En mi anterior escribí sobre Dakar, no sobre Villiers-le-Bel, París. Las causas de las revueltas son diferentes, pero los rebeldes comparten el mismo sentimiento de exclusión, y un mismo escenario: la ciudad.
Que la ciudad sea escenario privilegiado del conflicto social no supone ninguna novedad. La existencia de fronteras intraurbanas que permitan contener a las "clases peligrosas" tampoco. Sin embargo, hay elementos nuevos que deberían dar que pensar.
Uno es que, según las proyecciones de la ONU, es posible que en estos momentos el porcentaje de población urbana mundial haya superado ya el porcentaje de población que habita en las áreas rurales*, por primera vez en la historia de la humanidad. Esto significa que más de tres mil millones de personas habitan en áreas urbanas.
En relación con este hecho se encuentra la evolución del capitalismo hacia una modalidad de tipo cognitivo, en la cual la obtención de valor se realiza sobre la base de la cooperación productiva de complejas redes sociales, amplificada por las tecnologías de la información, y no exclusivamente de unidades económicas tradicionales como es la empresa. Redes sociales que encuentran en un territorio que es eminentemente urbano. Es más, el campo pierde la significación que tenía antaño y pasa a convertirse en una prolongación de lo urbano.
En este terreno, el control social adquiere nuevas formas al tiempo que aumenta en intensidad. La policía se militariza progresivamente, y el ejército pasa a cumplir funciones de policía. Las imágenes de los operativos estadounidenses en Bagdag no se diferencian mucho de las operaciones que lleva a cabo la policía y el ejército brasileños en las favelas de Rio de Janeiro. En Francia tienen pensado instalar drones aéreos de vigilancia para las barriadas conflictivas, y prácticamente no hay urbe que no esté poblada de cámaras de videovigilancia.
Toda la construcción ideológica de la "guerra contra el terrorismo" supone la aplicación de estrategias de contrainsurgencia, de leyes de excepción al movimiento incontrolado de las multitudes en la ciudad. Un hecho clave ha sido la extensión del intervencionismo penal y de los tipos de terrorismo a formas de protesta urbana como la kale borroka, o a las manifestaciones de toda la vida. Las técnicas incluyen desde lo que se conoce como "internet de las cosas" a la proliferación de muros, que no solo separan fronteras nacionales, como en Melilla, sino delimitan espacios de control, como en Palestina o Bagdag.




Envía un comentario