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2008/04/29 07:30:00 GMT+2

La derecha neurótica

De la misma manera que quien formula una pregunta marca los límites de las respuestas posibles y que el resultado de una reunión lo decide quien fija el orden del día, la victoria en una polémica se inclina casi siempre del lado de quien determina qué datos se manejan en el debate.

Son axiomas particularmente comprobables en el campo de la política. Por ejemplo: estuvo claro que Felipe González perdería las elecciones y habría de abandonar el palacio de la Moncloa en el momento mismo en que se comprobó que el temario de la actualidad política ya no lo marcaban ni él, ni su Gobierno, ni su partido, sino sus oponentes. Cuando se vio que el orden del día informativo funcionaba tal que así: 1º) El terrorismo de Estado y los GAL; 2º) La corrupción de Filesa, las cuentas del Ave y los trapicheos de Roldán; 3º) El despacho de Juan Guerra; 4º) La caseta del perro de Boyer; 5º) La habitación frigorífica para las pieles de Aida Álvarez… Etcétera.

Los valedores mediáticos de Esperanza Aguirre están que fuman en pipa porque se dan cuenta de su incapacidad para fijar un orden del día político que sea decididamente favorable a su patrocinada. No tienen un temario con el que dar la murga para dejar a Mariano Rajoy en posición desairada y promover a su candidata.

La presidenta de la Comunidad de Madrid repite sin parar que ella no plantea una rivalidad entre personas, sino un debate de ideas, pero es incapaz de formular las ideas sobre las que quisiera debatir. Afirma que hay que analizar las razones de la derrota del PP en las últimas elecciones generales, pero ella es la primera en no analizarlas. Y su guardia de corps teorizadora, lo mismo.

Su problema es que lo que tendrían que decir, los unos y los otros –el uno y la otra–, no se atreven a decirlo, porque eso los llevaría a la escisión.

En el actual PP español conviven al menos (al menos, insisto) dos partidos distintos. Uno es el de la derecha más recia e intransigente, más facha, más ideologizada, con más ganas de gresca, que tiene su principal bastión en la Comunidad de Madrid y que cuenta con sólidos y contundentes arietes mediáticos. El otro es el de la derecha más práctica, más centrada (en los negocios, sobre todo), menos vociferante, más europea, más proclive a los apaños con el PSOE, más preparada para la alternancia. También tiene apoyos en Madrid (Ruiz Gallardón), pero sus respaldos principales son extra capitalinos: la Comunidad Valenciana, Andalucía, tal vez Galicia...

Ambos son conscientes de dos cosas. La primera es que no se soportan. La segunda es que, si rompen, lo más probable es que tiren al niño con el agua sucia, es decir, que la derecha española, al fraccionarse, pierda el muy influyente papel que juega en los más diversos campos.

Los dos quieren estar en posición dominante, pero no quieren al otro fuera, sino dominado.

Es el principio mismo de la neurosis, según explican los psiquiatras: amar y odiar lo mismo al mismo tiempo.

Esperanza Aguirre se apoya en otra contradicción neurótica. Sabe que cuenta con el favor de buena parte de la base del PP, predispuesta en contra de lo que sus agitadores mediáticos pintan a diario como la blandenguería de Rajoy, pero también sabe que esos agitadores, como no tienen que presentarse a ningunas elecciones, se abstienen de hacer cálculos como los que ella está obligada a hacer. A los otros sólo les importa el EGM. La pueden dejar tirada en la primera esquina. Pero a ella no le bastan unos cuantos cientos de miles de incondicionales. Necesita más. Primero, dentro de su propio partido, donde no es fácil doblegar el poder de las estructuras orgánicas hostiles. Y luego, en las urnas de toda España, incluidas las de la maldita periferia, que no le sonríen ni poco ni mucho.

De todos modos, su dificultad principal (regreso al comienzo) es que carece de un “argumentario” que oponer a Rajoy para promocionarse, y que los miembros de su agit-prop tampoco son capaces de proporcionárselo.

Podrían ir a por el actual presidente del PP, atacándolo personalmente, pero ¿con qué tipo de críticas que no pudieran volverse en cosa de nada contra la propia Aguirre, multiplicadas por dos? ¿Tolerancia con la corrupción, por ejemplo? Sus oponentes les responderían filtrando datos sobre el Ave y Guadalajara, donde la familia Aguirre ha ido a la fortuna sobre raíles de alta velocidad. Seguro que sabe que quien tiene el techo de cristal no puede liarse a pedradas.

Se les presenta una alternativa poco envidiable: si siguen juntos, van a continuar desgastándose en  luchas intestinas; si rompen, se convertirán en dos mitades de lo mismo que se odian entre sí.

No soy Rodríguez Zapatero –no tengo ya ni edad ni ganas para postularme para semejante papelón–, pero puedo asegurar que, de serlo, me estaría frotando las manos. Es aquello del dicho árabe que aconseja sentarse en la puerta de casa a esperar que pase el cadáver del enemigo.

Aunque, bien mirado, quizá quienes lo tengamos peor seamos los que no estamos ni con los unos, ni con los otros, ni con los de más allá.
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(Aparecido en Noticias de Gipuzkoa el 25 de abril de 2008)

Remitente: ortiz.2008/04/29 07:30:00 GMT+2
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2008/03/08 10:15:00 GMT+1

Propaganda electoral

El mal ya está hecho. El mal ético, antes de todo, con la crueldad por partida triple: han asesinado a un hombre y han hundido para siempre a dos mujeres.

El mal político viene después. Más genérico, pero también más condicionante del mañana. Menos sangriento, pero igual de sangrante.

No quiero escribir nada que pueda interpretarse como una violación de las normas que prohíben la propaganda electoral durante la jornada de reflexión. Tampoco estoy dispuesto a hacer carnaza política a costa de un asesinato, aunque sepa que más de uno, más de dos y más de tres se dedicarán a ello con total entusiasmo dentro de muy pocas horas, si es que se aguantan las ganas de empezar a hacerlo ya.

A partir del lunes próximo, el atentado de ETA alimentará las más variadas pendencias y servirá a toda suerte de causas, excepción hecha de la defendida por quienes supuestamente mejor deberían saber a qué viene todo esto.

No tengo certeza de qué es lo que ha pretendido ETA matando a Isaías Carrasco. Supongo que no creerá que con ello va a reforzar la consigna abstencionista lanzada por ANV. Más probable parece que, partiendo de que las elecciones españolas le son indiferentes, haya decidido aprovechar las posibilidades que la ocasión le ofrecía para hacerse una gran propaganda internacional con muy poco esfuerzo material.

En todo caso, lo más tremendo es que, desde hace ya tiempo, las acciones armadas de ETA están teniendo como víctima principal, hablando en términos políticos (no personales, claro está), a la izquierda abertzale afín a ANV y EHAK. Ese amplio sector de la izquierda abertzale podría tener un muy sustancial peso en la vida política de Euskal Herria, incluida la política institucional, si ETA no lo cortocircuitara cada dos por tres.

De todo esto se puede hablar también hoy, en víspera electoral, porque no va ni a favor ni en contra de ninguna candidatura. Es otra vía por la que cabe medir el alto grado de marginación política en el que hoy en día se mueve ETA.

La pena es que no se margine también de la muerte.
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(Aparecido en los cuatro diarios del grupo "Noticias" –Diario de Noticias de Navarra, Diario de Noticias de Álava, Diario de Noticias de Gipuzkoa y Deia– el 8 de marzo de 2008. Con este artículo se cierra la sección de colaboraciones especiales escritas por J. Ortiz para ese grupo informativo con ocasión de la campaña electoral del 9-M. A partir de ahora, volverá a la cadencia anterior, de un artículo de fondo cada 10 o 15 días, aproximadamente.)

Remitente: ortiz.2008/03/08 10:15:00 GMT+1
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2008/03/05 23:55:00 GMT+1

La derecha española

Buena parte de los dirigentes del PP cumplen una importante función social: no nos permiten olvidar cómo es la derecha española. En este sentido, los jefes del PP valenciano son ejemplares. Son su versión fallera, por así decirlo. 

Lo pudimos ver en el llamado “debate a siete” organizado por TVE el pasado 28 de febrero, en el que el PP estuvo representado por Esteban González Pons, cabeza de lista por Valencia. El hombre animó el encuentro con varias intervenciones de llamativo surrealismo.

Dos de ellas colmaron mis más altas expectativas.

La primera, cuando se opuso al canon que grava el precio de los cedés contándonos (no se le ocurrió nada mejor) que su tía abuela compra cedés para colgarlos de sus frutales y ahuyentar a los pájaros, lo que nada tiene que ver con los derechos de autor. He visto colgar cedés a modo de espantapájaros, pero jamás a nadie que lo haga… ¡con cedés vírgenes! Si la tía abuela de González Pons lo hace, es que de tal palo, tal astilla.

Segundo disparate: afirmó que el valenciano jamás tendrá «nada que ver» con el catalán «mientras el PP gobierne en Valencia». ¡Una catalogación lingüística, convertida en asunto de opción política! Por las mismas podría haber dicho: «Mientras yo sea dueño de mi casa, el agua no se compondrá de hidrógeno y oxígeno». El Diccionario de la Academia de la Lengua Española define el valenciano como una «variedad del catalán». ¡El DRAE, cómplice de Carod-Rovira!

González Pons se burla mucho de su contrincante Fernández de la Vega porque sostiene que habla mal el valenciano. Resulta de traca que el vocero de Camps ose meterse en tales jardines después de haber tenido durante siete años de gran jefe a Eduardo Zaplana, que nunca aprendió la lengua de la Comunidad que presidía, pese a haberlo prometido y a haber residido en el País Valenciano, entre unas y otras cosas, durante casi tres décadas.

¿No conocíais a González Pons? Ya os tocará. Conocéis a Zaplana. Y a Martínez Pujalte. Y a Carlos Fabra. Y a Acebes. Y a Del Burgo.

Todos están acuñados con el mismo troquel. Embisten igual.
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(Colaboración escrita para su inclusión en los periódicos del grupo Noticias el 4 de marzo de 2008)

Remitente: ortiz.2008/03/05 23:55:00 GMT+1
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2008/02/29 15:45:00 GMT+1

Realidades demagógicas

Jean-Paul Sartre, que era un filósofo de los que, como escribió Carlos Marx en su undécima Tesis sobre Feuerbach, no pretendía sólo interpretar el mundo, sino transformarlo, se preguntaba con mucha amargura hace medio siglo para qué sirve la literatura ante la realidad de cientos de miles de personas que mueren de hambre a diario. ¡Qué tiempos aquellos! Aquí y ahora, nuestros politicastros en campaña no filosofan: recolectan votos ofreciendo lo que sea. Tienen remedio para todo. Y si las portadas de los periódicos y los telediarios se llenan de referencias a crímenes machistas, no se arredran: de no estar diciendo apenas nada (o nada, a secas) sobre el asunto, lo convierten en su preocupación central y se lanzan en tromba a  proponer medidas para solucionarlo.

Lo que nunca admitirán es que hay una nutrida colección de problemas gravísimos que carecen de solución plena dentro de los parámetros que rigen nuestras actuales sociedades. La criminalidad machista no es sino un efecto (muy extremo, pero concordante) de la concepción del mundo patriarcal, según la cual los hombres son los que dictan lo que sus mujeres pueden y no pueden hacer, y cómo y cuándo han de hacerlo. Hay excepciones a la regla, por supuesto, y muchos  se las arreglan para que su dictadura se revista de dictablanda. Es también cierto que las medidas preventivas y punitivas, así como los avances propiciados por la difícil educación igualitarista de la gente menuda, pueden paliar algo el horror. Pero no acabarán con él, mientras subsista el sistema patriarcal.

¿La miseria en el mundo? Lo mismo. Cuanto se haga para reducirla, bienvenido sea. Pero mientras la Humanidad esté sujeta a un sistema económico que estimula la concentración de la propiedad en pocas manos (eso que antes se llamaba “capitalismo”), que nadie espere acabar con ella.

Son muchas las gravísimas injusticias que no resultan de meros desajustes del orden social vigente. Que le son consustanciales. Denunciarlo suela a demagogia. Pero la demagogia no está en las denuncias, sino en las realidades.
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(Aparecido el 29 de febrero en los diarios del grupo Noticias, dentro de la sección correspondiente a la campaña de las elecciones generales del 9 de marzo.)

Remitente: ortiz.2008/02/29 15:45:00 GMT+1
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2008/02/26 23:30:00 GMT+1

El no-ejemplo de Kosovo

Reconozco que, cuando anunciaron que Ramón Jáuregui iba a hacer unas declaraciones mostrando su desacuerdo con lo manifestado por la portavoz del Gobierno Vasco tras la declaración de independencia de Kosovo, me esperaba otra cosa. Cuando le oí, me quedé de piedra. El diputado donostiarra del PSOE dedicó lo esencial de su intervención a mostrar las diferencias existentes entre Kosovo y Euskadi, entre las que destacó, entre otras, la homogeneidad étnica de la población recién independizada, casi exclusivamente albano-kosovar.

¿Estaba de broma Jáuregui? Cualquiera que haya seguido durante los últimos años la evolución de los acontecimientos en Kosovo sabe que esa "homogeneidad" ha sido resultado de un brutal y sistemático trabajo de limpieza étnica mediante el cual los albano-kosovares han conseguido que desaparezcan de su territorio –sea por la vía de las deportaciones masivas, sea por ejecuciones sumarias– más de 230.000 personas, en su gran mayoría serbias, aunque también gitanas, judías, goranes y de otras minorías. La crueldad del comportamiento albano-kosovar hizo que un almirante de la OTAN, testigo de los hechos, llegara a afirmar, según reportó la BBC en su página web, que aquello era "comparable a una limpieza étnica".

En Euskal Herria no tenemos "uniformidad étnica", ni de ese tipo –por fortuna– ni de ningún otro, ni falta que nos hace. Tampoco la tiene EEUU y nadie discute su derecho a la independencia.

El error de la portavoz del Ejecutivo de Ibarretxe, Miren Azkarate, consistió no en comparar Euskal Herria con Kosovo –cosa que se cuidó mucho de hacer, por pura lógica–, sino en alabar la "metodología" seguida para lograr la independencia.

Se trata, en realidad, de dos errores en uno.

El primero lo cometió al pretender que Kosovo se ha separado de Serbia porque así lo ha decidido su pueblo. No es verdad. Se ha separado porque Washington lo ha considerado conforme a sus intereses, y la UE, sumisa, se ha apuntado. Sin la OTAN como escudo protector, poco habría importado lo que dijeran los albano-kosovares.

El segundo error de Azkarate fue llamar a eso "independencia". EEUU y la UE han matizado que lo que va a existir a partir de ahora en Kosovo es una "independencia supervisada" o "tutelada". Dicho a las claras: el paso de una dependencia a otra. Aprovechándose del hecho indiscutible de que los albano-kosovares sólo podrán sobrevivir a corto y medio plazo gracias a la ayuda que reciban de las potencias occidentales, éstas se disponen a asentar allí una especie de protectorado. Ya están contando con el nuevo Estado-títere para diversos planes, tanto militares (debilitar el área de influencia de Rusia) como industriales (la zona posee un rico subsuelo aún no explotado y puede servir de vía de paso para un nuevo gran oleoducto, que ya está en estudio).

En Kosovo no se ha aplicado ninguna nueva "metodología". Una vez más, las grandes potencias han facilitado a todos los niveles –incluido el de la propaganda a través de sus muchos medios afines– la realización de sus designios: en este caso, la concesión del derecho de autodeterminación a un pueblo cuya constitución como entidad estatal le convenía.

Es ahí donde pierde sentido cualquier intento de relacionar lo sucedido en Kosovo con el porvenir de Euskal Herria. La independencia de nuestro país no interesa a ninguna potencia, ni grande ni mediana. A falta de apoyos con envergadura internacional, como los que ha tenido Kosovo y antes tuvieron todos los países vecinos de Rusia por su flanco occidental –o como los que tutelan el proceso de paz en Irlanda–, los entusiastas de la progresiva autonomización o del independentismo vasco ya pueden ir buscándose otras "metodologías".

En tiempos aún no muy lejanos –hasta hace un par de décadas, incluso– los expertos solían afirmar que, si bien las acciones de ETA no eran realmente militares, porque no constituían piezas de una acción estrictamente bélica, bien podían ser consideradas en parte como terroristas (es decir, como actos destinados a aterrorizar a la población civil hostil) y en parte como actos de propaganda armada (esto es, como un método brutal, pero eficaz, de conseguir que las propias reivindicaciones estuvieran constantemente en el centro de la actualidad).

El aislamiento político y mediático de la causa nacional mayoritariamente asumida por la población vasca, cuya realidad y objetivos auténticos son poco y mal conocidos tanto a escala española como internacional, hace que hoy en día resulte obligado considerar que las acciones violentas de ETA no sólo han perdido toda la virtualidad que pudieron tener como instrumentos de propaganda armada, sino que ya sólo son útiles para exactamente lo contrario: como factores de propaganda del oponente, que incluso las exagera y les atribuye mayor importancia de la que realmente tienen.

Resumo.

1º) Da igual las razones históricas y presentes que pueda tener un pueblo para reclamar su derecho a decidir. Si las grandes potencias quieren otorgárselo, las razones dan lo mismo. Y si no quieren concedérselo, también.

2º) Kosovo ha accedido a la "independencia supervisada" gracias a que Washington ha aplicado a este caso la metodología de Juan Palomo. Ni proceso ejemplar, ni gaitas.

3º) El nacionalismo vasco, que carece de potencias valedoras a escala internacional, no tiene ningún ejemplo que tomar de Kosovo, como no sea por la vía negativa. Debe aprender a actuar cargándose de razones, rechazando toda forma de actuación que sirva de excusa para acrecentar su aislamiento, no dejándose enfeudar por nadie y mostrándose tan tenaz en sus objetivos como flexible y persuasivo en sus métodos.

Si es que estamos hablando de objetivos reales; no meramente retóricos.
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("Tribuna abierta" pubicada en Noticias de Gipuzkoa el 26 de febrero de 2008)

Remitente: ortiz.2008/02/26 23:30:00 GMT+1
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2008/02/25 18:30:00 GMT+1

«Defender la alegría»

Durante la campaña electoral, el grupo "Noticias" ("Noticias de Navarra", ·Noticias de Gipuzkoa", "Noticias de Álava" y "Deia") van a publicar a diario una columna de opinión fija, que nos turnaremos entre cuatro comentaristas políticos: Karmele Aranburu, Joseba Balerdi, Fernando López Agudín y yo mismo. El 25 de febrero apareció la primera de mis columnas, titulada como figura arriba. Éste fue su texto:

ME gusta el poema Defensa de la alegría de Mario Benedetti, aunque no se encuentre entre mis predilectos. Tampoco tengo nada que objetar a la música que le puso Serrat para convertirlo en canción, sobre todo porque no la he oído. Ignoro igualmente si estará mejor o peor la versión (Defender la alegría ) que han interpretado a coro las estrellas de la SGAE y Joaquín Sabina, unidos por fin en fraternal abrazo en apoyo a la candidatura de Rodríguez Zapatero. He hecho lo posible por eludirla, hasta ahora con éxito.

Puesto a no polemizar, tampoco pienso entrar a discutir sobre la trastienda de intereses que suelen tener este tipo de iniciativas político-artístico-intelectuales. Alguien tiene que compensar lo que no hace el ministro del Interior: yo atribuiré a todos los protagonistas de la cosa, sin excepción, la presunción de inocencia.

Lo único que me desagrada de la idea de este spot de respaldo a la candidatura de Zapatero es que, Benedetti mediante, atribuya al Gobierno español algunas características que no le cuadran ni poco ni mucho. No acabo yo viendo a Zapatero defendiéndonos de los escándalos, de la rutina, de los neutrones, de los canallas, de los homicidas, del agobio, del oportunismo y hasta de la obligación de estar alegres, según se lee en el poema del uruguayo.

Den la cara por el candidato del PSOE, si les place, pero no olviden –ustedes, gente informada– que Zapatero es fiel aliado de los EEUU, y de Mohamed VI, y del Fondo Monetario Internacional, y de las multinacionales que mangonean en América Latina, y que su Gobierno sigue siendo de los que menos dinero dedican a gasto social dentro de la Europa más próspera, y que la derecha gobierna en Navarra gracias a su concurso, y que fue él quien ni siquiera aceptó admitir a trámite el proyecto de Estatuto aprobado por el Parlamento Vasco, y también él quien pasó el cepillo al Estatut catalán, y el que se lleva a partir un piñón con Emilio Botín… Etcétera, etcétera.

Si cantaran "¡Pues peor es Acebes!", hasta les haría palmas. Pero esto de la alegría, la verdad es que me da como cosa.

Remitente: ortiz.2008/02/25 18:30:00 GMT+1
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2008/01/27

Los buenos españoles

Un amigo me manda esta reseña de Prensa que no me parece necesario comentar, pero que quizá os pueda resultar sugestiva por diversos conceptos. Dice así:

«El 24 de enero de 2008

Entrega de los Premios "Españoles Ejemplares"

La Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) entregó este jueves la primera edición de los Premios Españoles Ejemplares en una ceremonia celebrada en la sede de la Comunidad de Madrid. Ricardo Benedí, José María del Nido (en representación del Sevilla F.C.), Regina Otaola, Carlos Herrera y Albert Boadella, muy ovacionados por las más de 400 personas que llenaron con creces el aforo previsto, coincidieron en su defensa del patriotismo como virtud cívica, al recoger los premios.

El presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, Santiago Abascal, abrió el acto de entrega de los premios Españoles Ejemplares con un agradecimiento a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, por su apoyo a la iniciativa y su respaldo “desde el primer minuto” a DENAES. Abascal destacó que Aguirre es un ejemplo de patriotismo “sin alharacas ni estridencias” por su defensa de una nación de ciudadanos libres iguales. Estaba prevista la asistencia de Esperanza Aguirre, que disculpó su ausencia por problemas de agenda. Sí estuvo el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, que cerró el acto. Abascal agradeció también en su discurso el apoyo de los Amigos de la Nación, los asociados de DENAES, que ya superan los 1.500 y sin cuyo respaldo el éxito de la Fundación no sería posible. El capítulo de agradecimientos lo cerró con un reconocimiento al “motor” de DENAES, su vicepresidente Ricardo Garrudo, por su incansable trabajo. Abascal recibió una vez más el cariño de los Amigos de la Nación con una cerrada ovación.

Tras la intervención de Santiago Abascal tomó la palabra el presidente del jurado, Fernando García de Cortázar, que regaló a los asistentes un bellísimo alegato plagado de ribetes poéticos para reivindicar la Nación española y el patriotismo, poniendo las primeras dosis de congoja a lo que sería una noche cargada de momentos emotivos.

El empresario vasco Ricardo Benedí fue el primer Español Ejemplar en recoger su galardón. El cineasta Iñaqui Arteta, miembro del jurado destacó el valor cívico de Benedí por su resistencia frente al chantaje de los terroristas. El premiado recalcó su “profundo amor a España” y lamentó la persecución que sufren quienes, como él, se sienten “más españoles que vascos”.

José María del Nido recogió el premio en representación del Sevilla F.C., equipo al que se le ha reconocido su iniciativa de incluir la bandera española en su indumentaria para competiciones internacionales. Como explicó Ricardo Garrudo en su presentación del premiado, el Sevilla F.C. se ha convertido en el segundo equipo de muchos españoles. Del Nido explicó que el Sevilla “es sevillano en Andalucía, andaluz en España, y español en el Europa” y citó a Charles de Gaulle para proclamar que “el patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero.”

Adolfo Prego de Oliver tomó el testigo para presentar a la Española Ejemplar por su virtud cívica en esta primera edición de los premios, que, como explicó el magistrado del Supremo y miembro del patronato de honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, no podía ser otra más que la alcaldesa de Lizarza, Regina Otaola. La entrega de este premio fue la más emotiva, ya que Otaola con su gallardía se ha convertido en un icono de la resistencia de la Nación frente a ETA, o, lo que es lo mismo, de la libertad frente al terror. Por eso recibió una de las más cerradas ovaciones interrumpidas tan sólo por un sentido grito de “¡valiente, heroica!”. Otaola reiteró su compromiso con la bandera española, el símbolo al que tiene “más cariño” porque “nos une a todos”, y dejó muy claro que seguirá “izando la bandera española en el Ayuntamiento, pese a quien pese, nos la quemen o nos la rompan”.

En la categoría de periodismo, el premiado fue Carlos Herrera. La fundadora de la AVT, Ana María Vidal Abarca, destacó el compromiso de Herrera con las víctimas del terrorismo desde los “tiempos más negros”, en los que las víctimas eran “ignoradas y excluidas”. El periodista radiofónico, en un sentido alegato sobre el patriotismo, dijo que ama su patria porque “ama a sus padres” y fue un día en el que se dio cuenta que iba cantando las coplillas que escuchaba cantar a su abuela cuando pensó que con ello estaba “tragando a su patria”.

El último en recoger su premio fue Albert Boadella. Al presentar al galardonado, Ramón Parada recordó que en sus tiempos de catedrático de Derecho en Barcelona se decía que para ser catalán bastaba con vivir y trabajar en Cataluña. El régimen nacionalista ha cambiado mucho las cosas y Albert Boadella es vivo ejemplo de ello. El genial dramaturgo catalán confesó que “nunca” se habría imaginado que le premiasen por ser “ejemplar en nada”, pero que este premio le había llenado de alegría. Boadella, que ha sufrido en sus carnes la persecución del régimen nacionalista catalán, explicó que vive “en una tribu paranoica que se cree que está en un Barça-Madrid con el árbitro en contra” y expresó su deseo de que “algún día mis conciudadanos puedan decir con naturalidad ¡Viva España!, que es lo mismo que ¡Visca Cataluña!”.

El acto concluyó con las notas del himno nacional que todos, premiados, jurado, patronos de honor y público escucharon puestos en pie. Un ¡Viva España! cerró una auténtica fiesta de patriotas que dejará a todos los asistentes un imborrable y emotivo recuerdo.

Estos premios otorgados por la Fundación DENAES para la Defensa de la Nación Española han sido concedidos por un jurado formado por Fernando García de Cortazar, (presidente), Esperanza Aguirre (Presidenta de la Comunidad de Madrid), Leopoldo Calvo-Sotelo (ex presidente del Gobierno), Santiago Abascal (presidente de Fundación DENAES), Ricardo Garrudo (vicepresidente de Fundación DENAES), Ana Mª Vidal Abarca (ex presidenta de la AVT), Inma Shara (directora de orquesta), Adolfo Prego de Oliver (magistrado del Tribunal Supremo), Pedro Delgado (deportista), Ramón Parada (catedrático de Derecho Administrativo y Presidente de la Fundación Alfonso Martín Escudero), Jose Mª Cuevas (ex presidente de la CEOE) e Iñaqui Arteta (cineasta).»

Remitente: ortiz.2008/01/27
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2008/01/20 07:30:00 GMT+1

Cataluña: autocrítica y reflexión

El lehendakari Ibarretxe participó el pasado jueves en algunos actos en Barcelona. En uno de ellos, no abierto al público, al que asistió una representación de intelectuales vinculados a la Fundació Trias Fargas, próxima a Convergència Democràtica de Cataluña (CDC), algunos asistentes le reprocharon -de pasada, amablemente y sin demasiado encono- el escaso interés que pone el PNV en los asuntos de Cataluña.

Me parece de rigor dejar constancia de dos extremos a este respecto.

El primero es que yo he asistido a reuniones más o menos discretas de dirigentes de CDC en Madrid con personajes influyentes de la Villa y Corte en las que algún destacado político catalán echó tales pestes del PNV que me vi en la obligación de comentarle: "Pues menos mal que CDC y el PNV sois aliados. Con amigos como vosotros, el PNV no necesita enemigos para nada".

Algunos dirigentes de CDC han dado tantas muestras de su capacidad de adaptación a lo que sea, con tal de que resulte rentable, que no es fácil asignarles posiciones de principio definidas. Por lo menos en el plano político.

En la reunión con los integrantes de la Fundació Trias Fargas, hubo quien reprochó a Ibarretxe la actitud pasiva del PNV ante las iniciativas de reprobación de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por sus pifias con relación a los trenes de cercanías de Barcelona. El lehendakari tuvo la delicadeza de no recordar la posición de Jordi Pujol con respecto al terrorismo de Estado y los GAL. El gran líder de CDC dio la cara por el Gobierno de Felipe González.

Por lo que he leído, en la Fundació Trias Fargas hay politólogos e intelectuales muy estimables. Pero de Convergència podría discutirse largo y tendido.

Dejado sentado lo cual, y al margen de ello, es perfectamente cierto que el nacionalismo vasco sólo ha prestado verdadera atención a los asuntos de Cataluña en pocas y muy concretas ocasiones: cuando tomó la constitución del nacionalismo catalán como punto de referencia para sus propios inicios o, mucho después, cuando unió esfuerzos con Companys para los últimos combates contra el avance de las tropas facciosas, al fin de la Guerra Civil.

Luego, también miró con interés los progresos unitarios que hizo la oposición antifranquista catalana, cuando formó la Assemblea de Catalunya . También apreciamos muchos, en el plano cultural, la idea ejemplar que llevó a la fundación de Els Setze Jutges , grupo de cantautores que inspiró el nacimiento de nuestro Ez Dok Amairu.

Pero desde la Transición para aquí, apenas nada.

En Euskadi se asume como la cosa más natural del mundo que en Cataluña haya numerosos movimientos de solidaridad pro-vasca, pero es rarísimo que alguna organización de nuestras tierras haga algo serio en defensa de las reivindicaciones y protestas del nacionalismo catalán. Es como si los vascos nos viéramos como el no va más de las peores injusticias centralistas, lo que nos haría merecedores de la máxima atención general, por razones evidentes a la que todos los demás deberían rendirse, dejando de lado sus propias cosillas.

Lo que alego en relación a Cataluña es aplicable, a su debida escala, a otras zonas del Estado. Todavía recuerdo haber oído a un reputado abertzale izquierdista preguntar con aire de suficiencia a un radical valenciano, allá por los ochenta, "si eso del País Valenciano es serio". Era obvio que el individuo, no demasiado ilustrado, lo ignoraba todo sobre la Guerra de Sucesión y la batalla de Almansa (1707), que permitió a los Borbones abolir los fueros valencianos, instaurando el decreto de Nueva Planta, que supuso, entre otros castigos, la prohibición de hablar en tierras valencianas otra lengua que la castellana. ¡Vaya que sí fue en serio, voto a bríos!

No pongo ese ejemplo porque me resulte exótico, sino más bien por todo lo contrario: me da que tenía y sigue teniendo no poco de representativo.

Es curioso: de Euskal Herria han procedido numerosos movimientos de solidaridad con Centroamérica, con el Sáhara y con otras áreas del Tercer Mundo, pero es casi imposible encontrar plataformas de apoyo a las reivindicaciones de Cataluña, de Galicia, de Andalucía o de Canarias, por poner algunos ejemplos. Excepción hecha de los Casals y las Casas Regionales, que a fin de cuentas son iniciativas de los propios hijos de aquellas tierras inmigrados a tierras vascas.

Si la Universidad de Barcelona organiza un seminario sobre la situación en Euskadi (he sido testigo de ello por dos veces), encuentra una muy aceptable acogida tanto de público como en los medios de comunicación. Pruebe la UPV a organizar unas Jornadas sobre el momento actual de la política catalana. Veremos las pasiones que despierta.

Los vascos que nos decimos solidarios tenemos en todo esto no ya sólo una autocrítica formal que hacer, sino también un asunto de fondo sobre el que reflexionar. Nos haría bien.

Remitente: ortiz.2008/01/20 07:30:00 GMT+1
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2008/01/13

Contra la tortura, siempre

Un mando de la Policía Municipal de cierta capital mediterránea me relató hace años, después de haberse tomado un par de copas nocturnas, las diversas argucias que empleaban en su departamento para librarse de líos cuando se les había ido la mano con un detenido y corrían el riesgo de que algún juez rigorista (algunos hay) les abriera diligencias por malos tratos. Según me dijo, ellos mismos se las arreglaban para romperse un poco el uniforme y provocarse algunos rasguños, lo que les permitía tomar la delantera y presentar una denuncia contra el propio detenido por resistencia a la autoridad, argumentando que las lesiones que presentaba el arrestado eran resultado de la imperiosa necesidad en la que se habían visto de repeler su agresión.

«En esas condiciones, es su palabra contra la tuya. Tienes todas las de ganar», concluyó sonriendo.

En efecto: es palabra contra palabra. Y en estos casos no funciona para nada el famoso principio del Derecho Romano «In dubio, pro reo». Aquí, en caso de duda, los empleados del Estado tienden a protegerse entre sí, y al reo que lo zurzan.

Lo cual podrá parecer muy natural a muchos, pero es una perversión de los principios teóricos del Estado de Derecho. En una organización estatal regida por una verdadera separación de poderes, todos ellos –el ejecutivo, el legislativo, el judicial y hasta el llamado “cuarto poder”, el de los medios de comunicación– tienen la obligación de vigilarse los unos a los otros. Los jueces no están para ser benevolentes con la Policía, sino para tenerla a raya, es decir, dentro del territorio que tiene acotado.

La democracia es un sistema orgánico de desconfianzas mutuas. No se trata de presuponer que nadie va a extralimitarse en sus funciones, sino de contar con que, puesto que puede excederse, hay que tener previstos los medios necesarios para evitarlo o, en el peor de los casos, para corregirlo.

Los malos tratos y las torturas policiales no son una leyenda inventada por detenidos de mente calenturienta. En el caso español, la documentación existente al respecto es abundante y viene avalada por instituciones del máximo prestigio internacional y de reconocida imparcialidad.

En estos días se está hablando, y con razón, y mucho –yo mismo lo he hecho–, del caso de Igor Portu, que tiene todas las trazas de ser miembro de ETA y que fue zurrado a fondo por agentes de la Guardia Civil. Pero ése es sólo un caso. Un amigo me ha criticado, y creo que con justicia, por haber afirmado en EITB que los acusados de pertenecer a ETA son tratados con especial saña por los agentes de la autoridad. Me ha señalado cómo los informes más solventes que dan cuenta de posibles casos de tortura en las comisarías y cuartelillos del Estado español señalan que la gran mayoría de ellos se refieren a presuntos delincuentes de Derecho común, a inmigrantes en situación irregular pillados en alguna falta casi siempre menor o a mujeres dedicadas al comercio carnal por calles y parques. A la gente más indefensa, en suma.

Pero en realidad da lo mismo quién sea la víctima de los malos tratos. El cine estadounidense nos tiene hartos de ver películas que reclaman sin apenas disimulo comprensión para los policías tipo Harry El Sucio, que golpean a los detenidos justificándose por el hecho de que se trata de personajes abyectos, como si el trato legal fuera una deferencia arbitraria del Estado que cupiera administrar en función de la categoría moral del arrestado. Ni lo repugnante del personaje, ni la conveniencia de arrancarle una confesión o una información, justifican que los encargados de hacer cumplir la ley se limpien el trasero con ella. En caso contrario, habremos de suponer que hay dos categorías de malos: los malos malos y los malos buenos, que transgreden la ley, pero en buen plan, encarnando el viejo dicho de que el fin justifica los medios. No otra cosa se adivina, sin demasiado esfuerzo, en las declaraciones de ese valor del socialismo humanista irredento que lleva por nombre José Bono, milagrosamente recuperado para la política activa por Rodríguez Zapatero, y que, con referencia a las posibles torturas a los detenidos de Arrasate, ha afirmado: «No hay que producir bajas, pero, si son inevitables, que no sean nuestras».  

He estado leyendo bastante de lo que se ha escrito en la prensa convencional y en internet en relación a la detención de Arrasate y a sus derivaciones posteriores. Es obvia la disparidad de criterios de fondo. Hay mucha gente que viene a decir que, si la Guardia Civil calentó a los detenidos para hacerlos cantar, pues qué se le va a hacer: a grandes males, grandes remedios. Había que obtener su confesión y sacarles sus secretos.

La tortura es un viaje moral sin retorno. No cabe atravesar esa frontera con pretensiones de excepcionalidad. Aceptar la tortura en un caso extremo es, de hecho, admitirla siempre. Porque, ¿en función de qué criterio se acepta? En el del bien superior, obviamente. Se trata de hacer un mal menor para obtener un bien superior. Pero ésa no es la excepción, sino la norma principal de la tortura. Quienes torturan creen que lo hacen para conseguir algo que es bueno para la colectividad: aclarar un crimen, encontrar un arsenal, desarticular un grupo terrorista... Incluso quienes torturan por placer se justifican con esa coartada: ellos hacen el trabajo sucio para que la sociedad pueda estar limpia. La sociedad que acepta la tortura como excepción deja la determinación de la excepcionalidad en manos de los torturadores y sus jefes. Habrán de ser ellos –¿quién, si no?– los que decidan, según su jerarquía de criterios, que tal o cual caso es lo suficientemente grave como para tirar para adelante apoyándose en ese respaldo social. Por eso –insisto– avalar la tortura en algún caso equivale a avalarla en cualquiera.

Luego estamos los que defendemos que la tortura degrada de manera irreparable el código moral de quien la aplica materialmente, de los responsables que la autorizan y de la sociedad que la acepta, explícita o implícitamente. Pero tenemos un éxito tirando a limitado.

Remitente: ortiz.2008/01/13
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2007/11/12

Más sobre «la autoría intelectual»

Me ha tocado hablar brevemente en los últimos días en varias ocasiones sobre el simplismo de los razonamientos que suele emplear en sus intervenciones públicas el ex presidente del Gobierno José María Aznar. (Por cierto que la pata de banco con la que se salió el pasado miércoles el ministro de Justicia, afirmando que él no comenta las palabras de Aznar porque el ex presidente no está en la política activa, es sólo eso: una pata de banco, por lo demás nada ingeniosa. Hay diversos modos de estar presente en la vida política, y Aznar se sirve de varios de ellos: lo está en tanto que presidente de honor del PP, lo está como obvio referente de autoridad de la derecha española, lo está como cabecilla de la FAES… Retirarse de la política activa es algo muy distinto. Es lo que hizo Manuel Pimentel, o lo que hizo Carlos Solchaga, por citar a dos políticos de signo distinto. Se retira de la vida política aquel que se ausenta de ella, punto y final. Es así de sencillo. Y Mariano Fernández Bermejo, a quien la voz a veces le fluye con más rapidez que el pensamiento, debería saberlo, porque es lenguaraz, pero no tonto.)

Dicho lo cual, retorno al sistema de argumentar que hace suyo José María Aznar, sobre el que ya digo que me ha tocado opinar en varios medios, pero lacónicamente, sin poder explayarme a gusto.

Consiste, básicamente, en presentar una determinada proposición como si fuera obvia (en lo que se escuda para no hacer el menor esfuerzo de demostración) y construir sobre esa base imaginaria el resto de su presunto razonamiento, hasta llegar a las conclusiones que él desea.

Como me he visto obligado a referirme a este asunto en términos muy lacónicos –vuelvo a quejarme–, me he limitado a refutar sucintamente la supuesta obviedad de Aznar («Los atentados de ETA tienen invariablemente una autoría ‘intelectual’ distinta de la material o ejecutora») apelando a diversas acciones terroristas de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, que el propio Aznar siempre contabilizó en el debe de ETA. Varios de los atentados de los CAA fueron planeados y llevados a cabo por la misma gente. Quod erat demostrandum.

Pero hay otro ejemplo más sugestivo y, si se quiere, más bonito desde el punto de vista del análisis: el de la kale borroka.

Según los planteamientos del PP, respaldados por la doctrina Garzón y por varias sentencias de la Audiencia Nacional, las acciones de kale borroka deben ser englobadas dentro del terrorismo de ETA, y sus responsables, juzgados y condenados como miembros de ETA. Pues bien: está sobradamente demostrado que buena parte de esas acciones son pensadas, decididas y ejecutadas por gente que actúa sin que nadie oculto le haya dado instrucciones de qué, cuándo, cómo y contra qué actuar.

A mí no me cabe ninguna duda de que ETA modula tanto los altos y los bajos como la intensidad de la  kale borroka. Pero ETA no entra a decidir si los borrokas deben quemar este coche, aquella excavadora o tal o cual autobús, si han de destrozar un cajero automático de la BBK o de la Caixa, o si conviene que tiren esta noche un cóctel molotov contra un concesionario de automóviles o contra una estación de Feve. ETA da en cada momento la consigna general que debe ser aplicada (“Enseñémosles un poco los dientes”, “Adelante a medio gas”, “Vamos a tope”, etc.) y luego los grupos de chavales con ganas de jarana se encargan de traducir esas consignas en actos concretos que sus jefes naturales deciden según su peculiar saber y entender.

Bien mirada, es una técnica similar a la que aplican los grupos vinculados ideológicamente a Al Qaeda a lo largo y ancho del mundo. Ellos saben qué línea general están marcando los jefes del tinglado, pero sus acciones, en la práctica totalidad de los casos, las deciden y las montan ellos mismos, en función de las informaciones y de los medios materiales y humanos que están a su disposición.

En realidad –y éste es otro aspecto no menos evocador y fascinante de la cuestión– siguen un modus operandi que guarda no poca similitud (aunque también muchísimas diferencias) con el que las partidas de bandoleros/guerrilleros españoles siguieron contra las tropas ocupantes francesas durante la llamada Guerra de la Independencia, entre 1808 y 1814. Fue el primer caso de guerra asimétrica tipificable como tal.

Nadie les decía al cura Merino, a Espoz y Mina, a José María El Tempranillo, a Juan Martín El Empecinado o a Julián Sánchez El Charro qué acciones debían emprender contra las tropas napoleónicas. Tenían –o creían tener– la orden general implícita  de hostigar al enemigo como mejor supieran y pudieran. Sus ataques no contaban con más “autoría intelectual” que la que ellos mismos atribuían a los políticos refugiados en Cádiz, que en realidad eran incapaces de controlar el caos informe en que se desarrolló la guerra irregular contra las tropas napoleónicas.

El abismo existente por entonces entre quienes pensaban y quienes actuaban resultaba tan llamativo que el propio Carlos Marx llegó a escribir muy certeramente a ese propósito: «En Cádiz se encontraban las ideas sin acción; en el resto de España, la acción sin ideas».

Todo esto de los enfrentamientos armados y de las autorías intelectuales podría dar para reflexiones y debates bastante hondos e interesantes. Pero sería necesario que hubiera gente interesada en reflexionar y debatir a fondo, y que no primaran aquellos a los que sólo interesa que le proporcionen argumentos utilizables en tanto que armas arrojadizas.

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Publicado en Noticias de Gipuzkoa y Noticias de Álava el 10-XI-2007

Remitente: ortiz.2007/11/12
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