa guerra estaba causando un "enorme sufrimiento a uno de los pueblos más pobres y vulnerables del mundo". Concluyó recomendando apoyar a las operaciones de ayuda humanitaria y "avanzar de modo decisivo hacia una paz duradera en Yemen".

Conviene saber, además de lo anterior, que esta guerra ha causado más de 13.500 muertos y casi un millón de enfermos de cólera. El bloqueo de los puertos y los constantes bombardeos hacen muy difícil la intervención humanitaria y la llegada de alimentos y medios sanitarios para paliar las catastróficas consecuencias de la vasta destrucción causada en las infraestructuras esenciales del país.

Pues bien, el 9 de agosto, pocos meses después de haber escuchado las citadas palabras de António Guterres, un autobús escolar fue atacado al norte de Yemen por aviones de la coalición que dirige Arabia Saudí, produciendo una horrible matanza que destrozó a 40 niños. Ante las noticias de que la "bomba" causante de la carnicería era de fabricación estadounidense, el Pentágono respondió evasivamente, argumentando que ellos desconocían el hecho y que apenas hay tropas de EE.UU. desplegadas en la zona. Pero no quisieron recordar que la aviación de combate saudí cuenta con la colaboración de los aviones cisterna de EE.UU. para repostar en vuelo y se sirve de sus servicios de inteligencia para dirigir los ataques.

La CNN investigó por su cuenta lo que el Pentágono deseaba ignorar y afirmó que el proyectil de 500 libras que aniquiló el autobús había sido fabricado por Lockheed Martin, una de las más importantes empresas de armamento, en una venta aprobada por el Departamento de Estado.

Aquí hay que puntualizar diciendo que no se trataba de una "bomba" propiamente dicha, sino de un misil aire-tierra, dotado de propulsión propia y dirigido por un sistema de guía basado en rayos láser. Es una de esas armas llamadas "inteligentes", cuya precisión es muy superior a los proyectiles ordinarios de artillería o a las bombas de aviación, que alcanzan sus objetivos por la fuerza de la gravedad.

Las imágenes de tan horrible carnicería han revuelto la conciencia en EE.UU., al conocer la enorme responsabilidad de su Gobierno en "la peor crisis humanitaria" del mundo. Que Arabia Saudí e Irán pugnen entre sí por la hegemonía en la región a través de persona interpuesta (los "houthis" chiíes yemeníes y la coalición suní dirigida por Arabia) tiene como consecuencia la trágica situación en que se halla el desdichado pueblo de Yemen.

La opinión mundial debe saber que entre 2013 y 2017 EE.UU. suministró más del 60% del armamento saudí, de lo que Trump se ha vanagloriado recientemente. Durante esos cuatro años se han cuadruplicado las importaciones saudíes de armas. España, como estamos sabiendo estos días, no ha sido ajena al negocio, ofreciendo precisamente misiles aire-tierra y corbetas que contribuirán al nefasto bloqueo del país.

Se alzan ahora voces en EE.UU. buscando las bases legales que permitirían al Congreso discutir sobre esta guerra. Varios intentos han fracasado, aunque en febrero pasado el último de ellos se perdió en el Senado por el exiguo margen de 55 a 44. ¡El Congreso puede detener la guerra de Yemen! es la consigna que empieza a abrirse paso entre los círculos menos fanatizados del país. Hasta el New York Times se atrevió a insinuar que el Gobierno de EE.UU. podría ser acusado de "complicidad en crímenes de guerra" al ayudar a Arabia Saudí a "asfixiar a Yemen con el fin de someterlo".

Trump apoya esta guerra que dirige su leal aliado saudí y que también cuenta con el beneplácito israelí; él tiene un amplio respaldo en EE.UU. y no parece que desde el Congreso emane la fuerza capaz de poner fin al caos y la destrucción que las guerras estadounidenses vienen sembrando en el mundo desde el 11 de septiembre de 2001. Pero la voz que desde la ONU reclama la paz acabará siendo atendida.

Publicado en República de las ideas el 20 de septiembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/09/20 18:28:25.171157 GMT+2
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2018/09/13 18:30:29.230655 GMT+2

Bolton, al ataque

El pasado 12 de abril advertí en estas páginas ("¿Crecerá la belicosidad de EE.UU.?") sobre el peligro que representaba el nombramiento de John Bolton como asesor de seguridad del presidente Trump.

No ha sido necesario esperar mucho tiempo para confirmarlo.  El pasado lunes (10 de septiembre) los rayos "boltonianos" han caído sobre el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Como el lector no ignora, se trata del más importante órgano internacional de justicia, creado para perseguir los más execrables delitos cometidos por individuos concretos contra el Derecho Internacional. Alcanzó notoriedad en los procesos abiertos contra algunos responsables de los abominables genocidios que padecieron los pueblos de la antigua Yugoslavia y de Ruanda.

Hay que recordar que EE.UU. y otros países (entre los que se hallan Rusia, China e Israel) no han firmado ni ratificado el Estatuto del citado tribunal, con la evidente finalidad de que éste no pueda procesar a ninguno de sus ciudadanos. En el caso de EE.UU., además, se legisló para que los países que constituyan el Tribunal no puedan recibir ayuda militar.

Sabedor de que Trump siente un hondo desprecio general por las organizaciones internacionales, Bolton ha calificado al TPI de "ineficaz, irresponsable y francamente peligroso". Ya en ocasiones anteriores mostró su convencimiento de que los países que lo apoyan solo se proponen "encorsetar a EE.UU." Le achaca, además, gran incapacidad para perseguir y enjuiciar a los Estados bandoleros y a los dictadores; se entiende, naturalmente, según la opinión vigente en EE.UU. sobre quiénes son una u otra cosa.

Para Bolton, la Historia es una demostración de que el único modo de disuasión eficaz en esos casos es "la potente y justa fuerza [militar] de EE.UU. y sus aliados".

Sospechando la posibilidad de una acusación contra EE.UU. por los posibles delitos cometidos en la guerra de Afganistán (de hecho, están abiertas en el TPI investigaciones preliminares sobre lo allí ocurrido), Bolton ha asegurado que, para él y para EE.UU., el TPI es algo muerto de lo que conviene olvidarse. Lo ha amenazado con sanciones financieras y prohibiendo la entrada de sus investigadores en territorio estadounidense.

Teniendo presentes las alusiones que la Autoridad Palestina ha hecho en ocasiones sobre los presuntos crímenes de guerra perpetrados por Israel en los territorios ocupados,  Bolton anunció, entre nutridos aplausos, la decisión de cancelar la delegación que Palestina poseía en Washington, decisión precedida por la reciente supresión de toda ayuda al pueblo palestino.

Aunque un portavoz del TPI ha declarado en La Haya que el Tribunal "actúa estrictamente dentro del cuadro legal establecido por su Estatuto" y ha recordado las numerosas pruebas del "ejercicio independiente e imparcial de su mandato", la violenta actuación de Bolton a comienzos de esta semana aumentará ineludiblemente la creciente separación entre los aliados atlánticos, cuyas posiciones respecto al Tribunal, Israel y el pueblo palestino son bastante opuestas.

No crea el lector que todo esto terminaría si Trump dejase el poder. La nación americana es la que le ha elegido y aunque en torno a su persona existan profundas discrepancias, desde Europa hemos de entender que aquel EE.UU. que desde 1945 fue modelando el mundo de la posguerra no es el mismo que después imprudentemente agitó el avispero de Oriente Próximo dando muestras de una gran irresponsabilidad política.

Publicado en República de las ideas el 13 de septiembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/09/13 18:30:29.230655 GMT+2
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2018/09/06 17:31:26.828978 GMT+2

De desfiles militares y guerras sin fin

Las calles de París han vivido airadas revueltas populares, como las que pusieron fin a la monarquía absolutista, y otras posteriores que fueron el inicio de movimientos de rebeldía social de proyección internacional.

Las grandes reformas urbanísticas del siglo XIX, que tejieron una red de grandes avenidas radiales en torno al Arco del Triunfo, no solo embellecieron y sanearon la ciudad sino que también facilitaron la actuación de las fuerzas del orden, despejando el campo de tiro de la artillería, difícilmente utilizable en las retorcidas callejuelas del antiguo París, dificultando la construcción de barricadas y permitiendo el rápido desplazamiento de las tropas y los pertrechos.

En una de esas bellas calles parisinas, la espectacular Avenida de los Campos Elíseos, tiene lugar el 14 de julio de cada año el desfile militar que celebra la Fiesta Nacional: el llamado "día de La Bastilla".

Es un desfile que une emocionalmente a la inmensa mayoría del pueblo francés. Ningún alto cargo, y menos un presidente o jefe de Gobierno de la República, hubiera podido pronunciar las palabras que en 2007 el entonces presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, dejó al aire frente a un micrófono descuidadamente abierto: "Este domingo tengo el coñazo del desfile... en fin, un plan apasionante".

Fue la confesión que le hizo a Javier Arenas en una reunión del Comité de Portavoces de su partido y que escucharon directamente cerca de 300 participantes, la víspera de la Fiesta Nacional española del 12 de octubre. Naturalmente hubo de dar prontas explicaciones que, como siempre suele ocurrir, satisficieron a los suyos y propiciaron a la oposición la petición de disculpas oficiales.

En el otro extremo del entusiasmo por los desfiles militares se encontraba Trump en julio de 2017, cuando asistió a la Fiesta Nacional francesa como invitado especial del presidente Macron. Dejándose llevar por su estilo apresurado e impaciente, enseguida tomó Trump la decisión de hacer algo parecido en Washington.

Sin pararse en barras ni consultar a quienes sabían de eso más que él, se vio forzado a reconsiderar su idea cuando le advirtieron de que una ceremonia a la que inicialmente atribuía un coste de 10 millones de dólares fue sumando "detalles" hasta que la factura alcanzaba los 92 millones.

En ese punto, una importante asociación de veteranos, la American Legion, con unos dos millones y medio de miembros, salió al paso de la idea presidencial sugiriendo que convendría esperar "hasta el momento en que podamos celebrar la victoria en la guerra contra el terrorismo y nuestros soldados puedan volver a casa".

Trump reaccionó al modo usual, canceló irritado el desfile y acusó a los funcionarios de Washington haber exagerado el coste de su idea. No obstante, quizá sin percibirlo, la American Legion había puesto el dedo en una llaga purulenta que infecta a la sociedad estadounidense: el inacabable fin de una imprecisa guerra de la que nadie es capaz de decir en qué consistirá la victoria.

La guerra en cuestión se inició en octubre de 2001 contra Afganistán y hoy, diecisiete años después, nadie ve próximo el fin. Declarando ante un comité senatorial el pasado mes de junio, el decimoséptimo general que toma el mando supremo en esta guerra, al ser preguntado sobre qué iba a hacer él para poner fin al conflicto, declaró: "No puedo garantizar un plazo ni una fecha final". A pesar de esto, fue confirmado en el cargo y el Congreso aprobará, sin duda, un presupuesto de casi 50.000 millones de dólares para proseguir esta guerra infinita durante 2019.

¿Qué hará Trump si quiere tener su desfile? Puede copiar a Bush, que en 2003, en uniforme de combate y aterrizando en un portaaviones, se apresuró a declarar enfáticamente Mission acomplished! (¡Misión ejecutada!) y tuvo que rectificar después, al modo de Rajoy. O puede crear nuevos conflictos que ayuden a olvidar la enconada herida de la guerra antiterrorista. El tiempo nos lo dirá.

Publicado en República de las ideas el 6 de septiembre de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/09/06 17:31:26.828978 GMT+2
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2018/08/30 18:36:18.850857 GMT+2

EE.UU., China... ¿o el cambio climático?

Es indudable que la hegemonía global reside todavía en las manos de EE.UU., como primera potencia indiscutible tanto en el plano militar como en el económico o el cultural.

 

Entre los posibles aspirantes a esa posición solo se encuentra China, con su imparable crecimiento económico unido a un renovado poder militar en tierra, mar, aire y espacio, sin olvidar sus importantes avances tecnológicos.

 

¿Tiene China capacidad para reemplazar a EE.UU. en el ápice del poder mundial?

 

Un profesor de Cambridge recordaba recientemente que todos los imperios que han existido poseyeron un "discurso universal y aglutinante", con el que consiguieron el apoyo y la adhesión de otros Estados subordinados y de sus principales dirigentes políticos y sociales.

 

No basta el poder bruto de las armas o de las finanzas, porque para dominar el mundo se requiere también el poder suave, persuasivo e influyente de la cultura.

 

Así, el Imperio Español se sirvió del catolicismo y la hispanidad; el Imperio Otomano se amparó en el manto del islam, algo parecido a lo que hizo la Rusia soviética con el comunismo, Francia con la idea de la "francofonía" e Inglaterra con el espíritu de la Commonwealth.

 

Quizá por su cercanía en el tiempo haya sido el Imperio Británico el más claro ejemplo de todo esto, pues aparte de sus ejércitos y flotas de guerra, ayudados por sus audaces exploradores, el espíritu británico se encarnó en el idioma, la literatura, el fair play y hasta en la práctica y la expansión de la mentalidad deportiva.

 

El imperio heredero del británico, los actuales Estados Unidos, amplió este programa añadiendo a su gran poder cultural -que incluía la poderosa industria cinematográfica- la constante mitificación de la democracia y el acelerado desarrollo del bienestar ciudadano apoyado en una tecnología en permanente vanguardia.

 

Pues bien, con tales antecedentes está claro que China no tiene el camino tan abierto como podría parecer. La transmisión cultural se ve obstaculizada por un sistema de escritura que utiliza varios millares de caracteres distintos, frente a las pocas letras del alfabeto occidental. Su ideología propia, de raíz comunista, y la cultura popular son esencialmente particularistas, con un débil poder expansivo en el mundo occidental.

 

Además, China se mantiene bastante al margen de los sistemas internacionales de justicia y de los acuerdos sobre comercio, finanzas, seguridad, etc. Aunque llegara a igualar a EE.UU. en el ámbito del poder económico y militar, es dudosa su capacidad para influir en las organizaciones internacionales que se rigen por el imperio de la ley y una praxis de base democrática.

 

Pese a lo anterior, si frente a la errática actuación de Trump en el ámbito internacional China alcanza una sustancial influencia económica, tras su persistente infiltración en Eurasia, África y Sudamérica, es muy probable que se convierta en un nuevo centro de poder financiero y de influencia universal, peligroso rival de EE.UU.

 

Como opina un profesor de Historia estadounidense, en la actual situación el mundo carece, por vez primera en el último medio milenio, de una sucesión previsible en el escalafón de la hegemonía universal. Pero ante la incertidumbre que significa el cambio climático en lo relativo a la vida de los seres humanos sobre la Tierra, es muy posible que ser o no ser la potencia mundial dominante se convierta en algo sin sentido en el futuro que nos aguarda.

 

Publicado en República de las ideas el 30 de agosto de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/08/30 18:36:18.850857 GMT+2
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2018/08/23 18:02:16.866985 GMT+2

Milicia y deporte

Contra lo que parece sugerir el título, aquí no se va a tratar de los indudables beneficios que a los soldados reporta la práctica del deporte o a los deportistas confieren ciertos hábitos propios de la milicia. El asunto es muy distinto.

William Astore es un teniente coronel de la Fuerza Aérea de EE.UU., ya retirado, profesor de Historia además de analista y prolífico comentarista político. En una de sus últimas publicaciones (tomdispatch.com, 19-agosto-2018) muestra su preocupación por la arraigada costumbre estadounidense de combinar actos deportivos con exhibiciones militares.

En septiembre del año pasado Astore asistió al Open de tenis de EE.UU. en Nueva York, que brillantemente ganó Nadal en tres sets. No sin ironía recordaba que el tenis, desde que desapareció McEnroe de la escena, suele ser un deporte de desarrollo bastante pacífico (comparado con el hockey, por ejemplo).

Sin embargo, en esa ocasión se sorprendió al contemplar que, justo antes de la final masculina que enfrentó a Nadal con Anderson, una formación militar del cuerpo de Marines (Infantería de Marina) junto con una representación de cadetes de la Academia de West Point participaron en una ceremonia conmemorativa por las víctimas del 11 de septiembre de 2001.

Así describía el acontecimiento: "Naturalmente, el escenario lo ocupaba la ahora obligatoria y gigantesca bandera nacional, y la ceremonia concluyó cantando el God Bless America [una popular canción patriótica, que no es el himno nacional] mientras cuatro cazas de combate sobrevolaban el estadio. Hay que admitir que es una forma espectacular de empezar cualquier cosa, pero ¿por qué había de hacerse exactamente en un torneo internacional de tenis, cuyos dos finalistas procedían de España y de Sudáfrica?"

Para Astore, mezclar los deportes con la milicia es algo que amenaza con debilitar la democracia. Cita a este respecto un texto que en 2003 escribió Normal Mailer, poco antes de comenzar la guerra en Irak, aquella vergonzosa campaña de Occidente contra las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Husein, que sembró un caos perdurable en Oriente Medio. Lo traduzco a continuación:

"La funesta perspectiva que [...] se abre es la de que EE.UU. se va a convertir en una 'megarrepública bananera', donde el Ejército tendrá una creciente importancia en la vida de los estadounidenses...  La democracia es la condición especial, una condición que nos veremos llamados a defender en los años venideros. Eso será enormemente difícil porque la combinación de las corporaciones, los ejércitos y la total investidura de la bandera con los espectáculos deportivos de masas ya ha creado en EE.UU. una atmósfera prefascista" (cursivas de A.P.).

El coronel Astore piensa que, más de catorce años después de escrito lo anterior, el conjunto formado por las grandes corporaciones, los ejércitos y los deportes de masas, todo ello envuelto en una gigantesca bandera con las barras y las estrellas, es lo que "ha terminado por considerarse como genuinamente american [es decir, estadounidense]".

Si a esto se suman el nuevo presidente con su peculiar estilo autoritario, un Congreso desvaído y sin fuerza y un poder judicial crecientemente reaccionario, la predicción del galardonado autor de la 'novela de no-ficción' titulada "Los ejércitos de la noche" parece bastante atinada.

Lejos estamos todavía en España y, en general, en Europa, de esa mezcla de soldados y deportistas que puede contribuir a crear la peligrosa atmósfera que anunció Mailer. Pero no olvidando que mucho de lo que nace en EE.UU. acaba siendo transferido, incluso a menudo de modo muy distorsionado, al resto del mundo, no estará de más que nuestros políticos, así como las autoridades deportivas y militares, estén al tanto de algunas de las preocupaciones que suscita en EE.UU. la supervivencia de la democracia frente a las fuerzas que tienden a debilitarla.

Tanto más cuanto que, a raíz de los problemas causados por los nuevos flujos migratorios, cierta atmósfera prefascista parece estar configurándose en el seno de la Unión Europea, con las graves consecuencias que esto puede implicar.

Publicado en República de las ideas el 23 de agosto de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/08/23 18:02:16.866985 GMT+2
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2018/08/16 18:45:56.016158 GMT+2

Se ha esfumado el 'sueño' israelí

El pasado mes desaparecieron en las sombras del pasado los restos de un experimento social que pudo haber sido ejemplar ante los ojos del mundo: la creación de un Estado democrático enclavado en el Próximo Oriente, tradicionalmente islámico y teocrático. Ese Estado fue Israel.

Lo que en 1948 parecía el nacimiento de una sociedad igualitaria, democrática, abierta y sin prejuicios, el "sueño" de los que creían en un socialismo generoso y constructivo, fue definitivamente dinamitado el 19 de julio de 2018 al aprobarse en el parlamento israelí una ley fundamental que proclama el irrevocable carácter judío del Estado.

Ya no puede hablarse de la "única democracia de Oriente Próximo", como tan frecuentemente se ha alabado a Israel desde los círculos sionistas en el propio país y en el extranjero. El texto sobre el que se fundamentó la independencia de Israel incluía la equiparación en derechos civiles de todos sus habitantes, con independencia de su religión, raza o condición social. Esto ha pasado ya a la Historia.

La teocracia ha vencido. Israel carece de Constitución y se asemeja a otros Estados, también ideológicamente fallidos, en los que solo rigen unos inefables preceptos divinos, plasmados en coranes, biblias, talmudes u otros textos de dudoso origen, incompatibles con cualquier regulación constitucional democráticamente aprobada por la población y, por tanto, capaz de ser modificada a medida que las sociedades van evolucionando.

Los resultados inmediatos de este notable cambio en la naturaleza de Israel son evidentes. Del mismo modo que las leyes fundamentales del franquismo establecían a la religión católica como "única y verdadera" y, por ello, "inspiradora de la legislación española", el nuevo Estado de Israel, nacido el mes pasado, quedará en última instancia en manos de lo que decidan en cada momento los rabinos más influyentes y más versados en los recovecos de su religión.

Ese nuevo Estado ya no es "israelí", sino "judío". Por eso, las minorías que hasta ahora lo habitaban se convierten en ciudadanos de inferior categoría: musulmanes, cristianos... y hasta los propios israelíes carentes de religión.

Israel, con esto, rechaza de plano una posible plurinacionalidad que englobara a los que durante siglos han venido habitando las mismas tierras sobre las que se asienta Israel, quienes se ven obligados a jurar fidelidad a un Estado judío para ser considerados ciudadanos.

Así pues, una sesión parlamentaria celebrada hace unas semanas se ha dedicado paradójicamente a "constitucionalizar" un secular y mítico mandato bíblico por el que Yahvé ordenaba al pueblo elegido ocupar la tierra de Canaán, proceso que, según las propias narraciones bíblicas, implicó sangre, matanzas y fanatismos sin cuento.

En esta deriva hacia la teocracia israelí, EE.UU. ha tenido algo que ver, puesto que aceptó trasladar su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén, rompiendo el tácito acuerdo internacional de preservar la antigua capital para uso combinado de palestinos y judíos.

La aniquilación definitiva de las esperanzas palestinas parece ser el resultado final de tan largo proceso. Proseguirán los asentamientos ilegales así como la fragmentación del territorio palestino militarmente ocupado. El idioma árabe dejará de ser cooficial y el "Estado-nación judío" pasará a ocupar en los mapas el espacio que hasta ahora venía llamándose Israel.

Un nefasto triángulo formado por EE.UU., Israel y Arabia Saudí, que se ha ido conformando durante el conflicto sirio y ahora se muestra en todo su horror en la sangrienta guerra de Yemen, anticipa un incierto panorama en Oriente. La herida palestina seguirá supurando con imprevisibles consecuencias.

Publicado en República de las ideas el 16 de agosto de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/08/16 18:45:56.016158 GMT+2
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2018/08/09 18:24:44.631086 GMT+2

Otra vez, Irán en el punto de mira

Burton Gerber es un renombrado espía, ya jubilado, que desde que se retiró de la CIA en 1995 se ha dedicado a difundir, por escrito y dando conferencias, su opinión sobre algunas críticas cuestiones relativas a la ética y el modo de operar de los servicios secretos. Pone de relieve la importancia del espionaje en la lucha contra el terrorismo, en la que considera de vital importancia el respeto por los derechos humanos y las libertades civiles.

Durante 39 años ha estado al servicio de la CIA en el sector dedicado a la antigua Unión Soviética y al Pacto de Varsovia, trabajando como jefe de estación en Sofía, Belgrado y Moscú. Su brillante carrera en el oscuro mundo de los servicios secretos internacionales ha sido premiada en varias ocasiones.

Por todo lo anterior es de gran interés conocer su opinión sobre las supuestas y ocultas relaciones de Trump con el Kremlin. Al ser preguntado sobre la pasada reunión en Helsinki entre Trump y Putin, aseguró que no son realistas las suposiciones que se hacen en ciertos sectores de la política estadounidense de que Trump viene a ser como un peón al servicio de los oscuros designios moscovitas. Según él, la relación entre ambas partes es casi de tipo comercial y no deberían sospecharse vínculos secretos, extrañas conexiones o coacciones.

Con más claridad y menos corrección política, como escribe Michael Weiss en The New York Review (2-ago-18), Gerber se expresó así: "Trump es básicamente un hombre de baja autoestima, lo que ha intentado superar actuando como un matón y un narcisista. Sus actos están diciendo: 'Tomadme, soy vuestro si me admiráis y me halagáis'. Los rusos jamás intentarían reclutarle, pues simplemente les resulta siempre accesible y pueden influir en él".

Pues bien, este es el Trump que de modo "matón y narcisista" (que tan sugestivamente refleja la imagen aquí reproducida: gesto prepotente y ostentosa firma con rotulador), ha decidido recrudecer las sanciones aplicadas contra Irán, meses después de haber abandonado el pacto suscrito en 2015 con este país por las grandes potencias, asunto al que me referí más detalladamente el pasado mes de abril (¿Crecerá la belicosidad de EE.UU.?).

Trump firmó una "orden ejecutiva" (digamos, una especie de decreto-ley) que entró en vigor a las cero horas del pasado martes, para golpear de nuevo la maltratada economía iraní porque, en su opinión, el citado pacto está "desequilibrado" y la reforzada presión económica sobre Irán le obligará a aceptar otro pacto que ponga fin a sus "malignas actividades, incluyendo sus programas de misiles balísticos y su apoyo al terrorismo".

El presidente Rouhani comentó, muy acertadamente, que no es posible establecer nuevos contactos para ponerse de acuerdo en un nuevo pacto, si éstos han de tener lugar bajo la presión de las sanciones. Acusa a Trump de utilizar esta operación para obtener mejores resultados electorales en las próximas elecciones intermedias, a celebrar en noviembre.

Por su parte, Europa sigue apoyando firmemente el acuerdo alcanzado en 2015 y las cancillerías de los principales países de la UE puntualizaron el pasado lunes que "el tratado nuclear con Irán sigue siendo esencial para la seguridad global".

Que un "matón narcisista" pueda influir siquiera mínimamente en los destinos de toda la humanidad es algo que debería causar preocupación universal. Y no solo a los europeos, despreciados y algo humillados tras la última visita que el presunto emperador hizo a las marcas orientales de su imperio.

Cerraré este comentario repitiendo la frase con la que concluí el antes citado: "La solidez europea en esta crítica cuestión es elemento esencial para frenar y contener los accesos de belicosidad que pueden aquejar a una Casa Blanca de donde han ido desapareciendo las pocas voces moderadoras que había, sustituidas por personas propensas al uso de la fuerza militar".

Publicado en República de las ideas el 9 de agosto de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/08/09 18:24:44.631086 GMT+2
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2018/08/03 19:01:2.474454 GMT+2

Dos condecoraciones militares hace cien años

En los primeros días de agosto de 1918, hace ahora un siglo, la División de Infantería estadounidense conocida como Rainbow ("Arcoíris") combatía en territorio francés al norte del Marne, no lejos de Reims. Hacía cuatro meses que EE.UU. había iniciado su participación en la 1ª Guerra Mundial y en la composición de esa gran unidad de combate (conocida también como "División 42", nombre que aún conserva) había soldados procedentes de casi todos los Estados de la nación americana.

Era su Jefe de Estado Mayor un coronel que en la mañana del 2 de agosto salió a observar la zona intermedia que separaba a ambos bandos (la "tierra de nadie"), al recibir la noticia de que el enemigo se estaba replegando. De repente, observó el cañón de una ametralladora que le apuntaba directamente. Se arrojó al suelo y se arrastró hasta ella, descubriendo que: "Todos sus sirvientes estaban muertos. El teniente tenía metralla en el corazón; al sargento le asomaba el estómago por la espalda y el cabo solo tenía la columna vertebral donde debería haber estado la cabeza".

Ese mismo día, el citado coronel fue condecorado con su cuarta Silver Star (Estrella de Plata) por su brillante actuación, durante la que su División perdió 560 hombres en los ocho días anteriores y sufrió más de 2000 heridos.

Dos días después, el 4 de agosto, en el bando contrario también hubo combates y se repartieron condecoraciones. Ocurrió algo más al norte, en la ciudad de Soissons; allí donde según cuenta la leyenda, Clodoveo, rey de los francos, fue humillado por uno de sus guerreros en el reparto del botín, pues arguyendo injusticia rompió con su hacha un jarrón catedralicio que el rey había solicitado para sí. Tiempo después, Clodoveo, revistando sus tropas, reconoció al soldado en cuestión y, reprendiéndole porque sus armas estaban sucias, las arrojó al suelo; cuando el guerrero se agachó para retomarlas, el hacha de Clodoveo se hundió en su cráneo mientras le recordaba: "¡Así rompiste tú el jarro de Soissons!".

Ese 4 de agosto de 1918 los alemanes apuradamente resistían en Soissons ante el impetuoso avance francés, donde perdieron 35000 prisioneros y cerca de 700 cañones, en un desastre estratégico de grandes proporciones. Durante la penosa retirada alemana, hubo un cabo que se distinguió "por su bravura personal y merecimiento general", por lo que le fue otorgada la Cruz de Hierro de Primera Clase, condecoración poco frecuente en tan bajo escalón de la jerarquía militar. La exhibió con orgullo durante el resto de su vida.

¿Qué tienen de particular estas dos pequeñas anécdotas de la vida en campaña? ¿Y la coincidencia en el tiempo de ambas condecoraciones? Veámoslo.

El coronel americano era Douglas MacArthur, uno de los más brillantes soldados estadounidenses, que alcanzaría el máximo escalón de la milicia y desempeñaría una función esencial en la derrota de Japón en el Pacífico, durante la 2ª Guerra Mundial.

El cabo alemán era Adolf Hitler, del que no puede ignorarse que tuvo bastante que ver con el desencadenamiento de esa nefasta guerra. (Una nota final: el capitán alemán que propuso a Hitler para la condecoración era judío y tuvo que huir después a Canadá, cuando el condecorado cabo alcanzó el poder en Alemania).

Así es la Historia.

Publicado en República de las ideas el 3 de agosto de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/08/03 19:01:2.474454 GMT+2
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2018/07/26 18:00:0.836740 GMT+2

En busca de la 'doctrina Trump'

Tras el periplo del presidente estadounidense por Europa, pródigo en inéditos gestos y en sonoras y rotundas declaraciones del ultramarino visitante, parecería de sumo interés para los pueblos de este viejo continente intentar descubrir cuáles son las líneas generales que rigen el pensamiento estratégico de Trump en el ámbito internacional.

Examinando en algunos medios de comunicación de EE.UU. las opiniones de sus más destacados analistas, no es fácil encontrar una respuesta clara a la pregunta esencial: ¿Cuál es la doctrina -si es que existe alguna- que rige a Trump en sus relaciones internacionales? Dicho de otro modo: ¿Qué objetivos busca? ¿Ante qué factores ajenos reacciona y de qué modo? ¿En qué consideración tiene a sus aliados, antiguos o recientes y qué valor asigna a la cooperación internacional?

Parecen existir dos respuestas inmediatas, bastante comunes. Una de ellas es el ejercicio bruto de la simple fuerza, la reafirmación de la supremacía de EE.UU. en su manera más cruda y desnuda: la puesta en práctica permanente del America first! Hay otra que elude entrar en elucubraciones políticas y se limita a constatar la presencia en Washington de un activo poder autocrático que se complace en hacer en cada momento lo que más le apetece.

Una tercera respuesta, algo más elaborada, es la de atribuir las decisiones de Trump a su voluntad de destruir todos los restos de lo que hizo o se propuso hacer Obama, cuya doctrina, para algunos analistas de EE.UU., se resumía en no cometer graves e irreversibles errores. Trump hace justo lo contrario y en su viaje europeo no ha faltado una buena colección de impertinencias, insultos, desaires y menosprecios a los que fueron los viejos aliados de EE.UU.

Una cuarta respuesta podría deducirse de la enrevesada maraña de declaraciones, tuits y comentarios de Trump y sus más próximos colaboradores durante el tiempo que viene ocupando la Casa Blanca. En ella parece vislumbrarse una pseudodoctrina basada en hacer creer a sus seguidores que el mundo exterior es un lugar muy peligroso y que ese peligro se aproxima inexorablemente al pueblo y al territorio de EE.UU. Solo Trump es capaz de afrontar con éxito tan grave amenaza.

Parte importante de esa amenaza es la incesante llegada de forasteros del Tercer Mundo, que nunca conocieron la libertad y que ponen en peligro las libertades del pueblo estadounidense y deterioran su modo de vida. Y también, por tanto, menoscaban la aspiración nacional a ocupar el primer puesto en el orden internacional, sin pararse a considerar "complejos" diplomáticos, humanitarios o de simple convivencia humana. Trump parece anhelar una nación étnicamente "limpia".

Económicamente hablando, Trump no ha vacilado en iniciar una guerra de tarifas sin saber bien adonde puede conducir ese belicismo económico. Porque el belicismo militar es tan evidente y voluble como lo han mostrado sus amenazas de aniquilar Corea del Norte, el enfangamiento continuado en la guerra de Afganistán y las más recientes declaraciones contra el régimen de Teherán. Hay quien asegura que para Trump los verdaderos enemigos son los que le han insultado y menospreciado personalmente, y no los que suponen un riesgo para el Estado.

Quizá el último y más peligroso factor de esa aparente doctrina sea la tendencia a romper el sistema internacional tan trabajosamente elaborado al cabo de los años, incluyendo cuestiones de preocupación universal como el cambio climático o la explosión demográfica. Parece evidente la falta de una estrategia a largo plazo que tenga en cuenta los intereses de la humanidad y no los del multimillonario y su más estrecho círculo de amistades y votantes.

Merece la pena concluir este breve repaso citando el irónico comentario del investigador y analista estadounidense John Feffer, quien opina que atribuir a Trump una "doctrina" es como creer que los teletubbies de la televisión infantil se rigen por una "teología", y que el modo como Trump afronta los problemas de la política internacional es lo más parecido a un adolescente con déficit de atención e hiperactividad que intentara asimilar al más profundo Tolstoi en su "Guerra y paz".

Publicado en República de las ideas el 27 de julio de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/07/26 18:00:0.836740 GMT+2
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2018/07/19 18:13:0.368048 GMT+2

Trump contra Europa

Terminado el paseo de Trump por la vieja Europa, durante una semana pródiga en desplantes e impertinencias y en la que el visitante ha dado suficientes muestras de su infantiloide y egoísta vanidad, parece oportuno hacer un somero balance de la visita y reflexionar sobre los resultados.

Pocos días antes de que Trump visitara la sede de la OTAN, para combinar los cuatro factores dominantes en la política internacional -EE.UU., Europa, Rusia y China- comenté en estas páginas lo siguiente: "Los últimos Gobiernos en Washington han venido empujando a Rusia hacia China, y Trump ahora tiene que jugar a la vez en dos campos: evitar el acercamiento ruso-europeo, que pudiera poner en peligro la hegemonía estratégica de EE.UU., y mantener una relación viable con Moscú para controlar a China, sin tener en cuenta a Europa".

Parece que es algo de lo que Trump ha buscado durante la visita. Pero hay que advertir que tres de esos cuatro factores están concentrados en sendos personajes: los autócratas Trump, Putin y Xi. El publicitado colofón de su visita a Europa fue la primera reunión personal de Trump con Putin, celebrada en Helsinki. Pero durante este año Putin ya se habían reunido con el presidente chino, dando muestras de su mutuo entendimiento, como se ha observado también en Helsinki.

(Por cierto, en Washington se comenta irónicamente que el balón de fútbol que Putin regaló a Trump como recuerdo del campeonato mundial será minuciosamente examinado por los servicios secretos, que probablemente prohibirán su entrada en la Casa Blanca).

El cuarto factor de los antes citados, por el contrario, carece de una personalidad visible con la que Trump pudiera reunirse en privado. Europa, para el multimillonario líder neoyorquino (y también, lamentablemente, para los que nos sentimos proeuropeos), aparece a menudo vista desde fuera como un conglomerado de Estados imprecisamente gobernado desde Bruselas, poco propensos a ponerse de acuerdo en asuntos cruciales y desconcertados ante los nuevos problemas que afectan a gran parte de la humanidad. Para Trump, además, esos Estados abusan económica y militarmente de EE.UU. y en su conjunto aparecen como el "principal enemigo" del America First!, al que está decidido a combatir con armas económicas.

En Bruselas Trump exigió a los aliados otánicos una mayor contribución económica, exagerando la participación de EE.UU. en el presupuesto de la Alianza y sugiriendo que compren más armas estadounidenses, porque "son las mejores del mundo".

También provocó a la canciller alemana, a la que acusó de depender del gas ruso. En su visita al Reino Unido profirió toda clase de impertinencias, tanto políticas como protocolarias, que hirieron a la opinión pública británica. Fueron aún peores sus intentos de compensarlas con absurdos y desmesurados elogios. Sobre la reina Isabel comentó: "Es tan elegante... y muy bella. [El encuentro] fue algo especial. Ella es tan avispada, tan inteligente, tan hermosa. Desde cerca se ve lo hermosa que es. Es una persona muy especial".

Al aceptar sin protesta las explicaciones de Putin sobre la supuesta interferencia de Rusia en el proceso electoral que lo eligió presidente, Trump ha hecho saltar chispas en su propio país y entre sus partidarios. A su regreso a Washington se ha producido una explosión de rechazo en un amplio sector de los medios de comunicación, como lo declarado por el senador McCain: "Ningún otro presidente se ha rebajado tan abyectamente ante un tirano".

Mientras para Trump el encuentro con Putin fue "un provechoso diálogo", el presidente ruso lo calificó de "sincero y útil". Solo el paso del tiempo permitirá conocer si Trump ha salido beneficiado o perjudicado ante su propia opinión pública. Sin embargo, los votantes que le llevaron al poder en 2016 le apoyan en todos sus esfuerzos por perturbar el statu quo mundial en favor del interés primordial de EE.UU. y, como aseguraba un asesor de la campaña electoral de Trump, "sus bases piensan que hubiera sido grosero e inútil estar tan cerca del presidente ruso y llamarle mentiroso".

Si Trump sigue desarrollando su tan atípica y voluble política exterior y además se hace en 2020 con un nuevo mandato presidencial, muchas cosas habrán de cambiar en Bruselas si Europa desea seguir ocupando un lugar digno en el concierto internacional.

Publicado en República de las ideas el 19 de julio de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/07/19 18:13:0.368048 GMT+2
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