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2000/08/05 06:00:00 GMT+2

Cuento de verano

A veces le sucedía: se dormía por la noche con un problema rondándole la cabeza y, cuando despertaba por la mañana, tenía ya la solución.

«Se ve que reflexiono mejor dormido que despierto», solía bromear con los amigos.

Aquel día -aquella noche- le pasó de nuevo eso mismo. El sueño le había vencido ya de madrugada mientras le daba vueltas a su futuro. No a tal o cual aspecto de su vida -trabajo, amores, vivienda, vacaciones-, sino al conjunto: a su existencia como individuo; a lo que le quedara por vivir, poco o mucho. Y cuando aquella mañana abrió los ojos, lo vio nítido, sin vuelta de hoja, como una evidencia irrebatible.

Por fin lo sabía: iba a dedicar el resto de su vida a dormir.

A dormir horas y horas, días y noches, semanas y meses, años y décadas.

Pero dormir; no morir.

Morir no. De ninguna manera.

Quería seguir vivo, para poder asomarse a la realidad de vez en cuando, durante un rato, cuando le viniera en gana, y saber cómo marchaban las cosas. Y para alimentarse.

Y para coger sueño.

O para tomar las pastillas que se lo dieran.

Quería mantenerse en una especie de coma barbitúrico intermitente. Y salir de él solamente para mirar la calle, y ver que la gente que paseaba por delante de la farmacia, y de la peluquería, y de la tienda de frutos secos, era la misma de siempre, con este o aquel vestido, con esta o aquella cara. Y para escuchar la radio, y comprobar que los políticos seguían diciendo las mismas cosas, y que los empresarios seguían diciendo las mismas cosas, y que en las tertulias se seguían diciendo las mismas cosas, y que los líderes sindicales seguían diciendo las mismas cosas, y que en las crónicas de la Bolsa se seguían diciendo las mismas cosas, y que en los partes del tráfico se constataban los mismos atascos y las mismas muertes.

Y luego dormir de nuevo.

Sin soñar, a poder ser. Porque los sueños se construyen con lo mismo.

Llegado a ese punto, empezó a cavilar en cómo financiar su plan.

Porque él no era rico. Más bien todo lo contrario. De hecho, casi toda su vida hasta entonces la había repartido entre trabajar y dormir. Entre trabajar y trabajar, para acabar de trabajar y poder dormir. En dejar de dormir para acudir a trabajar.

«¿Y de qué vivo yo? O, mejor dicho, ¿de qué duermo yo?», se preguntó, perplejo.

Decidió irse a dormir, a ver si a la mañana siguiente tenía ya la solución.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de agosto de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de mayo de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/08/05 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: 2000 diario | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (1)

Comentarios

Excelente prosa, Javier.

Escrito por: Marcial de Zabaleta.2010/12/13 21:01:8.618000 GMT+1
markdezabaleta.blogspot.com

Referencias

...vierortiz.net/jor/jamaica/">Desde Jamaica, en la que seguiremos republicando textos de Ortiz que creemos que merece la pena releer. Este cuento está ya allí, por ejemplo. Remitente: ortiz el jamaiquino.2...

Referenciado por: Cuento de verano - Apuntes del Natural 2009/05/04 17:42:48.903000 GMT+2

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