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1991/11/15 07:00:00 GMT+2

Tiempo de cerezas

Me gustan los cementerios. Para conocer una ciudad -su historia, el modo de ser de sus habitantes, no hay nada como recorrer sus cementerios. Allí se encuentra siempre el testimonio de sus dramas, la seña de sus gustos, el signo de sus devociones: su ser.

De todos los cementerios que conozco, el más bello es el del Pére Lachaise, en París. Siempre que voy a la capital francesa, me reservo una mañana para vagar por ese Mont Louis viejo y melancólico que los jesuitas convirtieron en casa de campo y que la villa de París, en los albores del XIX, reconvirtió en camposanto. Sigo entonces un rito fijo: me escapo de la tumba del odioso Thiers, saludo a Abelardo y Eloísa, expreso mis respetos al señor Moliére, me detengo un rato con Rossini y Chopin -Ingres suele venir a acompañarnos, digo a Balzac que lo suyo, de veras, fue genial... y, cumplidos los cumplidos, me encamino a mi rincón favorito, junto al muro de los federados.

Cuando llego al lugar, me inclino con respeto. Cuánta gloria junta: los anónimos federados, Edith Piaf, Paul Lafargue y Jenny Marx, los pobres milicianos del antinazismo español... y Jean-Bautiste Clément, cuya tumba, aguada y gris, aporta tan sólo una escueta información: «Autor de Le Temps des cerises».

Tiempo de cerezas. Como no podía cantar en libertad, Clément recurrió a la parábola, y la Comuna de París -el otro histórico Mayo de Francia- se transmutó en fruta del mes: «Siempre amaré el tiempo de las cerezas / y los recuerdos que guardo en el corazón».

Me aprendí la canción casi de crío. En el disco que alguien me trajo de Francia, la cantaba un tipo bien plantado: Yves Montand. Años después, volví a toparme con el recuerdo de Clément en el título de una novela que firmaba una joven catalana: Montserrat Roig. Temps de cireres.

Ambos se me han muerto en un solo fin de semana. Montse se ha quedado en Barcelona. Montand no; él se tumbó anteayer en la fosa -nuestra fosa común- del Pére Lachaise.

La próxima vez que vaya a pasear al Pére Lachaise, llevaré cerezas. Para todos: para los federados, para Yves, para Edith, para Clément... Y también para Montse.

Aunque tampoco ella esté allí.

Javier Ortiz. El Mundo (15 de noviembre de 1991). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de julio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1991/11/15 07:00:00 GMT+2
Etiquetas: 1991 música el_mundo yves_montand montserrat_roig preantología muerte | Permalink | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Yo cogí la misma costumbre en las parroquias rurales gallegas, es como una base de datos tanto demográfica (y patronímica) cuanto sociológica (y personal). Nunca imaginé que pudiéramos coincidir en esto.

Escrito por: Ego.2010/07/14 16:11:24.026000 GMT+2

Curiosa coincidencia, también en mi caso. Yo siempre acudo a dos sitios cada vez que visito una ciudad. Por un lado, el mercado, donde bulle la vida, con sus polícromos, variados, atractivos nutrientes... y los variopintos compradores que e ella acuden.Y, por otro, el cementerio, descanso de los que construyeron la ciudad, que a veces mandan curiosos mensajes.

Hay en el cementerio de de Iruñea una lápida con la siguiente inscripción:

"DETENTE: Esta tumba que indiferente miras, a despreciar te invita lo que en el mundo admiras"

¡CENIZO!

Compadecí a sus allegados, a la gente que tuvo que sufir en vida a un personaje que tan tenebrosos mensajes se había reservado para enviarlos desde la muerte.

Afortunadamente existe también "Jamaika", cuyos mensajes a diario saboreamos y que "... a disfrutar en vida nos invitan lo que de bueno la Vida nos brinda".  

Escrito por: miren.2010/07/15 16:22:41.385000 GMT+2

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