¿Juegos Olímpicos? No. Se trata de la presentación de la candidatura donostiarra a eso que llaman Capital Europea de la Cultura. En el 2016, habrá dos ciudades, una polaca y otra española (o del Estado español, si os place), que tendrán tal título. El acto tuvo lugar ayer viernes en el Teatro Victoria Eugenia.
En los dos periódicos guipuzcoanos hay sendas crónicas del evento: una firmada por Mitxel Ezquiaga; la otra escrita por Itxaso Millán.
En ambas leeréis que, tras conocer que fueron los Chillida quienes han hecho el logo de la candidatura Donostia 2016 o San Sebastián 2016, Odón Elorza tomó la palabra, que cantó el Orfeón Donostiarra, que Luisa Etxenike leyó un texto propio en castellano y Harkaitz Cano otro suyo en euskara, que el diputado general Markel Olano también intervino más tarde y que la productora Morgan Creativos se ha encargado del vídeo de la campaña. Etcétera.
Yo, en cambio, os dejaré con el texto que leyó Harkaitz Cano. Me gustó mucho. Se lo he pedido y lo pongo aquí traducido del euskara. Los derechos de autor del original son suyos. Mi traducción es Creative Commons.
El teatro de la cabeza
Me gusta la idea del teatro. Puede que, en ocasiones, no nos guste la obra que estamos viendo, que los actores y actrices no sean muy buenos o que pensemos que la obra es mediocre. Entonces nos distraemos, comenzamos a susurrar al oído de nuestro acompañante o damos golpecitos a nuestros dormidos pies. Sentados en nuestra butaca del teatro, suele ocurrir que alguien cercano se queda profundamente dormido, roncando, o que nos molesta su codo apoyado en el brazo de la silla. El teatro es una muestra del mundo. Los teatros se parecen a los cráneos: tienen dos hemisferios, uno que corresponde al público, otro que es el escenario. Si uno no alimenta al otro, sin embargo, no hay teatro, ni cabeza, ni nada. Las medidas de ambos hemisferios también han variado con el tiempo: el escenario y el patio de butacas ya no se diferencian tan fácilmente hoy en día, no sabemos cuál de ellos es más grande y más activo. ¿Acaso todos nos hemos convertido en actores?
Nuestra cabeza es también un teatro oscuro, una cueva. No somos sólo uno ahí dentro, sino mucha gente. Mientras unos sienten, otros piensan, y viceversa. Ahí está el coro de los recuerdos. Todos tenemos un apuntador en nuestra cabeza, para cuando se nos olvida el texto, todos tenemos un censor, un saboteador o un grupo de tramoyistas que controlan las cuerdas de los telones o de los velos, decidiendo cuándo aparecer y cuándo esconderse; aunque a veces también nos sucede que se levanta el telón de repente y aparecemos sorpresivamente desnudos ante el público… Somos muchos dentro de una sola cabeza y es bueno saber de los demás. De lo contrario, el teatro vacío se convierte en un cráneo muerto: "¿Ser o no ser?"; "No ser".
Se habla mucho de progreso y de mirar hacia delante, pero poco de las ventajas que comporta hacerse a un lado. Y la función de la cultura, quizás, esté en los costados y no delante: no estaría mal que, de vez en cuando, como el caballo en el ajedrez, se tenga la posibilidad de moverse al mismo tiempo para delante y para un costado. Y, a veces, más que hacia delante, hacia un lado, esquina o margen (pero no hacia el rincón). La cultura debería darnos la capacidad que posee el caballo en el ajedrez.
¿Pero qué es esa cultura con la que se nos llena la boca muchas veces? ¿La capacidad de ver más claro el caos? ¿Solamente placer, algo que nos facilita el camino hacia el placer o que da placer? ¿Una forma de decodificar el código de nuestro destino? ¿Creencias estéticas? Puede que tuviera razón Roberto Bolaño y que la cultura no sea más que un flotador. Que no es poco.
Nuestro ADN tiene entre 30.000 y 50.000 genes. Teniendo en cuenta que cada gen es una unidad informativa en sí misma, no nos debería extrañar que esa cantidad –más o menos- fuera parecida al número de palabras de nuestro idioma. Que fuera similar a la cantidad de palabras que tenemos en nuestra cabeza. El exterior está dentro y el interior fuera. La cultura somos nosotros, aunque a veces no nos enteremos: comprar el pan e intercambiar discos, tocar el piano y pelearnos por pagar la cerveza del amigo, hablar por teléfono sobre la literatura que se hacía cuando no había teléfono, decirse en serio o en broma frases oídas a los protagonistas de las películas; y, sobre todo, tras salir deprisa del teatro, regresar con la excusa de que nos hemos dejado olvidada la gabardina en la butaca, volver tocándose y tropezándose con la gente, tropezándose y tocándose para escuchar lo que dicen los demás, moviéndose entre las butacas como el salmón que va contracorriente o, mejor, moviéndose hacia delante y hacia los lados como el caballo del ajedrez, en nuestra cabeza, en el teatro de todos, en nuestra ciudad.
Comentarios
Hemos leído en el contestario blog navarro Langostinos y lentejas, que Pamplona también se presenta al certamen. El anónimo alimentador del blog cita un viaje de la alcaldesa a una localidad polaca para hermanarse y montar (he creído entender) una candidatura conjunta (Polonia es el otro Estado europeo que tendrá una ciudad capital europea de la cultura en el 2016).
De todas formas, andan más lentos que Donostia, porque todavía no parecen tener ni una mísera web que echarse al coleto. El blogger, más rápido, ya tiene logo y lema: Pamplina 2016.
Remitente: iturri.2008/06/02 21:49:56.515 GMT+2
Remitente: iturri.2008/06/15 15:30:10.877 GMT+2