Como habréis podido comprobar, hemos hecho una pequeña reforma. Ahora los apuntes visibles en la web corresponden a la sección "Desde Jamaica", donde recogeremos textos escritos por Ortiz. Además, hemos añadido una segunda referencia titulada "Tributos", donde iremos subiendo textos escritos en homenaje a Javier (en este momento, hay tres). Podéis poneros en contacto y sugerirnos textos para una u otra sección. O darnos cuenta de los actos que se organizan en honor a JOR. Os dejamos con El cuento de Verano, escrito en agosto de 2000.
Cuento de verano
A veces le sucedía: se dormía por
la noche con un problema rondándole la cabeza y, cuando despertaba por la
mañana, tenía ya la solución.
«Se ve que reflexiono mejor dormido que despierto», solía bromear con los amigos.
Aquel día -aquella noche- le pasó de nuevo eso mismo. El sueño le había vencido ya de madrugada mientras le daba vueltas a su futuro. No a tal o cual aspecto de su vida -trabajo, amores, vivienda, vacaciones-, sino al conjunto: a su existencia como individuo; a lo que le quedara por vivir, poco o mucho. Y cuando aquella mañana abrió los ojos, lo vio nítido, sin vuelta de hoja, como una evidencia irrebatible.
Por fin lo sabía: iba a dedicar el
resto de su vida a dormir.
A dormir horas y
horas, días y noches, semanas y meses, años y décadas.
Pero dormir; no morir.
Morir no. De ninguna
manera.
Quería seguir vivo, para poder
asomarse a la realidad de vez en cuando, durante un rato, cuando le viniera en
gana, y saber cómo marchaban las cosas. Y para alimentarse.
Y para coger sueño.
O para tomar las pastillas que se lo dieran.
Quería mantenerse en una especie de
coma barbitúrico intermitente. Y salir de él solamente para mirar la calle, y
ver que la gente que paseaba por delante de la farmacia, y de la peluquería, y
de la tienda de frutos secos, era la misma de siempre, con este o aquel
vestido, con esta o aquella cara. Y para escuchar la radio, y comprobar que los
políticos seguían diciendo las mismas cosas, y que los empresarios seguían
diciendo las mismas cosas, y que en las tertulias se seguían diciendo las
mismas cosas, y que los líderes sindicales seguían diciendo las mismas cosas, y
que en las crónicas de la Bolsa se seguían diciendo las mismas cosas, y que en
los partes del tráfico se constataban los mismos atascos y las mismas muertes.
Y luego dormir de nuevo.
Sin soñar, a poder ser. Porque los
sueños se construyen con lo mismo.
Llegado a ese punto, empezó a cavilar en cómo financiar su plan.
Porque él no era rico. Más bien todo lo contrario. De hecho, casi toda su vida hasta entonces la había repartido entre trabajar y dormir. Entre trabajar y trabajar, para acabar de trabajar y poder dormir. En dejar de dormir para acudir a trabajar.
«¿Y de qué vivo yo? O, mejor dicho,
¿de qué duermo yo?», se preguntó, perplejo.
Decidió irse a dormir, a ver si a la mañana siguiente tenía ya la solución.
Diario de un resentido social, 5 de agosto de 2000
Comentarios
Remitente: Marcial de Zabaleta.2010/12/13 21:01:08.618 GMT+1
markdezabaleta.blogspot.com