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1999/12/04 07:00:00 GMT+1

Yo quiero ser como Aznar

De mayor yo quiero ser como Aznar.

No me refiero a su físico serrano: puestos a elegir, casi me quedo con el que tengo.

Tampoco espero de la edad que me beneficie con su oratoria. Para hablar sin parar «en términos de» y acuñar frases como «el concepto de lo que es y significa la idea de España» (¡ahí es nada!), opto por seguir también tal como estoy.

Lo que envidio de Aznar es lo fácil que lo tiene todo. O, por lo menos, lo fácil que cree tenerlo.

Véase su actitud ante la famosa tregua. ¿Que ETA la proclama? Mérito suyo. ¿Que la mantiene? Gracias a él. ¿Que le pone fin y vuelve a los tiros y las bombas? Culpa del maldito Arzalluz.

El modo con que el presidente aborda los grandes dilemas de la política es realmente portentoso. Él no hace nada. Quieto parado. ¿Que vienen bien dadas? A colgarse la medalla. ¿Que mal? Nadie le podrá acusar de haber intervenido.

Pero no se vayan a creer ustedes: el dontancredismo de Aznar es muy refinado. El no hace nada de nada, de acuerdo. Pero eso, él. A cambio, se encarga de que la gente «de su entorno» -como dicen los cursis de ahora- haga de todo. Tomemos otra vez el ejemplo de la tregua: puso a algunos de los suyos a impulsarla, pero se aseguró de que otros la boicotearan. Cuando la Policía francesa detuvo a Belén González, los unos exclamaron: «¡Qué putada!», y los otros: «¡Puta madre!». Nadie podrá acusar a Aznar de no contar en su equipo con gente capaz de interpretar con tino cualquier acontecimiento.

Es una jugada que repite en cada gran opción. ¿Ley de Extranjería? Él cuenta con la gama completa: defensores a ultranza y enemigos jurados. ¿Que se debate si hay que ampliar los derechos sociales o si, por el contrario, sería necesario recortarlos? Lo mismo.

Cada vez que ve una moneda en el aire, él apuesta simultáneamente a cara y a cruz.

Es un genio. Sigue la vieja táctica del monje gorrón: «Que dice el padre prior que bajéis al huerto y que cavéis». «Que dice el padre prior que subamos al comedor y que comamos».

Hay quienes creen que esa actitud es inaceptable; que un gobernante tiene la obligación de pringarse, optar por una vía y seguirla, con todas sus consecuencias, como están haciendo los británicos y los irlandeses en el Ulster. No se dan cuenta esos inconscientes de que actuando así uno corre el riesgo no ya de cometer errores, sino de cometerlos personalmente, lo cual perjudica la propia imagen.

Yo no tengo claro que la propia imagen sea lo más importante, pero se ve que Aznar sí. Porque Aznar lo tiene todo clarísimo.

Por eso lo envidio tanto.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de diciembre de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de diciembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1999/12/04 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: ley_de_extranjería el_mundo tregua eta 1999 aznarismo preantología euskal_herria lizarra_garazi aznar euskadi | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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