Dice George Bush que los atentados de Madrid demuestran que hay que seguir combatiendo el terrorismo internacional con la misma determinación con la que hace hoy justo un año se emprendió la invasión de Irak.
Este hombre tiene la singular habilidad de sintetizar en una sola frase un montón de patrañas.
En primer lugar, la invasión de Irak no se emprendió para combatir el terrorismo internacional. El Gobierno de Washington no tenía ningún indicio que apuntara a la conexión del régimen de Sadam Husein con redes terroristas internacionales, y sigue sin tenerlo. La excusa que empleó para iniciar la guerra fue, como es bien sabido, que Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva (cosa que, por lo demás, también se ha revelado falsa).
En segundo lugar, la invasión de Irak no sólo no ha ayudado a poner freno a lo que él llama «el terrorismo internacional» sino que lo ha avivado. Por centrarnos en lo nuestro: parece fuera de toda duda que, si los atentados de Madrid se han producido, es porque el Gobierno de Aznar colaboró en la declaración de guerra y en la ocupación de Irak. La pretensión, formulada por Bush y repetida varias veces por Aznar, según la cual «desde que Sadam Husein fue derrocado vivimos en un mundo más seguro» es lo que los franceses llaman una contraverdad: no una mentira cualquiera, sino la mentira que invierte con total precisión los términos de la realidad.
En tercer lugar, si algo ha demostrado el año transcurrido desde el comienzo de la guerra de Irak es que Bush y toda la troupe que le rodea son incapaces no ya de controlar, sino incluso de prever las consecuencias de sus propios actos. Desencadenan acontecimientos que derivan con frecuencia por sendas que no tenían previstas y para las que, en consecuencia, no estaban preparados.
Se trata de derivaciones -vale la pena reseñarlo- muy a menudo pronosticadas por algunos que no tenemos ni un mal espía que nos informe; que nos guiamos por el conocimiento de experiencias históricas similares y por el puro sentido común, del que, según todas las trazas, ellos tienen poco.
Ha pasado un año y no sólo Irak está peor, no sólo el mundo entero está peor, sino que incluso el propio Gobierno norteamericano está peor. Cada vez tiene más frentes abiertos y más dificultades para atenderlos. Y encima tienen un jefe que ahora ya ni siquiera piensa en los problemas que afronta en esos frentes, porque sólo se preocupa de las repercusiones que cada uno de los conflictos puede tener sobre su campaña electoral.
Sólo nos queda desearle que haga una campaña tan estudiada hasta sus últimos detalles y tan astuta como la que su amigo Aznar le montó a Mariano Rajoy.
Javier Ortiz. Un año después. Apuntes del natural. 20 de marzo de 2004.
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