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2001/07/21 06:15:00 GMT+2

Un año

Hace un año, día por día, colgué en la Red esta página web. Inicialmente con muy pocos elementos, poco a poco se ha ido haciendo grande. En volumen, quiero decir. También, relativamente, en visitas: Nedstat, que proporciona el contador más fiable de los que conozco -el menos engañoso y menos manipulable-, ha contabilizado 78.000, lo que representa una cantidad ciertamente importante, tratándose de una página personal.

Vistas las cosas con la perspectiva de estos 365 días, todos y cada uno de los cuales he actualizado la página -salvo tres, y los tres por razones técnicas de fuerza mayor-, el balance me resulta extraordinariamente positivo. Por cuatro razones fundamentales: he hecho un buen montón de amigas y amigos, me he divertido, he aprendido a disciplinar más aún mi trabajo y he gozado de total libertad de expresión.

Esto último es algo que ahora, tal como están las cosas, aprecio en su verdadero valor.

Me planteo qué destino dar a este sitio web. Está claro que no puedo mantenerlo hasta el fin de mis días. Como conté en el prólogo de la edición en libro del Diario de un resentido social, lo concebí como un cauce para no perder contacto con los lectores de mis columnas de El Mundo y como un modo de desfogar lo que llamé «mi irrefrenable pulsión opinante».

Para lo primero ya no me hace falta la web: el foro de debate ligado a esta página, al que bautizamos con el nombre de la Patera, cumple perfectamente esa función. Añadamos a eso que está por ver durante cuánto tiempo sigo siendo columnista de El Mundo.

En lo que se refiere a mi pulsión opinante, me he preguntado bastantes veces en los últimos tiempos hasta qué punto es verdaderamente irrefrenable. Pero, en medio de esas preguntas, me asaltan imágenes -realidades- como ésta:

Y se renueva mi voluntad de seguir esgrimiendo, erre que erre, la única arma que he tenido en toda mi ya larga vida: la pluma.

De modo que aquí seguiré, empuñándola día a día.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/21 06:15:00 GMT+2
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2001/07/21 06:00:00 GMT+2

5 objeciones, 5 respuestas

Escucho estos días muchas objeciones al movimiento antiglobalización. Responderé telegráficamente a cinco de ellas.

Objeción: «Ustedes critican mucho la globalización, pero su movimiento está también perfectamente globalizado».

Respuesta: Porque no nos oponemos a cualquier forma de globalización. Quisiéramos globalizar muchas cosas. Los Derechos Humanos, muy en particular.

De lo que estamos en contra es de la globalización económica descontrolada. De que el poder económico sea el único que no conozca fronteras. De que haya desbordado por entero las vías de la representación y de la supervisión democráticas. De que, en el momento presente, ningún organismo electo tenga capacidad para variar el rumbo de la economía mundial. ¡Globalicen la democracia! Ya verán cómo aplaudimos.

Objeción: «La globalización es esencial para sacar de la pobreza a los países del Tercer Mundo».

Respuesta: La experiencia demuestra que, aplicando las recetas de la globalización, el abismo planetario entre ricos y pobres se ahonda más y más. Ateniéndonos a los hechos y dejando de lado la retórica de los discursos, está claro que la globalización sólo sirve para hacer cada vez más poderosos a los poderosos. De la pobreza, lo único que les preocupa realmente es que no les importune. Y eso, qué quieren, a algunos nos repugna.

Objeción: «Ustedes no tienen alternativas reales. El movimiento contra la globalización no pasa de ser una suma incoherente de las oposiciones más variopintas».

Respuesta: Bueno, sí: imagino que también Atila suscitaría muy diferentes enfados y rencores.

Los asaltantes de La Bastilla tampoco tenían muy claro qué modelo social querían. Sabían muy bien, eso sí, lo que no querían. Tal vez nos pase algo parecido.

Objeción: «El movimiento contra la globalización está compuesto por elementos marginales».

Respuesta: Agrupen ustedes a cientos de miles de personas en manifestaciones a favor de la globalización, consigan que coreen durante varios días consignas en pro del FMI y el G-8, y entonces podremos discutir en serio sobre marginalidades. Dejénse de tonterías: saben que éste es el movimiento de masas más importante que se ha producido a escala mundial desde los años 70, y por eso lo temen tanto.

Objeción: «El movimiento contra la globalización está produciendo mucha violencia».

Respuesta: ¿Sí? Pero quienes disparan contra la sien de la gente desarmada son sus servidores.

Si Génova no hubiera estado ayer dominada por sus agentes provocadores disfrazados de manifestantes y por sus asesinos a sueldo, me juego lo que sea a que hoy no estaríamos de luto.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (21 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/21 06:00:00 GMT+2
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2001/07/20 06:00:00 GMT+2

Gente marginal

Contaba anteayer en qué condiciones tan singulares estuve obligado a trabajar durante mi estancia en Penyiscola: sentado en un terrado para conseguir cobertura para el móvil a falta de línea telefónica convencional, escribiendo en el ordenador portátil en posición indigna de un anciano como yo. Bueno, pues en esa misma posición estaba ayer, dispuesto a actualizar la página auxiliado por unos cuantos apuntes garabateados en un papel, cuando de pronto se desató una tormenta que hubiera hecho las delicias de cualquier amante de las cumbres pirenaicas. Metí a capones en la web una nota sobre la imposibilidad de seguir adelante en el intento y salí cingando antes de que la lluvia me arruinara el portátil.

En el papelín en cuestión, que se malogró con la lluvia, llevaba anotada una frase que había escuchado horas antes en la radio. Entrevistaban a alguien que creo recordar que dijeron era Guillermo Kirkpatrick, o algo así, y que representa al Gobierno de Aznar en no sé qué organismo europeo. El caso es que le preguntaron qué clase de personal integra el movimiento antiglobalización, que tanto ruido está armando ahora mismo en Génova. El hombre respondió: «Es gente marginal, pero extremadamente violenta».

Sé por experiencia que, salvo casos muy excepcionales, los políticos profesionales no dicen casi nunca tonterías por su propia cuenta. Suelen recibir del alto mando de su partido papeles que les orientan sobre cómo y qué contestar si son interrogados sobre tales o cuales asuntos de actualidad. Luego, cada cual sigue con más o menos gracia y sutileza las instrucciones recibidas. Todo indica que éste respondió dando la versión más escueta y seca del guión.

Son las dos líneas en las que más están trabajando los propagandistas de la globalización: insisten en que sus opositores somos, en realidad, muy pocos y en que, además, sentimos un espacial gusto por romper cuanto pillamos a nuestro paso.

Puestos sobre el tapete estos dos argumentos, tienen que tratar de que los hechos no los desmientan demasiado.

Para reforzar la idea de que somos pocos, no dudan en tomar medidas contrarias a los derechos democráticos: el de la libre circulación de las personas, singularmente. El Gobierno italiano lo ha hecho estos días. El de Aznar ha dicho que lo hará el año próximo. Todo sea con tal de dificultar la llegada de manifestantes al lugar de la convocatoria.

Luego está la cosa de la violencia. Para demostrar la ferocidad del movimiento antiglobalización, introducen en su seno elementos provocadores a sueldo, que incitan a los manifestantes más exaltados a realizar acciones violentas, o que las emprenden directamente ellos mismos. Es una vieja táctica, practicada por todos los guardianes del orden del mundo entero desde tiempo inmemorial. Lo de las cartas bomba de Italia apesta a 1.000 kilómetros de distancia.

Son sus dos líneas de trabajo principales en la actualidad. Conviene tenerlas en cuenta, para contrarrestarlas.

P.D. ¡Ah, por cierto! Mañana esta web cumple su primer año.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/20 06:00:00 GMT+2
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2001/07/18 06:00:00 GMT+2

En sus cabales

"Ningún ciudadano que esté en sus cabales puede permitir esta locura". Fue José María Aznar quien pronunció ayer la frase. La anoté en un papel.

Ya no recuerdo a qué se refería. A algo sobre Euskadi, supongo. Da igual. Lo apunté por lo de "sus cabales". Me resultó curioso. Hacía tiempo que no oía el modismo. Antes se decía mucho.

Quien se apunta a esa expresión da por hecho que hay cosas que son cabales; de cajón. No cuenta con que aquello que para uno es de pura lógica, a otro puede parecerle un disparate. Por ejemplo: el propio Aznar afirma, como cosa que cae por su propio peso, que "son los navarros los únicos que pueden decidir el destino de Navarra" -cosa que a mí me parece muy bien--, pero, a cambio, jamás suscribiría que "son los vascos los únicos que pueden decidir el destino de Euskadi".

Para mí que Aznar no está en sus cabales.

Yo tampoco lo estoy demasiado, supongo.

Os cuento.

Me encuentro en Penyiscola. He venido a visitar a mi hija mayor, que está trabajando aquí. En su vieja casa del barrio antiguo no hay teléfono y la señal del móvil es debilísima, de modo que no puedo conectarme con internet. Pero he descubierto que en la terraza del tejado la señal es bastante buena. Así que aquí me tenéis, con el ordenador portátil instalado entre ropa tendida, con dificultades para ver la pantalla por culpa del solazo que empieza a pegar a esta hora de la mañana, escribiendo este comentario.

Calquier persona en sus cabales estaría en la cama durmiendo, o se bajaría a pasear por las calles retorcidas, ahora que todavía no rebosan de turistas.
Veo el mar al fondo. Está precioso.

Voy a hacer un esfuerzo por estar en mis cabales. Corto y me voy a pasear por la orilla del mar. Que le den viento fresco a Aznar.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/18 06:00:00 GMT+2
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2001/07/17 06:00:00 GMT+2

Huelgan los toros

Los del negocio taurino amenazan con ponerse en huelga. Me parece muy bien. No sólo apruebo que se declaren en huelga, sino que les animo a que la huelga en cuestión sea lo más indefinida posible. Incluso perpetua.

Mi amigo Gervasio Guzmán se pone a veces muy solemne y sentencia que es «inaudito» que «un espectáculo tan cruel como la tauromaquia pueda seguir existiendo en el siglo XXI». Gervasio tiene un aprecio por el siglo XXI difícilmente sustentable en los hechos. El siglo XXI ha arrancado con una tasa de fenómenos crueles que no desmerece nada en comparación con centurias anteriores: guerras, matanzas, torturas, secuestros, asesinatos... Ejemplo bien visible: el siglo XXI ha colocado a George W. Bush al frente del Estado más poderoso de la tierra. Con eso está todo dicho.

Desapruebo vivamente la tauromaquia. Su estética -que la tiene- me parece tan lamentable como la del boxeo, que también la tiene. Ambas se asemejan en un punto fundamental: para disfrutar con ellas, es imprescindible hacer abstracción de la violencia. Se lo tengo dicho a Gervasio, pero no me entiende: los espectadores de las corridas de toros no se regodean con los boquetes que las puyas de los picadores horadan en el lomo de los bichos, ni con los desgarros que les provocan los arpones de las banderillas que les clavan, ni con el tajo final -más o menos final, según los casos- que les da el torero. No son sádicos. A ellos lo que les interesa es ver si todo eso se hace con donaire, elegancia y respeto por los cánones.

Pero su indiferencia ante la sangre no les dignifica ni un milímetro. Porque, por mucho que prescindan mentalmente de esa parte de la realidad, el hecho es que la sangre sigue manando.

Tampoco los aficionados al boxeo gozan viendo como los púgiles van encajando golpe tras golpe a lo largo de su existencia hasta quedarse gagás. Ellos sólo se interesan por la esgrima. Pero las lesiones de los púgiles no se vuelven por ello menos reales. Tuve ocasión de conocer a Paulino Uzcudun en el último tramo de su existencia. Casi mejor les ahorro los detalles.

La gente del negocio taurino pide subvenciones para afrontar las restricciones que les impone la legislación sobre las vacas locas. En realidad, lo que piden es más subvenciones: salvo un puñado de plazas durante unas cuantas ferias, la mal llamada fiesta nacional hace años que se mantiene gracias a las subvenciones públicas.

Es eso lo que me molesta. Yo no pido que se prohíba nada. Lo que reclamo es que, si quieren divertirse matando toros, por lo menos que se lo paguen ellos. Que yo no abono mis impuestos para patrocinar satisfacciones sanguinarias.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de julio de 2001) y El Mundo (18 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/17 06:00:00 GMT+2
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2001/07/16 06:00:00 GMT+2

Samaranch

A sus amigos les resulta desagradable que algunos recordemos que Juan Antonio Samaranch –que hoy abadona la Presidencia del Comité Olímpico Internacional, después de dos décadas en el cargo– proviene de las filas del franquismo militante. Pero es un hecho. Fue un prominente jerarca franquista, a quien el Caudillo colocó en cargos de relevancia. Algunos, con considerable autoridad en materia de orden público. Represiva, vamos.

«Un fascista», dicen algunos. No; no exactamente. Para ser fascista hace falta tener ideas propias. Samaranch, como muchos otros jerarcas franquistas posteriormente reconvertidos, ha sido toda su vida un burócrata sin principios, siempre dispuesto a amoldarse a las necesidades del Poder. ¿Que el Poder es fascista, viste camisa azul y saluda brazo en alto? Pues él se apunta, y tan a gusto. ¿Que el Poder manda encarcelar a los demócratas? Pues nada, a encarcelarlos, y sin perder la sonrisa. ¿Que ya no, que ahora toca hablar bien de la democracia? Pues se baja el brazo, se cambia de camisa, se habla bien de la democracia y a correr. Todo sea por la buena marcha del negocio. La cosa es no dejar de estar arriba.

Que es lo que ha hecho él desde hace medio siglo.

«Todo el mundo tiene derecho a cambiar», se me objetará. Pues claro. Pero hay modos y modos de cambiar. Joaquín Ruiz Giménez, que ahora preside no sé qué de la Unicef, fue ministro de Franco. Hasta que se hizo consciente del horror. Entonces abandonó sus prebendas y se pasó al campo del antifranquismo. No diré yo que se hizo un activista feroz, pero adoptó una posición digna. Lo propio cabe decir de Pedro Laín, recientemente fallecido. Ellos, como no pocos más, fueron capaces de reflexionar sobre su experiencia, y expresaron su convencimiento de que, sencillamente, se habían equivocado. Algunos han penado su arrepentimiento de por vida, como una autocondena moral.

Pero los Samaranch –los Martín Villa–, no. Se tienen por prodigios de maleabilidad. Y es cierto: cambian cuanto haga falta para adaptarse al espacio disponible. Para seguir siempre en el mismo sitio: del lado del Poder, lo ejerza quien lo ejerza. La cosa es no dejar de sentarse en la parte de detrás del coche, con el chófer delante.

Por eso no tiene nada de sorprendente que el anciano falangista haya dedicado el último tramo de su carrera pública a defender la candidatura de Pekín para los Juegos Olímpicos del 2008. No lo ha hecho porque tenga debilidad por las dictaduras: a él, las dictaduras le dan igual. Lo que ha hecho es representar a capa y espada los intereses de las multinacionales, que quieren abrirse camino en el mercado más grande del mundo. Ha actuado, por enésima vez en su existencia, como lacayo de quienes tienen la sartén por el mango. Y le importa una higa a quiénes estén friendo en la sartén.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/16 06:00:00 GMT+2
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2001/07/15 06:00:00 GMT+2

La Ertzaintza

Desplazamiento sabatino a Cartagena. La excusa era asistir a un concierto de una cantante brasileña, Fernanda Abreu. No la conocía. Ya la conozco: rap con aire de samba, bien hecho, con coreografía a lo Madonna. A bastante distancia de mis propios gustos. Por momentos alimenté la sospecha de si estaba cantando muchas canciones o muchas veces la misma canción.

Lo que más me interesaba del viaje era estar con algunos amigos de allí y, muy en especial, con Ben, un maravilloso senegalés al que vengo tratando desde hace 20 años y al que quiero mucho. El muy cabrón tiene la misma elegancia natural y la misma piel tersa que hace dos décadas. Y la misma sonrisa encantadora. Y los mismos dientes blanquísimos. Cenamos un buen pescado -él es controlador marítimo en Cartagena y se conoce el ramo- y nos reímos a gusto con nuestras tonterías.

A la salida del concierto me topé con un puesto de discos de música con raíces. Bien nutrido. Me merqué seis cedés: uno de Ali Farka Toure -lo tenía en uno con Ry Cooder-, otro de Cheb Mami, el fantástico Green Blue Yellow Rose & Charcoal de Marisa Monte, una selección de música senegalesa que me recomendó Ben, otro de la Orquesta Nacional de Barbès -o sea, argelinos en París- y, en fin, otro del Anouar Brahem Trio tunecino. El dueño, un tipo enrollado con el que hice rápidamente buenas migas, me arregló un precio muy apañado por el lote entero y me ofreció dos entradas para ver la actuación del Anouar Brahem Trio en la Catedral de Cartagena el próximo 22. A ver si podemos ir.

Regreso tardío de Cartagena a Aigües. Dejé que sonaran algunos de los cedés recién adquiridos. Charo se mantuvo despierta, cumpliendo sus funciones de copilota: pasarme cigarrillos, avisarme de los desvíos y, por lo demás, guardar silencio: no me gusta que me hablen mientras conduzco. Las dos amigas que venían con nosotros se durmieron arrulladas por la suave música. No quise conectar la radio durante el viaje, para no molestarlas.

Así que, hasta que llegamos a Aigües, ya cerca de las tres de la madrugada, no me enteré del segundo atentado del día. El juramento de Ibarretxe ante el árbol de Gernika, bañado en sangre.

Ya de mañana, cuando me despierto -tarde-, me entero de la composición del nuevo Gobierno vasco. Han cambiado pocas carteras. Se ha ido la consejera de Educación. La última vez que hable con Mari Carmen, vieja compañera de luchas estudiantiles, hace como 20 días, la ví con ganas de hacer otras cosas. Llevaba demasiado en el cargo. Así que supongo que el cambio ha sido a petición propia.

Lo que más me intrigaba era saber quién ocuparía la cartera de Interior. Veo que sigue Balza. Me contaron que no quería continuar en el puesto. Estaba cansado del acoso mediático y político sufrido en los últimos años. Y también de ver tanta sangre, tanto dolor y tanto entierro. Según mis noticias, Ibarretxe ofreció la cartera a varios miembros del PNV, pero todos le respondieron negativamente. Al parecer, todos daban por hecho que ETA se disponía a poner a los responsables de la Ertzaintza en los primeros puestos de sus macabras listas. El asesinato de Mikel Uribe parece confirmarlo ampliamente. Nunca he sentido simpatías por ninguna Policía. Tampoco por la Ertzaintza. Pero la papeleta que tiene es de aúpa.

El balance del sábado es terrible. Maldita ETA.

Voy a encender de nuevo la radio. Tengo curiosidad por saber qué reacciones ofrecen los políticos. Porque uno de los asesinatos se ha producido en Navarra, territorio bajo jurisdicción de las Fuerzas de Seguridad del Estado, y el otro es de un responsable de la Ertzaintza. Imagino que, por lo menos, en esta ocasión el PP no dirá que la culpa es del Gobierno vasco.

O sí. Ahora veré.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/15 06:00:00 GMT+2
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2001/07/14 07:00:00 GMT+2

Con olímpico descaro

Empezaré por reconocer que detesto los Juegos Olímpicos.

Lo mío no es desdén por el deporte, sino específica manía contra el llamado espíritu olímpico, ese prodigio de exaltación multipatriotera que, so pretexto de nobleza internacional, facilita la sublimación del espíritu guerrero de los nacionalistas con Estado propio y, ya de paso, permite hacer grandes negocios.

-¿Cuántas medallas hemos conseguido hasta ahora? -me preguntó mi amigo Gervasio Guzmán allá por el 2000, a los pocos días de comenzado lo de Sidney.

-¿Hemos? Que yo sepa, ni tú ni yo estamos compitiendo -le respondí.

El olimpismo -que se las da de paladín del fair play- puede alcanzar extremos de ultranacionalismo descarnadamente cutre. (Ejemplo: un representante olímpico español admitió anteayer sin rubor alguno que iba a votar en contra de la candidatura de París, pero no porque considere que la capital francesa sería una mala sede para los Juegos del 2008, sino... ¡para facilitar las candidaturas de Sevilla y Madrid de cara al 2012! Naturalmente, ningún medio de prensa español, de ésos que cada vez que hablan de los nacionalismos periféricos hacen solemnes proclamas de europeísmo, cuando no de encendido cosmopolitismo, ha criticado semejante prueba de aldeanismo mezquino elevado al cubo.)

Bueno, pero todo eso, con ser importante -para mí, al menos-, se vuelve universalmente secundario cuando el Comité Olímpico Internacional tiene la apabullante jeró de ponerse al servicio devoto de las multinacionales de la hamburguesa y la zarzaparrilla con gas para conceder a Beijing la sede olímpica del 2008.

La misma gente que prohibía hasta grabar un disco en la Sudáfrica racista -que se lo digan al pobre Paul Simon-; la misma que admite que se mate de hambre a la población de Irak por mor del bloqueo; la misma que acepta que se niegue el pan y la sal al pueblo de Cuba... ¡concede ahora miles de balones de oxígeno al Gobierno chino, que se cisca en los derechos humanos día sí, día también y que ha convertido la pena de muerte en próspero negocio, vendiendo al por mayor los órganos de los ejecutados!

Dicen ahora que los aislamientos son contraproducentes y pretenden que un acontecimiento así puede ayudar a la democratización de China. Como si no tuviéramos la experiencia del Campeonato Mundial de Fútbol en Argentina, que sólo contribuyó para reforzar la posición de Videla y sus milicos genocidas.

Samaranch despide su carrera como la empezó. De Franco a Deng Siaoping: eso sí que es coherencia. Y el mundo, a aplaudir.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de julio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/14 07:00:00 GMT+2
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2001/07/14 06:00:00 GMT+2

El viaje a Jamaica

Quienes siguen asiduamente este Diario ya saben a qué llamo yo Jamaica, a lo mismo que el bueno de Kavafis, y Llach tras sus huellas, llamaron Itaca. A un lugar idílico en el que situamos la paz, la solidaridad, el amor, la buena fe...

Nuestros sueños, en suma. El No-Aquí.

El otro día, en un momento de amargura, insistí en que mi Jamaica no existe.¡Vaya una noticia! Olvidé –no quise recordar– que ésa es precisamente su gran virtud. Si existiera, no podría ser perfecta.

Jamaica no es una isla de playas idílicas en las que tumbarnos para reposar de nuestras guerras. Jamaica es el santo y seña del combate. Jamaica es una bandera para los que no izamos ninguna bandera en particular, porque tenemos demasiadas.

En el poema de Kavafis, Itaca es lo de menos. Todas las Itacas realmente existentes –todas las Jamaicas realmente existentes– están condenadas a defraudarnos. Lo importante no es el destino. Lo realmente decisivo es el viaje.

El viaje es importante porque nos pone a prueba, porque nos desafía a no perder ni la determinación ni el rumbo, porque nos obliga a desoír los cantos de sirena, porque evita que vaguemos sin sentido por la vida.

Pero hay algo en el viaje que es todavía más decisivo: la expedición. La gente que nos acompaña en la travesía. Aquellos y aquellas que, animados por la misma voluntad y el mismo sueño, caminan junto a nosotros, dejándose la piel en el combate por lo imposible.

Estos días, que han sido un tanto amargos para mí, me lo han vuelto a demostrar. Ellas y ellos son lo mejor. Y cómo. Y cuánto.

Alguien ha podido entender que, cansado por la brega, me disponía a abandonar el barco, renunciando a la travesía.

Jamás. No concibo nada mejor que ser miembro de la tripulación de esta nave, que boga hacia Itaca y sueña con Jamaica.

Así que me dejo de tonterías, y a seguir remando. Contra la corriente, que es lo nuestro.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/14 06:00:00 GMT+2
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2001/07/13 06:00:00 GMT+2

Enseñar periodismo

Hablaba el pasado miércoles en Murcia con un profesor de Bachillerato que me contaba cómo utiliza él los periódicos en clase para mostrar a los alumnos las diferentes posibilidades de tratar una misma noticia.

No me reí, porque el hombre es una buena persona y obra de buena fe, pero tuve que explicarle que, por el sistema que él utiliza, no contribuye a la formación real de sus alumnos. Basándose -como lo hace- en los periódicos de mayor tirada, no enseña en absoluto a sus alumnas y alumnos las diferentes posibilidades que hay de abordar los hechos. Les enseña sólo una. Porque, en su esencia, en la situación actual, todos los grandes periódicos son el mismo periódico.

El proceso de elaboración de las noticias es muy complejo. Del mismo modo que hay un largo y complicado camino que conduce desde la extracción del petróleo del subsuelo hasta la manguera que dispensa gasolina en la estación de servicio, entre el hecho noticiable y la noticia publicada hay todo un mundo de mediaciones. El hecho es sólo la materia prima. A partir de él, empieza su manipulación. Los hechos van pasando por una larga serie de filtros: desde la ideología del periodista de base, que jerarquiza lo que a él le parece de interés y descarta lo que no, hasta los intereses empresariales de la dirección del propio medio informativo, que jamás renuncia a servirse de las noticias para barrer para casa.

Estábamos hablando en Murcia. Ilustré lo que intentaba explicarle poniendo como ejemplo el tratamiento informativo que está teniendo la gravísima epidemia de legionella que sufre la ciudad. Desde que se descubrió que una de las torres de refrigeración que han estado expandiendo la enfermedad pertenece a El Corte Inglés, los medios de comunicación se han pasado todos en masa al cuerpo diplomático. Nadie ha subrayado cuán inaudito es que un establecimiento de esas características no cuente con un sistema permanente de inspección de su sistema de aire acondicionado, ni se ha preguntado por las eventuales responsabilidades -incluso penales- que podrían derivarse de esa gravísima negligencia. Nadie se ha extrañado de que las autoridades -incluida esa ministra que dice que los españoles pueden estar tranquilos, porque ella vela por su salud- no hayan ordenado el inmediato cierre del centro comercial.

¿Por qué? Sencillo: porque El Corte Inglés es uno de los principales anunciantes de España. El más importante, mano a mano con los fabricantes de automóviles. El Corte Inglés no es un mierdoso fabricante de aceite de orujo de oliva al que quepa presentar como Satán redivivo. Es San Isidoro en persona, y merece reverencia. Ocupa un lugar de honor en las cuentas de resultados de todos los periódicos, de todas las radios comerciales y de todas las televisiones. Nadie quiere enfadarlo.

Pues así, todo. Todo.

Afrontar lo que aparece publicado en los periódicos sin tener en cuenta lo que se oculta en esa nutridísima trastienda es engañarse uno mismo y engañar a los demás.

Si lo sabré yo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de julio de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/07/13 06:00:00 GMT+2
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