No hace demasiado, el hablar del clima con algún vecino, en el breve
tiempo de uso del ascensor, era considerado un ejemplo de la función fática
del lenguaje : "parece que va a refrescar" o "esta lluvia va muy bien
en el campo" o "es que ni yendo por la sombra", típicas frasecitas
intrascendentes con las que evitar el silencio y darse por enterado de
la presencia del otro. Ahora, en cambio -dicen que incluso en pleno
cambio, vaya-, casi mejor no iniciar el tema, pues tiene mucha tela que
cortar y no subimos tantos pisos como para afrontar un debate a fondo.
Tampoco hace mucho que en los noticiarios la sección de espectáculos se
distinguía claramente de la de meteorología. Ahora, con tanto cambio,
los anticiclones y las borrascas se comportan como caprichosas
estrellas hollywoodienses, y además en guiones repletos de
sorprendentes efectos especiales. Y ojalá fuera cine y nada más, que lo
jodido es que el papel nuestro es hacer de extras ante los amenazantes vendavales, las sequías peligrosas, los diluvios desaforados...
Recuerdo que llegué, tiempo ha, a aprenderme la clasificación de Köppen,
una especie de marco legal de los climas terrestres. Las variables, la
altitud, la continentalidad, la orografía,... todo afectando unos
esquemas que quedaban científicamente prefijados en mapamundis mejor o
peor coloreados. Recuerdo también que leí que África debía su nombre a
la ausencia de frío, o que donde hay dos monzones no hay cuatro estaciones, aunque ambas palabras significan lo mismo.
Lo que más me impresionó es una reflexión sobre la circulación atmosférica
: así como la circulación rodada o la sanguínea tienen sus normas y sus
atascos, la del aire, y con ella, todo lo que afecta, proviene de un
hecho constante como es la esfericidad del globo. Las presiones, sus
isobaras, todo funciona circulando, valga la redundancia, en círculos. Decía una canción que 'este mundo no es más que una enorme piedra redonda'. Y sí, al fin y al cabo no es más que eso.
Cuesta asumirlo, de todas formas. El sistema -el que fácilmente puede
caer en error de sistema- aún se plantea en términos planos. La
globalización económica parte de poner en el centro de todo al propio
sistema, el de los mercados de valores, de divisas y de futuros,
el del FMI, el de los aparentes acuerdos entre gestores de esas
porciones de corteza que llamamos estados. Todo lo demás orbita
intentando aprovecharse o defenderse de esa centralidad. Asustadas por
las alarmas -el agujero en la capa de ozono, el calentamiento global,
la deforestación- las gentes giran la cabeza hacia el show de
los partes meteorológicos, preocupadas por lo indomable de algún imprevisible cambio... a peor.
Incluso aparecen iniciativas de acciones
testimoniales, como la del apagón voluntario de este próximo jueves que en Francia ha propuesto L'Alliance Pour la Planète. Las bombillas en huelga durante cinco minutos antes de las ocho de la noche, voilà. Simpático y simbólico gesto aunque sea solamente eso.
E pur...-que diría Galileo Galilei-, el único centro que deberíamos asumir como tal está a poco menos de 6.400 kilómetros de cualquiera, bajo nuestros pies y a medio camino de nuestras antípodas... en el núcleo de la nave Tierra. Mientras no se entienda, se asuma y se proclame, que esa es la sede de un gobierno sin recambio posible, seguiremos viéndolas venir. Si esa conciencia global algún día existiera entonces la deriva al menos se haría más normal : la piedra redonda derivando a su bola. Tal como viene haciendo desde que el tiempo es tiempo.
2007/01/29 23:54:07.928 GMT+1
El recambio climático
Remitente: pakua.2007/01/29 23:54:07.928 GMT+1
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Remitente: La comentadora enmascarada.2007/01/30 12:29:48.702 GMT+1