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1998/01/03 07:00:00 GMT+1

Urnas no

No combatí contra el franquismo para que hubiera democracia, sino para conseguir que existiera libertad. O mejor: libertades. Las libertades son concretas: te dan derecho a expresar tu opinión sin que nadie te coarte, te permiten desplazarte a tu gusto, te autorizan a manifestarte -por más que caminar detrás de una pancarta pegando voces nunca me haya entusiasmado-, te liberan de la obligación de adorar a un dios predeterminado por la autoridad...

Lo de la democracia es mucho más etéreo. En realidad, la democracia no existe. En primer lugar, por definición: en ningún sitio manda verdaderamente el pueblo. Y luego, porque no hay una sola: las hay que otorgan poderes extraordinarios a un presidente y otras que concentran el mayor poder en un parlamento; hay sistemas mayoritarios y sistemas relativamente proporcionales... De modo que, si uno se pone a luchar para que haya democracia, así, en general, no está nada claro en favor de qué está luchando. Lo mismo le encasquetan luego un sistema electoral que no le gusta ni papa.

De hecho, es algo que ocurre con enojosa frecuencia. Sin ir más lejos, a mí no me gusta nada el sistema electoral español, por más que los conozca peores. Está pensado para excluir a las minorías, y, si eso resulta imposible, para rebajar al máximo sus posibilidades de pintar algo. Lo cual, para alguien como yo, adicto a las minorías de modo casi patológico -o patológico del todo-, es un perfecto incordio. Al final, se convierte en un modo de que elijas entre dos grandes partidos que se parecen entre sí como la berza y la acelga: poco, desde el punto de vista morfológico, pero muchísimo, si uno detesta la verdura.

Se entenderá, vistas las cosas así, que no me entusiasme nada que se esté hablando otra vez de elecciones. De haberlas, la cosa sólo podría desembocar en que volviera a vencer el PP, partido que no me despierta ninguna simpatía -sentimiento que es al parecer mutuo, cosa que entiendo, e incluso agradezco-, o que regresara el PSOE, que para qué te cuento. Y eso después de haber tenido que aguantar un par de meses obligado a presenciar -¡e incluso a comentar!- los apasionantes debates entre ese monstruo del salero que es Joaquín Almunia y ese nuevo fénix de los ingenios que es José María Aznar.

Lo peor de todo es que la posibilidad es real. Porque, allá por junio, Aznar puede encontrarse: a) con que ha logrado meternos en eso del euro, que tantos entusiasmos causa, por razones que se me escapan; b) con que el PSOE, recién salido del macrojuicio de los GAL, está tocado del ala, y es menos enemigo que nunca; y c) con que Pujol se le ha puesto inaguantable, por razones de imagen electoral catalana. Tres circunstancias que podrían llevarle a tomar la fatal resolución de convocar elecciones generales.

Sólo me queda confiar en que Aznar se acuerde de Chirac, que llamó a las urnas cuando tenía todo aparentemente a favor, y se dio una toña de aquí te espero.

Javier Ortiz. El Mundo (3 de enero de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de enero de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/01/03 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: elecciones el_mundo cataluña almunia 1998 chirac antología pp aznar psoe pujol franquismo francia españa | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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