2002/09/06 06:00:00 GMT+2
Dice el auto de Garzón que suspende la actividad de Batasuna: «El control ejercido por Herri Batasuna sobre Euskal Fondoa es la causa de que los fondos que gestiona esta asociación se pongan al servicio de proyectos mercantiles y/o de negocios de ETA».
Euskal Fondoa es una asociación que se encarga de los proyectos de cooperación de 70 municipios vascos. Su equipo directivo está presidido por Rosa María Ostogain, alcaldesa peneuvista de Berriz, y tiene como vicepresidenta a Ana Urchueguía, alcaldesa socialista de Lasarte. Cuenta además con un tesorero del PP.
Probablemente los lectores recuerden las recientes protestas de la señora Urchueguía, quejosa de que sus convecinos abertzales de Lasarte la acosan sin parar. Imagino que su presencia en la dirección de Euskal Fondoa les bastará para deducir que Garzón ha patinado. Urchueguía, muy enfadada, ha desafiado al juez a que señale un solo epígrafe proetarra en su contabilidad.
Garzón ha metido el cuezo, sin duda, pero no basta con constatarlo. Conviene preguntarse cómo puede ser que un juez tan importante meta en un auto de tanta relevancia una acusación tan rematada y ridículamente falsa.
La respuesta es sencilla: una cosa así puede suceder porque el mencionado juez es un frívolo. Ha recogido una imputación injuriosa que un grupo maccarthista formuló hace tiempo en Internet* y la ha dado por buena. Sin contrastarla. Con un par. Con ese mismo par que algunos periodistas tanto le celebran.
Los hay que se toman este patinazo a chirigota. A mí, maldita la gracia que me hace.
No me resulta nada chusco comprobar con qué desenfadada alegría alimenta Garzón el fuego de sus hogueras de inquisidor. Me podría haber parecido risible que, en su desmelenado afán por acusar más y más rápido que nadie, haya dado en tildar a doña Ana Urchueguía de agente de ETA. Pero se me hiela la sonrisa apenas esbozada cuando pienso que, de no haber contado con ella como vicepresidenta y con un miembro del PP como cajero, Euskal Fondoa podría estar ahora mismo pasando un trance de aúpa, con sus planes de cooperación en Nicaragua, El Salvador o el Sáhara Occidental frenados hasta nueva orden.
No, no tiene nada de divertido que haya un juez cuyas acusaciones, lanzadas a voleo sin rigor alguno, sean tratadas por los medios informativos como dogmas de fe y esgrimidas por el Gobierno cual pruebas incontestables. Aunque todo pichichi sepa -y proclame en privado- que al juez de marras no hay por dónde cogerlo, si se exceptúa el plumaje de pavo y la cartera.
No tiene la menor gracia. Al contrario: es como para echarse a temblar.
------------------
(*) Me refiero, en concreto, a la página web de un grupo denominado BAT, cuyo emblema -francamente risible- es éste:
Llamo la atención sobre la última línea del anuncio, invitando a los lectores a la denuncia, sin exigir la aportación de prueba alguna. Maccarthismo puro.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de septiembre de 2002) y El Mundo (7 de septiembre de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. La nota apareció en el Diario. Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/06 06:00:00 GMT+2
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2002/09/05 06:00:00 GMT+2
Estoy sin coche. Lo dejé el pasado lunes en la Renault de Tres Cantos para corregir la natural tendencia de su carrocería a competir con los guisantes de Mendel, cambiando de tanto en tanto lo liso por lo rugoso.
«Estará en tres días», me dijo el encargado del taller. «Bah, ningún problema: vendré a trabajar en autobús», pensé.
Santa inocencia. Esa misma tarde comprobé que el trayecto Tres Cantos-Madrid (o Madrid-Tres Cantos), que en coche se hace visto y no visto, en autobús dura sus buenos tres cuartos de hora. Y eso desde la Plaza de Castilla, que no está precisamente al lado de mi casa.
Tan traumática experiencia me llevó a optar el martes por hacer el recorrido en mi destartalada scooter, que coge con dificultad los 60 km./h. Probé a ver qué tal, y a fe que tuve tiempo de aburrirme montado sobre mi cafetera de dos ruedas, conduciendo por una autovía amplísima. Pero salí ganando.
Ayer repetí la aventura pero, como ya estaba entrenado y sabía lo que me esperaba, me lo tomé con más paciencia.
Aproveché el recorrido para entregarme a hondas meditaciones.
No me preguntéis cómo me las arreglé para acabar pensando en San Anselmo y su prueba ontológica de la existencia de Dios, pero el caso es que así fue.
Supongo que recordáis la argumentación que el monje de Aosta expuso en su obra Proslogion, allá por el siglo XII. Partía del entendido de que Dios es lo más grande que pueda pensarse. Este ser infinitamente grande -seguía razonando- no puede estar sólo en la inteligencia, es decir, no puede ser sólo concebido y pensado. Si así fuera, cabría pensar otro ser tan grande como él y, además, existente, esto es, mayor y más perfecto que él. Con lo que concluía: el ser más grande posible no puede estar sólo en el pensamiento, porque, en tal caso, al carecer de entidad objetiva, ya no sería el ser más grande posible.
Desde Tomás de Aquino a Kant, este trabaneuronas se ha llevado infinitos varapalos, pero hoy es el día en que aún no he escuchado a nadie que lo critique por un aspecto que a mí me parece clave. Me refiero a la cosa de la eternidad divina.
Según el razonamiento de Anselmo de Aosta, Dios debería ser obligatoriamente eterno, puesto que, de lo contrario, no sería lo más grande imaginable. Pero, ¿de dónde se sacaba el tipo -y por qué todo el mundo ha dado desde entonces por supuesto- que la calidad de eterno es una virtud? Bien podría decirse todo lo contrario. Para empezar, un ser que fuera eterno no estaría en condiciones de apreciar los muchísimos matices que vienen dados por el instinto de supervivencia. Tampoco podría saber en qué consiste el riesgo, ni el valor, ni el miedo. Donde no cabe la tristeza de la muerte no hay lugar para la alegría de la vida.
En esas condiciones, la prueba ontológica entra en un callejón sin salida: para que un ser atesorara la perfección, debería ser necesariamente eterno, pero un ser eterno estaría privado de los gozos asociados a la contingencia y, por lo tanto, distaría mucho de ser perfecto.
Enfilaba ya con mi motito por la desviación indicada con un letrero que reza «Tres Cantos Norte. Zona Industrial» cuando se me ocurrió un ítem añadible. Me di cuenta de que, además, un ser eterno no merecería la más mínima confianza: carecería de principios.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/05 06:00:00 GMT+2
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2002/09/04 06:00:00 GMT+2
Imagino que no habrá visitante habitual de este rincón de la Red que no conozca el diálogo del Juan de Mairena, de Antonio Machado. Lo repetiré, de todas maneras, que nunca se sabe.
«MAIRENA.- Alumno Martínez, salga a la pizarra. Escriba: "Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa".
»(Martínez lo escribe).
»MAIRENA.- De acuerdo. Ponga ahora eso mismo en lenguaje poético.
»MARTÍNEZ.- "Lo que pasa en la calle".
»MAIRENA.- ¡Muy bien!».
O algo así, que cito de memoria, y me vale a estos efectos.
De lo que trato de hablar es del valor de la síntesis. Y de su doble valor cuando, además, no se deja el rigor por el camino.
El otro día estaba enmimismado dando vueltas a un razonamiento. Tomaba detalladas notas. Mi amigo Gervasio Guzmán, que había venido a pasar el fin de semana con nosotros y andaba revoloteando por los andurriales, no pudo resistirse y acabó preguntándome sobre mis cavilaciones. Se las expuse.
-Y eso ¿para qué piensas usarlo? ¿Para un ensayo? -presupuso, más que preguntó.
-No -le respondí-. Para una columna.
Me miró con incredulidad.
-¿Pretendes meter todo eso en una columna?
-Andá, pues claro. Ahí está la gracia -le dije.
Bertolt Brecht colgó en su estudio un cartel-advertencia: «La verdad es concreta», rezaba. Leí sobre ello cuando tenía 19 o 20 años y recuerdo que pensé: «Es falso. Algunas verdades son complejas y no hay modo de reflejarlas sin recurrir a enunciados abstractos». Pero entendí -y sigo entendiendo- por qué el gran dramaturgo se impuso esa máxima. Era consciente de que casi siempre es posible sintetizar, concretar, dar una vuelta de tuerca más para simplificar cada frase.
¿Una novela reducida al tamaño de un cuento? Fantástico. ¿Un ensayo expuesto en el espacio de un artículo de fondo? Formidable. ¿Un artículo de fondo encajado en los límites de una columna? Perfecto, siempre que no sufran las ideas.
Quienes nos dedicamos a la reflexión crítica tenemos el deber de emplear nuestro tiempo para conseguir que los demás ahorren el suyo. No se trata de animar a pensar menos, sino todo lo contrario: debemos ayudar a que se piense mucho más -y mucho más a fondo-, pero con menos adorno inútil, con menos artificios, con los mínimos quebraderos de cabeza.
La experiencia me enseña que hay toneladas de galimatías presuntamente teóricos cuya sola función es ocultar la sencillísima opción que nos toca hacer en la vida: decidir de qué lado estamos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/04 06:00:00 GMT+2
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2002/09/03 06:00:00 GMT+2
Insiste el Gobierno en que su voluntad de ilegalizar Batasuna no tiene nada de especial: es así como se comportan -dice- «las democracias maduras». Y evoca experiencias que considera ejemplares: Alemania y Francia también han prohibido partidos extremistas en uno u otro momento, y con bastantes menos tiquismiquis.
Se equivoca.
La República Federal Alemana mantuvo durante la Guerra Fría leyes de excepción inaceptables, que avalaban incluso la discriminación laboral por razones ideológicas. Supongo que no pretenderá el PP servirse de esas leyes como modelo aquí y ahora.
El caso francés es también sui géneris, aunque por otra vía: su sistema concede al presidente tantas facilidades para poner fuera de la ley a los partidos que se le atragantan como a éstos para regresar a la legalidad al día siguiente inscribiéndose con otro nombre.
La verdad es que, diga lo que diga Aznar, su vía cerradamente prohibicionista suscita fuertes reticencias incluso entre sus socios y amigos de la UE. Ni un solo organismo comunitario ha emitido proclama alguna de apoyo a su tesis, según la cual «las democracias maduras» están obligadas a hacer lo que él está haciendo ahora. No apoyan ese dogma, y se entiende: si lo hicieran, estarían condenando la actitud del Reino Unido, que nunca, ni en los peores momentos, se planteó la ilegalización del Sinn Fein, cuya connivencia con el IRA ha sido siempre aún más clamorosa que la de Batasuna con ETA, entre otras cosas porque nunca se ha tomado el trabajo de negarla.
Alegan algunos que las realidades de Irlanda del Norte y Euskadi son muy diferentes. Por supuesto que lo son. Pero el hecho es que el Sinn Fein ha justificado siempre los atentados del IRA. Incluso los más sangrientos. Aún ahora, en medio de la tregua, sigue en las mismas: a lo más que ha llegado es a «lamentar» que las acciones de su brazo armado hayan provocado «víctimas civiles».
Peor todavía: a diferencia de lo que sucede con ETA, que hace lo que le viene en gana diga lo que diga Batasuna, todo el mundo sabe que el IRA está a las órdenes del Sinn Fein, lo que, obviamente, agrava la responsabilidad del partido político. Lo cual no ha animado jamás a los sucesivos ejecutivos británicos -incluido el de Margaret Thatcher- a ilegalizar el Sinn Fein. Cuando han comprobado la implicación de tal o cual militante o dirigente republicano en este o aquel acto terrorista, han ordenado su detención y lo han conducido ante la Justicia. Y a fe que se las ha hecho pasar canutas a muchos, recluyéndolos en cárceles infectas. Pero nunca ha pretendido poner fuera de la Ley al partido como tal.
¿Por qué? Supongo que para no privar a la población republicana norirlandesa de un importante cauce de representación. Y para conservar un interlocutor válido, llegado el caso (un caso que llegó, por cierto).
Pero se ve que ese tipo de consideraciones no interesan a los dirigentes de nuestra «democracia madura».
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de septiembre de 2002) y El Mundo (4 de septiembre de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/03 06:00:00 GMT+2
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2002/09/02 06:00:00 GMT+2
Convencional que soy, me escandalicé ayer cuando comprobé que los principales noticiarios abrían con la noticia del fichaje de Ronaldo por el Real Madrid. «¡Es el colmo!», exclamé para mí. Me indignaron tanto la deferencia como la diferencia: la deferencia informativa concedida a una contratación deportiva, en un día nada falto de noticias relevantes, y la diferencia de trato otorgada al Real Madrid, una vez más convertido en bien público de obligada pleitesía.
Pero, así que recuperé mi habitual ponderación –cosa de segundos–, me di cuenta de que carecía por completo de motivos de queja. Por fin, después de largas, onerosas e interminables semanas, pude ver y escuchar un buen rato de noticiario sin tener que soportar las aburridas y machaconas repeticiones gubernamentales a propósito –a despropósito– de la ilegalización de Batasuna.
En vez de Aznar, Ronaldo. En lugar de Rajoy, Valdano. A cambio de Arenas, Florentino Pérez.
No es que éstos de ahora sean estupendos, precisamente. Pero son otros.
No pido que cese el suplicio. Mi ambición es más modesta. Me doy por satisfecho con que cambien de instrumento de tortura cada tanto.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de septiembre de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/02 06:00:00 GMT+2
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2002/09/01 06:00:00 GMT+2
¿Cómo fue aquello de Churchill? «Blood, sweat and tears», ¿no? El Tercer Reich lanzaba ataques aéreos en tromba sobre Londres, la RAF no acertaba a detener la avalancha y era necesario que la población asumiera la realidad tal cual, en toda su crudeza.
Cuenta Aznar que le gusta «repasar (sic) la obra de Winston Churchill». Mucho me temo que este verano se haya pasado mucho con el repaso.
«Aún tendremos que hacer sacrificios», ha anunciado desde su Sanaí de Quintanilla, cual si España estuviera abocada a padecer alguna calamidad y a él no le cupiera sino preparar a la ciudadanía para sobrellevar la catástrofe.
Dejémonos de pamplinas. Él nunca dijo que su política para Euskadi consistiera en buscar el modo en que el terrorismo de ETA siguiera tal cual durante años y más años. Lo que aseguró sin ambigüedad ni reserva alguna es que ETA podía ser derrotada sirviéndose única y exclusivamente de métodos represivos, y que eso era exactamente lo que él iba a hacer durante su mandato. No lo ha conseguido ni de lejos y, en vez de asumir modestamente su derrota, admitiendo que teníamos razón los que predijimos que no lo lograría, discursea ahora con aire solemne acerca de lo mucho que habrá que aguantar aún en materia de bombas y de tiros.
«Con la ilegalización de Batasuna no ganaremos la guerra, pero sí una importante batalla», pronostica el vicepresidente Rajoy, que se desentiende de lo que pueda hacer ETA, asegurando que «si responde con atentados, se limitará a hacer lo que hace siempre».
Pero, ¿de qué va esta gente? ¿Qué clase de generales son éstos que reconocen estar librando guerras que no tienen ni idea de cómo ganar, en el supuesto de que pudieran ganarlas?
Por lo común, cuando las guerras se prolongan mucho, las ciudadanías no sueñan con la victoria de sus ejércitos en tal o cual batalla, sino con el cese definitivo de la guerra. Quieren vivir en paz. Pero Spain is different. Aquí la mayoría elige a un señor que promete acabar con la guerra, al cabo de unos años se le presenta y le dice que ni lo ha logrado ni sabe cómo hacerlo y ella, en lugar de mandarlo a freír espárragos y poner a otro con ideas más ajustadas a la realidad, lo aclama como gran estadista.
Entretanto, pone a parir a los únicos que lograron que hubiera una tregua prolongada.
Decía Hegel que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Podía haber afinado más la idea. No es que los tengan: es que se los buscan.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/01 06:00:00 GMT+2
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2002/08/31 06:00:00 GMT+2
La cuasi unanimidad con que la Prensa con sede en Madrid ha acogido las iniciativas tendentes a colocar a Batasuna fuera de la Ley ha provocado una situación curiosa: que los pocos que nos hemos declarado públicamente en contra nos veamos asediados por quienes necesitan -casi siempre por razones profesionales- explicar los fundamentos del rechazo. En los últimos días me ha tocado atender a un buen número de colegas de la Prensa extranjera que, así sea sólo para cumplir con los dictados de los Libros de Estilo de sus medios, deben dejar constancia no sólo de los argumentos prohibicionistas mayoritarios, sino también de los de la minoría contraria. Por la amplitud del trabajo que se tomó, y por lo pormenorizado de mis respuestas, reproduzco a continuación el contenido de la entrevista que me hizo anteayer el corresponsal del semanario francés L'Express.
PREGUNTA.- ¿Es legitimo prohibir un partido que representa al 10% del electorado en una democracia como la española, basada sobre la libre concurrencia de los partidos y sólo 25 años después del fin de la dictadura?
RESPUESTA.- En mi conocimiento, no existe ningún Estado cuya legislación no incluya la posibilidad de ilegalizar un partido político, si éste incurre en los supuestos prefijados por la Ley. El hecho de que ese partido represente a más o menos personas es relevante, sin duda, en el plano político, pero no en el legal. La Ley sanciona los comportamientos delictivos al margen de toda consideración de oportunidad o inoportunidad.
Pero la ilegalización de un partido (o la suspensión legal prolongada de todas sus actividades) ha de atenerse a requisitos muy estrictos que garanticen el rigor jurídico y excluyan toda arbitrariedad de naturaleza política, en la medida en que son medidas que afectan al ejercicio de un derecho fundamental de las personas. Ninguno de los dos procedimientos que se están siguiendo en España para ilegalizar Batasuna posee ese necesario rigor garantista. Ambos pretenden sancionar al partido político (o lo sancionan de hecho) en tanto que instrumento necesario para la comisión de actos ilícitos sin haber demostrado previamente en un procedimiento penal la culpabilidad de los integrantes de sus órganos rectores colegiados.
La posibilidad de que Batasuna sea un partido dedicado a actividades ilegales sin que los miembros de su Mesa Nacional hayan incurrido en delito alguno -puesto que ninguno ha sido procesado hasta ahora- es para mí un fascinante misterio metafísico, sólo comparable con el de la concepción de la Virgen María.
PREGUNTA.- Su oposición a la nueva ley ¿es de principio o sobre las circunstancias?
RESPUESTA.- Es de principio. Considero que esa Ley establece una vía de ilegalización de los partidos que deja un amplio margen a la arbitrariedad y que mezcla peligrosamente los campos de actuación del Poder Judicial y del Ejecutivo.
PREGUNTA.- El PP fue muy duro frente a los críticos de la nueva ley. ¿Significa que la democracia española es tan débil que no puede aceptar un debate abierto sobre una cuestión tan delicada?
RESPUESTA.- El régimen parlamentario está más que asentado en España. La falta de un debate serio y respetuoso sobre esta cuestión debe entenderse en el contexto de las nuevas tendencias autoritarias que tanto predicamento han conseguido en todo el mundo tras el 11 de Septiembre. Se toman medidas que restringen las libertades ciudadanas y confieren potestades abusivas a los poderes ejecutivos en nombre de la necesaria lucha contra el terrorismo y, a partir de eso, se tacha de cómplice del terrorismo a todo aquel que critica tales excesos. En nombre de la defensa de la libertad, se restringe la libertad. Es un fenómeno internacional.
PREGUNTA.- ¿Por qué las voces críticas son tan raras en España?
RESPUESTA.- Es una realidad compleja, que hunde sus raíces en el pacto de silencio que permitió la reforma política de 1976-1977, en virtud de la cual una dictadura se convirtió en democracia sin mediar ruptura. La clase política española considera que decir la verdad sobre los asuntos importantes, desde la Monarquía a las muchas otras herencias del franquismo, es de muy mal gusto, amén de tremendamente desestabilizador.
PREGUNTA.- Es Ud. crítico también con la vía penal utilizada por Garzón. ¿Por qué?
RESPUESTA.- Porque se ha servido de manera abusiva de un artículo del Código Penal que no fue previsto para situaciones como ésta. El resultado ha sido que un juez instructor ha suspendido por tres años los derechos y libertades de muchos ciudadanos que no sólo no están condenados por la Justicia, sino ni tan siquiera procesados. Es aberrante.
PREGUNTA.- ¿Por qué Aznar ha decidido actuar ahora?
RESPUESTA.- Supongo que porque se acerca el fin de su mandato, no ha conseguido ningún avance significativo en la pacificación de Euskadi y teme dejar esa herencia a su sucesor. Trata de dar la sensación de que tiene iniciativas concretas.
PREGUNTA.- ¿Qué consecuencias espera Ud. que tenga esto en el País Vasco?
RESPUESTA.- Dejar sin representación política legal a decenas de miles de personas será a buen seguro un factor de crispación muy importante. Otro más. Como ya he escrito, esa medida viene a ser como si a una olla a presión puesta al fuego se le obtura la válvula de seguridad.
PREGUNTA.- Pero la clausura de las sedes se ha hecho sin gran oposición...
RESPUESTA.- Batasuna no tenía la menor intención de plantear en ese terreno una batalla a vida o muerte. Ésta ha sido desde hace años y sigue siendo una pugna de desgaste. Lenta, pero agotadora.
PREGUNTA.- ¿Cómo puede solucionarse el problema vasco? ¿Esta Ley va a ser útil?
RESPUESTA.- No hay un solo «problema vasco». Conviene no identificar el terrorismo de ETA con las dificultades de encaje del País Vasco en el conjunto del Estado español. Este último problema existía ya mucho antes de que ETA naciera y seguirá existiendo, muy probablemente, después de que ETA desaparezca.
Dicho lo cual, no sé cómo podrán solucionarse esos problemas. Sé, a cambio, cómo no se solucionarán: por la vía que está siguiendo el Gobierno de Aznar con el apoyo del Partido Socialista.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (31 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/31 06:00:00 GMT+2
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2002/08/30 06:00:00 GMT+2
Todos los años por estas fechas, el presidente de Gobierno se persona en la pequeña población vallisoletana de Quintanilla de Onésimo para dar a conocer a la opinión pública, tras una cena con la militancia local del PP, las grandes líneas de su planteamiento ante el incipiente curso político. Allí estuvo el pasado miércoles, fiel a la cita, y allí dejó asentados los criterios esenciales con los que aborda el asunto estrella de la temporada: la ilegalización de Batasuna. Dijo que no espera milagros de la medida -pronosticó «sacrificios»-, pero aseguró que debe tomarse, porque es lo que cumple a una democracia «madura», «normal» y «sin complejos».
Huelga decir que José María Aznar es muy dueño de escoger el punto geográfico que mejor le parezca para iniciar su curso político. Pero habrá que admitir que el pueblo de su predilección no exhibe el nombre más adecuado para ilustrar la madurez y la normalidad de su vocación política, con o sin complejos.
Como se sabe -supongo-, Quintanilla de Onésimo no se llama así de toda la vida. Su nombre genuino es Quintanilla de Abajo. Los franquistas decidieron rebautizar el pueblo al término de la Guerra Civil para rendir tributo a uno de los suyos, Onésimo Redondo. Y ahí sigue el homenaje, clavado en la toponimia.
A aquellos que no tengan mayor noticia del tal Redondo, quizá les oriente saber que hasta sus propios camaradas falangistas preferían no pormenorizar ni sus andanzas ni su doctrina. Se trató de un personaje siniestro, que dedicó su turbulenta vida a denigrar las libertades políticas, a vilipendiar el sufragio universal, a alentar el antisemitismo, a preconizar el racismo y, muy en especial, a exaltar el uso de la violencia sectaria, que él mismo practicó. Defendió en sus escritos «las actuaciones guerreras, de violencia» para «sojuzgar a los traidores», alabando la utilización de «la estaca, el puñal y la pistola como instrumentos superiores de victoria». Decía que la violencia contra «judíos, masones y marxistas, que con tanta frecuencia son una sola cosa», es «lícita y santa», maldecía la existencia del «Parlamento de partidos», preconizaba la «supresión de la libertad francesa y masónica de hablar y escribir» y alentaba «la actividad antisemita» y el odio a los judíos, a los que consideraba «machados con la ley de la herencia» y culpables de financiar el comunismo (sic).Por resumir: era un nazi de tomo y lomo.
Aznar no es culpable de que Quintanilla de Abajo fuera rebautizada con el nombre de tan tétrico personaje. Pero, tras 13 años al frente del PP -sin contar con su previo liderazgo castellano-leonés-, no parece que sea la falta de tiempo lo que explique su apacible y recurrente coexistencia con el culto a un pistolero fascista.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (30 de agosto de 2002) y El Mundo (31 de agosto de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/30 06:00:00 GMT+2
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2002/08/29 06:00:00 GMT+2
Ayer fue un día propicio al hartazgo. Al político, claro -todo el tiempo colgado al teléfono a costa de Batasuna: Radio Euskadi, Radio Inter Economía, L'Express...-. Pero no sólo: propicio a un buen puñado de hartazgos diferentes.
Al hartazgo de servicios técnicos, por ejemplo. Por la mañana tuve en casa a dos mendas que se ensañaron con un aparato, calentador de agua y calefactor a la vez, que había decidido por su cuenta dejar de funcionar. Cuando se fueron, casi a la hora de comer, me dejaron el calentador en correcto funcionamiento (ideal para fregar la cocina, francamente sucia después de sus andanzas) y con la calefacción disponible (perfecta para calentar mi cartera, que quedó tiritando, tras pagar su factura).
Por la tarde fue el turno de Canal Satélite Digital. Aquí hay que hablar de sesión continua. Ya habían estado la víspera para reorientar la parabólica. Se ve que el satélite se ha movido, o yo qué sé. Habían prometido que vendrían a las diez de la mañana, pero aparecieron a la una de la tarde. Acabada la reorientación de marras, según resintonizaban el aparato, dijeron que el terminal estaba muy baqueteado y que convenía cambiarlo; que pasara por un almacén que tienen cerca de mi casa y que me darían gratis otro. Así que ayer me acerqué a hacer el cambio, me dieron el terminal nuevo, lo instalé... y ahora ya no veo nada. Con lo que tendré que volver mañana a que me lo re-recambien.
Tiempo y más tiempo.
Se pierde el tiempo sin parar. Se pierde porque las reparaciones son largas, y lo son las gestiones («En este momento todas nuestras líneas están ocupadas... Espere, por favor, y le atenderemos en breves instantes...», y así una y otra vez) pero, sobre todo, se pierde porque no hay modo de que nada se realice a una hora prefijada. Inútil tratar de establecer una cita concreta. Como mucho, te aportan una hora indicativa («Entre 10 y 12 y media», me dijeron los del gas).
Yo les entiendo. Yo lo entiendo ya casi todo, para estas alturas. Me hago cargo de que, cuando entran en una casa para hacer una reparación, no saben cuánto tardarán en acabarla, y que la media hora prevista puede convertirse en hora y media. Pero para eso están los teléfonos: se llama al siguiente cliente y se le avisa del retraso, por si quiere hacer entretanto algún recado o por si prefiere trasladar la cita a otro día.
Tengo ahora pendiente, que recuerde, otra reparación más de las que requieren servicio técnico oficial. Tiemblo de pensarlo. ¿Cuántas veces tendré que llamar hasta que me atiendan? ¿Para cuándo me darán cita? ¿Qué me costará la broma, en tiempo y en dinero?
Pero mi duda principal no es ésa. Ni siquiera se refiere específicamente a mí. Es más general. Me planteo: ¿cómo se las arreglan las personas que viven solas -o de dos en dos, me da igual, si trabajan ambas- cuando no tienen más vuelta de hoja que meterse en un trajín de servicios técnicos del estilo del mío, o mayor, que los hay, y muchos? Yo me apaño mal que bien, porque mis relaciones laborales son con gente razonable, pero ¿y el personal que ficha y no puede abandonar su puesto de trabajo si no es por fuerza muy mayor? ¿Con qué cara le dice al jefe que, lo mismito que faltó anteayer y ayer, va a fallar también mañana? Insisto: ¿cómo se las arregla?
Es una pregunta retórica. Ya me sé la respuesta: se las arregla muy mal.
----------
Nota de régimen interno.- Ayer, imagino que por razones de rabiosa actualidad política, esta página registró el número más elevado de visitas que haya tenido nunca desde su creación, en julio de 2000. Fueron exactamente 802 las visitas que contabilizó Nedstat a lo largo del día. También recibí mucho correo electrónico, casi todo él motivado por la columna que apareció publicada por la mañana en El Mundo.(Como siempre, división de opiniones. La única carta que me molestó fue la de un tipo que decía que soy «un soso». ¡Habrase visto! ¡Lo que hay que aguantar!). Dicho lo cual, reitero mis disculpas por lo poco, mal y tarde que estoy respondiendo a los emilios que me llegan, pero mis días se componen de 24 horas, y buena parte de ellas se me van en historias como las relatadas supra. Hago lo que puedo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/29 06:00:00 GMT+2
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2002/08/28 06:00:00 GMT+2
Un portavoz del Gobierno de los Estados Unidos se negó ayer a comparar a Batasuna con el Sinn Fein. Imagino que rechazó cualquier intento de equiparar a una y otra organización por un motivo esencial: la misma Casa Blanca que ayer aplaudía la ilegalización de Batasuna ha mantenido relaciones políticas con los republicanos irlandeses.
Batasuna y el Sinn Fein son organizaciones que responden a realidades muy diferentes, sin duda, pero ambas tienen un rasgo común indiscutible: su defensa histórica de la legitimidad del uso de métodos terroristas para promover postulados nacionalistas. Desde ese punto de vista, el Sinn Fein presenta incluso una imagen más problemática que la de Batasuna, en la medida en que todo el mundo sabe que en los condados del norte de Eire es la organización política la que tiene la batuta, y no al revés, como en Euskadi.
El Gobierno español tendrá también que decidir: si lo que él ha hecho es tan elemental, ¿por qué admite que el Gobierno de Londres haga lo contrario? ¿O es que tal vez considera que el Sinn Fein no tiene nada que ver con el IRA, o que el IRA no es un grupo terrorista?
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de agosto de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/08/28 06:00:00 GMT+2
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