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2003/09/01 06:00:00 GMT+2

Grandes misterios

Había pensado en la posibilidad de escribir sobre Mario Onaindia, que murió ayer. Lo conocí cuando los dos teníamos 18 o 19 años, en Eibar. Volví a encontrarme con él hace tres años,  tras integrarse en el Consejo Editorial de El Mundo.

Pero me he puesto a repasar mentalmente lo que debería decir sobre su trayectoria política, y la verdad es que no me apetecía gran cosa. Que descanse en paz.

También se me había ocurrido que podía dedicar el apunte de hoy a Jaime Mayor Oreja, que ha vuelto a perder. Su plan era servirse de Euskadi como trampolín para saltar a la Presidencia del Gobierno y le ha salido todo mal, tanto en Euskadi como en Madrid.

He leído en el periódico que tal vez opte por retirarse de la política y dedicarse a asuntos de empresa. Sería una buena noticia para el mundo de la política... y mala para el mundo empresarial, aunque bien es cierto que la gente como él no desentona ni en el uno ni en el otro.

Al final me he decidido por comentar algunos grandes misterios que tiene para mí la vida moderna.

Veamos.

Ayer, según lo previsto y ya relatado por aquí, cargamos Charo y yo los bártulos en el coche y procedimos a regresar a Madrid. Éramos conscientes de que nos poníamos en la carretera en uno de los peores días que puede haber para eso: 31 de agosto, la más densa operación retorno del año.

Pues bien: para nuestra sorpresa, los accesos de Madrid estaban casi vacíos. Incluida la M-30. Entramos en la ciudad y llegamos a casa sin el más mínimo problema. Mejor que cualquier otro fin de semana.

¿Por qué? Ni idea.

«La gente ha escalonado su regreso», dicen en las radios. Siempre me ha divertido esa idea. Tal como lo cuentan, se diría que «la gente» se ha reunido en asamblea y ha decidido que de tal hora a tal hora salen los conductores cuyos apellidos vayan de la A a la D, y de tal otra hora a tal otra los de la E a la J, etcétera. «La gente» no escalona nada, porque «la gente» no puede ponerse de acuerdo en organizar una determinada cadencia de salida. Cada cual opta por hacer aquello que cree que le convendrá más y, a partir de eso, sólo queda por saber cuántos han decidido lo mismo.

Pues bien: si es así –y es así–, ¿cómo puede ser que algunas veces resulten ser poquísimos los que han decidido que les conviene lo mismo que hemos decidido nosotros y que en otras ocasiones hayan  tomado la misma decisión miles y más miles?

Siempre recordaré con horror cierto día que creímos astutísimo salir de viaje a la misma hora en que la selección española de fútbol jugaba un partido decisivo. ¿Cabía más hábil argucia? Pues bien: la hicimos buena. Nos metimos en un atasco tremendo. No puedo creerme que los madrileños perdieran ese día su interés por el fútbol súbitamente y en masa. Pero pasó exactamente lo que he contado.

Ese mismo misterio, pero en otra variante, es el que rige en algunos atascos, que tan pronto se deshacen, y te encuentras yendo a 120, y tan pronto se vuelven a formar, y te tiras diez minutos parado. «Es el “efecto acordeón”», dicen los técnicos. Ah, qué bien. Como si el enigma quedara resuelto con ponerle un nombre.

Un amigo me cuenta un tercer misterio circulatorio, que cabría bautizar –puesto que todo hay que bautizarlo– como «el absurdo de la carretera de Andalucía». Dice que él lo ha observado muchas veces al regresar a Madrid en domingo: viene a buen ritmo y sin problemas mientras la carretera tiene dos carriles pero, así que se amplía y empieza a tener tres vías, se forma el atasco.

No es que yo entienda mucho del resto de los fenómenos sociales. La mayoría de ellos tienen para mí zonas de densísima oscuridad. Pero misterios absolutos, como éstos, me sé de pocos.

Javier Ortiz. Apuntes del natural (1 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de octubre de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/01 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: apuntes mayor_oreja madrid tráfico 2003 mario_onaindia aigües muerte | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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