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2001/07/12 06:00:00 GMT+2

La culpa la tengo yo

Permitidme que empiece este apunte con un arranque de humor negro, remedando esos avisos funerarios que suelen aparecer en los periódicos locales: «En la imposibilidad de hacerlo individualmente, la familia Ortiz quiere manifestar a través de esta nota su profunda gratitud a la innumerable cantidad de amigas y amigos que le han hecho llegar sus sentimientos de profunda condolencia».

Ahora fuera de bromas: me emocionó ayer comprobar no sólo cuánta gente me apoya, sino la fuerza y el cariño con que lo hace. Retengo el comentario de un amigo de Estocolmo: «Mándalos a la mierda. No tendrán que desplazarse mucho».

De todos modos, deberé reconocer que el principal responsable de lo sucedido he sido yo.

He cometido dos graves errores: uno estratégico; el otro, táctico.

Mi error estratégico fue pensar que algo así no me podía ocurrir a mí.

Durante los diez años que ejercí de jefe de Opinión de El Mundo, sólo censuré un artículo: el que escribió cierto personaje que, habiéndose ausentado una noche de su hogar sin dar explicaciones, y a la vista de que el hecho trascendió al gran público por una imprudencia radiofónica, pretendió hacer creer a los lectores del periódico que no había estado de jarana, sino que había sido secuestrado por ignotas fuerzas del mal.

Fue aquella -si se me permite la expresión paradójica- una censura deontológica.

Fuera de eso, sólo me tocó hacer en tres o cuatro ocasiones alguna llamada telefónica a este o a aquel columnista para pedirle que suprimiera tal o cual expresión particularmente malsonante, expresamente prohibida en el periódico, o para que evitara una u otra descalificación ad hominem realizada en términos inaceptables, por aludir a circunstancias de la vida íntima del aludido.

Creía, en suma, que la libertad de expresión en los artículos de Opinión estaba asegurada en El Mundo. Tanto más en mi caso, dada mi calidad de miembro fundador del periódico, de autor del texto que recoge su teórica línea editorial -las 100 Propuestas para la regeneración de España, todavía incluidas en el Libro de Estilo del diario- y de subdirector y jefe de Opinión en excedencia temporal.

Dí por hecho, por decirlo brevemente, lo que no debería haber dado por hecho.

Señalaré en mi descargo que existían precedentes que parecían reforzar mi criterio. Pondré un ejemplo. Durante la Guerra del Golfo, el máximo representante de los intereses kuwaitíes en España -Javier de la Rosa, a la sazón- contrató una fortísima y costosísima campaña de publicidad en todos los periódicos bajo el lema Free Kuwait. En el anuncio aparecía una mujer con la cara cubierta. El texto decía, en resumen, que esa mujer no podía enseñar el rostro porque Sadam Hussein es muy malo y la machacaría. Escribí un artículo cachondeándome de la campaña y diciendo que esa mujer no podía enseñar su rostro básicamente... porque la agencia de publicidad no le pagaría. Acababa la columna diciendo: «Free Kuwait. ¡Un viaje a la liberación en vagón de primera!». Como represalia, De la Rosa retiró de El Mundo la campaña. Un taco de millones. La gente del departamento de publicidad -entre la que tengo muy buenos amigos- me contó lo ocurrido. Pero no me formuló el menor reproche.

Mi error ha sido no darme cuenta de que eso sucedió hace una década. Y no contar con que de entonces a aquí ha llovido mucho. Muchísimo.

Ésa ha sido mi equivocación estratégica.

La otra equivocación, la táctica, ha sido resultado de la anterior. Como nada temía, no me di cuenta de lo imprudente que era anunciar con cuatro días de antelación que tenía la intención de escribir de Botín. Di tiempo al banquero para que pusiera en marcha su maquinaria de presión. Y, frente a sus poderes, los principios deontológicos, el Libro de Estilo, mi papel, mi trayectoria, etcétera, etcétera, no han pintado un puto pimiento. Resultado: que me he ganado a pulso lo que me ha ocurrido.

La ventaja es que ya sé con quién trato realmente, a qué debo atenerme... y todo lo demás.

Algunos lectores han iniciado una campaña de denuncia sobre lo ocurrido: cartas al director, llamadas al periódico, denuncias ante otros medios de comunicación, divulgación del asunto por la Red... No tengo nada en contra y agradezco su esfuerzo. Sé que la utilidad de la denuncia no va a ser excesiva, pero nunca he sido de los que dicen que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía.

De todos modos, más importante me parece hacer un esfuerzo colectivo para que Botín no se salga totalmente con la suya, y divulgar la existencia del libro de Josep Manuel Novoa. Lo recuerdo: se titula El Poder y ha sido editado por Ediciones Foca. La misma que sacó el libro de Jesús Cacho sobre Polanco. La misma que sacó el libro de Joaquín Navarro sobre Euskadi. La única de las de cierto peso, por lo visto, que tiene las narices de sacar libros así en España.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/12 06:00:00 GMT+2
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2001/07/11 07:00:00 GMT+1

El gran Poder

Ya se saben ustedes lo de los tres famosos poderes definidos por Montesquieu: que si el legislativo, que si el ejecutivo, que si el judicial. Hace algunas décadas -en plan inicialmente tirando a metafórico-, se empezó a hablar también del cuarto poder, en alusión a la influencia de la Prensa sobre los asuntos del Estado.

Pues bien: vayan olvidándose ustedes de todas esas antiguallas.

Ya no existe más que un poder real: el Poder. El Poder con mayúsculas. El Poder por antonomasia. El Poder que lo amalgama todo. Un Poder que puede sobornar parlamentarios, comprar gobernantes, enfeudar jueces y alquilar periodistas a tanto la docena.

La doctrina marxista clásica analizaba cómo la clase económicamente dominante se las arreglaba para que las instituciones del Estado y los aparatos de creación de la opinión pública actuaran en última instancia a su servicio. Se suponía que el conjunto funcionaba a través de un complejo entramado de relaciones sutiles, no fácilmente desvelables.

Todo ese rollo ha periclitado. En el momento presente, el tropel dominante pedalea no ya en el mismo pelotón, sino incluso en el mismo equipo. Según los días -y a veces según las horas-, la misma gente puede tomar decisiones políticas, financieras o mediáticas, sin cambiar ni de ocupación ni de sede, porque no son sino diferentes negociados de la misma Dirección General: a las 10, proteger a tal político corrupto -hoy por ti, mañana por mí-; a las 12, echar la persiana a un banco -y ahí se las arreglen los pequeños accionistas-; a las 18, decidir qué debe decir o dejar de decir la Prensa... Tan ricamente. Son meros cambios en el orden del día de la misma ocupación.

A veces se enfadan entre ellos. Porque el uno quería 50 y se ha llevado sólo 45. O porque aspiraba a figurar en el puesto 3 del ránking y lo han dejado en el 5. Pero no atribuyamos cualidad a la cantidad: son los mismos perros con los mismos collares.

Pertenezco al gremio de los que se supone que deberíamos contar todo eso. Audaz suposición. A la mayoría tanto le da: pregunta qué es lo que tiene que escribir o decir, lo dice, cobra y calla. Y a los pocos que aún quisiéramos seguir fieles al mandato fundacional de la profesión -que si la verdad, que si Agamenón, que si su porquero- sólo nos queda una aparente opción: callar o que nos callen.

Hay quien sostiene que cabe una tercera vía: contar lo que ocurre, pero manteniéndose en el plano de la pura teoría, sin descender al relato de enojosos ejemplos prácticos. Sin mencionar quién, cómo y con qué trampas se hace de oro.

Es lo que he hecho yo hoy: hablar del Poder omnímodo establecido, sin mencionar el botín.

Javier Ortiz. El Mundo (11 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de noviembre de 2012.

Nota: este artículo tiene que mucho que  ver con Historia de una columna.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/11 07:00:00 GMT+1
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2001/07/11 06:00:00 GMT+2

Historia de una columna

El pasado sábado avisé en mi columna de El Mundo de que tenía la intención de dedicar hoy ese mismo espacio a contar cosas sobre Emilio Botín, gran patrón del BSCH.

En realidad, mi deseo no era tanto hablar de ese señor como de los avatares seguidos por un libro publicado recientemente por Ediciones Foca titulado El Poder. El libro, obra de un veterano periodista llamado Josep Manuel Novoa, aborda con mucho detalle y datos en mano la reciente historia del sector financiero español y, muy especialmente, de los métodos por los que don Emilio Botín y su camarilla ha conseguido hacerse con la parte del león de ese sector, logrando, entre otras cosas, que el Banco de España le haya regalado el Banesto, esquilmando a los pequeños accionistas del que fuera en su día principal banco de la península, ahora en trance de desaparición.

Había llegado a mi conocimiento que el libro en cuestión ha sentado tan rematadamente mal al señor Botín que ha puesto en marcha toda una operación de altos vuelos para silenciarlo. Huelga decir que, si así ha sido, es porque lo que cuenta el libro es verdad. En caso contrario, lo primero que habría hecho el poderosísimo banquero habría sido encargar a sus tropecientos mil abogados que pusieran una legión de querellas contra el autor del libro y contra su editor, reclamando incluso el secuestro judicial de la obra. En lugar de eso, lo que ha hecho don Emilio es montar un gabinete de crisis para asegurarse de que ni un solo medio de comunicación llame la atención sobre la existencia de la obra. Papel predominante en ese empeño corresponde a un miembro del gabinete de relaciones públicas del BSCH, de cuya catadura da cuenta el hecho de que sus propios compañeros lo apodan, no muy cariñosamente, el pequeño Goebbels. Me imagino que no hará falta detallar los métodos de que se está valiendo el mencionado gabinete de crisis para alcanzar sus objetivos: la influencia del BSCH en el mundo de los medios de comunicación –vía cartera de publicidad, patrocinios, accionariado, etcétera, etcétera– es sobradamente conocida.

Bueno, pues en éstas estaba ayer por la mañana, tomando notas para la confección de la prometida columna, sentadito al borde de la piscina y escuchando el excelente último disco de John Gorka, cuando de repente suena el teléfono. Me llamaban de El Mundo. No diré quién: dejémoslo en que no era precisamente el chico de los recados. Pero en este caso ejercía funciones de tal: me comunicó que más me valía desistir de la idea de hablar de ese libro porque, si lo hacía, mi artículo jamás vería la luz. Me quedé de una pieza: en once años que llevo como columnista de El Mundo, jamás nadie me había dicho qué podía o qué no podía escribir. Argumenté eso, argumenté que mis opiniones son mías y llevan mi firma («Vete a contarle eso a Botín», fue la respuesta)... argumenté de todo, pero todo fue inútil.

Mi primer impulso fue seguir adelante pese a la amenaza y montar la zapatiesta. Pero ¿qué zapatiesta iba a montar? Ningún medio de comunicación medianamente importante se haría eco de lo ocurrido, porque Botín los tiene cogidos a todos por sus partes más íntimas.

De modo que decidí escribir la columna que incluyo bajo estas líneas, en la que hablo de todo esto pero sólo en el plano general, avisando explícitamente de que no entro en la explicación concreta de los motivos que suscitan la reflexión porque, sencillamente, no me dejan.

Escribir esa columna fue la primera decisión que tomé, referida al problema inmediato.

Pero no fue la única decisión que adopté ayer. La segunda, difícilmente excusable a la vista de que la cloaca del periodismo actual amenaza ya con engullirme también a mí, tendrá su traducción a la vuelta del verano.

Horas antes de que sucediera todo esto había anotado premonitoriamente en este Diario: «Todo lo que tenía que escribir, ya lo he escrito. Todo lo que tenía que odiar, ya lo he odiado. Todo lo que podía amar, ya lo he amado. Nada me queda por escribir.»

Bueno, pues parece que acerté. Creo que me ha llegado el momento de cambiar de profesión.

Por cierto que había escrito esas líneas tomando pie en mi libro Jamaica o Muerte. No deja de tener su punto de ironía que ese libro fuera presentado en su día al público por un periodista llamado Pedro J. Ramírez.

Bueno, pues ya está. Éste es el texto de la columna que hoy publica El Mundo: El gran Poder.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de mayo de 2017.

Nota: al día siguiente Javier publicó en su diario La culpa la tengo yo.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/11 06:00:00 GMT+2
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2001/07/10 06:00:00 GMT+2

No hay Jamaica

Era una invernal mañana brumosa bilbaina, hace más de diez años. Estaba trabajando en mi pequeño apartamento de la calle de Licenciado Poza, escuchando a Don Williams cantar Jamaica Farewell, una vieja canción hundida en mis recuerdos infantiles gracias a Harry Belafonte.

Adiós Jamaica es un suave calypso que describe los pensamientos melancólicos de un pescador que abandona el puerto de Kingston y sueña en el regreso junto a su amada. Don Williams la canta muy bien, acentuando su lado ingenuo y tenue, haciendo que suene de fondo una suave marimba caribeña.

De repente, pensé en esa Jamaica idílica. Y la soñé como símbolo del No-Allí. Imaginé una Jamaica como la de la canción, como la de los carteles turísticos: alegre y cantarina, primitiva y soleada. Como lo contrario de la triste grisura que veía por la ventana.

Escribí entonces un artículo que con los años daría título a mi segundo libro: Jamaica o Muerte.

Jamaica. Itaca. La lucha por el sueño. Prometeo: el sacrificio por lo imposible. El debe contra el puede.

Ayer, cuando salí por la noche de la radio en Alicante, conduje el coche lentamente por la carretera de la costa, sin prisa por llegar a mi casa de Aigües, donde nadie me esperaba.

Me detuve cerca de El Campello, al borde de la inmensa playa desierta, sólo iluminada por una media luna amarillenta reflejada como un reguero sobre el agua.

Bajé del coche y me acerqué al mar.

Me senté junto a la orilla en una tumbona abandonada, bajo la noche oscura. Sólo se oía la suave cadencia de las olas. Olía a salitre.

Sin saber por qué, saqué un raído papel del bolsillo, de ésos que utilizo para no olvidar los recados. Escribí sin ver apenas, sin pensarlo dos veces, como un autómata:

«Todo lo que tenía que escribir, ya lo he escrito.

Todo lo que tenía que odiar, ya lo he odiado.

Todo lo que podía amar, ya lo he amado.

Nada me queda por escribir.

Nada que odiar.

Nada por amar que no haya amado.»

Guardé el papel. Seguí escuchando el lento vaivén de las olas.

Y me quedé dormido.

Desperté horas después. Hacía frío. Volví al coche y lo puse en marcha.

Encendí la radio. Escuché las noticias: «Graves incidentes en Jamaica. Un tiroteo entre la Policía y la población del barrio portuario ha causado medio centenar de muertos».

Y entonces tuve la certeza: ya no hay Jamaica.

Ya no hay opción entre Jamaica o muerte.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Os dejamos con la canción interpretada por Harry Belafonte.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/10 06:00:00 GMT+2
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2001/07/09 06:00:00 GMT+2

Yahvé, Alá, Dios...

Nota.- Me llamaron ayer al mediodía de "El Mundo" para ver si podía escribir una columna para hoy. Cosa de sustituciones de vacaciones no muy bien planificadas, se ve. Aproveché un viejo comentario de este Diario y rectifiqué su texto y su sentido. Es el texto que viene a continuación. Lo aviso para aquellos que se extrañen al notar que el arranque les suena.

Por razones que no hacen al caso -o que sería prolijo relatar, que viene a ser lo mismo-, dediqué no hace mucho un buen puñado de horas a la lectura de la Biblia.

Me ratifiqué en la idea de que sus libros contienen prosas y poemas magníficos, de una más que notable altura literaria.

El Apocalipsis, en particular, es impresionante. Se trata de un texto surrealista que la admiración lleva a considerar alucinante, pero que el rigor mueve a tomar más bien por alucinado. O psicodélico, si se prefiere. Genial, en todo caso.

El respeto y la consideración literaria que me merecen los autores de los libros sagrados no me impiden reconocer que, no obstante, a veces su lectura me saca a empellones del terreno neutro del historicismo para hundirme directamente en el espanto, considerando cuanta gente se ha dejado llevar por sus recomendaciones a lo largo de los tiempos. El Dios del Viejo Testamento era -es- un personaje de armas tomar, dicho sea en el sentido más literal de la expresión: belicoso, iracundo, vengativo. Y de un machismo feroz, muy en consonancia con la época, pero de difícil encaje en la Verdad revelada.

En todo caso, muy desagradable. Y sus héroes y paladines, del mismo género.

Es curioso comprobar cómo incluso algunos de los hijos más dilectos de Yahvé, cuyos nombres ha pasado a la Historia como paradigmas de bondad y prudencia, eran personas de virtud más que dudosa, cuando no déspotas arbitrarios de crueldad inaudita. Según consta en el Libro Primero de los Reyes, 4.1-4.6, incluso el muy sabio y ecuánime Salomón contaba entre sus ministros con un tal Adonirán, cuyo título oficial era el de «supervisor de trabajos forzados». ¡Ah, la justicia salomónica!

«...Porque Yahvé, el Altísimo, es terrible... Somete pueblos a nuestro yugo, naciones pone a nuestros pies...» (Libro de los Salmos, Salmo 47, versículos 3 y 4).

Yahvé, sometiendo pueblos y humillando naciones. No es fácil escapar a la tentación de poner en relación tales textos con el actual Estado de Israel, concluyendo que nada tiene de especial que sus dirigentes sean como son, si se miran en semejante espejo.

Pero el problema no es ése. El problema no es Yahvé.

Acaba de pasar por España una delegación de la RAWA, una organización que defiende a las mujeres afganas sometidas a otro poder omnímodo supuestamente basado en la ley divina. La del Corán, en su tristísimo caso.

Pero hay más. ¿Habré de citar las infinitas tropelías cometidas a lo largo de la Historia en nombre del Evangelio de los cristianos?

Yahvé, Alá, Dios... Es al revés: son los hombres injustos los que han creado divinidades a su desdichada imagen y semejanza.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (9 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/09 06:00:00 GMT+2
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2001/07/08 06:00:00 GMT+2

La difícil autodeterminación vasca

Parece que el PNV y EA se proponen convocar durante la próxima legislatura autonómica una consulta popular sobre el derecho de autodeterminación del pueblo vasco.

Es una decisión que no sé su muy bien cómo calificar. A ratos me parece valiente; a ratos, imprudente.

Primer problema: el de los límites territoriales de la votación. Imagino que tendrán previsto circunscribir la consulta a las tres provincias de la Comunidad Autónoma Vasca. (Malamente podrían hacer otra cosa: no quiero ni imaginarme el follón que se armaría si pretendieran que se votara también en Navarra y en Iparralde.)

Pero fijar que el sujeto de la soberanía vasca sea únicamente la población de los tres territorios históricos actualmente englobados en la CAV resultará igualmente muy conflictivo: una parte de la ciudadanía nacionalista no se avendrá a ello.

En el plano teórico-general, no me cabe duda de que el método preferible sería el viejo modelo foral, muy semejante al planteamiento confederal. Llevaría a la realización inicial de consultas diferenciadas en cada territorio histórico, de modo que cada uno de ellos, por separado, decidiría si quiere sumar o no su destino al de la población de los otros territorios. Pero esa vía decisoria es actualmente impracticable, dada la cerrada oposición de las autoridades centrales francesa y española (una posición de intransigencia de la que participan las autoridades navarras).

En esas condiciones, ¿por dónde tirar? No tomar iniciativa alguna equivaldría a dar por bueno el actual estado de cosas. Oponerse a la autodeterminación por la vía de los hechos.

Cabría tratar de remover los cimientos del tinglado por la vía de la movilización. A menudo lo he planteado: cientos de miles de vascos en la calle, cada fin de semana, uno tras otro, erre que erre, reclamando sin desmayo la autodeterminación, supondría un auténtico misil en la línea de flotación de la nave del Estado español. Los medios de comunicación del mundo entero se volcarían en ello. Pero, primero hay que conseguir que los cientos de miles de vascos partidarios del derecho de autodeterminación se manifiesten semana tras semana, con lo bien que se está en la playa, o en el monte, o tomándose un besugo a la sidra. Y segundo, ¿cómo conseguir que esas manifestaciones no se conviertan sistemáticamente en preludio de choques y enfrentamientos que desprestigien la causa de la convocatoria y desanimen a la mayoría?

O sea, que cualquiera sabe. Quizá la iniciativa de consulta parcial y simbólica promovida por el PNV y EA sea, dentro de los estrechos márgenes de lo posible, una de las menos malas, dentro de las malas.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/08 06:00:00 GMT+2
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2001/07/07 06:00:00 GMT+2

Pues mira, nacionalista

De verdad que hoy habría querido escribir sobre cualquier otra cosa.

Sobre don Emilio Botín, por ejemplo, y sobre cómo se las ingenia para que sus especialísimos, productivísimos y no siempre muy regulares negocios se guarden en el anonimato. (De eso hablaré el próximo miércoles, de todos modos. Vaya que sí).

También habría escrito muy a gusto sobre el espléndido partido de tenis que nos ofrecieron ayer André Agassi y Patrick Rafter. (Agassi es un justo heredero de John McEnroe: puede ser tan genial y tan absurdo como él, y dar los golpes más fantásticos y cometer los errores más increíbles. Qué placer verlo.)

Pero se me apareció por medio doña Celia Villalobos. Y escuché sus declaraciones, en las que dijo que su posición, que tanto ha dado que hablar, se basa en informes «absolutamente científicos».

Qué disparate.

Lo absoluto y lo científico son incompatibles.

No estoy refiriéndome aquí ni al aceite, ni a la oliva, ni al orujo. Hablo sólo del hablar.

La política se nos está llenando de personajes y personajillos que maltratan la lengua y la lógica con una desenvoltura que da ganas de llorar.

Tenemos a un presidente del Gobierno que dice y repite que no va a cesar a su ministro de Exteriores aunque lo aspen. Pues claro. ¿Cómo podría hacerlo? Nadie puede cesar a nadie, como no puede suicidarlo, ni nacerlo, ni morirlo. Cesar es un verbo intransitivo. Esas cosas o las hace uno mismo o no hay tu tía. ¿Nadie se lo ha dicho al inquilino de La Moncloa, que se pretende tan defensor de lo español?

Discuten entre ellos sobre cómo homenajear a Miguel de Cervantes. ¿Y qué tal si fueran un poco menos crueles de vez en cuando con la lengua del chico de la Saavedra?

Yo soy vasco, y defensor del derecho de autodeterminación, y hasta separatista, según algunos. Pero amo la lengua castellana, en la que vivo, con la que trabajo, con la que amo. Y a la que respeto.

¡Macagüen, pero si todavía va a resultar que el nacionalista español soy yo!

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (7 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/07 06:00:00 GMT+2
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2001/07/06 06:00:00 GMT+2

La culpa no la tiene Villalobos

Dice el proverbio árabe que, si alguien te engaña una vez, la culpa es suya, pero que, si te vuelve a engañar, la culpa pasa a ser ya exclusivamente tuya.

La primera vez que Celia Villalobos hizo el imbécil -hace incontables decenios, supongo- es posible que la culpa fuera suya. Pero llegó a alcaldesa de Málaga ya como estúpida contrastada. Y fue nombrada ministra con todos los certificados de memez en perfecta regla. A Aznar nadie le vendió ninguna burra averiada: la compró a sabiendas.

Villalobos la ha vuelto a hacer. Podía haber conseguido que fueran retirados discretamente del mercado los aceites de orujo de oliva, sin montar ninguna escandalera. Pero a ella le encantan los numeritos. Ha montado otro más y ha conseguido que el conjunto de los aceites de oliva de procedencia española, incluidos los que no tienen nada de venenoso, sean boicoteados a escala continental.

Pero ya digo: la culpa no es suya. Ella no es responsable de ser irresponsable. A quien hay que culpar es al tipo que la nombró y que la mantiene erre que erre para demostrar que a tozudo nadie le gana.

Son tal para cual.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/06 06:00:00 GMT+2
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2001/07/05 06:00:00 GMT+2

Los test del CIS

El Centro de Investigaciones Sociológicas no hace encuestas, ni sondeos: hace test. Comprueba cada tanto en qué medida son eficaces y calan en la opinión pública las campañas propagandísticas que los medios de comunicación hacen por cuenta de la clase dominante.

¿A la clase dominante le interesa que el personal se preocupe por la invasión de inmigrantes que estamos sufriendo? Los medios se encargan de machacar día a día esa idea y, al cabo de un cierto tiempo, el CIS mira a ver hasta qué punto la idea -la falsedad- se ha extendido.

Con eso como con todo. Con el terrorismo. Con las ONG. Con la bondad de la situación económica. Con lo felices que somos.

Es pura y simple división de trabajo: unos te dicen que lo que tienes que pensar y los otros constatan que lo piensas.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/05 06:00:00 GMT+2
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2001/07/04 07:00:00 GMT+2

La alternativa de Zapatero

Si José Luis Rodríguez Zapatero no fuera como es -si fuera realmente socialista, quiero decir-, se preguntaría por qué los propagandistas del orden establecido le dirigen tantos piropos.

En cierta ocasión en que el fundador de la socialdemocracia alemana, Augusto Bebel, se vio en situación pareja, se preguntó, con muy buen sentido: «Ah, viejo Bebel, ¿qué tontería habrás hecho, para que esta gente te alabe?». Pero Rodríguez Zapatero no está para esos trotes. A él, los aplausos de la gente de orden no sólo no le incomodan, sino que los disfruta.

Rodríguez Zapatero ha dicho que el PSOE no tiene que plantearse ningún giro a la izquierda, porque a su izquierda sólo hay «cosas antiguas». También ha afirmado que su partido no debe «mirar hacia la izquierda» sino «ir hacia adelante».

Rodríguez Zapatero da por sobreentendida la identidad entre lo nuevo y lo bueno. De ahí su aversión (pretendida) por las «cosas antiguas».

Paradojas de la vida: él sí que es un antiguo. Porque lo suyo no es sino una pobre repetición tardía del ideario del progresismo ingenuo del siglo XIX, que ningún crítico medianamente serio de la evolución de la realidad de la pasada centuria se atrevería a suscribir. ¿Lo nuevo, bueno per se? Valiente memez. El SIDA es muy nuevo. La radiactividad, novísima. Las vacas locas, de lo más in que te puedes echar al coleto. Toma progreso.

Hay dos géneros de gente a los que nos incomoda la división izquierda/derecha.

Uno es el de quienes no vemos qué interés puede tener una etiqueta -la de la presunta izquierda- que pretende meter en el mismo saco, sin ir más lejos, a Lasa y Zabala y a quienes ordenaron su tortura, asesinato y enterramiento en cal viva.

Otro es el de quienes creen que ponerse a distinguir entre los adalides de los explotadores y los defensores de los explotados es una cosa como muy antigua.

Yo me cuento entre los primeros. Rodríguez Zapatero, por lo que veo, entre los segundos.

Dice el secretario general del PSOE que España descubrió la vía fetén del progresismo hace años, de la mano de Felipe González. Y tuvo la desenvoltura de decirlo anteayer, el mismo día que una juez achacaba al secretario de finanzas del partido de ese mismo González hasta siete delitos de financiación ilegal.

Supongo que el Zapatero este será consciente de que, si la gente de orden aplaude sus palabras, no es precisamente en homenaje a su lucidez, sino en reconocimiento a su inofensividad: a su promesa de que hará cuanto esté en su mano para buscar la manera de que la alternativa a lo que hay sea seguir prácticamente en lo mismo.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de julio de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/04 07:00:00 GMT+2
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