Fuimos ayer a comer a Chinchón con tres amigos, dos de los cuales son famosos, lo cual hace que la gente los reconozca.
Mis dos amigos (amiga y amigo, en realidad) tienen diferentes actitudes ante las muestras de admiración pública.
Llamémosles “A” y “B”.
“A” lleva mal que alguna gente se crea con derecho a importunar a las personas que identifica como célebres, de modo que, cuando alguien se le acerca y le dice: “¡Usted es ‘A’!”, responde: “Sí. ¿Y usted quién es?”. Y si el asaltante insiste: “¿Qué tal le va?”, contesta: “¿Y cómo le va a usted?”. Y así hasta que los espanta. Ayer nos hizo una exhibición práctica y bastante risible de ese modo de comportarse.
“B”, en cambio, sonríe a quienes se le acercan para mostrarle la alegría que sienten al haberse topado con un famoso. Los sobrelleva con educado estoicismo, les firma los autógrafos que le piden y hasta les da las gracias.
Yo no soy nada popular en tierras manchegas, pero hay bastante gente que me reconoce cuando paseo por Bilbao, o por Donosti, y a veces incluso también por Cantabria, cada vez más invadida por vascos. Mi actitud se acerca bastante más a la de “B”, pero he de admitir que en algunas ocasiones, cuando quien me para por la calle se empeña en que charlemos sobre la situación política y quiere hacerme partícipe de sus enjundiosos puntos de vista, al cabo de cinco o diez minutos empiezo a impacientarme y me entran ganas de portarme como “A”.
El caso es que hoy he recibido un correo electrónico que me ha conmovido. Digamos que viene firmado por “C”. Espero que no le moleste que lo reproduzca. Dice así:
«Esta tarde en Chinchón paseaba llevando en brazos a mi hijo dormido cuando a lo lejos vi una cara que me resultaba muy familiar... tan familiar que la veo todas las mañanas asomándose por una de las ventanas de la casa, sí, sí, ahí, arriba a la derecha.
Cuando casi estaba seguro de mi visión me acerqué decidido a saludarte y hasta darte un abrazo; y es que son ya varios años, medio viéndote y medio oyéndote todos los días.
Así que bajé la pequeña cuesta enfilado y con el niño cargado (ahora pienso que no sé cómo podía haberte abrazado con esa pose) cuando ya a un palmo de narices me paro en seco, te miro unos instantes, en los que por cierto se cruzaron nuestras miradas, y al verte charlar con los de la basca, me desvío hábilmente y paso a mirar escaparates de anís y ajos del lugar (¿?).
Así que ese ha sido nuestro encuentro, abortado por mi falta de mitomanía, mi timidez y por mi pudor de entrometerme asaltándote con un “¡Hola, tu eres Javier Ortiz, el que sale en la web!”
Me conformé con seguirte un rato con la mirada y decirle a “D”, mi compañera, que te había visto, animándome ella a que fuera a saludarte y si me apuras a invitarte a unas cañas e incluso a comer en casa. Ella que, por cierto, sabe y tolera que nos frecuentemos mañana sí, mañana también.
Pues eso que, como me ha parecido simpático verte casualmente y como admiro la honradez de tu trayectoria conocida y comulgo en gran parte con tus escritos y tu prosa, te mando un fuerte abrazo.
Salud.»
Pues ya veis cómo son las cosas. Me habría encantado conocer a “C”.
Javier Ortiz. Un saludo en la calle. Apuntes del natural. 16 de diciembre de 2007.
Comentarios
Remitente: xose .2009/12/16 15:59:12.615 GMT+1
Remitente: paula.2009/12/17 00:51:41.114 GMT+1
Te fuiste dejando en este mundo a muchos, muchísimos "señoras y señores C".
Resérvanos un sitio en tu Jamaika...
Remitente: miren.2009/12/17 01:07:48.702 GMT+1
Remitente: Pepe.2010/01/04 02:44:43.855 GMT+1