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2003/08/30 06:00:00 GMT+2

La soledad de Dios

Una pareja de viejos amigos –él dio sus primeros pasos en el periodismo conmigo, en Saida, en el 77– ha venido a pasar unos días en Aigües y anoche, después de ver por TV5 Europe un curioso e irregular homenaje canadiense a Jacques Brel, nos pusimos a jugar al dominó. Ellas ganaron a ellos. Por dos veces.

Son cosas que ocurren.

Hoy me he levantado tarde. Raro, por tanto. He puesto la radio y he ojeado la Prensa (por internet la Prensa siempre se ojea, sin hache). Me he quedado perplejo. Cuentan que Aznar está haciendo una ronda de entrevistas con los principales dirigentes del PP para pedirles que apoyen la decisión que va a tomar en lo que se refiere a su sucesión, pero que no les está diciendo a quién va a designar.

Ya digo que estoy un tanto espeso esta mañana, pero il y a quelque chose qui cloche là-dedans, que dicen los chelis franceses. Ahí hay algo que no encaja.

Aznar sabe de sobra que los jefes de su partido no tienen más narices que apoyar su decisión. ¿Qué podrían hacer, si no? ¿Derribar el castillito de naipes? Podría tener algún sentido hablar de antemano con ellos, uno a uno, para prepararlos anímicamente, de modo que ninguno dé el cante el lunes cuando les diga quién es el designado a título de sucesor. Pero si no les da el nombre, no los prepara para nada. Aparte de que no veo yo qué clase de entrevista podría tener con aquél a quién él ya sabe que va a poner al frente de la barraca, si no se lo revela.

De lo que deduzco que, una de dos: o Aznar está más pirado de lo que me imaginaba, y se ha montado una última cena al modo de Su Señor Jesucristo («¿Acaso soy yo, Maestro?», etcétera) o es mentira que el elegido no sepa qué bala tiene el Jefe en la recámara.

En todo caso, el espectáculo es de bochorno. Ya se sabe que los sistemas sucesorios en los grandes partidos dejan mucho que desear, y que casi todo suele estar atado y bien atado. Pero suelen guardar las formas, para que la decisión tenga un cierto aire colegiado. Esto de Aznar es peor incluso que lo de Franco con el Príncipe. Franco, por lo menos, estaba obligado a elegir a un Borbón. Éste puede poner a quien le dé la Real Gana.

He oído en la Cadena Ser que, según algunos próximos al Hombre del Gran Relevo, su gusto por las sorpresas –¡tócate las narices!– le puede llevar a designar a alguien inesperado. «A Ángel Acebes, en concreto», han dicho.

Me ha parecido una buena idea: dar su nombre para que ya no sea inesperado y quede descartado. Porque si es Acebes, comprobaremos que, por difícil que parezca, todo puede ir a peor. A mucho peor.

Javier Ortiz. Apuntes del natural (30 de agosto de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de octubre de 2017. 

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/08/30 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: aznar 2003 jor apuntes aigües | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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