Hace ya una semana del 23-D. Para quienes estamos metidos en todo lo que se mueve (movimiento es eso ¿no?) desde la primera sentada
convocada a nivel estatal, esta fecha nos ponía un poco a prueba.
Aquella soleada tarde del domingo 14 de mayo había sido convocada, se
puede decir así, por la misma red : más de 200 blogs e incontables
reenvíos movieron un mensaje anónimo que llamaba 'a la juventud
española' a quejarse del abuso y de la precariedad reinantes en el
asunto de la vivienda. Para el 23-D, más de 500 blogs y un nuevo tsunami vírico habían corrido la voz, que volvía a ser de nuevo anónima y a la vez masiva.
Entre una y otra fecha, en Barcelona y en Madrid ha habido varias
convocatorias hechas por asambleas populares, 2-J, 30-S, 16-O, 28-O. El
éxito participativo creciente ha hecho ganar más y más espacio en la
prensa y en los medios audiovisuales (incluyéndose entre estos, ya con
peso propio, el medio revelación de moda : youtube).
Este 23 de diciembre conjugaba dos cosas:
a) de un lado, una espontaneidad visceral (la del texto del anónimo
convocante) que olvidaba los handicaps de la fecha (fundamentalmente el
del letargo de opinión e información en las navidades) y que invitaba a
incidir más, con cortes de tráfico, 'pacíficos' pero con su peligro 'de
orden' en un país muy poco acostumbrado a que estas pataletas ciudadanas no estén 'conducidas', llevadas y abanderadas por partidos o sindicatos.
b) de otro, la respuesta de las organizaciones del movimiento: una
respuesta que, aunque no se note desde fuera, no ha sido unánime.
Mientras la Plataforma (con mayúsculas, aka viviendadigna.org) sólo
respalda manifestaciones si antes son comunicadas gubernativamente, las
asambleas (varias, coordinadas en vdevivienda.net) contemplan la
posibilidad de que esas manifestaciones sean 'alegales' y animan a
sumarse, sin dirigismos, a lo espontáneo, pues de hecho nacieron y se
forjaron así. De manera que solamente en cuatro ciudades (València,
entre ellas, la más grande) la Plataforma convocó, mientras en el resto
(muchísimas ciudades, incluso no capitales de provincia) se salió a la
calle 'sin permiso'. Desde fuera, insisto, ni se ve, esta diferencia,
incluso las palabras asamblea y plataforma se confunden a menudo.
El resultado final del 23-D fue positivo. Se conjugó muy bien lo
'vírico' de la red y lo 'acordado' por las organizaciones. Con matices,
desde luego: En Barcelona la participación batió records, el ambiente
fue estupendo, se marchó por todo el manifestódromo de Via Laietana y se concluyó con calma y buen rollo
(usando el lenguaje que quiere hacer suyo el conseller de Interior
Saura) en Pla de Palau. En Madrid la asamblea apoyó la idea de asistir
pero no hizo cartelería aparte y preparó también una previa semana de
actos descentralizados, aunque el sábado algunos miles acudieron. La
respuesta de la Delegada del Gobierno en Madrid (con la policía del
presunto talante sociata, no con la municipal y autonómica de marchamo
pepero, lo cual es indignante doblemente) fueron porrazos, cargas, mal rollo.
Aún así se aguantó el embate de represión y se acabó con una sentada
ante El Corte Inglés, custodiado por la Policía Nacional, que tuvo que
oir un vergonzante "¿De qué empresa son, estos seguratas?".
Desde mayo se da esa dicotomía: en Barcelona se nos da cuerda, hay una cierta empatía entre el govern d'esquerres
y un movimiento que se muestra sin banderas ni siglas concretas; en
Madrid, salvo cuando la Plataforma montó alguna bicicletada con los
alevines de IU y CCOO, pero llovió y no fue masiva, o salvo el 28-O,
'comunicada' por la Asamblea Contra la Precariedad y Por La Vivienda
Digna, cuando dicha asamblea ha salido a sentadas o marchas 'sin
avisar', entonces llueven palos. Otra diferencia es que sí que se sacan
banderas, tricolores, rojas y anarquistas (y se tiene un debate muy
agrio sobre su oportunidad o inconveniencia en la reivindicación por la
vivienda).
En Barcelona el movimiento de VdeVivienda ha empezado a extenderse en
universidades, en barrios, sintoniza con asociaciones de vecinos y
plataformas de defensa del territorio (Salvem Can Ricart, No al Plà
Caufec, etc.) y convive con la protesta okupa (más festiva y
'artística', lo de La Makabra es un ejemplo). En Madrid el legalismo
escrupuloso de la Plataforma choca con la radicalidad de la Asamblea,
nacida en primavera en la calle, que además no ve nada bien los tanteos
que se están haciendo con 'la izquierda institucional' pues podrían
acabar reconduciendo la protesta a cauces moderados de IU y el ala 'no tamayificable' del PSOE.
Pero pese a las diferencias, de ritmo, de planificación de objetivos y
de tono de las reivindicaciones, los foros en internet mantienen en
contacto y en diálogo todas las vertientes y opiniones que se pueden
englobar como 'movimiento por la vivienda'. Compartimos, y eso es lo
básico, la idea del 'juntos podemos', pese al chirrido que dos
planteamienos paralelos sobre las acciones a llevar a cabo producen
entre sí.
El 23-D ha servido para que algún nuevo comité territorial y federado
de la Plataforma se estrene en la calle (en València, por ejemplo) y
también para que en muchas ciudades se empiece a conocer personalmente
la gente que generará más redes locales, asambleas populares,
plataformas o cómo se quieran llamar.
Y aunque poco a poco, mientras tanto, se está viendo cómo se desinfla
la burbuja, cómo se destapa poco a poco el percal, cómo la prensa se
hace tímido eco (tímido ha de ser, pues muy grande es su dependencia
respecto a bancos y promotores) y finalmente, cómo la opinión pública
empieza a despertar del sueño del ladrillo y de la falacia de
que comprar un piso es una inversión segura y de obligado acatamiento
(y esclavizador hipotecamiento). Se reclaman ya alquileres sociales, se
dan avisos sobre hipotéticos cambios desde el poder legislativo (aún
muy insuficientes, como aumentar el porcentaje de suelo para VPO en la
Ley del Suelo o la expropiación del usufructo como medida intimidatoria
en el proyecto de Llei del Dret a l'Habitatge). Se empiezan a denunciar
en voz alta el acoso (o mobbing) inmobiliario y los atentados
urbanísticos al medio ambiente. Se plantea un tratamiento más europeo
hacia las prácticas de ocupación (pese a la criminalización secular que
arrastra el, vamos a llamarle, 'sector de la habitación recuperada
autogestionada'). En resumen, y sobre todo, se pone a la vivienda en el primer lugar de las preocupaciones sociales.
Se dice, se comenta y se empieza a asumir, vaya, pues ese lugar ya lo
tenía estos últimos años, pese a que la prensa afecta y la verborrea
política prefieran 'preocupaciones' más manipulables como la
inmigración galopante (tan ligada a la acallada precariedad laboral) o
la seguridad (tan reducible al amplificado asunto de unos terrorismos
plásticos, domésticos o intrínsecos muy facilmente alejables de las
causas de las violencias). La figura del especulador empieza a
'preocupar' tanto como las del sin-papeles, del machista o del etarra.
Mucho he largado ya en esta entrada (llevaba tiempo sin agitar mi
etiqueta de vivienda y ahora no me sé frenar) y aún no he tocado las
dos palabras que le dan título: prestigios y privilegios. Pues bien,
quería combinarlos y relativizarlos. Ahí voy...
Durante años nada ha habido más 'prestigioso' que el promotor
inmobiliario. Los palcos del circo futbolero y los campos de golf son
aún el hábitat de esa casta de exitosos chupópteros. Banqueros y líderes políticos se les han adosado en la gran estafa iceberg
que hasta el observador de la ONU denuncia (no es Marbella, es todo el
estado lo que se esconde bajo el nivel de esa punta que se ve sin
bucear y hasta se ventea en los programas de tomate, como si de
eso se tratara). Ese 'prestigio de clase' se ha forjado porque
hipotecadores, recalificadores y poceros analfabetos han urdido tramas
que han convertido el derecho a las cuatro paredes en un privilegio. Y
ahogar el disfrute de la vida con esa carestía desbocada y sangrante de
la vivienda condena al menos a una tercera parte de la población a la
amargura. No sólo a la inmensa mayoría de los jóvenes. Adultos
precarizados, padres y madres divorciados, ancianos y ancianas
acosados, también. Y sencillamente es lícito (hasta constitucional)
exigir que no se venda el derecho a techo a precio de privilegio.
Por otro lado, los movimientos sociales, vecinales, populares, de indignación ante las injusticias, habían caído en un desprestigio
casi absoluto. Incluso cuando se alzaron cacerola en mano contra las
asesinas invasiones de inhumana lógica petrolera, lo hicieron pastoreados
por sindicatos y partidos de la izquierda nominal. Podía parecer que
los pueblos de España iban a conformarse con el talante de ZP y un
ministerio exclusivo para la vivienda (y si de hecho la ministra
Trujillo hubiera dado un golpe en la mesa... habrían caido muchos más
vasos, no solo el marbellí, que caía por su propio exceso) pero no. Ha
tenido que ser la rebeldía vía internet, la imaginación revulsiva, el
humor ácido y la uve de la resistencia al desánimo, lo que ha hecho que
la gente salga a la calle a gritar ¿qué pasa? ¿qué pasa?. Y
seguimos sin casa, pero este 2006 este nuevo movimiento se ha ganado a
pulso un prestigio. Con globos amarillos, con lemas punzantes, y sin
tregua ninguna porque no debe haberla hasta que cambien muchas cosas.
Aunque, de alguna manera, yo lo estoy viviendo desde el privilegio. Sí,
porque es un privilegio vivirlo desde Barcelona. Aunque esta es una
ciudad tomada por las grúas, un olimpo de oligarcas desconstructores
desde el 86, una ciudad sedada, atontada incluso, por la fama mundial y
los goles azulgranas: casi dan ganas de mandarla a la mierda, por
haberse degenerado tanto como ciudad. Pero a la vez es un privilegio
haber visto resurgir su empuje social, esa 'rosa de fuego' que nunca se
apaga, esa habilidad para enseñar, felinas, las uñas, y hacerlo con una
exigencia rabiosa pero a la vez asumible hasta en la realpolitik por lo razonable. Es un privilegio formar parte de su Assemblea pel Dret a l'Habitatge
que es un constante latido, una máquina potentísima de generación de
ideas, una maravilla de pluralidad, horizontalidad y apertura a la
sociedad civil. Y este es un privilegio que debemos saber usar, al
menos mientras podamos y el Govern de Entesa no nos deshaucie o
desquicie con juegos trileros. En Madrid también ese empuje social
existe, y en el resto del estado ese empuje social existe, pero me temo
que fuera de Barcelona el contexto es mucho menos privilegiado, en ese sentido, pues hay muchos más topicos, más debates internos y más obstáculos que ir salvando.
Costará mucho contagiar y mantener el prestigio de la lucha por el derecho a la vivienda,
ganado a pulso en estos recientes siete meses de sentadas y
sentimientos dignos, también dignos de ese otro prestigio social, el
popular, no el del poder, el prestigio de verdad, el que la sociedad
civil nunca regala porque solo puede darlo cuando lo da la mayoría.
Este
próximo 2007, municipales y multiautonómicas mediando, el empuje del
movimiento deberá derribar las torres de marfil de los que se
enriquecen hasta el paroxismo a costa de una patética y cínica
situación de la vivienda.
La opinión pública, piso a piso, calle a calle, ciudad a ciudad, habrá
de acabar exigiendo algo más que parches, algo más que promesas a largo
plazo. Exigiendo, así pues, techos, no palabras. Y exigiendo un uso social del suelo y un uso racional del territorio.
Perdonad que en vez de columna me ha salido una plaza
porticada. Espero no haberos aburrido demasiado. Gracias por la
paciencia. Y hasta la Vivienda siempre.
2006/12/31 07:09:27.544 GMT+1
De privilegios y de prestigios
Remitente: pakua.2006/12/31 07:09:27.544 GMT+1
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Remitente: Luis.2007/01/02 22:32:35.469 GMT+1
http://paspespuyas.com/comunidad/index.php/eltransito
Remitente: El_Presi.2007/01/04 13:01:50.229 GMT+1
http://elchus.blogspot.com
Remitente: Iñakink.2007/01/08 22:18:47.082 GMT+1