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2004/03/27 08:00:00 GMT+1

La maestra

He oído no pocas veces eso de que la malagueña María Teresa Campos es una maestra de la televisión, lo que dice muy poco en favor de la caja tonta, la verdad. Aposentada en su inseparable silla, cada vez que recibe tal elogio, aparenta un tic de rubor, pero a mí me da que lo único que le produce es una hinchazón en su factura diaria de vanidad.

El de la periodista malagueña -nunca se cansa de decir que ella es de Málaga, como si eso tuviera algún tipo de interés para la audiencia- no es un caso excepcional; los llamados "periodistas estrella", aquellos que son líderes de audiencia, suelen pensar que poseen un don especial que los diferencia de los demás. Yo he conocido a varios, y créanme que se consideran a sí mismos salidos del mismísimo Olimpo. Sus decisiones no admiten réplica ni matiz, y pobre del que ose contradecir o puntualizar sus dogmas. Algunos se permiten ciertos privilegios; a otros les da por caprichos realmente retorcidos; no faltan en la lista los que tienen tanta audiencia como falta de educación con sus colaboradores. Suelen pensar que por el hecho de pagar a éstos buenos sueldos les está permitido zarandearlos a su antojo sin miramientos. Lo peor es que como el panorama es tan desolador, no suele quedar más remedio que aguantarlos y reírles las gracias, o más bien las desgracias.

Una de las secciones del programa Día a Día, que dirige la experimentada periodista nacida en la provincia de Málaga, es la "mesa de debate", en la que varios contertulios suelen tratar los diferentes temas de actualidad. Dejando al margen la frivolidad de quienes opinan de todo lo opinable, tengan o no el mínimo conocimiento exigible, lo que más llama la atención en esas ágoras pretenciosas es el gusto por satisfacer a la moderadora, y, por supuesto, la incontinencia de ésta. La maestra malagueña no se limita a dejar opinar a los supuestos expertos, sino que reprende a quienes no comparten sus planteamientos. Nadie es capaz de rechistar, pues está en juego un sustancioso cheque por poco más de media hora de trabajo a la semana.

"Alejandra Rubio cumple cuatro años", dice la popular presentadora malacitana en la sección del programa dedicada a la información del corazón. Coño, que está hablando de alguien lo suficientemente importante como para que su cumpleaños sea noticia, y no la conozco. Eso genera una desazón considerable. Luego todo resulta ser una falsa alarma: la niña del aniversario es hija de Terelu Campos. O sea, que la maestra de la televisión acaba de convertir en noticia el cumpleaños de su propia nieta. Una prueba más de que a la señora Campos, natural de Málaga, le gusta mirarse el ombligo y está encantadísima de haberse conocido. Ni siquiera puede evitar informarnos del cumpleaños de su nieta.

Me suelo ruborizar cuando oigo gritos de "bravo" en el programa de José Luis Moreno. Pero nada comparable a la perplejidad que se apodera de mí ante estas actitudes de endiosamiento infinito. María Teresa Campos se ha aferrado a la idea de un Big Bang televisivo o a la de unas sagradas escrituras del televisor. En los dos casos ella parece sentirse la creadora, la impulsora. Pero ello no le basta. Por más que lo intento, no llego a comprender esa necesidad estúpida de adentrarse en la noticia hasta formar parte de ella; no entiendo por qué quien debe contar la noticia gusta tanto de constituirse en la propia noticia.

Resulta triste que siendo maestra -y de Málaga, para más señas- no pueda aplicar aquello de homines dum docet, discunt*.

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* "Los hombres, al enseñar, aprenden" (Séneca).

Escrito por: Marat.2004/03/27 08:00:00 GMT+1
Etiquetas: maría_teresa_campos | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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