2002/01/31 06:00:00 GMT+1
Unas treinta personas vieron cómo los vigilantes jurados del puerto de Barcelona apaleaban a Wilson Pacheco y lo tiraban al agua. Nadie hizo nada por salvarlo.
El Código Penal español (artículo 195, apartados 1 y 2) tipifica el delito de omisión del deber de socorro. No sé si la autoridad judicial encargada del caso se tomará el trabajo de estudiar si la pasividad de esas personas es deudora de castigo penal. Imagino que ellas -las que hayan sido identificadas- alegarán que el rescate de un hombre que se está ahogando comporta riesgos, y que la existencia de riesgo exime del deber de socorro, con lo cual el juez dejará correr el asunto (por más que todos sepamos que, si el salvamento se emprende entre varios y en aguas tan calmas como las de un puerto, el peligro es mínimo, por no decir nulo).
Sea como sea, y códigos al margen, el comportamiento que tuvieron esas personas me resulta repugnante.
Pero no extraño. Vivimos en una sociedad en la que el ejercicio de la solidaridad ha perdido casi por completo su carácter directo. La mayor parte de la gente solidaria lo es por delegación: entrega comida, ropa o dinero a terceros, para que ellos se encarguen de hacérselo llegar a los necesitados, pero no mueve ni un dedo ante la desgracia que sucede delante de sus narices. La ve y no hace nada. O vuelve la cabeza para no verla. Teme verse metida en complicaciones. A veces con razón: en cierta ocasión en la que intervine para reconvenir a los miembros de una patrulla policial que estaban maltratando a unos chavales, los chavales pudieron irse tranquilamente, pero yo me pasé cuatro horas en dependencias policiales y acabé en un juicio de faltas, acusado de haber llamado «fascistas» a los policías (lo cual, dicho sea de paso, era rigurosamente cierto).
La hipocresía de nuestro sistema oficial de valores es flagrante. De un lado, se educa a la ciudadanía en el individualismo más exacerbado, en eso de que «la caridad bien entendida empieza por uno mismo», en el «ande yo caliente y ríase la gente», en el «a mí déjame de líos». Con lo cual, cabe vez que se topa con un conflicto que no le concierne directamente -un accidente, una agresión, alguien que sufre un infarto en plena calle-, pone tierra de por medio. Pero, por otro lado -y a la vez-, se sueltan rollos abstractos sobre el deber de socorro, y hasta se incluye como obligación imperativa en el Código Penal.
Basura.
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P.D. Misterio. El martes, los medios de comunicación relegaron a quinta fila el asesinato de Wilson Pacheco (dejé aquí constancia de ello, como puede verse en el apunte titulado Paqui y Wilson). Ayer, sin embargo, decidieron ponerlo en primer plano, pese a que no surgieron novedades en el caso que justificaran tan brusco cambio en la jerarquización de la noticia. ¿Alguien sabe qué pudo motivar esa súbita revaloración del suceso? Yo no, aunque me lo barrunto. Pero, como sólo es una hipótesis, me callo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (31 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/31 06:00:00 GMT+1
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2002/01/30 06:00:00 GMT+1
Emilio Guevara es expulsado del PNV y las campanas de los medios de comunicación con sede en Madrid tocan a rebato. ¡Hala, todos a hacer cola para entrevistarlo! El telediario de las 15:00 de TVE le dedicó... ¡cinco minutos! Apuesto lo que sea a que el día en que el bueno de don Emilio fallezca -quiera el destino que eso tarde mucho en suceder- no le concederán ni medio minuto.
Televisiones, radios, periódicos... Todos al alimón: ¡Viva Guevara!
Nótese que ninguno de estos guevaristas de ocasión se ha tomado el trabajo de reproducir el artículo de Prensa que ha motivado la sanción disciplinaria. Porque en ese artículo Guevara no se limitaba a mostrar sus discrepancias con la línea oficial del PNV, sino que llamaba abiertamente a la base militante a rebelarse contra la dirección del partido. Que me digan de un partido cuyos estatutos autoricen a montar rebeliones contra la línea decidida por la mayoría. O a tratar de montarlas, más bien, porque nadie en el PNV hizo caso del llamamiento del señor Guevara.
Me hacía gracia ayer cuando escuchaba, por ejemplo, a Iñaki Gabilondo decir que el PNV ha aplicado en este caso una «disciplina militar, más militar que la de los propios ejércitos». Lo decía desde los micrófonos de una radio propiedad del grupo Prisa, cuya dirección ha llegado a poner de patitas en la calle a un redactor de gastronomía que se permitió hablar mal de la comida expendida en un restaurante propiedad de un amigo de don Jesús Polanco. ¿Querrá Gabilondo que hablemos de la disciplina laboral de Prisa y la comparemos con la disciplina militante del PNV? Lo digo de Prisa, pero podría aplicárselo por igual a cualquiera de las empresas propietarias de los medios que tanto se han escandalizado por la expulsión del PNV de Emilio Guevara. Venga, hombre.
¿Ha hecho bien el PNV aplicando esta sanción disciplinaria? Supongo que no. Guevara no pasaba de ser una anécdota política. Hubieran podido mantenerlo en sus filas, así fuera como mera curiosidad, así fuera para evitarse este tragicómico despliegue mediático. Para mí que a Arzalluz le ha perdido, una vez más, la soberbia. Porque, aunque ya sé que la sanción no la ha decidido él -el PNV tiene para esas cosas un comité disciplinario, independiente de la dirección del partido-, dudo de que hubieran expulsado a Guevara si el EBB hubiera opinado que no valía la pena. La propia evidencia de que Guevara estaba buscando la expulsión para hacerse notar debería haber sido ya suficiente motivo para no acordarla.
Otro punto gracioso: todo esto sucedía el mismo día en el que la comisión de Derechos y Garantías del PP gallego decidía abrir un expediente disciplinario a Elena Ramallo, concejala del Ayuntamiento de Sada (A Coruña), acusándola de haber divulgado documentos sobre varias cuentas de gastos de Ramón Rodríguez Ares, senador del PP y alcalde del municipio, pagadas con cargo a las arcas municipales. La corporación municipal abonó el combustible y los desplazamientos por autopista de un automóvil que utiliza habitualmente una hija del alcalde. El senador también cobró del Ayuntamiento los gastos de un viaje a Nueva York y la estancia en el hotel Hilton de él y otra persona no identificada, viaje cuyo motivo Rodríguez Ares dice no recordar. El PP gallego ha considerado que las manifestaciones de Elena Ramallo sobre la gestión del alcalde constituyen una falta muy grave y, en tanto no se resuelve el expediente, ha pedido a los órganos nacionales del partido que sea suspendida de militancia.
Ahí no hay «inquisición», ni «caza de brujas», ni «estalinismo». Ahí, en realidad, ni siquiera hay noticia: muchos medios han prescindido del hecho, y otros le han dado un tratamiento minúsculo. Tal vez para no quitarle espacio a Guevara.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (30 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/30 06:00:00 GMT+1
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2002/01/29 06:00:00 GMT+1
En la madrugada del pasado domingo, un grupo de vigilantes jurados propinó una terrible paliza a un joven ecuatoriano, Wilson Pacheco, en la zona de discotecas del puerto de Barcelona. Primero lo persiguieron a la carrera hasta darle caza, luego lo golpearon hasta el hartazgo y, finalmente, uno de ellos lo tiró al agua. Según la declaración de un testigo, el que lo arrojó al mar dijo: «Si esta rata sabía correr, sabrá nadar».
Pocas horas después, los bomberos rescataron el cadáver del muchacho del fondo del puerto.
Les ruego que comparen ustedes el tratamiento que ha tenido esta noticia en los medios informativos españoles con el que mereció la pasada semana la muerte violenta de dos niños murcianos, al parecer provocada por su madre, a la que ya todo el mundo conoce por Paqui. Aquel suceso provocó un despliegue mediático de primera magnitud y dio para tema de apertura de telediarios y boletines informativos durante días y más días.
Por más que he examinado las circunstancias de la historia de Paqui y sus dos hijos, no he conseguido encontrar por ningún lado su extraordinario interés social. Se trata, sin duda, de un suceso terrible. Pero de un suceso, a fin de cuentas. ¿De qué nos ilustra? ¿De que los tópicos sobre el «amor de madre» no son de obligado cumplimiento? ¿De que la mezcla de alcohol y cocaína es explosiva? ¿De que a alguna gente puede írsele la olla muchísimo? No es gran cosa, si bien se mira.
La historia del puerto de Barcelona tiene, en cambio, verdadera trascendencia colectiva. Evidencia, en primer y principal lugar, que el racismo va creciendo en el cuerpo de nuestra sociedad como un cáncer incontenible. También da cuenta de que hay servicios de teórica seguridad que se componen de matones fascistas. Y de que hay empresas que los contratan no se llamen ustedes a engaño precisamente porque son matones fascistas, para que se comporten como tales y mantengan al ganado a raya.
Sin embargo, esa tragedia ha sido tratada con llamativa circunspección por los medios informativos. Algunos la han retirado de sus portadas en el breve plazo de 24 horas. (*)
Se preguntarán ustedes por qué. Yo se lo digo: porque es una noticia incómoda, que no implica sólo a sus autores. Que nos concierne a todos. Que nos acusa, no por soterrada menos directamente.
En el show mediático de nuestro tiempo, los sucesos son tratados como noticias trascendentales, y las noticias trascendentales, como sucesos. Es un modo de ayudar a la mayoría a no ver lo que no quiere ver.
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(*) El noticiario de las 14:30 de la Ser, que dura media hora, ha abordado hoy el asunto... en el minuto 25. Casi al cierre. Lo mismo ha hecho el telediario de las 15:00 de TVE, que le ha dedicado minuto y medio a las 15:25. La noticia no figura en la portada de El Mundo de hoy, que la relega a una triste columna en la página 22. (No he visto las ediciones en papel de otros periódicos).
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de enero de 2002) y El Mundo (30 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/29 06:00:00 GMT+1
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2002/01/28 06:00:00 GMT+1
Aznar dejó ayer grabado parla posteridad -o para «la posterioridad», como decía una amiga mía- su testamento político.
No creo que ninguno de los puntos que lo componen haya causado sorpresa a nadie. Recogen el conjunto de sus bien conocidas obsesiones: que CiU se convierta al nacionalismo español a cambio de un par de carteras ministeriales, que el PNV se rinda y firme el Pacto Antiterrorista ( o sea, que el PNV firme un pacto contra el PNV)...
Si acaso, puede que alguien se haya quedado sorprendido ante el interés que ha mostrado por aumentar las competencias y atribuciones de los Ayuntamientos. «La segunda descentralización», lo llama.
¿A qué viene ese súbito furor municipalista?
La idea no es nueva. Ya hace meses que la viene promocionando.
A primera vista, la cosa parece atractiva: cuanto más cerca de la ciudadanía estén los centros de poder, mejor.
Pero el plan tiene truco. Para calarlo, hace falta mirar en detalle las nuevas competencias que él quisiera que asumieran las corporaciones municipales: casi todas están actualmente en manos de las administraciones autónomas.
No se trata tanto de aumentar la capacidad de gestión de las alcaldías como de reducir la de los gobiernos autónomos.
Se trata, en suma, de otro modo de lanzarse al asalto del Estado de las Autonomías. Esta vez, fabricando una pinza (gobierno central / gobiernos municipales) que acogote el poder de aquellas comunidades autónomas que han reivindicado -y obtenido- un mayor nivel de descentralización real. Dado que el poder municipal es, por el género de su actividad esencial, bastante técnico -menos politizado-, el resultado de la jugada conduciría a que el centro de gravedad de la actividad política fuese regresando poco a poco hacia la capital de España.
So capa de municipalismo, lo que Aznar pretende es poner en marcha una nueva ofensiva centralista.
Dudo que pueda conducirla al éxito. Porque ahí no sólo se topará con la resistencia de los nacionalistas, sino también con la de las comunidades regidas por el PSOE y, muy probablemente, también con la de algunas de las que tiene en sus manos el propio PP. Porque Fraga y Zaplana -por poner dos ejemplos- serán todo lo españolistas que haga falta, pero les gusta el poder como al que más.
Pero Aznar no puede dejar de intentarlo. Está en su naturaleza.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/28 06:00:00 GMT+1
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2002/01/27 06:00:00 GMT+1
Que una mujer pierda la chaveta y mate a dos de sus hijos con el cable de un cargador de teléfono es un suceso realmente deplorable, sin duda. Pero un suceso, sin más. No tiene ni un ápice de revelador de nada, como no sea del cuelgue que puede pillar alguna gente con la ayuda de la coca y el brandy cuando ya anda de por sí bastante colgada.
Pese a lo cual, televisiones, radios y periódicos -algunos supuestamente muy serios- nos han castigado con esa historia tratándola como noticia principal durante días y más días. Argentina seguía desangrándose, Palestina seguía desangrándose... y ellos, Paqui que Paqui, erre que erre, minutos y más minutos.
Es una de las claves de la utilización de los medios de comunicación de masas para intoxicar las conciencias: tratan las noticias importantes como meros sucesos y los meros sucesos como noticias importantes. De ese modo, la ciudadanía no puede jerarquizar lo que sucede.
De ese modo, la ciudadanía no puede saber lo que sucede.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/27 06:00:00 GMT+1
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2002/01/26 06:00:00 GMT+1
"Presidente: sé que no soportas la adulación, así que sólo te diré una cosa: ¡todo el PP de España está contigo! ¡Todo!".
Durante mucho tiempo di por hecho que Javier Arenas era estrábico: le enfocaba la cámara y su vista se perdía por cualquier lateral. Hasta que un día, por culpa de mi profesión, acabaron presentándomelo. Comprobé que no es que bizquee, sino que cuenta con serias dificultades para mirar de frente a sus interlocutores. Tiene la mirada huidiza que exhibían los bellacos de las viejas películas mudas. Lo siento por él: eso le quita muchas posibilidades como estafador político. Lo peor que le puede ocurrir a un estafador es tener cara de estafador.
Bueno, pues ésta es la imagen de la sesión de ayer del magno Congreso del Partido Popular que me ha parecido de mayor interés: la de un Arenas de visión excursionista soltándole a Aznar su versión españolizada del "Totus tuus". ¡Mira que no mirar a Don "Mirusté"!
¿Para qué se montan un Congreso, si no tienen nada que debatir, si todo está acordado, si están encantados de haberse conocido y les basta con aprobar una ponencia de artículo único: "Lo que tú digas, Josemari"? Supongo que para salir todavía más en la tele.
El PSOE, en tiempos, cuando estaba en el Gobierno y lo copaba todo, también se fabricaba Congresos así.
Entonces el PP penaba en las tinieblas de la oposición y era víctima de toda suerte de divisiones internas, como ahora los otros.
No hay nada peor para un partido que tan sólo ambiciona ocupar el poder que quedarse sin él. Y nada que más lo una como un solo hombre -porque de eso se trata: de que un solo hombre lo mande- que tener bien cogida la sartén por el mango.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/26 06:00:00 GMT+1
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2002/01/25 06:00:00 GMT+1
El ministro del Interior está muy preocupado por las manifestaciones que van a organizar en España durante este semestre los «grupos radicales antisistema» (así los llama él). Se plantea incluso la posibilidad de suspender provisionalmente el derecho a la libre circulación de las personas para evitar que haya «militantes antisistema» de otros países que acudan a sumarse a esas manifestaciones.
El ministro parte de un grave error de principios, lo que puede llevarle -y mucho me temo que le lleve- a la comisión de graves errores políticos.
El señor Rajoy habla de este asunto dando por hecho que su Ministerio debe oponerse a los «radicales antisistema». Parece no asumir que, en un régimen de libertades, los ciudadanos tienen tanto derecho a ser «radicales antisistema» como tomistas, jansenistas o partidarios de don Josemaría Escrivá de Balaguer. Ignoro si será consciente de ello, pero está criminalizando posiciones ideológicas. Lo cual, en un Estado de Derecho, es intolerable. Y más en boca de un alto responsable político.
Los grupos a los que don Mariano Rajoy llama «radicales antisistema», sin más justificación para ello que su real gana, son, de hecho, individuos y organizaciones que se oponen a la globalización neoliberal en marcha y quieren mostrar en público esa oposición. Algo a lo que tienen perfecto derecho. Un derecho que el Ministerio del Interior de un Estado democrático no sólo no puede limitar, sino que está obligado a garantizar.
¿Teme el señor ministro que entre los manifestantes contra la globalización puedan infiltrarse indeseables que provoquen disturbios violentos? Le aseguro que los promotores de la protesta también sienten ese temor. Temen incluso que una parte sustancial de esos elementos indeseables acuda a las manifestaciones de la mano de la Policía, como ocurrió hace unos meses en Barcelona.na.
Si lo que quiere el ministro es evitar que se produzcan batallas campales como las de Génova, lo que debería hacer es ponerse en contacto con las asociaciones que organizan la protesta para estudiar con ellas cómo conseguir que todo se desarrolle pacíficamente. A cambio, se dedica a insultarlas y a presumir de lo mucho que se está entrenando la Policía para darles caña. Exactamente como hizo el ministro del Interior italiano en su día, con los resultados conocidos.
Yo no sé si soy «radical antisistema», porque ignoro qué diablos puede ser eso, pero sé que estoy en contra de la globalización neoliberal. Así que, si puedo, me acercaré a alguna de esas manifestaciones. Espero que la Policía del señor Rajoy esté allí para proteger mi derecho a la libre manifestación y no para provocarme.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de enero de 2002) y El Mundo (26 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/25 06:00:00 GMT+1
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2002/01/24 06:00:00 GMT+1
El Congreso del PP, que se reunirá este fin de semana, va a aprobar una ponencia, presentada por Piqué y Sangil, en la que se defiende el «patriotismo constitucional».
Los dirigentes del PSOE, que también han organizado unas Jornadas para hablar del «patriotismo constitucional», están enfadados, porque dicen ellos lo vieron primero y que el PP les ha robado la idea.
Tengo entendido que el término lo han tomado ambos prestado de Jürgen Habermas. No sé con qué intenciones pudo recurrir el autor de La legitimación del materialismo histórico a esa idea, pero doy por hecho que difícilmente pudieron tener algo que ver con las que animan a los dos principales representantes políticos del nacionalismo español. En el caso de éstos, se trata de un intento -bastante burdo, por cierto- de legitimar el mismo nacionalismo español de siempre apelando no sólo a Don Pelayo, los Reyes Católicos y la Guerra de la Independencia, sino también a las adquisiciones del tramo de la Historia que se inició tras la muerte de Franco. No hay un verdadero intento de refundar «la idea de España». Tratan tan sólo de vestir con nuevas galas la preexistente.
El Estado español no necesita un remozamiento de su nacionalismo tradicional, sino la crítica radical e implacable de la mitología en la que se han basado todos los intentos impositivos de la derecha centralista española desde tiempo inmemorial. No se trata de añadir nada, sino de cambiar. Y a eso no están dispuestos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/24 06:00:00 GMT+1
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2002/01/23 07:00:00 GMT+1
Dejo los sentimientos para la vida privada. Tratándose de política, prefiero darles una vuelta de tuerca: me van más los resentimientos. Pero en caliente. Cuando sirven para algo.
Si uno alienta muchos resentimientos, está obligado a ir dando salida a los caducos. Para que los nuevos encuentren dónde cobijarse.Un tanto al modo en que Brassens decía ante el panteón familiar: «¡Dejen sitio a los jóvenes!».
Ignoro si será verdad eso de que cada cual se mide por la categoría de sus enemigos, pero el hecho es que el gang que fue ayer sentenciado en la Audiencia Provincial de Madrid unos para bien, otros para mal no me produce ya emoción alguna. El gallito Barrionuevo, el torvo Vera, el... en fin, ése al que llaman Corcuera... ¿A quién importan, una vez excluidas las esposas recelosas, los suegros con derecho a titularidad de fincas varias, los compañeros de parranda y otros deudos? Si su propio partido ha decidido que ya no les valen ni para una mala excursión a Guadalajara, ¿qué puede tocarnos decir los demás? Pues que vayan con Dios.
Es lugar común afirmar que la justicia lenta no es justicia. Prefiero no imaginar qué convendrá decir cuando, además de lenta, es mala.
No pretendo que la Audiencia Provincial madrileña haya dictado a sabiendas una sentencia injusta. Ya hay demasiadas acusaciones de prevaricación sueltas. Estoy dispuesto a admitir incluso que, con los datos que salieron a la luz en la vista oral -que son los únicos que podía y debía tener en cuenta el tribunal-, sea verosímil que no hubiera pruebas consistentes en las que basar la condena de Barrionuevo y Corcuera. No lo sé. In dubio, pro reo (y ahora me refiero a los miembros del tribunal).
Siempre he considerado que, en caso de duda, vale más liberar a un probable culpable que condenar a un posible inocente.
Lo que trato de decir, sencillamente, es que ya, a estas alturas, me da igual. Todo. Las absoluciones. Las condenas. Ellos.
No son nada. No pintan nada. ¿Quién podría proponerse recuperar a Barrionuevo y a Corcuera? Y, sobre todo, ¿para qué habría que recuperarlos? Son meras excrecencias del felipismo.
Admito, eso sí, que me produce una vaga satisfacción que ese prodigio de doblez que es Rafael Vera (¿sabrán quienes han sido sus compañeros de banquillo qué determinante papel jugó en el inicio de toda esta historia?) se haya quedado con el palmo de narices que se merece.
Pero, bueno, agua pasada no mueve molino. Ahora son otros los que reparten el pan. Ocupémonos de ellos.
Javier Ortiz. El Mundo (23 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de marzo de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/23 07:00:00 GMT+1
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2002/01/23 06:00:00 GMT+1
Dejo los sentimientos para la vida privada. Tratándose de política, prefiero darles una vuelta de tuerca: me van más los resentimientos.
Pero en caliente. Cuando sirven para algo.
Si uno alienta muchos resentimientos, está obligado a ir dando salida a los caducos. Para que los nuevos encuentren dónde cobijarse. Un tanto al modo en que Brassens decía ante el panteón familiar: «¡Dejen sitio a los jóvenes!».
Ignoro si será verdad eso de que cada cual se mide por la categoría de sus enemigos, pero el hecho es que el gang que fue ayer sentenciado en la Audiencia Provincial de Madrid -unos para bien, otros para mal- no me produce ya emoción alguna. El gallito Barrionuevo, el torvo Vera, el... en fin, ése al que llaman Corcuera... ¿A quién importan, una vez excluidas las esposas recelosas, los suegros con derecho a titularidad de fincas varias, los compañeros de parranda y otros deudos? Si su propio partido ha decidido que ya no les valen ni para una mala excursión a Guadalajara, ¿qué puede tocarnos decir los demás? Pues que vayan con Dios.
Es lugar común afirmar que la justicia lenta no es justicia. Prefiero no imaginar qué convendrá decir cuando, además de lenta, es mala.
No pretendo que la Audiencia Provincial madrileña haya dictado a sabiendas una sentencia injusta. Ya hay demasiadas acusaciones de prevaricación sueltas. Estoy dispuesto a admitir incluso que, con los datos que salieron a la luz en el juicio oral -que son los únicos que podía y debía tener en cuenta el tribunal-, sea verosímil que no hubiera pruebas consistentes en las que basar la condena de Barrionuevo y Corcuera. No lo sé. In dubio, pro reo (y ahora me refiero a los miembros del tribunal).
Siempre he considerado que, en caso de duda, vale más liberar a un probable culpable que condenar a un posible inocente.
Lo que trato de decir, sencillamente, es que ya, a estas alturas, me da igual. Todo. Las absoluciones. Las condenas. Ellos.
No son nada. No pintan nada. ¿Quién podría proponerse recuperar a Barrionuevo y a Corcuera? Y, sobre todo, ¿para qué habría que recuperarlos? Son meras excrecencias del felipismo.
Admito, eso sí, que me produce una vaga satisfacción que ese prodigio de doblez que es Rafael Vera (¿sabrán quienes han sido sus compañeros de banquillo qué determinante papel jugó en el inicio de toda esta historia?) se haya quedado con el palmo de narices que se merece.
Pero, bueno, agua pasada no mueve molino. Ahora son otros los que reparten el pan. Ocupémonos de ellos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de enero de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de febrero de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/01/23 06:00:00 GMT+1
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