El presidente de la república francesa, Nicolas Sarkozy, ha pisado el acelerador de su revolución neoconservadora (o "neo-con", si hacemos un malicioso juego de palabras en francés), al menos de cara a los medios de comunicación. El presidente se multiplica en todos los frentes, continuando con el estilo efectista que ya probó sobradamente cuando era ministro del interior. Son conocidas sus declaraciones destinadas a "épater le bo-bo", a provocar al intelectual bourgeois-bohème con el que identifica a la elite que vota socialista y a los herederos del 68. Como en la era Aznar (versión mayoría absoluta), se trata de hablar "sin complejos", recuperando valores y principios reaccionarios que habían quedado mal vistos en las últimas décadas.
Esta semana le ha tocado al fantasma colonial, y no parece que haya salido bien parado, a juzgar por los comentarios de la prensa africana.

Con su discurso del pasado jueves en la Universidad Cheikh Anta Diop en Dakar (Senegal), Sarkozy lanzó su propuesta de Eurafrique, esto es, un nuevo marco de relaciones entre el África subsahariana y Europa que vendría a sustituir (o a ocultar, más bien) la Françafrique de toda la vida. En realidad, se trata de dar un empujón político a las complicadas negociaciones en curso para concluir los denominados Acuerdos de Asociación Económica previstos en el Acuerdo de Cotonú (2000) entre la Unión Europea y los países ACP (África, Caribe, Pacífico), y que pondrán fin a treinta años de preferencias comerciales. Los acuerdos se firmarán entre la UE y seis grupos regionales, e implicará una liberalización de los intercambios comerciales, y la aplicación de reglas reforzadas en ámbitos como competencia e inversión. Deberían entrar en vigor el 1 de enero de 2008, pero muchos gobiernos y organizaciones africanas están poniendo reparos que extienden el nerviosismo entre los negociadores europeos.
Pues bien, en este contexto el presidente francés se adentró en las peligrosas aguas del revisionismo histórico, tratando de ofrecer una de cal y otra de arena, mezclando medias verdades con consejos paternalistas sin reconocerlo. Reconoció el "gran error" de la colonización, pero reclamó que no se pida "a las generaciones de hoy expiar este crimen perpetrado por las generaciones pasadas" (algo que no se atrevería a decir en Israel), falta ya pagada, dice, por quienes vieron derrumbarse el sueño imperial. Admitió que los colonizadores cometieron crímenes y saquearon el continente, pero, siguiendo el tópico, también "dieron", construyendo infraestructuras, aportando una cultura. Como ha recordado El Hadj Amidou Diallo en el periódico Walf Fadjri, sí construyeron carreteras y puertos, pero para exportar mejor las riquezas, hospitales para que la producción no se interrumpiera, escuelas para disponer de cuadros con los que mantener el sistema colonial.
Si Sarkozy sacó el tema fue para proponer a los jóvenes universitarios que había que olvidar el pasado y para responsabilizar casi en exclusiva a los africanos de su suerte actual, animándoles a aceptar la globalización con el atajo que le ofrece Europa. En la parte más interesante, por ofensiva, de su discurso, pretende ensalzar la cultura y tradiciones africanas, pero en el fondo las denigra, y de qué modo.
Afirma Sarkozy que "el drama de África es que el hombre no ha entrado lo suficiente en la Historia". ¿En qué historia? ¿En la que han escrito los europeos?
Proyectando sus prejuicios eurocentristas, reduce al africano a un campesino que se deja llevar por las leyes de la naturaleza, sin adentrarse en el futuro y por tanto sin inventarse un destino."No hay lugar para la aventura humana, ni para el progreso". Según Sarkozy, que promueve la restricción selectiva y el control de los flujos migratorios, "las civilizaciones son grandes en la medida de su participación en el gran mestizaje del espíritu humano. La debilidad de África, que ha conocido en su suelo tantas civilizaciones brillantes, fue que durante mucho tiempo no participó lo suficiente en este gran mestizaje. África ha pagado caro esta desvinculación del mundo que la ha vuelto tan vulnerable". Es "la civilización musulmana, la cristiandad, la colonización, más allá de los crímenes y faltas que fueron cometidas en su nombre, y que no son excusables, las que abrieron los corazones y las mentalidades africanas a lo universal y a la historia". Gracias, Sarko, por iluminarnos.
Según el presidente francés, si alguna vez África se abrió al mundo, fue porque la obligaron desde fuera. La globalización actual se equipara así a la introducción del Islam, del cristianismo y de la colonización, únicas vías por las que los africanos han sido capaces de acceder a lo universal.
Pero África nunca ha estado cerrada al mundo, ni en lo comercial ni en lo cultural. Cheikh Anta Diop, el gran historiador senegalés que da nombre a la Universidad de Dakar donde Nicolas Sarkozy impartió su clase "magistral", debe haberse revuelto en su tumba. Desde épocas tempranas, el África oriental se relacionó con la península arábiga, Mesopotamia, el subcontinente indio y el sudeste asiático (grupos de origen malayo poblaron Madagascar entre los siglos I y VI). El Sáhara nunca fue obstáculo para las caravanas de los pueblos nómadas, que enlazaban el Mediterráneo con el golfo de Guinea, rutas que permitieron que las relaciones culturales siempre fueran de ida y vuelta. El Islam se difundió por el África negra, no sin tensiones, pero lejos del espíritu de "guerra santa" con el que se ha calificado dicha expansión. En el siglo IV d.C. el Aksum etíope se convirtió en uno de los primeros reinos cristianos. Y retrocediendo más en el tiempo, encontramos las raíces africanas de la civilización egipcia, como se encargó de demostrar Anta Diop al deconstruir la historiografía colonial.
África ha tenido su historia, ha ido construyendo sus propias cosmovisiones con todo tipo de influencias externas, incluyendo la europea, siendo esta última la más violenta y reciente. Han tenido sus glorias y sus miserias, y su reguero de conflictos. Lo que no han hecho es imponer a otros continentes su propia visión del mundo, si es de esta manera como se entra en la Historia con mayúsculas, según Sarkozy. El presidente viene a decirnos que si no lo han hecho es por incapacidad. Cree el ladrón que todos son de su condición.




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