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2019/05/23 18:44:49.134992 GMT+2

Los europeos olvidados

Alberto Alemanno es un académico italiano, nacido en Turín. Reside en Bilbao y trabaja en París. Podría decirse que es un ejemplo de "europeidad", de esa Europa sin fronteras ni barreras de ningún tipo a la que aspiramos tantos ciudadanos de la UE.

No está solo. Cerca de 17 millones de personas como él viven del mismo modo y representan el 4% de la población laboral de la Unión. Su número se ha duplicado en el último decenio.

Esta "europeización" de nuestra sociedad se ha visto acelerada por la precariedad de los empleos y la crisis financiera. A esa cifra hay que sumar unos dos millones de europeos que cruzan diariamente una frontera estatal para ir a trabajar a otro país y otros muchos que lo hacen estacionalmente en labores poco retribuidas.

Si estos cerca de 20 millones de ciudadanos constituyeran un Estado miembro de la UE, éste tendría más población que los Países Bajos y solo un poco menos que Rumanía, por lo que le corresponderían 26 escaños del Parlamento Europeo.

Sin embargo, como escribe Alemanno en The Guardian Weekly, "no somos un país y carecemos de verdaderos representantes políticos". Están en un limbo político porque "la dispersión geográfica nos dificulta ser tenidos en cuenta".

En esta compleja Europa un conductor rumano de Uber puede trabajar en Bélgica con un permiso de conducción español y un médico griego, doctorado en una facultad italiana, quizá ejerza su profesión en Alemania. A muchos de ellos no les es fácil registrarse en el país de residencia cuando su trabajo implica alta movilidad.

Aunque son una comunidad que contribuye en gran medida a la prosperidad económica y social del país donde residen y también en el de procedencia, están privados del derecho a la representación política, salvo en los comicios locales del país de residencia. Solo un 8% de este amplio grupo de ciudadanos llegan a registrarse para poder votar en las elecciones al Parlamento Europeo y son muy pocos los que regresan temporalmente al país de origen para hacerlo. Es una paradoja que los ciudadanos cuyas vidas son "más europeas" que lo habitual sean los que menos representación política tienen.

Alemanno explica su propio caso: "Las autoridades nacionales son a menudo negligentes para informarnos de nuestros derechos y garantizar que podamos ejercerlos". Él no puede votar en Turín, de donde procede, ni en Bilbao, donde vive, ni en París, donde trabaja.

Además, dice, por mucho que se hable de elecciones pan-europeas, las discusiones en el Parlamento Europeo son un conjunto de confrontaciones entre partidos nacionales sobre asuntos nacionales: "¿Cómo puede representarnos un candidato local que nunca ha experimentado nuestra movilidad laboral?".

Ante la convocatoria electoral del próximo domingo, y aunque en la campaña previa nuestros partidos políticos parecen estar mucho más volcados hacia lo nacional (elecciones autonómicas y municipales) que lo europeo, parece llegado el momento en que los que de verdad están construyendo Europa desde abajo (ingenieros, universitarios, recolectores de cosechas, conductores de autobús, médicos o enfermeras, profesores de idiomas etc.), con su esfuerzo y el de sus familias, sean tenidos en cuenta y puedan contribuir al futuro de Europa del mismo modo que los demás ciudadanos de la Unión.

Publicado en República de las ideas el 23 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/23 18:44:49.134992 GMT+2
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2019/05/16 18:22:48.549537 GMT+2

Los ejércitos necesarios y los deseables

La creación de un Ejército Europeo viene llamando la atención de los medios de comunicación de la UE y de sus élites políticas, de las que algunas parecen haberse puesto manos a la obra aunque de modo incipiente.

Las conjeturas sobre la viabilidad de tal ejército se ven perturbadas por unas circunstancias que dificultan hallar la mejor solución. De entre ellas cabe citar la preexistencia de la OTAN y los compromisos que esto implica; la multifacética presión que la política de Trump ejerce sobre la UE (militar, económica, cultural, etc.), y también el interés en fomentar su industria bélica (un aspecto no desdeñable del America first!); las discrepancias entre los miembros de la UE y también dentro de ellos, en función de las tendencias políticas que ejercen el poder.

Pero hay un aspecto que pocas veces se pone de relieve: la gran anomalía histórica que tal creación implica. Con una mirada de larga perspectiva se advierte que jamás un ente político ya asentado y operando con normalidad (sea un Estado, federación, reino, imperio, etc.) ha carecido de fuerzas armadas y se ha visto en la tesitura de tener que inventarlas, como ahora parece que le ocurre a la UE.

Esto se debe a que la casi totalidad de las unidades estatales políticas hoy existentes han visto la luz como consecuencia de guerras, invasiones, movimientos de liberación, etc., lo que presuponía, al menos, la existencia de un embrión de institución militar, gracias a cuya fuerza nació el ente político. Se les podría llamar los "ejércitos necesarios"; fueron evidentes ejemplos la creación del Imperio Alemán (el II Reich) tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana de 1871 y el nacimiento de EE.UU. como resultado de su victoria sobre el ejército colonial británico en 1783.

El caso europeo, por el contrario, parece mostrar el deseo de poseer un ejército propio, el "ejército deseable", cuyo proceso creativo sería del todo distinto al de los ejércitos "necesarios" antes aludidos.

Si se pudieran dejar de lado los factores dominantes antes citados (OTAN, Trump, etc.) que entorpecen lo que sería el proceso racional de crear unas fuerzas armadas a partir de cero, habría que empezar por ponerse de acuerdo sobre las amenazas que ese ejército europeo habría de afrontar. Saber cuál es el enemigo es asunto vital en este caso (y otros parecidos, como recientemente reconoció un político español al atribuir su fracaso electoral a "haberse confundido de enemigo", como él mismo declaró).

No solo hay que saber cuál puede ser el enemigo: además hay que valorar cuál es la hipótesis de su actuación más probable y cuál la que resultaría más peligrosa. Una fórmula elemental de la estrategia aconseja que la organización general del ejército se ajuste a la primera hipótesis, y que sus órganos de seguridad y protección se articulen en función de la segunda.

Fácil es imaginar la complejidad -casi imposibilidad- de llegar a un acuerdo entre los Estados de la UE sobre esta cuestión. No existe la necesaria homogeneidad para alcanzarlo: los Estados norteños y los meridionales discreparían sobre ello, del mismo modo que los antiguos miembros del Pacto de Varsovia tendrían opiniones muy distintas sobre el hipotético enemigo del que defenderse.

Y en el extraordinario caso de que se llegara a un acuerdo, el obstáculo de casi imposible superación sería el relativo a la organización de ese ejército, la contribución de los diversos Estados y, lo que es aún mas peliagudo, la competición entre las industrias de guerra designadas para equiparlo.

En resumen: es de temer que el Ejército Europeo que en las actuales circunstancias se llegase a organizar no sería ni el "necesario", pues no hubo ninguno que contribuyese a crear la Unión Europea, ni el "deseable" en función de las circunstancias estratégicas actuales, sino una mala componenda entre los poderes reales que ejercen presión sobre Bruselas y las tensiones y desacuerdos internos que tanto contribuyen a debilitarnos.

Intentemos conseguir primero una Europa justa, coherente, inclusiva y equilibrada, que si necesita ejércitos éstos irán formándose de modo natural y adaptados a la situación geoestratégica del momento.

Publicado en República de las ideas el 16 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/16 18:22:48.549537 GMT+2
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2019/05/10 15:05:38.936174 GMT+2

Israel: el explosivo de acción retardada

Desde nuestras costas levantinas, pacífico refugio vacacional de muchos españoles, cuesta advertir que el extremo opuesto de ese mismo Mediterráneo luminoso y azul está sufriendo un apocalipsis de sangre y ruinas. Una guerra intermitente, de violentos episodios agresivos y tímidos intentos de alto el fuego, está destruyendo Gaza y aniquilando su población. Los informativos televisados muestran estos días imágenes bélicas que parecen recordar los bombardeos de la 2ª G.M., Londres o Dresde, pero inconcebibles hoy para los ciudadanos europeos.

Arde el Próximo Oriente mediterráneo y la mecha sigue estando en las mismas manos: las del Gobierno ultraderechista de Israel. La responsabilidad no es exclusiva de él, pues EE.UU. respalda las decisiones de Netanyahu y la UE prefiere cerrar los ojos ante lo que allí sucede.

Y lo que allí está ocurriendo no es solo el inhumano y extenuante bloqueo israelí de la franja de Gaza, que asfixia a un pueblo al que solo se le deja el recurso a la violencia para sobrevivir. A la intermitente guerra que se desarrolla en Gaza hay que añadir la situación habitual en Cisjordania, cuya peligrosidad amenaza con ser más crítica que la de Gaza si no se resuelve el viejo contencioso.

Las insinuaciones de Netanyahu de anexionar la Cisjordania ocupada, aunque estuvieran motivadas por razones electorales que quizá le hayan llevado al éxito, son para muchos palestinos allí residentes una amenaza inútil. Porque para ellos Cisjordania está ya ocupada de hecho aunque no oficialmente.

Eso tiene que pensar un abogado palestino residente en Ramallah que fue multado por un policía israelí en una carretera cisjordana de uso conjunto (para israelíes y palestinos). Pues bien: tuvo que ir a pagar la multa a un asentamiento israelí ilegal, como si estuviera viviendo en territorio israelí.

La única anexión oficial de territorio palestino fue la de Jerusalén Oriental, capital teórica de Palestina, que fue ocupada militarmente en 1967, en la Guerra de los Seis Días. Anexión que todavía no ha sido aceptada por la comunidad internacional

Para los palestinos "en realidad, hay un único régimen que controla todo el país, desde el río Jordán hasta el mar" y es el régimen impuesto por Israel. La Autoridad Palestina es solo una marioneta que salva las apariencias. Aunque los acuerdos de Oslo establecieron zonas de distinta intensidad de ocupación, en muchas partes de Cisjordania es el ejército el que regula el reparto de recursos, la construcción y el desarrollo urbano. Muchos palestinos no pueden construir nuevos edificios y están bajo la amenaza de demolición de sus viviendas.

El grupo israelí Yesh Din de defensa de los derechos humanos opina que el Parlamento "se considera la autoridad legislativa y soberana en Cisjordania". En resumen: cada vez es más evidente que la ocupación de Cisjordania no tiene visos de ser temporal sino permanente. No hace falta esforzarse en preparar un plan que aparentemente justificara la anexión israelí de Cisjordania, lo que provocaría un negativo escándalo internacional.

En la actual situación, Israel sigue aparentando ser una democracia, aunque sea un Estado donde gran parte de la población carece de muchos derechos políticos. No merece la pena discutir sobre la anexión de Cisjordania, se comenta en Palestina: "Lo que hay que discutir es por qué la actual situación se ha ido desarrollando y profundizando a plena luz desde hace muchos años, sin que la comunidad internacional haya hecho nada por impedirlo".

La mecha sigue encendida y no puede anticiparse cuándo estallará otra vez ese barril de pólvora.

Publicado en República de las ideas el 10 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/10 15:05:38.936174 GMT+2
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2019/05/02 17:18:45.016026 GMT+2

Contra los robots asesinos

En un anterior comentario ("Los robots asesinos", 15-dic-2016) aludí ya en estas páginas digitales a la campaña internacional para oponerse a los llamados killer robots, es decir, a los artefactos que técnicamente se conocen como "sistemas autónomos de armas letales" o Laws según sus siglas en inglés.

Tras sugerir al lector que relea lo entonces publicado (haciendo clic sobre su título), es necesario advertir que el asunto ha vuelto a la actualidad a causa de la reactivación internacional de la llamada Campaign to Stop Killer Robots en más de 50 países, implicando en ella a un centenar de organizaciones no gubernamentales. Entre sus impulsores se encuentra una veintena de premios Nobel, el Parlamento Europeo y un amplio número de especialistas en inteligencia artificial (AI), que aspiran a preparar un tratado internacional de prohibición que podría entrar en vigor en 2021.

La peculiaridad de esta campaña es que, por primera vez, la reacción contra un tipo de arma que se considera reprobable para la humanidad surge y se organiza antes de que las armas en cuestión hayan sido utilizadas en combate.

En casos anteriores, otras armas, como los gases, las minas antipersonal o las bombas de racimo, habían producido ya innumerables víctimas antes de que las organizaciones internacionales se pusieran de acuerdo para controlar o prohibir su empleo. Como ocurrió en 1997 en la Convención de Ottawa, que vedó el empleo, almacenamiento, producción y transferencia de las minas antipersonal, causantes de gran número de víctimas inocentes en numerosos países que habían sufrido los efectos de la guerra.

El auge de la inteligencia artificial parece imparable, como se advierte en campos tan diversos como la investigación policial, la salud pública, la agricultura o la investigación científica. La guerra no podía permanecer al margen de esta tendencia y la industria bélica se ha sumado a ella con entusiasmo, centrando su atención en las armas robóticas. Armas que pueden permanecer indefinidamente en el teatro de operaciones por su propia cuenta, que nunca desobedecen las órdenes recibidas y cuyo empleo diminuye los errores humanos propios del combate. Armas capaces de identificar objetivos de cualquier tipo y destruirlos según hayan sido programadas. Incluso son concebibles drones capaces de matar en un poblado a todos los individuos masculinos de una cierta gama de edades, o de aniquilar a un jefe de Estado concreto.

Las consecuencias éticas de su empleo son hoy tan discutidas como lo fue la táctica de la "guerra de trincheras" en la 1ª G.M. o el armamento nuclear en 1945. Si el aspecto moral de las guerras está viéndose afectado por la creciente separación física entre el que dispara y el que muere (como sucede en los ataques con drones), el problema se complica cuando se intercala entre los mandos militares responsables de la guerra y las armas que la ejecutan un sistema de IA para la toma de decisiones.

¿Se podría atribuir a un algoritmo la responsabilidad de violar las convenciones de Ginebra? ¿Y cómo se haría justicia en tal caso? Algo más: ninguna tecnología es perfecta y todas son susceptibles de fallos. ¿Podría un error en el sistema hacer que el robot volviese sus armas contra quienes lo controlan?

El problema es acuciante. EE.UU., Rusia, China, Israel y algunos otros países experimentan y poseen ya algunas armas de funcionamiento autónomo. Se trata de una carrera contra reloj en la que compiten varios Estados. ¿No parece ya esencial para la humanidad establecer los controles internacionales que eviten una proliferación desmedida de los "robots asesinos"?

Publicado en República de las ideas el 2 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/02 17:18:45.016026 GMT+2
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2019/04/25 18:06:9.608418 GMT+2

Un megaproceso electoral: India

Los mecanismos electorales han pasado hoy a formar parte de las conversaciones ordinarias en cualquier barra de bar. El insólito final de la confrontación electoral en España, con un doble debate televisado en dos días sucesivos entre los dirigentes de solo cuatro partidos de los varios que se enfrentarán en las urnas el próximo domingo, ha alimentado innumerables tertulias, artículos de opinión y entrevistas sin fin, desarrollados en todos los tonos posibles.

Aunque, naturalmente, la prioridad ha correspondido a las elecciones generales españolas, algún hueco se ha abierto también en nuestros medios de comunicación para el insólito proceso electoral de Ucrania; no solo por la anómala figura del vencedor (tan anómala e imprevisible como en su tiempo lo fueron Trump y Bolsonaro) sino también por el inusual debate final entre los dos candidatos aspirantes al poder, que tuvo lugar en el estadio olímpico de Kiev ante miles de espectadores y en un exaltado ambiente, mezcla de concierto popular y mitin partidista.

Todo lo anterior nos ha llevado a no prestar demasiada atención al hecho de que, simultáneamente con nuestras elecciones generales, se está desarrollando estos días lo que el semanario británico The Guardian Weekly ha denominado "el más vasto ejercicio de democracia en la historia de la humanidad".

Si nuestra jornada de votación quedará resuelta durante las horas en que las urnas permanezcan abiertas el domingo 28 de abril, las elecciones generales de la India, que comenzaron el 11 de abril, durarán seis semanas. El recuento se completará el 23 de mayo y ese mismo día se conocerán los resultados.
 
El asunto no es baladí. Más de una octava parte de la humanidad va a votar en India estos días. Unos 900 millones de votantes, que hablan 22 lenguas oficiales y un sinnúmero de dialectos locales, ejercerán su derecho democrático. Varias decenas de millones de ellos son analfabetos. Además, en estas elecciones, se incorporan al electorado indio unos 84 millones de jóvenes que votan por primera vez, casi el doble de la población total de España.

La ley electoral de la India requiere que ningún ciudadano se vea obligado a desplazarse más de dos kilómetros hasta la mesa electoral. Esto obliga a utilizar unas máquinas portátiles de votación electrónica para poder cubrir el séptimo país más extenso del mundo. Cada ciudadano que vote verá teñida de color la uña y la cutícula del índice de su mano izquierda, con una tinta especial que permanecerá indeleble hasta que crezca la nueva uña. Es el modo de evitar la doble votación. Un hombre que, por confusión, votó a un partido que no deseaba (quería votar por "el elefante" y lo hizo por "la flor"), se cortó el dedo entintado.

Partidos de muy diversa naturaleza se enfrentan, identificados por figuras significativas para que todos puedan reconocerlos. Para los medios de comunicación hay otro dato de interés: no hay encuestas previas. Un profesor indio de la universidad de Berkeley afirma: "No tenemos teorías sobre el voto. No sabemos por qué los indios votan como lo hacen. ¡Ojalá lo supiéramos!". El televidente indio se ahorrará, por tanto, las infinitas e inútiles tertulias que en otros países intentan predecir los resultados. Para compensar, en India no es extraño recurrir a la astrología y a los videntes para satisfacer la innata curiosidad previa a toda cita electoral.

Pero, tanto en India como en España, los verdaderos problemas, que solo pueden resolverse con inteligencia y diálogo, rehuyendo el insulto y la confrontación, comienzan justo cuando concluye el proceso electoral y hay que formar Gobierno. Es cuando Brahma, Shiva y Visnú, y todos los dioses imaginables, tienen que echar una mano a los políticos para que predomine la razón y el buen sentido.

Publicado en República de las ideas el 25 de abril de 2019

 

Escrito por: alberto_piris.2019/04/25 18:06:9.608418 GMT+2
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2019/04/18 18:12:52.472826 GMT+2

Las lágrimas de Europa

El título de este comentario no alude al dolor que en amplios sectores de la sociedad europea ha causado el incendio de Notre Dame de París, el bello templo que se alza en el corazón de la isla de La Cité, que es tanto como decir el corazón de París o el corazón de Europa.

Las lágrimas a las que me refiero son las que se han vertido por escrito el pasado domingo, en un documento firmado por treinta y siete políticos europeos, exministros de Asuntos Exteriores de varios países y otros altos cargos responsables de la política internacional en nuestro continente. Documento que ha sido difundido en varios medios de comunicación europeos el pasado lunes. (Utilizo aquí la traducción publicada por El País.)

No son lágrimas de tristeza o de pena, ni expresan sentimientos de dolor o angustia, como podrían serlo las derramadas por el grave deterioro de un valioso bien común como la citada catedral. Son otro tipo de lágrimas. Son las lágrimas de la impotencia, de la insuficiencia, más amargas e hirientes que las que vierte el dolor.

Es la impotencia que se revela cuando el citado documento expone lo que Europa debería hacer para frenar la anticipada catástrofe palestina que se vislumbra tras el nuevo mandato alcanzado en las urnas por Netanyahu, combinado con la estrecha visión de Trump, que le apoya ciegamente.

Los políticos europeos recuerdan que "una paz viable requiere la creación de un Estado palestino junto a Israel" dentro de las fronteras anteriores a la guerra de 1967, "con Jerusalén como capital de los dos Estados"; añaden que Europa "debe rechazar cualquier plan que no cumpla con ese patrón". 

De no ser así, los firmantes opinan que la causa de la paz se vería fatalmente perjudicada si el plan de paz que anuncia Trump fuerza a Palestina a convertirse "en una entidad desprovista de soberanía, de contigüidad territorial y de viabilidad económica". En resumen: un "no-Estado".

El problema queda así claramente planteado, y con lo que parecería ser una firme decisión se declara, al principio del texto, que ha llegado "el momento de que Europa mantenga nuestros principales parámetros para la paz entre Israel y Palestina".

La perplejidad empieza ahí. ¿Qué va a hacer Europa para mantener esos "parámetros"? ¿Se anuncia algún plan concreto de acción? Veamos. Algunas líneas después se cita a la ONU y a las resoluciones del Consejo de Seguridad, sin olvidar una alusión a la "ilegalidad" de los asentamientos judíos que trocean el territorio palestino.

Sin plan de acción alguno, sin embargo el panorama al que Europa se enfrenta queda bien expuesto: "Israel y los territorios palestinos ocupados se deslizan hacia una realidad de un solo Estado con derechos desiguales. Esto no puede seguir siendo así. Ni para los israelíes, ni para los palestinos, ni para nosotros en Europa"[cursivas de A.P.].

Y aumenta el desconcierto del lector. Nada se dice sobre qué se va a hacer o qué se puede hacer para materializar la voluntad política europea. Ningún programa verosímil se esboza en el texto comentado.

Por el contrario, desde el bando opuesto, The Washington Post ha dejado filtrar algunos aspectos del llamado "acuerdo del siglo", que Trump propondrá para resolver la cuestión palestina: un solo Estado judío, Jerusalén es intocable y los asentamientos ilegales seguirán creciendo.

El documento concluye en tono funeral: si no se hace nada habrá "consecuencias negativas de largo alcance". Ni siquiera se atreve a precisar cuáles podrían ser.

Llora, Europa, llora por nuestra impotencia común; llora por el moribundo proceso de paz que lograste alcanzar en Oslo en 1993. Y llora también, ya puestos a ello, por los cuarenta y un niños gazatíes muertos a tiros durante el primer año de las manifestaciones semanales en la franja de Gaza; y llora por el soldado israelí muerto durante el mismo periodo, en el que también cayeron unos 200 palestinos. La pasividad con la que desde Europa se contempla esta catástrofe es la que nos hace derramar las amargas lágrimas de la impotencia.

Publicado en República de las ideas el 18 de abril de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/04/18 18:12:52.472826 GMT+2
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2019/04/11 22:18:0.847241 GMT+2

Los 70 años de vida de la OTAN

La reciente celebración en Washington del 70º cumpleaños de la creación de la OTAN reunió en la capital estadounidense a los ministros de Asuntos Exteriores de los países de la Alianza. Como los resultados de la reunión son ya conocidos por los lectores de este diario y han sido divulgados por muchos medios de comunicación, parece más útil aludir a algo de lo que en ella no se trató abiertamente, a pesar de su importancia.

El llamado "Concepto estratégico" (CE) de la OTAN tiene para los Estados miembros un valor bastante parecido al de la Constitución de cualquier país democrático. Es un documento oficial "que bosqueja la finalidad y la naturaleza permanentes de la OTAN", en palabras de la propia Organización. Algo así como su razón de ser en cada momento.

Además, el CE sirve para "identificar los rasgos esenciales del nuevo panorama de la seguridad y especificar los elementos que sirven para que la Alianza gestione la seguridad y proporciona las directrices para adaptar sus fuerzas militares". Es decir, se trata de la base teórica esencial sobre la que la OTAN ha de funcionar en todos sus aspectos: militar, económico, político, etc. 

Pues sucede que, de modo no muy distinto a como en España muchos somos los que advertimos que el texto de nuestra Constitución necesitaría una puesta al día, tras los años transcurridos desde su implantación y habida cuenta de la evolución de la sociedad desde entonces, también el CE vigente hoy en la OTAN (que fue aprobado en 2010) parece mostrar signos indudables de obsolescencia.

En él se afirma que "el espacio euroatlántico está en paz" y que la cooperación entre la OTAN y Rusia "contribuye a crear un ámbito común de paz, estabilidad y seguridad". Ni desde Moscú ni desde Bruselas podría aceptarse la veracidad de ambas afirmaciones.

En la capital rusa se tiene como amenazadora la expansión de la OTAN hacia el Este y las reiteradas ofertas de la Alianza a Georgia y Ucrania, materializadas en un aumento de la presencia naval otánica en el Mar Negro. Y desde Bruselas se observa con recelo la expansión rusa en Crimea y su tendencia a influir en los países contiguos y reafirmar su fuerza militar y sus tendencias presuntamente imperialistas.

Pero aunque el Concepto Estratégico en vigor esté claramente desfasado, repitiendo las inestabilidades propias de las constituciones anticuadas en los Estados, nadie ha propuesto iniciar su actualización. Y poco, o nada, se ha hablado al respecto en la reunión de Washington.

Esta extraña omisión es atribuible a que, para algunos miembros, iniciar una revisión del CE sería como abrir la caja de Pandora, dadas las discrepancias existentes en el seno de la Alianza sobre el modo de plantear la seguridad. También puede suponerse que la OTAN prefiere conservar una cierta indefinición -que algunos llaman "flexibilidad"- para no sentirse constreñida a la hora de adaptarse a nuevas amenazas, sobre todo las rusas.

Todo lo anterior revela una situación de evidente incertidumbre, en la que apenas tienen nada que ver las amenazas de Trump contra la vigencia del "todos para cada uno" ni su exigencia de mayor participación financiera de Europa en los gastos de la Alianza.

Porque la esencia del problema es más antigua: volver a dar finalidad y razón de ser a una alianza que se creó contra un enemigo específico que ya no existe. E incluso desbordar el marco geográfico del "Atlántico Norte" para justificar acciones tan alejadas de él como la intervención en Afganistán.

La OTAN sigue, pues, buscando su lugar bajo el sol.

Publicado en República de las ideas el 11 de abril de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/04/11 22:18:0.847241 GMT+2
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2019/04/04 19:04:53.740314 GMT+2

Las últimas páginas sobre terrorismo

Muchas toneladas de papel se han impreso tratando sobre el terrorismo. Pero las últimas -por el momento- páginas (digitales) las escribió el terrorista australiano de 28 años de edad que el pasado 15 de marzo atacó a los fieles de dos mezquitas en Nueva Zelanda causando medio centenar de víctimas.

En una especie de manifiesto de casi ochenta páginas, Brenton Tarrant citaba su relación con el terrorista noruego Anders Breivik, protagonista en 2011 de otra matanza masiva en su país, con cuya aprobación había contado.

La marea de ultraderecha neonazi, que empieza a extenderse por América y Europa, ha llegado ya a nuestros antípodas. Y allí, también a través de las redes sociales, segrega la repugnante baba del odio. Poco importa que el autor del manifiesto sea un fanático inculto e ignorante, porque el peligro real reside en que muchas de esas primitivas ideas son hoy compartidas por personajes de alto relieve internacional, como Trump o Bolsonaro.

Escribió que a duras penas había cursado los estudios básicos y que desdeñó la Universidad "porque no tenía gran interés en nada de lo que allí se estudia". Se consideraba "un hombre blanco normal, de una familia corriente", que decidió "tomar posición para garantizar un futuro para mi pueblo" amenazado por los "invasores extranjeros".

Si el objetivo natural del terrorismo es inspirar terror mediante la muerte, en este caso es necesario advertir que la idea va más allá. Como comenta Jason Burke en The Guardian, la finalidad del ataque "no fue asesinar musulmanes sino grabar un vídeo de alguien asesinando musulmanes".

Así fue. Durante más de un cuarto de hora la cámara que portaba el terrorista transmitió en directo el asesinato múltiple. El propio hecho de una difusión al alcance de cualquier persona multiplica el efecto de terror causado por la muerte.

La eficacia del terrorismo, según Burke, se debe a que lo sentimos como próximo, nuevo y personal. Lo vemos próximo cuando se produce en un ámbito similar al nuestro y lo observamos a través de las pantallas de nuestros aparatos. Nos parece nuevo porque, aunque todos producen los mismos efectos en la sociedad (horror, comentarios, debates...) cada uno es distinto al anterior. Y lo vemos como personal porque aunque las estadísticas nos muestran que es más probable morir de un simple accidente casero, nuestro instinto nos hace pensar que lo que hemos contemplado en Nueva Zelanda o en otro lugar nos puede pasar a nosotros.

El terrorismo neonazi ha acabado por aprender lo que ya habían aplicado con eficacia los terroristas islámicos desde que atacaron las torres gemelas de Nueva York: nadie en el mundo pudo ignorar aquel brutal atentado. Cuando Tarrant sube a su automóvil para desencadenar el terror, mira directamente a la cámara y dice: "Empecemos con esta fiesta" (Let's get this party started).

Hay que decirlo claro: algunas posturas políticas en nuestro mundo occidental están fomentando un supremacismo blanco de ultraderecha cuyo resultado inevitable es lo que acabamos de ver. La xenofobia y el odio al musulmán que muestran algunos organismos públicos en varios Estados del mundo son la base sobre la que se nutre el terrorismo neonazi que estos días nos asusta. Lejos quedan las añejas llamadas revolucionarias a la "libertad, igualdad y fraternidad". Algo habrá que hacer al respecto.

Publicado en República de las ideas el 4 de abril de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/04/04 19:04:53.740314 GMT+2
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2019/03/28 18:18:1.283959 GMT+1

La paradoja tejana de Bush: Make America Small!

En septiembre de 1964 tuve ocasión de presenciar el desfile conmemorativo de la independencia de México desde el balcón principal del Palacio Municipal de Ciudad Juárez, acompañando a las autoridades locales.

Asistí a esas ceremonias en representación de los militares españoles que durante 16 meses estuvimos destacados en la Escuela de Defensa Aérea del Ejército de EE.UU., radicada en Fort Bliss, El Paso (Texas), trabajando en lo que nos convertiría en la primera unidad de misiles antiaéreos de la Artillería española.

Para llegar a Ciudad Juárez desde El Paso bastaba cruzar el puente internacional sobre el río que separa ambas ciudades y que constituye la frontera entre México y EE.UU. hasta su desembocadura. Su nombre depende de la perspectiva adoptada: visto desde EE.UU. es conocido como Río Grande del Sur pero los mexicanos lo llaman Río Bravo del Norte.

En el puente internacional de El Paso una línea identificaba la frontera, situada sobre el centro del canal que marca el eje del río. Para los residentes a ambos lados de la frontera en aquellos tiempos el tránsito era fluido, como pude comprobar en las frecuentes escapadas que hacíamos los españoles de Ft. Bliss para ir a comer al restaurante "Madrid" de Ciudad Juárez y olvidar por un rato los menús de la base militar.

Por lo que era fácil observar, la mano de obra mexicana cruzaba de sur a norte y los ociosos turistas o viajeros estadounidenses lo hacían en sentido contrario. Apenas había trámites en esa frontera; los mexicanos debían atender a un aviso exhibido en la pared: "Favor de llevar la MICA en la mano". Saber que MICA es la Mexican Identification Card resolvía la perplejidad del forastero que lo leía por primera vez.

Poco podía yo imaginar que años después las circunstancias evolucionarían hasta el punto de convertir a Ciudad Juárez en una de las ciudades más peligrosas de México. Pero esto no es el objeto de este comentario. La irrupción de Trump en la política de EE.UU., con su lema Make America Great! y su obsesión por erigir un muro que la aísle de México está produciendo una curiosa paradoja: el resultado es que, de hecho, se va a reducir el territorio soberano de EE.UU. a la orilla del Río Grande.

Para que el muro se adaptara exactamente a la línea fronteriza, todo a lo largo de Texas debería estar construido sobre el centro del río. Esto es técnicamente imposible porque, aunque el Río Grande es poco caudaloso, experimenta crecidas que arrasarían la obra o incluso cambiarían el cauce. Y si se edifica cerca de la orilla, los efectos de las sucesivas avenidas irían socavando sus cimientos.

Por tanto, las secciones del muro ya construidas se hallan en territorio estadounidense, lejos de la orilla del río y algo elevadas sobre la zona de aluvión. En definitiva, la construcción del muro ha abandonado a México el espacio que se extiende entre el centro del río y el muro. Desde ese punto de vista, es innegable que Trump ha hecho America smaller, aunque México no ocupe la zona renunciada.

Estas son las paradojas de las políticas adoptadas para satisfacer un objetivo perentorio sin valorar en su justa medida todos los posibles resultados. ¡Ya encontrará Trump el modo de salvar su imagen pública por tan anómalo desliz, que es lo que más le preocupa!

Publicado en República de las ideas el 28 de marzo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/03/28 18:18:1.283959 GMT+1
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2019/03/21 19:00:21.169283 GMT+1

Los generales y las guerras

Aunque pudiera ser asunto de interés y candente actualidad, este comentario no se refiere a los generales españoles retirados que forman parte de las listas electorales ni a esas guerras, verbales pero ásperas, entre partidos políticos y también dentro de ellos, desencadenadas con motivo de las elecciones generales del próximo 28 de abril. Las urnas expresarán la voluntad de los ciudadanos y darán por concluidas esas guerras una vez resuelta la pugna electoral.

Pero no existen las urnas que pudieran dar por concluidas algunas de las guerras que EE.UU. ha ido extendiendo por diversos países y sobre las cuales han expresado recientemente sus opiniones los generales que las han conducido.

La lucha en Afganistán va a entrar en su decimoctavo año, lo que la convierte en la guerra más larga que jamás haya librado EE.UU. en toda su historia. El general David Petraeus, ahora retirado, combatió en Irak donde ganó fama a pesar de no haber conseguido éxitos estimables. Aun sabedor del caos que EE.UU. ha sembrado en ese país, cree posible sostener una guerra interminable contra el terrorismo: "Opino que la lucha contra los extremistas islámicos no es una guerra cuyo fin lleguemos a ver durante nuestra vida. Creo que es una lucha generacional, que exige un compromiso sostenido. Pero solo puede continuar si es asumible en dispendio de sangre y dinero".

Un inciso: esto nos llevaría a recordar cómo algunos soldados a las órdenes del mítico general Patton, durante la 2ª G.M., ironizaban sobre su apodo (old blood and guts: "el viejo sangre y agallas"), aclarándolo así: "'nuestra' sangre y 'sus' agallas".

Sangre y dinero, según Petraeus: una fórmula aberrante, que humillaría a cualquier estratega aficionado que, siguiendo los consejos de Sun Tzu, buscara obtener el máximo beneficio con el mínimo sacrificio.

De nuevo Petraeus: "Hay que hacer algo contra el islamismo porque, si no, va a sembrar violencia, extremismo, inestabilidad y un tsunami de refugiados, no solo en los países vecinos sino en nuestros aliados europeos, socavando su situación política interna".

El general parece ignorar que ese fue precisamente el resultado de las invasiones de Afganistán e Irak, sin olvidar lo que después ha ocurrido en Siria o Somalia.

Oigamos a otro general, el actual jefe de EM del Ejército, Mark Milley, previsible futuro jefe supremo de las FAS, que recuerda cómo "los progresos tecnológicos y las armas accionadas a distancia no pueden alcanzar el éxito por sí solos. La promesa de que las guerras sean cortas es a menudo un espejismo. Hay que equilibrar los objetivos, los modos y los medios para alcanzarlos. Hay que recordar que en las guerras las decisiones se toman sobre el terreno, entre barro y suciedad, y que hay factores permanentes, como la acción humana, la suerte y la voluntad del enemigo, que son los que determinan el resultado de las guerras". Tampoco este general brilla por sus ideas, elementales simplezas que poco añaden al llamado arte de la guerra.

Una conclusión inicial de todo lo anterior sería sumamente desalentadora: no existe otra perspectiva imaginable sino una guerra sin fin que podrá beneficiar, sin duda, a los que fabrican armas en permanente renovación, pero a costa de una humanidad que seguirá soportando las consecuencias de las guerras, muriendo, emigrando y sufriendo.

Eso parece desprenderse de lo que nos anuncian unos destacados generales, a cuyo servicio está la más poderosa máquina de guerra que jamás haya existido. Hasta que el previsible caos universal, fruto del cambio climático, ponga fin a todo ello, ¿dónde nacerán las ideas que puedan cambiar tan ominoso destino?

Publicado en República de las ideas el 21 de marzo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/03/21 19:00:21.169283 GMT+1
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