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2004/12/31 06:00:00 GMT+1

La función determina el ser

Escribí en el apunte de hace diez días, frente a quienes daban ya por seguro que Sozialista Abertzaleak votaría ayer en el Parlamento de Vitoria en contra del llamado plan Ibarretxe:

«Más lógico veo yo que presten tres de sus votos al proyecto de Ibarretxe, y que aclaren a toda velocidad que lo hacen tan sólo para propiciar que pueda ser discutido y que haya finalmente una consulta popular que cobre un sesgo rupturista, no tanto porque el plan Ibarretxe lo sea, sino porque las fuerzas del Estado a buen seguro lo declararán inaceptable. Eso sería lo lógico, visto desde mi atalaya». («Ay, esos expertos», 21 de diciembre de 2004)

Así lo veía yo, y así ha sucedido. (*)

El miércoles hice ese mismo comentario en la tertulia de Radio Euskadi. Francisco Letamendia, Ortzi, se limitó a decir que, en su criterio, mi hipótesis dibujaba algo poco menos que imposible. Los otros dos contertulios añadieron que eso sería «lo peor» para Ibarretxe. «Razón de más para hacerlo», respondí.

Tiene sentido. Porque una cosa es lo que el proyecto de nuevo Estatuto regulador de la inserción de la Comunidad Autónoma del País Vasco en el Estado español -o sea, el plan Ibarretxe- diga en su articulado, que muy pocos se han tomado el trabajo de leer, y otra muy distinta la función que acabe cumpliendo, con independencia de la voluntad original de sus autores.

Algo de eso ya ha sucedido. El proyecto de Ibarretxe no pretendía excluir a los partidos españolistas. Es más: el lehendakari se hubiera sentido muy feliz si el PSE-PSOE (supongo que la hostilidad del PP ya la daba por descontada) se hubiera avenido a discutir y enmendar su proyecto. «A la catalana», por así decirlo. Se le llevan el alma los diablos cada vez que oye decir a los de Patxi López que el suyo es un plan separatista, secesionista, independentista. Porque no lo es. Es un proyecto de inspiración más o menos confederal, que prevé una muy amplia autonomía, pero dentro del Estado español, a cuyo poder central reconoce los poderes propios de todo Estado. Pero ¿qué más da lo que la letra del proyecto diga o deje de decir? Puesto que los partidos españolistas lo consideran excluyente y de hecho se excluyen, lo convierten en la práctica en un plan exclusivamente nacionalista (o soberanista, mejor dicho, habida cuenta del respaldo de EB-Berdeak). Cuando dicen: «Es un plan de una parte de la sociedad vasca contra otra» falsean la intención, pero no la realidad. Puesto que ellos se ponen en contra y lo convierten en enemigo, el enfrentamiento existe.

Lo mismo que digo de los partidos vascos de obediencia centralista cabe decirlo en relación al propio poder central. Ayer, cuando no había transcurrido ni una hora de la votación del Parlamento vasco, el ministro Jordi Sevilla ya estaba haciendo una declaración oficial de rechazo. Ibarretxe acababa de anunciar su intención de ponerse en contacto con Rodríguez Zapatero para darle cuenta del resultado de la votación y de sus intenciones. Así fuera por mero respeto a las normas de la cortesía política, el Gobierno central debería haber esperado a la conversación entre Ibarretxe y Zapatero antes de emitir una condena en términos tan tajantes.

¿Qué es lo que va a suceder a partir de esto? Que el plan Ibarretxe, que realmente pretendía facilitar «una relación amable» -según la tantas veces repetida expresión del propio lehendakari- entre Euskadi y España (o el resto de España, según prefiera cada cual), va a transformarse en el curso de los próximos meses en un casus belli, en un factor de confrontación grave. Ya se están cavando las trincheras: de un lado -y por pintarlo en los trazos gruesos en los que de hecho se presenta-, quienes consideran que el destino nacional del pueblo vasco debe ser decidido por la propia sociedad vasca, sin injerencias foráneas; del otro, quienes entienden que Euskadi no pasa de ser una región que, como tal, habrá de hacer lo que se le diga, cuando se le diga y como se le diga.

Es esa pelea -descorazonadoramente simplista, en mi modesta opinión- la que se nos viene encima, me da que inevitablemente. Y en esa pelea, Batasuna encuentra cobijo. Se beneficia de alianzas, así sean forzadas. Escapa del aislamiento.

Que alguien me explique qué habrían ganado los de Otegi impidiendo que algo así se produjera.

La Historia recoge muchos casos de personas, de iniciativas e incluso de corrientes sociales amplias que pretendían algo relativamente modesto o moderado y que se vieron arrastradas a posiciones mucho más radicales sin realmente pretenderlo, por el lugar inaceptable al que acabaron siendo empujadas. Supongo que eso es lo que HB está tratando de hacer con el tripartito y con el propio Ibarretxe, sacando partido de la inagotable torpeza de Rodríguez Zapatero.

______________

(*) No deja de ser curioso que Otegi utilizara en su discurso de ayer el símil del delantero que renuncia a marcar un gol porque el portero contrario está lesionado. Un símil que me señaló un lector -véase el apunte de ayer- y que yo utilicé también en mi tertulia del miércoles en Radio Euskadi cuando hablé del mismo asunto abordado ayer por Otegi. La vida está llena de casualidades. (Por cierto: me aclaran que el jugador se apellidaba Di Canio, y no Di Mateo. Bueno, a los efectos...)

Javier Ortiz. Apuntes del natural (31 de diciembre de 2004). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de julio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2004/12/31 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: apuntes sozialista_abertzaleak euskal_herria 2004 plan_ibarretxe euskadi | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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