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2018/05/17 18:13:4.363394 GMT+2

Trump-Netanyahu: sobre el barril de pólvora

Sería imposible elaborar estos días un comentario sobre cualquier aspecto de política internacional sin aludir al indiscriminado asesinato de palestinos que el ejército israelí practica a menudo contra la población de Gaza. Las oficialmente denominadas "Fuerzas de Defensa de Israel" no vacilaron en festejar el pasado lunes la inauguración de la nueva embajada de EE.UU. en Jerusalén desencadenando una mortífera carnicería de manifestantes gazatíes que causó más de medio centenar de víctimas mortales y varios centenares de heridos por arma de fuego.

Aludí hace dos semanas en estas páginas al "peligroso binomio Trump-Netanyahu", con motivo del enfrentamiento entre EE.UU. y gran parte de la comunidad internacional, causado por la decisión de Trump de romper el acuerdo alcanzado con Irán para controlar el desarrollo nuclear de este país.

Es precisamente ese "binomio" sangriento el responsable de la nueva tragedia que ha estremecido al mundo y que ha obligado al Consejo de Derechos Humanos de la ONU a tuitear: "Debe detenerse de inmediato la espantosa matanza de docenas [sic] y los centenares de heridos causados por las armas de fuego israelíes. Hay que respetar el derecho a la vida. Los responsables de tan monstruosas violaciones de los derechos humanos deberán rendir cuentas. La comunidad internacional exige ejercer justicia por las víctimas".

El Gobierno israelí, como es habitual, ignorará cualquier reproche de la ONU, sabedor de que EE.UU. vetará, como acaba de hacer, una propuesta kuwaití para que el Consejo de Seguridad investigue la violencia ejercida en Gaza.

Netanyahu se está convirtiendo en el principal responsable de la inestabilidad en la región, al menos por dos motivos: 1) incitando a EE.UU. contra Irán, y 2) imposibilitando cualquier resolución pacífica del problema de Palestina. En ambos casos, Trump y su Gobierno le apoyan sin fisuras. No hay que poseer visión profética para anunciar un agravamiento de la situación y un refuerzo del terrorismo en general. Trump y Netanyahu se entienden bien, sentados sobre un barril de pólvora.

En su última visita a Arabia Saudí el papá de Ivanka (la madrina de la nueva embajada) declaró ante los principales líderes suníes reunidos en Riad que Irán financia, arma y entrena grupos terroristas que siembran el caos "desde Líbano hasta Irak o Yemen"; insistió en que el Gobierno de Teherán anhela la destrucción de Israel y la muerte de EE.UU. Netanyahu no le fue a la zaga afirmando que "el régimen de Irán supone una grave amenaza, no solo para Israel sino para todo el mundo".

Las palabras de ambos dirigentes no son simple retórica impulsados por la euforia previa al aniversario de la creación del Estado de Israel y a la inauguración de la embajada jerosolimitana. Señalan también una dirección estratégica y un enemigo: Irán. Y un nuevo bloque anti-iraní: EE.UU., Israel y Arabia Saudí, con sus respectivos aliados.

Pero no están solos en el mundo: hay otras potencias, sin olvidar a Rusia, China y Europa, que observan con inquietud la situación creada en la amplia y crítica región en torno al Golfo Pérsico, donde también ellas tienen intereses importantes, enfrentados en ciertos casos con los del citado bloque. El fantasma de una nueva guerra se hace presente.

Pero, para alivio del lector, conviene recordar que queda un sorprendente e inesperado resquicio abierto a la esperanza: tanto Trump como Netanyahu no están sólidamente asentados en sus respectivos sillones. El segundo tiene abierta una investigación policial sobre supuestas corrupciones; y sobre el primero planea, desde siempre, una densa sombra de incertidumbre por su tornadiza volubilidad. Lo verdaderamente lamentable es que la suerte de la humanidad pueda depender del estado de ánimo de estos dos peculiares individuos.

Publicado en República de las ideas el 17 de mayo de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/05/17 18:13:4.363394 GMT+2
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2018/05/08 17:42:32.843147 GMT+2

De guerras civiles e internacionales

Cuando en una guerra civil empiezan a participar países extranjeros, son grandes las probabilidades de que el conflicto se extienda y se convierta en una guerra internacional.

Esa participación puede ser de muchos modos: ayuda diplomática, financiera o comercial; entrega (a título de regalo, préstamo o compra) de armamento, material o equipo; intervención de combatientes extranjeros de forma oculta o abierta, e incluso la firma de acuerdos que prácticamente suponen una alianza con uno de los bandos.

La última Guerra Civil española fue un caso típico. Contra lo que a menudo se afirma erróneamente, esta guerra no empezó el 18 de julio de 1936; ni el 17 en África y el 19 ó 20 en otras ciudades españolas. Lo que en esas fechas se inició no fue una guerra: fue una rebelión militar, con amplio apoyo de ciertos sectores sociales, contra el Gobierno legítimo de la República Española.

Después, la rebelión militar se convirtió en guerra. Fue cuando, al contrario de lo que había sucedido en 1932 con motivo de la sublevación del general Sanjurjo, rápidamente desarticulada por el Gobierno, la rebelión militar de 1936 no pudo ser aplastada de raíz y, con la inmediata ayuda de dos potencias extranjeras (Alemania a Italia) que facilitaron el transporte de tropas y material desde Marruecos a la Península, se empezaron a delinear lo que serían los frentes de combate de esa guerra.

En ella pronto participaron las potencias extranjeras. Primero recibió ayuda alemana e italiana el bando sublevado y después la República fue apoyada por la Unión Soviética. Sobre suelo español combatieron encarnizadamente soldados de diversas nacionalidades, tanto voluntarios como unidades militares organizadas; lucharon en nuestro cielo aviadores alemanes y rusos; se enfrentaron tanques soviéticos contra cañones contracarro alemanes. Alemanes, italianos y rusos probaron en España nuevas armas y nuevas tácticas de combate. Goering se jactó de haber ensayado en Gernika la eficacia de la aviación nazi, que luego brilló espectacularmente al comenzar la 2ª Guerra Mundial.

Desde el punto de vista militar -sobre todo, alemán- es innegable una continuidad de pensamiento estratégico entre la Guerra Civil española y la 2ª Guerra Mundial. Una no se convirtió en la otra, pero ambas se conjugaron eficazmente.

Algo similar puede estar ocurriendo hoy en Siria. La guerra civil siria, una rebelión popular iniciada en 2011 contra el régimen del presidente sirio, Bashar el Asad, pronto se convirtió en enfrentamiento armado que atrajo sobre Siria la atención de las potencias extranjeras, incluyendo las dos grandes superpotencias nucleares: Rusia y EE.UU.

Pero allí desplegaron otras fuerzas. Algunos países se implicaron en grado distinto, como Irán, Turquía o Israel, y tanto Al Qaeda como el Estado Islámico entraron también en la línea de fuego. En su momento actuó la coalición internacional dirigida por EE.UU.; Francia e el Reino Unido también intervinieron a su modo. En septiembre de 2016 tracé en estas páginas la panorámica de una situación ("El oscuro embrollo sirio") que ha ido evolucionando a peor.

La temida aparición de un conflicto internacional surge estos días como una crítica posibilidad que afecta sobre todo a dos países, Rusia e Israel, muy concernidos por la guerra siria. Rusia se ha implantado sobre el terreno con bases militares, armamento y tropas de combate no reconocidas como tales, e Israel ha efectuado incursiones aéreas contra objetivos en territorio sirio.

Putin sostiene a El Asad y Netanyahu no desea ver tropas iraníes apoyando al régimen sirio cerca de las fronteras de Israel. Hasta ahora, tanto uno como otro han evitado incidentes aéreos en Siria, donde sus fuerzas aéreas operan apoyando a bandos opuestos.

Pero estos días se anuncia que Putin va a enviar a El Asad sus más modernos misiles antiaéreos S-300, probablemente el mejor sistema antiaéreo existente hoy en el mundo. Esto pondría en grave riesgo a la aviación israelí, pero la mayor gravedad a nivel mundial sería un enfrentamiento militar abierto entre la moderna aviación de guerra israelí y los modernos sistemas antiaéreos rusos.

Es una apuesta difícil de acertar: ¿Quién posee la tecnología más avanzada: los aviones de bombardeo israelíes o los misiles antiaéreos rusos? ¿Qué puede ocurrir si se producen bajas mortales en algún bando? ¿Durará el delicado equilibrio mantenido hasta ahora entre Putin y Netanyahu?
Y si el conflicto se extiende ¿cómo reaccionará el imprevisible Trump? Son preguntas importantes cuya respuesta está, por el momento, en el aire.

Publicado en República de las ideas el 10 de mayo de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/05/08 17:42:32.843147 GMT+2
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2018/05/02 18:25:24.984901 GMT+2

El tenso debate sobre Irán

Hace tres semanas aludí a la crítica decisión que en unos días (el próximo sábado, 12 de mayo) habrá de tomar el presidente Trump en relación con el acuerdo nuclear (el llamado "Plan Conjunto de Acción Integral") que varias potencias (Alemania, China, EE.UU., Francia, Reino Unido, Rusia y Unión Europea) pactaron con Irán en 2015, considerado un importante hito para asegurar la estabilidad y la paz en Oriente Medio al controlar el desarrollo nuclear de este país.

Si EE.UU. no decide en esa fecha poner fin a las sanciones aplicadas contra Irán por su programa nuclear o si las renueva o endurece, es muy probable que se genere una nueva crisis en la zona, además de crear tensiones entre EE.UU. y sus aliados europeos.

Para agravar aún más la situación, el presidente israelí atizó el lunes pasado el fuego de la desconfianza al revelar, en una conferencia de prensa en el ministerio de Defensa, las supuestas falsedades de Teherán sobre su programa nuclear, mediante una espectacular presentación de documentos obtenidos por el todopoderoso servicio secreto israelí, el Mossad.

Apenas unas horas después, el volátil presidente estadounidense afirmó triunfalmente: "El discurso de Netanyahu sobre Irán demuestra que yo tenía el cien por cien de razón respecto al acuerdo nuclear". La respuesta iraní no se hizo esperar a través de la agencia estatal de noticias: "Netanyahu es famoso por sus ridículos shows". Y el ministro de Asuntos Exteriores puntualizó que todo ello era agua pasada, había sido ya conocido en su momento por la Agencia Internacional de la Energía Atómica y ahora se sacaba a colación para romper el acuerdo internacional, al aproximarse el 12 de mayo: "La impetuosidad de Trump para celebrarlo [el presunto descubrimiento de los citados documentos] ha puesto al descubierto la añagaza", dijo.

Pero, en todo caso, y dejando de lado la imprevisible actuación del peligroso binomio Trump-Netanyahu, la posibilidad de que EE.UU. se retire del acuerdo, como propugnan los dos nuevos "halcones" fichados por Trump (el consejero Bolton y el Secretario de Estado Pompeo), pone a Europa en una muy difícil tesitura. Las recientes visitas a Washington de Macron y Merkel han apuntado en esta línea, ya que Francia y Alemania, países firmantes del acuerdo, se juegan mucho en este asunto.

Pero el acuerdo nuclear tampoco goza de aprecio entre la población iraní, que lo considera una intromisión en sus asuntos internos. Si EE.UU. endurece las sanciones contra Teherán, la opinión pública abogará por abandonarlo. Y, lo que es peor, existe la posibilidad de que Irán denunciara también el Tratado de No Proliferación Nuclear, lo que agravaría mucho este problema.

Europa está interesada en conservar el acuerdo de 2015 y por eso los representantes de los tres países europeos firmantes del acuerdo (Alemania, Francia y el Reino Unido, aunque agobiado éste por los problemas del Brexit) llevan algún tiempo esforzándose por lograr un entendimiento con EE.UU. Sin embargo, han dejado claro que, si Washington abandona el acuerdo, ellos se esforzarán por sostenerlo, aunque esto implique un conflicto con EE.UU. que probablemente derivaría en un enfrentamiento comercial y económico. La UE está ya anticipando las medidas para afrontarlo y proteger los intereses económicos europeos en Irán.

Pero esos países, por sí solos, no van a lograr mucho si Europa no coordina su acción con China y Rusia, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y también firmantes del acuerdo, interesados en que éste se mantenga. A Rusia le preocupa un aumento de la inestabilidad en las zonas fronterizas del Cáucaso, mar Caspio y Asia Central, aparte de apoyar al régimen iraní en su política exterior. También a China le perjudicaría un conflicto que afectase a sus nuevos planes de expansión pacífica hacia el Oeste asiático y Oriente Medio, como comenté en este diario el 15 de febrero pasado ("De Lisboa a Singapur: ¿La nueva Eurasia?").

Aunque las relaciones entre la UE y Rusia pasan por un mal momento, y aunque el inestable Trump pudiera cambiar de opinión en el último instante y, separándose de Netanyahu, mantener el acuerdo de 2015 presionado por algunos de sus asesores, reacios a iniciar un conflicto con la UE, el Plan de Acción Integral Conjunto está considerado universalmente como un éxito de la diplomacia multilateral para frenar los conflictos que pudieran degenerar en guerras. Y sería un ejemplo para el futuro que Europa, China y Rusia pudieran cooperar para salvarlo, señalando el camino a seguir en otros posibles conflictos.

Publicado en República de las ideas el 3 de mayo de 2018.

Escrito por: alberto_piris.2018/05/02 18:25:24.984901 GMT+2
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2018/04/26 18:40:36.169411 GMT+2

El sueño de David Grossman

El conocido escritor israelí David Grossman (autor de "La vida entera", "Véase: amor", "Delirio", "Más allá del tiempo" y otras; no confundir con el también famoso escritor ruso Vasili Grossman), que perdió un hijo en combate durante la guerra del Líbano de 2006, en una reciente alocución con motivo de la celebración en Israel del Día de la Memoria y de habérsele concedido el más alto galardón literario de su país, expresó unas vibrantes opiniones sobre el conflicto palestino-israelí.

Con emoción escucharon los asistentes al acto lo que Grossman definió como fórmula básica para resolver esta penosa, sangrienta y enconada cuestión: "Si los palestinos no tienen un hogar, los israelíes tampoco lo tendrán".

Para Grossman, un hogar se define por sus paredes -las fronteras- bien definidas y por todos aceptadas. En él la vida es "estable, sólida y relajada". Un hogar es un sitio donde sus habitantes poseen unos códigos íntimos y donde hay relaciones estables con los vecinos. Sintetiza esas cualidades diciendo que un hogar "ayuda a establecer una clara sensación de futuro".

Pues bien, aunque ahora se cumplirán 70 años desde la declaración oficial del Estado de Israel y a pesar de que se creó como un "hogar para el pueblo judío", Grossman afirma rotundamente: "Israel puede ser una fortaleza, pero todavía no es un hogar".

Y dando la vuelta a la fórmula anterior, asegura que "si Israel no es un hogar, tampoco lo será Palestina". Su denuncia ha tenido sonoro eco. Traduzco libremente un fragmento del discurso: "Cuando Israel ocupa y oprime a otra nación durante 51 años y crea una situación de apartheid en los territorios ocupados, es mucho menos que un hogar. Y cuando el ministro de Defensa impide que los palestinos amantes de la paz asistan a un acto como este, Israel es también menos que un hogar".

Lo mismo sucede, añadió Grossman, cuando los francotiradores israelíes asesinan a manifestantes palestinos, en su mayoría civiles inocentes; o cuando el Gobierno pone en peligro las vidas de miles de solicitantes de asilo y los expulsa a la nada; o cuando el primer ministro difama a las organizaciones defensoras de los derechos humanos o propugna leyes para soslayar al Alto Tribunal de Justicia, y sistemáticamente pone en tela de juicio la democracia y los tribunales.

De este modo se exhibe una larga lista de reivindicaciones que el afamado escritor ha denunciado con valentía, declarando públicamente que el importe económico del premio literario que le ha sido otorgado lo repartirá por igual entre dos organizaciones israelíes que cuidan a los niños de los inmigrantes y de las que Grossman dice que "realizan un trabajo sagrado o, mejor dicho, las simples actividades humanas que el Gobierno debería estar haciendo".

Sueña Grossman con ese "hogar donde vivamos una vida pacífica y segura, limpia, no esclavizada por fanáticos de todo tipo con visiones totales, mesiánicas y nacionalistas". Aspira a que "de repente una nación se despierte por la mañana y vea que es humana... un Estado que funcione simplemente atendiendo a las personas que en él habitan, compasivo y tolerante ante las muchas maneras de 'ser israelí'".

Y concluye: "Merece la pena luchar por Israel. Lo mismo deseo a nuestros amigos palestinos: una vida independiente, libre y pacífica en una nación nueva y reformada. Para que tras otros 70 años nuestros nietos y bisnietos, palestinos e israelíes, sigan aquí y cada uno cante su himno nacional, que en árabe y en hebreo contenga la misma línea: 'Ser una nación libre en nuestra tierra'".

Lamentablemente, frente al sueño de Grossman se alza una realidad hostil, que hoy parece casi insuperable. Un Gobierno que desea convertir lo que legalmente es la ocupación temporal de un país vencido tras la guerra en la simple anulación cívica del pueblo palestino; un Estado único con dos clases de ciudadanos de los que solo una tendrá plenos derechos civiles. Y en ese empeño ilegítimo e inmoral, el pueblo palestino permanece ignorado y, una vez más, impulsado a conseguir por la violencia lo que una legislación injusta no le reconoce.

Trump traslada a Jerusalén su embajada y olvida la anexión ilegal por Israel de la parte oriental de la ciudad; Gaza sufre una insostenible situación de bloqueo forzoso; los asentamientos ilegales proliferan sin cesar arrebatando sus tierras a los palestinos, con el tácito apoyo de las grandes potencias que apenas esbozan una tímida disconformidad.

De hecho, los descendientes de un pueblo que sufrió la discriminación racial, la persecución y el exterminio organizados y que con frecuencia alude a su Historia para explicar la raíz de su esencia, la está traicionando impunemente o, lo que es peor, dando muestras de una siniestra hipocresía como valientemente denuncia Grossman. ¿Será hoy el escritor israelí la bíblica "voz que clama en el desierto"?

Publicado en República de las ideas el 26 de abril de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/04/26 18:40:36.169411 GMT+2
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2018/04/18 18:30:53.381125 GMT+2

Las libertades democráticas

En junio de 2003 y en el diario Estrella Digital (el antecesor de República de las ideas), a raíz del llamado "tamayazo" publiqué un comentario titulado "Creer en la democracia". En estos días en los que la opinión pública española está revuelta por el "caso Cifuentes", amén de otros peligrosos síntomas de cierto desfallecimiento democrático (como la pertinaz judicialización de cuestiones puramente políticas, las emborronadas fronteras entre los tres poderes de Montesquieu cuya clara separación es esencial para la democracia, la tácita aceptación de prácticas corruptas y la exagerada polarización que impide dialogar con fluidez dentro del arco político), mucho de lo que entonces escribí sigue siendo hoy de rabiosa necesidad para evitar que arraigue la nefasta idea de que la corrupción y la mentira son complementos inherentes a la actividad política.

Contando con la benevolencia del editor y la directora, reproduzco a continuación, eliminando las referencias concretas al escándalo que lo suscitó, lo esencial de la voz de alarma que con el citado comentario quise hacer sonar:

"Dejemos que éste [el tamayazo] se vaya dilucidando, si es posible, y los madrileños y todos los españoles acabemos por saber cuáles han sido los móviles, ocultos o manifiestos, de tan sonada actuación. Pero lo que más nos preocupa a muchos ciudadanos es el tono de algunos comentaristas habituales en prensa, radio y televisión, que utilizan el aspecto escandaloso del conflicto para desahogar sus ocultas tendencias antidemocráticas. Porque no puede ser otra cosa el origen de tan multiplicadas llamadas públicas a la abstención generalizada del voto, considerándola como la opción más inteligente y exquisita, propia de espíritus puros y refinados; a volver la espalda a la cosa pública, donde muchos se ensucian las manos, aunque ellos, no; a despreciar globalmente la actividad política, basándose en su capacidad corruptora, que se tiene por inevitable. ¿Qué desean? ¿Regresar al despotismo ilustrado, al 'todo por el pueblo pero sin el pueblo'? ¿Recuperar los añorados años de la dictadura, donde el mejor destino de las urnas era su rotura?

"Mucho daño pueden hacer comentarios de ese estilo, sobre todo en los jóvenes que no han vivido tiempos aún no muy lejanos. Si la España de la democracia ha avanzado en un sentido positivo, es en la imposibilidad de que la corrupción subsista y se haga endémica, gracias al silenciamiento forzoso de los medios de comunicación. Quizá no todos los casos salgan a la luz, pero en el pasado no salía casi ninguno; y, cuando ocurría, era resultado de alguna venganza entre las familias del régimen. ¡Claro que hay corrupción en la política! Y sobre todo en esas líneas de fricción donde rozan las placas tectónicas de la política y el negocio fácil.

"Si en aquel pasado de penuria de la posguerra civil se hicieron negocios importando automóviles o aprovechándose del contrabando, ahora es la construcción el gran motor de los beneficios injustos y presumiblemente ilegales. No es extraño que en los órganos de gobierno local relacionados con la vivienda o el urbanismo brote y prospere la corrupción. Pero en tanto que los medios de comunicación tengan libertad para denunciarla y los órganos de la justicia, independencia para actuar, esa corrupción no se convertirá en un cáncer letal, tan común en las dictaduras.

"Los comentarios malévolos a los que se alude aquí, suelen estar teñidos, además, de un hipócrita sentido de la pureza moral. Llevados al extremo y siguiendo su lógica, los médicos – por ejemplo – deberían ser seres entregados por altruismo a sanar a la humanidad, y sus honorarios, meras cuestiones secundarias. Los militares se jugarían la vida defendiendo a sus compatriotas y apenas se preocuparían de sus retribuciones o ascensos. Los políticos, por la misma regla de tres, habrían de ser personas dedicadas noblemente al servicio de los ciudadanos, sin otras preocupaciones. Esa falsa pureza ignora que todos necesitan vivir, comer, sostener una familia, entretenerse, viajar, amar... Y que esto implica que sus actividades sean remuneradas. Pero si el médico abusa de su posición, la mujer del coronel va a la compra en el coche oficial de su marido o el político se embolsa una buena suma por recalificar los terrenos del amigo, los detectores sensibles de la democracia (prensa libre y crítica política) desencadenan automáticamente la alarma ante la que la sociedad reacciona con los procedimientos habituales en el ámbito de la Justicia.

"Es necesario seguir creyendo en la democracia. Hay que conceder un margen de credibilidad a quienes se dedican a la acción política sobre la que aquélla reposa. Y oponerse a los que propugnan la abstención permanente y el desdén por la cosa pública. Seguirá habiendo políticos corruptos, como corruptos existen en todas las profesiones. Pero la capacidad de desenmascararlos y castigarlos solo está garantizada con el ejercicio de las libertades democráticas".

Esa sigue siendo la cuestión crucial: cuando la libertad de expresión está coaccionada por una legislación -por muy legítima que sea- que la coarta, así como las libertades de información o de reunión, la democracia está en peligro. Y hoy se extiende por el mundo la tendencia a apelar al terrorismo como razón esencial para recortar la democracia y gobernar en seudo-dictadura. Los pueblos que aspiran a ser libres habrán de esforzarse para resistir a tan burdo engaño.

Publicado en República de las ideas el 19 de abril de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/04/18 18:30:53.381125 GMT+2
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2018/04/12 18:35:43.988799 GMT+2

¿Crecerá la belicosidad de EE.UU.?

El reciente nombramiento de John Bolton como asesor de seguridad del presidente Trump augura nuevas incertidumbres en la política exterior de EE.UU. y es de temer un aumento de su belicosidad, a tenor de la agresiva mentalidad del nuevo fichaje de la Casa Blanca.

El acuerdo nuclear (el llamado Plan de Acción Integral Conjunto) que las grandes potencias (Alemania, China, Francia, Reino Unido, Rusia, Unión Europea y EE.UU.) pactaron con Irán en 2015, considerado un éxito para asegurar la estabilidad y la paz en Oriente Medio, puede convertirse ahora en un serio motivo de preocupación para Europa, ante la amenaza de que EE.UU. lo abandone y prefiera la aplicación de nuevas sanciones contra el régimen de Teherán.

Si en contra de lo acordado EE.UU. no aceptase firmar a mediados de mayo próximo el fin de las sanciones aplicadas contra Irán, tan clara violación del citado acuerdo puede generar una nueva crisis en la zona, con la posibilidad de acciones militares, además de provocar la aparición de tensiones entre EE.UU. y sus aliados europeos.

Ya mientras se negociaba este acuerdo, Bolton opinó públicamente que "para impedir la bomba iraní hay que bombardear Irán". Brutal expresión que no debería extrañar en alguien sobre el que un miembro de la Federación de Científicos Americanos ha opinado así: "Observándole con detenimiento, [Bolton] es genuinamente una de las voces más extremistas, irresponsables y peligrosas de este país".

Durante su actividad como Representante Permanente de EE.UU. ante la ONU dio claras muestras de su desprecio por la diplomacia, a la que considera una muestra de debilidad. Su idea es que la ONU debería ser un "instrumento útil para la política exterior de EE.UU.".

Pero si Irán es uno de los problemas que la presencia de Bolton al lado de Trump va a agravar considerablemente, Corea del Norte y la anunciada entrevista entre los dos presidentes va a ser otro serio escollo a superar. Bolton ha declarado en varias ocasiones que la política de EE.UU. respecto a Corea del Norte debería orientarse hacia "un cambio del régimen político mediante la aplicación de la fuerza militar de EE.UU.".

Al ser interpelado sobre esta cuestión, habida cuenta de que un ataque estadounidense contra Corea del Norte implicaría una terrible represalia, de la que la población civil surcoreana sería la principal víctima, Bolton replicó diciendo que "ningún Gobierno extranjero, ni siquiera un aliado fiel, puede vetar una acción para proteger al pueblo estadounidense de las armas nucleares de Kim Jong-un". El eterno eslogan de Trump, America First, es también, pues, la fórmula mágica que Bolton asume como una verdad de fe.

Europa observa con preocupación el desarrollo de los hechos. Como en ocasiones anteriores, la European Leadership Network (ELN) ha insistido en la necesidad de mantener vivo el acuerdo nuclear con Irán, aun en el caso de que EE.UU. renovara las sanciones contra el régimen de Teherán. Propone reforzar las señales diplomáticas que muestren a Washington que Europa está decidida a luchar por mantener el acuerdo y hagan ver a Teherán que lo respetará.

Entre las medidas propuestas se incluye una mejora de las condiciones financieras para los empresarios europeos en Irán, a fin de ponerles a salvo del efecto de las sanciones estadounidenses. Pero la preocupación más profunda se refiere a mantener la unidad de los miembros de la UE ante la perspectiva de una confrontación política y económica con EE.UU.

Si el mantenimiento de un tratado laboriosamente preparado para pacificar y estabilizar Oriente Medio, frenando las aspiraciones iraníes a poseer el mismo tipo de armas que ya obran en poder de Israel, India y Pakistán, puede abrir una brecha en las relaciones trasatlánticas, los Estados europeos habrán de esforzarse en que no ocurra lo mismo en el seno de la Unión Europea.

La solidez europea en esta crítica cuestión es elemento esencial para frenar y contener los accesos de belicosidad que pueden aquejar a una Casa Blanca de donde han ido desapareciendo las pocas voces moderadoras que había, sustituidas por personas propensas al uso de la fuerza militar.

Publicado en República de las ideas el 12 de abril de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/04/12 18:35:43.988799 GMT+2
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2018/04/06 13:00:4.846588 GMT+2

Matanza en Gaza

Las recientes imágenes televisadas de las muchedumbres de indignados ciudadanos de Gaza acercándose el pasado viernes a la frontera con Israel, guarnecida por el ejército reforzado por un centenar de francotiradores autorizados a disparar sin contemplaciones, no pueden dejar impasible a quien observe tan escalofriante situación.

Y es que las armas israelíes no eran solo disuasorias: escupieron fuego y allí mismo murieron 15 palestinos, uno de ellos tiroteado por la espalda cuando huía, en una espectacular secuencia televisada en todo el mundo. Otros 750 palestinos sufrieron heridas de bala (dos fallecieron poco después) y todos contemplamos atónitos lo que el presidente israelí Netanyahu justificó como "la defensa de las fronteras nacionales" mientras que otro presidente de la misma región, el turco Erdogan, calificaba de terrorista a su colega y de "Estado terrorista" a Israel.

Pero la pregunta que debe plantearse no es saber por qué los palestinos mueren ametrallados mientras se mueven libremente por su propio territorio sin cruzar la frontera que les separa de Israel. Esto es una anomalía más de las muchas a las que nos tiene acostumbrados el ya de por sí "anómalo Estado" de Israel. Los controles de carreteras, los muros de separación, la expansión de los asentamientos ilegales y las expulsiones de la población local, la perpetua ocupación militar de Cisjordania, etc., son simples muestras de un Estado que vive en una situación tan anómala como anómalas fueron las circunstancias que lo hicieron nacer hace 70 años.

Lo que hay que preguntarse es qué es lo que mueve a tantas personas a arriesgar su vida de modo casi suicida; cuál es su grado de desesperación, cómo puede ser su vida cotidiana en la Gaza permanentemente bloqueada y asfixiada. Cómo pueden sobrevivir casi dos millones de personas, con una de las más altas densidades de población de todo el mundo, rodeadas por una alambrada en tierra y una zona costera de acceso vigilado. Un territorio donde escasea el agua potable, apenas existen recursos sanitarios, abunda el desempleo e Israel controla todo lo que en él entra y sale por tierra, mar o aire.

Por mucho que se intente atribuir a Hamás la organización de la protesta que produjo tal derramamiento de sangre, ante los ojos del mundo la acción del ejército israelí envuelve al Gobierno de Netanyahu en un manto de barbarie del que habrá de librarse para atenuar el negativo impacto de un Estado militarizado y racista al que la comunidad internacional se ve obligada a contener y moderar.

La resolución del conflicto palestino sigue pendiente. La diplomacia israelí parece satisfecha con la idea de mantener el statu quo indefinidamente. Esto pondría a Hamás en una situación ventajosa si fuese capaz de abandonar el terrorismo duro y explotar la situación de víctima que busca pacíficamente una solución a la ocupación territorial y a la expulsión del pueblo palestino de sus hogares ancestrales.

Netanyahu desea el apoyo de Trump, cuyo reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel fue visto por aquél como un acto amistoso. Pero la amistad de Trump puede ser un arma de doble filo, un peligro en ciernes. Cuanto más apoye EE.UU. las acciones impopulares del Gobierno israelí, más fácil le será a la opinión pública internacional poner a ambos Gobiernos al mismo nivel y menores serán las expectativas de que Israel pueda beneficiarse del decadente y deteriorado prestigio de la Casa Blanca. Y esto si Trump no sorprende al mundo con uno más de sus bruscos cambios de rumbo, fruto de su personal y atrabiliario modo de asumir la política exterior de EE.UU.

Mientras tanto, las invocaciones paralelas del Secretario General de la ONU y de la Unión Europea para investigar lo ocurrido en Gaza el pasado viernes serán meros brindis al sol; el pueblo palestino seguirá acumulando nuevos sentimientos de odio y venganza e Israel continuará basando su seguridad en la fuerza de las armas. ¡Nada nuevo bajo el sol!

Publicado en República de las ideas el 5 de abril de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/04/06 13:00:4.846588 GMT+2
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2018/03/29 18:03:11.377656 GMT+2

Armas: la maldición de EE.UU.

Un profesor de la escuela de periodismo de la Universidad de Berkeley (California), Adam Hochschild, escribía recientemente lo siguiente: "En comparación con los ciudadanos de otros 22 países de alto nivel económico, los estadounidenses tienen diez veces más probabilidades de morir por arma de fuego. Solo en los últimos 50 años han muerto tiroteadas en EE.UU. más personas civiles que todos los que han muerto de uniforme en todas las guerras de la Historia de esta nación".

Cada vez que un ametrallamiento masivo sacude los sentimientos del pueblo estadounidense, se multiplican las declaraciones de políticos, surgen manifestaciones populares, se escriben libros y artículos que intentan, por lo menos, explicarse esta sangrienta anomalía nacional y reforzar la débil esperanza de que alguna vez la maldición sea conjurada. Es muestra de esto la trágica narración de una profesora, comentada el pasado 8 de marzo en estas páginas.

En uno de esos libros (Armed in America, de Patrick J. Charles) nacidos de la preocupación por el peculiar fenómeno social estadounidense se lee: "Tras cada uno de esos horrendos ametrallamientos masivos, como el que acabamos de observar en Parkland, la NRA [Asociación Nacional del Rifle] no solo vuelve a hablar sobre los tipos buenos armados que paran los pies a los tipos malos armados, sino que aumentan espectacularmente la venta de armas y el valor de las acciones de las empresas que las fabrican. Sin embargo, solo una minúscula parte de los más de 30.000 estadounidenses que anualmente mueren por arma de fuego lo hacen en un atentado masivo. Cerca de dos terceras partes son suicidios; el resto, simples homicidios, y unos 500 son accidentes. Además, otras 80.000 personas sufren heridas de bala cada año". Resulta evidente que estas aterradoras cifras serían mucho menores si en EE.UU. no hubiera más armas que personas y si aquéllas no estuvieran fácilmente al alcance de cualquiera.

Pero no basta con constatar la realidad si no se entienden las raíces del problema, que se hunden en una historia donde las armas fueron parte esencial del espíritu de la frontera y cuya mística ha seguido creciendo al paso del tiempo. En una revista deportiva de 1912 se leía: "En un país donde cada individuo lleva colgando del cinturón su propio sheriff, juez y verdugo, se logra la total liberación frente a la inquietud por los pequeños delincuentes".

Una antropóloga y defensora del movimiento indígena en EE.UU., Roxanne Dunbar-Ortiz, incide también en el tema con un libro, Loaded, donde tras poner en duda lo que realmente significa la famosa "Segunda enmienda" de la Constitución y el presunto derecho a portar armas, rememora la mítica leyenda de los héroes del Lejano Oeste (cazadores y defensores de la frontera) y la influencia que ejerce sobre los actuales adoradores de las armas.

Pero no se detiene ahí. Algunos excombatientes de las guerras irregulares (Vietnam, Centroamérica, Irak o Afganistán), se acostumbraron a no distinguir entre el enemigo armado y la población civil. El general Taylor, embajador de EE.UU. en Vietnam, cuando pedía más refuerzos decía que eran "para expulsar a los indios del fuerte y que los colonos puedan plantar maíz".

Para completar el panorama, hay que considerar la aparición y la actividad de distintas "milicias" que se han mostrado en muchas manifestaciones de la ultraderecha racista y sudista, vistiendo atuendos paramilitares y exhibiendo armas de todo tipo, como se observa en la imagen. La llegada de Trump al poder las ha reanimado; existían 165 grupos en 2016 y en 2017 eran ya 273. Con la consigna "¡Nos quieren quitar las armas!" han tenido eco en las zonas más deprimidas del país. "Cuando las urnas no funcionan -dicen- abrimos las cajas de munición", para impedir que EE.UU. sea invadido por refugiados, gobernado por la ONU y regido por la sharía.

Hoschschild llega a temer que si Trump se ve obligado a abandonar la Casa Blanca o si es derrotado en 2020, la situación puede volverse muy tempestuosa porque intentará de cualquier modo excitar y convocar a sus seguidores, con acusaciones de amañamiento de las elecciones si las pierde. Para esos fanáticos armados y organizados en milicias de la extrema derecha, eso sería la prueba de una conspiración y es dudoso que aceptaran sin protestas la marcha de Trump o la sufrieran sin deseos de venganza.

La peliaguda cuestión del derecho personal a portar armas en EE.UU. es mucho más complicada de lo que aparece a simple vista y su control depende de muchos aspectos enraizados en gran parte de la población, que no se resuelven con un plumazo legal ni ante el temor a futuras matanzas indiscriminadas en cualquier momento y lugar. Parece ser la condena que arrastra EE.UU. como consecuencia de la violenta conquista por las armas de fuego de lo que hoy es su territorio nacional y el exterminio de gran parte de los habitantes originarios.

Publicado en República de las ideas el 29 de marzo de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/03/29 18:03:11.377656 GMT+2
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2018/03/22 18:39:49.401081 GMT+1

Si Europa quisiera...

En junio del pasado año aludí en estas páginas a la ONG española Proactiva Open Arms (POA), radicada en Badalona, de la que el arrojo y altruismo de sus miembros para salvar vidas de emigrantes en el mar han dado ya pruebas visuales las cadenas de televisión, de modo que pocos serán los españoles que ignoren su existencia.

 

El jefe de operaciones de la ONG, Gerard Canals, se ha expresado a través de la página web del canal CTXT, entrevistado en febrero pasado por P. Jiménez Arandia. En la última misión en la que participó a comienzos de este año, la ONG rescató a 905 personas: "El primer día socorrimos un barco de madera en el que había 476. Terminamos este rescate y fuimos a otro, un barco de goma que rondaba las 100 [personas]".

 

Tuvieron embarcados cerca de 570 emigrantes, pero tras trasladar a algunos al buque de otra ONG, "cuando teníamos que completar el traslado las condiciones del mar eran terribles. Estuvimos prácticamente tres días con unas 300 personas a bordo". No es difícil imaginar la penosa situación y es obligado valorar el denodado esfuerzo de estos héroes del Mediterráneo, cuya principal misión es "rescatar del mar a los refugiados que llegan a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza", según se anuncia en la página web de la ONG.

 

Solo tres ONG operan hoy en la peligrosa ruta que separa Libia de Italia. En ella POA lleva trabajando durante un año y medio, periodo durante el que ha evitado que unas 26.000 personas murieran ahogadas.

 

Los flujos de migración en el Mediterráneo son cambiantes, y no solo dependen de la situación meteorológica y las decisiones de las mafias que los sustentan, sino también de los acuerdos entre diversos países. El cierre de la ruta del mar Egeo, entre Turquía y las islas griegas en 2016, fruto de las negociaciones entre Bruselas y Ankara, ha trasladado el problema al espacio mediterráneo que separa el sur de Italia de las costas libias, unas 300 millas náuticas sembradas de cadáveres.

 

Este espacio ha visto morir a 7200 personas en los dos últimos años, según la Organización Internacional de las Migraciones. A comienzos del año pasado se alcanzó un acuerdo entre Italia y las milicias libias mediante el que, a cambio de financiación, formación técnica y material, éstas controlarían el litoral y evitarían la salida de emigrantes hacia Italia.

 

Pero la acción militar combinada de la OTAN y EE.UU. en 2011, convirtió a Libia en un país peligroso y desarticulado tras destruir el régimen de Gadafi. Aniquilaron a un dictador, que antes había sido fiel aliado de varios países europeos (en 2003 hasta regaló un caballo al presidente Aznar), y al hacerlo sembraron el caos en el que hoy vive ese desgraciado país. En él, la suerte de los emigrantes africanos es intolerable y varía entre la esclavitud y la tortura, antes de arriesgar la vida en una miserable embarcación. Las mismas mafias que organizan los viajes hacen negocio con la compraventa de seres humanos.

 

Las débiles naves a la deriva, una vez superadas las 12 millas territoriales libias, lanzan un aviso de socorro que implica a los buques de la llamada "Operación Sophia", como parte del pacto entre la UE y Libia, en el que participa también España. La opinión de POA sobre esto es clara: "Se trata de una operación militar de inteligencia, con sus mandatos, entre los que no está el salvamento. Sí que lo hacen, pero es importante el matiz: porque cuando tienes el mandato para hacer algo, te organizas para hacerlo. Y si de paso te encuentras a algún desgraciado ahogándose, les vas a ayudar. Pero su trabajo no es ese. Es romper el modelo de negocio de los traficantes, entrenar a los guardacostas libios, financiarlos, etc.".

 

Los conflictos entre las ONG de salvamento, los guardacostas libios y los buques de guerra europeos se han ido agravando. Para Canals "el problema no son los barcos de Sophia, es la concepción de la operación; y eso se decide en las oficinas. Si quisieran, NO MORIRÍA NADIE EN EL MEDITERRÁNEO [mayúsculas de A.Piris]. ¡Si no hay un centímetro cuadrado sin vigilar! No me creo que no sean capaces de controlar todo, todo lo que está pasando. Otra cosa es que se quiera... Si quisieran que no se ahogara nadie, nosotros no estaríamos allí".

 

¡Si Europa quisiera...!

 

Son muchos, somos muchos los que repetimos esta frase aludiendo a los acuciantes problemas que Europa debería poder afrontar y que no es capaz de hacerlo por falta de las adecuadas decisiones políticas. ¿Es que Europa ya no da más de sí?

 

Publicado en República de las ideas el 22 de marzo de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/03/22 18:39:49.401081 GMT+1
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2018/03/16 08:27:23.785445 GMT+1

París, cañoneado hace un siglo

Ahora hace cien años, la 1ª Guerra Mundial (que entonces nadie llamaba así, sino "Guerra Europea" o, más acertadamente, "Gran Guerra") llevaba tres años y medio de sangrientas batallas en varios frentes de combate que no solo se extendían por Europa, sino que llevaron los enfrentamientos armados a territorios africanos y asiáticos y a las aguas del Atlántico y del Pacífico, por tierra, mar y aire.

En el llamado "frente occidental", que sobre tierras principalmente francesas se extendía desde la costa belga en el mar del Norte hasta Suiza, Alemania desencadenó en marzo de 1918 la gran ofensiva que había de romper el frente guarnecido por ejércitos franceses y británicos y dar al Imperio alemán la victoria definitiva.

El 21 de marzo de 1918 las operaciones comenzaron a las 4.40 horas con un intenso bombardeo artillero de cinco horas de duración. Recuérdese que, en la historia bélica, la 1ª G.M. fue la consagración de la artillería como arma suprema, tras los largos siglos anteriores de reinado de la infantería y la caballería. La 2ª G.M. haría lo mismo con la aviación, el arma acorazada y los submarinos; en Corea y en Vietnam los helicópteros (la "caballería aérea") jugarían un papel determinante y otros sucesivos conflictos pondrían en primer plano a las tropas de operaciones especiales, a los drones... en una interminable evolución impulsada por los constantes avances tecnológicos.

Seis mil piezas alemanas de artillería de gran calibre y 3000 morteros pesados dispararon proyectiles explosivos y de gas desde antes del amanecer. El ataque terrestre se inició dos horas y media después y fue tan violento y rápido que estuvo a punto de sorprender al mismo Churchill, que entonces visitaba unas posiciones del ejército británico en Francia.

Pero vayamos a París. La capital había sido ya bombardeada desde el comienzo de la guerra por aeróstatos (los famosos zepelines) y aviones de bombardeo. En marzo de 1915, tres años antes, la prensa francesa había ofrecido premios en metálico a los primeros combatientes que desde tierra (artillería antiaérea) o desde el aire (pilotos de caza) lograran abatir un zepelín en el cielo de París.

Durante largo tiempo ningún dirigible volvió a amenazar la capital de Francia y el diario Le Matin anunciaba la renovación del premio ofrecido: "No se trata de recompensar con dinero a un héroe noblemente entregado a la Patria, sino de asegurarle que si perece en la lucha no quedarán desatendidos los que deja detrás. A su valor personal, Le Matin quiere añadir la confianza. Eso es todo". De ese pragmático modo el diario anunciaba su colaboración en la "enorme alegría de Francia el día que viera estrellarse contra nuestro suelo el innoble armazón de un 'corsario germánico'".

Pero la guerra es imprevisible y en un alejado pueblo francés, Creppy-en-Laonnoise, ocupado por Alemania y situado lejos del frente, cerca de la histórica ciudad de San Quintín, a unos 130 km de París en línea recta, el llamado "cañón de París" (Pariser Kanonen) abrió fuego por vez primera en la madrugada del 23 de marzo. Cuatro minutos después el primer proyectil de unos 100 kg se abatía sobre París y ningún piloto de caza o artillero antiaéreo francés sería capaz de impedirlo. Siguieron muchos otros durante varios meses.

Entonces eran muy pocas las armas artilleras capaces de superar los 30 km de alcance, por lo que a los parisinos les costó mucho creer que aquellas explosiones no procedían de aviones o dirigibles a gran altura, ya que el frente estaba a más de 100 km de la capital. El primer día murieron 256 personas tras la explosión de más de una veintena de proyectiles. El efecto psicológico fue enorme ese día, en que llovía fuego y destrucción desde el aire sin conocer su procedencia.

Contra una idea muy extendida, el cañón fabricado por Krupp que bombardeó París no fue el famoso "Gran Berta", utilizado en otros frentes. Éste era un obús/mortero de calibre 420 mm, mientras que el Pariser Kanonen era un obús de 240 mm, que batió todas las marcas de alcance artillero hasta entonces conocidas.

El gran Blasco Ibáñez escribió sobre esto: "En occidente es, pues, donde ha de resolverse la lucha universal. Según se desenvuelven los acontecimientos, el destino del mundo debe decidirse inevitablemente y una vez más en los campos de Bélgica, de Francia y de Italia". Como se decidió de nuevo años después al concluir la 2ª G.M., continuación obligada de la primera. En ambos casos, París aguantó con sangre fría tanto la nueva y sorprendente amenaza artillera de 1918 como la ocupación nazi en 1940, y una vez más su salvación hizo que el mundo respirara con alivio: "Siempre nos quedará París".

Publicado en República de las ideas el 16 de marzo de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/03/16 08:27:23.785445 GMT+1
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