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2021/06/06 20:00:00 GMT+2

Las vicisitudes de un corresponsal autónomo

Una de las mejores cosas que se puede decir de un libro sobre una ciudad es que te entren ganas de ir a visitarla. Ander Izagirre, Mikel Ayestaran, Manu Leguineche, Ana Malagon, Ana Alba y Enrique Morente andan por aquí abajo.

He leído el libro Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey de Ander Izagirre mientras se disputaba el Giro masculino y no he visto una etapa en la tele. Es más: no he sabido que era líder Egan Bernal hasta muy al final de la prueba.

Con el saber hacer que le caracteriza, Izagirre nos trae desde comienzos del siglo XX hasta este siglo XXI. Y es igual que te guste el ciclismo, porque mientras algunos hombres y mujeres le dan a los pedales el autor habla de fascismo, comunismo, dos guerras mundiales, la Iglesia católica, feminismo, etcétera.

Luego le ha tocado el turno al último libro de Mikel Ayestaran, del cual quiero decir tres o cuatro cosas hoy: Jerusalén, santa y cautiva.

La familia formada por Aloña, Ane, Telmo y Mikel pisó por vez primera la que ahora es su casa del barrio jerusalimitano de Musrara en enero de 2015.

Abro paréntesis. Me tiene fascinado el gentilicio de Jerusalén: jerusilimitano. Cierro paréntesis.

No resulta fácil ni barato ser corresponsal. Y si no hay una empresa o institución que apoquine, es uno mismo quien tiene que hacer frente a gastos nada superfluos. Porque Ayestaran es autónomo, freelance, aunque trabaje de manera regular para los grupos Vocento y EITB.

Dice en la página 33: «entre el piso y la escuela internacional, otro tema fundamental para un expatriado con hijos, comienzo cada mes con una losa en la espalda, una losa desconocida para la mayor parte de los expatriados que me rodean a quienes sus empresas les pagan los gastos».

La imagen recoge un fragmento del libro Historias de Nueva York de Enric González, corresponsal de El País en la ciudad estadounidense. Mejor dicho: es el propio Ayestaran quien recoge esas palabras en su libro. De cómo el corresponsal necesitó que el periódico abonara 50.000 dólares como adelanto de un año de alquiler.

Y Mikel echa de menos una figura como Josefa Gutiérrez, administradora de ese periódico, porque los precios de la vivienda y de la educación infantil en Jerusalén son del nivel de los de Nueva York y de una universidad extranjera, respectivamente.

Hay también una frase de Manu Leguineche, un maestro para Ayestaran y otros muchos (Mikel cita El camino más corto como referente del reporterismo). Manu habla de las tres d-s que retratan a los reporteros de su generación: dipsómanos (alcohol a tutiplén), divorciados y un tanto depresivos. El de Gernika es también seguidor del Athletic. Pues bien, Ayestaran no cumple ninguna de las cuatro: no bebe demasiado, está casado, la depresión afortunadamente no es compañera de viaje y es un hincha realista/realsocialista (de la Real).

Las páginas del libro nos llevan por los cuatros barrios de la Ciudad Santa acompañados por varios ilustres (o no tanto) vecinos. La Ciudad Vieja tiene una población de 38.000 habitantes y me gustaría saber el número de armas, porque seguro que pulveriza registros mundiales.

El escritor diferencia cinco comunidades: la musulmana, la judía, la cristina, la armenia y la internacional flotante que conforman diplomáticos, cooperantes y periodistas.

Hay vascos que nos miramos el ombligo y pensamos que nuestra comunidad está más megadividida que ninguna. No hay más que leer el libro para darse cuenta de que la división que reina en Jerusalén es de Champions League.

Hay dos abrazos que marcan el libro y ambos son de la pareja Mikel-Aloña. El primero se lo dan nada más acostar a las criaturas el día que pisan su nueva casa en enero de 2015. El segundo se produce cinco años más tarde cuando les informan de la muerte de la periodista catalana Ana Alba.

Hay otra Ana, de apellido Malagon, que acaba de publicar en mayo un libro de relatos titulado Ez dakit zertaz ari zaren (No sé de qué me hablas). Lo estoy leyendo despacio, porque dice Iban Zaldua que es así como hay que leer los libros de relatos, con lenta digestión incorporada. El protagonista del segundo cuento es un hombre, padre de familia viudo, que cría a sus hijos tras la muerte de su mujer por cáncer. La lectura el mismo día del epílogo de Ayestaran (dedicado a Ana Alba) y este relato de Malagon me hicieron pupa.

Pongamos un poco de música y rematemos con algo de humor. No voy a desvelar nada, pero se me dibuja una sonrisa en la cara mientras me acuerdo de lo que Ayestaran cuenta en la página 192. Una anécdota con esta canción de Enrique Morente basada en el poema de García Lorca de fondo. Hasta aquí.

Lean libros buenos a ser posible, disfruten en la medida en que les dejen. Vivan y dejen vivir.

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Escrito por: iturri.2021/06/06 20:00:00 GMT+2
Etiquetas: ana_alba ander_izagirre periodismo enrique_morente ana_malagon manu_leguineche mikel_ayestaran libros | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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