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2003/09/25 06:00:00 GMT+2

El miedo a que se sepa

Los 1.400 expertos que el Gobierno de Bush envió a Irak para hallar las armas de destrucción masiva -ésas que ponían en inminente peligro nuestra civilización occidental y cristiana, según Bush, Blair y Aznar- han llegado a una conclusión: tanto daría que se dedicaran a buscar el vellocino de oro. O el Santo Grial. Los resultados serían los mismos.

Las autoridades norteamericanas recalcan que se trata de una conclusión provisional. Y lo es, sin duda: mientras decidan que los expertos sigan en Irak busca que te busca, todas sus conclusiones serán provisionales. Por definición. Otra cosa es que ellos mismos hayan manifestado esperanzas de encontrar algo si continúan con su búsqueda. Al contrario: según las noticias que ha divulgado la propia prensa norteamericana, los 1.400 especialistas no ven qué más podrían hacer. Es más: creen que no han encontrado nada porque no hay nada que encontrar.

Admito que al principio me sorprendió que los ocupantes estadounidenses no encontraran armas de destrucción masiva en Irak. No porque creyera que Sadam Husein las tenía -que no lo sabía, y sigo sin saberlo-, sino porque di por hecho que, si no descubrían armas autóctonas, llevarían desde los propios EUA otras fabricadas ad hoc, con sus letreritos de made in Iraq y todo.

Tardé en darme cuenta de que esto último era prácticamente imposible. ¿Por qué? Porque la banda de George Bush no puede encargarse personalmente de la fabricación en secreto de esas armas y de su traslado a suelo iraquí. Hubieran tenido que recurrir a oficiales y soldados del Ejército, y a trabajadores de la industria armamentista. Decenas, cientos de personas, tal vez. Y no podían tener la certeza de que alguno de los enterados no fuera a sentir la tentación, fuera por escrúpulos morales fuera por ambición económica, de chivarse a la prensa. Lo cual habría tenido efectos catastróficos para los tramposos: ése es el tipo de cosas que la opinión pública norteamericana no perdona.

Cuando la fuga de Luis Roldán, hace casi una década, recordé un viejo poema de Bertolt Brecht. Escribió el fundador del Berliner Ensemble, pensando en los mandamases del III Reich: «General: tu tanque es poderoso. / Pero tiene un defecto: / necesita un conductor». Y es verdad: siempre cabe la posibilidad de que el conductor piense, sienta, no acepte la orden. O que cuente luego lo ocurrido.

De no necesitarse conductores de uno u otro tipo, de no hacer falta intermediarios que lleven a cabo los designios de la superioridad, quizá alguien habría especulado seriamente con las ventajas de la desaparición física del fugitivo Roldán. Y seguro que habrían aparecido en Irak armas de destrucción masiva. A montones.

Ya que es poco lo que cabe esperar de la decencia de los gobernantes, está bien que al menos les acabe refrenando de vez en cuando el miedo a que se sepa.

Javier Ortiz. Apuntes del natural (25 de septiembre de 2003) y El Mundo (27 de septiembre de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 4 de diciembre de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/25 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: irak apuntes usa guerra sadam_husein blair 2003 bush preantología aznar roldán el_mundo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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