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2010/09/09 22:09:22.217000 GMT+2

Dios, Hawkings y el arzobispo

Las aguas religioso-científicas bajan estos días algo revueltas, por la polémica desencadenada tras la presentación del último libro del astrofísico británico Stephen Hawking, en el que demuestra que no es necesaria la existencia previa de un dios creador del Universo, para que éste nazca y, con él, la energía y la materia que se nos muestran después como los astros, los mundos y, en último término, la vida.

Esta polémica surge ahora como si fuera continuación de la anteriormente suscitada por la última obra de su compatriota, el etólogo Richard Dawkins, que tampoco ve necesaria la existencia de ningún dios para que en la Tierra la vida eclosione, evolucione y llegue al grado actual de desarrollo, bien conocido y estudiado por todas las ramas de la ciencia.

Si el Imperio británico vio desarrollarse en su seno la renovadora potencialidad de la mente de Darwin, estos dos seguidores y compatriotas suyos nos muestran que el pensamiento científico de vanguardia sigue siendo patrimonio de esa vieja Inglaterra que "reinó sobre las olas" y que ahora parece tener recursos intelectuales suficientes para reinar también sobre el pensamiento global.

No parece que en el lado de los administradores terrenales de ese Dios -para aquéllos innecesario y para éstos imprescindible-, es decir, en el ámbito de las religiones monoteístas y sus jerarquías eclesiales, aparezca ahora otro pensamiento capaz de refutar con certeza y brillantez a ambos científicos. Aunque solo fuera algo parecido a aquellas hipótesis, muy originalmente elaboradas, sobre las que trabajó el jesuita francés Teilhard de Chardin en los años 50 del pasado siglo. Durante algún tiempo llegaron a satisfacer las dudas de algunos que, reacios a renunciar a la fe religiosa en la que habían sido educados, no podían aceptar los mitos acientíficos e irracionales de las religiones "del libro". Las ideas de De Chardin fueron condenadas post mórtem por la Iglesia católica y sus teorías acabaron siendo desechadas por la ciencia positiva.

La polémica hasta ahora desarrollada en España, vista desde el lado de la religión, no parece ni siquiera rozar el nivel intelectual del jesuita francés, al menos en lo que los medios de comunicación han reproducido sobre el modo como el arzobispo de Oviedo ha pretendido "rebatir" (verbo utilizado en varios titulares de la prensa española) a Hawking.

No habla muy favorablemente del monseñor ovetense el hecho de que base su argumentación en frases tan carentes de sentido científico y racional como esta: "Existe Dios y la vida lo sabe". ¿Cómo ha llegado él a conocer lo que sabe la vida? Sería bueno que nos explicara dónde ha encontrado a ese interlocutor al que llama "vida", de qué medios se ha valido para preguntarle su opinión sobre Dios y en qué forma ha podido escucharla.

Ante el pasmo que provoca semejante declaración, el eclesiástico se justifica diciendo que "basta tener las antenas bien puestas y la cobertura suficiente para entender que Dios está, emite, tiene algo que decirnos, mucho en lo que acompañarnos, y con su acostumbrada discreción Él está presente".

No podría publicar sus deducciones en ninguna revista científica que se precie -al contrario que sus opositores-, a menos que no explicara con detalle a qué antenas se está refiriendo, en qué longitud de onda emite su Dios, qué es lo que nos dice y cómo nos acompaña. Resulta muy difícil aceptar que ese Dios esté acompañando conscientemente toda la miseria, la injusticia, el sufrimiento y la maldad que se extienden sobre la Tierra. A no ser que, como la creación del mundo en menos de una semana, el arzobispo prefiera hablar mediante parábolas y metáforas, interpretables según el gusto de cada parroquiano. La Iglesia católica ha desmostrado ser muy dada a tales maniobras.

Pero donde yerra patentemente el pastor de almas ovetense es al atribuir una "acostumbrada discreción" a ese Dios suyo, que ha hecho llover fuego sobre la Tierra cuando le ha parecido oportuno para castigar a los que no le temían lo suficiente, ha aniquilado pueblos y naciones, ha enviado plagas y castigos por doquier, y llegó a arrasar su propia creación con un Diluvio porque no le gustó el modelo inicial, entre otros brutales actos de presencia bien reseñados en los libros que el arzobispo tiene por sagrados. ¿A qué Dios discreto, que apenas hace sentir su presencia, se está refiriendo el monseñor?

El curso político que ahora comienza se va a ver animado por polémicas de este tipo, reavivadas por las visitas que el jefe de la jerarquía católica hará a varias ciudades de esta España democrática, cuyos gobernantes no acaban de ajustar de modo satisfactorio su relación con las religiones. Al menos, quizá esto sirva para ejercitar la razón de los polemistas habituales, huir de los fanatismos y dedicarse a "dar con el mazo" cuando haga falta, en lugar de limitarse a rogar a santos, vírgenes y dioses para que nos resuelvan los problemas que nosotros mismos creamos y los enredos en los que voluntariamente nos embrollamos. Que así sea.

Publicado en República de las ideas, el 10 de septiembre de 2010

Escrito por: alberto_piris.2010/09/09 22:09:22.217000 GMT+2
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