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2017/03/03 08:00:00 GMT+1

Nosotros no olvidamos

A lo largo de la Historia de las sociedades burguesas, no han faltado los regímenes que han intentado en algún momento frenar su hundimiento tratando de amedrentar a sus enemigos con una violencia de pretensiones "ejemplares". Con ejecuciones "ejemplares", por ejemplo. Digamos rápidamente que las ejecuciones "ejemplares" no han sido privilegio exclusivo de las dictaduras fascistas. En momentos cruciales, las democracias parlamentarias -burguesas- han recurrido también a ello. Los Estados Unidos, paraíso democrático, sentaron en la silla eléctrica a Incola Sacco y Bartolomeo Vanzetti tras un proceso que ahora la propia Justicia yanqui califica de "injusto". También los esposos Ethel y Julios Rosemberg fueron ejecutados tras un proceso farsa similar, en plena era maccarthista, acusados de un tan misterioso como inexistente "espionaje" a favor de la URSS. ¿Hará falta recordar que un tal François Mitterrand, ministro de Justicia, llevó a la guillotina también a un militante del Frente de Liberación Nacional de Argelia, asimilando la guerrilla anti-colonial al bandidaje puro y simple? La lista sería interminable...

Pero los regímenes fascistas se han distinguido por su recurso particularmente sistemático y cruel a la pena de muerte. En ocasiones, sin tomarse siquiera el trabajo de darle una envoltura jurídica: se coge y se mata, y cuanto más mejor. En otras, con envoltura jurídica. De esos casos, en este tiempo y en estas tierras, nos ocupamos en un informe que publicamos en las páginas interiores. Casos que se llaman Grimau, Granados, Delgado, Puig, Otaegi, Txiki, García Sanz, Baena y Sánchez Bravo: nueve nombres que nosotros no olvidamos. Y aquí hay algo que nos interesa dejar muy claro desde ahora mismo. Ese "nosotros no olvidamos" no viene de que nos anime ningún particular rencor, ninguna particular sed de venganza. No nos anima ni más rencor ni más sed de venganza que la que alimentaban los jueces de Nuremberg. Por ejemplo. Lo que nos anima es un deseo, una voluntad firmísima de que a esos nueve nombres no se añadan en un futuro próximo un décimo, un undécimo... Lo que nos mueve es la intención de impedir que se vuelva a las andadas. Y para impedir que se vuelva a las andadas hay que poner la vista encima de los que anduvieron. Porque los que hacen un cesto pueden hacer ciento. Eso es tanto más importante cuanto que aquí nadie parece dispuesto a devolver a cada cosa su nombre. Cuanto que los del cesto de ayer no sólo andan sueltos, sino que siguen teniendo en sus manos no pocas de las riendas del Poder. No descubrimos nada nuevo, desde luego. Son muchos los que esto se lo saben de memoria. La diferencia es que nosotros lo decimos.

Ramón Collar (seudónimo de Javier Ortiz). Revista Saida. Nº 4, 15 de septiembre de 1977.

Han pasado casi 40 años desde que Javier escribiera estas líneas. Estos días estamos también de aniversario por la llamada primavera de Reinosa, 1987 (Reinosa debe vivir ha escrito recientemente Marcos Gutiérrez) y hoy es el aniversario de los sucesos de Vitoria: 3 de marzo, Vitoria, 1976 (Javier escribió: Recuerdo de un 3 de marzo en 1999).

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2017/03/03 08:00:00 GMT+1
Etiquetas: 1977 saida | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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