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2003/04/23 08:30:00 GMT+2

Cómo está la «peña»

La televisión se convierte en ocasiones en una pecera donde se mueven sin descanso llamativos peces de colores. Mientras el pasado sábado Zidane y Luis Enrique se decían en la oreja cuánto se querían el uno al otro, Makelele le tiraba de los pelos a Motta, Pujol se graduaba en arte dramático, y Gabri, Raúl, Bonano, Hierro y otros feriantes se comportaban como cualquiera de los extras de una peli de piratas. Todos completaban una versión libre del anuncio de Pepsi, con muchas burbujas y poca ficción. El Bernabéu se convirtió en el salvaje Oeste, con mucha mayor fidelidad ambiental que en el anuncio de la bebida gaseosa, y con un sheriff timorato, huidizo y desmemoriado, incapaz de reconocer tras la gresca quién fue quién y quién hizo qué.

Mientras en un rebaño se acordaban de la ascendencia del azulgrana Luis Enrique, en la Ciudad Condal en más de un gallinero hacían los propio con la de Ronaldo y la de Figo. Cada afición mostraba sus colores; cada peña degustaba la tortilla y la empanada cocinadas para la ocasión. Otra peña, la que acude al palco del estadio madridista, envuelta en opulencia, beatitud e insolencia pasiva, degustaba los canapés y se prodigaba en tertulias de comisiones, bombones marbellíes y recomendaciones para los hijos de terceros. Una corte de pelotas persigue al presidente blanco con reverencias dogmáticas en busca de su favor. Fervor a cambio de favor.

Al tiempo, en un museo viviente de la rareza, se expone una peña única en su especie. Está formada por un nutrido grupo de idealistas, de conquistadores que aún buscan la Atlántida. Parecen salidos de un misterioso meteorito recién llegado a la Tierra. Están viendo el Madrid-Barça y no les importa demasiado qué equipo gane. No festejan especialmente el gol de Ronaldo, y permanecen impávidos ante el de Luis Enrique. Les da igual. Les importa un pito, nunca mejor dicho, porque ellos forman una peña, la peña del árbitro que sopla el pito para poner orden entre los millonarios del calzón corto. Cambian los gritos contra Luis Enrique o Figo por un "Tú, tranquilo, no te compliques" o un "Muy bien, muy bien, es fuera de juego, muy bien, acertaste, sigue así". Verlo para creerlo. Lo vemos y lo creemos porque nos lo muestra la televisión. Igual la cosa se extiende y dentro de unos meses nos podemos abonar a Teleárbitro. Por eso la tele es como una pecera, una pequeña muestra de los misterios del fondo del mar, una pequeña muestra de la naturaleza humana con todas sus extrañezas.

Escrito por: Marat.2003/04/23 08:30:00 GMT+2
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